Por amor

Una vida llena de recuerdos

Meyer es la dueña de los personajes la trama es mía.

Betas: Sarobari, Lillian M Miry Alavarez

Soundtrack por Bella Rocio

Me equivoqué de María Jose

Long Distance Bruno Mars

Ésta última es la que canta Bella al final del capitulo.

As long as you're there Charice

Nota: Preparen pañuelos…

Capitulo 9

Bella

Habían transcurrido dos días sin noticias de Edward. Me sentía impotente, atada a un sentimiento de aversión que no me permitía poder buscarlo y aceptar dar un paso adelante en la relación. Había estado a punto de ir a su casa en varias ocasiones, pero no había dado dos pasos, cuando me paralizaba. No sabía como superar el miedo a la traición o el tratar de recuperar una confianza destruida, era algo más como una fobia.

—Isabella… —llamó William.

— ¿Si?

— ¿Qué te sucede? Cada día que pasa te noto mas desanimada —dijo mientras se sentaba frente a mi escritorio. Dándome una taza de café. Era gracioso que el cotilleo aún fuera su gran y peor defecto. Sonreí.

—No es nada, solo estoy cansada.

—Sabes que soy tu amigo. Sé que no nos hemos visto en mucho tiempo pero… siempre te he considerado mi amiga y si necesitara hablar con alguien por supuesto lo haría contigo.

—Gracias. No es nada, de verdad.

¿En realidad no era nada? Me preguntaba con tristeza. ¿Edward no significaba nada?

—Bien. Pero tal vez deberías ir a descansar a casa. Cualquier contratiempo, Sue o yo nos pondremos en contacto contigo.

—Creo que tienes razón, me iré, estoy cansada.

Salí del despacho apenas tomé mis cosas, subí al auto y llegué a casa en diez minutos. Arrastré mis pies hasta la puerta de entrada, dándome cuenta que en verdad estaba agotada.

Edward

Dos días. Estaba muriendo lentamente… ¿Debía buscarla? ¿Tenía que decirle que aceptaba sus condiciones? ¿Que no me importaba como quería tenerme en su vida pero que simplemente me tuviera en ella?

—Edward, vámonos —dijo Garrett una vez subió a la grúa.

Había ocurrido un accidente, afortunadamente no hubo muertos aunque si algunos heridos. La tarde estuvo pesada y Garrett había sido enviado conmigo para ayudarme. Durante estos dos días lo había estado evadiendo, realmente no quería golpearlo. Pero la forma en la que me miraba me fastidiaba.

— ¿Qué? —pregunté una vez estuvimos camino de vuelta a la oficina.

— ¿Por qué no la llamas y aclaran las cosas?

Reí sin ánimo de alegría, más bien con sarcasmo.

—Tú no sabes nada —espeté.

— ¿Que es tu esposa?—giré mi rostro hacia él.

— ¿Qué demonios? ¿Ahora eres su confidente? ¿Su mejor amigo? ¿O, algo más? —pregunté ahora si, enardecido por su confianza con ella.

—Es tu esposa, cuidado en como la nombras —advirtió.

—No estoy nombrándola nada. Pero mejor dime cuáles son tus intenciones —miré a Garrett a los ojos por un momento. Había burla en ellos.

—Me confesó eso para impedir que te pateara el culo el día que la echaste de tu casa. No soy su confidente, y no tengo interés alguno en una mujer casada y mucho menos en ella. Lamentablemente eres uno de los pocos que no me mira como si fuera la peste, solamente quiero ayudarte.

Me rendí, que caso tenía guardarme todo si ella ya posiblemente había confiado en él.

—Es complicado.

—Tenemos por lo menos tres horas de camino, así que comienza por el principio.

—Le fui infiel en los primeros años de matrimonio —dije y esperé su respuesta.

—Eres un hijo de puta. Mejor no la busques, déjala tranquila.

—Cuando dejé a mi amante, ella nos vio y supo entonces quien era la otra mujer —le respondí ignorando su sugerencia—. Esa noche tuvo un accidente. Estuvo en coma más de una semana —el simple recuerdo me causó un estremecimiento.

