Amor inesperado

Final 2/2

"Nada es gratis en esta vida"

El temblor y ese enorme poder se sintió no sólo en el país de Valeria, sino en cada una de las dimensiones y mundos existentes.

En el país de Clow…

La familia real estaba a penas levantándose después de una grata noche de descanso, cuando de pronto sintieron un poder increíblemente grande. No era precisamente en el país, pero aún así el poder intimidaba un poco.

—¿Lo sintieron? —Touya había bajado al comedor lo más rápido que sus pies le permitieron correr. Se encontró sólo con sus padres; Yukito llegó momentos después, con el mismo gesto de espanto que él.

—Sí… pero no es un poder que esté presente en este mundo, ni siquiera en esta dimensión —murmuró Fujitaka, pensativo.

—Proviene de otro mundo, pero… es increíble la fuerza de este poder… —tenía sus ojos más abiertos de lo normal, miró a su esposo y notó la misma preocupación en él.

—Este poder viene de Valeria —dijo Yukito de pronto, haciendo que todos se quedaran callados un momento.

—¡Nuestra hija! Algo debió pasarle ¡Tenemos que ir! —miró a su esposo con súplica y éste no se negó.

Algo le pasó a Sakura, puedo sentirlo… —pensó Touya, realmente angustiado.

En el país de Valeria…

—Esto no es normal—murmuró Kurogane después de sentir ese extraño temblor, y ahora… ese raro poder emanando de quien sabe dónde, pero fuera lo fuera, era increíble.

—¿Crees que les haya pasado algo a Sakura y a Fye? —preguntó su esposa con mortificación.

—No lo sé, pero con la suerte que se cargan…—gruñó—. Y esta tormenta no ayuda en nada —tomó su teléfono celular y le marcó a Fye, pero éste no contestó.

—Tengo miedo amor… —se abrazó a él—. Tengo un mal presentimiento ¡Vamos a buscarlos!

—¿Pero qué dices? —se espantó—. ¿No ves la tormenta de nieve que hay? Si salimos con este clima no sobreviviremos para contarlo —gruñó y de un momento a otro ya se encontraba dando vueltas en la habitación, como león enjaulado—. ¿Dónde está el manju blanco? Debe saber algo sobre esto, o al menos podremos hablarle a Yuuko.

—Creo que está con…

—¡Ka puuu! ¡Mokona tiene mucho miedo! —la puerta se había abierto y un segundo después la pequeña bolita blanca ya estaba restregándose contra la cara del moreno, temblorosa y asustada.

—¿Sintieron el temblor de hace rato? —entró Yuui, igualmente preocupado, seguido de su padre, quien no lo estaba menos.

—Sí, también este extraño poder —le respondió Himawari, mientras cargaba al pequeño Daisuke, pues se había despertado entre tanto escándalo.

—Algo ha ocurrido, puedo sentirlo…—murmuró el joven príncipe, apretando una mano sobre su corazón—. Mi hermano está sufriendo —cerró los ojos, meditando unos segundos.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó el ninja, brusco como siempre.

—Llámalo poder de gemelos o lo que quieras, pero yo siento cuando Fye pasa por algo difícil… no sé cómo explicarlo, simplemente lo sé.

—¡Puu! —Mokona brincó y transmitió la llamada.

—Hola chicos.

—¡Yuuko!

La bruja y Watanuki se veían muy preocupados.

—No me digas que tú también sentiste algo extraño —gruñó Kurogane.

—¿Están Sakura y Fye con ustedes? ¿Volvieron ya de su viaje? —ignoró la pregunta.

El ninja iba a reclamar, pero su esposa se adelantó.

—No han vuelto ¿¡Les pasó algo?! ¿Tú sabes qué fue lo que sentimos hace rato?

—Sí…—respondió muy seriamente—. Ese poder fue causado por los nuevos herederos. Separados no se siente, pero al estar juntos emanan un increíble poder.

—Espera, espera. ¿Estás diciendo "Herederos"? ¿Son varios? —espetó, sorprendido el ninja.

—Sí, son gemelos.

—¿¡Y ya nacieron?! —se asustó Yuui.

—Me temo que sí. Les hablé con la esperanza de que Mokona estuviese con ellos —se vio muy preocupada—. Es urgente que hable con Fye…

—¿Qué ocurrió Yuuko? Tú sabes lo que está pasando ¿No es así? —preguntó el pequeño Yuui, con mucha madurez. La bruja sólo pudo asentir con la cabeza. Y Watanuki no estaba menos serio que ella.

—¿Vas a hablarle al mago? Porque por medio de teléfono ya lo intenté, pero no responde.

—Lo sé, ya lo intenté yo también —suspiró—. No me queda otra opción más que esperar a que sea él quien me busque con su magia —frunció el ceño, cosa poco común en ella.

—Pero dinos Yuuko… ¿Qué está ocurriendo?

La bruja miró a Himawari y después de unos segundos de silencio se animó a explicarles a detalle lo ocurrido, pero todos los presentes sintieron de nuevo un extraño poder, pero esto era más bien como la presencia de algunas personas que no eran de este país.

Los de Clow habían llegado…

En la cabaña…

PoV of Fye

Y es que… sin ti no soy nada, si me dejas, yo…

—¡SAKURA!

No pude más al notar que había dejado de respirar…

No sé en qué momento Eriol apareció detrás de mí, alejándome de mi esposa, mientras Kaho tomaba a mis hijos entre sus brazos. Todo a mi alrededor pareció perder importancia, los sonidos ya no eran sonidos, sólo ruidos y no podía dejar de pensar en que ella ya no respiraba. ¡Por Dios! Ya no respiraba.

—¡Suéltame! —le exigí a Eriol, quería estar al lado de mi mujer.

—Quédate afuera —casi me gritó y al mismo tiempo cerró la puerta de la habitación en mi cara, dejándome en el pasillo.

—¡Déjame entrar! —exigí desde afuera, pateando y golpeando la puerta. Estaba haciendo un escándalo. No me importaba…

Seguí golpeando la puerta hasta que ésta desistió y cayó hecha pedazos.

—Maldición Fye, te dije que te quedaras afuera —me gruñó.

En ese momento observé lo que hacía, al parecer le había inyectado algo directo al corazón.

—¿Qué… qué hiciste?

—Su corazón se paró, Fye. Le inyecté adrenalina, pero… fue demasiado tarde, ella ya no…

—¡No! —grité histérico y fui directo hacia ella, tomando su mano entre las mías y apretándola con mucha fuerza—. Mi amor, no puedes dejarme… ¡No puedes! No nos dejes ni a mí ni a nuestros hijos —no contuve mis lágrimas y las dejé fluir.

—Fye, ya es demasiado tarde… —sentí la mano de mi amigo sobre mi hombro. Ni siquiera lo miré, estaba furioso ¿Con quién? ¡Con todo el maldito mundo!

¿¡Por qué demonios la vida me da algo y luego me lo arrebata?! ¡Maldición! ¡¿Por qué?!

Si tan sólo hubiera una manera… una manera de traerla de vuelta.

Y entonces pensé…

—¡Yuuko! —murmuré y no esperé un segundo más para usar mi magia y buscarla.

—¡Al fin me buscas! ¡¿Por qué rayos no se regresaron ya de sus vacaciones?! —exclamó muy molesta—. Llevo horas tratando de contactarte, ¿Cómo está Sakura? Debo advertirte que al dar a luz ella puede…

—¿Morir? —la corté en seco—. Sí, ya lo hizo —la miré con mucho coraje, sé que no tiene la culpa, pero no puedo evitar estar tan furioso con todo y todos.

—¿Qué…?

—¡Sí! ¡Acaba de morir, Yuuko! —me miró no sé si con lástima o compasión, pero la vi muy afectada, al parecer eso no se lo esperaba.

Me miró por un largo rato, en silencio. Mientras tanto yo aún permanecía sentado en la cama con el cuerpo inerte de mi mujer entre mis brazos, sin vida. Abrazándola con todas mis fuerzas, como si así fuese a volver a la vida.

—Yuuko… —sollocé—. ¿Puedes hacer algo?

—No.

Mi corazón terminó de partirse. Me aferré a mi amor con todas mis fuerzas, ocultando mi rostro en el espacio de su cuello.

—Pero tú sí.

Esas tres palabras casi me hicieron saltar de la emoción.

—¿¡Cómo?!

—Tendrás que hacer lo mismo que Kurogane y Kamui hicieron por ti en Tokyo.

—¿Qué…? —me espanté, acaso… ¿Convertir a mi esposa en vampiro era la única solución?

—Tienes que decidirlo ahora, la vida se escapa de su cuerpo con mucha rapidez, pero aún estás a tiempo.

—Pero… ¿Cómo lo haré? No soy un vampiro de sangre pura y tampoco hay una presa de la cual pueda alimentarse…

—Tendrás que inyectarle tu veneno, directo en la carótida; así te convertirás en su presa y al mismo tiempo será vampiro, igual que tú. ¡Pero hazlo ahora!

No esperé más.

Llevé mis colmillos directo a su cuello, sintiendo cómo en su cuerpo la sangre ya no fluía, simplemente estaba quieta, sin correr por sus venas. Inyecté mi veneno una y otra vez, esperando que con eso despertara, pero no lo hacía. ¿Por qué no despertaba?

—Yuuko… Yuuko, no ocurre nada —me desesperé al verla entre mis brazos, aún sin vida.

—Espera…

Pasaron uno, dos, cinco minutos y nada…

Entonces…

El ceño de la bruja se asentó.

—No… —me eché sobre mi pequeña Sakura, llorando como nunca antes lo había hecho—. No Sakura, no te puedes ir. No me dejes…

—Nunca… nunca lo haré, Fye.

Fue apenas audible, un leve murmullo que logró paralizar mi corazón. Me separé de ella y la miré con ojos muy abiertos, a penas creyendo que verdaderamente había hablado. Mi amor tenía los ojos entreabiertos y una sonrisa muy leve asomándose a sus labios. La contemplé unos segundos mientras miles de lágrimas se formaban en mis ojos. Sonreí y no quería hacer otra cosa más que apretarla contra mi cuerpo lo más fuerte posible.

