Capitulo 1

-Pasos más largos.-

No era como si el mundo hubiera vuelto a la normalidad, por que después de todo, el mundo no había cambiado, sino que yo me había ido lejos de sus barreras malignas, cuando creía que todo había acabado para mí.

Era extraño ser el centro de miradas después de tanto tiempo, pero cuando vuelves al mundo donde ellos estaban tan acostumbrados a no verte, suele ser algo novedoso el ver una cara desaparecida aparecer de entre los escombros de recuerdos, sobre todo para una estación de policía a las tres de la tarde de un día de verano.

Me veo más alta y mis tacones resuenan por el piso de losa que cubre toda la parte de la zona de teléfonos y oficinas. Un acomodamiento de mi largo cabello rojo más tarde, y otras cinco miradas masculinas se centran en mí. No me había dado cuenta que estaba sonriendo hasta que me fije en mi reflejo unos segundos en la ventana.

Puede que la sensación hubiera sido genial cuando mis pies sintieron la suavidad de las sabanas blancas cuando desperté en el hospital, pero nada se comparo con poder escuchar el sonido de mis tacones hacer ruido cuando caminaba por la estación de policía, atrayendo la atención masculina de cada policía que se detenía en seco al ver a una familiar mujer pelirroja, tan jovial como solo se le había visto cuando tenía 17 años.

El vestido amarillo combinaba a la perfección con mi estado de ánimo.

-¿Podría ser…? –Decían algunas caras viejas.-

-Cielos….-Escuche en formas de suspiro, y está vez fueron caras nuevas, que debían llevar a lo menos cinco meses de graduados. Me di cuenta por la juventud en sus miradas, libres de atrocidades en el campo de batalla de los uniformados de Gotham.-

-¿Será ella…?

-Imposible…

-Creí que se había ido….

-¿Disculpe? –Dije yo, deteniéndome frente a una chica rubia que estaba limándose las uñas mientras escuchaba música en su Ipod, tenía los ojos cerrados, y por el sándwich de atún a medio comer deduje que debía estar en su hora de almuerzo.- ¿Hola…?

-Oh, lo siento, señorita no la vi.-Dijo la joven rubia, abriendo los ojos y sonriendo nerviosamente mientras guardaba el sándwich de atún y se quitaba los audífonos. Parecía tan inocente que enseguida supe que debía estar estudiando todavía.- ¿En qué puedo ayudarla?

-Lamento interrumpirla en su hora de almuerzo.-Ella asintió y con un gesto de mano le resto importancia.- ¿El comisionado Gordon está disponible?

-Bueno, está un poco ocupado, pero sigue en su oficina.-Dijo ella mientras parecía revisar una agenda.- Dígame su nombre y le puedo hacer un espacio en su agenda para las…-Reviso su reloj.- ¿Le parece bien a las cuatro?

Vi el reloj de la pared.

Había esperado un año, podía esperar otros quince minutos.

-Eres muy amable.-Sonreí mientras asentía y me alejaba hacía los sofás del otro lado de la estancia, donde me quede observando una fea y vieja pintura que reposaba justo al lado de la ventana.-

Me pregunte cuanto tiempo tardaría en notar que no le di mi nombre, pero tiempo después me dio igual puesto que se enteraría de todas formas. Entre suspiros y pequeños tarareos por parte de la joven secretaria los quince minutos se cumplieron justo a tiempo para ver como la puerta del despacho se abría estrepitosamente.

-Voy a ir a tomar un café, ¿Quieres acompañarme? –Decía la amble voz de un hombre alto, de pelo canoso que estaba de espaldas a la puerta, ya que hablaba con alguien que aun permanecía dentro de su oficina.-

Me levante en el momento que escuche el picaporte abrirse, y lo mismo hizo la chica rubia, quien tomo la agenda y se adelanto al pasillo, para ese entonces el olor a atún se había ido del pequeño salón.

