Propiedad de Craig Bartlett.

Para aclaraciones, notas al final.

En la esquina veleidosa

Parte I. El viaje azul

Introducción


"The only difference between a caprice and a lifelong passion is that the caprice lasts a little longer."

Oscar Wilde


—Entonces… eso es todo. Espero que tengan un buen día. Pueden retirarse.

Las sillas se arrastraron en el piso y los murmullos comenzaron a despertar al comienzo de la rutina. Ayer dejé las llaves dentro del auto, ¿sabes lo difícil que es encontrar un cerrajero el domingo? Algunos se dieron palmaditas en el hombro y se marcharon en direcciones opuestas. Mi madre vino a visitarme, quiere saber por qué todavía no me he casado. Otros, los menos apurados, se pasaron por la máquina de café y comenzaron a conversar en murmullos animados. Había unos pocos, parados al lado de la mesa, que todavía estaban terminando de acomodar los papeles que les acababan de entregar.

—¿Tienes clase con los de cuarto grado, Robert?

—Casi. —Sonrió—. Te olvidas que ahora están en quinto.

—Frank todavía no regresa de las vacaciones. —Se burló Packenham—. ¿Cómo harás que se inscriban?

—No lo sé, pero creo que el premio es suficiente incentivo.

—Es un ensayo, dudo mucho que alguien vaya a participar. —Soltó Frank con resignación—. ¿Quizá si los chantajeo con sus notas? Soy un profesor de matemáticas, no un tutor…

—Bueno, estoy seguro que tus estudiantes querrán participar. —Dijo tratando de animarlo. Ya se le hacía tarde y no quería que la clase terminara por alborotarse más de lo que regularmente ocurría en las mañanas—. Nos vemos en el almuerzo.

—Hasta luego, Simmons. —Se despidieron Frank y Packenham sin prestarle mucha atención.

—Hasta luego. —Respondió antes de desaparecer tras el marco de la puerta.

Era difícil no emocionarse con las noticias. Más difícil, aún, cuando tenían en sus manos una posibilidad extraordinaria que seguramente sería correspondida con igual entusiasmo. No se engañaba, por supuesto, porque conocía a su clase muy bien. Sabía que escondían su desinterés con gran habilidad, casi subrepticiamente, pero que la honestidad se les escapaba en soledad. ¿No existía acaso un proverbio hindú que decía que no había árbol que el viento no hubiese sacudido? Pues eso, no habría alumno del quinto grado que no se sintiera si quiera mínimamente interesado por lo que estaba por ofrecerles.

—Buenos días, niños. —Saludó con más entusiasmo que de costumbre—. Helga suelta a Harold un momento y siéntense todos que tengo un anuncio muy importante que hacerles.


La realidad se le había perdido en uno de esos sueños alucinantes que siempre elegían los días menos adecuados para germinar. El reloj había sonado como todos lunes, pero no todos los lunes se soñaba como si no se estuviese soñando. El ruido fue el eco confundido que se convirtió en la extensión de su extrañeza cuando por fin pudieron despertarlo. ¡Oye, Arnold! Parpadeó desorientado y el tiempo pasó lentísimo en un instante imposible que puso el mundo de cabeza.

La realidad, finalmente, era que estaba llegando tarde y tenía prueba de matemática en la primera hora de clase. Genial.

Se lavó, se vistió como pudo, cogió la mochila sin mirar si había puesto todo lo que debía poner y bajó, sorteando muebles e inquilinos, hasta la entrada. Al unísono, una voz más divertida que la otra, le llegó la advertencia de su desayuno. Regresó dando traspiés y se disculpó en un discurso desarticulado que pretendía informar sobre lo que su expresión ya estaba dando cuenta. Iba tarde. Miró rápidamente y muy por encima y agradeció apurado la manzana y la bolsa de papel (seguramente con el almuerzo) que pusieron en sus manos.

De regreso al pasillo y haciendo malabares para seguir avanzando mientras guardaba el almuerzo en la mochila, apenas si se dio cuenta que habían tocado el timbre. Abrió la puerta con entusiasmo desesperado y estuvo a tres centímetros de chocarse con la figura que se alzaba en el marco de la casa de huéspedes.

