Un encuentro en la pastelería

El sonido del despertador lo levantó de su sueño. Se incorporó de la cama, caminó hacia la ducha y cerró los ojos mientras escuchaba a su madre en la cocina. Con su olfato desarrollado descubrió que ya había comprado el Pavo de Acción de Gracias. Normalmente solían cenar ellos dos con sus abuelos maternos, pero ese año en un ataque de generosidad Melissa decidió invitar a Stiles y al Sheriff. La idea de tener a Stiles el día de Acción de Gracias lo animaba, salvo por un pequeño e insignificante detallito de nada. Ese año Acción de Gracias coincidía con luna llena. Lo cual le llevaba a plantearse cómo podía pasar ese día en su casa, manteniendo a raya sus sentimientos arraigados de hombre lobo y sin asesinar a su madre, a sus abuelos, a Stiles o al Sheriff. La preocupación no le había dejado dormir hasta bien entrada la noche y ahora, a primera hora de la mañana, se preguntaba cómo iba a arreglar esa papeleta.

Decidido a no dejarse llevar por el malhumor optó por no darle muchas vueltas. Faltaban dos días hasta el gran día, su madre únicamente había comprado el Pavo, uno muy grande, y en ese tiempo debía planificar un modo de evitar que el Sheriff y Stiles se presentaran en su casa.

Bajó los escalones y se encontró a Melissa con una sonrisa de oreja a oreja mientras contemplaba el ejemplar recién adquirido.

- Buenos días, Scott.

- Hola, mamá.

- ¿Qué te parece?

- Enorme.

- No te creas, el Sheriff es un hombre adulto, papá come por cuatro y mamá también, vienen Lucy, Marcus y Ginny, además Stiles y tú estáis en época de crecimiento, así que mejor que sea grande para meterle mucho relleno. La verdad, hacía mucho tiempo que no me ilusionaba tanto preparar una cena de Acción de Gracias, por fin haré una como Dios manda.

- ¿Va a venir la tía Lucy, el tío Marcus y la pequeña Ginny? – Preguntó sorprendido.

- La pequeña Ginny cumplió dieciséis años hace un par de días y sí, este año vienen. Los padres de Marcus están en proceso de divorcio y tu tía me pidió que los invitara, seguro que te alegras de ver a Ginny os llevabais muy bien de pequeños.

- Una cena de Acción de Gracias como Dios manda, genial. Me hace mucha ilusión.- Mintió y la cabeza le empezó a doler al pensar que además de evitar matar a Stiles, al Sheriff, a los abuelos y a su madre este año tendría que evitar acabar con su tía favorita, su tío y su prima. A ver cómo arreglo esto.

- ¿Puedes ir a Kuchen´s a encargar tartas?

- Iré antes de entrar en el instituto.

- Gracias, hijo. Por favor, ven pronto, quiero que me eches una mano en casa hay que limpiar todo, ordenar un poco, coger la vajilla buena, la cubertería, además me puedes ayudar a preparar el relleno.

- Por supuesto.

- Gracias, tesoro. Que tengas buen día. – Melissa le dio un beso a Scott en la frente, después se enfrascó de nuevo en las tareas domésticas.

El sonido de una bocina indicó a Scott que su mejor amigo había ido a recogerlo para ir al instituto. Salió por la puerta y se subió al Jeep.

- Tío tengo un problema. – Le dijo de golpe.

- ¿Algo más aparte del hecho de que mi padre y yo hemos sido invitados a una cena de Acción de Gracias en tu casa con una enorme luna llena?

- Ya no podemos cargarnos la cena.

- ¿Estás de coña?

Ese día te van a salir unos bonitos colmillos blancos y el deseo de asesinar se va adueñar de ti.

- Lo sé, pero mi tía Lucy, mi tío Marcus y Ginny también vendrán.

- ¿Tu prima Ginny? ¡Joder recuerdo que de pequeña estaba coladita por ti!

- Céntrate, Stiles. Tenemos un problema, no puedo joder la cena porque mi madre por primera vez en cinco años está ilusionada con ella.

- ¡Mierda!

- Ya.