—¡Sakura! —incapaz de articular otra palabra en mi garganta que temblaba de emoción, me abalancé sobre ella, abrazándola sin atreverme a soltarla, como si al hacerlo se fuera a marchar de mi vida para siempre. La apreté aun más contra mí y puse la barbilla sobre su sedoso cabello—. Yo…—mis palabras se quedaron ahogadas en mi garganta ¿Qué palabras? Ni si quiera tenía idea de qué debía decirle. Además, nada me saldría en este momento, tengo un nudo muy fuerte en mi pecho.

—Increíble —murmuró Eriol a espaldas nuestro, me giré un poco y vi su gesto estupefacto. Poco después se acercó a nosotros para revisar sus signos vitales. Todo en orden, sólo que… el momento de la transformación había llegado. Pronto el cuerpo de mi esposa se retorcía de dolor entre mis brazos. Sus ojos cambiaron de color, tornándose ámbar.

La dejé que se aferrara a mí con todas sus fuerzas, tal como hice yo con Kurogane cuando me convertí en vampiro.

—Lo sé mi amor, sé que duele…—escondí su rostro en mi cuello y dejé que se aferrara a mi espalda con sus uñas—. Perdóname por hacerte pasar tanto dolor… lo siento… —dije apenas en un murmullo.

La tortura duró unos momentos más hasta que de pronto sus uñas dejaron de clavarse en mi espalda y todo su cuerpo quedó inmóvil entre mis brazos. Su respiración agitada era el único signo de que aún estaba con nosotros.

—Su cuerpo se recuperará, a partir de ahora será más fuerte.

Miré a Yuuko y la noté extrañamente preocupada. Después miré a mi esposa y noté que la marca de mis colmillos en su cuello iba desapareciendo lentamente.

—Tal vez tarde un poco en despertar, pero ya está a salvo —sonrió levemente, sonrisa que desapareció momentos después—. Imagino que ya sabes lo que conlleva tu decisión.

Asentí.

—Sólo que de ahora en adelante habrá algo distinto: Tú serás su presa y ella será la tuya. Si muere uno, morirá el otro.

Miré a mi esposa entre mis brazos y suspiré. Al menos si ella moría, yo me iría con ella después.

—Ahora está fuera de peligro, pero necesitará reposar mucho, así que llévenla al castillo cuanto antes, además… tienen muchas visitas que quieren conocer a los gemelos —sonrió con tranquilidad por primera vez en mucho rato.

—¿Tú…sabías que serían gemelos? —pregunté, asombrado.

—Eriol me lo dijo —se encogió de hombros y yo miré a mi amigo con una ceja inquisitiva.

—Ustedes quisieron que fuera sorpresa —sonrió con diversión mientras se encogía de hombros, el ambiente ya estaba claramente más tranquilo.

—¡Por cierto! ¡Quiero conocer a mis sobrinos!

Con tanto alboroto había dejado a mis hijos en un segundo plano. Me sentí culpable, pero ahora mismo fui en busca de Kaho para traer a mis pequeños y presentárselos a Yuuko. Por alguna extraña razón estaba más sensible de lo normal, y se emocionó mucho al verlos.

Después de medio día, y al ver que Sakura aún no despertaba, decidimos llevarla al castillo. Seguro estaría más cómoda en su habitación cuando despertase, además, mis suegros han de estar ansiosos por conocer a sus nietos.

Empaqué todo con la ayuda de Kaho y Eriol, mientras tanto mis pequeños estaban plácidamente dormidos al lado de su madre. Durante el transcurso de camino al castillo despertaron un par de veces, exigiendo ser alimentados, pero Sakura aún no despertaba…

Apenas llegamos a casa, experimenté un gran alivio al sentirme en mi hogar, con mi familia y amigos, lo cuales estoy seguro que no tardarán ni un segundo para echarse encima de nosotros, llenos de preguntas y con muchas ganas de conocer a mis hijos.

Sonreí mientras cargaba a Sakura entre mis brazos, Eriol tenía a Liam y Kaho a Ethan. Cuando entramos al recibidor me sorprendió ver que incluso Sakura y Syaoran habían venido junto con Akemi. Lo mismo pasó con Gin, Syaoran y Kohane. Pero lo que más llamó mi atención fue ver a Yuuko y Watanuki, ellos normalmente no vienen, además… estaban con una cara preocupada.

—Hola —saludé alegre, pero me desconcertó notar que la mayoría (Al menos los que tienen algún poder especial) se nos quedaba viendo de una manera muy extraña.

—Pero… ¿Qué demonios hiciste? —masculló Touya con los puños muy apretados, desde mi lugar se veía muy amenazante. No entendí su reacción hasta que recordé un leve detalle: el pequeño cambio en su hermana. Su presencia había cambiado, no se sentía más como la Sakura de siempre.

—Antes que nada —intervino Fujitaka, deteniendo al impulsivo de su hijo—. ¿Cómo está mi hija? —me miró con un poco de tristeza.

Estaba por contestarle, pero Yuuko se me adelantó.

—Ella se encuentra perfectamente bien, sólo necesita un buen descanso.

Todos la observaron y con eso pareció aligerarse un poco el ambiente tan tenso que se había formado.

—¡¿Pero por qué rayos le hiciste eso?! —espetó Touya, aún muy colérico.

—Hijo —intervino de nuevo su padre, más autoritario que antes—. Deja que lleve a tu hermana a descansar y estoy seguro que luego bajará a explicarnos la situación. ¿No es así? Fye.

Asentí firmemente con la cabeza, pasé mi mirada por todos y cada uno de los presentes, notándolos asustados y preocupados. Subí a recostar a mi esposa en su cama y Kaho me hizo el enorme favor de cuidar de ella y de mis hijos. Sayaka llegó de pronto y muy contenta me felicitó por mis hijos. Le agradecí el gesto y también que me ayudara a cuidarlos mientras yo aclaraba la situación con toda nuestra familia y amigos.

Bajé al salón principal donde todos estaban reunidos, esperando.

—Ahora sí, explica por qué convertiste a mi hermana en un vampiro —la voz grave y autoritaria de Touya casi me erizó la piel.

—Diciéndolo de esa manera lo haces sonar como un crimen.

—Lo es.

—No es así.

—Por supuesto que sí ¡Ahora es un monstruo! —exclamó, fuera de sus casillas.

Yo no pude más que apretar los puños por la impotencia.

—Hijo —Nadeshiko le puso un alto—. Basta.

—No me vas a decir que tú estás de acuerdo ¿O sí? —enfrentó a su madre.

—Lo importante aquí es que Sakura está bien —intervino mi padre, con una seriedad implacable.

—¿Llama a eso "bien"? ¡Es un vampiro!

—Lo sé, Touya, pero de no ser así… ella estaría muerta —contraatacó Yuuko.

—A decir verdad… Sakura murió, pero Fye logró traerla de vuelta justo a tiempo, si no fuera por él… ahora mismo los niños serían huérfanos de madre —señaló Watanuki.

Hubo silencio en el salón.

Todos parecían estar de acuerdo con la decisión que tomé, sólo Touya estaba muy molesto, pero finalmente entendió que si no lo hubiera hecho, Sakura… bueno, ya no quiero ni mencionarlo.

Finalmente con la ayuda de Yuuko y Watanuki, pude explicarles a todos lo ocurrido y afortunadamente entendieron mi posición.

—Yo hubiera hecho lo mismo —la voz de Syaoran hizo que todos lo vieran, esperando a que continuara—. A decir verdad fuiste muy valiente, Fye…

Le sonreí y agradecí con la mirada.

—Bueno, dejémonos de tristezas y vamos a lo interesante. No sé ustedes, pero yo quiero cargar a mis sobrinos —comentó Yuuko animadamente.

—¡Sí! Yo ya quiero conocerlos —la secundó Himawari.

—Los traeré para que los conozcan —no pude evitar sonreír al recordarlos. Me puse de pie, extrañamente con algo de dificultad, pero logré que nadie se percatara de ello, así que me dirigí cuanto antes a mi habitación, pero cuando iba a mitad de camino, en unos de los pasillos, todo comenzó a darme vueltas. Mi cabeza dolía y mis piernas flaqueaban, pero antes de que me sostuviera de la pared más cercana, alguien me había tomado del brazo y de la espalda, dándome apoyo para que no cayera.

Parpadeé confundido y enfoqué mi vista borrosa para sorprenderme al verla ahí.

—Señora Nadeshiko… —me sorprendí y ella me sonrió con ternura.

—Cuantas veces te he dicho que me llames sólo Nadeshiko —sonrió con la misma simpatía que Sakura, dándole calidez a mi corazón.

—Lo siento, Nadeshiko —sonreí, pero estaba confundido ¿Qué hacía ella allí?

—Noté que no te sientes muy bien e imagino lo difícil que debió haber sido tomar una decisión como la que hiciste hoy en la madrugada. Has de estar exhausto y aún tienes que lidiar con tantas visitas —soltó una risita—. Pero… ¿Sabes algo? —se le llenaron los ojos de lágrimas—.Estoy muy agradecida hijo… —no supe en qué momento mi suegra ya estaba abrazándome y llorando en mi hombro—. Sé lo que pasó, lo vi en un sueño hace tiempo y… tenía tanto miedo de que decidieras no convertirla. Gracias —me miró a los ojos con mucha ternura, como lo haría una madre.

Mi corazón se conmovió y no pude decir nada, simplemente asentí con la cabeza y correspondí el abrazo.

Nos separamos y me miró con un infinito cariño, así como mira a Sakura o a Touya.

—Tal vez no pueda hacer mucho, pero…—puso ambas manos en mi pecho, sobre mi corazón—… al menos esto te dará energías para soportar todo el día sin caerte desmayado del cansancio.

Una luz resplandeciente salió de sus manos y entró a mi pecho. Segundos después me sentí totalmente recuperado, como si hubiera descansado una semana completa.

—Vaya… es increíble. Me siento mucho mejor. Gracias Nadeshiko.

—Es lo menos que puedo hacer por un hijo mío.

La miré a los ojos, sorprendido.