—Espera… tú me dijiste en el bar que estaba enferma del corazón.

—Sí, ella enfermó… porque… era anoréxica y nunca me di cuenta, Garrett. ¿Qué clase de esposo era? La tenía prácticamente olvidada, como se olvida algún juguete que alguna vez se quiso pero luego pasa el tiempo y lo arrumbas debajo de la cama, ignorándole. Suplantándolo con algún nuevo modelo.

— ¿Qué piensas al respecto?

—Que fui un imbécil.

—Sabes lo que has hecho y en lo que eso te convierte —respondió con simpleza.

—La amo Garrett, no quiero perderla definitivamente. Nos estábamos conociendo de nuevo pero… lo eché a perder.

—Sí, lo hiciste —le dediqué una mirada fulminante—. Pero… ¿Por qué?

—Alguien que la amó está de regreso y… tengo miedo. Estoy aterrado al pensar que en cualquier momento se dé cuenta que él es mejor que yo. Que él si puede ofrecerle todo aquello que yo no. Una vida tranquila y una familia numerosa.

—A las mujeres solo hay que amarlas para hacerlas verdaderamente felices.

—A veces ni el arrepentimiento ni el amor es suficiente. Pensé que estábamos bien —me preguntaba una y otra vez qué había hecho mal—. Quise pedirle que fuera mi novia y ella no aceptó. Todo se salió fuera de control…

—No la presiones con ponerle un titulo a su relación. Si realmente ella no quisiera nada contigo simplemente no te hablaría. Ahora solo preocúpate porque vuelva a amarte.

—Entonces…

—Que sea tu novia, pero que no lo sepa. Hazle el amor, pero a ella dile que no hay compromiso a una relación formal. Luego no sé, háblale de alguna amiga imaginaria, entonces ella se dará cuenta que necesita echarte el lazo para no perderte.

—Estás loco, no puedo, yo… la engañé. Hablarle de otra mujer sería peligroso. Dañino para ella.

—No. Yo creo que se dará cuenta que está dejándote libre —declaró seguro de tener la razón.

— ¿Crees que funcione?

—Espero que si. Le prometí llevarle información sobre coches en venta. ¿Podemos pasar a su casa de manera que no sea obvio un primer encuentro contigo? —dijo moviendo las cejas sugestivamente.

—Le di un ultimátum, le dije que si me buscaba era para algo más que una amistad.

—Cede. Di que lo sientes, que estabas celoso, eres humano y puedes equivocarte.

Llegamos a Forks una hora mas tarde. Garrett inició el recorrido del pueblo hasta la casa de Bella, estaba nervioso. Al girar por su calle vi un coche estacionándose afuera de su casa. Por lo que le pedí a Garrett que disminuyera la velocidad y se estacionara antes de llegar lo suficientemente cerca para ser vistos. Un hombre rubio bajó del auto y de inmediato sentí que palidecía, era William. Su andar era despreocupado, deseaba salir de la camioneta y darle caza, convertir esa indolencia a una preocupación por salvar su vida. Aplasté el envase de plástico que aún contenía un poco de agua. Tensé la quijada y podía sentir un tic en mi ojo izquierdo.

— ¡Hey! Ethan, cálmate o sufrirás un infarto —dijo riendo. Su chiste me pareció de lo más despreciable y se lo hice saber con una mirada oscura y asesina. Al ver mi furia plasmada en el rostro dirigida hacia él, dejó de sonreír.

Miré de nuevo en dirección a casa de Bella. William esperaba que ella saliera. Entonces bajé de la camioneta y me dirigí a él. Bella, abrió la puerta y salió con una sonrisa que días antes había sido solamente mía, para cuando solía darme la bienvenida. Mi cuerpo ardía, de pronto no podía distinguir otro color que no fuera el rojo. Pero cuando la besó en la mejilla y la abrazó me detuve en seco. Mirando como ese… tenía las manos en su cintura. Escuché a Bella jadear. ¿Tanto le gustaba la cercanía de ese bastardo? Me pregunté. Entonces, levanté mi vista hasta su rostro para ver sus ojos oscuros encontrarse con los míos, negros, llenos de rencor, odio, dolor, decepción, traición, ira… amor. La había perdido.