-Comisionado, hay una mujer que quiere verlo.-

-Gracias, Danielle, pero dile que no puedo atenderla ahora, es mi hora de descanso.-Decía mientras aun esperaba a la figura dentro de su oficina que parecía estar diciéndole algo que era medio inteligible desde mi posición.-

-Pero señor….-Decía la chica rubia, que me dirigió una mirada desconcertada al ver como probablemente yo estaba poniendo una cara de idiota al hombre del bigote canoso, que aun no me notaba en su rango de visión al seguir de espaldas.-

-No te preocupes, Danielle.-Dije yo, mientras intentaba sin éxito esconder mi sonrisa al ver como la espalda del hombre se congelaba.- De seguro el comisionado tiene asuntos más importantes que atender, mejor vuelvo otro día y….

-¿Bárbara? –Dijo mi padre mientras perdía toda su compostura y se giraba con la boca abierta al ver a una joven chica que de seguro debía parecerle una alucinación en este momento para él.-

-Hola, papá.-Respondí mientras me movía en una ridícula presentación de pies y manos. Él sonrió inconscientemente al reconocer un viejo paso que le había mostrado cuando tenía 8 años, y estaba aprendiendo a bailar Jazz.- Adivina quien ha vuelto a casa.

-¡Bárbara! –De un momento a otro mi padre se había tenido que apoyar unos momentos en el marco de la puerta antes de reaccionar y correr a mi encuentro, con una expresión que hacía denotar lo desconcertado pero maravillado de lo que sus ojos estaban viendo.-

-¿Bárbara? –Escuche desde la oficina de mi padre, pero en ese momento no le preste atención.-

-¡Babs! –Decía mi padre mientras me besaba el cabello y apreciaba mi figura erguida.- ¡Mi niña!

-Papá, lo siento mucho….-Me abrazo hasta dejarme sin aire, incluso podría jurar que mis pies abandonaron el suelo unos segundos.-

- ¿Dónde has estado? ¿¡Tienes idea de lo preocupado que estaba, Bárbara Eileen!?

-Lo siento, papá, de verdad lo siento mucho.-Dije mientras sentía como lágrimas caían de mis ojos mientras veía como las de mi propio padre caían y me abrazaban con más fuerza.

Había confusión que desaparecía lentamente de sus ojos.-

-¡Por que no me dijiste a donde irías!

-No pude, yo…

-Te hubiera acompañado, sabes que podría haber sido un apoyo….

-Sé que tengo mucho que explicar.-Le dije mientras me sorbía la nariz y sonreía, aun abrazada a él mientras me acariciaba el cabello.- Te lo contare todo, pero tenía que hacer esto sola.

-Oh, Babs….-Dijo besándome en la frente, mientras me besaba por otros cinco minutos.- Bienvenida a casa, hija. Estás radiante.

-Hubiera sido bueno que al menos hubieras dicho adiós.-

Ese no había sido mi padre.

Por un momento me congele al reconocer la voz, y la figura que se apoyaba en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y la cabeza un poco gacha. Aun así, eso no me impidió ver el añorado color de sus ojos. Unos que había echado mucho de menos, a pesar de que estos no tenían el mismo brillo que antes.

-Dick….-El ambiente se tenso.-

Mi padre bajo la cabeza unos segundos, y Danielle, la secretaria parecía querer esconder el rostro en una de las revistas que leía para no ser parte del silencio incómodo que se había formado en la habitación.

-…Hola.-Me sentí como una tonta, definitivamente esto no estaba planeado.-

-Hola.-Dijo en un tono que no puede descifrar, mientras se adelantaba unos pasos. Me separe de mi padre para ir a su encuentro, y cuando estuvimos frente a frente, a pesar de que no me miro a los ojos, me tomo de las manos.- Tienes mucho que explicar, Babs.

- Lo sé.-Dije agachando la cabeza cuando un rubor de vergüenza se apodero de mi, mirarlo a los ojos era muy difícil en estos momentos.-

-Te ves hermosa.-El chico acomodo un poco su cabello, mientras una ligera sonrisa, una realmente familiar que me dio seguridad, apareció en su rostro.- Aunque para mi, siempre lo has estado.

- Te eche de menos, mucho.-Dije mientras una de mis manos iba a parar a su mejilla para acariciarla, él no me quito la vista de encima en ningún momento.- Lo siento, de verdad…-Susurré para que solo él lo escuchará.

