Nota. Quiero aclarar una cosa. Voy a tomar la flor nacional de Honduras (si el internet no me hace errar), la orquídea de la virgen, para desarrollar un aspecto de la trama. Es decir, me voy a tomar ciertas libertades respecto de cómo y dónde crece. Así que aunque la tome, los datos que dé sobre ella son sólo referenciales (algunos directamente inventados). Espero me dispensen esa libertad :) es a favor de la trama, lo prometo.

Dedicatoria. Tengo una amiga que se llama Ariel (no, para ella no va xD) y que tiene un nick un poco raro. El caso es que Ariel me ha contado que hay gente que me sigue en el grupo de facebook dedicado a salvar la película de la selva. Pues bueno, cuando me lo contó me puse babosa y muy feliz. Sí, son dos estados que en mí se mezclan. Nada más quería agradecerles por seguir mis fanfics :) y recomendarlos. Me han puesto pastelosa. Si alguna desea que actualice alguno en particular (o quiera que escriba algo en particular) me avisa ;) ¡GRACIAS A TODAS! (y a Ariel :P).

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Capítulo 1: Castillos en el aire


Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el miedo.

"La noche boca arriba", Julio Cortázar.


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—¡Abuelo!

Estaba esperándolo en su habitación, sentado a un lado de la cama y con la caja acomodada en el regazo. Le sonrió comprensivo y lo saludó, pero Arnold no alcanzó a entender lo que le estaba diciendo. Le latía el corazón en la garganta y parecía que toda la adrenalina hacía que la sangre le bombeara con más fuerza. La incertidumbre se mezclaba con el miedo y era fácil darse cuenta que estaba muy nervioso.

Se acercó con cuidado, lentamente, mirando el paquete con curiosidad y distrayéndose en los sellos que le habían pegado en todas las caras. Nunca antes, un envío del correo, le había causado un retorcijón tan fuerte en el estómago. Levantó las manos, cuando ya estaba a su alcance, y acarició la superficie como si necesitara acostumbrarse a la idea. Era inútil luchar con lo involuntario, pero la esperanza hizo que se sintiera más ligero.

—Y bien, chaparrín, ¿lo vas a abrir o no?

La voz impaciente del abuelo pareció darle el impulso que necesitaba. Llevó el paquete hasta su escritorio y sacó una navaja de uno de los cajones. Lo abrió rápido y fijándose muy bien, levantó las tapas y una pequeña cortina de polvo se alzó hasta hacerlos estornudar.

Una carta, una botella vieja y vacía, una fotografía borrosa y el dibujo de una flor muy extraña.

Arnold miró al abuelo, pero este parecía tan confundido como él. Resignado y levemente decepcionado, decidió leer la carta. Era de Eduardo.

Estimado Arnold,

Espero que estés bien. No debes acordarte de mí, pero soy amigo de tus padres. De tu papá, especialmente. No sé si tus abuelos te habrán hablado de mí, pero vivo en San Lorenzo y trabajo para el gobierno local. Sé que mi carta puede no ser bien recibida, dadas las circunstancias, pero espero que las noticias que te daré sirvan para algo. Es necesario que toque un tema que, te aseguro, resulta difícil para ambos.

La búsqueda de tus padres ha sido una consigna personal mía. La ayuda, con el paso de los años, ha ido disminuyendo, pero todas las personas que los conocimos jamás hemos perdido las esperanzas de tenerlos nuevamente con nosotros y de devolvértelos. Hasta hace tres meses la búsqueda se ha hecho basándonos en la fe más que en verdaderas pruebas, pero finalmente ha sucedido. Arnold, tus padres están vivos.

Los objetos que te enviado son la prueba que necesitábamos. Han estado llegando botellas, con el dibujo de la flor que puedes ver en el dibujo cada cinco o seis días. Si te fijas con cuidado, en el reverso de la hoja, verás la firma y las iniciales de tu padre. Es una flor muy conocida aquí en San Lorenzo y por eso hemos extendido los lugares de búsqueda. La fotografía que te he enviado, perdona que sea tan mala pero fue hecha con una cámara muy antigua y con el peor clima, es del último sector que nos falta revisar. Confiamos en que se encuentran ahí.

