Beastly

Los personajes no me pertenecen, pertenecen a SNK Playmore.

Esta historia en realidad es una revoltura de un libro y una película. El libro es de V.C. Andrews se llama 'Jardín sombrío' que también tiene una película de 1987 y la película es la de 'La Duquesa'. Ambas son geniales, pero no con finales felices, o más o menos. Yo añadi los personajes y lo cree.

Capítulo I: comienzo del final

Se encontraba Athena mirando a los chicos pelear, demostrando quien es el más fuerte, acostumbraban a realizar un pequeño torneo al que llamaron KOF, se divertían ya que era un juego.

Kula, Mai, Mary y Yuri la acompañaban. Cada una apostaba a un chico diferente. Entre los chicos estaban K', Andy, Terry, Robert y Kyo. Athena le apostaba a Kyo. Ya que era el más rápido de todos, quizá Terry fuera fuerte o Robert astuto, pero Kyo era rápido, muy rápido y el mejor. Aunque eso no tenían por qué saberlos los otros. Era un acuerdo entre Athena y Kyo, quienes habían sido amigos desde pequeños. A pesar de que la posición de Kyo no era muy importante, Athena lo apreciaba como un amigo íntimo.

— ¡Vamos, Kyo! — gritaba Athena, emocionada. Kyo la miró y le guiñó un ojo mientras que con sus flamas arrojo a Terry fuera de la plataforma. Como era evidente terminó en primer lugar. — ¡Sí! — gritó Athena haciendo una señal de triunfo con los brazos. — Paguen chicas.

— ¡Eso no es justo! — gritaba Kula.

— Lo siento, un trato es un trato, — indignadas, las otras cuatro chicas pagaban. Se dispersaron, Mary fue a darle un golpe cariñoso en la cabeza a Terry, mientras él sonreía divertido. Kula besó en la mejilla a K' y engancharon brazos. Mai se acercó a su esposo, Andy, quien la recibió con los brazos abiertos. Mientras que Robert tomaba a Yuri desprevenida y la besaba.

Athena soñaba con llegar a conocer a alguien que la quisiera tanto como ellos a sus amigas. Todas estaban felizmente casados, ellas en edades entre 16 hasta los 22. Incluso Mai ya tenía una pequeña hija. Por suerte ninguno había cambiado, seguían siendo sus mejores amigas.

— Mi recompensa señorita, — le susurró Kyo al oído. Ella sonrió y se giró con el rollo de billetes en sus dedos. Sonrió malévolamente y lo escondió entre sus pechos.

— Siento decirle, caballero, que no será posible. A menos que se atreva a tocar a una Señorita, — dijo ella fingiendo horror. Kyo rió y negó con la cabeza.

— Tramposa.

— Se le llama ser mujer de negocios, — le sacó la lengua en un gesto infantil.

— No, se le llama ser una estafadora. Utilizar la belleza natural de una mujer es una estafa, — ella inconscientemente se sonrojó. Su madre le había hecho saber que lo que ella poseía físicamente, era mucho, pero su padre le aseguraba que para conseguir un buen marido era necesario aprender de los negocios. Ella obedeció y estudió con su padre, él orgulloso como nadie le enseñó todo lo que le pudo haber dicho a un hijo varón. Athena era lista y no sabía cerrar la boca, no se dejaba aplastar por nadie. Esa era probablemente la razón de mayor peso por la que no se había casado aun a los 17 años.

La tarde de diversión terminó cuando las nubes comenzaron a descargarse sobre toda su hogar, en Hong Kong, Japón. Su padre era un importante hombre de negocios, sabía cómo manejar dinero e incluso a la gente. Por lo tanto tenían todo lo que necesitaban y más.

Athena fue a cambiarse y Momoko la ayudó. Era una de esas noches tranquilas en las que no había celebraciones, fiestas, reuniones o un baile, que era lo que más le gustaba. Su coordinación era perfecta. Cuando se disponía a dormir llamaron a su puerta. Abrió y era su madre.

—Athena, cariño. Te tengo excelentes noticias, —la pelivioleta suspiró, sabiendo cuáles eran esas 'excelentes noticias'.

— Pasa madre, — se hizo a un lado.