—Buenos días. Tengo un paquete para Arnold… er… —El sujeto arrugó el ceño mientras intentaba terminar su frase, la tinta se había corrido.

—Sí, soy yo. Buenos días. —Dijo Arnold repentinamente intrigado y con el dilema de despachar el asunto de inmediato para poder ir y coger el autobús antes de que se pasara—. Gracias.

Tomó la caja y cuando volteó a dejarla en el suelo, se encontró con la sonrisa de su abuelo.

—Mañanas difíciles, chaparrito. No te preocupes, lo cuidaré por ti. Me pregunto quién te lo habrá mandado. —Acercó el paquete a su oreja y lo agitó suavemente—. No parece peligroso.

—Gracias abuelo. —Suspiró y se preparó para salir corriendo cuando el repartidor lo tomó del brazo y le enseñó una tabla llena de papeles que tenía en la mano derecha.

—Lo siento, pero necesito que firmes primero. Tu apellido también, por favor.

—Sí, claro. —Tomó el lapicero en el aire y firmó lo más claro que podía cuando su cabeza todavía estaba calculando cuanto tiempo menos tendría para resolver la prueba—. Listo.

—Gracias, señor Arnold… eh… —Alzó una ceja—. Sí, Arnold Shortman.

Arnold ya había desaparecido de la vista de todos.


La puerta se abrió dramáticamente y en medio del largo discurso que el señor Simmons todavía estaba elaborando. Varios dieron un respingo entre sueños y todos miraron con curiosidad al recién llegado. Agitado como nunca, Arnold entró a la clase.

—Buenos días. Perdón por llegar tarde pero… —Tomó una gran bocana de aire y se dio cuenta que no tenía ninguna excusa plausible. Ninguna más que la verdad, al menos. Un poco avergonzado y tratando de evitar las sonrisas condescendientes de la mayoría de sus compañeros, se dirigió al señor Simmons—. Lamento llegar tarde —repitió—, me quedé dormido.

La risa no hubiese sido tan entusiasta de no haber seguido el momento de modorra solemne en el que el discurso se estaba dando. Un momento de liberación, más que de hilaridad, que se aprovechó de la circunstancia del alumno más gentil de la clase para aligerar el ambiente.

—Está bien, Arnold. Puedes sentarte. —Concedió el señor Simmons luego de un breve momento de deliberación. Se volteó e ignoró el alboroto con envidiable tranquilidad—. ¿En qué estábamos? Sí, bueno, hagamos una breve recapitulación para que Arnold también se entere, ¿algún voluntario?

La risitas murieron en el silencio más expresivo que había tenido esa mañana.

—¿Qué tal tú, Harold?

—Ah… ¿por qué yo? —Se quejó en un gruñido—. Ni siquiera recuerdo lo que estaba diciendo—. Mintió cruzándose de brazos—. ¿Algo sobre una tarea que no tenemos que hacer?

Fueron varios los que rodaron los ojos, suspiraron exasperados, pero sólo Helga tuvo el valor para expresar su irritación en voz alta. Gordinflón estúpido.

—¿Qué dijiste? —Soltó Harold de mal humor y apretando los puños—. Uniceja.

—Dije… —Sonrió en una mueca. En el breve intervalo, el señor Simmons movió la cabeza, resignado, y los demás se prepararon para una de las típicas, siempre entretenidas, peleas entre Harold y Helga—. Gordinflón estúpido.

Harold se levantó en su lugar y Helga se reclinó en su silla. Fue suficiente para que el señor Simmons avanzara rápidamente y se pusiera entre las carpetas. Puso una mano en el hombro de Harold y le pidió que se sentara. Se volteó a enfrentar a Helga, a pedirle una disculpa en realidad, pero la rubia encontró la manera de volver en insulto el falso tono con el que lo hizo. Lo siento, Harold. En una mueca burlona que acentuó su retintín irónico.

—Aléjate de mí, uniceja. —Advirtió en un bufido.

—Tú aléjate de mí, niño rosa. —Respondió con los puños apretados.

—Suficiente, niños. —Llamó nuevamente y buscó rápidamente con la mirada. Tenía que acabar con el altercado antes de que se volviese más grande—. Rhonda, ¿por qué no nos haces el favor?

