"Los fantasmas no existen, los fantasmas no existen, no existen…"

Ese pensamiento flotaba en la mente de Laura, intentando ocultar su miedo irracional, un terror que nunca antes había sentido y que invadía cada fibra de su cuerpo. Pero aunque la lógica la decía que no había nada que temer, el corazón la gritaba que había algo en el bosque de lo que debía huir, algo de lo que no podía esconderse.

"No seas estúpida, solo es tu imaginación" Se repitió por enésima vez.

-¡Vamos!- exclamó, no soportaba más aquel silencio que reinaba en el bosque-. ¿Es que no podéis ir más deprisa?

-Vale, no hace falta que grites- respondió Carlos apretando el paso.

Los dos andaban por el camino de tierra rodeados por un manto vegetal que lo ocultaba todo, sobre ellos se extendía un cielo despejado y sin luna. Iván iba un poco más atrás, sin apartar la mirada de la página que habían encontrado en el árbol y que Carlos había tirado, pero él había recogido. A Laura le daba escalofríos mirarle, el niño parecía hipnotizado por aquel dibujo mal hecho, especialmente por el monigote que parecía un ser humano, y no había dicho ninguna palabra desde que lo había encontrado.

-Ehmmm… creo que ahí hay algo- dijo al fin Carlos.

Laura se giró hacia donde señalaba esperanzada, pero se llevó una decepción. Sobre los árboles se podía ver una gran columna que no era parte del bosque, no era una salida, pero suponía un cambio.

-¿Qué crees que es?- preguntó Carlos acercándose para alumbrar con la linterna.

-¿Es seguro acercarse?- preguntó preocupada Laura. No la gustaba la idea de abandonar el camino que estaban siguiendo para meterse en el bosque, pero Carlos ya estaba adentrándose entre los árboles.

La niña miró nerviosa a Iván, que había vuelto a centrar su atención en el dibujo después de un rápido vistazo a la columna, y decidió que lo mejor sería no separarse, así que siguió al rubio. Iván la imitó y los dos se guiaron por la luz de la linterna hasta que llegaron junto a Carlos, quien se había detenido junto a la columna y la alumbraba con curiosidad.

-Creo que es un silo- comentó al ver que sus compañeros llegaban.

-¿Qué?- preguntó la niña fijándose mejor, parecía que Carlos tenía razón-. ¿Y hemos dejado el camino por esto?

-Podría significar que hay algún edificio cerca, a lo mejor encontramos a alguien que nos ayuda a salir.

-¡Podría, o podríamos perdernos aún más!- respondió ella, se estaba volviendo a enfadar, pero en ese momento se fijó en algo que estaba pegado en la pared del silo. Aquello era… No podía ser.

-Mira, yo solo quería ayudar, pero si tú tienes una idea mejor para… ¿Qué haces?- Carlos se cortó al ver que Laura había dejado de prestarle atención.

La niña se había quedado de piedra observando una página de cuaderno muy parecida a la que habían encontrado antes, pero en esta habían escrito escrito "LEAVE ME ALONE" (dejadme solo). La arrancó del silo para verla mejor y se la enseñó a su compañero.

-¿Qué te parece?- intentó que la voz no la temblara al hablar, lo cierto es que el pánico la estaba volviendo a invadir.

Carlos recogió la hoja y la iluminó con su linterna, pero no pareció impresionarle mucho.

- Solo es basura, pero es la prueba de que hay alguien por aquí. Creo que tenía yo razón, después de todo.

-¿Es que no lo has leído?- preguntó ella con aprensión-. "Dejadme solo", si hay alguien aquí no creo que se alegre de vernos. Tenemos que irnos, ahora.

Él sonrió torciendo la boca, como si le pareciera gracioso que su amiga estuviera tan nerviosa.

-¿Tienes miedo? – adivinó-. Esto lo habrá escrito alguien que quería gastar una broma, solo eso. O quizá tienes miedo por los rumores del fantasma ¿es eso?- la expresión de la cara de Laura hablaba por sí misma, Carlos soltó una exclamación triunfal- ¡Es eso! ¡Lo sabía, tienes miedo del fantasma! ¡Ey, Iván!, ¿Has escuchado eso? ¿Iván…?