- Tal vez debas hablar con Derek, puede ocurrírsele algo.

- Hace meses que no lo veo, ni siquiera sé si está en Beacon Hills.

- Isaac está, así que Derek también.

- No es seguro...

- ¿Cuánto tiempo más vas a estar evitándolo?

- No lo evito, es sólo que no coincido con él.

- No, si tienes razón. Por eso el otro día cuando viste su coche en la tienda de cómics de pronto se te ocurrió la idea de que tenías que hacer un trabajo de química, inexistente.

- Harris me pidió a mí que lo hiciera…

- Ya, claro. Por eso ayer, cuando lo viste en la tienda de helados decidiste de pronto que te apetecía muchísimo más un café con leche. ¡Y estábamos a cuarenta y dos grados!

- Me apetecía un café.

- Por eso llevas un mes sin acercarte al bosque, lo evitas como si fuera la peste.

- Es un lugar frío.

- Tío, tienes un problema, es hora de que lo asumas.

- No es cierto.

- Evitas a Derek como si fuera el mismísimo demonio.

- Es falta de coincidencia, sólo eso.

- Como quieras, síguete engañando a ti mismo, pero desde la pelea con los Alphas estás muy raro y especialmente distante con Derek.

- Nunca hemos sido grandes amigos.

- Habla por ti, Derek salvó tu culo de la madre de Allison y de los Alphas, motivo por el cual quedó bastante jodido y estuvo a punto de morir.

- ¡No tenía que haberse arriesgado de ese modo!

No soy una nenaza que necesita protección, soy un hombre lobo.

- Te conozco desde el jardín de infancia, tío. Puede que a otro se la cueles, pero a mí no, te sientes culpable. Por esa razón evitas cruzarte con Derek.

- Ese estúpido se puso al límite por protegerme, ¡qué clase de idiota arriesga su vida por alguien que no lo acepta como Alpha!

- El típico idiota que haría cualquier cosa por proteger a un amigo.

- Lo odio.

- Sí, como quieras, síguetelo repitiendo quizás en algún momento te lo creas.

- Mierda, Stiles, no me jodas.

- De acuerdo, no te lo voy a decir más.

- ¿Puedes acercarte a Kuchen´s ? Mi madre quiere encargar un par de tartas.

- Vale. – Stiles aceleró, los dos llegaron a Kuchen´s, el olor de los pasteles era tan intenso que Scott no percibió la presencia de alguien más en la tienda. Él y Stiles entraron. Ya en el interior, la mirada azul de Derek se clavó en la castaña de Scott.

- Ey, Derek. – Saludó Stiles. - ¿Cómo te va?

- Como siempre, Stilinski.

- ¿Te has recuperado del todo? – Indagó Stiles.

- La pierna derecha todavía me molesta un poco.- Respondió. Después su mirada se clavó en la oscura de Scott, quien se acercó a él.

- ¡Eres un imbécil, Hale!

- Nunca me habías saludado con tanta efusividad. – Derek se encogió de hombros. – Estás mejorando, McCall.

- ¡No tenías que haberte metido en medio de esa pelea! ¿Por qué coño lo hiciste?

- Intentaba protegerte, es mi obligación.

- ¡Y una mierda, no es tu obligación si yo no acepto formar parte de tu manada! ¡Podías haber muerto!

- Lo siento, ya sé que eso te convertiría…

- Ese no es el problema, tenías que haberte quedado atrás, yo podía con él, de hecho, al final lo derroté.

- Están ensayando una obra de teatro. – Explicó Stiles a los sorprendidos dependientes de la tienda.

- No fue culpa tuya, fue una decisión mía. Yo soy el Líder, mi deber es protegeros.

- ¡No es tu obligación cuando yo te digo que no te necesito, estúpido Hale! ¡Mierda, me asustaste joder!

- Es la primera cosa sincera que dice en tres semanas. – Interrumpió Stiles. – Yo también ensayo. – Les dijo a los dependientes.

- Gracias. – Derek sonrió a Scott.

- Gracias a ti. – Scott le regaló a Derek su sonrisa de medio lado en la mejilla derecha. – Me salvaste.

- Al final me salvaste tú a mí.

