Los personajes de Crepúsculo son propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo me atribuyo la historia.

Capítulo beteado por Eve Runner, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction

Capítulo 8: Disputas, peleas y síntomas

Estábamos todos en el jardín de la casa de mis padres, ¿la razón? Mi papá estaba de cumpleaños; el viejo, se hacía más viejo. Victoria había venido con James para celebrar el magno evento.

¿Yo? Estaba cansado, enojado y estresado.

Amaba a mi esposa y a mis hijos no natos, pero esta semana había dormido mal. Sonreí ante mi eufemismo, en realidad no había dormido.

Bella había estado quejándose mucho estos últimos días: "la cama está dura", "la almohada está baja", "tengo antojos", "hace calor", "me duele la espalda"; la lista seguía y seguía.

— ¿No lo estás llevando bien? ¿Verdad? —James me ofreció una cerveza—. Los últimos meses son los más pesados, ¡si lo sabré yo! Victoria se volvió un jodido monstro —susurró lo último—. Amo a Alec pero lo pensaré dos veces antes de volver a intentar tener otro hijo. —Alec, mi sobrinito de dos años, lo veía hablar con Bella y colocar la cabeza en su vientre mientras Victoria lo tenía atado de…

— ¿Eso es un collar de perros? —cuestioné mirando el osito que tenía mi sobrino por morral, tenía una tira larga y gruesa que terminaba justo en la mano de mi hermana mayor.

—Se llaman… —James fingió pensar—. Yo también lo veo como un jodido collar de perro, pero Victoria lo llama entrenador de primeros pasos —dijo orgulloso de haberse acordado.

— ¡Que ni se le ocurra a Bella ponerle una jodida cosa de esas a mis hijos! —expresé tomando un trago.

— ¿Preparado para lo que viene? —preguntó mi cuñado riendo por lo bajo.

—No me vengas a meter terror, James.

—No es terror hermano, pero si uno es el purgatorio, dos deben ser el infierno.

—Quien te oye dice que no amas ni a mi hermana ni a Alec. —Lo miré con ojos entrecerrados.

—Los amo más que a mi vida, hermano, pero no te voy a negar que fue muy difícil los primeros meses.

—Bueno, Bella y yo trataremos de trabajar en equipo.

—Te deseo suerte.

— ¡La cena esta lista! —gritó mamá.

—Vamos —dijo James dejando su cerveza en el césped.

— ¿Es seguro que dejes eso ahí? —pregunté.

—Tienes razón. —Tomó la botella llevándola con él a la mesa.

—Te ves cansado, corazón —indicó mamá dándome un beso.

Bella bajó la vista apenada, habían pasado solo unas tres semanas desde que habíamos discutido por lo de la ropa.

— ¡Hey! —la llamé—. Cuando nazcan y me llamen papá tendré mi recompensa. —Ella subió el rostro y me sonrió—. Mientras tanto tú puedes pagar por ellos, por el momento, y debido a las circunstancias me conformo con besos muy largos, pero en unos tres meses usted deberá pagar con intereses, Señora Cullen —le susurré al oído.

Ella me dio un beso rápido dado que sus padres y su hermano se sentaban en la mesa a disfrutar la barbacoa de mi padre.

—Tienes los pies muy hinchados, hija —señaló mi madre sentándose al lado de Bells. Ya las patatas y la ensalada estaban en la mesa y la servidumbre traería el resto—. Estos dos meses serán los más difíciles —comentó ella en un suspiro.

—Si lo sabré yo —declararon los tres hombres de la mesa; mi padre, mi suegro y mi cuñado, en voz baja.

—Quizás no haya que esperar tanto tiempo —animó mi padre—. Como profesional de la salud, Edward, eres consciente que el útero de Bella está soportando una carga elevada al cuadrado.

Bella, Victoria, James y yo asentimos.

—Hay mortales en la mesa —apuntó Seth burlón.