Su madre, era tan testaruda como ella. Y se prometió hallarle el hombre perfecto a su hija para que nunca pasara por hambre o desgracia. Athena quería casarse por amor, pero sabía que no era posible, no era dueña de su propio destino. Su rebeldía no servía de nada, a veces se reprimía por respeto a su padre, pero quería gritarle a su madre que dejara de buscar candidatos. Todos salían huyendo al escucharla hablar, al saber que tenía cerebro. Sus amigas se habían casado por compromiso, excepto K' y Kula, quienes se habían amado desde el primer momento en que sus miradas se cruzaron. Mary y Terry se habían odiado desde el primer momento y las otras dos parejas fueron simplemente por obligación. Pero ahora, al verlos a todos felices y enamorados, no podía evitar pensar que a ella podría pasarle lo mismo.

— Hoy ha venido a visitarnos un joven que está interesado en tu mano.

— No me conoce madre, ¿Cómo puede alguien interesarse en otra persona si ni siquiera se han visto?

— Solo escucha. Él ha venido desde Southtown. Siempre dijiste que amabas la playa, no conozco ese lugar pero seguro que es hermoso. Dice que ha escuchado mucho de ti en estos últimos días. Tiene curiosidad por conocerte, — dijo su madre sonriente. — He investigado su nombre. Es uno de los clanes más ricos de todo Japón hija. Su nombre es Iori Yagami. Quiere saber todo sobre ti, se mostró entusiasta y educado todo el tiempo. Solo espera, dale tiempo, puede que gane tu corazón. Vendrá a cenar mañana, incluso tu padre ha dado su consentimiento. Vamos cariño, dale una oportunidad.

Athena no pudo más que asentir al ver la emoción de su madre. Perfecto, mañana en la noche conocería a otro de los candidatos. El cual saldría corriendo en cuanto la conociera. A pesar de ser fuerte, era una mujer y en cada una hay algo de vanidad. Cada vez que uno de los candidatos la miraba decepcionados, no podía evitar sentirse mal. Pero al final de la velada se sentía orgullosa de sí misma, ya que si no fuera así, probablemente estaría casada con el patán más grande del mundo.

El día siguiente se pasó rápido entre estudios y el prepararse. Siempre que salía con alguien su madre le daba un obligado baño con pétalos de rosas, un peinado que le ocasionaba dolor de cabeza al terminar el día y maquillaje. Debía admitir que no lucía mal, pero siempre que bajaba la mirada a su cuerpo, volvía a la realidad. Los hombres eran regidos por su pequeña cabeza, no por la grande. Lo que hacía a las mujeres protuberantes mucho más atractivas. Ella nunca había sido así. Era de constitución delgada, muy delgada. Pechos no tan pequeños ya que el corcel ayudaba mucho para que parezcan grandes y perfectas curvas. Los hombres apreciaban a las mujeres de cabello rubio y ojos azules, mientras que ella tenía un largo y lacio cabello purpura y ojos del mismo color. No había duda que era, en esa época, una mujer única y hermosa.

— Señorita Athena, la esperan, — dijo Momoko, la mujer que le ayudaba. — El joven Yagami ha llegado, si me permite, con todo respeto, debo decir que es realmente apuesto. No se parece en nada a los chicos que ha traído antes su madre, —Athena le sonrió. No era muy común que Momoko expresara su punto de vista. Era solamente una año mayor que ella y ella le daba esperanza ya que seguía soltera.

— Muchas gracias Momoko, bajaré en seguida, — la sirvienta asintió y se marchó. La pelivioleta tomó aire profundamente, estaba comenzando a cansarse de esto. Traía puesto un vestido rojo de encaje con el corsé tan ajustado que a veces le impedía respirar. Bajó cuidadosamente las escaleras, esperando no tropezar. Llegó al comedor en silencio. Había tres personas, sus padres y otro chico. Debía admitir que Momoko tenía razón. Era apuesto, más que eso. Probablemente una cabeza más alta que ella, cabello rojizo bien peinado, ni un solo cabello fuera de lugar. Sus ojos eran de un color Azul tan intenso que le recordaban a los aretes de gemas que tenía guardados. Pero había algo en ellos que no daban confianza. Era una frialdad e indiferencia ante todo.

