Amor Inesperado

By Tsuki No Hana

IX

"La decepción del mago"

— ¡No! —gritó y abrió los ojos de golpe después de haber tenido esa espantosa pesadilla. Se sentó con cuidado y pasó la mano por todo su rostro, frustrado—. Otro sueño… —murmuró en medio de la leve oscuridad que empezaba a hacerse notar en ese atardecer. Los últimos rayos del sol entraban por su ventana, sorprendiéndolo, pues no pensó que pudiera dormir tanto.

Soltó un pesado suspiro y sin poderlo evitar sus pensamientos viajaron hacia cierta princesa con los ojos verdes más hermosos que había visto en su vida.

Estoy enamorado de ella, ya no hay duda de ello, pero… ¿Sentirá lo mismo por mí? Aunque Kurogane tiene razón y no pierdo nada al decirle lo que siento —sonrió—. Iré ahora mismo, no puedo guardar más este sentimiento— se levantó con dificultad de la cama, sin poder contener un leve quejido al estar por completo de pie.

Estaba a punto de salir cuando se dio cuenta de cómo iba vestido. Casi se golpeó la cara al ver cómo iba a salir: en bóxers.

Soltó una risilla para sí mismo al imaginarse lo que pasaría si saliera de esa manera ¿Qué le diría Sakura? Seguramente se pondría más colorada que un tomate.

Dio un par de pasos hasta llegar al closet, donde había una que otra prenda, pues no se había dedicado el tiempo de ir al pueblo a pasear y comprar ropa como todos los demás. Las prendas que tenía, era gracias a Sakura y a la reina Nadeshiko, quienes le escogieron unos conjuntos muy cómodos y de sus colores preferidos. Se cambió y salió a paso lento de la habitación. Se había tardado tanto que ya hasta había anochecido.

¿Dónde estás? —se preguntaba mientras bajaba uno a uno los escalones que daban a la planta baja. Caminó por los pasillos con mucho cuidado de no encontrarse a alguien, pues si lo veían fuera de la cama lo regañarían y obligarían a volver.

A pesar de la gravedad de sus heridas, no le importaba nada en esos momentos, estaba decidido. Además ya estaba harto de pasar todo el día acostado y sin hacer nada más que dormir, aunque admitía que sus heridas le dolían, y mucho. Pero prefería eso que estar en su habitación, solo con sus pesadilla.

—Disculpa —detuvo a una dependienta del castillo que pasaba cerca de él—. ¿Sabes dónde está la princesa Sakura? —preguntó con amabilidad y una linda sonrisa. La dependienta se sonrojó. Era una chica como de unos 20 años.

—Sí, la princesa está con el joven Syaoran y la jovencita Sakura. Ambos ya despertaron —le devolvió la sonrisa, sonrojándose un poco más, ya que se sentía atraída por él y se ponía algo nerviosa al hablarle.

—¿En serio? —se sorprendió y sonrió aún más—. Iré a verlos. ¡Gracias! —le dedicó una última sonrisa y se fue lo más rápido que sus heridas le permitieron.

Al fin vería a sus viejos amigos ¡Los extrañaba tanto! Y además podría hablar con Sakura sobre sus sentimientos de una vez por todas. Deseaba con toda su alma que ella pudiera corresponderle de la misma manera. Ya que si no lo hacía, simplemente no podría amar a nadie más.

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—Lo siento tanto por ustedes… —mencionó Sakura con verdadero pesar.

La princesa ya les había platicado a sus amigos lo que sucedió con el castaño. Aunque fue algo extraño tener una plática de ese tipo con su clon y el de Syaoran. ¡Eran exactamente iguales! Sólo que extrañamente ellos lucían un poco mayores, como si en vez de tener 19 años tuvieran la edad de Fye y Kurogane.

Se notaba mucho ese cambio, pues Sakura estaba más alta, madura, desarrollada y todavía más hermosa que la princesa de 19 años. Para Syaoran era lo mismo: más alto, un poco más musculoso y atlético, con un rostro mucho más maduro y más apuesto aún que el original. Sakura se había emocionado demasiado al saber que habían despertado, fue tanta su alegría que brincó sobre ellos y los abrazó con mucha fuerza, llorando y diciéndoles lo feliz que estaba por verlos nuevamente, a salvo y vivos.

—Estaremos bien. A ambos nos espera algo mejor, estoy segura —intentó sonreír de nueva cuenta, intentando creer en sus palabras, sin lograrlo del todo.

El castaño lo notó y trató de cambiar el tema.