—Lo que mi papá quiere decir es que es probable que el parto se adelante; eso ya lo tenemos cubierto pá. El cuarto de los bebés está a punto de ser terminado, mañana los chicos y yo nos encargaremos de la pintura y las cenefas.

Empezaron a traer la carne y cada quien empezó a servirse la comida.

— ¿No te gusta, hija? —preguntó mi padre a mi esposa que no comía nada.

—No es eso, Carlisle, es que simplemente no tengo mucha hambre, me apetece más algo dulce.

—Ya esta mañana te comiste un helado, nena, por hoy no puedes comer más dulces.

— ¿No voy a comer pastel?

—No —respondí tajante. La doctora Green había aconsejado modificar los dulces en la dieta de Bella, según su criterio estábamos a un paso de la diabetes.

—Si voy a comerlo.

—He dicho que no, Bella —dije empezando a enojarme.

— ¡No eres mi papá! ¡Yo puedo comer lo que se me venga en gana! —gritó.

—Haz lo que quieras, ya no tengo hambre —exclamé levantándome de la silla y caminando al jardín trasero de la casa. Pude escuchar a mi hermana diciendo algo parecido a "todos son unos brutos", pero no me importó, estaba demasiado cansado como para discutir con Bella por cosas que ella sabía que no debía hacer. ¡Jesucristo, ella era doctora!

Entré por la puerta trasera caminando hasta mi habitación. Mi vida había cambiado mucho en los últimos ocho meses; el jodido Couvade que debía irse hacía tres meses atrás aún estaba conmigo, así que ahora estaba bipolar, me debatía entre llorar de rabia, seguir enojado y respirar profundo.

—Edward. —Sentí que me llamaban.

—Déjame solo, papá.

—Hijo. —Abrió la puerta, entró y se sentó en la cama—. Sé que no es fácil, la vida te cambia, das un giro de 180 grados, estás nervioso y estas últimas semanas son difíciles, además está la abstinencia, pero ustedes son un matrimonio joven, tú no eres el único que la está pasando mal, además de lo que te sucede con el Couvade; Bella tiene que aguantar peso extra en su columna, además hay que agregar que… bueno, ella tuvo que dejar la universidad, sus pies se hinchan, su cuerpo ha cambiado y su esposo anda bipolar.

—Lo sé pá, es solo que estoy cansado, esta semana ha sido de perros y no he dormido mucho, te agradecería me dejaras solo.

—Tu esposa quiere irse y ha llamado un taxi.

—Pero… ¡Qué jodidos! —grité cabreado, levantándome de la cama.

—No discutas con ella, trata de entenderla. Esme le ha hecho creer que ha llamado el taxi mientras yo hablo contigo. Quiero que me acompañes a un lugar.

— ¿A dónde? —Quise sonar menos grosero pero fue imposible.

¿Les había dicho que estaba bipolar? ¿No?

—Arriba, al sótano —dijo él levantándose.

Caminamos hasta subir las escaleras que nos llevarían al sótano, estaba oscuro y polvoriento; sentía mi ira crecer.

—Papá, mientras estamos aquí Bella pudo haberse ido —reproché tratando de calmarme.

—Yo sé que estaba por aquí —habló mi viejo ignorándome—. ¡Aquí está! —dijo sacando un chaleco—. Póntelo.

—Pa… eso está sucio y lleno de polvo.

—No seas quejica, Edward, póntelo de una jodida vez.

—Está bien —dije tomando el chaleco y poniéndomelo—. Ciérralo tú —le di la espalda a mi padre y pude ver cómo él cerró el zipper.

—Sabes que en esta familia todos hemos sido médicos, desde tu bisabuelo hasta Victoria y ahora tú. —Asentí—. Tu abuelo me dio esto cuando Esme entró al octavo mes con Victoria, yo quise dárselo a James pero tu madre me aseguró que tú lo necesitarías más, por lo que veo no se equivocó; quiero que abras los bolsillos del pecho. —Hice lo que me pidió y luego mi papá abrió una caja sacando unas pesas—. Colócalas en los bolsillos. —Me las dio, las condenadas parecían no pesar, pero pesaban; cuando las coloqué en los bolsillos casi me voy de boca contra el suelo—. Pesan, ¿verdad? —Asentí—. Ahora abre el bolsillo que está en el vientre. —Obedecí, se agachó y con mucho esfuerzo tomó otra pesa; esta vez él mismo la colocó dentro del saco.