—Athena, me alegro que llegaras, — dijo su madre al observarla. Su padre y Iori se pusieron de pie para esperar que se sentara. Lo hizo frente al joven pelirrojo. Él la miró y por un momento ella se sintió avergonzada, avergonzada de no poder llegarle ni a los talones al bellísimo ser frente a ella. Esperaba ver su cara de decepción, pero no fue así. Solo frialdad, como si no le afectase en lo absoluto. Eso fue peor que la indiferencia.

La cena comenzó y estuvo en silencio hasta que el padre de Athena, comenzó a hablar.

—Iori, ¿qué opinas sobre la guerra? — estábamos en noviembre, la guerra aún era un tema tocado por toda la gente.

— Me parece innecesaria, — dijo tomando un sorbo de su copa de vino.

— ¿Innecesaria? — dijo Athena con tono sorprendido. Ningún hombre había dicho eso antes, era justo lo que ella pensaba. Su madre la miro amenazadoramente. Iori levantó la mirada. — Fue más que eso, fue una estupidez. Murió toda esa gente por… —su madre le dio un codazo, logrando que se quedara sin aire.

— Lo siento mucho Iori, Athena tiende a exagerar, — se quedó callada, más que por la amenaza o la vergüenza, por la falta de aire. Debía admitir que Iori Yagami tenía un punto a su favor. Decidió callarse, porque por primera vez en todas las citas anteriores, éste chico de verdad le interesaba y quería agradarle.

La cena terminó con rapidez y Athena se disculpó. Pasó a la estancia, donde estaba la entrada principal. Por más que intentaba concentrarse en el libro que estaba leyendo, no podía. La mirada de Iori venía a su mente una y otra vez. ¿Por qué tanta frialdad? ¿Será ella? Miró por el ventanal que había al lado de la puerta principal. En ese momento una pareja tomada por el brazo pasó. Se veían tan enamorados. Ella creyó que jamás podría ser así para ella. Sería demasiado bueno para ser verdad.

— ¿Le gusta leer Srta. Asamiya? — preguntó alguien, sacándola de sus pensamientos. Se giró y Iori estaba ahí, de pie, mirándola. Ella dejó el libro a un lado y se puso de pie.

— Sí, señor. Me gusta mucho. ¿Se marcha? — preguntó cuando vio que se acercaba al cuarto donde estaban los abrigos. Se sintió algo decepcionada.

— No, daremos un paseo. Su padre y su madre han accedido, — tomó el abrigo de ella y lo extendió para que pudiera ponérselo. Athena obedeció más por inercia que por sentido común. Salieron a un nevado Hong Kong, ella odiaba el frío, pero no por eso el paisaje de una ciudad tan bella como esa, en pleno invierno con las calles blancas. No había mucha gente fuera. Ni muchos carros o carruajes. Iori le ofreció su brazo y ella encantada lo tomó. Ningún hombre ejercía esa fuerza sobre ella.

— Me pareció muy interesante los puntos de vista que proporcionó esta noche, Srta. Asamiya.

— Puede llamarme Athena, — dijo sin mirarlo. — Qué bueno que le gustaran, la verdad es que mucha gente, en especial los hombres, salen huyendo cuando me escuchan hablar. Estoy acostumbrada.

— Usted es inteligente, Athena, — ella se arrepintió de haberle dado permiso de decir su nombre. Sonaba como a una taza de chocolate caliente en pleno invierno. Sus piernas flaquearon aunque al escuchar su nombre se notaba que trato de salir lo más suave posible. — Y eso me agrada mucho de usted, eso me dice que podría manejar perfectamente un hogar.

— Pues no me parece que es lo que desee. Odio pensar que el casarme significará cuidar un hogar, limpiar, cocinar, etc. Mientras que el marido se va a trabajar, mi vida sería tan aburrida y monótona que moriría de aburrimiento.

— No me refiero a administrarla de esa forma. En mi caso, la mansión Yagami necesita mucho más que solo limpiar y lavar, además hay empleados para ello. Sería necesaria la administración de gastos. Y por lo que puedo deducir, usted sería muy buena en los negocios. Sabría que por ejemplo, el comprar un coche en lugar de un carruaje sería solamente un gasto completamente innecesario. Igual que como opinó de la guerra. ¿Cómo lo dijo? Ah sí, una estupidez. Opino lo mismo, solo que no lo dije frente a sus padres por educación. También imagino que no ha e gastar mucho dinero en atuendos o accesorios para usted misma, —Athena tomó eso como un comentario y no como el insulto que realmente era.

