La decisión

Ah, aún puedo recordar a la perfección la sensación de alegría que me embargó cuando tuve a Francisco entre mis brazos y él me tuvo entre los suyos. Fue mágico. Era algo con lo que había soñado tantas noches…

Es tan bello que podría escribir más de mil poemas sobre lo que sentí, lo que pensé, lo que imaginé y soñé en ese momento. Podría dedicar un libro entero de versos a Francisco, pero seguro se enojaría conmigo si intentara hacer tal cosa… Además, no es que yo sea muy buen escritor tampoco. Seguro quedaría una mezcolanza toda chafa que sólo lograría avergonzarlo.

Pero volviendo al tema: las cosas no podían salir bien tan sencillamente, claro que no. Siempre tenía que haber algo que me detuviera. ¿Por qué siempre tenía algún alto? No sé si sería el karma o simplemente el destino, pero esa mañana, cuando Francisco al fin se levantó…

-¡Buenos días!- saludé alegre al chico mientras cerraba el libro que me encontraba leyendo. Me sentía feliz, pero a la vez algo turbado por unos pensamientos que me habían robado el sueño esa noche.

-Buenos días~- me respondió él, con ese tono cantarín que usaba a veces.

-¿Qué tal tu día?- le pregunté yo, mientras él caminaba para sentarse a mi lado. Cuando lo hizo, me sonrió.

-¿Otra vez esa pregunta?

-Perdón, la costumbre… ¿Qué tal tu noche?

-Estuvo bien.

-Me alegro- le sonreí.

-¿Qué tal tú?

-Pues… Bien, sólo algo cansado.

-¿Y eso por qué?

-No dormí mucho, estuve pensando anoche…

-¿Y qué pensabas?

-En nosotros- lo miré a los ojos- Respecto a lo que te dije anoche… ¿Vos me querés de la misma forma en la que yo te quiero?

Tenía muy en claro todas las cosas que habíamos hecho, no es que sea tonto, pero… Me sentía tan inseguro. Porque ...¿Qué podía tener yo, un simple humano cualquiera, que pudiera enamorar a un vampiro? Sangre, sí, pero eso no despertaría amor, sino deseo, sed… Y eso no era lo que yo quería.

-No- me contestó con simpleza, mirándome a los ojos, como si fuera lo más obvio.

Me quedé mudo. Por un momento pensé que el corazón me había dejado de latir, pero no. Simplemente me había dolido demasiado la seguridad con la que el joven había pronunciado esas palabras. Yo creía que sí me quería…

-Oh, bueno…- contesté bajando la vista, cuando al fin pude articular palabra.

Sentí cómo se acercaba más a mí, me alzó el rostro con cuidado para que lo mirara.

-Pero no me molesta besarte.

Lo miré algo sorprendido, sonreí un poco por lo que acababa de decirme.

-Bueno, pero no es el beso en sí lo que querría… Sino el sentimiento detrás de él- soltó mi rostro.

-Eres egoísta también~

-¿Por qué me decís eso?

-Quieres que sienta algo por ti, sabiendo que mueres…- noté algo triste en su mirada, pero no le dije nada sobre eso.

-Sí, es verdad. Perdón.

-¿Lo ves? No es tan fácil estar conmigo.

Solté un largo suspiro, pero luego sonreí. Nunca pensé que fuera a ser fácil y, para ser sincero, lo prefería de esa forma. No me gustaba lo fácil, sino los retos.

-No me gustan las cosas fáciles…

-Bien, como gustes.

-Encontraré alguna forma. Y sino, bueno…- me dí aires, aunque realmente no tenía claro lo que haría sin él. Supongo que volver a esa existencia vacía que llevaba tras la muerte de mis seres queridos.

-Mucha suerte buscando la inmortalidad o la cura para el vampirismo.

Mis ojos se iluminaron cuando me dijo eso. Había estado pensando en ponerme a experimentar con células madre desde ese momento, para ver si podía lograr algo cercano a la inmortalidad, pero no había pensado en la posibilidad de desarrollar una cura para el vampirismo.

-Gracias… -le dije, la esperanza reflejándose en mi rostro.

-Eres un idiota- canturreó él.

-¿Por qué me insultás? Soy médico, tengo acceso a laboratorios y puedo investigar ciertas cosas…

-Es ridículo- me cortó- Tal cosa no es posible.