Quería decirle tantas cosas, pero ninguna de ellas describiría como me siento. Tampoco podría decirle absolutamente nada, no me pertenecía. Hacía años que Bella ya no era mía. No había palabras para suplicarle que no me dejara, y si las había, no podía pedirlo. Yo la amaba, pero debía dejarla ir, porque eso era lo correcto ¿no? Lo prometí.

Siempre me he preguntado, por qué cuando ella me vio cenando con Rosalie no se acercó y me reclamó, por qué fue silenciosa al irse, por qué simplemente me dijo adiós en una nota.

Ahora lo sé. Porque me amaba y me dejaba en libertad para ser feliz con quien ella creía que era mi felicidad. Di media vuelta y emprendí mi camino de regreso a la camioneta…

—Edward…

La escuché llamándome, me detuve por un instante más no me giré a mirarla. Si lo hacía, le diría cuanto la odiaba y despreciaba. Me sentía traicionado. Pero no era lo correcto decirle esas cosas, porque en realidad yo estaba muerto, no existía y simplemente ella ya no era nada mío. Continúe mi camino…

—Edward… por favor mírame.

No lo hice. Si lo hacía, después de hacerle saber mi odio, caería de rodillas y le suplicaría que no me abandonara. Que ironía. Cuando años atrás fue ella quien me suplicó de rodillas que no la dejara.

—Estoy trabajando.

Dicho esto me fui lo más pronto que pude.

No recuerdo haberme subido a la camioneta o llegar a la oficina. Ahora estaba de pie bajo la lluvia frente a mi motocicleta. ¿Cuánto tiempo he estado ahí de pie? No lo sé.

—Ethan, ¿te encuentras bien? —preguntó Garrett. Asentí.

Subí a la moto y manejé al bar donde ella y yo volvimos a encontrarnos. Una vez estacioné la moto, entré al bar dirigiéndome a la barra. Ahí pedí una cerveza tras otra…

Bella.

Estaba arruinada.

¿Qué debía hacer? Era tan estúpida que simplemente lo dejé ir sin darle ninguna explicación. Era media noche, había creído que él llegaría una vez entregara la grúa y el papeleo a Harry. Pero para esta hora, me daba cuenta de que en realidad él no vendría. Lo sabía, porque él me lo había dicho. No quería verme, a menos que yo lo buscara y diéramos inicio de nuevo a nuestra relación sentimental. Suponía el gran esfuerzo que hizo para hacer a un lado su orgullo y su ego para haberse presentado aquí, en mi casa, rompiendo su propia norma. Y al verme en brazos de William… lo estropeé todo. Desde que William se había retirado hace unas horas, no había parado de llorar sintiéndome horrible por hacer que Edward sufriera sabiendo cuanto me ama. Ahora puedo darme cuenta de que su cariño y sus palabras de amor son verdaderas al demostrarme que es capaz de cualquier cosa, incluso pasar por él mismo para tenerme a su lado.

Ahora me tocaba a mí.

Caminé hasta el teléfono y marqué al servicio de taxis. Temía quedar varada de nuevo si utilizaba mi coche.

Una hora más tarde, con mochila en mano, estaba de pie tocando la puerta de la casa de Edward. Las luces estaban apagadas, rodeé la vivienda en busca de la motocicleta. No la encontré, sin embargo di con la ventana entre abierta de su recamara. Afortunadamente ahora mi cuerpo era delgado, lo suficiente para treparme y entrar por ahí. Daba gracias porque la casa fuera de un solo piso y no de dos, ¡donde tuviera que escalar!

Una vez dentro, guardé la mochila en su closet, no encendí las luces por temor a ser denunciada por allanamiento de morada. Así que avancé en la oscuridad, topándome y golpeándome en el camino de vez en cuando hasta que encontré la cama. Me recosté, estaba agotada de llorar, pensar y de nuevo llorar. Después de algún tiempo me quedé dormida.