La morena arqueó una ceja incrédula y soltó un largo suspiro de exasperación antes de voltearse hacia el lugar donde Arnold estaba sentado.

—Aparentemente estamos invitados a participar en un concurso de ensayos auspiciado por una agencia de viajes que, por cierto, no conozco. No debe ser la gran cosa. El señor Simmons estaba a punto de decirnos cuál era el tema que teníamos que desarrollar y llegaste. Eso es todo.

—Excelente, Rhonda… eso, eso creo. —Se ubicó detrás de su escritorio y sacó los panfletos que le habían entregado—. Por supuesto que la participación es voluntaria. Sin embargo, me gustaría informarles que el primer premio es un trofeo con el correspondiente diploma de reconocimiento y un viaje a cualquier lugar del mundo en los que la agencia funciona.

Eso pareció elevar el interés general. Curly alzó la mano.

—¿Y el concurso es sólo para la escuela?

—No, de hecho Curly, están participando todas las escuelas públicas del distrito.

Curly soltó un bufido y Helga soltó un genial sarcástico que pareció devolver el desinterés inicial.

—¿Por qué?, ¿qué sucede, niños? —Dijo Simmons, preocupado—. Pensé que les entusiasmaría la idea de un viaje. Aquí tengo una lista de todas las ciudades que podríamos visitar.

—Sí, mejor guárdela, Simmons. —Intervino Helga—. Como si fuese a suceder.

—¿Qué quieres decir?

Helga soltó un suspiro exasperado y Phoebe decidió intervenir por ella.

—Me parece, señor Simmons, que Helga se refiere a que las posibilidades de que alguno de nosotros gane el viaje son muy escazas. Sólo contando con la población estudiantil de nuestra escuela, los porcentajes son bajos y Hillwood debe tener al menos diez escuelas en el distrito.

—¿Qué es escazas? —Preguntó Harold en voz alta y todos decidieron ignorarlo.

—Bueno, eso no debería preocuparlos. Yo creo que cada uno es capaz de escribir ensayos lo suficientemente especiales para ganar el concurso. —Sonrió con tranquilidad a pesar que la mitad de los estudiantes rodó los ojos—. Yo diría que nuestras probabilidades de ganar de elevarían si tenemos en cuenta que el premio no es para una sola persona si no para toda el aula.

—¿Qué quiere decir? —Interno Rhonda, todavía desconfiada.

—Que si alguno de los estudiantes de nuestra aula gana, ganamos todos. El viaje es integral. Así que en realidad no es más que un trabajo en equipo, cada quien tiene que dar lo mejor de sí mismo y podríamos ganar. No que ganar sea la razón principal por la que se participa…

—¿Y dice que todos los gastos son pagos? —Interrumpió Helga.

—Sí, así es.

—Bueno, eso no suena tan mal.

—Suena increíble. —Intervino Gerald—. ¡Podríamos ir a las Bahamas!

—A Paris. —Dijo Helga con una sonrisa.

—¡A España!, todavía no he estado en España. —Dijo Rhonda.

—¿A quién le importa, España? —Harold se entusiasmó—. La comida italiana es riquísima.

—Vamos a África a liberar a todos los animales. —Propuso Curly que se había parado sobre su carpeta.

—Tokio es una ciudad que mezcla modernidad y tradición en una estética distinta a la occidental. Creo que sería un excelente destino para nuestra clase. —Opinó Phoebe con una sonrisa.

—Vámonos a Miami. Hay playas y todos los hoteles se ven lujosos. —Dijo Sid.

—Iré a cualquier lugar que tenga hoteles lujosos. Debe ser muy cómodo—. Lo secundó Stinky.

—¿Y qué tal tú, Arnold? —Preguntó Gerald—. ¿A dónde te gustaría ir?

—Eh… yo… pues la verdad no se me ocurre ningún lugar, Gerald. Todos los que han mencionado suenan bastante bien. —Respondió incómodo. Buscó con la vista, tratando de encontrar a alguien que todavía no hubiese hecho pública su elección—. ¿Qué tal tú, Lila?

—Oh, justo estaba contándole a Sheena que Londres me parecía un sitio maravilloso. Tiene todos estos castillos y monumentos históricos, además de los teatros y las galerías de arte.