— Sí, supone correctamente. No soy muy aficionada a la moda, pero admito que me gusta el cambio y lo nuevo.

— Eso es increíble. Como le dije, única. Por eso no me andaré con rodeos, me gustaría que se casara conmigo, y entre más pronto mejor. Le he propuesto la idea a su padre y le ha parecido increíble. Entonces se lo digo aquí, Athena, ¿Se casaría conmigo?

Ella se quedó sin aire, Iori se detuvo y la puso frente a él para esperar una respuesta. Pero Athena no podía hablar. ¿De verdad le estaba proponiendo matrimonio? ¿Dónde quedaban todas esas frases románticas y cautivadoras? Ella sabía que los libros no eran reales, así que solo pudo asentir.

Después de eso todo fue rápido. Se casaron en una iglesia pequeña. Solo acudieron los padres de Athena y sus amigos. Ella estaba tan nerviosa que no miró a nadie más. Solo a Iori, que parecía tan irreal que creía que desaparecería en cualquier momento. Al terminar la ceremonia hicieron una comida. Los padres de Athena insistieron, era para celebrar que su nenita se casaba y se iba muy lejos. Kula, Mai y Mary la felicitaron. Mai aún no podía creer que se casara con uno de los hombres más ricos de todo Japón. La felicitó sinceramente. Iori solo permaneció sentado el resto de la noche, con cara de aburrimiento e indiferencia. A ella le hubiera encantado que la invitara a bailar, aun cuando ella no sabía, lo habría intentado.

— Sra. Yagami, — dijo alguien de pronto. Se giró y vio a Kyo. Ella sonrió, mucho. Él era su mejor amigo y siempre lo querría. Pero al mirarlo, pudo notar algo en sus ojos. Era tristeza o decepción, Athena no supo identificarlo. — Muchas felicidades Athena, espero que tengas todo lo que deseaste. Te ves realmente hermosa, como siempre.

— Gracias Kyo, no sabes cuánto me alegra que hayas venido, — dijo casi comenzando a llorar. Iori seguía distraído, mirando a todos lados menos a ella. No había comentado nada de su atuendo. Suspiró.

—Athena, si no es mucho problema, ¿me permitirías esta pieza? — ella lo miró con tristeza. Él era su único amigo y compañero de todos estos años y ahora ella se marchaba muy lejos. Asintió, sin importarle si Iori tenía algo que decir. Aunque la verdad es que no dijo nada. Comenzaron a bailar y por un momento Athena fue feliz. Como toda niña pequeña, soñadora, ella había imaginado su boda. Y esto no se parecía en lo absoluto. —Athena, ¿eres feliz? — preguntó el castaño.

— Claro, es mi boda. Todas las novias deben ser felices en sus bodas. ¿No?

— Sí, pero ninguna de las novias que he visto tienen una cara de pesar como la tuya. Ni siquiera Mary y Terry que se odiaban. ¿Quién diría que terminarían más enamorados que muchas parejas? — ella no dijo nada, era cierto. Iori no la veía como Terry a Mary o K' a Kula. No había emoción en esos hermosos ojos. No pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas. — No llores Athena, lo siento. No vine aquí a arruinar tu vida. Quería decirte una cosa antes de irme. Es muy difícil, pero tengo que hacerlo. Puede que no volvamos a vernos.

— No digas eso Kyo, por favor, — le rogó. — No quiero que creas que dejaremos de vernos. Quizá no tan seguido, pero debes prometer que me visitarás. Debes escribirme.

— Sería mejor que no, verás Athena, todos estos años yo… — bajó la mirada y ella notó el dolor en sus facciones. — Yo te he amado desde que éramos niños. Nunca te lo dije porque sé que mi posición no se compara con la de Iori ni con la tuya. Solo quería que fueras feliz, sabía que no correspondías mis sentimientos. Y disculpa si esto te altera, pero tenía que sacarlo de mi pecho. Estaba matándome poco a poco. Ahora que te vas y que sé que no te veré hasta dentro de un tiempo, me he armado de valor. Pero promete que no pensarás en esto que te he dicho. Solo quería que lo supieras y que sepas que no estás sola. Nunca mi niña, siempre estaré ahí cuando me necesites, — tomó una de sus manos y la besó en forma de despedida. Athena estaba llorando, mientras que él estaba a punto. Se marchó sin decir más a nadie, dejando a la recién casada desconcertada. Con esa afirmación, esa confesión, había logrado que se diera cuenta que sentía lo mismo. Todo ese tiempo el amor siempre estuvo a su lado.