Hace muchos años llegué con malas noticias y no hice más que empeorar la situación. Lo siento mucho, Arnold. Sé que es poco, pero te pido que confíes es mí. Me encargaré de traer a tus padres de vuelta, no importa dónde estén. Sólo te pido que me des tiempo.

Dentro de dos semanas me internaré en la selva, intentaré mantenerte informado, pero lo más probable es que por la dificultad de la ubicación las noticias te lleguen tardíamente.

Cuídate mucho,

Eduardo.

Le entregó la carta al abuelo y tomó el papel que tenía el dibujo con mucho cuidado. Era extraño. Tenía objetos que habían pertenecido a sus padres, tenía fotografías, anécdotas, tenía el diario y la gorra. Tenía una conexión, desde el principio, lejana pero fuerte. El dibujo, en cambio, se sentía distinto. Se sentía real. Ahí, entre sus dedos, tenía una confirmación que se alejaba de todos los recuerdos de los otros objetos. El dibujo no era un recuerdo. El dibujo estaba vivo.

Era una orquídea. Un esbozo, apenas, de cinco pétalos largos y estrechos. Se había dado el trabajo de agregar sombras y detalles. Era un buen dibujo, imposible de no comparar con los otros que había visto en el diario.

—Arnold. —Lo llamó el abuelo con una sonrisa—. ¿Puedo ver?

—Sí, claro. —Le entregó el papel apurado—. Abuelo, ¿tú crees que están vivos?

—Lo creía antes de haber recibido la carta, hombre pequeño. —Le echó un vistazo al dibujo—. ¡Caray!, cualquiera pensaría que ha tenido años para practicar.

Arnold rodó los ojos, pero no tuvo tiempo de contestar porque la puerta de la habitación se abrió con fuerza y su abuela apareció en el marco de la puerta. En fondo, todavía se podían escuchar los gritos de los huéspedes peleando por saber el contenido del paquete.

—Las tropas se están rebelando, mon capitán. —Dijo solemne, con las manos cruzadas detrás de la espalda—. ¿Noticias del cuartel?

—Noticias, Pookie y un dibujo de Miles. —Le contestó agitando la hoja en el aire—. Ven a ver lo que le han mandado a Arnold y cierra la puerta.


La carta de Eduardo no había sido una invitación. Arnold la había leído una vez y varias más después de esa y ahora podía recitarla de memoria. Le había pasado lo mismo con el diario. Ahora tenía el dibujo y el mapa sobre su escritorio y la tentación de repasarlos no lo dejaba pensar en nada más. Habían pasado dos semanas y la ansiedad, reconocía que era ansiedad, se acumulaba con la expectativa.

Dentro de dos semanas me internaré en la selva.

Se sentía un poco inútil. Eduardo había hecho un compromiso con el que siempre iba a estar agradecido, pero no completamente cómodo. Quizá era egoísmo. No lo sabía. Estaba muy confundido para entender lo que debía hacer. Era la primera vez, en mucho tiempo, que se sentía tan fuera de sí mismo.

No, la carta no era una invitación. Así que tenía que seguir esperando, tenía que tener paciencia y tratar de no hartar a Harvey en el proceso. Eduardo había dicho que escribiría, pero esa imprecisión con las fechas lo ponía nervioso. No quería tener que despertar a una mañana sin esperanzas. No quería recibir más malas noticias, pero necesitaba noticias. Lo peor de todo, sin embargo, era que no podía hacer nada. Lo peor era que no podía pensar en otra cosa.

—Hey, Arnold… ¡Arnold!, ¡viejo! —Escuchó que lo llamaban en un siseo apurado. Dio un respingo y despertó de su ensoñación para encontrarse con el rostro preocupado de Gerald. Estaba agitando la palma derecha de su mano frente a su rostro y tenía el ceño fruncido.

—Dime Gerald, ¿qué pasa? —Contestó distraído.

Gerald alzó una ceja y le señaló el papel en blanco que tenía en el escritorio.

—Sabes que tenemos que avanzar, ¿no?