Ya sabía desde hace mucho que me tenía cariño por ser el esposo de su hija, pero… nunca lo había sentido tan verdadero como ahora.

—Regresaré con los demás antes de que empiecen a sospechar —me guiñó un ojo—. Por cierto, no le diré a nadie, así que no te preocupes, pero prométeme que descansarás luego de esto ¿Sí?

—Por supuesto. Muchas gracias.

OoOoOoOoOoO

—¡Pero si están hermosos! —el gritito de Yuuko no se hizo esperar. Mis pobre pequeños se espantaron un poco con los gritos de su tía loca, pero pronto se acostumbraron.

No tienen ni un día de nacidos, así que muy a penas abren los ojos, por eso mismo no hemos tenido la oportunidad de ver su color, sólo espero que sean iguales a los de su madre.

Dejé que Yuuko y Watanuki los cargaran un momento. Al parecer los dos se emocionaron mucho al tenerlos entre sus brazos. Y ahora que los observo bien… se ven muy bien con bebé en brazos, además los dos parecen ser muy cuidadosos.

—Se parecen mucho a Sakura —murmuró Mokona, en el hombro de Watanuki mientras observaba a Liam.

—Aún son muy pequeños para definir su parentesco —mencionó Yuuko con mucha ternura en su expresión.

—Tienes razón, aunque… si se parecen un poco a ella —confirmó Syaoran al acercarse. No sé si se debe a que no he dormido nada o… el rostro de mi amigo estaba muy triste.

No. Seguro son ideas mías.

Pronto llegó el turno de los abuelos.

Mi padre y Fujitaka cargaron a mis pequeños, aunque Nadeshiko se puso muy nerviosa y en todo momento les decía cosas como: "Sujétalo firmemente" "Cuidado con su cabecita", etc.

Llegó la noche y Sakura aún no despertaba. Parecía estar muy agotada, lo noté cuando estuve recostado a su lado después de despedir a toda la familia y amigos, quienes se quedarían unos días en el castillo, al menos hasta que Sakura mostrara mejoría. Pero volviendo al asunto de mi esposa… era extraño, pero la notaba un poco distinta, no sé… tal vez sea por la transformación.

Me distraje unos momentos cuando escuché el leve llanto de uno de mis pequeños. Sonreí un poco y me apresuré a ir con ellos, porque si llora uno, el otro empieza a hacerlo también. Afortunadamente Nadeshiko me dio la gran idea de poner la cuna a un lado de nuestra cama, al menos hasta que tengan edad suficiente para dormir en su cuarto solos.

Miré a los dos pequeños y mi sonrisa se ensanchó ilimitadamente al ver cómo Ethan (El más pequeño) tomaba la manita de Liam y succionaba su pulgar, como si de un chupón se tratase. Contuve mi risa para no despertar a mi esposa, pero tomé en brazos a Ethan para que dejara de llorar. Grave error, pues le había arrebatado su valioso chupón a mi otro hijo, quien no tardó en soltarse al llanto también.

Por un momento no supe qué hacer, era difícil cargarlos a ambos al mismo tiempo, pero aún así hice lo que pude hasta tenerlos a uno en cada brazo.

Me sentí tan dichoso.

Y más aún cuando ambos se calmaron, y arrullados con mis suaves movimientos, comenzaron a bostezar. Pero lo siguiente no me lo esperé: Liam abrió sus ojitos lentamente después de haber soltado un gran bostezo. Ethan no tardó en hacer lo mismo. Ambos me miraban como si yo fuera la cosa más interesante en su mundo.

Mi corazón se inundó de dicha y alegría.

—Hola mis pequeños. Yo soy su padre —hablé como todo padre primerizo, sí, con ese tonito chistoso que se usa para hablarle a un bebé.

Seguí meciéndolos con calma, caminando por toda la habitación hasta que quedaron cómodamente dormidos entre mis brazos. Caminé hasta las puertas del balcón y me quedé ahí, observando el cielo nocturno. Mi gozo era tan grande que comencé a agradecerle a cualquier dios en el universo por esta gran bendición.

De pronto mis pensamientos fueron interrumpidos por una dulce voz que me llamaba titubeantemente. Me giré hacia la cama y ahí estaba: Sakura intentaba levantarse, pero se veía aún muy débil.

—Fye… —murmuró muy suavemente, cayendo sobre las almohadas después de un intento fallido por levantarse.

—¡Sakura! —me asusté al pensar que se había desmayado, pero al acercarme vi que no fue así.

—Tranquilo, estoy bien, sólo algo cansada —me sonrió como siempre solía hacerlo. De esas sonrisas que derriten hasta al témpano de hielo más grande. Yo suspiré con alivio y luego me percaté de ese brillo especial que se encendió en su mirar al ver lo que traía en brazos. Ahí fue donde recordé que aún no había conocido a nuestros hijos. No esperé más para subirme a la cama y acercarme a ella.

—Te presento…—deposité con cuidado a uno de nuestros pequeños entre sus brazos—. A Liam, el mayor.

Vi cómo su sonrisa fue aún más grande y más hermosa al tenerlo por fin en sus brazos. Yo también sonreí, pero por ver cómo la emoción la embargaba hasta soltar varias lágrimas.

—Y él…—le señalé al que yo traía en brazos mientras me acomodaba a su lado, lo más pegado posible—. Es Ethan, el pequeño.

—Son tan hermosos… —apretó a Liam un poco entre sus brazos y acarició su cabecita.

—Se parecen mucho a ti —murmuré divertido. Ella los miró y soltó una leve risita—. Oh, mira, quiere conocerte —dije sorprendido al ver que Liam abría sus ojitos.

—¡Tiene tus ojos! —exclamó muy emocionada y yo me avergoncé un poco—. Son iguales a los tuyos —dijo muy feliz, pero más bajito.

Y es que sí… los gemelos nacieron con mis ojos, pero con el hermoso cabello de su madre, tal vez algo más oscuro, pero aún así igual de hermosos.

Ethan no tardó en despertar para conocer a su madre. Al fin estábamos los cuatro juntos.

De pronto los dos se pusieron a llorar. Los miramos con mucha ternura, pues a diferencia de otros bebés, nuestros pequeños lloraban algo quedito. Sonreí con algo de diversión ante ello y miré el reloj sobre mi mesa de noche. Ya era hora de que comieran. Nadeshiko les había preparado una leche especial debido a que Sakura aún no podía alimentarlos, pero de eso ya habían pasado varias horas.

—Creo que tienen hambre —murmuró mi esposa con un infinito amor en su mirada.

Tomé a Ethan de nuevo entre mis brazos y caminé un poco por la habitación para tratar de calmarlo mientras Sakura alimentaba a Liam. Fue un poco tierno ver su frustración al no saber bien cómo hacerlo. Afortunadamente pronto encontró la manera, pues a decir verdad yo tampoco tenía idea de cómo debía amamantar a nuestros hijos. Contuve una sonrisa divertida después de mirarla y notar su sonrojo al percatarse de mi mirada, pero es que verla ahí con uno de nuestros hijos en brazos, con vida… eso me llenaba de felicidad, simplemente no podía contenerla.

Pronto llegó el turno del pequeño Ethan, el pobre parecía estar muriéndose de hambre pues tardó mucho en alimentarse. Después de un rato, los dos volvieron a quedarse dormidos, pero ahora en la cama, entre Sakura y yo. Ambos los cuidábamos, velando su sueño con tranquilidad y una paz que ya se extrañaba, hasta que…

—Fye, tenemos que hablar —se puso de pie y caminó hacia mí.

El momento no pudo prolongarse más, era momento de aclarar las cosas. Tragué en seco y me giré hacia ella, mirándola fijamente a los ojos.

—Lo sé…

—Morí ¿No es así?

Fue directo al grano, a decir verdad me llegó por sorpresa su franqueza. Sólo pude atinar a asentir levemente con la cabeza.

—Pero tú me trajiste de vuelta a la vida —me miró con sus ojos llorosos, su voz era apenas un hilo agudo y su mirada estaba llena de un sentimiento que no pude descifrar.

—No podía permitir que te fueras de mi vida, de nuestras vidas —me acerqué a ella hasta poder abrazarla y apretarla contra mi cuerpo.

—Gracias —con una de sus manos se aferró a mi camiseta, pronto sentí una humedad que se fue expandiendo por todo mi pecho. Estaba llorando, y me dolió hasta los huesos el simple pensamiento.

—Pero tienes que saber algo —la aparté suavemente de mí—. Tuve que transformarte en… —tragué en seco ¿Cómo se lo decía? No era nada sencillo—. En un vampiro —solté por fin, después de un poco más de un minuto en silencio.

Noté cómo sus ojos se abrían un poco más de lo normal, pero pronto su expresión volvió a la misma suave y serena de siempre. Luego me sonrió y se acurrucó de nuevo en el refugio que se habían vuelto mis brazos y mi pecho.

—Aún así, gracias… —fue totalmente sincera, lo sé.

—Pero tienes que saber que tu vida será muy distinta de ahora en adelante… —suspiré—. Yo seré tu presa para siempre y…

—No… —se despegó de mí como resorte, viéndome con expresión asustada.

—Es lo mejor —traté de calmarla un poco—. Y… tú serás la mía, será algo mutuo —la tomé de los hombros con suavidad reconfortante.

—Pero… yo no quiero lastimarte, tú has sido vampiro desde hace muchos años y sabes controlarte, en cambio yo…

Oh… había olvidado algo muy importante. Cuando recién me habían convertido a vampiro, sufrí durante varios meses para acoplarme a mi nuevo cuerpo, el cual reclamaba sangre de mi presa con urgencia. Recuerdo haber experimentado un hambre feroz, pero aún así no fui capaz de pedirle a Kurogane que me dejara beber de su sangre, no fue sino hasta que él mismo se cortó una muñeca para permitirme beber.

—No me lastimarás —incliné un poco mi cabeza hacia un lado, mirándola con ternura. A estas alturas ella aún se preocupaba por mi bienestar, cuando fue ella quien regresó de la muerte hace menos de veinticuatro horas.