-Nunca nadie ha buscado la cura para el vampirismo.

-No es algo que puedas hacer, no tiene cura.

-¿Cómo estás tan seguro? Algo debe haber en el AND que...-me cortó en seco.

-Bueno, suerte, no encontrarás nada…- se cruzó de brazos.

-Gracias- contesté yo, firmemente – De cualquier forma, si yo fuera inmortal… ¿Querrías estar conmigo?

Suspiró y su mirada se suavizó, al igual que el tono de su voz. Me sorprendió, ya que él siempre se mostraba tan duro cuando estaba enojado o contrariado...

-Tal vez… te daría la oportunidad.

Me quedé mirándolo. Su expresión era adorable. Bueno, al menos a mi parecer. Estoy seguro de que si hubiera podido sonrojarse, lo hubiera hecho.

Ahí me di cuenta. Ese "no" que me había dicho, tan seco, tan apurado, tan cortante… Era sólo un mero intento por auto convencerse. Y motivos no le faltaban para querer hacerlo. Es decir… imaginate que estás enamorado de alguien, que quisieras pasar tu vida junto a él, pero que supieras que irremediablemente va a morir antes que vos, y vas a quedarte solo.

Bueno, es más o menos lo mismo que le pasa a las personas comunes y corrientes, no hace falta ser un vampiro para ello. Pero a la vez es distinto, porque él podía tener la certeza de que yo iba a morir, abandonándolo a su suerte en el cruel mundo. Sin mencionar que, para el tiempo con el que él se regía, mi vida a su lado sería sólo un suspiro y se llevaría todo rastro de alegría que pudiera quedarle.

Sentí lástima. Por un momento me puse en su situación y sería insoportable que él muriera y me dejara. Yo ya no estaba para más muertes…

-¿Y por qué simplemente no me mordés?

Así, áspera y directa, solté la pregunta. Francisco me miró, serio.

-Porque no quiero ser culpable de tu desgracia.

-¿Desgracia?- la forma en la que me dijo aquello se me antojó casi graciosa- Ya te conté una vez lo que yo quería cuando era más joven…- clavó sus ojos en los míos.

-¿Estás dispuesto a matar a los tuyos por beneficio propio? Ya no podrás salir de día… ¿Qué hay de tu trabajo?

-Supongo que me las arreglaría, además puedo tomar el turno de noche…

-¿Entonces no te importa sacrificar tu vida a la luz del sol?

-Si pudiera estar con vos, eso sería lo de menos…

-¿Tanto así me quieres?

-¡Sí! - ¿Por qué no le quedaba claro?

-Es una locura…

-¿Por qué? Yo lo habría elegido, afrontaría las consecuencias…- él suspiró.

-¿Estás seguro?

Me quedé callado y lo pensé por un momento. Mi vida cambiaría radicalmente, estaba seguro de eso. Pero… ¿Me importaba?

¿Era feliz? No podía decir que estaba triste con la vida que llevaba, pero tampoco podía decir que fuera completamente feliz. Había un espacio en mi corazón que esperaba ser llenado por alguien. Y ese alguien, definitivamente era Francisco.

Nunca había sentido esto por nadie. Sí, recuerdo a Micaela. Ella me parecía atractiva y amable, pero no la amaba. Lo mismo ocurría con todas las chicas con las que había salido alguna vez. Y no es que fuera gay, porque hasta que conocí a Francisco, nunca se me había pasado por la cabeza el estar con un hombre. Nadie despertaba en mí el deseo que un simple gesto del joven junto a mí lograba despertar.

Además, hasta conocerlo, me había sentido solo. Y no porque me faltara gente con quién pasar el rato. Sino que, como ya lo expliqué, sólo él podía llenar ese vacío. No había duda, si tenía que renunciar a la luz y a una vida normal para estar con él, lo haría. Mis orbes verdes se fijaron con intensidad en las marrones que él tenía.

-Estoy completamente seguro.

Él se me quedó mirando y lentamente compuso un gesto más suave, como si se hubiera dado por vencido al notar la intensidad de mi mirada.

-Lo pensaré.

-De acuerdo… -una sonrisa curvó mis labios.

-En verdad creo que la vas a pasar mal…

-Ay, dale… ¿Por qué pensás eso?- detestaba los pensamientos negativos. Eran algo que, simplemente, iban en contra de mi esperanzada forma usual de ver las cosas.