- Fue un placer. – Scott contempló a Derek un momento. - ¿Podemos quedar hoy después del instituto?

- Sólo han pasado tres semanas y, ¿ya te has metido en otro problema, McCall? – Bromeó Derek.- Ven a la salida de clase a casa.

- De acuerdo, nos vemos después.

- Te he extrañado, McCall. – Murmuró Derek antes de salir de la tienda.

Scott tembló de la cabeza a los pies al oír esa afirmación. Su corazón empezó a latir a mil por hora, su pulso se aceleró y todo su cuerpo se agitó sin motivo o razón aparente.

- Buenos días. – Saludó a los dependientes.- Quería encargar una tarta de cerezas, una de chocolate y una de manzana. Para mañana a última hora, ¿podría ser?

- Claro, a qué nombre. – Preguntó la dependienta.

- Scott McCall.

- De acuerdo, pásate mañana a última hora y la tendrás.

- Gracias, hasta mañana. – Scott miró a Stiles, quien milagrosamente había permanecido en silencio desde que Derek se había ido. - ¿Qué?

- Nada. – Stiles empujó a Scott hacia la puerta. – Me siento orgulloso de ti, pequeño Padawan.

- No digas gilipolleces, Stiles.

Instituto

Stiles y Scott llegaron al instituto en el momento en el que la última campana del reloj sonaba. Los dos apresuraron sus pasos para entrar y dirigirse a su clase.

Scott estaba de excelente humor a pesar de que la cena de Acción de Gracias era, potencialmente, un problema. Al entrar en el aula sus ojos no buscaron a Allison, como era su costumbre, sino a Isaac quien parecía completamente absorto en sí mismo.

- Ey. – Lo saludó. - ¿Estás bien?

- Es el primer año que no celebraré Acción de Gracias con mi padre. – Explicó. – De hecho, no tengo a nadie con quién celebrarlo.

- Lo siento, pero estarás con Derek, ¿no?

- A él tampoco le gusta demasiado la fecha, al ser el único miembro vivo de su familia que no está completamente loco.

- Ya.

- No creí que lo echaría tanto de menos.- Isaac observó los ojos oscuros de Scott y se perdió en ellos como le venía sucediendo desde hacía semanas. En la última batalla contra los Alpha había descubierto… un sentimiento… algo que no estaba dispuesto a reconocer ante Scott.- ¿Tú cómo lo celebrarás?

- En casa, con mi madre, mis abuelos, mis tíos, mi prima, el Sheriff y Stiles.

- Es luna llena, ¿lo sabes?

- Sí, soy consciente.

- ¿Qué harás?

- Es una buena pregunta, espero que Derek me pueda dar un consejo.

- Está decepcionado. – Explicó. – Lo estás evitando.

- Solo es falta de coincidencia.

- Lo del otro día en la tienda de cómics fue muy obvio, Scott y lo de ayer en la heladería, lo siguiente.

- Lo hemos aclarado hoy, estoy muy cabreado con él porque…

- Lahey y McCall quiero verlos a la salida del instituto, en vista de que no son capaces de callar durante mi clase será mejor que se queden a hacerme compañía tras ella. – El profesor Harris se colocó frente a Scott e Isaac, quienes ni siquiera habían notado su presencia en el aula.

- Pero…

- Si insiste en colmar mi paciencia, Lahey, aténgase a las consecuencias.

- No pretendía hacerlo, pero tengo entrenamiento y…

- Se lo va a perder, Lahey y si sigue por ahí se perderá los de toda la semana.

- De acuerdo. – Isaac miró a Scott por un instante. Su presencia empezaba a generarle confusión, tenerlo cerca embotaba sus sentidos, su mente se vaciaba de cualquier pensamiento coherente y era dolorosamente consciente de la esencia que emanaba: océano, tierra, fuego, sándalo, a lobo y a libertad.

Isaac notaba la presencia de Scott a kilómetros de distancia, percibía en sus huesos su cercanía, podía escuchar el latido de su corazón aunque estuviera cuatro clases más lejos y durante los entrenamientos de Lacross no lograba centrarse al cien por cien porque Scott no podía integrarse en el equipo hasta mejorar sus notas. Su ausencia le causaba una inquietud difícil de describir, Scott se había convertido en algo así como la guía del camino de Isaac. En su mente todo lo que Scott decía o hacía estaba bien, incluso aunque a Derek no se lo pareciera.