Me puse de pie hasta darle la vuelta a la cama y así sentarme a un lado de mi mujer. Dejé que mi lado vampiresco aflorara, pensé en cortarme la muñeca, tal como había hecho Kurogane, pero a decir verdad eso fue un tanto incómodo, así que opté por otro método para hacerla beber de mi sangre.

—¿Q-qué haces? —me preguntó con nerviosismo al ver que me acercaba a ella, rodeándola con mis brazos por completo, sin dejarle escapatoria. Pronto se halló entre mis brazos, apretada contra mi pecho—. F-Fye.

Sonreí un poco y vi mis ojos dorados reflejados en los suyos, aún de color verde. Mordí mi labio inferior hasta que sangró lo suficiente, así pude acercarme a mi esposa, pero ésta retrocedió su rostro al descubrir mi plan. Yo no esperé más y uní mis labios con los suyos. Después de varios segundos rechazándome, su lado vampiresco afloró y reclamó con derechos la sangre que yo mismo le ofrecía. Abrí mis ojos y descubrí a los suyos: entrecerrados, pero con ese color característico en los vampiros, su mirada estaba nublada por el hambre, que ahora mismo estaba siendo saciada con mi sangre. Quise concentrarme en seguir sujetándola, pero simplemente no pude… algo en mí se encendió al sentirla succionar mi sangre de esa manera. Entonces ¿Así es como se siente ser una presa?

Ya no era necesario que la sujetara, pues cuando volví a abrir mis ojos, ella ya se encontraba a horcajadas sobre mí, sin separar sus labios de los míos. Llevábamos un buen rato, pero no me importó, dejaría que se alimentara hasta que su hambre desaparezca, aunque… hasta ahora me doy cuenta de que mi corazón late tan fuerte como si estuviera por tener un orgasmo.

Finalmente, luego de unos instantes sintiéndome mareado, Sakura se apartó lentamente de mis labios y me miró fijamente a los ojos, viendo su reflejo en los míos y notando que los dos poseíamos ahora el mismo tono dorado.

—Lo-lo siento, yo… —sus ojos volvieron a la normalidad y me miró aterrada, incorporándose de inmediato. Pobre de mi pequeña, cómo quisiera no hacerla pasar por este trauma, pero si no fuera así, ahora mismo estaría muerta. Y el simple pensamiento me calaba hasta los huesos.

—Tranquila mi amor —coloqué un mechón de cabello tras su oreja y la miré con ternura cuando un leve rubor adornó sus mejillas—. Te irás acostumbrando a ello y con el tiempo podrás controlar tu sed —con mi pulgar retiré un rastro de sangre en su barbilla, la cual alcé hasta unir sus labios con los míos en un beso tranquilo y amoroso.

—Gracias… —susurró al separarse del beso.

—Entonces… ¿No te importa ser vampiro? —la miré con un gesto preocupado.

—No si era la única forma de poder permanecer a tu lado —se aferró de nuevo a mí—. Muchas gracias por haberlo hecho, de verdad —depositó un dulce beso en mi mejilla y eso fue más que suficiente para sentirme aún más feliz.

No dije nada más, simplemente la apreté entre mis brazos hasta que la pobre soltó un leve quejido. Sí, había sido algo brusco, pero aún así ella rio un poco y correspondió con fuerza.

Pronto unos leves hipidos desviaron nuestra atención hacia dos pequeños bultitos descansando en la cama, caminamos hacia ellos y nos recostamos de nuevo en la cama, rodeando a nuestros hijos. Ambos sonreímos al ver que Ethan tomó el pulgar de su hermanito y lo usaba como chupón. Liam pareció no estar conforme con eso y retiró su manita de inmediato, haciendo que el otro comenzara a sollozar.

Momentos después me sorprendí con la naturalidad de Sakura al momento de extender su brazo hacia Ethan e introducir la punta del meñique en su pequeña boquita. Al instante mi pequeño dejó de hacer pucheros y succionó el dedo de Sakura como si fuera un chupón. Y al ver que su idea había resultado buena, mi esposa giró a verme con una gran sonrisa.

No había duda alguna, Sakura sería una gran madre. No… ya lo era.

—Sigo sin poder creer que sean dos —soltó una risita mientras yo me dedicaba a ver a mis hijos y a mi esposa simultáneamente. Maravillado por lo que tenía a mi lado.

—Yo igual —suspiré satisfecho, empujando un poco a mi esposa hasta que se recostó de lado y yo me dedicaba a abrazarla por la espalda. No supe en qué momento todo a mi alrededor dejó de tener color, sonido ni luz.

—¿Estás cansado mi amor?

—¿Eh? —abrí mis ojos abruptamente. Lo primero que vi fue el cabello castaño de mi mujer debajo de mi barbilla, alcé un poco los ojos y noté que mis pequeños descansaban muy cerca de su madre, con una gran almohada al otro extremo para evitar que se cayeran de la cama, pero… ¿En qué momento? Acaso… ¿Me había quedado dormido? La respuesta a mi pregunta llegó cuando escuché la risita cantarina de mi mujer.

—Deberías descansar, Fye. Imagino que después de todo lo que ocurrió no has podido pegar el ojo ¿O me equivoco?

—Mmm… no, pero… —me tallé un ojo perezosamente mientras cambiaba un poco de posición.

—Deberías dormir un poco más.

La observé mejor y noté que ella sí había estado despierta todo este rato.

—¿No tienes sueño?

Rio suavemente.

—Dormí casi un día entero, estoy mucho mejor —se giró un poco para verme cara a cara y sí, en efecto se veía muy recuperada—. Además…—desvió un poco la mirada—. He estado pensando en muchas cosas…

—¿Algo malo? —me preocupé al ver su gesto serio, pero me relajé un poco al verla negar suavemente con la cabeza.

—Pero… sigo sin entender qué fue aquello que sentimos cuando nuestros pequeños estaban por nacer ¿Lo recuerdas? Aquel temblor extraño y esa fuente de poder tan increíble.

La noté muy impresionada, y no era para menos, pues ese poder incluso me asustó a mí.

—Sí, lo recuerdo muy bien.

—¿Sabes qué fue?

Puse una mano en mi barbilla, pensativo.

—Sí.

—¿Qué fue entonces? —preguntó, impaciente.

Recordé la charla que tuvimos todos en el salón principal hace un par de horas. Yuuko nos explicó la fuente de ese gran poder.

—Fue causado por Ethan y Liam.

Su gesto de desconcierto fue igual al mío cuando me enteré.

Solté un pesado suspiro y procedí a explicarle lo mismo que Yuuko nos dijo a todos cuando presentamos esa pregunta. Le expliqué a Sakura que por una razón, aun desconocida, Ethan y Liam poseían un poder increíblemente alto al estar juntos. Era algo parecido al asunto de Yuui y yo, pues de pequeños fue lo mismo, pero esto difería en la cantidad de poder, pues incluso son más fuertes que mi gemelo y yo juntos. Por una parte me sentí orgulloso de que mis hijos no sólo heredaran mi poder, sino que fueran aún mejores, pero mi alegría se acabó cuando recordé todo lo que he sufrido gracias a este poder con el que nací, han sido tantas las desgracias que incluso hubo momentos en los que deseé haber nacido sin poder alguno.

—Es increíble… —miró a nuestros pequeños, aún no creyéndolo—. Pero… justo ahora no siento poder alguno en ellos.

—Esa es otra cualidad, o al menos eso nos dijo Yuuko. Ellos muestran su poder sólo cuando quieren, y cuando no, lo mantienen oculto.

—Vaya… entonces no sólo heredaron de ti los ojos —me miró con una sonrisilla traviesa, aunque aún así la sentí algo preocupada al respecto, y pude imaginar cuál sería la causa de esa preocupación.

—Tranquila mi amor, sé lo que te preocupa, pero eso no ocurrirá. Jamás dejaré que algún loco intente hacerles daño por ser gemelos. Antes tendrían que enfrentarse a mí; y te prometo, Sakura, que no dejaré que les toquen ni un cabello. Eso te lo juro.

La preocupación en sus ojos se disipó un poco, pero aún así había un atisbo de mortificación en su expresión. No podía culparla, yo mismo me siento angustiado al enterarme, horas atrás, que el hospital central de Valeria se había incendiado a causa de un bombardeo que salió quién sabe de dónde. Temo que los habitantes relacionen el nacimiento de mis hijos con esa extraña desgracia. Aunque… aún no saben que nacieron, ni mucho menos que son gemelos.

Suspiré, pensando en otra cosa muy importante y que también podría tener preocupada a mi esposa.

—Sé también que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, por eso mismo me encargaré de entrenarlos e instruirlos para que usen de manera correcta sus poderes, sin arriesgar sus vidas. No tienes de qué preocuparte amor —acaricié su cabello—. La historia no se va a repetir —al parecer di en el clavo, pues su expresión se alarmó un poco ante lo que dije—. Nos tienen a nosotros, también a tus padres, a Ashura, a toda la familia. No estarán solos nunca. Además… no te lo mencioné antes, pero al ser vampiros tendremos una longevidad que nos permitirá conocer hasta nuestros bisnietos.

Sus ojos verdes se abrieron más de lo normal ante esto.

—Pero… ¿No había perdido tu longevidad a cambio de una cura para Yuui hace ya varios años?

—Sí, pero noté que aún la poseía gracias a mi sangre de vampiro. Me di cuenta porque, a pesar de los años, me sigo viendo igual que cuando fuimos al país de Tokyo.

—Tienes razón… —dijo admirada mientras acariciaba mi cabello en un gesto muy tierno de su parte—. ¿Cuándo te irán a salir canas? —preguntó con tal seriedad, que no pude contener mi risa.

—Creo que para eso aún faltan muchos años mi amor —besé su frente—. Además, aunque no tuviéramos la longevidad, aún somos muy jóvenes para eso, bueno yo tengo veintisiete y tú veintidós —me encogí de hombros.

—¿Seguro que tienes sólo veintisiete años? —alzó una ceja, inquisitivamente.

—En proporción, sí —reí—. Aunque si te digo cuántos años he vivido en realidad, te asustarías…

—Dime —pidió con la curiosidad de una niña en sus ojos.