El estruendo de una puerta seguido de un trueno me despertó, llovía. No estaba segura de que el ruido anterior fuera la puerta, por lo que esperé unos segundos para intentar escuchar algo más, pero nada… hasta que unos toques insistentes se escucharon en la puerta principal. Me puse en pie, pensando en que Ethan aun no se encontraba en casa. Pero fue mi sorpresa al ver las luces de la sala encendidas. Caminé por el pasillo y entonces escuché la voz de Charlotte.

—Ethan, mi hermano me dijo hace rato lo que sucedió con ella.

— ¿Qué quieres Charlotte? No estoy de humor —habló arrastrando las palabras, había bebido.

—Ethan, se que para ti soy una niña pero… quiero que me mires bien, no lo soy.

Vi a Edward dejarse caer en el sillón que quedaba a la vista del pasillo donde me encontraba. Podía verle de perfil. Él estaba mirando hacia el frente de una manera tensa. Los murmullos y roces de la ropa se escuchaban hasta que cesaron.

— ¿Qué es esto?

—Hazme el amor Ethan, quiero que seas el primero. No me importa si en este momento piensas que yo soy ella. No lo sé, tal vez si te das la oportunidad puedas darte cuenta que podríamos tener algo juntos.

No podía creerlo, estaba en shock ¿Qué se pensaba esa mocosa? Un momento. ¡No! ¿Acaso los sonidos que se habían escuchado anteriormente eran porque…?

— ¿Ya terminaste de hablar Charlotte?

—No, Ethan. Quiero que sepas que estoy dispuesta a todo para complacerte. Yo puedo darte lo que quieras.

Ella estaba seduciéndole, estaba segura de que Edward aceptaría. Después de todo era un hombre de carne y hueso. Pero quería imaginarme que Edward la rechazaba y entonces…

— ¿De verdad Charlotte, puedes darme lo que quiero?

—Si, pídemelo. Lo que sea.

Era una maldita ofrecida. Estaba a punto de salir de mi escondite, cuando Edward volvió a hablar.

—Quiero que vuelvas el tiempo atrás, al momento en que la abandoné cuando me dijo que no podía tener hijos. Detén mi mano antes de siquiera profanar su rostro con mi golpe. Impídeme revolcarme cada noche con su mejor amiga. Cierra mi boca para que no la hiera con mis palabras. Abre mis ojos para observarla y ver el daño que se hacia a si misma. No dejes que me suplique de rodillas un poco de afecto. Sálvale la vida a aquella persona que fue su donante de corazón. Detén a mi padre para que no llegue a tiempo para salvarme y permíteme entregarle mi corazón en bandeja de plata. ¿Puedes hacerlo, Charlotte?

No podía ver su rostro, pero si podía escuchar la intensidad de sus sentimientos con cada palabra dicha.

—No Ethan, no puedo volver el tiempo. Ella está ya con alguien más. No te ama.

—Entonces dile que soy un monstruo egoísta, consumidor de su alma. Que soy tan maldito que la quiero para mí y me importa un bledo condenarla a mi persona por el resto de nuestras vidas. Que no me afecta no poder hacerla madre. Que la amo y la necesito para poder funcionar, sin ella simplemente no puedo continuar. Dile que venga y me dé un poco de su compasión o su lástima, pero que no me abandone. Que me permita ser algo en su vida. Su amante tal vez o su simple jodido amigo. Solo dile que la amo.

Estaba impactada por su confesión. Yo estaba haciéndole tanto daño con mi indecisión. Y ella envenenándolo aun más.

—Ethan, puedo ayudarte a adormecer el dolor. Cierra tus ojos e imagina que soy ella y tómame entre tus brazos, hazme el amor como lo harías con ella.

— ¡No! ¡Tú no eres ella! Quiero que te vistas y te largues de mi casa. No me interesas —dijo con desprecio.

—Pero…

Ella estaba seduciéndolo, una prueba más de que Edward ya no era el mismo de antes, que hubiera aceptado acostarse con ella sin mucho esfuerzo, ella no era Rosalie, era una joven hermosa e inexperta, yo ya no era esa esposa sumisa y estúpida.

— ¿Qué no escuchaste? ¡Que te largues ahora mismo de aquí! —Salí de mi escondite mientras hablaba, ella dio un salto hacia atrás al verme. Miré a Edward, estaba pálido, con la boca abierta, asustado. De nuevo me dirigí a Charlotte.