De algún modo, en la lucha contra los Alphas, Isaac descubrió algo a lo cual había estado ciego el último año. Estaba enamorado, en principio no era grave, salvo por el hecho de que Scott McCall era el objetivo de su afecto. No le importaba haberse enamorado, pero haberlo hecho de Scott sabiendo cómo sabía de los sentimientos de su Alpha por él y del cuelgue de Scott por Allison, lo tenía completamente aturdido.

Para empezar Scott era un hombre, uno bastante atractivo, según decían todas las chicas del instituto e incluso Danny.

Para continuar, Derek sentía algo por él. No simple amistad, compañerismo o afán de protegerlo por formar parte de su manada. No hacía falta ser un genio como Stiles para ver lo muy enamorado que estaba su Alpha de Scott.

Para colmo, Allison volvía a mirarlo de esa forma especial. Lo cual llevaba a Isaac a pensar que, tarde o temprano, Scott regresaría con ella y eso lo cabreaba mucho. Porque Allison era una cazadora y no tenía derecho a aspirar a un hombre lobo. De hecho, casi se atrevería a reclamar a Scott para sí.

Se lo merecía.

Había perdido a toda su familia y Scott era un faro en la oscuridad, una luz permanente en su existencia y por eso, se lo merecía.

Incluso más que Derek.

Sí, su Alpha había dado todo por protegerlo, había terminado herido de gravedad, casi había muerto, pero Scott era brillante y Derek oscuro.

En la parte más alejada del aula, Allison contemplaba a Scott con una sonrisa embobada. Desde hacía tres semanas le parecía más atractivo que nunca, su cuerpo era más ágil, su rostro hablaba de peligro, de temeridad y a ella eso le encantaba. Si a su antiguo yo le iban más los chicos buenecitos, a la nueva Cazadora lo que le gustaban eran los chicos malos. Scott había hecho cosas malas, estaba segura, aunque no tuviera pruebas. Su rostro se había vuelto más adusto, un poco más duro y frío. Eso la llevó a pensar en Derek y en cómo ese hombre había cambiado su vida para bien o para mal. Durante mucho tiempo deseó asesinarlo, así fue hasta descubrir que su madre había intentado matar a Scott sin tener en cuenta sus sentimientos. Derek lo había salvado y se lo agradecía enormemente. Scott era su futuro, él se lo había dicho tiempo atrás y ella estaba decidida a ir a por él. Una mirada enamorada se dibujó en su rostro al ver cómo Scott mordía el bolígrafo y se le dibujaba esa media sonrisa, en el lado derecho, que volvía loca a Allison.

Al lado de Allison, Lydia estaba observando a Stiles. Desde hacía algún tiempo pasaba sus horas muertas pensando en él. El sentimiento había despertado en su interior poco después de que Jackson se marchara de la ciudad para alejarse de Derek, Scott e incluso de ella. Sin saber cómo había pensado en la forma en la cual le había dicho que se sentiría devastado sin ella. Además, lo cierto es que Lydia conocía a Stiles desde el jardín de infancia. Había sido su mejor amigo hasta llegar al instituto y, momento en el cual había optado por unirse a la gente popular, dejar de lado a Stiles y Scott. Fingió no conocerles durante los primeros años, después cuando Allison empezó a salir con Scott retomó la amistad pérdida y con todo lo ocurrido con Jackson, Peter y su inmunidad al mordisco de un hombre lobo había recuperado completamente su relación con ellos. Sonrió de medio lado al ver cómo Stiles trataba de darle a Scott una nota sin que el profesor Harris lo notase.

Stiles trataba de dar a Scott una nota preguntándole si debía esperarlo tras el entrenamiento o irse a su casa. No estaba muy seguro de que Scott lo quisiera cerca cuando fuera a casa de Derek.