—¿Segura? —reí un poco incómodo. Ella asintió con emoción y yo suspiré resignado—. Doscientos setenta —murmuré.

—¡¿Qué?!

Lo sabía, se asustaría.

—¡Es increíble!

—Bueno… gracias a mi magia pude vivir muchos años, aunque mi longevidad disminuyó considerablemente al convertirme en vampiro.

—¡¿Cómo?! ¿Quieres decir que si fuera por tu magia, vivirías aún más?

—Me temo que sí, pero para qué vivir tanto si no puedes quedarte con las personas que amas. Ellos algún día se irán de esta vida y tendrás que quedarte a ver cómo cada uno de ellos se va mientras tú estás aquí…

Sakura vio la tristeza en mis ojos, así que acarició mi mejilla para reconfortarme un poco.

—Lo bueno es que nuestras vidas están unidas, literalmente hablando —le sonreí y ella pareció no entender muy bien—. Sí, quiero decir que… si por alguna razón llegaras a morir, al ser tú mi presa, yo moriría poco después.

—¡¿Qué?! Pero… ¿No podrías alimentarte de alguien… más? —vi lo extraña que se sintió al decir aquello.

—Podría hacerlo, pero eso sólo reduciría mi longevidad, provocando mi muerte en unos años —la abracé nuevamente, por la espalda y apoyando mi mentón en sus suaves cabellos—. Me gusta esa condición, pues si tú te vas, te seguiré irremediablemente. Estamos unidos en la vida y en la muerte.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

Miraba a las estrellas por la ventana, suspirando al rememorar los sucesos más recientes. Pronto una voz lo alertó, sacándolo de sus pensamientos.

—¿Tampoco puedes dormir? —preguntó, con su sonrisa ladina tan característica.

—Touya… —sonrió levemente y volvió a mirar por la ventana—. No, no puedo dormir.

El moreno se sentó a un lado de su amigo de toda la vida y miró por la ventana. Yukito agradeció su silenciosa compañía que ahora mismo le venía tan bien. O eso creyó, hasta que…

—Estás muy callado ¿Qué te preocupa?

El sacerdote abrió los ojos de par en par, sorprendido al ver que su amigo siempre daba en el clavo. Sonrió con suavidad y lo miró a los ojos.

—Muchas cosas… —suspiró—. Una de ellas es el poder de los gemelos, ciertamente es increíble y temo que no puedan llegar a controlarlo cuando crezcan —silenció al ver la sonrisa en su amigo. Lo miró con curiosidad y el otro pareció entender su duda.

—Recuerda a quienes tienen como padres. Para empezar, la monstruo no dejará que nada les pase, será una mamá sobreprotectora; y en cuanto al mago, sé que se encargará de enseñarles bien cómo usar sus poderes y también los protegerá ante cualquiera que atente contra ellos, ya sabes cómo es de paranoico —se cruzó de brazos, con esa sonrisa ¿Orgullosa? En su expresión.

—Es verdad…—suspiró con cierto alivio. Su amigo tenía razón, no tenía por qué preocuparse.

—Además…—volvió a sonreír como siempre—. Esos pequeños mocosos nos tienen a nosotros y a toda la familia.

Ahora sí, Yukito no tenía de qué preocuparse, pues incluso él daría lo que fuera por sus sobrinos, sí, sus sobrinos, pues los quería como tal.

—¿Qué más te preocupa?

—¿Eh?

—Dijiste que esta era sólo una de las tantas cosas que te preocupaban.

—Oh, bueno… el incendio en el hospital fue algo extraño, ¿No crees? No me parece que fuera coincidencia o accidente.

—A mi tampoco —se puso serio—. Definitivamente alguien sabía que ese flujo de poder venía de los niños, por eso mandó bombardear el hospital, estoy seguro. Tal vez pensaba que Sakura estaría ahí dando a luz.

—Pero… ¿Por qué alguien querría deshacerse de unos bebés? —preguntó, angustiado y hasta con algo de enfado, no entendiendo.

—Por temor.

¡Era verdad! Si habían atentado contra ellos, era nada más y nada menos que por miedo al sentir ese poder tan inmenso. Quienquiera que haya mandado esas bombas, se sintió intimidado por dos pequeños bebés.

—Afortunadamente Sakura estaba en otro lugar —suspiró aliviado y miró a su amigo, tenía el ceño más fruncido de lo usual—. ¿Qué ocurre Touya?

—Debemos averiguar quién fue el responsable. Obviamente es alguien que no quiere vivos a los gemelos, y si no logró su cometido ¿Quién dice que no volverá a intentarlo?

—Lo sé, ya había pensado en esa posibilidad. ¿No crees que sería mejor que Sakura y los bebés se fueran un tiempo a Clow?

El príncipe sonrió con socarronería.

—Pensé que el hermano sobreprotector era yo, Yuki.

El aludido se sonrojó un poco y rascó su mejilla.

—Bueno, sabes que para mí ella es como mi hermana.

—Lo sé, sólo bromeaba. Pero… al ver cómo se puso el mago de paranoico cuando hablamos sobre esto, me sentí seguro, pues sé que no dejará que nada le pase a su familia.

—Le tienes mucha fe a Fye ¿No es así? —preguntó con algo de gracia, y más al ver cómo su amigo gruñía y desviaba la mirada. Nunca lo admitiría, pero sabía que Touya estimaba mucho a su cuñado y se sentía seguro de que él fuese el esposo de su hermana.

—De algo debe servir que sea un mago-vampiro ¿No? —gruñó, volviendo a mirar por la ventana.

—Y aunque no lo fuera, él cuidaría de su familia con todo su ser.

El otro ya no respondió, sólo resopló y fue suficiente para que Yukito entendiera que estaba de acuerdo.

OoOoOoOoOoO

—¿¡Qué?! ¿Pero cómo que el hospital fue bombardeado?

—Antes que nada, debes tranquilizarte, Sakura —le advirtió al ver que intentaba levantarse de la cama como si nada le hubiera pasado antes.

—Pero Fye…

—Nada de peros, tu esposo tiene razón, además… ya no hay razón para preocuparse. No hubo ningún herido; Yuki, Eriol y yo fuimos a revisar los daños y no hay más que pérdidas materiales.

—Muchas gracias de nuevo, Touya.

—Es lo menos que podíamos hacer —se encogió de hombros el aludido—. Así que ahora preocúpate sólo por tu salud —sentenció, mirando a su hermana con seriedad.

—Sí… —se sintió incómoda con la frialdad de su hermano, pero el ambiente tenso se disipó con el llanto de los pequeños.

—Por cierto… también vine a ver cómo estaban mis sobrinos —por primera vez sonrió de lado y se acercó a la cuna de los pequeños—. ¿Puedo? —preguntó, señalando a uno de los gemelos.

—Por supuesto —Fye se acercó y tomó a Liam en brazos para luego pasarlo a los de su tío—. Vuelvo en un momento —se excusó al ver que tenía una llamada perdida de Kurogane.

Ciertamente había hecho lo posible porque Sakura no se enterara de lo sucedido con el hospital, sabía que se alteraría y era lo menos que deseaba ahora, pero desafortunadamente los escuchó a él y a Touya hablando del tema cuando creían que seguía dormida. Además… el joven príncipe de Clow estaba algo serio con su hermana y eso le preocupaba ¿Acaso estaría molesto con ella? ¿La discriminaría por ser lo que ahora es? Por eso mismo decidió inventar una tonta excusa y así salir de la habitación para darles tiempo de hablar a solas. A penas estaba amaneciendo y Touya sería el primero en hablar con ella.

—Hermano…—su voz fue a penas un susurro.

—Dime —dijo sin apartar la vista de su pequeño sobrino.

Pocas veces Touya lograba ese efecto de autoridad sobre su hermana, pero cuando lo hacía, era verdaderamente intimidante, tal como en esta ocasión, la pobre estaba de piedra sobre la cama ¿Qué le diría? "Oye hermano ¿Adivina qué? Soy un vampiro y me alimentaré con sangre de ahora en adelante? Viviré más años que tú, pero es normal" no, definitivamente no podía decirle eso. Ya sabía que Touya estaba enterado, sino no estaría con ese humor de perros que se cargaba ahora, pero el problema era cómo enfrentar la situación. Finalmente tragó en seco y procedió a hablar.

—Sé que la noticia tal vez no te agradó mucho y…

—¿Que si me agradó? ¡Ja! La noticia de que tu hermana es casi inmortal y que su dieta de ahora en adelante no variará mucho de la sangre, no es gran cosa ¿Sabes? —y ahí estaba, su buen amigo: el sarcasmo.

—Touya…—murmuró con tristeza.

—No es fácil asimilar eso —habló ya en serio—. También me es muy difícil hacerme a la idea de que falleciste y reviviste sólo gracias a que ahora eres… eres eso —frunció su entrecejo más de lo normalmente permitido.

—¿Estás muy enfadado? —casi se encogió sobre la cama.

—¡Lo que le sigue! —explotó, pero luego se contuvo y respiró profundo al notar que su sobrino se quejaba entre sus brazos—. Pero si era la única manera de que volvieras a la vida… —cerró los ojos, aún no digería el asunto—…le estaré eternamente agradecido al mago…—esto lo dijo con tal suavidad y sentimiento, que Sakura no cupo en sí de la sorpresa.

—Lo siento… —bajó la cabeza, conteniendo las lágrimas.

El príncipe se alertó ante eso y se percató de que tal vez estaba siendo muy duro con ella. Suspiró pesadamente y se acercó, sentándose a su lado y alargando una mano para acariciarle el cabello.

—No tienes por qué hacerlo —dijo suavemente.

—Pero… —hipó—. Si yo no hubiera insistido tanto en ir a esa cabaña, mis hijos hubieran nacido en el hospital sin ningún problema y…

—Y ahora mismo estarían muertos —la cortó de tajo, dejándola más dura que una piedra.