Arnold soltó un suspiro largo.

—Lo sé. —Le dio un vistazo a su hoja y luego a la de su mejor amigo—. Tú tampoco has avanzado mucho.

—Es porque es un borrador. —Explicó fácilmente—. Y porque no se me ocurre nada interesante.

Arnold sonrió y decidió que un poco de sinceridad quizá lo ayudaría a avanzar mejor.

—Yo no puedo concentrarme. Siempre estoy pensando en la carta y que en cualquier momento recibiré noticias. Buenas o malas.

—No voy a decirte que la olvides, viejo. Es claro que no lo harás. —Dijo serio, lo cual era bastante inusual en Gerald, que tenía una actitud bastante más relajada—. Que te tortures pensando que serán malas no cambiará el contenido de esa carta ni el tiempo que demorará en llegar.

—Lo sé. —Asintió. Lo sabía claro, pero no se estaba sintiendo precisamente racional. Lo entendía, pero se negaba a aceptarlo. Sabía que Gerald tenía razón—. Quizá debería olvidarlo.

—No, claro que no. —Gerald se agachó para hace su voz más imperceptible. El resto de la clase estaba cuchicheando, pero parecían más concentrados que ellos. No tenían mucho tiempo, tampoco, porque Simmons pronto regresaría de su oficina con más papel borrador—. Sólo deja de torturarte. Además, no es por nada, pero tenemos que hacer bien este ensayo o la clase entera nos linchará.

Arnold rodó los ojos, pero igual se atrevió a mirar a sus demás compañeros. Aunque Gerald había exagerado, la presión por el concurso todavía existía. Muchos se habían planteado, al inicio, si la pérdida de tiempo valía la pena. Confiados en el plazo, habían holgazaneado en las horas de práctica y casi nadie había avanzado. Incluso los avances, de personas responsables como Phoebe y Lila, parecían hechos sin verdadera intensión. El señor Simmons no se había desmoralizado, por supuesto, pero había puesto mucho énfasis en la cantidad de días que les quedaban. Les había recordado, también, que el propósito del concurso era motivarlos a escribir con honestidad y siempre de daba tiempo para contarles datos interesantes sobre los destinos. Pasada la mitad del mes, todos se habían comenzado a poner algo ansiosos. Querían tener al menos una semana para hacer correcciones en grupo, pero al paso que iban nunca iban a terminar nada.

—No lo sé, Gerald. Todos están muy nerviosos, yo ni siquiera quiero participar.

—Arnold, ¿qué te pasa, viejo? Estás muy raro. —Se exasperó—. ¿No eras tú el eterno optimista?

—Es difícil serlo en estas condiciones.

—Tus condiciones siguen siendo las mismas… sólo que mejores. —Hizo un ademán con la mano—. El problema es que estás pensando demasiado en un solo tema.

—Quizá.

—Bueno, no importa. No será la mejor solución, pero tú siempre has tenido una imaginación muy loca. Concentra todo tu poder mental en decidirte por un viaje. —Tosió para aclararse la garganta—. No dudes en compartir, necesito inspiración.

—Yo también.


Había hablado con Frank, su colega, en la sala de descanso para los profesores. Él había sido el que lo había sugerido desde un inicio, de verdad. Al parecer tenían el mismo problema. La noticia del concurso no había sido recibida con demasiado entusiasmo, pero el premio era lo que mantenía el interés general. Ese interés, aún así, era demasiado vago para llenar de energía a sus alumnos. La idea de ganar era estupenda, por supuesto, pero todos parecían reticentes a colaborar para el triunfo. No la entendía, la verdad, esa desgana generalizada.

Frank, sínico y aburrido, profesor de matemática le había comentado que el tema de los ensayos sólo le importaba porque Wartz había dicho que era obligatorio. No se sentía especialmente inclinado a ayudar o motivar a los estudiantes y le daba igual si ganaban o perdían. La presión por que terminaran logró que se le ocurriera una idea que mezclaba un método muy arcaico de aprendizaje.

