Hola a todos, lamento la tardanza.

Me ha vuelto a pasar, no sé como pero mi computadora ha vuelto a fallar. Mi madre dice que mis manos destruyen todo lo que tocan y quizá tenga razón, pero no puedo evitar tomar este portatil para escribir las muchas historias que tengo (porque no solo tengo Fanfic's en esta página). Si lo que dice mi madre es cierto, entonces comenzaré a ahorrar dinero para la proxima vez que mi computadora falle.

Ya tenía este capitulo avanzado antes de que mi computadora fallara, así que me dedique a terminarlo. Muchas gracias a Minene Uryuu, vampire andrea, ShTee24 y EmptyHeart North por sus lindos comentarios :) me animan a seguir.

Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.


BALAS DE SANGRE

CAPITULO V

El Azul de sus Ojos

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Ser mujer es una tarea complicada, algo que los hombres no comprenden así como las mujeres no comprenden el crecimiento de los hombres. Ambos atraviesan por un cambio tanto físico como mental. Sakura pensaba que así tenían que ser las cosas, que un niño debía ser un niño hasta cierta edad así como las niñas se convierten en señoritas en su primer periodo, pero ahora la teoría era distinta. En el Konoha que ahora vivían, los niños tomaban papeles que otros nunca han tenido, como si les hubieran dado un latigazo y les hubieran gritado "¡ahora eres un hombre!". Aprender a vivir sin familia, sin amigos, sin cariño, rodeados de balas y gritos de agonía que nadie puede parar. Sí, así se sentía en aquellos momentos. Sakura en estos momentos tenía que ir a la escuela con su grupo de amigas, con Ino y Hinata, con Naruto; pero en vez de eso estaba en un campo militar del Sonido. Odiaba su vida, odiaba lo que estaba pasando y odiaba que lo peor lo estuvieran sufriendo ellos.

Sakura estaba ahí, intentando hacer que su creciente pecho no fuera notorio amarrándose vendas tan apretadas que tenía que encontrar una mejor manera de respirar. Los levantaban diariamente a las cuatro de la mañana para dar veinte vueltas a un campo marcado, el desayuno se servía sin falta a las ocho de la mañana y el máximo retraso era de cinco minutos, si llegabas tarde no comías hasta las dos de la tarde. Después tomaban prácticas de tiro con un soldado asignado y después venía una serie de ejercicios para mejorar la rapidez, el equilibrio y eliminar el miedo. La jordana terminaba a las ocho de la noche e iban a ducharse con agua fría, el tiempo máximo en una ducha era de diez minutos. Dormían en literas, con sabanas grises idénticas a todas las demás camas.

En un lugar como ese no había espacio para una chica empezando a desarrollarse.

Sakura tenía varias dificultades a la hora de ducharse, por ser una mujer no podía ir y quitarse la ropa como el resto de los demás (ya que las duchas eran comunales) así que siempre era la última en tomar una ducha, a veces incluso lo hacía a escondidas cuando apagaban las luces de las duchas. Al momento que alguien le tocaba ella escondía el pecho por el miedo de que alguien notase la suavidad que representa un seno femenino. Se apretaba con tanta fuerza las vendas que apenas aguantaba los ejercicios de las mañanas, después de comer se escabullía entre los baños y se desataba las vendas, dándose un tremendo respiro que duraba todo lo que restaba de la hora de comer.

Las noches eran lo más seguro, o al menos lo más cercano a lo seguro. El cuarto era tan enorme como tres salones de clases puestos en fila, casi todos eran niños recién reclutados y los que ya llevaban más de un año estaban en otra habitación. Todos los niños sollozaban en las noches, si hacían demasiado ruido un soldado entraba y daba una tremenda tunda al primero que encontrara soltando un moco. Sakura no había llorado ni una sola vez, pero siempre se quitaba con mucho cuidado las vendas y respiraba lo más profundo durante horas, sus suspiros eran nada a comparación de los sollozos.