—Yo…

—Tú nada. Lárgate de aquí y no quiero que vuelvas a acercarte a mi marido, a hablarle y mucho menos mirarle. Te lo prohíbo. Porque escúchame bien, soy capaz de arrastrarte desde donde te encuentres hasta la playa y ahogarte.

Ella levantó su ropa, pero antes de que comenzara a colocársela la empuje hacia atrás con fuerza. Estaba furiosa por meterse con mi Edward. Abrí la puerta…

— ¡Espera, estoy desnuda!

— ¿Ahora te pondrás pudorosa? ¡Por favor no me hagas reír! Esto te lo tienes merecido por desnudarte frente a un hombre casado.

La terminé de empujar fuera de la casa, haciendo que chocara contra el pecho de Garrett que estaba estático mirando la escena sin poder creérselo.

— ¿Qué demonios sucede aquí? —dijo Garrett, mientras intentaba cubrir a su hermana con su chamarra. Las manos de Edward sujetaron mis hombros. Sin embargo eso no me impidió responder.

—Como puedes ver —señalé a Charlotte—, tu hermana se le ofreció a Ethan de esta manera tan descarada aun cuando él la rechazaba. Ellos no sabían que yo estaba aquí. No quiero verla de nuevo cerca de mi marido, Garrett, porque te juro que no responderé de mis actos.

Garrett miró a su hermana asombrado.

— ¿Por qué Charlotte? ¿Qué pretendías con tus estúpidas acciones?

Fue lo último que escuché antes de azotar la puerta frente a ellos. Me solté del amarre de Edward.

—Solamente te diré tres cosas, Edward… la primera, cuando vivamos juntos no quiero que llegues tarde a casa o que simplemente no vengas a dormir. La segunda, no quiero a ninguna de tus vecinas enamoradas merodeando por aquí y ofreciéndose como tributo a ti, como si fueras un dios pagano del sexo; y tercero, William solo estaba dándome las gracias por haber cuidado de sus bebés mientras regresaba de una cita con un cliente. La niñera tuvo un percance y no pudo recogerles de la guardería, su madre estaba en una cirugía. Ahora, aclaradas las cosas no quiero volver a tocar el tema Charlotte o William nunca más. ¿Comprendes?

—Ajá… no entiendo —se veía realmente confundido, tratando de esforzarse por hacer funcionar su cerebro alcoholizado.

— ¿Estás de broma? —Después de todo lo que había escuchado decirle, quería jugar con él un poco—. ¿No fuiste tú quien me dijo, que el día que te buscara lo hiciera para dar un paso más a nuestra relación? Pues aquí estoy, aceptando ser tu novia. Pero si te has arrepentido es hora de decírmelo, no mañana, ni en algunos meses o años. Es ahora.

—Está bien… solo estoy…

—Olvídalo ¿quieres? No deseo volver a hablar de eso. Vayamos a dormir —rogué. Estaba cansada pero también deseaba sus brazos.

Recostados en la cama yo le daba la espalda. Me sentía extraña.

—Bella… —me removí de nuevo para acomodarme frente a frente.

—Por favor, no me traiciones, no lo hagas. No me mientas —le pedí mientras acariciaba su rostro con mis manos.

—No, jamás, no te arrepentirás. Te lo juro.

Edward

El despertador timbró, adormilado lo apagué. Aún no muy consciente, los recuerdos fugaces vinieron a mi mente. Charlotte frente a mí desnudándose, y luego ella desaparecía para tener a Bella entre mis brazos mientras lloraba y me suplicaba algo que no podía recordar. En estos momentos estaba solo en la cama, por lo que llegué a pensar que era algún sueño.

Pero un ruido proveniente de la cocina me hizo despertar completamente. ¿Qué había hecho? ¿Me había acostado con Charlotte? ¿Ella estuvo realmente aquí? Si Charlotte estuvo aquí y yo cedí a sus encantos, entonces era un completo estúpido, hijo de puta, que no aprendía de mis errores.