La repetición. Frank decía que la única manera de hacer entender a esos muchachos desconfiados era repetirles constantemente la razón por la que estaban trabajando. El premio era un recordatorio fijo y detallado que mencionaba una vez todos los días de la semana escolar. Parecía tonto, pero a mitad de mes los adolescentes habían comenzado a terminar cosas que antes ni se atrevían a empezar. Ese era el truco, manipularlos hasta que el trabajo se convirtiera en una reacción condicionada y regular.

Toma cinco minutos de cada una de tus sesiones de redacción y lee sobre el premio. No te olvides de mencionar las ciudades. Eso bastará.

Bastó.

No desde el comienzo, claro. Se había negado a poner en marcha una idea tan tonta. Además, había un principio allí que contradecía todo lo que él creía y había enseñado. No le parecía bien de ninguna forma.

El tiempo avanzaba, lento pero seguro, y los ensayos se volvían una tortura tanto para sus alumnos como para él. Los leía con la esperanza de encontrar ideas maravillosas pero mal redactadas. Las ideas eran malas a pesar del esfuerzo de la redacción y eso deprimía mucho. Les faltaba corazón. No había ninguna corrección gramatical que supliera los párrafos aburridos y planos. No había chispa, ni nada de esa rapidez mental que sabía que todos tenían. Ni siquiera sus mejores alumnos parecían hacerlo con motivación. Parecía un trabajo más, una tarea obligatoria que hacían para no reprobar.

Así que no lo vio en términos de manipulación. Se repitió firmemente que lo hacía para motivarlos. No era un ejercicio que realizara todos los días, pero los viernes (y a pesar de sí mismo) sacaba el panfleto casualmente de su cajón y comentaba un poco sobre los lugares que estaban enlistados. Se sentía horrible.

Se sintió horrible, en realidad, hasta que leyó el borrador de Helga G. Pataki.

Viajo en bus. Distancias cortas y medianas. Cuando no viajo en bus, viajo en el auto de mi mamá o el de mi papá. Una vez, incluso, tuve que viajar en tren, en canoa, en bicicleta y en bote. No al mismo tiempo, pero sé lo que se siente viajar en transportes regulares. Algún día viajaré en avión y seguramente en un cohete espacial porque conocer la luna debe ser espectacular.

Siempre viajo acompañada, de mis compañeros de clase, de mi familia, o de gente extraña que no tengo ningún deseo de conocer. Viajo para llegar a mis clases, para visitar a parientes que no volveré a ver por decisión propia y, en general, viajo para llegar a algún lado. Casi todo el mundo, creo, viaja para llegar a algún lado. El trayecto puede ser entretenido (nunca lo es), pero eso no importa porque el destino siempre es más importante.

Es práctico. Viajar para llegar a algún lado. Así es como funcionan las cosas. Se viaja para acortar las distancias y siempre con un propósito. A mi edad, incluso, los viajes resultan ser obligatorios y nada interesantes. Hay mucho que planear todo el tiempo. La comida, el dinero, los pasajes, la gente, los imprevistos y, claro (¿cómo no?) el lugar al que se planea llegar. La verdad es que las maletas pesan, el dinero se acaba, la gente suda y el ruido fastidia. No hay nada agradable en viajar si no hay un lugar a donde llegar.

La verdad es que odio viajar.

Mis sueños (no puedo decir mucho sobre los de los demás) son totalmente distintos de los viajes. Me duermo porque es una obligación física, pero soñar es un regalo que debería ser mejor apreciado. Deberían hacerle altares a la capacidad humana de soñar. Mis sueños, tengo que aclarar, no son lo que algunos entienden. Metas y sueños son dos cosas completamente diferentes. Las metas se trazan para cumplirlas, no para esperarlas. Yo no sueño con comer helado. Si quiero helado, salgo de mi casa y lo compro. Así que mis sueños no son sobre cosas que puedo tener, son sobre las que no puedo tener. Cosas que quiero, obviamente.