Estaban los niños que eran incluso menores que ella, los que todavía no cumplían la edad para ser reclutados a la guerra pero ahí estaban. Algún militar se le dio por hacer una travesura y reclutarlo por castigo, o por ganas (tal era el caso del incidente de la madre y su hijo). Ellos la pasaban muy mal, porque por muy mal que la pasaran todos los reclutas en el campo, había quienes se aprovechaban de eso y hacían sufrir a más niños.

Sakura no hablaba con nadie, pero no era raro ya que no era la única. Su compañero de litera era igual e incluso más callado que ella. Incluso siendo muy flaco y pálido sus ojos eran intensamente azules. No como Naruto, el color de los ojos de Naruto son iguales a los de un mar en pleno verano, los de este chico eran fríos y tenebrosos, como el pálido azul de un tempano de hielo. Sakura no lo miraba directamente, apenas podía mirar sus hombros delgados y caídos, mucho menos podía mirar a quienes eran menores que ella tanto en estatura, fuerza y voluntad.

Sakura no se había quejado ni una sola vez en los entrenamientos, más que nada para que los militares no la tomaran tanto en cuenta, y lo hacía también porque sentía que eso le iba a servir de mucho, la haría veloz, la haría más fuerte, la haría un combatiente capaz de vivir por cuenta propia. Aunque a veces sentía que no lo iba a lograr y terminaría llorando en las noches igual que todos los demás. El chico tampoco lo hacía, y él aguantaba mejor los entrenamientos que Sakura (era obvio, teniendo unas vendas apretando su pecho) e incluso era de los pocos que terminaba el entrenamiento sin caer al suelo (Sakura al principio se tiraba al suelo sin poder caminar, ahora solo las sentía temblar). También era de los últimos en tomar la ducha, cuando Sakura iba a tomar su ducha, el chico salía secándose su rojo cabello sin mirar a nadie en particular.

Sakura no conoce su nombre, porque los soldados no llamaban a nadie por su nombre, aunque Sakura tenga el nombre falso de Satsu puesto por un capitán, los soldados la tenían catalogada como "196". A los soldados no les interesaba el nombre de sus víctimas, solamente los enumeraban y así los llamaban. Así durante los entrenamientos, tenían un papel pegado a la camiseta su número correspondiente. Sakura hacía lo posible para no llamar la atención, pero su cabello, sus ojos y sus facciones femeninas la hacían objeto de burla de muchos, ella no hacía caso, no surtía efecto que te dijeran "niñita" cuando en realidad si lo eras.

El campo era un lugar con olor a muerte, alcohol y mal aliento, todos eran crueles con los nuevos. Había chicos que intentaban quitarse la vida, unos lo conseguían, otros eran detenidos antes de tiempo y se les castigaba de una manera más cruel. Los hacían sufrir sin llegar a la muerte, como si lo único que hicieran fuera saludarla a lo lejos. Pero había otros, que no querían suicidarse, que simplemente no servían para la guerra. Una mañana cualquiera, unos militares venían y se los llevaban. Nunca volvían.

La primera vez que Sakura vio morir a alguien en el campo fue durante un entrenamiento en plena lluvia. Las lluvias de verano son comunes en el País del Fuego, pero son más peligrosas en Suna porque el repentino cambio de clima afecta la salud de las personas. Había un niño que por el cambio del calor abrazador de Suna al repentino frío de las lluvias pescó una fuerte fiebre. El niño ya había ido a la enfermería y solamente le había dado unas pastillas y los soldados lo obligaron a seguir corriendo, sin importarles que las enfermeras no lo consideraran nada apropiado. Cuando el niño cayó al suelo, nadie sabía en ese momento que él ya estaba muerto (no podían detener la marcha, o les iba peor) pero Sakura desvió la mirada unos segundos y vio los ojos abiertos e inertes del chico, sus ojos eran castaños, pero ese día se habían vuelto negros. Cuando un soldado revisó al niño, negó con la cabeza y lo subieron a una camilla cubriéndolo con una manta. No hubo funeral, solamente lo enterraron donde quisieron.

