¡Holaaaa! aquí una nueva historia, es un proyecto que me vino a la mente :33 Espero les guste

IMPORTANTE: Ls parejas que apareceran (a parte del Sasusak *u*) Naruhina, NejiTen, ShikaTema, GaaMatsu y tal vez un poquitín de SaIno.

Gracias por leer y espero un comentario de su parte :33


No me daré por vencido.

Prólogo.

"se sintió abandonada ante cuervos hambrientos de carne de niña idiota, de su carne. El pecho le dolió al sentir el primer picotazo, el de su padre…"

La chica retiró el dedo de la maquina de escribir, lo retiró rápido y con deje de dolor. Aquella vieja maquina de escribir le dañaba cada día mas los dedos, sus teclas se atoraban cada día más y otras se tensaban por el frio o por la falta de lubricante, provocando a su vez que los dedos de la mujer sintieran calambres al chocar con tales teclas.

Suspiró.

Se retiró de la maquina de escribir y fue a su ventana, en la cual, las persianas dejaban colarse el aire de la fría e invernal ciudad de Tokio. Su departamento (si así se le podía llamar) era pequeño, muy pequeño. Constaba de un pequeño cuarto para la sala (de solo un sofá azul y viejo frente a una pequeña televisión), el comedor (De dos sillas) y una mini cocina. S pequeño cuarto con una pequeña cama de cobijas verde seco (Obviamente desordenadas), una mesa que sostenía su preciada maquina de escribir con una impresionante antigüedad de veinte años junto a un bonche de hojas blancas y su cilla de madera, y por supuesto, un baño con regadera y taza.

Sakura Haruno o ¿Sakura ex-Haruno? eres mi hija Si, Sakura ex-Haruno. Una chica de veinte años recién cumplidos, de un llamativo cabello color rosa pálido que le llegaba más abajo del busto y muy fino, éste estaba amarrado en un chongo desalineado la mayoría del tiempo. Sus ojos eran de un jade brillante, y siempre cristalinos. Ella era delgada, nada voluptuosa, solo lo "normal". Estudiaba literatura (cuando podía) en la universidad de Tokio, pero en los últimos días había decidido dejar por completo los estudios y dedicarse de lleno en su trabajo, era una modesta asistente de modas, uno pensaría que por el caché de la palabra tendría una paga y una reputación importante, pero era todo lo contrario. Apenas había empezado en ese trabajo y fue asignada a una zona de diseñadores no muy importante. Consiguió el trabajo apenas hace una semana (bueno, tres días) y ya se sentía presionada, aunque, ni ella misma sabía el porque lo había conseguido…

Flash back.

La chica se encontraba en la oficina de recursos humanos de la empresa Namikaze, con una señorita de un cabello rubio y ojos aceituna, con unos lentes que enmarcaban a la perfección su cara y por lógica, vestía elegante y a la moda. La pobre Sakura se vistió lo mas "formal" que pudo, una falda negra hasta la rodilla, botines marrones, blusa blanca con estampado en flores y un saco negro, con el cabello obviamente hecho un nudo recogido.

-Y… señorita Haruno, ¿Por qué quiere el empleo?

-Para ganar dinero. –Dijo como si fuera una pregunta innecesaria.

La mujer chasqueo la lengua y dejó el currículum sobre su escritorio y entrelazó sus manos apoyando los codos en la mesa.

-Este no es un empleo fácil. Ser asistente implica bajar y subir escaleras todos los días a cada momento, dar opiniones, arreglar citas, sonreír hasta que se te hinche la cara, saber miles de modismos y el "lenguaje" de la moda, vestirse bien –Hizo un hincapié en aquella frese. –Ser amble, asistir a eventos, recordar nombres absurdos que seguramente te provocaran gracia al pronunciarlos, saber caminar, saber hablar, se la imagen; pues eres la compañera de un o una diseñadora, esto no es cualquier jueguito para "probar tu suerte", este es un mundo de reglas delicadas y estrictas. ¿Tienes lo necesario? –La rubia miraba con intriga a la pelirrosa.

-Yo… -La de ojos jade se quedó en silencio, mas no inmutada. Analizaba todo lo dicho con suma meticulosidad, y abrió la boca. –No… no tengo la mayoría o ninguna de esas características, señorita… pero tengo cosas que usted no mencionó. Tengo valores, tengo deseos de salir adelante pues en la vida estoy sola, tengo ganas de trabajar y tengo ganas de aprender. Sí, vengo a probar mi suerte, mi suerte en la vida, pues para eso se trabajo, soy sincera y esto no es lo que imaginaba como primer trabajo, sin embargo no me puedo convertir en una gran escritora de un día para otro, y tengo ganas de que me den una oportunidad, pero sobre todas esas cosas yo… -La chica tocó su vientre. –Tengo a alguien por quien luchar.

La rubia abrió los ojos por los movimientos y la respuesta de la chica, un mundo de recuerdos se le vinieron encima por ese simple gesto, algo en ella se estrujó volviéndola sensible y comprensiva cual madre.

-Dígame, ¿Me daría mi oportunidad?

-¿Cuántos meses tienes?

-Tres semanas…

-¿Vives con alguien?

-No, mi padre me ha dado dos días para encontrar otro lugar donde vivir y mi novio… bueno, el ya no existe. –El deje de tristeza en la voz de la chica provoco en la rubia no querer preguntar más. –Es sorprendente como un día eres el orgullo familiar y al otro la deshonra que ya no lleva un apellido con consentimiento.

-¿Cuánto a pasado desde el plazo de tu padre?

-Hoy se vence el tiempo.

-¿Ya conseguiste casa, departamento, refugio?

-No, yo era estudiante, nunca he trabajado, Señorita.

-Llámame Temari, Sabaku No Temari. Y voy a cometer de los peores errores de mi carrera…

-¿Perdón yo no…?

La rubia se dirigió a la puerta y tomó su abrigo.

-Vamos.

Ambas mujeres viajaron en un auto conducido por el chofer de la rubia. La pelirrosa se sentía tímida e incómoda, pues no esperaba tal reacción de alguien más, sobre todo de una pretenciosa chica como la que tenía a un lado, se detuvieron a unas cinco cuadras de la empresa, frente a un edificio grande.

-Ok… te explicare… yo te daré el empleo, pero debes esforzarte… ¡No, debe ser perfecta! Te quedaras en este departamento, piso 3 numero 6 y… -Le entregó una llave. –Espero verte mejor vestida para mañana.

-Señorita, no lo tome a mal, pero no quiero la lastima de la gente.

-No es lastima, solo… creo que "hoy por ti, mañana por mi"… -La rubia subió a su auto, con congoja por sus actos. Se había metido en una grande, y todo porque esa muchacha le recordó a su madre… ¡Que estupidez!

Y así había conseguido un empleo en aquella empresa a la cual todavía no se adaptaba.

Se sentó en aquél sofá viejo y amplio. Mirando la televisión apagada. Esa era su nueva vida, sola… con un bebé en caminó, siendo madre soltera a los veinte, sin familia, sin estudios, y con un raro empleo. Pero en el fondo, ella no tenía nada en especial...