—Sí, suena increíble.

—Esperen un momento bola de ñoños. —Interrumpió Helga mientras Eugene proponía Nueva York—. Si es que ganamos, ¿cómo demonios vamos a decidir a dónde ir?

El señor Simmons aprovechó la oportunidad para dejar los volantes en las carpetas de las primeras filas.

—Esa es una muy buena pregunta, Helga. —Se aclaró la garganta—. Aunque quizá pudiste formularla de una manera más amable. En fin, estaba pensando que dejemos que el ganador decida el destino.

—¿Qué? —Soltó Rhonda, indignada—. ¿Y si no estamos de acuerdo con la elección? Yo no quiero ir a Italia. Ya he ido y no pienso regresar para ver a Harold atorándose de comida.

—Sí y yo no quiero ir a España para escuchar a Rhonda hablar de todos los países que ha visitado y todas esas estupideces de niñas. —Respondió Harold.

—Ninguno tiene por qué preocuparse porque es obvio que si alguien va a ganar ese viaje no será ninguno de los dos. —Helga se cruzó de brazos e ignoró los reclamos que siguieron a su comentario.

—¡Basta! —Exclamó Simmons—. No es motivo para que estén discutiendo. Helga, todos tienen igual oportunidad de ganar y me parece justo que dejemos que el ganador decida el destino si al final de cuentas cualquiera de los lugares que han mencionado será igual de emocionante. Habrá hoteles, paseos y mucha diversión. ¿Están de acuerdo?

A regañadientes, cada uno aceptó el trato haciéndose la secreta promesa de ganar el concurso para decidir a dónde ir.

—Bien. —Continuó Simmons más animado—. Ahora, los estudiantes de la primera fila háganme el favor de pasar los volantes con las bases del concurso para que todos tenga la información a la mano. No los vayan a perder y recuerden que tenemos tres semanas hasta la fecha límite para escribirlos. No lo vayan a dejar para última hora y si alguno necesita ayuda no dude en pedírmela. A partir de hoy tomaremos la última hora de clase para que escriban sus ensayos.

Arnold recibió su hoja y empezó a leer el encabezado. La agencia se llamaba "El viaje azul" y no era la única que estaba patrocinando el concurso. Al parecer Big Bob Pataki y su compañía de "Localizadores y otros productos electrónicos" estaba participando del evento. Quiso voltear a mirar a Helga y preguntarle, pero desistió de la idea. Siguió leyendo y finalmente llegó al tema del concurso. Arrugó el ceño, preocupado.

—El viaje de tus sueños. —Leyó Rhonda en voz alta—. Oh por dios, qué título más cursi.

—¿Y se supone que tenemos que escribir sobre el lugar al que queremos ir, señor Simmons? —Preguntó Harold rascándose la cabeza.

—Eh, no necesariamente Harold. Aunque parece una buena idea. Un viaje puede hacerse en la imaginación y nuestra imaginación es infinita.

—¿Qué tal a una granja espacial? —Intervino Stinky con una sonrisa soñadora.

—Si quieres. —Concedió—. Pueden escribir sobre el viaje que mejor les parezca.

—Una granja no es un viaje, zopenco. —Comentó Helga mientras sacaba un lápiz de su carpeta—. La granja es un destino, vas a hacer que perdamos el premio.

—Puede ser un viaje a una granja espacial, Helga. —Respondió el aludido de mal humor—. Y no es como si tú escribieras tan bien. Deja de actuar tan presumida.

—Mejor que tú, seguro. —Murmuró entre dientes, pero prefirió concentrarse en el papel que tenía entre las manos.

—Bueno niños, ahora pueden guardar las hojas y preparar sus carpetas porque tenemos un examen de matemáticas para hoy. Espero que hayan estudiado.

Las quejas no se hicieron esperar. Arnold en su lugar dio un largo suspiro resignado, bueno, al menos ya me lo estaba esperando, pensó.