-Por muchas cosas…

-Yo soy muy optimista al respecto~

-No puedo pedirte que entiendas si no sabes lo que es vivir así.

-Bueno, eso sí… ¿En verdad es tan malo?

-Supongo que depende del punto de vista, pero al principio es difícil renunciar al estilo de vida que antes se tenía. Bueno, no es que la mía haya sido una maravilla, porque fue todo lo contrario, pero bueno…

-¿Podrías contarme sobre tu vida?- pregunté yo, ilusionado.

-No- respondió él, con frialdad. Desvió la mirada hacia otro lado.

-Está bien…-

Me acerqué a él en el sofá y lo rodeé con mis brazos. Si no quería contarme sobre su vida, es porque en verdad debió ser fea. Además, no me gustó el dejo triste de sus ojos. Él no me devolvió el gesto, pero tampoco me apartó de su lado. Yo, mientras, sentía cómo mi corazón latía acelerado por estar tan cerca de él. Estaba seguro de que podría notarlo.

-¿Te ocurre algo?- me preguntó al rato. Ya decía yo…

-No, nada…-me sonrojé un poquito tal vez- ¿Por qué lo preguntás?

-Por nada… -me miró y sonrió un poquito.

-¿Puedo darte un beso? – no me resistí y le pregunté si me permitía concretar lo que deseaba hacer en ese momento.

-Adelante.

No esperé más y me lancé a sus labios. Cerré los ojos y lo besé con ganas, intentando expresarle cuánto lo quería. No me separé de él hasta que no me faltó el aire. Luego me quedé mirándolo a los ojos.

-Vaya…- su rostro mostraba sorpresa, pero tenía una sonrisa. Eso me hizo sonreír a mí también.

-Te besaría de nuevo, pero no quiero abusar…-me aparté un poco de su lado para no caer en la tentación.

-Entonces estás dispuesto a morir como humano…

-Sí. No es que tenga la mejor de las vidas… Pero a tu lado, sería la mejor…

-Está bien, pero no hay que apresurarse, tienes cosas que arreglar antes.

-Sí, es verdad… Debería dejar mi trabajo y conseguir otro, uno en que pueda tomar el turno de la noche…

-También tu habitación, es mortal.

-Ay, es verdad…

-Tal vez, si gustas, podemos mudarnos. Necesitas un ataúd, la cama que tienes no brinda protección- mi corazón latía mientras él hablaba, la emoción se apoderaba de mí- Ya que sabes mi secreto, yo me di el lujo de conseguir uno hace días. Como nunca entras de día y no hay luz alguna, no te has dado cuenta, he de pensar.

La verdad me dejó helado ¿Cómo había hecho para meter un ataúd en la casa sin que yo lo notara? ¿De dónde lo había sacado?

-¿Cómo es que no me he dado cuenta? Y bueno… ¿Te parece que nos mudemos? Dios, que tétrico suena lo del ataúd…- una sonrisa nerviosa se mantenía en mis labios.

-Hago muchas cosas mientras tú duermes- me sonrió – Y sí, mudarse podría ser una buena idea. Ir a un lugar con menos sol. Además, es una nueva vida: mueres como humano, naces como vampiro.

La verdad me daba pena dejar mi casita, que tanto me había costado conseguir. Pero bueno, todo fuera por estar con el vampiro que me había robado el corazón.

-De acuerdo… Suena tan bizarro todo esto, casi no puedo creerlo – me reí con nerviosismo, la verdad es que estaba ansioso – Pero los cambios son buenos, hay que aceptarlos…

-Sólo es una idea, yo no sé mucho de la actualidad. Necesito que me digas, porque el sol nos matará si no tenemos cuidado. ¿Recuerdas la idea de la estaca que mencionaste la otra vez? Es estúpida, no funcionaría, puedes sentirte seguro por esa parte, pero el sol es un enemigo mortal –me miró – Te digo esto ahora que aceptas ser como yo.

-¿Qué haríamos si nos descubrieran? Bueno, menos mal que las estacas no funcionan… Ah, hay tanto en lo que pensar. Podríamos mudarnos más al sur…

-Ahora también hay que pensar de qué vamos a vivir. Robar a nuestras víctimas no nos permitirá darnos tantos lujos. Soy alguien sin estudios, que desconoce lo moderno y que no existe, por así decirlo. Tú, por ahora como humano, puedes ayudar en eso antes de transformarte.