—Mierda, pá esto pesa mucho —me queje como nena cuando sentí que la columna vertebral se me iba a partir en dos como un palito mondadientes.

—Tú acabas de tratar muy mal a tu esposa.

—Pero si no le dije nada, ella sabe que estamos a un paso minúsculo de un alta en azúcar y aún así quiere comportarse como una jodida niña; yo estoy realmente cansado y si me fui de la mesa fue para evitar una discusión.

—La hiciste quedar mal delante de su familia y la tuya. Hijo, entiendo el Couvade, aunque no pasé por él, y sé que en estos momentos estás molesto sin saber exactamente por qué, pero te haré una pregunta, ¿estás cómodo?

— ¡Por supuesto que no! —chillé —. Esta jodida cosa va a romper todos los huesos de mi espalda.

—Exacto.

—Carlisle, no voy a servirte mucho parapléjico, ayúdame a quitarme esto.

Mi padre negó.

—Ese es el peso que Bella está cargando en su espalda, a eso hay que sumarle que los bebés aprietan su vejiga y tiene los pies tan hinchados que le duelen; sin contar las estrías que seguramente le han salido y el mal humor que a veces le da tan inexplicablemente como a ti.

—Bien, ya entendí el punto. Quítame esta jodida cosa —refuté

—Vas a ir a hablar con tu esposa, a disculparte y le darás de comer una pequeña porción de tu torta.

—Síííí, quítame esto —hablé tratando de retirar la cremallera.

—Voltéate —pidió mi padre abriendo el maldito chaleco, cuando me lo quité fue como volver a respirar.

Bajé las escaleras apresuradamente, mamá estaba en la cocina junto con Renée. Ambas mujeres me lanzaron esas miradas que si mataran mis hijos estarían huérfanos.

Cuando llegué al Jardín Bella no estaba.

— ¿Dónde está mi esposa? —pregunté a mi hermana

—Creo que fue al baño, sabes que a veces eres un completo… —Se calló—. Mamá no merece que diga eso. —Sin prestarle atención me dirigí hacia el baño del primer piso, era imposible que Bella estuviese en el piso de arriba.

Ella tardó varios minutos antes de salir; cuando la puerta se abrió pude ver a mi mujer, su nariz estaba un poco roja y sus ojos aguados.

—Soy un maldito bastardo, ¿no, nena? —solté cuando ella me miró con sus hermosos ojos chocolatosos llenos de lágrimas sin derramar.

—Tú tienes razón, me estoy portando como una niña.

—No, bebé, yo fui el niño; no sabes cómo lo siento. Esta última semana he estado pensando solo en mí, en mis pocas horas de sueño, los exámenes y los trabajos sin pensar en ti y en todo lo que conlleva que lleves a mis hijos en tu vientre. —Me acerqué a ella limpiando una lágrima esquiva que se derramó por su rostro—. Tú has dormido prácticamente lo mismo que yo y tienes los mismos cambios de humor, me gustaría decir que he actuado como un verdadero idiota por el Couvade, pero solo fui egoísta y lo siento, amor. —Junté su frente con la mía—. Lo siento mucho.

—Yo también lo siento, he estado presionándote.

—Shhhh, ¿me perdonas? —Ella asintió.

— ¿Y tú a mí? —preguntó con vocecilla infantil, a lo que asentí también—. Nuestra segunda pelea de casados. —Suspiró.

—Y tampoco tendré sexo de reconciliación. —Suspiré dramáticamente—. Supongo que su cuenta sigue elevándose, Señora Cullen. —Le di mi sonrisa ladeada, a lo que ella sonrió.

