Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo me adjudico el fic.

Gracias a mi beta Libezzy por corregir este capítulo.


Prefacio

El espeluznante chirrido de la puerta de hierro me sobresaltó, aunque por otro lado, lo había estado esperando durante cada segundo desde que había abierto los ojos en la mañana. Como cada día desde hacía nueve meses, temiendo con horror el momento en que la persona que había abierto aquella puerta caminara lentamente hasta mi camilla y me observara con la misma expresión de desprecio y asco con la que se le mira a una rata de alcantarilla.

Bajé la mirada temiendo encontrarme con sus helados y frívolos ojos azules, no queriendo ver la malévola sonrisa que curvaba las comisuras de sus labios justo antes de que diera un último paso hasta mí.

Mi corazón se saltó un par de latidos y empezó a bombear la sangre a un ritmo acelerado, desbocado, y yo solamente me concentré en no gritar de terror, en no moverme ni un solo milímetro y hacer algo por lo que fuera a ser castigada después. Aunque ya era tarde para mi respiración, que se había vuelto temblorosa e irregular, dificultando aún más si cabe el paso de oxígeno a mis pulmones, como si aquel proceso no fuera lo suficientemente complejo con la gruesa correa de cuero presionando mi pecho.

Todas las lágrimas que había estado luchando por contener se derramaron por mi rostro, siempre lo hacían, en el mismo instante en que sus manos calientes y sudadas remangaban mi camisón y sentía el cierre de las correas en mis tobillos.

Cerré los ojos haciendo un gran esfuerzo por contener los sollozos y mi mente voló a un lugar muy, muy distinto de la habitación oscura y húmeda en la que me encontraba. Las flores y los árboles lo rodeaban todo a nuestro alrededor y mi risa, aquel extraño sonido el cual hacía meses que no escuchaba inundó mis oídos durante unos segundos… pero aquello no fue nada, absolutamente nada comparado con la manera en que aquella voz de suave terciopelo se coló en mi interior de repente, sin previo aviso, produciendo un intenso dolor en los bordes lacerantes del agujero ubicado en mi pecho.

No permití que mis pensamientos divagaran más, no podía recordar su rostro, no sin morir después. Así que solo me quedé muy quieta, temblando y llorando en silencio. Sentí el peso de su cuerpo sobre el mío y dejé que un nuevo torrente de lágrimas bañara mis mejillas mientras la aguda vocecilla de mi conciencia me recordaba que esa era mi realidad, que no había modo o forma de volver a aquel recuerdo. Él se había marchado, para siempre.


Este es un fic que llevaba mucho tiempo dando vueltas en mi cabeza así que finalmente he decidido animarme a escribirlo. No creo que tenga demasiados capítulos, aunque eso seréis vosotras, mis queridas lectoras, las que lo decidiréis con vuestros comentarios, inspirándome y dándome nuevas ideas como siempre hacéis. Decidme que os ha parecido y si debería continuarla.

Un beso enorme,

-Miss Sands-