Observé su rostro mientras me hablaba. Cuando se dijo así mismo alguien sin estudios, desinformado e inexistente, me embargó una ternura increíble. Deseé tomarlo entre mis brazos y llenarlo de besos. Pero me contuve justo a tiempo.

-Yo voy a ayudar en lo que sea que haga falta. Y aunque no tengás estudios, yo puedo enseñarte muchas cosas. O, si querés, podés estudiar, hay escuelas nocturnas… Y bueno, yo ahora no hago una fortuna con mi trabajo, pero podría volver a algún hospital. Ahí me pagaban bien. Bah... Al menos mejor que lo que me pagan ahora...

-Otra cosa… Respecto a lo que me preguntaste hace un tiempo: los vampiros sí podemos sentir, y todos tenemos diferentes gustos e ideas. También sentimos frío… -suspiró con la mirada perdida- Hay tantas cosas que tendré que contarte ahora…

-No importa, supongo que me iré dando cuenta con el tiempo…- tomé sus manos, tan heladas como siempre- ¿Sentís frío ahora? –él me sonrió.

-No, no hace frío ahora. ¿Cuándo quieres empezar con los planes?

Recuerdo a la perfección los momentos siguientes a esa simple frase, pero sería tedioso para ustedes el tener que soportar las incoherencias que salieron de mi imaginación, causando el enojo y divertimento de Francisco, casi a la vez.

Por todos los cielos... ¿Qué estaba haciendo? Esa pregunta se mantenía en lo más profundo de mi consciencia, pujando por salir a flote, porque me tomara el tiempo necesario para considerarla, pero yo no le daba cabida.

Y sé lo que muchos de ustedes deben estar pensando, seguramente es algo como:

"Martín ¿Acaso sos tonto? ¿Cómo vas a querer abandonar todo por alguien que no te da ninguna seguridad? Y no sólo eso, sino que ni siquiera es un ser humano corriente..."

Pero permítanme responderles con toda sinceridad -y sepan disculpar mi falta de educación- que eso me chupaba un huevo. Así, lisa y llanamente. ¡No me importaba! Tal era el grado de locura en el que Francisco me había adentrado, sin saberlo ninguno de los dos. Y si quieren que les diga... no me arrepiento de nada.

Me fui a la cama, horas después, con la cabeza casi echando humo de la velocidad a la que se movían mis ideas dentro de ella. Estaba seguro de que, de haberlo deseado, Francisco podría haberme escuchado pensar mil y una cosas desde la sala. Pero no, él había salido a cumplir con sus necesidades fisiológicas y yo, como buen humano saludable, debía cumplir con las mías.

Tuve sueños revueltos, con ideas inconexas y paisajes extraños. Seguramente por el estrés de toda aquella nueva vida que me esperaba. Hacia las tres de la mañana, un golpeteo insistente en la puerta de mi cuarto me despertó. Abrí los ojos y me aparté el cabello del rostro, las sábanas a mi alrededor estaban hechas un desastre, cosa que no me sorprendía, ya que debía haber estado muy inquieto por esos sueños tan raros.

Me levanté, algo adormilado aún y abrí de par en par la puerta. Me sorprendió ver a Francisco de pie, delante de mí.

-Martín...-me dijo en voz relativamente baja, seguro al ver mi rostro adormilado. Me sacudí de encima el sueño al ver que se trataba de él.

-Fran, hola... ¿Qué pasó?-

-Dijiste que nunca entrara a tu cuarto sin avisar-

-Es verdad...-me reí un poco por la determinación con la que había pronunciado esas palabras- ¿Por qué volviste tan temprano?

-Yo... terminé mis cosas y... no lo sé- noté algo extraño en su mirada, aunque no supe definir bien qué era.

-¿Querés pasar?

-Claro, ahora que no es mortal para mí... -sonrió y se adentró en mi cuarto cuando yo me aparté para permitirle el paso- Lamento interrumpir tu sueño.

-No pasa nada, no estaba descansando mucho que digamos... -cerré la puerta y, al darme vuelta para enfrentar al joven, me sorprendí al notar que él ya estaba a escasos centímetros de mí.