Una parte de sí mismo, una tremendamente protectora con Scott aunque su amigo fuera un hombre lobo bastante más fuerte que él, se negaba a dejarlo a solas con Derek. Stiles no era tonto y sabía las cosas que se le pasaban a Hale por la cabeza cuando tenía a Scott cerca.

La otra, tremendamente protectora consigo mismo, se negaba a meterse en medio de esa situación. Pues, aunque Derek le caía bien, no dejaba de ser un hombre lobo, con grandes colmillos y, probablemente, poca paciencia con todo lo que se refiriera a "Scott McCall".

Scott estaba profundamente aburrido en la clase de Harris. Lo cierto es que odiaba al profesor y la asignatura. Por esa razón su mente vagó libremente hasta ese momento. El instante en el cuál había descubierto que su corazón había cambiado de dirección.

Hace tres semanas

En la parte más oscura del bosque un grupo de Alphas había rodeado a Scott. Todos ellos querían que entrara en su manada. Al principio se sorprendió un poco por su actitud hasta que, en medio del bosque, se encontró a Boyd y Erika quienes lo miraban con respeto y admiración. En cualquier otro momento se habría sentido halagado, pero dadas las circunstancias lo último que deseaba era formar parte de un grupo de Alphas sanguinarios. Él ya tenía su propia manada: Stiles, su madre, Allison, Lydia y tal vez, sólo tal vez, a Isaac y Derek.

Dos de los lobos de mayor rango lo contemplaron en silencio. Caminaron hacia él, lo olisquearon y lo invitaron a unirse al grupo. Él los rechazó educadamente, les explicó que ya tenía su propia manada, que muchas personas dependían de él. Sin embargo esto generó una reacción inesperada en el mayor de los lobos.

Se lanzó a atacarlo y le explicó que cuando fuera derrotado formaría parte del equipo de Alphas quisiera o no. Sin poder controlar sus propias reacciones también Scott se preparó para atacar. No tenía interés en obedecer a nadie y, si por un casual, en algún momento deseaba formar parte de una manada diferente se uniría a la de Derek e Isaac porque ellos eran sus amigos.

En un instante percibió a su lado la imponente presencia de Derek. El Alpha se colocó entre él y el atacante. El líder gruñó a Derek por interponerse, Derek le amenazó por tratar de robar a un lobo de su manada. De las palabras pasaron a la acción. Con todos esos Alphas alrededor el jefe del grupo se sentía extremadamente poderoso y Derek sólo tenía a Scott porque Isaac estaba recuperándose del ataque de dos días atrás. Sólo Scott no era suficiente para derrotar al Alpha Supremo, pronto Derek empezó a perder terreno. Recibía dentelladas por todas partes, su cuerpo aún se encontraba débil por la batalla del día anterior y su capacidad regenerativa no funcionaba al cien por cien debido a los recientes acontecimientos de Beacon Hills. Scott percibió cómo el pulso de Derek disminuía, su rostro se puso pálido, su pierna derecha había sido prácticamente arrancada de cuajo y el lobo se empeñaba en arañar los ojos de Derek quien al no ver, por las heridas sufridas, no lograba ganar espacio. Derek cayó al suelo y el corazón de Scott se detuvo de golpe.

Derek estaba herido, a punto de morir. Sintió cómo la rabia subía por sus piernas, percibió la furia en su interior. Su corazón latió apresuradamente, su cuerpo se tensó y cuando su mirada se cruzó con la de Derek supo que estaba perdido. Los ojos del Alpha lo doblegaron, su instinto Beta despertó, arañándole las entrañas y con una fuerza desconocida contraatacó al Alpha Supremo. Los movimientos de Scott se convirtieron en más rápidos, sus sentidos se agudizaron, en su mente sólo cabía una solución, derrotar al Alpha y echarlo de Beacon Hills. Proteger a Derek se convirtió en su único objetivo, la única razón de su existencia. A cámara lenta pasaron por su mente todos los momentos vividos con Hale. Recordó el día en que se habían conocido, la promesa hecha por Derek de matar al Alpha para salvarlo, la lucha a muerte contra Peter, la vuelta a la normalidad, la aparición de Gerard y el día en el cual casi murió por culpa de Victoria. Estaba prácticamente inconsciente en ese momento, pero sintió cómo Derek lo daba todo por protegerlo. Por eso había aullado sabía que iría a salvarlo pues siempre había confiado en Derek. Se revolvió intranquilo al recordar cómo cuando despertó en la consulta del doctor Deaton, Derek estaba a su lado. En algún momento de la noche había tendido su mano para agarrar la de Scott. Al despertar sintió la calidez de Derek, su cariño y se sintió afortunado por estar vivo.