El cuerpo de Sakura ya no tenía un solo grumo de grasa, al menos no de la grasa que engorda por falta de condición física o exceso de carbohidratos. Su cuerpo se sentía firme, pero en su abdomen sus huesos saltaban a la vista y su cara era más delgada, su redondeada cara y sus mejillas infladas que a Naruto le gustaba pellizcar se habían ido, ahora solo era piel. La comida no era desperdiciada en el campo, todos comían sus raciones y pedirían más si tuvieran el permiso. La comida no era ni buena pero tampoco era mala, lo que pasaba es que cuando uno tiene hambre la calidad de lo comestible no importaba. Pero algo era seguro, Sakura había superado lo peor.

Después de unos meses los soldados dejaron empezaron a tratarlos con menos crueldad, por no decir que tuvieron un nuevo plan de entrenamiento. Resulta que hay soldados amables también, amables pero con su dureza de hombre. Su amabilidad los hacía más amados por los nuevos y más ignorados por los mayores. Sakura aprendió mucho de un soldado, uno que había ya estado en muchas guerras y había visto toda clase de cosas, había visto injusticias, hablaba que para sobrevivir en un mundo como ese, había que luchar y perder muchas cosas, entre ellas los sentimientos.

—Ya no existe el bien y el mal, ahora existe la supervivencia.

Él decía que la gente ya no podía preocuparse por los otros si sobrevivir era lo que querían, pero sabía que todavía había bondad en el mundo, un pequeño rayo de luz que le iluminaba los días. Sakura pensó en Naruto. Kushina la había acogido por haber perdido a sus padres como muchos otros niños, Naruto nunca la despreció ni tampoco le negó cariño, nunca le negaba cariño a nadie. Naruto era la luz de esa casa llena de huérfanos, era el todo de Sakura. Por eso iba a recuperarlo, porque Sakura no era Sakura si Naruto no estaba ahí, ella no tenía importancia, tampoco lo tenía Konoha o la guerra, ella podría vivir incluso bajo el agua si Naruto estaba ahí con ella.

Un día Sakura despertó con dolor de cabeza, antes del entrenamiento pidió ir a la enfermería y tomó unas cuantas pastillas y volvió. Cuando acabó el dolor era mucho más fuerte por la agitación, así que después de comer fue a las literas a recostarse. Ella tenía la cama de debajo de la litera, y arriba estaba el misterioso chico con cabello de fuego y ojos de hielo. Ella se quitó las vendas sin sacarse la camisa y se recostó con las manos tapando sus ojos.

Sentía el cuerpo pesado, se sentía el cuerpo arder en llamas. Tenía fiebre, por lo que intento pararse para volver a la enfermería pero se sentía tan mal que el simple hecho de levantarse le causo mareos. Cuando iba a hacer el intento de ponerse de pie, algo la detuvo.

—No lo hagas, tienes fiebre.

Sakura no identificó la voz, hace tiempo que había perdido el interés en la gente de su alrededor. La persona que le habló no lo hizo con desprecio y burla como los soldados y algunos chicos que la molestaban, era una voz calmada, pero fría. Sakura sintió las manos del chico en sus hombros y la obligó a acostarse de nuevo en la cama, sintió algo frío y agradable en la frente, tenía un pañuelo húmedo puesto. Sakura iba a cerrar los ojos cuando vio que el chico tomaba las vendas que dejó descuidadamente a la vista del desconocido.

— ¡Eh! —dijo ella. Sakura se levantó rápidamente, sintiendo la punzada de dolor en su cabeza—. Dame eso.

El chico no lo hizo, por otra parte se fue del cuarto y dejó a Sakura sola. Se sintió débil y vulnerable, sentía sus senos cubiertos por la fina tela de la camisa, estos se notaban más de lo que esperaba, cuando tenía la venda puesta se veía una ligera elevación, pero al momento de tocar se sentía firme, como si no hubiera nada ahí. Había chicos corpulentos que ella, donde sus pechos sobresalían debido a su exceso de grasa. Pero ella era flacucha, no había grasa en su cuerpo.