Me tomó firmemente por la cintura y casi con desesperación, me plantó un beso en los labios. Sobre que ya estaba algo atontado por el sueño, aquél beso inesperado terminó de hacer añicos mis pobres neuronas. Logré reaccionar y corresponderlo a tiempo, abrazando al otro joven y pegándolo contra mí.

Francisco era un tanto extraño. Muchas veces no lograba comprender su manera de actuar o de pensar, pero algo comenzaba a tener en claro: él sí me quería de verdad. Más allá de su extraña manera de demostrarlo... Podría haberme matado cuando le dejé de ser útil, pero no lo hizo. Pudo haberse marchado, pero no lo hizo. Pudo haberme mandado a freír espárragos cuando le dije que quería estar a su lado, pero no lo hizo.

Fui consciente de que caímos juntos en mi cama y sólo atiné a abrazarlo, pasando mis manos por debajo de su ropa para sentir la frescura de su piel. Pero me sorprendió notar que estaba más bien tibio.

-Ey, no estás helado como siempre... -susurré mientras lo acariciaba.

-Eso ocurre luego de que bebo sangre, mi cuerpo cobra más temperatura... Casi como si estuviera vivo de nuevo- sonrió de forma algo triste y yo me apresuré a darle un beso rápido para borrar esa expresión de tristeza en su rostro.

-Se siente lindo- comenté

-Pues aprovéchalo mientras dure~

No hizo falta que me dijera más, ya que de inmediato le abrí la camisa y me apegué a él todo lo que podía...

~ o ~ o ~

Finalmente, tras semanas de mucho planear, ajustar cada detalle, pensar en posibles imprevistos y casi alcanzar un pico de estrés...Teníamos todo listo para irnos. Cerca de cinco meses habían pasado desde la propuesta inicial y en ese entonces, la idea del viaje era una realidad casi palpable.

Habíamos resuelto ir a Canadá. Un poquito frío ¿No? Pero, amigos míos, soy de la tierra en la que Julio Verne se inspiró para traernos "El faro del fin del mundo"; de aquel pedacito de plata que está a dos escasas horas de la Antártida; del hermoso lugar elegido por las ballenas para cantar su añoranza cada año...

Pensando en mi Patria, la verdad es que la extraño horrores, pero me contento escuchando canciones sobre ella en internet, o rememorando mi feliz infancia en su seno, rodeado por sus maravillas y el afecto que me prodigaban todos aquellos que la compartieron conmigo.

Francisco leyó anoche unas páginas de lo que estaba escribiendo y se quedó algo pensativo. Luego me fijé y vi que había agarrado justo la parte en donde yo le preguntaba por su pasado... Espero no haberle despertado viejas memorias que no deseaba sacar a la luz de la consciencia.

En fin, me estoy desviando del tema principal... El viaje a Canadá fue agotador, costoso y sobre todo, largo. Y claro, si fuimos de polo a polo, jaja...

Tiempo antes de llegar ya sabíamos en dónde íbamos a vivir. Había estado buscando casas por internet y había logrado dar con la que sería nuestro hogar. Era una finca más bien abandonada, en las afueras de la ciudad. Los vecinos más próximos estaban a kilómetros y nadie parecía frecuentar la zona. En otras palabras: era perfecta.

Tuvimos mucho trabajo al llegar, ya que el lugar necesitaba reparaciones y varios arreglos "especiales" para que pudiéramos estar bien seguros de que ningún imprevisto ocurriría. Pero tras semanas de arduo trabajo, me planté un día en la puerta de entrada, hacia el atardecer y al fin pude suspirar tranquilo, admirando nuestra casa por fin renovada y lista para ser habitada.

Pasaron los días lentamente. Trabajaba de noche cuando era mi turno, por eso las mayor parte de la mañana dormía . Las tardes, sin embargo, eran bastante solitarias. En esa casa tan grande, estar sin la compañía de Francisco me tenía de los pelos en ciertas ocasiones.

Justamente por eso había adoptado la costumbre de esperarlo tirado en el sofá, con la computadora en la mesita frente a mí, reproduciendo algunas de mis canciones favoritas. A veces también leía, pero con la música de fondo me sentía más acompañado.