—Mejor dinos qué te parecieron nuestros amigos. No viajaste con nosotros, pero pudiste observar todas nuestras aventuras a través de Sakura —preguntó con una sonrisa amena.

La princesa sonrió, agradeciendo el cambio repentino de tema.

—No les voy a negar que cuando los conocí en persona me impresionó un poco la manera ruda en que se llevan —rio un poco—. Siempre se están peleando, pero puedo notar cómo se preocupa el uno por el otro. Son muy lindos.

— ¿Y qué opinas de cada uno?— preguntó Sakura con curiosidad.

—Pues…—pensó un momento—. Kurogane es casi como si fuera otro hermano mayor para mí. Se parece mucho a Touya, incluso se llevan muy bien —sonrió.

—¿Y de Fye? —ahora inquirió el castaño, siguiendo la estrategia de su amada.

La aludida sintió un fuerte golpe en el pecho, seguido de otro… y luego otro ¿Qué era eso? El latir de su corazón jamás se había presentado de forma tan evidente e irregular.

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Ya había estirado el brazo hacia la perilla de la puerta, pero se detuvo en seco al escuchar cierta pregunta.

Se quedó inmóvil en su propio lugar, esperando ansiosamente la respuesta. Si Sakura decía algo que le indicara que siente algo más que amistad por él… no le importaría nada y entraría de golpe a la habitación para gritarle que la amaba con locura y como a nadie más en toda su vida.

Rio internamente ante tal pensamiento. Si hacía eso, seguramente la castaña se espantaría y lo mandaría a volar.

Dejó de pensar tantas cosas y puso total atención a la respuesta que daría la princesa. No había otro ruido más que el fuerte e irregular latir de su corazón.

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—Fye es... ¿Cómo decirlo? —meditó sus palabras unos segundos, ajena a la presencia de cierto rubio tras la puerta—. Él es mi mejor amigo, el mejor amigo que alguien pudiera tener —respondió nerviosamente y sin poderles sostener la mirada a sus amigos.

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El príncipe de Valeria sintió cómo su corazón se detenía y volvía a latir con dificultad. Repentinamente todo su mundo se le vino abajo, su sonrisa nerviosa se borró y dio paso a una mueca de total decepción al saber lo que significaba él para ella. No quiso quedarse más tiempo ahí y tampoco tenía le ánimo suficiente para entrar a esa habitación, no después de lo que escuchó. Así que dio media vuelta y regresó por donde vino.

Mientras caminaba, perdido por los pasillos, no paraba de repetirse las palabras de la princesa.

¿Por qué no puede verme como algo más que un simple amigo? ¿Será por la edad? —meditó unos momentos, pero se retractó—. No creo… no nos llevamos tanto, aunque cinco años si pueden ser un obstáculo —suspiró pesadamente.

Se sentía deprimido, era la primera vez en su vida que se enamoraba de alguien y ese alguien no sentía lo mismo por él.

No sabía que el amor doliera tanto —gruñó como todo un amargado. Seguía caminando lentamente por todo el castillo. No sabía hacia dónde se dirigía, lo único que sabía era que no quería parar. Llegó a unas escaleras que según él, lo dirigían a su cuarto así que comenzó a subirlas.

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—¡Sakura, te sonrojaste! —exclamó Sakura con una gran sonrisa—. ¿Estás segura de tus palabras? —inquirió pícaramente.

Tanto Sakura, como Nadeshiko y Yukito habían podido ver el futuro en sus sueños, pero no querían adelantarle nada a la princesa, ella debía darse cuenta por sí misma.

—¡Sí! Él es sólo mi amigo —apretó los puños sobre sus rodillas, avergonzada y extrañamente sonrojada—. Aunque… no sé, últimamente me siento rara a su lado… —esto último lo pensó en voz alta y al darse cuenta de ello, se tapó la boca con sorpresa y mucha vergüenza—. Yo… yo —balbuceó sin saber qué decir.

Los otros dos se miraron a los ojos con una sonrisa muy traviesa.

—Sólo haz lo que tu corazón te indique, él siempre tiene la razón —le aconsejó Syaoran. La aludida sonrió tímidamente.

—Fye es un buen chico —sentenció Sakura—.Lo conozco muy bien y tú también lo haces, más de lo que crees —la miró con algo de misterio—. Sólo te hace falta recordar… si ninguno de los dos recuerda, nada podrá ser posible.

—¿Qué… a qué te refieres? —preguntó confundida.

—A pesar de su pasado ha logrado salir adelante, aunque… si tuviera a alguien a su lado sería mucho más fácil sobrellevar sus cargas —la miró sugestivamente, ignorando la pregunta que le hizo.