El examen de matemáticas fue más fácil de lo que había esperado. El resto de las clases, junto con el almuerzo, dejó el rumor del concurso hasta la última hora. Cada quién tenía su propia especulación y sus propias ideas acerca de lo que iban a escribir. Temores, también, porque las bases eran generales y no daban una idea muy clara de lo que se esperaba que escribiesen. Era la primera vez, para muchos también, que tendrían que hacer un ensayo siguiendo algunas reglas de formato. Estaba, además, la presión del premio que si bien había animado a todo el mundo, estaba haciendo que muchos titubearan con el inicio. La última hora de clase, como el señor Simmons había dicho, se dedicó a definir qué era lo que querían escribir. Como se esperaba, casi nadie pasó del título y de un par de ideas que escribieron por cualquier lado. El problema era definir el viaje, el lugar y el por qué. El señor Simmons les había explicado que un ensayo es diferente de un cuento porque no iban a contar una historia, sino reflexionar sobre un tema. Todos estaban teniendo problemas con la parte de la reflexión.

El camino de regreso fue una larga preocupación que se sustentaba en la falta de ideas. No que no tuviera alguna, pero ninguna parecía lo suficientemente interesante para desarrollarla. Llegó a su parada de bus y se bajó con la convicción de no dejar que el asunto lo preocupara demasiado. Tenía hambre y les habían dejado tarea en geografía. Sólo cuando abrió la puerta de la casa de huéspedes se dio cuenta que estaba olvidando algo importante.

—¡Arnold, qué bueno que ya estás aquí! —Lo recibió el señor Kokoshka entusiasmado—. Espero que te haya ido bien en la escuela, te has tardado bastante. ¿Por qué no abres el paquete que te ha llegado? —Se agachó y susurró—. ¿Sabes lo que es? Todos aquí están apostando. Si me dices luego podrías repartir las ganancias, 20-80, ¿qué te parece?

—Aléjate de él, Kokoshka, sucio tramposo. —Exclamó Ernie desde la base de la escalera—. Arnold ni siquiera ha terminado de entrar y ya estás tratando de sobornarlo. No tienes dignidad. ¡No lo escuches, Arnold!

—Sí, Arnold, no lo escuches. —Apoyó el señor Hyunh con una sonrisa conciliadora, pero ligeramente rígida—. Espero que hayas tenido un buen día en la escuela, ¿por qué no vamos a almorzar todos juntos?

Arnold rodó los ojos y les devolvió el saludo sin muchas ganas. Él tampoco tenía idea de lo que el paquete contenía, ni quién era el remitente, pero prefería dejarlo a la soledad de su habitación si es que se iba a armar tanto escándalo.

—Lo abriré más tarde. —Dijo ante las miradas penetrantes y se dirigió a la cocina.

—Buenas tardes Tex, siéntese, hoy tenemos frijoles con salchicha que esperan satisfacer sus gustos. —Lo saludó la abuela mientras le dejaba el plato en la mesa y le guiñaba el ojo.

—Gracias, abuela. —Respondió sin mucha ceremonia—. ¿Y el abuelo?

—Cumpliendo con el deber que le encomendó, Tex. Arriba en sus cuarteles privados después de haber comido su porción del menú de hoy.

—Oh, ya veo. Lo buscaré después, entonces.

—Tengo entendido que es un paquete muy importante.

—No lo sé. —Le dio un mordisco a su salchicha—. Ni siquiera sé quién me lo envió, pero parece que los huéspedes están haciendo apuestas. ¿Es tan raro que me lleguen cosas?

—Las tropas necesitan algo con qué entretenerse, mon capitán.

—Supongo que tienes razón. —Dijo, encogiéndose de hombros—. ¿Tú no tienes curiosidad?

—Sé que me confiará la información en cuanto la tenga. —Le sonrió mientras terminaba de doblar unas servilletas—. Pero, ¿no deberías ser tú el más emocionado?

—¿Eh? —Respondió distraído—. ¿Por qué?

—Porque el remitente es Eduardo.

—¿Quién? —Preguntó tratando de hacer memoria.

—El amigo de tus padres, Arnold.

El tenedor hizo mucho escándalo cuando se cayó sobre el plato.


Continuará...


Nota de autora.