Esa tarde estaba imitando la voz del cantante de rata blanca en uno de sus altos. Justo en mi actuación espectacular de "Aún estás en mis sueños" fue que Francisco entró a la sala. No lo noté hasta que no lo vi a mi lado, alzando una ceja. Pegué un salto tremendo, porque siempre era tan sigiloso para caminar que nunca me daba cuenta de su presencia hasta que ya era demasiado tarde.

-Woah... Fran... jeje...

-Interesantes tus actividades... -rió un poco mientras mis mejillas se teñían de rojo por la vergüenza.

-Bueno che... Algo tiene que hacer uno para matar el aburrimiento.

-Ya no vas a aburrirte mucho más, Martín. Hoy es el día.

Mis ojos se abrieron enormemente al captar el sentido de sus palabras. Por fin, después de todo lo que había estado esperando... ¿Sería el día de mi paso a la inmortalidad? Mi corazón comenzó a latir locamente dentro de mi pecho y el subón de adrenalina activó al máximo todos mis sentidos.

-¿H-hoy es el día?

-Sí, es el día para que mueras... A no ser que quieras disfrutar un poco más tu existencia humana.

-No, no... Después de todo, tanto trabajo, tanto esfuerzo que hemos hecho ha sido para llegar a esto... No voy a retrasarlo más, aunque admito que estoy algo nervioso...

-Dime en qué momento te sientes listo y seguro y allí será cuando lo hagamos.

-¿Tengo algo específico que hacer? Creo estar preparado, confío en tu decisión.

-Sólo... ¿No quieres caminar una vez más bajo la luz del sol, con los rayos acariciando tu piel? ¿No quieres probar por última vez tu comida favorita? ¿No quieres pasear entre las personas mientras aún puedes verlas como algo más que sólo alimento? Hay tantas cosas que puedes hacer...

-Fran... -me entristeció el deje depresivo de su mirada, ya que estaba seguro de que a él le encantaría poder hacer esas cosas. Yo, por el contrario, no me sentía deseoso de ello.

-Te daré un consejo: piensa qué es lo que harías en tu último día de vida y es haz, ya que tú sí estás consciente de tu propio fin...

No me gusta admitirlo, pero lagrimeé un poco. Soy muy apasionado por muchas cosas, lo cual también me hace bastante sensible para muchas de ellas.

-Despedirme... Eso habría dicho antes, pero lo cierto es que no hay nadie de quien me pueda despedir, ya que todos se fueron antes de mí... Sólo quiero leer algo por última vez y eso será todo.

-Está bien... -se lo notaba confundido por mi deseo tan simple- Te dejaré solo para que puedas hacerlo.

-Gracias- le sonreí cálidamente y me acerqué a un mueble donde sabía que había dejado mi libro. Caminé de vuelta hacia el sofá y me eché sobre el mismo, mientras veía a Francisco abandonar la habitación.

Me quedé allí tendido un rato, pensando... Después de tanto tiempo, al fin podría pasar el resto de mis días junto a él. Dios, así debían sentirse las personas el día de su boda...

Ese pensamiento me hizo reír, por lo que solté una discreta carcajada y luego abrí el libro, para comenzar a leer. Asterión... Mis ojos siempre se llenaban de lágrimas al llegar al final de ese relato de Borges, pero esta vez no permití que salieran: suficientes emociones para una tarde.

Acabé de leer y dejé el libro a un lado, permaneciendo recostado en el sofá. No sentí a Francisco hasta que lo tuve frente a mí. Le sonreí débilmente, puesto que me hallaba muy nervioso, pero él no me devolvió la sonrisa: estaba mortalmente serio.

Me puse de pie, esperando alguna indicación, pero todo lo que él hizo fue acercarse a mí repentinamente y rodearme con sus brazos, para luego plantarme un salvaje beso en los labios. He de admitir que me sorprendió su actitud, pero no tardé en corresponder.

Sabía que una cosa que él extrañaría sería el calor de mi cuerpo, por eso quise darle todo el que pude. El beso no se acabó allí, sino que cada vez que debía separarme para respirar, volvía a juntar mis labios con los suyos. Tanto fue mi arrebato de cariño que logré sacarle una sonrisa y con eso me sentí satisfecho. Me separé un poco para poder respirar bien.

-Es hora...- comentó él mientras me acariciaba el rostro. Me tomó luego de una mano y me guió nuevamente hacia el sofá. Se sentó allí y me indicó que me recostara sobre sus piernas, cosa que hice de inmediato.