La castaña abrió sus ojos enormemente ante esa verdad tan cruda. Su hermano tenía razón…

—Si no te hubieras encaprichado, ahora mismo podrían estar… tú sabes… —dirigió nuevamente su vista hacia el pequeño bebé entre sus brazos. Sonrió suavemente al ver lo tierno que era—. Así que deja de llorar de una buena vez —había apretado la mandíbula al pensar en lo que pudo pasar, pero se sintió aliviado al tener a su hermana a un lado, viva, sana y salva.

La castaña se enjuagó las lágrimas con el dorso de una mano y asintió enfáticamente con la cabeza.

—Perdóname tú a mí.

De pronto se halló en medio de un fuerte y reconfortante abrazo. Touya la apretó más contra él y puso la barbilla sobre su cabeza.

—Creo que fui muy duro —susurró levemente—. Aunque hay algo bueno dentro de todo esto… —se separó y notó la mirada curiosa de su hermana—. Puedo llamarte monstruo con toda la extensión de la palabra.

—¡Hermano! —por primera vez en el día, la castaña soltó una risotada que alivianó por completo el ambiente. Con esto Touya se dio por bien servido, no quería verla más triste.

—¿Ya ves lo que causas, monstruo? —preguntó con socarronería al escuchar el llanto de su otro sobrino. No pensó ni un segundo para dejar a Liam en brazos de su madre y correr por el otro pequeñín—. Oh mira… —señaló a Ethan, tomando uno de sus dedos y succionándolo—. Creo que tiene hambre —rio un poco.

—Siempre hace eso —rio junto con su hermano.

—Y… ¿Cómo estás? —más que una simple pregunta, era una cuestión de verdadera preocupación. Ella entendió de inmediato que se refería a su estado de salud.

—Muy bien. Sinceramente ya me siento por completo recuperada, pero Fye es muy sobreprotector y me quiere en cama todo el día, al menos hasta que me acostumbre a mi nuevo estado.

—Ya veo…

—No es tan malo… después de todo tengo a Fye a mi lado y él me ha ayudado a controlar ciertos aspectos de mi nueva naturaleza.

Touya se alejó chistosamente de su hermana.

—No me digas que irás mordiendo a cualquiera que se te pare en frente —hizo una mueca chistosa de espanto muy mal fingido.

—¡No seas tonto! ¡Claro que no! —refunfuñó.

—Menos mal, aún así… sigues siendo un monstruo ¿Verdad que sí Ethan? Tu mami es un monstruo —habló con vocecita chistosa, pero el pequeño no pareció contento con el adjetivo que le dio a su mami y empezó a llorar.

—Vez, no está de acuerdo.

OoOoOoOoOoO

Sabía que era de mala educación escuchar conversaciones ajenas, pero no pudo evitar usar su magia para escuchar la conversación entre su esposa y cuñado. Se sintió tranquilo al ver que todo terminó bien y que ya no habría problemas con Touya.

Soltó un suspiro de alivio y se encaminó al salón principal, seguro ahí estarían todos reunidos, aún no desayunaban, pero el tema del bombardeo los tenía muy nerviosos a todos, incluso a los de Clow. No habían querido decirle la verdad a la emperatriz, pero hubo más de cien pérdidas con el incendio que procedió al bombardeo, eso sin contar los daños casi irreparables que sufrieron las instalaciones. Toda la familia se reuniría para ver qué pudo haber causado aquello y cómo reaccionar si el pueblo creía que había sido culpa de los gemelos. Tenían que hacer un plan de emergencia por si los ciudadanos se alteraban y exigían respuestas, o peor aún… por si acaso exigían la muerte de los pequeños, tal como en aquellos años, cuando Fye y Yuui nacieron y se vinieron muchos problemas al país.

El rubio se detuvo a unos pasos de su silla en el comedor, pues una manita jalaba con insistencia sus ropas. Bajó la mirada hasta encontrarse con la pequeñita de cinco años, hija de Sakura y Syaoran.

—Tío Fye, ¿Cuándo va a venir Yuui? —preguntó, mirándolo con sus enormes y hermosos ojos verdes tan iguales a los de Sakura.

Es una pena que Ethan ni Liam hayan heredado esos ojos —suspiró mentalmente y luego le sonrió a la pequeña—. Hoy Yuui no desayunará con nosotros, fue a ver a una amiga y volverá hasta la tarde —le explicó con una sonrisa mientras revolvía con suavidad sus cabellos. La niña pareció "desinflarse" pues su ánimo decayó bastante.

—Familia —llamó de pronto Yuuko, atrayendo la atención de todos los presentes—. Quiero aprovechar a que estamos casi todos para darles una noticia muy importante.

—¿De qué se trata? —inquirió el ninja con fastidio.

—Watanuki y yo nos vamos a casar —dijo muy feliz, enseñando su anillo de compromiso.

Los presentes no pudieron contener una exclamación de sorpresa ante tan repentina noticia.

—Y vamos a ser padres —completó con el mismo tono alegre de hace rato, como si no fuera suficiente la sorpresa que causó en sus amigos.

Watanuki caminó hacia ella y la abrazó con cariño pro la cintura.

—Yuuko, creo que debiste haberlo dicho con algo más de tacto —rio nervioso al ver las caras desencajadas de todos sus amigos.

—¿Qué? ¿A caso se les hace tan extraño? —preguntó con un dejo de enfado y tristeza.

—No, para nada. Lo que si nos asusta es la vida que llevará el pobre niño al tenerte como madre —negó con la cabeza, cruzándose de brazos y dramatizando.

—¡Kurogane! —lo reprendió Himawari, quien sí se había emocionado bastante con las dos buenas noticias—. Yuuko, Watanuki, muchas felicidades. Estoy segura de que ese hijo que tendrán será muy feliz con ustedes como padres.

—Claro, nunca se aburrirá del circo que habrá en su casa —siguió el moreno, molestando con toda la intención a la bruja—. Aunque ahora que lo pienso… ya se habían tardado —rio con burla.

—Pues tú te has tardado más, querido —se cruzó de brazos, ofendida—. Para estas fechas tú y Himawari ya deberían de estar encargando al tercero y apenas tienen al hermoso de mi sobrino Daisuke. Así que no estás en posición de reclamar nada —lo apuntó con un dedo acusador y dramatizó al hacerse la víctima—. Si Sakura estuviera aquí me defendería junto con Himawari, Nadeshiko y Sakura ¿No es así? —se llevó una mano al rostro, exagerando su gesto de desolación.

Finalmente todos rieron y los felicitaron por esa nueva etapa que comenzaría en sus vidas, nada fácil por cierto, y de eso se encargó Kurogane de hacerles saber, platicándole sus anécdotas con el vómito de bebé, babas de bebé, popó de bebe y todo lo apestoso que puede salir de un ser humano tan pequeñito como el siempre tierno y lindo Daisuke.

OoOoOoOoOoO

Acarició la suave mejilla de Liam y acomodó los cabellos castaños de Ethan. Sus hijos… esa combinación perfecta de ADN entre Fye y ella. Los gemelos eran algo tan suyo y de él, sus hijos… aún no podía creerlo y tampoco lo bien que sonaba decir eso.

—Mis hijos… nuestros hijos…—suspiró con emoción contenida. Todavía podía recordar la emoción al sentir sus primeras pataditas, o cómo casi lloró Fye cuando él también pudo sentirlas con ella, y eso que se dice que las emocionalmente inestables durante el embarazo son las mujeres. Pero Fye lloraba, reía, se enfadaba o se carcajeaba en cuestión de segundos y sin motivo aparente. Recordaba con diversión cómo en ocasiones molestaba a su esposo diciéndole que tenía un trastorno de personalidad múltiple o que se estaba volviendo bipolar, pero Fye sólo ponía los ojos en blanco y dejaba que se quedara con su ataque de risa posterior, aunque en otras ocasiones reaccionaba divertido y en otras… se ponía sentimental y dramático.

Salió de sus pensamientos cuando la puerta de la habitación se abrió y dejó ver a un feliz rubio asomándose y caminando de prisa hacia ellos.

—Desayunaste muy rápido —se sorprendió.

—Es que ya quería estar de vuelta con ustedes —se quitó el suéter, los zapatos y se metió a la cama a un lado de su esposa. El día estaba muy tranquilo y daban ganas de no hacer nada más que tumbarse en la cama y observar a sus pequeños durmientes durante todo el día. Eran tan tranquilos que costaba creer que había un par de bebés recién nacidos en el castillo. Si a caso el más inquieto era Ethan, pues lloriqueaba cuando su hermano no dejaba que le chupasen el dedo pulgar. Esto divertía mucho a sus padres, quienes veían cómo Liam era mucho más serio y tranquilo que el escandaloso Ethan. Así vieron que desde ahora el carácter de cada uno ya se estaba forjando.

—Son tan hermosos…—susurró Sakura después de sentir los brazos de su marido rodearla por la cintura.

—Te salieron muy lindos —bromeó el rubio—. Estoy seguro que los demás serán igual de hermosos…

—S-sí, lo serán, pero… —alzó la vista hacia su esposo, nerviosa—. ¿Podríamos esperar un par de años antes de embarazarme de nuevo?

El rubio la miró extrañado, no entendiendo el por qué quería esperar, hasta que recordó todo lo que tuvo que pasar para que sus hijos estuviesen ahí junto a ellos en estos momentos.

—Tienes razón mi amor —besó su frente con un infinito cariño y paciencia—. Esperemos unos años antes de volver a intentarlo —sonrió de lado, mirándola sólo como él sabía hacerlo: derritiéndola por la calidez de esa mirada tan azul y tan profunda.

—Gracias cariño —soltó una leve risilla al sentir los labios de su esposo besar con mucha tranquilidad su cuello.

—Por cierto… ahora quienes van a tener un hijo son Yuuko y Watanuki —le informó con emoción, pero notó que su esposa asentía con una gran sonrisa—. ¿Acaso tú…?

—Sí, ya lo sabía —sonrió—. Yuuko me lo dijo antes que a los demás, aunque en realidad se le escapó —rio al recordar cómo lo confesó sin pensar después de cargar a los gemelos y decir que esperaba que su bebé fuera tan lindo como ellos.

—Sinceramente no me la imagino como madre —no pudo contener una leve carcajada.