Con cierta sorpresa descubrió que se había enamorado de Derek y ese sentimiento lo llenó completamente. Sus ataques se volvieron más certeros, su agresividad se incrementó hasta límites insospechados. En su mente sólo deseaba derrotar al Líder para llevarse a Derek al Doctor Deaton. La pelea apenas duró media hora, cuando acabó con el Jefe todos los demás Alphas aceptaron retirarse e irse muy lejos. Erika y Boyd los siguieron.

Tras la lucha cogió a Derek en brazos, lo llevó a la consulta de Deaton donde lo curó. Esa noche Scott llamó a su madre diciéndole que se quedaba en casa de un amigo y pasó toda la noche con Derek. Cuando éste se despertó a la mañana siguiente se sintió profundamente conmocionado y agradecido. Se despidió a duras penas de él y decidió fingir que lo odiaba. Era mucho más simple a reconocer su profundo amor por Derek Hale.

Tiempo presente

Scott ahogó un suspiro. Cerró los ojos para apagar su sed de Derek. Desde que lo había visto esa mañana en la pastelería era incapaz en pensar en cualquier cosa que no fuera él. Desafortunadamente le resultaba tremendamente difícil. Lo añoraba, echaba de menos cuando las cosas eran más sencillas y no había descubierto sus verdaderos sentimientos por el Alpha. Era más fácil relacionarse con él antes pero, con sus emociones a flor de piel, desde su enamoramiento ahora le resultaba imposible.

Apenas se dio cuenta de cómo pasó el resto del día en el instituto. Su mente estaba únicamente centrada en Derek, las mariposas de su estómago revoloteaban con anticipación ante el próximo encuentro con él. El castigo de Harris se le pasó muy rápido, cuando Isaac cogió el camino de regreso a la casa de Derek lo detuvo, le dijo que lo esperara.

Isaac se alegró de oír a Scott pidiéndole que lo esperara. La idea de volver a la solitaria vivienda que compartía con Derek acompañado de Scott logró animarlo. Scott era una compañía agradable siempre. En el trayecto hablaron del instituto, de los alumnos más populares, de los profesores nuevos, de los antiguos, de las nuevas estudiantes de intercambio, de las asignaturas más difíciles y de las más sencillas.

Isaac preguntó a Scott si mejoraría lo suficiente sus notas para entrar de nuevo en el equipo de Lacross, pero Scott no supo contestarle.

Scott se sentía extrañamente cómodo con Isaac. Todo había ocurrido después de la batalla con los Alphas, de algún modo, Isaac, Derek y él se habían convertido en una verdadera manada. Aún así, Scott no estaba dispuesto a reconocerlo ante nadie. Su compañero parecía más centrado y contento que el año anterior. Era consciente de la dificultad de superar la pérdida de su padre, su transformación en lobo y su nueva vida como miembro de la manada de Derek. Ahora parecía feliz, hablaba más, se relacionaba con más personas y estaba convencido de que eso se debía a la beneficiosa presencia de Derek en su vida. El Alpha había devuelto a Isaac el valor, de algún modo Lahey había recuperado su vida.

Llegaron a la antigua casa de Derek. Scott se sorprendió al descubrir que la habían reformado un poco desde la última vez. Se quedó de piedra al ver a Derek arreglando una ventana.