-Quiero que me escuches y hagas caso a lo que yo te diga- dijo él, mirándome a los ojos. Yo sólo asentí, incapaz de articular palabra- Quiero que seas fuerte y te aferres a la vida...

Él hablaba mientras iba desabrochando los botones de mi camisa. Me había puesto muy nervioso en ese momento.

-Entonces no tengo que dejarme ir...

-Exacto, pero no te aferres a tu vida humana... Esa no, esa dejará de existir- pasó una mano por mi ya desnudo pecho.

-De acuerdo, haré mi mayor esfuerzo, pero... ¿Qué pasa si no lo logro?-lo miré con algo de temor y él me devolvió la mirada, clavando sus penetrantes orbes en las mías propias.

-Eres fuerte, tienes que hacerlo y hacer caso a lo que te pida- esas fueron sus últimas palabras antes de elevarme un poco y acercar sus labios a mi cuello.

El aire abandonó mis pulmones en ese instante. El dolor punzante que sentí en ese momento no lo había sentido nunca antes de ninguna manera. No era una sensación parecida a ser apuñalado con un cuchillo, ya que sus colmillos cargaban una energía más potente, más... siniestra.

Poco a poco me empecé a sentir mareado, casi al borde de la inconsciencia por la pérdida de sangre. Podía sentir los ahora débiles latidos de mi corazón, que luchaba por subsistir. De pronto, el drenar de mi sangre cesó y pude sentir unas cálidas gotas mojar mis labios. A lo lejos oí una voz.

-Por favor, tienes que beber...

Yo tenía ya un pie en el otro mundo, por lo que me costó entender lo que Francisco me estaba pidiendo, pero cuando lo hice, comencé a tragar aquél líquido que él estaba vertiendo en mi boca.

Mi vista estaba nublada, el resto de mis sentidos apagándose lentamente... Hasta que pude sentir algo fuerte tirando de mí, como si quisiera despertarme. Fue una súbita sacudida interior, algo que no había experimentado antes. Era como si una cálida ola recorriera todo mi cuerpo, sanando aquellos lugares lastimados, reforzando los sanos. Abrí los ojos de repente y sólo pude pensar en una cosa: necesitaba probar de ese mágico elixir de nuevo.

Me enderecé apenas y de inmediato tomé el brazo que Francisco mantenía sobre mis labios, donde finalmente lo acerqué y comencé a beber ávidamente de su sangre. El sabor metálico se encargó de activar cada parte de mi aletargado cuerpo. un suave quejido escapó de sus labios y fue allí cuando cobré plena consciencia de lo que estaba haciendo. Solté su brazo y lo miré a los ojos, mientras me relamía.

Él me sonrió cálidamente, gesto que me llenó de alegría.

-Tranquilo... -me dijo con voz suave, mientras se encargaba de detener su hemorragia- Lo has hecho muy bien. Con todo, yo seguía bastante mareado, por lo que le sonreí débilmente.

Cuando acabó de vendarse, me tomó entre sus brazos y me levantó en vilo. Yo sólo lo miraba, sintiéndome muy débil, pero a la vez contento también. Llegamos hasta su habitación y me recostó en su ataúd. En ese momento ni pasó por mi mente la idea de lo tétrico que ese gesto resultaba.

-Si tienes dudas, los vampiros podemos soñar... y también tener pesadillas. Ahora duerme. Descansa y despierta en el próximo atardecer.

Me dedicó una última sonrisa y, con esas palabras, cerró la tapa del ataúd sobre mí.


¡Hola! Ha pasado demasiado tiempo desde que subí el último capítulo de esta historia. Sé que es impresentable lo que he hecho y quiero pedirles disculpas a todos por haber demorado tanto. Lo cierto es que empecé la universidad y déjenme decirles que Bioquímica es una carrera bastante pesada... Muchas horas fuera de casa y mi tiempo libre lo pasaba en ballet.

Pero bueno, al fin de "vacaciones" (porque sigo estudiando y dando funciones) pude acabar este capítulo. Espero que les guste y desde ya muchas gracias a todos aquellos que siguen leyendo esto.

¡Felices fiestas! ¡Espero que pasen un bonito Año Nuevo, empiecen el 2014 con muchas ganas!

¡Saludos!