Mis queridos lectores,

Espero que esta pequeña introducción les haya gustado. Este es, finalmente, el fanfic total del que les había hablado. Les explico un poco, estará dividido en tres partes con aproximadamente diez capítulos en cada una (variará seguramente porque todavía no los tengo escritos). La segunda parte se llama 'El vecindario rosa' y la tercera todavía no tiene nombre porque no se me ha ocurrido nada. Este quizá sea el fanfic más 'novedoso' de mi repertorio (todavía tengo un Curly/Helga que estoy escribiendo…) y el que más trabajo me dé, así que estoy un poco preocupada. Estoy tratando, si se han dado cuenta, de tomar muchas de las referencias que Craig dejó sobre la película de la selva. No sólo eso, tomaré muchas referencias de 'Los Pataki' también. Además, estoy trabajando directamente con los personajes de la serie (verán que en mis fanfics siempre los hago crecer un poco), así que es un poco difícil ponerme en la piel de cada uno. Las críticas y comentarios, por eso, son completamente bienvenidas. Puede suceder que no tenga toda la información o que esté mal interpretando algún dato. Así que les agradeceré mucho que me digan lo que piensan. Algunas veces, claro, omitiré información o la daré de otra manera, pero no tengo problemas en aclararlo, así que no duden en preguntar por lo que les parezca extraño.

El título se me ocurrió como se me ocurren todos mis títulos… después de muchos dolores de cabeza. No sé si se han dado cuenta, pero mis títulos suelen ser sutilezas, metáforas, alegorías de lo que trato en los fanfics. Nunca son directos. Así que este en especial me ha costado mucho trabajo. Pensé en lo que me parecía más simbólico de la serie y me acordé de la esquina, esa en la que Arnold y Helga siempre se chocan y luego ya no pude pensar en nada más. Veleidoso es un adjetivo que vino luego, cuando estaba leyendo un cuento. Es una palabra que dejaré que busquen, si les interesa, porque sus sinónimos servirán para las tres partes del fanfic y no quiero darlo todo todavía. Prefiero que lo vayan adivinando. Espero que no les parezca demasiado simple.

La frase de Wilde dice mucho sobre lo que pienso tratar en el viaje a la selva. Ya verán. La traducción es (más o menos): "La única diferencia entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho dura un poco más".

Pues eso, espero que les guste :)

Anuncios. Ya no sé qué hacer con todo el cariño que me dan. Se los agradezco muchísimo, retoñitos. Verán que loredanne ha hecho un dibujo lindísimo de la Helga del universo "Dino Spumoni todavía canta" y les dejo el link porque lo tienen que ver (¡está precioso!): loredanne . deviantart (punto) com / Helga-Pataki-Concept-338333666 (Borrar espacios. En caso de que el link no funcione, porque la página borra sin discriminación, en mi perfil está el link a mi cuenta en devianart y todos los dibujos que han hecho de mis fanfics están en favoritos. Ahí pueden mirarlos porque todos están hermosos :D). Les aconsejo que revisen su cuenta con detenimiento porque dibuja genial y además inspira muchísimo. ¡VEAN SU CURLY, es hermoso!

Además, la maravillosa Mitsuki-Akari (aka Buba-chan) ha hecho otro dibujo de la Helga esa que todos amamos. Le ha quedado espectacular y además (como si fuera poco) ESTÁ AMARILLA. Voy a llorar de la emoción. Les dejo el link para que la vean y se emocionen como yo: buba-chan (punto) deviantart (punto) com/art/44-339971382 (borren los espacios). Igual, búsquenla en devianart como BuBa-chan, tiene un estilo muy bonito, fantástico (de fantasía).

Si están interesados, también, revisen el foro de Jacklord: El origen de Hillwood. www . fanfiction (punto) net / forum/El-origen-de-Hillwood/118122/ (borrar espacios) La última discusión, justo, es sobre la opinión que tiene cada uno sobre la realización de la película de la selva.

Les dejó una idea a los moderadores de foros, si es que hay alguno por aquí. Ya se acerca navidad y sería interesante que hubiese un concurso de fanfics temáticos, para ponerle más dinámica al fandom. Pues eso, una idea ;)

Todavía no he avanzado ninguna actualización de mis otros fanfics, así que dejaré que ustedes decidan cuál es la que quieren leer primero :D

(Les prometo que será la última nota de autora kilométrica… espero)

No se olviden de darle clic al botoncito azul ese de allá abajo :P

Abrazos a todos.