"DARLA"

(Escrito por Federico Hernán Bravo)

EPILOGO

A menudo, en los sueños se nos revelan cosas.

Es conocido los relatos de gente que mediante los sueños, ha visto u oído acontecimientos que luego, se cumplen en el mundo real. Catástrofes, asesinatos y demás suelen ser anticipados por sueños proféticos…

Luego de mi aventura con el fantasma de Darla, algo parecido me pasó.

Soñé una noche algo realmente perturbador y espeluznante, que sin duda alguna, tendría mucho peso en el futuro y que se ligaba a mi existencia.

Mi sueño fue el siguiente: me encontraba yo de repente delante de un templo antiguo, medio derruido… Era un lugar espeluznantemente gótico y extraterrestre, rodeado sorpresivamente por un muro de roca negra.

Mientras contemplaba semejante sitio, una sombra oscura de amenaza se cernió sobre mí. Me sentí observado por miles de ojos y me pareció escuchar cientos de susurros en la oscuridad de la noche que me rodeaba… una noche sin estrellas.

Por alguna razón que me era desconocida, caminé hasta la que parecía ser la puerta de entrada de ese mefítico templo. Se trataba de una puerta bostezante y derrumbada… al atravesarla, me halle en su interior, cuya estructura arquitectónica pude percatarme que era similar a una iglesia o catedral católica.

Siempre siguiendo algún oscuro designio que no conocía, me acerqué a un atrio. Allí, vi algo asombroso…

Un libro inmenso, de tapas grises.

El libro tenia algo escrito en el lomo. Sentí deseos de tocarlo, de abrir sus paginas amarillentas y roídas, mas, sabia por alguna extraña razón que si lo hacia, me expondría a un peligro sin igual.

No pude contenerme más y lo hice. Tomé el libro y vi el titulo que tenia escrito, garabateado con letras horriblemente retorcidas, producto de una caligrafía realmente… terrorífica.

El titulo decía lo siguiente: "EL ÁNGEL CAIDO"

Mas abajo, como una burla extraña, vi el nombre de su autor y eso fue lo que hizo que sintiera un frío tremendo en el estomago: Escrito por FEDERICO HERNAN BRAVO.

El sueño se terminaba bruscamente con una carcajada estridente a mis espaldas. Alguien (o algo) se hallaba detrás de mí y sin duda, sabía que al volverme, lo miraría directamente a los ojos y que vería entonces su rostro… El rostro del Diablo.


Un par de semanas después, hable con Nuria sobre esto.

Escuchó los pormenores del sueño tal y como acabo de relatarlo y cuando terminé de contárselo, se persignó instintivamente, nerviosa.

-¡Santa Virgen y Jesús Misericordioso!- exclamó.

-¿Tan malo es?

-¡Si que eres un tonto! ¿Qué no te das cuenta?

-La verdad… No.

-¡Ese sueño es clarito! Te están siguiendo, tonto… ¡Quieren que escribas un nuevo libro!

Me quede estupefacto al escuchar aquello. Nuria y yo estábamos sentados en la playa, todavía en Mallorca, en plena noche.

-¿Quién quiere que escriba un libro?- pregunté.

Como si le echaran sal a sus heridas, mi amiga hechicera se santiguo de nuevo.

-Voy a pensar que tienes el cerebro atrofiado, chaval- señaló.

-¿Estas sugiriéndome que el mismo Diablo quiere que escriba sobre él? ¿Qué por eso Mefistófeles se me apareció aquella vez? ¿Es eso?

-¿Acaso lo dudas?

-¿Y con que fin?

-¡Pues que sé yo! Pero lo que si sé, es que no debes hacerlo…

-¿Y por que?

-¿Cómo que por qué? ¡Escúchate! ¿Crees que ese cornudo infeliz tiene buenas intenciones contigo?- negó con la cabeza- No, estas equivocado.

-¿Y si en verdad él sabe acerca de mí?- objeté- ¿Y si tal vez tiene las respuestas que tanto busqué a lo largo de este tiempo?

-Las únicas respuestas que vas a encontrar son una muerte horrible…

-Nuria… ¿De veras crees en el Diablo?

-¡Claro que creo! Soy bruja, pero no tonta.