—Llévame a casa, tengo los pies muy hinchados y me duelen, y ni que decirte de mi espalda… está matándome, literalmente; además quiero irme antes de que Carlisle corte el pastel. —Sonrió—. Es mejor evitar la tentación.

—Podrás comer un poco de pastel, de mi porción. Cantémosle el cumpleaños a mi viejo y nos vamos a casa. —Ella asintió—. Te amo, princesa.

—Y yo te amo a ti —dijo ella antes de juntar nuestros labios.

El día siguiente comenzó mucho más animado. Jasper, Jacob, Emmett y Ben estaban en el departamento ayudándome a pintar la habitación de los gemelos. Mientras Emmett, Jasper y yo pintábamos, Jacob y Ben armaban las cunas. Según ellos una gota de pintura en sus cabellos y nos molerían a golpes.

Emmett era un niño, por lo que cuando terminamos de pintar estábamos todos salpicados de pintura.

Rose estaba terminando el almuerzo ayudada por Angela, mientras Vanessa y Alice hablaban con Bella. Creí ver a Ness masajeando los pies de mi esposa, mientras iba a buscar agua para disolver la pintura; hoy los pies de mi nena estaban tan hinchados como un pez globo.

Cuando la pintura estuvo seca colocamos el mural de granja y animales, mientras Alice y Ness colocaban la cenefa; poco a poco mi viejo cuarto de huéspedes se transformaba en el lugar de descanso de mis hijos.

A mediodía Rose sirvió el almuerzo, nada muy elaborado, espagueti con pollo y salsa bechamel, junto con pan con ajo y refresco. Cuando terminamos de almorzar volvimos a nuestra labor.

Varias horas después el cuarto de los gemelos estaba pintado y amoblado.

Esta vez me senté junto a Bella, colocando mi mano en su vientre mientras nuestros hijos o hijas jugaban una final de la copa del rey en su vientre, daban tantas patadas que podía verse claramente cuándo uno se estiraba o encogía; besé su vientre reverencialmente, sin importarme los susurros de Emmett y Rose, o las bromas pesadas de Ben y Jacob. Solo quedaba colocar los peluches y meter la ropita dentro del closet; el lunes sería festivo, así que eso lo haríamos ella y yo mañana.

Una vez concluidos los trabajos nos reunimos a ver una película y pasamos una tarde amena entre risas.

A las nueve en punto los chicos se fueron, me di una ducha rápida y me recosté al lado de mi esposa colocando mi mano en su vientre y haciendo círculos perezosos en su ombligo; pensaba que ella se relajaría y se dormiría más pronto. Traté de no tocar las pequeñas estrías que habían salido en su vientre bajo a pesar de embetunar su vientre con aceite para bebés todas las noches. Ella estaba de medio lado, lo que me daba mayor acceso a su vientre; sonreí sobre su hombro cuando con las yemas de mis dedos repasé la línea que se había dibujado desde su ombligo hasta un poco más abajo, entonces mi nena hizo algo que pensé que no haría.

Ella gimió, un gemido largo y débil a la vez que juntaba sus piernas un poco, sin quererlo yo estaba excitándola, pero era imposible que ella y yo hiciéramos el amor en estos momentos.

—Edward… —dijo con voz estrangulada.

—Lo siento, amor —me disculpé dejando mi mano quieta sobre su vientre. Estaba cansado, así que no me tomó mucho quedarme dormido. Por obra del cielo Bella logró dormir más de cuatro horas seguidas hasta las 5 a.m. cuando se levantó para ir al baño.

Nos quedamos tonteando en la cama, mirándonos fijamente y dándonos pequeños besos, disfrutando nuestro último mes como una pareja casada y sola; no sabía cuánto tiempo nos iban a consumir los gemelos, sabía que sería prácticamente nulo el tiempo que tendríamos para nosotros, al menos por los próximos cuatro o cinco meses.

Ella dio un suspiro largo cuando me alejé luego de un largo y profundo beso.

—Te extraño —susurró.

—Estoy contigo, amor —le hablé pegándola más a mí.