—Lo será, estoy segura de ello…—aseveró al pensar en todas las ocasiones en las que Yuuko se esmeró en cuidarlos durante aquel largo viaje por las dimensiones, recordó cómo la bruja se preocupaba por ellos y los cuidaba casi como si se tratase de sus hijos, velando siempre por su bienestar. Definitivamente sería buena madre, algo loca, pero buena al fin y al cabo.

Salió de sus pensamientos al sentir como el rostro de su esposo descansaba sobre su cabeza, acostado detrás de ella y abrazándola por la cintura. Lo sintió muy quieto y eso le llamó la atención.

—Fye… ¿Amor? —insistió, y al no recibir respuesta se giró un poco y levantó el rostro hasta toparse con el bello rostro durmiente de su marido. El aire se le atoró en la garganta. Fye siempre estaba tan perfecto, incluso durmiendo, con su rostro más pálido de lo normal, sus labios entreabiertos, sus ojos cerrados y su pelo un poco más revuelto de lo normal.

Suspiró extasiada… en esos momentos no podía ser más feliz.

Se apegó un poco más a su esposo, sintiéndose segura y resguardada con ese calorcito que le brindaba su cuerpo pegado al de ella. Pero de pronto su olor le golpeó de lleno y se vio a sí misma cerrando los ojos y aspirando con fuerza. Era una patética enamorada, pero ya no tenía remedio (Ni quería tenerlo) era feliz así, y es que sólo Fye había logrado causar esos sentimientos en ella.

Miró una vez más a su esposo y sintió de nuevo esa dicha invadiéndola de pies a cabeza. Incluso estaba asombrada al ver que Fye seguía causando el mismo efecto en ella que cuando se conocieron, sus rodillas aún temblaban de emoción al verlo y su estómago se llenaba de mariposas con cada beso. Todos y cada uno de los momentos a su lado eran tan valiosos y hermosos que los atesoraba muy dentro en su corazón.

Dio un respingo al sentir que algo dentro de sí palpitaba, era un deseo irrefrenable por alimentarse y no precisamente de comida común y corriente… todo empezó cuando enfocó su mirada en cierta vena palpitante en el cuello de su esposo.

No… contrólate Sakura, contrólate —se decía a sí misma. Tragó en seco cuando el mago inconscientemente se movió hacia atrás exponiendo más su cuello, ajeno al hambre feroz que atacaba a su mujer en esos momentos.

Sakura no pudo soportarlo más y poco a poco se fue girando en la cama hasta quedar de frente a él. Lenta y suavemente se acercó a su cuerpo, apoyándose con cuidado en su pecho y sin percatarse de que con cada movimiento su marido quedaba más en la orilla de la cama. Se dio cuenta de esto último cuando de pronto el pobre mago terminó tirado en el suelo y vaya que dolió, pues su cama no era nada bajita.

—Auch… —soltó un quejido, despertando abruptamente y mirando hacia todos lados—. ¿Qué ocurrió?

—Creo que estabas dormido muy en la orilla —soltó una risilla nerviosa, agradeciendo internamente que ocurriera eso, o si no en estos momentos ella…

El rubio se levantó y con pereza se volvió a meter a la cama, pero antes acomodó a sus hijos de nuevo en la cuna, sería malo si se acostumbran a dormir en la cama de ellos. Estando ya en la cama se sentó contra el respaldo del colchón y apretó a Sakura contra su cuerpo, ella enterró el rostro en su cuello y él soltó unas risitas ahogadas porque su respiración le hacía cosquillas. Afortunadamente pudo controlarse y abstenerse de clavar sus colmillos en ese cuello tan…

—¿Te estás quedando dormida? —la voz del rubio la distrajo de su casi pérdida de control.

—No, sólo estoy agustito —susurró y ella sonrió relajadamente. Se estaba tan bien así… ése era su lugar, si por ella fuera, no se movería de allí ni en mil años.

—Yo también… —suspiró largamente y la apretó más contra él.

—Te amo.

—Yo también te amo, Sakura —pronunció las palabras con una adoración y una reverencia que la hizo estremecerse. Lo miró a los ojos y ese brillo en sus zafiros garantizaba sus palabras. No había lugar a dudas, él la amaba como a nadie en el mundo y obviamente era recíproco. Ya nada más le importaba en el mundo, sólo su familia y por supuesto Fye, el amor de su vida.

El rubio sonrió al notar la mirada perdida de su esposa.

—¿En qué tanto piensas mi princesa? —cuestionó, jalando chistosamente su mejilla. Sakura rio melodiosamente.

—En que soy inmensamente feliz con el hombre que amo y con estos dos pequeños que son parte nuestra, fruto de nuestro amor y cariño. Estoy feliz de poder estar así, contigo —señaló la cómoda posición en la que estaban acurrucados.

Y ahí estaba… el paraíso completo para Fye: su esposa feliz entre sus brazos.

OoOoOoOoOoO

Pasaba del mediodía y ella estaba tan aburrida como sola en ese enorme jardín. Había esperado ese viaje con ansias para poder pasar tiempo con su amigo, pero resulta que se fue a visitar a una disque "amiga" a quién sabe dónde.

Refunfuñó por enésima vez y se dejó caer al pie de un enorme y frondoso árbol de cerezos en flor, justo donde su querido amigo Yuui le había regalado su conejito Dandy. Suspiró y se recargó más contra el tronco, hasta que un par de murmullos y risitas la distrajeron. No supo por qué, pero su instinto la hizo esconderse detrás del árbol, buscando a los dueños de esas voces.

Sus enormes ojitos verdes se abrieron de par en par, sumamente sorprendidos al ver a su mejor amigo de la mano con su "Amiguita" de inmediato la reconoció como Tomoyo, aquella chica que fue a visitarlo al castillo cuando enfermó hace un buen tiempo.

—¡Es hermoso! Hay demasiadas flores —exclamó la pelinegra—. ¡Y no hace nada de frío!

—Sí, se debe a la magia que resguarda a este jardín, por eso es especial —sonrió nerviosamente.

Akemi frunció el ceño al verlo tan nervioso con esa niña.

—Es muy especial este lugar —agregó Yuui, con las mejillas sonrojadas.

—¿Y por qué me trajiste aquí?

—Porque tengo algo especial qué decirte…

La hija de Syaoran Li se decidió air hacia ellos y unirse en su plática, más que nada para evitar que esos dos estuvieran solos. Sentía algo extraño al ver a Yuui tan animado con otra niña que no fuera ella y eso le causaba un gran conflicto. Lo que no sabía es que eso que siente tiene un nombre: Celos.

Pero muy tarde, para cuando la pequeña se encaminó hacia ellos, Yuui ya tenía a Tomoyo sujetada de la cintura con una mano y con la otra su rostro, pegado al de él en un beso muy cálido y profundo que era muy bien aceptado por parte de la amatista.

La pequeña se quedó inmóvil, parada a medio camino de distancia hacia ellos, mirándolos sin poder dar crédito a esa escena. Juntó sus manitas sobre su pecho y las apretó con fuerza, tratando de apaciguar el nudo tan grande que se formaba en su garganta y ese enorme vacío que la invadía desde el fondo de su corazón.

¿Por qué? ¿Por qué? —pensaba, con un extraño sentir en su pecho—. Yuui, ¿Por qué?

El aludido alcanzó a escuchar el casi imperceptible murmullo de la niña, provocando que se separara bruscamente de Tomoyo y mirara a la pequeña con algo de asombro y vergüenza.

—Akemi…—susurró, aun dentro de su impresión.

—¡¿Por qué?! —exclamó con un tono muy lastimero. Ya no pudo contener más sus lágrimas y se echó a llorar justo antes de emprender la carrera hacia el castillo.

—Akemi… —volvió a mencionar el rubio, preocupado, pero aun así no fue tras ellas, sino que mejor se quedó con Tomoyo.

—¿Qué le pasa? —preguntó la amatista con preocupación.

—No lo sé, creo que le impactó un poco ver que te besaba… —se rascó la nuca, nervioso.

Lo que Akemi no sabía era que Yuui y Tomoyo tenían una relación de novios desde hace poco más de una semana, sólo que aún no le decían nada a la familia y era precisamente lo que tenían pensado hacer ese día, después de que Yuui le dijera lo mucho que significaba ella en su vida, para ello la había llevado al jardín.

—¡Oye! —exclamó al verla pasar a su lado, corriendo con mucha fuerza—. ¡Akemi! —la persiguió hasta que pudo detenerla

—¡Gin! —se abrazó a su amiguita.

— ¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué lloras así? —se asustó, tenía muy poco de conocer a esa niña, pero le cayó muy bien desde el principio. Y a pesar de que era menor que ella, aún así se hicieron buenas amigas.

—E-es que… —balbuceó en medio de su llanto—. Yu-Yuui y Tomoyo… —se tapó la carita con ambas manos, sin poder dejar de llorar.

—¿Qué pasó con ellos?

—Se estaban dando un beso en la boca —dijo al fin, con las lágrimas ensanchando su caudal.

—Oh… entonces ellos se gustan —murmuró Gin con un tono muy maduro—. Pero… ¿Por qué te afecta tanto que ellos…? Oh… ¡Akemi! ¡Te gusta Yuui! —la señaló con un dedo acusador. Las mejillas de la niña no podían estar más rojas que ahora—. Wow… en serio te gusta, pensé que te negarías.

La aludida se tapó el rostro con ambas manos, avergonzada y sin dejar de llorar asintió tiernamente. Después de unos minutos de llanto a los brazos de su amiguita, logró tranquilizarse un poco.

—Pero Akemi… —murmuró de pronto—. Él es diez años mayor que tú y es hermano de tu "tío" eso quiere decir que también es tu tío. Mamá y papá dicen que no te puede gustar alguien de tu familia porque no puedes casarte con tus familiares, sería raro y está prohibido.

—Sí, pero no es en verdad mi tío —se cruzó de bracitos y Gin se sorprendió al ver que su amiguita ya había pensado en todo.

—Entonces… ¿De verdad te gusta Yuui? —seguía sin creerlo del todo.

—¿A ti no? —preguntó ingenuamente.