Hay un escritor, Miguel de Unamuno, que intenté leer una vez y al que no le entendí nada. Debe ser porque las traducciones al inglés que tienen de él apestan o porque la biblioteca tiene las traducciones que apestan. Quién sabe. Lo que recuerdo, convenientemente, es que él dijo que se viaja no para buscar el destino sino para huir de dónde se parte. Yo creo que él también hablaba de los sueños. Como no puedo tener las cosas que quiero en realidad, me escapo de ella y viajo a donde sí puedo tenerlas. El viaje, el sueño en sí mismo, es lo que me da felicidad. En mis sueños puedo volar, ver relojes derretidos, controlar a las personas y comer helado de fresa (soy alérgica). En mis sueños puedo viajar conmigo misma, estar cómoda y decidir si quiero seguir viajando. El despertador a veces interrumpe, pero eso no tiene nada que ver. No hay gente indeseable, no hay dinero, no hay ruidos que no me gusten y no tengo que cargar nada. En mis sueños siempre soy muy ligera.

El viaje de mis sueños, por eso, es cualquiera de mis sueños. Un viaje en el que puedo olvidarme de todo lo que me rodea y dejar que el movimiento de mi propia imaginación (toda esa locura tiene que venir de mi imaginación, ¿no es cierto?) cree un mundo distinto del que me han obligado a aceptar. Un mundo en el que no tengo que escribir un ensayo para que se entienda que el viaje hecho en las fantasías es el mejor viaje de todos.

Podía notar la sinceridad camuflada en el sarcasmo. Era un estilo muy irónico y consecuente, casi auto indulgente, pero no dejaba de ser divertido. Sentía que se estaba burlando de él, pero había cierta seriedad (amargura) que no resultaba insultante para nada. Era un texto con mucho potencial. Tendría que corregir las faltas de ortografía y darle una estructura más ordenada, pero la intención se dejaba entrever claramente. Le había gustado bastante.

No fue el único, claro. Luego la clase empezó a escribir con más sinceridad. Vinieron los viajes al pasado (Rhonda había detallado a los personajes que quería conocer), los viajes al centro de la tierra (Lila había hecho un análisis brillante de Julio Verne), los viajes a mundos inventados (Sid había demostrado tener gran talento para la ciencia ficción), los viajes dentro de otros viajes (A Stinky parecía haberle gustado la película "La vuelta al mundo en ochenta días") y muchos otros que habían empezado a desarrollar lo que querían verdaderamente.

La idea de Frank no había sido tan mala, después de todo.


—Bueno muchachos, perdonen que los interrumpa, pero estuve revisando el folleto la noche anterior… —Lo enseñó para dar énfasis, aunque la mitad de la clase estuviese entretenida mirando hacia otro lado— y creo les interesará saber sobre este lugar.

La mayoría sonrió. Era la misma frase que Simmons utilizaba para comenzar sus discursos de los viernes. Tokyo, Paris, Londres, Lima, la Riviera Maya, Florencia o Buenos Aires. Todos habían capturado su atención por igual. No se quejaban porque en realidad sí les contaba cosas interesantes y si tocaba ir a alguno de esos lugares, mejor estar prevenido.

—Es un sitio en Centroamérica llamado San Lorenzo. —Comentó tranquilo y no le pasó desapercibida la reacción de Arnold. Eso lo animó a continuar—. Es un gran territorio, principalmente costero, pero tiene una gran extensión de vegetación virgen. Como una jungla. Hay un recorrido por varios puertos de la zona e incluso uno por la zona navegable del río. Sería como una aventura al estilo de las de Indiana Jones.

Helga bufó muy sonoramente desde su asiento y Rhonda la acompañó con una carcajada mal disimulada. Los demás no parecían tan descreídos como ellas, pero tampoco estaban muy emocionados con la idea. Especialmente Harold que había hecho una mueca de disgusto con la boca.

—¿Comida de la jungla? —Se quejó—. Seguro son puros insectos y serpientes.

—Sí, Harold, porque eso es lo que se come en una ciudad costera. —Se burló Helga y todos soltaron risitas divertidas.

—A mi no me importa la comida, pero caminar con ese horrible calor y con todos los bichos que habrán. De ninguna manera. —Dijo Rhonda categórica.