- Más te vale que haya sido tanto como lo hice yo.-Dijo con un tono bromista, pero tomo la mano que lo acariciaba y la sostuvo ahí. Por fin nuestras miradas conectaron, y puede ver que estaba sonriendo, feliz.- Y bueno, ¿Cuál es mi recuerdo de donde sea que viniste?

-Un pijama de seda.-Dick alzó una ceja con una expresión incrédula, al igual que lo hizo mi padre.-Estuve en Japón. Tienen un médico especialista en discapacidades físicas.

-Japón, como diablos no se nos ocurrió…-Le oí murmurar.-

-Comisionado, el teniente Bullock en la línea dos, es sobre el caso Doggen.-Danielle, quien se había mantenido ocupada todo este rato intentando no estorbar en la escena, parecía un poco incómoda al interrumpir.-

-Diablos.-Dijo Gordon, mientras me miraba con desanimo, un poco dudoso de lo que debía hacer.-

-Ve tranquilo, papá.-Le sonreí para tranquilizarlo mientras tomaba la mano de Dick, y lo acercaba a mi.- Aún tengo que instalar mis cosas en el departamento, y saludar a mis amigos.

-¿Te veré mañana?

-¿Te parece bien para almorzar?

-Desayuno, almuerzo, cena, todo me parece bien, hija.-Dijo, y volvió a abrazarme, y después miro a Dick, que sonreía divertido al ver como mi padre se comportaba tan jovial.- Feliz cumpleaños, Dick. Mándale mis saludos a los chicos, y dile a Bruce que tenemos una charla pendiente.-

-Lo haré, que tenga un buen día comisionado.-Respondió, y entonces vimos como se cerraba la puerta de su oficina, cuando nos quedamos "solos" él me miro.- ¿Quieres ir por un helado?

-Me encantaría.-Sonreí como una boba, no sé por que me sentía como una adolescente en estos momentos.- Pero yo invito, después de todo, es tu cumpleaños.

-Me parece bien.-Dijo con una sonrisa tranquila.-

-¿Qué sucede? –Desde que había entrado en la habitación que estaba un poco extraño, un poco más frio, a pesar de que ahora no lo estaba.-

-Solo pensaba en que tu llegada calmara un poco los ánimos por casa.

-¿Y eso?-Fruncí el ceño.-

-Han pasado muchas cosas, pero será mejor que te lo explique con un helado en mano.-

- Debe ser algo serio….

-Nah, lo usual entre nosotros. -Oh dios, había pasado algo grave, el tick en el ojo lo decía todo.-….Por cierto, bienvenida a casa, Babs.

No era como si el mundo hubiera vuelto a la normalidad, por que después de todo, el mundo nunca había cambiado, sino que yo me había ido lejos de sus barreras malignas.

Una vez hace cuatro años, un día como este me cambio por completo, y me dejo pensando que ya no había espacio en el mundo para mí. Que todo estaba perdido, que ya no estaba segura en ninguna parte, y que ya no podía valerme por mi misma.

Pero entonces recuerdas cosas cuando estas sumida en la oscuridad. Recuerdas por que terminaste así, pero recuerdas también las cosas que te llevaron a ser como eres, las que te definen y cuales no. Recuerdas cosas que te ayudan a crecer.

Había una cosa que había aprendido en mis años de adolescencia y me paseaba como una vigilante enmascarada por la ciudad, la única cosa que había aprendido antes del gran golpe.

Todo cae, pero puede volver a levantarse, aprendiendo como evitar caer otra vez. Todo puede volver a empezar, es solo cosa de querer.

Me había alzado en mis piernas, y enfrentaba al mundo con pasos más largos que antes, pasos más rápidos, pero más cautelosos. Era consciente que en algún momento, mi camino podría volver a interrumpirse, que las segundas oportunidades se pierden cuando tropiezas con la misma piedra.

Mi piedra se había convertido en un arma. Quien quisiera hacerme caer con ella, caería conmigo.

Está vez me aseguraría de ello.

Bienvenida a casa, Babs, la guerra ha comenzado otra vez.