-Yo siento realmente que es quien tiene la respuesta a mis preguntas- le revelé.

Ella se puso de pie y negó con la cabeza mas enérgicamente.

-Federico… ¡Es una locura!

-Puede ser, Nuria… ¿Pero que quieres que haga? Me estoy cansando, realmente.

Yo también me puse de pie y tragué saliva antes de seguir hablando.

-Tengo que averiguar por qué no perdí mi alma cuando me convertí en vampiro… Tengo que saber quién me habló en los breves momentos en que estaba muerto y cual es mi destino… Y no veo otra forma que preguntárselo al mismísimo Príncipe de las Tinieblas.

Nuria me dedicó una lánguida mirada, antes de suspirar ruidosamente.

-Nunca te das por vencido ¿eh? Mira que eres cabezota.

La mire y sonreí, triste. Aquella era la despedida… otra vez.

-¿Te vas a ir entonces?- preguntó, esquivando mis ojos.

-Tengo que hacerlo. Tengo que seguir con mi búsqueda y ahora, tengo que dirigirme a la única fuente que me esta ofreciendo respuestas.

-Estas loco, cabron… Loco, loco…

Nuria dejo de lado su hostilidad y me abrazó. Repentinamente, pegó su boca con la mía y me dio un largo, húmedo y pasional beso…

-Tú estas mas loca- dije, separándome un momento de ella.

-No, no… ¡Tú estas mucho mas loco!

-Otra vez estamos discutiendo…

Nos reímos una vez mas. A estas alturas, resulta mas que evidente a ojos del lector nuestra relación…

Éramos amigos, pero Nuria dio ese pasó que siempre me costo dar a mi. En realidad, ella me gustaba y mucho, pero nunca me animé a decirle nada. Como ven, ella sin que yo se lo dijera, lo sabia (¿poderes de bruja, tal vez?) y había decidido demostrarme que el afecto, al parecer, era mutuo.

Volvimos a abrazarnos, pero por un instante, mi mente y mi corazón (que no latía, dado que como vampiro, mi corazón no funciona) volvieron a ella, mi único gran amor… a la creadora de mis días nocturnos…

…Drusilla…

-Piensas en ella, ¿eh?- dijo Nuria, y creo que entonces me di cuenta de que podía leerme la mente.

-Siempre voy a pensar en ella- confesé- ¿Qué puedo decir? No es algo que se pueda olvidar así de sencillo.

-Ya… Pero… ¿Realmente te tienes que ir?

-Tengo que hacerlo- insistí- No me retengas mas… Tengo que descubrir el porque de mi existencia.

-Eres un completo cabezota…

Volvió a besarme y realmente, creo que cedí un poco.

…En realidad, cedí demasiado…

Esa noche, ambos hicimos el amor en la playa, bajo la luz de las estrellas.


EN EL INTERIOR DE UN AVION EN VUELO, POR LA NOCHE, TIEMPO DESPUES…

Hacia un silencio de muerte.

Mientras me encontraba sentado en mi mullido sillón, la gran cantidad de mortales que me rodeaban se dedicaban a dormir o a cuchichear cosas en voz baja.

Mi cuarto libro ya estaba en manos de la editorial que solía publicármelos. Solo era cuestión de tiempo para que la historia de Darla viese la luz…

Mientras el avión surcaba un cielo nubloso y aparentemente calmo, mi mente retrocedía a esos instantes terroríficos de mi sueño.

La fuerza de la impresión era tan tremenda que todavía la sentía. Era como si tuviese encima mío constantemente un par de ojos que no dejaban de mirarme, escrutadores.

Iba a encontrarme con mi destino, finalmente, y lo que era peor, es que todavía no sabia que me iba a encontrar.

Sentía una ansiedad enorme y por un momento, tuve la alucinación de que el avión se sacudía…

…No… Entonces, comprendí que no era una alucinación… ¡EL AVION SE SACUDIA!

La gente dormida se despertó de golpe, gritando. Como si nos halláramos sobre una turbulencia, el avión entero se sacudió, tal cual una licuadora. Las azafatas se caían para todos lados y la voz del capitán desde la cabina de mandos sonó de esta forma:

-Pasajeros, su atención por favor… Estamos experimentando una serie de turbulencias… Rogamos que mantengan la calma y que… ¿QUE DIABLOS ES ESO?