—Insectos que nunca antes he visto en su hábitat natural. —Chilló Nadine emocionada e ignoró las miradas de horror que su mejor amiga le estaba dedicando—. ¡Qué emocionante!

—Seguro que hay vampiros en esa jungla. Necesitan un lugar dónde esconderse y en la jungla pueden acechar sin que nadie los encuentre. —Susurró Sid alarmado y un poco más alto agregó—. ¡No iré a ese lugar!

—Oh Sid, perdóname, pero yo creo que un viaje a la selva podría ser muy interesante. —Comentó Lila y Stinky, que estaba sentado detrás de Sid, asintió—. Es un lugar que nunca antes hemos visto y con gente tan diferente a nosotros, ¿no sería tan divertido conocerlos?

—Gente, ustedes están todos locos. —Dijo Gerald incrédulo, pero agregó luego de mirar a Arnold de reojo—. ¿No han escuchado a Simmons?, ¡una aventura como las de Indiana Jones!

—Concuerdo contigo, Gerald. —Phoebe le dedicó una sonrisa—. Sería un destino muy enriquecedor.

—Lo dudo. —Sentenció Helga con los brazos cruzados y Rhonda le dio la razón en un rápido susurro.

Arnold, que casi no opinaba en esos pequeños momentos de los viernes, intervino con la voz clara y alta.

—Si yo ganara, definitivamente escogería San Lorenzo. —Sonrió con gentileza y lleno de seguridad.

Gerald sonrió también, aliviado con el cambio de actitud de su amigo.

—Es un alivio que eso no vaya a suceder, entonces. —Comentó Helga entre dientes y cuando Arnold volteó a mirarla ella alzó la barbilla, ignorándolo.

—Eso no lo sabes, Pataki. —Intervino Gerald con el ceño fruncido—. ¿Y quién dice que estás invitada?

—¿Quién dice que iría? —Le contestó la rubia de mal humor.

—¡Niños! —Dijo Simmons apurado—. No peleen, por favor. Helga, ya quedamos en respetar la decisión de cada uno sobre el viaje. Por supuesto que debes venir si llegara a darse tal situación. No está bien que desalientes a los miembros de tu equipo.

—Sí, uniceja, Arnold no te ha hecho nada. —Comentó Harold—. ¿Y quién eres tú para decir qué pasará?

Los demás niños, con excepción de Rhonda y Phoebe, apoyaron a Harold hasta que el señor Simmons los interrumpió nuevamente. A Helga no parecía importarle en lo absoluto.

—Gerald, toda la clase irá en el viaje. Harold, no peleemos, por favor. Ahora niños, vuelvan a sus ensayos.

Los murmullos fueron disminuyendo paulatinamente. La clase quedó en silencio y el señor Simmons se entretenía revisando los exámenes de geografía. Diez minutos antes de que la campana sonara, Lila se levantó de su asiento y se dirigió al escritorio del profesor. Antes de llegar, se detuvo brevemente en el puesto de Arnold y susurró.

—Yo creo que San Lorenzo es un lugar ideal, Arnold. Estoy segura que yo también lo escogería.

Arnold alzó la cabeza, sorprendido, pero cuando quiso contestar, Lila ya estaba lejos. Dos asientos más atrás, Helga apretaba su lápiz con más fuerza de la que era necesaria.


La segunda carta llegó diecisiete días después de la primera. Por entrega especial y mientras estaba en la escuela. Como era sólo la carta, ningún huésped había hecho apuestas sobre ella. Su abuelo no la tuvo que vigilar para que nadie más la abriera y su abuela no tuvo que recordarle que tenía que abrirla.

Era una tarde como las de siempre. Se sentaron todos en la mesa y luego en la sala donde se decidieron a leer tranquilos.

Arnold abrió el sobre sin percatarse que el remitente había cambiado.

Arnold Shortman,

Mi nombre es Ricardo, soy primo de Eduardo. Me parece injusto no darle las noticias ya que las cosas han cambiado tanto. Eduardo me contó de la carta que le había escrito antes del comienzo de su viaje. Ayer han entrado a la casa de mi primo y han destruido todo lo que había. Eduardo ha desaparecido y no sabemos quién pudo haberlo hecho. Escribiré cuando sepamos más.