—¡No! —se sonrojó al pensar en ello—. Él… bueno…—se rascó la nuca—. Él es muy mayor para nosotras, Akemi.

—Pero… ¡yo lo quiero mucho! —se echó a llorar de nuevo.

—¿A quién quieres mucho, Akemi? —cuestionó con una sonrisa coqueta. Había escuchado toda la charla de las niñas y no podía negar que se llevó una gran sorpresa al descubrir los sentimientos tan fuertes de la pequeña hacia su hermano, pues tenía mucha convicción cuando decía que le gustaba Yuui.

—¡Tío Fye! —se llevó ambas manos al pecho, asustada. Creyó que su tío estaba con tía Sakura. Gin los miró alternamente y se sintió muy incómoda.

—¡Ella quiere mucho a Dandy! —se adelantó a corregir Gin, salvando a su amiguita.

—¡S-sí! Es que es un conejito muy lindo —rio nerviosamente.

—Ya veo… —soltó una leve risilla mientras negaba con la cabeza, sorprendido todavía. Pasó caminando en medio de las niñas y aprovechó para revolverles los cabellos a ambas—. Entonces Yuui ya tiene novia. Hum… no nos ha dicho nada. —pensó con una sonrisa traviesa—. Es todo un pillo —rio internamente, caminando de vuelta a su habitación. Había salido en busca de un par de tazas de chocolate caliente extra-dulce para él y normal para su mujer. Sayaka se las llevaría más tarde a su habitación, pues él ya estaba ansioso por volver con su familia.

Pero cuando llegó se apresuró a ir hacia su esposa, quien caminaba con algo de dificultad por la habitación.

—¡Amor! ¿Pero qué haces? Deberías estar descansando —dejó que se apoyara en él.

—Pero estoy muy bien —refutó con algo de fastidio.

Fye no tuvo que decir nada, simplemente señaló su mano temblorosa, al igual que todo su cuerpo.

La castaña terminó suspirando rendida. Él tenía razón.

—Ya estoy cansada de estar sólo acostada, necesito moverme un poco —replicó con fastidio, aceptando la ayuda de su marido y bostezando en el trayecto a su cama.

—¿Decías? —inquirió con algo de burla.

—Bueno, admito que tengo algo de sueño, pero… —desvió la mirada.

—¿Sí?

—Ya no te vayas, quédate a mi lado —lo abrazó tiernamente.

—Pero si sólo fui a buscar a Sayaka.

—Aún así, no me dejes nunca —se aferró a su cuello, abrazándolo con mucha necesidad.

—Mi Sakura… —susurró entre risitas, acariciando su cabello y espalda—. Soy tuyo —dijo bajito en su oído.

Eso fue más que suficiente para que una enorme sonrisa permaneciera tatuada en su rostro durante el resto del día.

OoOoOoOoO

Su plan de bombardear el hospital de Valeria había sido todo un fiasco, pues no logró su cometido. Aquel poder enorme seguía latente, haciéndose presente en algunos momentos del día.

—Vengaré la muerte de mi padre, aunque eso me cueste la vida o incluso la vida de todos los habitantes de Valeria —tomó su copa y terminó el contenido de un trago.

Y es que… odiaba todo lo que tuviera que ver con el dichoso país de Valeria, pues su padre había arruinado su vida con tal de revivir al amor de su vida, a esa vil mujer que alguna vez fue emperatriz de ese país hace ya muchos años, pero quien murió a causa de una extraña enfermedad, al igual que su hija Elda. Eso fue la ruina para su padre, quien se desvivió y creó toda una parábola en el espacio-tiempo, creando clones, matando gente y robando tesoros de algunas ruinas; y todo para revivir a esa mujer que no valía nada.

No podía negar que también le guardaba un gran rencor a su padre, pues poco le importó dejarlo solo en el mundo, al mando de un país entero a pesar de ser apenas un adolescente.

—Andrew-sama —una voz preocupada lo distrajo de sus cavilaciones, era su ama de llaves—. El joven Kyle Rondart lo espera en el vestíbulo.

—Déjalo pasar, Camile —espetó con hastío. Se recargó contra el respaldo de su silla, detrás de su escritorio.

—Ya me enteré que tu plan se fue por el escusado —rio sonoramente.

—Cállate —exigió con un tono neutro y serio, suficiente para erizarle los cabellos hasta al tipo más rudo, pero no a Kyle, a él su vida no le importaba tanto como para detener su lengua. Además, le encantaba molestar a su amigo, quien lograba intimidar a cualquiera, menos a él, por supuesto.

—Creo que tendrás que ingeniártelas mejor —se sentó perezosamente en una silla frente al escritorio—. Pues ahora te será aún más difícil deshacerte de ese poder.

—¿A qué te refieres? —dejó su copa de lado y por primera vez le puso total atención a su molesto mejor y único amigo. Tal vez lo odiaba a pesar de ser el último amigo que le quedaba, y tal vez era un tipo vago y perezoso, pero no existía nadie mejor que él para recaudar información y hacer estrategias de batalla o espionaje.

—Averigüé un par de cosas que te serán de gran utilidad para llevar a cabo tu plan, pero te tomará más tiempo del que crees. Tal vez meses, incluso años…

—No me importa, dímelo —apretó la copa entre sus dedos, ansioso.

—Bien…—sonrió de lado, con un tinte tétrico marcado en todo su rostro—. Antes que nada debes saber que el heredero no es uno, sino dos niños gemelos —los ojos de Lord Andrew se abrieron mucho más de lo normal.

Maldición —gruñó para sus adentros.

—Y el enorme poder que sentíamos era nada más y nada menos que la magia de cada uno, unidas.

—¿Y qué es lo que propones? —masculló entre dientes.

—Pues… —sonrió—. No te conviene matarlos, no aún… dejemos que crezcan un poco, los observaremos de cerca y evaluaremos su desempeño como magos; así al que veamos más habilidoso lo reclutaremos y con alguien como ellos de nuestro lado sería más que suficiente para ganar una batalla. Quien sabe… quizá el Mago Ancestral reencarnó en uno de ellos

El ceño del Lord se acentuó.

—¿Y qué? ¿Acaso planeas secuestrar a uno de los niños y obligarlo a matar a su familia? Ja, suena muy poco convincente —rodó los ojos.

—Mi querido amigo… hay más maneras de convencer a la gente, no sólo está la opción de secuestrar, yo prefiero que sea por voluntad propia, tú sabes… que el niño decida venir hacia nosotros, sediento de poder —mostró una sonrisa ladina que hizo a Andrew confiar un poco más en su tonto plan.

—No suena mal… —meneó la copa en su mano, reflexionando un poco—. Entonces no los mataremos, no aún… —rio—. Dejemos que mi querido primo disfrute unos años de amor y alegría con su familia, que disfrute todo aquello que no se merece, para después arrebatárselo de un tajo. Cuando sea más poderoso que él e incluso que el mismo mago Clow, nadie podrá detenerme…

—Sé lo que tramas, Andrew y debo decirte que me asusta un poco que aspires tan alto… mira que meterte con los poderes del Oscuro, eso ni yo me atrevería a tocarlo. Recuerda que fue el emperador más cruel y sanguinario que ha tenido Ruthless en toda su historia…afortunadamente el Mago ancestral logró sellar sus poderes dentro de algún lugar desconocido en la Tierra —iba a reír, pero un puño golpeando el escritorio en frente de él, lo detuvo en seco.

—Ese maldito mago…—gruñó—. Si no fuera por él, ahora mismo podría estar disponiendo de los poderes del Oscuro.

—Tienes razón, pero ya qué, nada se puede cambiar. Ahora debemos enfocarnos en lo que viene y prepararnos con anticipación.

—Por esa misma razón quiero que averigües quién demonios es el nuevo Mago Ancestral, no pretenderemos que intervenga de nueva cuenta ¿O sí? —sonrió tétricamente.

—Oh… ya veo —sonrió al descubrir sus negras intenciones—. No te preocupes por ello, pronto te lo diré.

—Más te vale, Kyle...

Se sirvió otra copa de su bebida favorita e invitó a su amigo a beber con él. Juntos brindaron por esos macabros planes que se llevarían a cabo en meses, años, décadas; no importaba, serían pacientes con tal de lograr su cometido. Por lo pronto se mantendrían lo más alejados posible del país de Valeria, lo mejor es no levantar sospechas, por eso mismo ya no insistió en su audiencia con el emperador de Valeria, con su primo Fye.

Lo que te espera, primo…

Fin.


Si quieren fusilarme, estoy a su disposición en FB: sakufye o igual pueden dejar un review o un PM ^_^ Por cierto, lean lo de abajo, es importante.

Creo que dejé a muchos con cara de "WTF?" pero sí mis amigos, éste es el final.

¿Quieren que haya un epílogo?

¡Dejen un review! :D y háganme saber sus opiniones al respecto; y si siempre quisieron leer algunas escenas, las que sean, sin importar lo ridículas que puedan ser; díganmelas y con gusto las escribiré en el epílogo. Será como un tipo de agradecimiento por haberme acompañado en este fic durante tanto tiempo.

Así que ya saben: si tienen ganas de una escena chistosa, divertida, muy triste e incluso pervertida hahaha háganmela saber lo más detallada posible y trataré de darles gusto escribiéndola en el epílogo ;) un ejemplo sería ver a Fye jugando al "té" con una de sus "hijas" jajaja sería lindo no? o incluso si quieren escenas de otros personajes, pueden decírmelo.

Los quiero fanfictionamente !

Por cierto..., continuaré reeditando la historia, creo que me quedé en el capítulo nueve, así que todo después del 9 es pura basofia! me da vergüenza ir a esos capítulos y leer el mugrero que escribí y todas las faltas de ortografía y gramática que tenía, qué horror, pero no se preocupen, iré reeditando poco a poco e incluso agregaré algunas escenas más románticas entre Fye y Sakura, como el día en que se confesaron su amor, no sé, no me gustó y lo voy a cambiar jajaja Es la ventaja de que mis historias no están impresas ;) puedo cambiar lo que sea y cuando me plazca.

27/07/2015