La princesa se quedó muy pensativa. No estaba segura de lo que sentía, estaba muy confundida y eso que le dijo su clon no ayudaba mucho para aclarar las cosas. Además, estaba el hombre con el que sueña todas las noches, el asunto con Syaoran que aún no soluciona y ahora esos sentimientos tan extraños hacia Fye, de los cuales no estaba muy segura de lo que significaban, pero si estaba segura de que le tiene un gran cariño y que se siente muy feliz cada vez que está cerca de él.

Suspiró, sumida en sus pensamientos y sin percatarse de las miradas misteriosas que le dirigían sus amigos.

En poco tiempo te darás cuenta, sólo espero que no tardes mucho o si no… puede que él no lo resista mucho...—pensó la castaña, clon de la princesa.

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En cuanto al rubio…

Seguía dando vueltas por todo el castillo, completamente perdido y cada vez más débil.

Soltó un leve gemido al haber hecho un esfuerzo de más.

—Maldición —espetó—. Lo único que me faltaba —gruñó al poner una mano en su costado y sentir que su camisa rápidamente se manchaban de sangre.

Se sostuvo de la pared más cercana y respiró con algo de dificultad. Su frente ya estaba perlada por finas gotas de sudor frío y su piel estaba tan pálida como el papel. Supo que algo no andaba bien cuando se le empezó a nublar la vista.

Se sentó con cuidado en una escalera mientras recargaba su espalda en la pared. Su camisa ya estaba totalmente teñida de un carmín oscuro y se empezaba a sentir muy mareado.

—Esto no puede ir peor —farfulló con los ojos entrecerrados y más inconsciente que despierto. Recargó su cabeza en la pared y se dejó llevar por la debilidad. Sabía que tenía que levantarse y buscar ayuda, pero se sentía condenadamente débil.

—Estúpido idiota.

Escuchó una voz conocida, abrió un poco sus ojos y vio a Kurogane parado frente a él, mirándolo con mucha reprobación y fastidio.

—¿Qué no te dije que te quedaras en la cama? Estás sordo o eres más idiota de lo que creí.

—Me equivoqué, si puede ir peor —susurró el mago mientras volvía a cerrar los ojos. Se sentía demasiado débil por la pérdida de sangre.

—Eres un imbécil, ya ni sabes lo que dices —estaba molesto por verlo de nuevo en tan mala condición, y más le molestaba verlo ahí tirado dejándose vencer. Vio cómo brotaba la sangre de su costado y manchaba su camisa, se preocupó al ver su nivel de palidez, si no fuera porque su pecho se movía levemente por la respiración, pensaría que estaba muerto.

Trató de contener su coraje y soltó un pesado suspiro.

—Dime ¿Qué rayos haces aquí? —se agachó para levantarlo. Por su mente pasó la idea de cargarlo como a costal de patatas, pero eso sólo empeoraría su estado.

—Yo fui a… ella no quiere, yo la quiero, pero ella… sólo soy su amigo…

El ninja lo cargó sin delicadeza, logrando que el pobre soltara un quejido, pero ni eso lo hizo dejar de decir tantas incoherencias.

—No entiendo nada de lo que dices —terminó de subir las escaleras y luego dirigió su vista hacia donde había estado tirado su amigo. Se sorprendió por el gran charco de sangre que había dejado como recuerdo.

—No entiendo nada de lo que dices— comenzó a caminar por el pasillo y luego giró la vista hacia donde había estado tirado Fye. Se sorprendió al ver el gran charco de sangre que había dejado en el piso. Se empezó a preocupar, si no paraba esa hemorragia pronto, podría morir.

—Ella... sólo amiga ¿Por qué?— murmuró Fye débilmente. Cada vez hablaba más bajito.

—Ya te dije que no te entiendo nada —repitió con seriedad y luego se retractó—. No, mejor sigue hablando, no es bueno que quedes inconsciente en estos momentos —llegó rápido a la habitación y recostó a Fye en la cama, después salió en busca de ayuda. Bajó rápido a la estancia y se encontró con Yukito y Touya.

—¿Qué ocurrió? —se alarmó Yukito al ver su ropa llena de sangre.

—No es mía, es del mago —miró a ambos chicos con emergencia.

—Llamaré al médico, ve con Kurogane —pidió Touya.

Cuando llegaron se lo encontraron inconsciente y con la herida aún sangrando.

— ¿Por qué esta así?— preguntó seriamente Yukito mientras le quitaba la camisa y los vendajes para poner otros y así tratar de detener la hemorragia.