Ricardo.

La fecha, cuando volvió a leer, advertía que había pasado una semana.


Continuará...


Holo :)

Bueno, actualizaciones semanales sí que sí. Como siempre, ojalá les guste ;) Por si están esperando un desarrollo más rápido de la acción, no se alarmen, falta muy poco. Apenas un capítulo más y ya estaremos en la selva... o en Paris... o en Tokyo... bueno, me captan la idea. Como les dije, es un fanfic de aventuras más que de otras cosas. Habrán otras cosas, claro, pero todo con paciencia ;)

Ehem, no que quiero hacerlo notar... no (¡para nada!), pero como verán estoy actualizando súper seguido. Espero no aburrirlos... si es así me lo dicen y ya no actualizo hasta el 2014 :D jajajaja no ya, pero en serio, espero no hartarlos :3

Bueno, pronto subiré el fanfic que les anuncié 'Enciende la luz'. Además, como me encanta torturarme no se me ha ocurrido mejor idea que escribir otro fanfic que se llamará 'De cómo Arnold es denso como un ladrillo'. Yep, es comedia. PERO, como ya no quiero agobiarme ni agobiarlos con tanta espera, sólo lo subiré cuando esté terminado... mientras tanto, como soy impaciente, les hablaré de él en todas las actualizaciones para crear expectativa. JUAR. No ya, pero va en serio que lo terminaré antes de subirlo (como hice con El día en el que Arnold...), los títulos largos y yo tenemos un problema.

Hoy no hay recomendaciones porque no he tenido tiempo de leer nada nuevo. A toda la gente que le debo review, tranquilos, los mandaré mañana que hoy (como pueden ver) estaba tratando de actualizar. Los leeré todos ;)

Respuesta a los anónimos ;)

Polly. Aw, mi Polly siempre es tan bella. Te amo, así con todo mi amor virtual. Ñam, pues me estoy esforzando para que tus recomendaciones no caigan mal. Ojalá te guste cariño :3 ¡Nos leemos pronto, que te debo tus viñetas! Abrazos.

Loredanne. Mi dibujante :3 Sip, al comienzo quería un título más explícito, pero luego no quiero que se queden sin las sorpresas. Así que aquí está, igual prometo que tendrá mucho de mi marca personal, así que será un híbrido. Eduardo es una pieza clave en todo este asunto, ya verás. Pues sí, Entre Luces se acerca a su parte sombría, lo actualizaré pronto porque ya debe empezar lo que debe empezar. GRACIAS por todo cariño, como te dije en devianart, tu forma de dibujar es maravillosa y te estaré eternamente agradecida por compartir tu talento con los demás ;) ABRAZOS DE OSO :) espero leernos pronto. Muchos éxitos con todo.

Ariel. Sí terminé ya... en vez de andar de mandona, ponte a publicar tú que yo sola para que acabes el de Naruto no doy. Yep, Harold se pondrá peor en la Selva, te lo advierto. Eres una rara, declararé públicamente que te gusta el Harold/Helga xD jajajajaja, en el grupo te excluirán cuando sepan tu sucio secreto. Ya nos vemos, weirdo. Abrazos pa' ti también.

Tsubasaglz. Lo sé, es un título muy raro... iba a ser más temático, pero como decidí hacerlo un fic largo tenía que abarcar todo. Gracias por leerme cariño :) ojalá te siga gustando.

Enmascarada-sm. Gracias cariño ;) ¡Me alegra que te guste!, pues por el fanfic Curly/Helga no te preocupes que lo subiré muy pronto. GRACIAS por escribir, un abrazo :3 P.D. Lila es buena, no temas sonar como ella.

Anna Shortman. Aw, gracias cariño :3 yeeeeei, qué bueno que te guste. No te preocupes, ahora con las actualizaciones semanales no tardaré nada. ¡UN ABRAZOTE! Nos leemos prontísimo.

Gracias por leer, retoños. Nos vemos la próxima semana (o en unos días más, que subo el one-shot)

¿Clic al botoncito? :3