—Extraño nuestro primer mes en este departamento.

— ¿En el que hacíamos el amor como hámster en época de apareo? —Ella asintió—. Cuando los bebés estén grandes, en unos cuatro o cinco meses volveremos a los viejos tiempos… Amarte hasta el amanecer.

Ella sonrió.

—Te deseo ahora —dijo sin mirarme—. Cuando me besas siento como si estuviese quemándome a fuego lento. —Estaba ligeramente sonrojada—. Soy una mujer dominada por las hormonas, pero tú no quieres estar conmigo desde hace un mes.

—No es que no quiera, princesa, es que…

—Lo sé, pero no me vas a hacer daño, amor.

— ¿Estás excitada ahora, mi nena? —Ella tomó mi mano llevándola a su entrepierna, justo encima de sus braguitas de encaje.

— ¿Qué opinas tú? Puedes ser muy persuasivo solo con un beso. —Su rostro ya no estaba sonrojado, estaba literalmente rojo.

—Puedo aliviarte —expresé moviendo mis dedos sobre sus muy mojadas bragas.

—Por favor, bebé —suplicó acariciando los cabellos de mi nuca.

Introduje mis dedos en sus bragas y me dediqué a observar los ojos de mi mujer, mientras mis manos trataban de aliviarla; cuando ella se corrió fuertemente gritando mi nombre estuve tentado a paladearla pero me abstuve.

Después de una ducha rápida y preparar algunas tortillas para un desayuno-almuerzo, ella y yo estuvimos en la habitación de los bebés, el olor a pintura se había disipado porque la pintura era a base de agua, y especial para cuartos de bebés recién nacidos. Cuando los peluches estuvieron en los estantes y las cunitas cubiertas con cobijas en tono verde manzana, Bella salió de la habitación, yo me quedé un rato más acomodando la silla mecedora deseaba que todo estuviera perfecto y en su justo lugar para comodidad de Bella.

Cuando regresó estaba un poco pálida y sudorosa.

— ¿Estás bien, amor? —pregunté mirándola de reojo, ella asintió, así que yo proseguí con mi nueva tarea: colocar la ropa en los estantes.

Durante el resto del día Bella estuvo extraña, muy callada, sudorosa. La noche había caído rápidamente, podría decir que ni habíamos sentido el tiempo debido a que estuvimos entretenidos en el cuarto de los bebés.

Estaba acostado en la cama esperando que ella saliese del baño, la llave de la ducha había sido cerrada cerca de unos quince minutos atrás y ella aún no salía.

Hice zapping (1) en el TV sin encontrar nada bueno. Bella estaba tardando demasiado, así que fui a ver.

—Amor, ¿estás bien? —pregunté tocando la puerta, mas no recibí ninguna respuesta de vuelta—. ¿Bella? —Un pequeño gemido ahogado me hizo ponerme en alerta—. Amor —dije un poco desesperado—. Está atrancada, Bella, cerraste por dentro. —Un nuevo gemido por su parte me hizo estremecer—. Bella… —Empujé la puerta un poco—. ¿Por qué carajos cerraste con llave? —Las palabras se me atragantaron cuando la oí dar otro gemido pero este aún más largo y demoledor, así que hice lo que todo hombre hacía en estas ocasiones—. Aléjate de la puerta, amor —grité antes de arremeter fuertemente contra ella.

No cedió.

Después de un par de envites la puerta se abrió, estaba preparado para muchas cosas, pero no para lo que vi allí…

Bella estaba sentada desnuda en el suelo de la ducha, su piel estaba pálida y titiritaba, no estaba seguro si por frío o por miedo, pero había algo de lo que estaba completamente seguro.

El día G había llegado y mi esposa estaba teniendo contracciones.

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Se vienen los babys!... jajajaja me he rei mucho con Ed nenita, chicas espero les haya gustado se dan una vueltecita por peligro ... Gracias

Aryam

Notas:

(1) Zapping: es el acto de saltar programación o canales en la televisión. Es decir, ir cambiando de canales.