Las despedidas fueron rápidas y sin mucho sentimiento. Lo único que le dolió a Athena fue no volver a ver a Kyo. Pero él ya se había despedido y había dicho lo que necesitaba. Empacaron todas sus cosas y el camino a Southtown fue agotador. Iori no dijo nada en todo el camino. 'Genial, vaya noche de bodas', pensó ella. Aunque si lo consideraba, estaba mejor. Athena no se sentía lista para estar así con un hombre. Iori la guió por la mansión, mostrándole importantes habitaciones. Entre ellas había una que era exclusiva del pelirrojo. Jamás debía entrar ella ahí. Después otra en la que Athena vio como Iori se puso tenso al preguntar por ella. A lo que solo contestó, 'Era la habitación de mi madre', ella asintió y siguieron caminando.

Iori no había hablado mucho de su familia. La verdad solo sabía que no tenía madre, que su padre era un hombre de negocios y que él también trabajaba en esa misma empresa. Pero la verdad es que no sabía nada.

Abrieron la puerta y el pelirrojo entró. El sirviente dejó las maletas de Athena en la entrada y se marchó.

— ¿Muy bien, qué te parece? — dijo Iori mirando a su esposa.

— Es… — no sabía que decir. La habitación parecía abandonada, como si nadie durmiera ahí. — Solitaria, — dijo al fin.

— Claro, esta habitación tiene años sin ser utilizada. Mandé a que la limpiaran para ti.

— ¿Cómo? ¿No dormiré contigo? — dijo muy sorprendida. Iori hizo una mueca burlona y negó con la cabeza.

— Claro que no, esta es solo tu habitación. Te dejaré para que duermas, has tenido un largo viaje, — con eso se marchó, dejando a Athena sola. Ella se sentó en la cama y no pudo evitar llorar. ¿Dónde quedaban aquellas noches apasionadas de las que leía o le platicaban? Esto debía ser un error. Iori no podía ser tan frío.

Pero por desgracia sí lo era. Los días pasaron y se convirtieron en un mes. Iori nunca estaba en casa y ella tenía que administrar todo. Los sirvientes, muchos, la veían con desprecio. Ella comenzó a imponer orden sin importarle las malas caras o las muecas.

Una noche en la que Athena descansaba, se despertó al escuchar ruidos. Se sentó en su cama y miró la puerta. Pero no había nada. Después se giró y ahogó un grito. Había alguien ahí, un hombre y estaba desnudo. Era Iori. ¿Qué hacía allí, y desnudo? Él se giró.

— Quiero un hijo, un heredero, — dijo como si le estuviera pidiendo más vino a uno de sus sirvientes. Como una orden.

Se acercó y Athena se paralizó, ella no sabía qué hacer. Pero no tuvo que hacer nada, Iori la tomó y la movió como si fuera una muñeca. Fue doloroso y sin ternura o cariñoso. Athena evitó llorar, pero no pudo evitar las lágrimas. El pelirrojo terminó y se alejó después de cubrirse con una bata que estaba en el sofá y que ella no había notado. ¿Cuánto tiempo tendría ahí esperando?

Athena se quedó en su lugar, desnuda y dolorida. Comenzó a llorar amargamente, maldiciendo el día en el que Iori Yagami se había presentado en su puerta.

Continuara...

Esta historia es muy diferente, quedan advertidos que Iori es completamente OOC. Tendrán que tener mucha paciencia con él. Al principio será como que O.O? Pero verán que todo saldrá bien, ¿de acuerdo? Espero que les guste y que dejen comentarios.

Solo tendrá unos 5 capítulos, así que si todo va muy rápido no se sorprendan. Ya tengo escritos 2, así que todo depende de ustedes. :D

ATT. Athena1992