Se produjo un sonido ahogado, como de gritos en la cabina y luego, un fuerte estruendo. Todo mundo gritó, aterrorizado, cuando la parte delantera del avión fue arrancada de cuajo y el aire de la noche penetró como un huracán en el interior del vehículo aéreo, sumiendo a todos en un pánico demencial.

En mitad de ese pandemonium (mientras el avión se precipitaba en picado a la tierra) distinguí que alguien se me acercaba. Era lo mas raro que vi jamás, ya que el sujeto en cuestión no parecía afectado por lo que estaba ocurriendo…

Se trataba de un individuo alto, joven, de cabellos negros y rizados. Vestía una gabardina oscura, la cual, ondeaba como una capa bajo el atronador viento huracanado.

El sujeto se paró cerca de donde yo me sostenía como podía y me dirigió una sonrisa sardónica.

…Fue entonces que me percaté de que no era humano…

Sus ojos eran los de una serpiente. Siempre con esa sonrisa demencial en sus labios, me tendió una mano, aparentemente, tranquilo…

-Bueno, Federico… Es un gusto conocerte… Al fin.

Iba a replicar algo, pero entonces supe a quien tenia delante de mí…

Mefistófeles, el Ángel Caído… El Príncipe de las Tinieblas.

Eso fue lo poco que pude saber, ya que al final, el avión se estrelló y explotó con la fuerza de miles de bombas juntas…


Siempre soñé como seria volar.

Cuando recobré la conciencia, lo primero que me llamó la atención, fue verme rodeado de nubes. Entonces, me di cuenta de mi situación… Me hallaba sostenido por alguien que me había levantado con una facilidad increíble, como si yo fuera un gran bebé.

Ese alguien era Mefistófeles. Con una sonrisa en sus labios, me di cuenta de que me cargaba, mientras volaba con la ayuda de un par de grandes alas negras que le sobresalían por la espalda.

-Veo que ya te has despertado- dijo, mirándome.

-Estoy soñando- dije.

Se rió ante aquello y su risa se me antojó glacial.

-No, no estas soñando… Esto es bien real.

-¿Dónde esta el avión?

-Me temo que a dos mil kilómetros en el piso… Se estrelló como una piedra.

-P-Pero… ¿Y los pasajeros?

-Muertos… Ningún sobreviviente oficial, creo.

-T-Tú… ¡Tú hiciste que el avión se estrellara!- le increpé.

Volvió a reírse, pero no me respondió. Sacudió las alas negras y rápidamente el vuelo se terminó cuando me depositó suavemente sobre una montaña enorme, en alguna parte del mundo.

Mefistófeles descendió a mi lado y las alas que tenia desaparecieron. Volvía a presentárseme como un humano, completamente, salvo por los feroces ojos de serpiente.

-¿Dónde estamos?

-Himalaya… Supongo que sabes que es la mas alta del mundo.

Me maree un poco, pero comprendí que me hallaba en completa merced de aquel nefasto ente.

-¿Qué quieres de mi?

Mas risas de su parte. Se cruzó de brazos y apoyó una pierna (enfundada en una bota de cuero) sobre una saliente de roca.

-Que te arrodilles y me adores- dijo.

-¿Qué?

-¡Es broma!- dijo y rió- En realidad, estoy aquí por ti… para darte esas preciadas respuestas al por qué de tu existencia.

Me quede mudo, incapaz de responderle.

-Si, es verdad, yo tengo las respuestas, querido amigo- aseguró- Y voy a dártelas…

-¿A cambio de que?- inquirí.

-Oh, de poco, en realidad… Una suma mínima, por cierto.

Tragué saliva y mire a mi alrededor. Era de noche y no tenia escape. ¡Estaba a su merced, en la montaña mas alta del mundo!

-¿Qué cosa?

Mefistófeles sonrió y acercó su bello rostro juvenil hasta casi rozar el mío.

-Que escribas un libro… SOBRE MÍ.

Por primera vez desde que me embarqué en esta aventura sobrenatural, experimenté una emoción que nunca antes había sentido, ni en mi vida de mortal, ni en mi existencia de vampiro…

Un pánico atroz…

FIN… (Por ahora)