Tomo su almohada y se cubrió el pecho con fuerza, sentía que cualquier cosa podría lastimarle el pecho y eso le causaría dolor e incomodidad. Escuchó pasos, y cuando pensó que sería algún soldado para buscarla, resulta que era el chico de antes. Pero ahora vio que no era cualquier chico, era su compañero de litera, el chico misterioso. Tenía en sus manos unas vendas enrolladas limpias, ya no tenía las vendas de Sakura que ya estaban algo sucias. El chico fue hasta ella y le quitó el pañuelo para exprimirlo, sumergirlo y exprimir el agua sobrante. Ella se quedó en la cama muy incómoda, hasta que él habló.

—Si sigues apretándote así las vendas, ten por seguro que no aguantaras los entrenamientos muy pronto.

Sakura se levantó de un golpe, el dolor esta vez no tuvo la menor importancia. Miró al chico que estaba frente a ella de una manera alerta y defensiva, él le tendió las vendas nuevas y ella las tomó rápidamente. La mirada de Sakura no se apartaba por nada a la de él, pero a él no parecía importarle.

— ¿Qué has visto? —preguntó tan bajó para que no sonara el eco en la habitación.

Él la miró, y Sakura se sintió débil, vulnerable, e hizo un esfuerzo por mantener el semblante.

—Una noche te vi poniéndote las vendas en las duchas.

Ella le siguió mirando con seriedad.

—No vi nada, si es lo que te preocupa.

En realidad sí lo había hecho. Había visto sus senos cuando se había dado medía vuelta, vio su elevación y vio solo por unos instantes sus pezones. No la miró con morbo, pero fue algo que él no se esperaba. Todos los chicos la llamaban chica por su cara afeminada y su ridículo cabello rosa hasta por encima de los hombros, pero él no esperaba que en realidad fuera una chica. Pero le había llamado la atención la forma en la que se ponía las vendas, lo más apretado posible.

Desde ese día la miraba a escondidas, durante los entrenamientos notaba como ella hacía todo lo posible para aparentar normalidad, se tocaba el pecho constantemente sin poder respirar bien y cuando todo terminaba ella parecía hiperventilar. En las duchas era la última, él era de los últimos en salir, pero era ella la única que quedaba en las duchas cuando las luces se iban. Ese día la había visto muy mal, su mirada parecía adormilada y sus movimientos eran flojos, después de comer ella él se había ido a descansar, esperando encontrarlo ahí, y lo hizo, pero muy mal.

Él extendió su mano, como un saludo educado.

—Soy Gaara, Sobaku no Gaara.

Ella ignoro su mano.

—No me importa —dijo Sakura fríamente—, y bien, ¿les dirás a los soldados?

Él se quedó callado.

— ¿Lo harás?

— ¿Quieres que lo haga?

Ella le miró esta vez, él también lo hizo. Sakura pensó que ese chico misterioso ahora era raro, y por alguna razón él no bajaba la mano incluso cuando ya lo había rechazado. Por alguna razón no le presentaba incomodes, nunca le había considerado ninguna molestia ni nada por el estilo. Era cierto que alguna vez había querido hablarle, ¿pero de qué? Gaara seguía con la mano tendida.

Ella suspiró, luego se la tomó y la estrechó.

—Satsu.

— ¿Bromeas? —Inquirió él, ella le miró incrédula— Tu nombre real.

Ella se puso nerviosa, sus manos seguían juntas, y él la miraba a ella.

—Sakura, Haruno Sakura.

Solo fue un segundo, pero la mirada fría de Gaara dejó de ser fría.

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Sakura no regresó al entrenamiento de ese día. Después de lo que pasó con el chico, decidieron hacerlos descansar para así no perder tantos miembros. Sakura fue cuidada exclusivamente por Gaara, y decidieron poner las sabanas de Gaara como cortinas. De tal manera que Sakura pudiera dormir sin las vendas y nadie se diera cuenta. Gaara durmió con una sabana más delgada, velando a Sakura hasta que ella durmió y rato después él también.