Laura se había puesto roja de vergüenza, horas antes se habría reído de cualquiera que tuviese miedo en su situación, pero algo había cambiado. Era aquella sensación de terror irracional que invadía su pecho y hacía que su corazón se acelerara hasta límites dolorosos. Pero se centró en el presente, Carlos miraba con curiosidad a Iván, que no había reaccionado ni participado en la conversación.

-¿Iván? ¿Qué te pasa, has visto un fantasma?- bromeó Carlos, pero la expresión del otro no cambió, el rubio cambió de actitud-. ¿Estás bien?

Laura se dio cuenta de que no estaba bien. Ni mucho menos. Iván estaba pálido y sudaba ligeramente, sus ojos castaños estaban abiertos de par en par mirando fijamente un punto en algún lugar detrás de Carlos y sus pupilas temblaban, el resto de su rostro se había quedado congelado en una mueca de terror que había hecho ponerse serio a su compañero.

-¿Qué es lo que te pasa?- el rubio puso su mano en el hombro de Iván para agitarlo, intentando que reaccionara.

-Está… ahí…- las dos palabras salieron de su boca como un susurro, Carlos no las entendió enseguida, pero Laura sí y se volvió en un acto reflejo hacia donde estaba mirando el chico.

Y entonces supo qué era lo que había aterrorizado a su amigo. A esa distancia era difícil distinguirlo de los árboles y ramas que le rodeaban, pero cuando la niña fijó sus ojos en él no pudo apartarlos, como si estuviese hipnotizada. Era un hombre alto y delgado, o eso parecía, vestía una especie de traje negro y permanecía estático junto a un árbol observándoles. O lo estaría haciendo, de haber tenido ojos con los que hacerlo.

Laura sintió cómo su sangre se congelaba en las venas, paralizada de puro terror ante la visión del ser sin rostro, la criatura retratada en aquel extraño dibujo que tenía Iván. No sabía de dónde había salido ni cuánto tiempo llevaba siguiéndoles, pero supo sin duda que él era el causante de los extraños sentimientos que la habían atormentado. Sentimientos que ahora eran más intensos que nunca.

-Vámonos… ¡Vámonos de aquí!- logró exclamar cuando pudo reaccionar, volviéndose hacia sus compañeros.

-Espera, ¿de qué estás hablando?- Carlos la miró extrañado y con cierta burla-. ¿De qué tenéis miedo?

Laura le miró con incredulidad, ¿Es que no lo había visto? ¿Cómo podía estar tan ciego? No la importó, Iván fue el primero en reaccionar apartando al rubio y echando a correr en dirección opuesta al fantasma o lo que fuera aquello. Laura le secundó sin importarla ya lo que pensara Carlos de ella, tan solo quería salir de allí, escapar, esconderse…

-¿Chicos? – la voz de Carlos quedó atrás y apenas llegó a sus compañeros-. ¿Se puede saber qué pasa?

Se quedó mirando el lugar por el que habían desaparecido unos momentos, sin comprender nada pero sospechando lo que pasaba. "Cobardes, escuchan una historia de fantasmas y salen corriendo a la mínima, y yo que pensaba que Laura aguantaría…" Con una sonrisa de superioridad volvió a mirar el papel que tenía en la mano.

-"Dejadme solo", hay que ser idiota para asustarse por esta tontería- comentó, tiró el papel a un lado y se dispuso a seguir a sus compañeros antes de que les perdiera.

Pero se detuvo cuando tan solo había dado un paso, un escalofrío le recorrió la espalda hasta la nuca y provocó que le temblara la linterna en la mano. ¿Qué había sido esa sensación? Se quedó quieto, muy quieto, mientras su mente burbujeaba con absurdas ideas acerca de fantasmas. No era posible, pero aún así… Dejándose guiar por un extraño presentimiento, se dio la vuelta muy lentamente. La luz de la linterna tembló, pero no se detuvo hasta que alumbró una figura humanoide que estaba a escasos metros del niño. Carlos abrió la boca para gritar, pero ningún sonido escapó de su boca.

Lo último que pudo pensar, antes de que su mente se viera invadida por una horrible visión entrecortada de un hombre sin rostro, era que aquella criatura a la que había venido a buscar al bosque le había encontrado a él primero.