El Alpha lo contempló, sin poder evitarlo, una enorme sonrisa se dibujó en su rostro. Había echado mucho de menos a Scott, tanto que dolía. Sin una razón aparente decidió, tras ver a Scott derrotando al Alpha Supremo, arreglar su casa por si en algún momento McCall se decidía a formar parte de su manada. Durante tres semanas lo había evitado y su frustración había subido varios grados, pues necesitaba verlo cada día para sentirse bien. Scott era su compañero de vida, lo había comprendido cuando lo conoció. Era dulce, era amable, era compasivo, sus ojos eran de un marrón chocolate tentador, cada vez que lo observaba se dejaba devorar por el abismo de esa mirada. Su esencia era salvaje, sándalo, tierra, fuego, océano, a lobo y libertad. Deseaba fundirse por él, era el objetivo de su vida y por esa razón había tratado de vencer al Alpha que lo había atacado. Por Scott era capaz de cualquier cosa.

Podría bajar al Infierno si se lo pedía, incluso arrancarse su propio corazón y entregárselo como regalo. Scott era su Alpha, su Beta y su Omega, sin él se sentía incompleto.

- Llegas tarde, McCall. Se supone que el instituto terminó hace dos horas.

- Harris me castigó.- Respondió y se aproximó hacia él. - ¿De reformas?

- Pensé que estaría bien adecentarla para mi futura manada. – Derek dejó la ventana que estaba reparando y sonrió. - ¿En qué puedo ayudarte, Scott?

- Unas siete personas vendrán este año a celebrar Acción de Gracias en mi casa.

- ¿Y qué?

- Es luna llena, ya sabes, cuándo me salen colmillos y pelo por todo el cuerpo.

- No asistas, ven a mi casa y te encerraré.

- No puedo. – Scott contempló a Derek.- Mi madre está feliz de celebrarlo, por primera vez en cinco años no ha maldecido la fecha.

No quisiera decepcionarla.

- Tendrás que buscar un ancla lo bastante fuerte para no ceder a tus impulsos sanguinarios.

- Mi ancla solía ser Allison, pero ya no me sirve para contener mis instintos.

- ¿Problemas en el Paraíso? – Preguntó Derek con ironía. – Quizás se debe a que cazadora y hombre lobo no combinan bien.

- He cambiado y ella también. - Scott se acercó a Derek. - ¿Puedo ver lo qué has hecho hasta ahora?

- Adelante. – Derek invitó a Scott a pasar.- Isaac y yo hemos arreglado bastantes cosas, casi es un lugar habitable.

- Casi. – Isaac sonrió a Scott. – En un par de meses estará completa.

- De acuerdo. – Scott entró en la vivienda, con sorpresa descubrió las mejoras que habían hecho en ella Derek e Isaac, cuando terminó su recorrido bajó al primer piso. Allí se encontró a Derek y a Isaac sentados en la cocina.

- Habéis arreglado la cocina, ¡vaya!

- ¿Te gusta cocinar, McCall? – Indagó Derek con una sonrisa ladeada.

- Se me da bien. – Scott se sentó. – Sobre todo los postres.

- Me encantan los postres. – Isaac se relamió los labios.- Hace una eternidad que no tomo un postre casero.

- Yo también.- Derek cerró los ojos. – Mi madre solía hacer la mejor tarta de queso del mundo por Acción de Gracias.

- ¿Os apetece venir a cenar a mi casa por Acción de Gracias? – Indagó Scott.- Esto… yo… hm… quiero decir… ¿hablo demasiado?

- No creo que a tu madre le hiciese gracia tener a dos invitados extra. – Intervino Derek aunque, en su fuero interno, deseaba más que ninguna cosa en el mundo cenar en casa de Scott. Verlo a él disfrutando de una fiesta señalada.

- Se lo puedo preguntar. – Scott sonrió pues Derek deseaba compartir esa fecha con alguien y quiso poder llevárselo a su casa para disfrutar del Alpha en un ambiente distendido, sin sangre, sin Alphas, sin Gerard, sin cazadores. Un solo día en el cual estar con él sin contemplaciones o preocupaciones.

- ¿Lo harías? – Isaac se emocionó ante la posibilidad de tener una fiesta de Acción de Gracias normal, con pavo asado y un ambiente cálido.

- Mañana os lo digo. – Scott se incorporó de la mesa, dedicó su mejor sonrisa a ambos lobos y se marchó. – Tengo que ir ayudar con el relleno del pavo. Hasta mañana.