Sakura no duró muchos días enferma, volvió a los entrenamientos en cuanto pudo y dieron práctica con armas, lanzamiento de granadas y peleas de cuerpo a cuerpo. Más que nada técnicas defensivas y puntos clave a atacar con el cuerpo. Después vieron más a fondo el manejo de armas, como se sostiene, cosas tan básicas como recargar y por último el disparo. El disparo consistía en darle al punto marcado en un maniquí. Sakura no había logrado dar en el blanco hasta después de una semana, Gaara por otro lado, dio en tan solo tres días. Enseñaron supervivencia, el uso de un cuchillo y cosas que pueden servir mucho en el bosque. Una vez que cumplieron dos años y medio en el campo, los niños de entre quince y dieciséis años ya sabían cómo matar.

Por no decir que ocultar su identidad hubiera sido imposible si Gaara no se hubiera aliado con ella —así lo decía ella, no se atrevía decir que eran amigos—, él le había salvado el pellejo muchas veces, y más cuando Sakura tuvo la mala suerte de tener su primer periodo. La cama estaba manchada de sangre, y Sakura se asustó tanto que despertó a Gaara como último recurso desesperado. Sakura no entendía porque Gaara no estaba alarmado, ella estaba asustada de que podría morir desangrada, más cuando aún sentía dolor en esa parte. Él le ordeno ducharse y cambiarse, dándole otro tipo de indicaciones que dejaron un poco avergonzada a Sakura. Él por otro lado fue a lavar las sabanas manchadas. Sakura limpio toda la zona por donde había sangre, ya no se sentía tan alarmada, por alguna razón su corazón se tranquilizó una vez que Gaara le dijo calmadamente que todo estaba bien. Si él creía que estaba bien, entonces lo estaba.

«Si esto me está afectando tanto, no puedo imaginar una bala en mi cuerpo.»

Una vez todo hecho, Gaara le explico todo. Le explico lo que es tener un primer periodo, porque sucedía, y que tendría que hacer cada vez que su periodo comenzara. Sakura no tenía ni idea de aquellas cosas, pero entonces recordó que cuando vivía con Kushina les había dado platicas a algunas chicas mayores que ella. Quizá eso era, la plática que te da una madre en la que te dicen que desde ese momento eres una mujer. Para Sakura, el hecho de tener un primer periodo y tener una plática sobre ser una mujer no la alegraba para nada, porque ella no necesitaba ser una mujer en momentos como esos.

—Gaara… —interrumpió Sakura mientras Gaara hablaba—, ¿cómo es que sabes todo eso?

Gaara la miró más tranquilo, ella estaba sonrojada, porque el hecho de que Gaara le de la plática que dan las madres, lo hace algo incomodo.

—Tenía un instructor que nos daba lecciones de siete horas a mí y a mis hermanos —comentó él, mirando hacía ningún lado en especial—. Eran clases avanzadas y teníamos anatomía general. Tanto mi hermana tenía que saber que pasaba con el cuerpo de un hombre como yo y mi hermano con el de las mujeres.

—No sabía que tenías hermanos.

—No importa, aunque… tal vez los veas alguna vez —terminó Gaara. Por alguna razón, esa última frase no sonó alegre o neutra.

Como no había cambio de sabanas Sakura durmió en la litera de Gaara, y justo cuando él se iba a retirar a la cama fría de Sakura ella se lo impidió. Jaló su camisa y este volteó a mirarla, había suplica en sus ojos, el mensaje de que no quería pasar lo que restaba de la noche sola. Así que en la oscuridad, en secreto de todos los chicos que había en la habitación, estaban ellos dos muy juntos fingiendo dormir. Ella tomó su mano y él la apretó. Sakura pudo sentir esa nostalgia de aquellas veces que Naruto y ella compartían la cama en días de invierno, donde a la mañana siguiente él ya no estaba porque no tenía permitido estar en la habitación de chicas.

Gaara por su parte, sintió su cama más cálida que los otros días, y no fue para nada incomodo. Así durmieron hasta dar las seis de la mañana, cuando despertó, Sakura ya no estaba a su lado.

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Próximo capítulo pronto (o eso espero).

¡Gracias por leer!