Me levanté enseguida y me puse los pantalones. Me aseé y caminé fuera de la habitación. Crucé el pequeño pasillo hasta la sala, no había señales de quién podría ser la persona invasora de mi casa, y finalmente llegué a la cocina. Cuando me quedé en el umbral, la vi.

Bella, cantaba y bailaba la canción de la radio mientras cocinaba. Se notaba feliz, sus piernas desnudas, mi playera acariciando sus curvas, su cabello hecho un desastre. Pero nada de eso importaba, ella estaba ahí, en mi cocina, vistiendo mi ropa. Y yo no podía estar más feliz. La amaba y la había extrañado tanto que ahora tenía un nudo en la garganta, y como una niña quería llorar. Porque ahora podía tener la certeza de que me había perdonado. Sin que me lo dijera yo podía sentirlo. Ella cantaba para mí. Bella sabía que estaba detrás de ella. Siempre intuía donde podía encontrarme.

Caminé hasta ella, abrazándola por la espalda para terminar besando el hueco de su cuello, ocasionándole cosquillas.

—Preparé el café para ver el amanecer.

—Vamos —tomé su mano y caminamos hasta fuera de la casa. Ella había cogido en el camino una manta.

Nos sentamos en silencio en la banca de madera. Había neblina y hacía frío, por lo que ella nos cubrió a ambos con la manta. Con un brazo la atraje hacia mí y la abracé, mientras que en la otra mano sujetaba mi taza de café. Entonces, la maravilla se hizo frente a nuestros ojos.

—Simplemente hermoso —dijo.

—Perfecto —respondí

—Mírame —me ordenó y así lo hice— Eres un vanidoso, Ethan Reader—dijo antes de besarme.

Fue el beso más cálido y lleno de amor que habíamos compartido. Tierno, tan lleno de su alma y mucho más de su corazón. Cuando nos separamos nuestra respiración era errática.

—Ethan Reader… ¿Quieres… ser mi… novio? —tartamudeó, como la primeriza en declaraciones de amor que era ella.

—No.

— ¿Qué?

—He dicho que no, hasta que realmente estés segura de que no podré darte un hijo. Pero estoy dispuesto a aceptar una inseminación en un banco de esperma. Solo déjame ser parte de tu vida y la del bebé que puedas concebir.

—Te amo —declaró.

—Yo también te amo.

— ¿Lo tomo como un sí?

—Déjame pensarlo…

—Eres un idiota.

Volvimos a besarnos con amor y deseo.

Entonces recordé lo que había pasado la noche anterior. Al final Garrett tenía razón, un poco de celos fue la solución. Lamentaba haber utilizado a Charlotte, exponiéndola de esa forma. Pero en la guerra y el amor todo valía.

Cuando llegué a casa, fui directo a mi recamara, encontrándome con Bella dormida en mi cama. Se veía tan hermosa. La manta que había cogido Bella esta mañana, era la manta que había llevado la noche anterior a la sala para dormir en el sofá. Pero Charlotte llegó antes, toda insinuante. Esa situación me pareció la oportunidad que necesitaba para recuperar la confianza de Bella, de conseguir su perdón y simplemente la tomé sin sentir una pizca de remordimiento.

¿Cómo sentirlo, si ahora ella estaba en mis brazos? Al diablo con el mundo, haría cualquier cosa por tener a Bella conmigo. Siempre fui un egoísta de mierda, para qué seguir negando lo que soy. Estoy dispuesto a pasar por quien sea y aceptar cualquier cosa para que ella siga permaneciendo en mi vida.

Nota:

Edward malvado pero mejorado un poquito ha vuelto.

Gracias por su apoyo, por sus comentarios y sobre todo por dedicarme unos minutos de su valioso tiempo para leer esta historia. Se que van dos capítulos que no respondo sus review. La razón es simple estoy intentado terminar el fic lo más pronto posible ya que me quedare de nuevo sin computadora durante dos meses. Es por eso que ocupo el tiempo en escribir y escribir. Disculpen, pero no quiero dejarlas esperando tanto tiempo.

Gracias por su comprensión. Juro que me daré un tiempo para responderles.

Nos leemos en el siguiente capitulo el día 22

Besos y buen fin de semana.