—No lo sé. Me lo encontré al final de las escaleras. Seguro su herida se abrió más al subir tantas escaleras; y por la cantidad de sangre que dejó ahí… creo que tenía un buen rato en ese lugar.

—¿Dejó tanta sangre? —se angustió. El otro asintió.

—Es demasiada —murmuró Kurogane al ayudar a Yukito con esa herida.

—Ya llamé al doctor —informó Touya cuando entró a la habitación. Se veía algo agitado—. Está en la frontera del país y tal vez tarde un poco, ¿Creen que resista? —vio que la hemorragia no cesaba y que el rostro de Fye se veía cada vez mas pálido.

—No lo sé — contestó el ninja con el ceño fruncido. Todos se quedaron callados.

— ¿Alguien más sabe de esto?— inquirió el príncipe.

—Si te refieres a la princesa… no, no lo sabe.

—Últimamente mi hermana se preocupa demasiado por él y si supiera como esta no quiero imaginarme cómo se pondría.

—¡Aaaah!

Un agudo gritillo se escuchó entre los pasillos del castillo. Los tres ahí presentes se miraron entre sí, entendiendo el motivo de ese grito.

—Mi hermana —la reconoció de inmediato Touya, saliendo rápido del cuarto.

Kurogane acompañó al príncipe mientras el sacerdote curaba al rubio, pero al llegar se encontraron a Sakura con una expresión de horror en el rostro mientras miraba el enorme charco de sangre en la escalera. Se había alterado mucho al ver ese charco enorme. Touya no había sabido qué responderla hasta que Kurogane intervino e inventó una historia muy creíble. La castaña pareció algo tranquila con esa historia, pero aún seguía preguntándose cómo fue que pasó eso.

—Bien, entonces iré a ver a Fye —mencionó con una sonrisa y comenzó a caminar. Kurogane y Touya se voltearon a ver sin saber qué hacer.

—Acaba de dormirse, es mejor que lo dejes descansar —fue lo primero que se le ocurrió a Touya. Su hermana volteó a verlo curiosa.

—¿En serio? Bueno, entonces lo veré mas tarde y si no entonces mañana —dijo para después cambiar de rumbo, ya no hacia la habitación de Fye.

Los otros dos se sintieron aliviados, se habían librado en esta ocasión, pero ahora sólo esperaban que la princesa no viera al médico cuando llegara.

—Iré a ver si ya llego el médico —dijo Touya. Kurogane asintió y se dirigió con el rubio.

— ¿Qué estabas haciendo mago?— se preguntaba el ninja mientras caminaba hacia el cuarto del accidentado. Después recordó las incoherencias que había dicho—. ¿Habrá hablado con la princesa? o ¿por qué estaba tan deprimido? —dejó sus pensamientos de lado cuando entró a la habitación y se encontró con Fye medio consiente y a Yukito tratando de detener esa hemorragia que parecía no tener fin.

—Dime…¿Qué intentabas? —le preguntó a su amigo, pero se preocupó al ver que su mirada se volvió más triste para luego quedar inconsciente de nuevo.

En ese momento entró Touya con el médico tras él. Kurogane explicó lo que pasó y salieron del cuarto para dejar que el médico trabajara. Pasaron como veinte minutos y el doctor salió.

— ¿Cómo se encuentra?— Kurogane fue el primero en preguntar.

—No muy bien, si no se queda en cama su herida seguirá abriéndose. No debió levantarse y mucho menos subir escaleras un día después de recibir tales heridas —soltó un suspiro mientras negaba con la cabeza—. En fin... hagan lo posible para que no se levante de esa cama, si lo hace seguirá desangrándose y eso no sería nada bueno. Con lo que paso ahora, perdió mucha sangre y eso hará que este débil por unos días, pero no se preocupen, estará bien, siempre y cuando no se levante de esa cama hasta que la herida cierre —dijo esto último con seriedad—. Bien, eso es todo. Cualquier emergencia ya saben dónde encontrarme— sonrió para luego despedirse.

Los tres chicos presentes dieron un gran suspiro.

—Sakura no debe enterarse, se preocupara demasiado— advirtió Touya.

—¿Cómo haremos eso? Al verlo se dará cuenta que algo malo pasó —comentó el ninja seriamente. Los tres se quedaron pensando un rato.

—Podríamos decir que sólo esta débil y que necesita descanso —sugirió Yukito y los otros dos parecieron estar de acuerdo.

—No suena tan mal— musitó Touya. Después él y Yukito se fueron de ahí dejando solo al moreno con el mago.

Continuará…