N.A: Hola, y bienvenidos a mi nuevo Fanfic de Sailor Moon. Debo de aclarar que este Fic puede contener algunas escenas que pueden ser consideradas violentas, así que aténganse a las consecuencias si estas no son de tu gusto. También hay diferentes escenas enfocadas en POV de diferentes personajes de la historia. Ahora no he tenido oportunidad pero esta historia va ser de Serena/Darien, (lo siento por las fans de Seiya ) Como aclaración el primer capítulo, era un sueño, en realidad no se estaba casando con Darien como lo traté de explicar aquí.

Y por último le agradecería que dejaran comentarios para ver como les va pareciendo la historia, espero que sea diferente a lo que hayan leído anteriormente.

TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A NAOKO TAKEUCHI

Capítulo 2: El Sueño de Mina

Luna

-¡Serena!- Le grité a mi descuidada dueña, que estaba acurrucada como una niña pequeña entre sus cobijas de lunas y conejitos.

-¡SERENA ES TARDE!- Por fin se incorporó lentamente. -¿Qué no escuchaste el despertador? Que irresponsable eres, ya tienes 17 años- Le reproché. Ella me volteó a ver todavía medio dormida. Entonces abrió los ojos como platos y de repente me envolvió en un fuerte abrazo.

-¡Luna, estas bien!- Soltó con alegría.

-Por supuesto que estoy bien, ¿Qué te pasa Serena?- Ella me tomo de mis axilas y me levantó a la altura de sus ojos, y con aire muy serio me dijo. –Estaba soñando con mi boda, me iba a casar con Darien, pero estaba muy nerviosa, y entonces pesaba 400 kilos y tu morías aplastada por…- Se interrumpió mordiéndose un labio, dudosa por si debía continuar, mientras yo la miraba incrédula.

–Pero ya no importa, porque al final resultó que solo era producto de mi imaginación, y cuando despertaba estaba otra vez en la boda, y mi querido Darien estaba allí esperándome, y nos casábamos, y todos estaban allí, incluso tú y Artemis. ¡Y luego todos comíamos un banquete gigante!- Anunció muy feliz.

-Serena, no se porque ese sueño me suena mucho a ti- Le dije sarcástica.

-Bueno, aunque me molestes, no me voy a pelear contigo hoy, porque voy a tratar de ser una buena niña. Me dijo con una sonrisa radiante. La contemplé mientras se terminaba de levantar y estiraba sus brazos. El nombre de mi dueña era Serena Tsukino, una joven de 17 años común y corriente, bueno por lo menos en apariencia, hace 3 años, ella me encontró y yo la escogí para que se convirtiera en Sailor Moon, la justiciera que lucha por el amor y la justicia. Tiempo después se reveló que era en realidad la princesa Serenity, la heredera al trono del milenio de plata, junto con Darien o como se le conocía hace mucho tiempo, Endymion, el príncipe de la tierra habían reencarnado en nuestro tiempo, después de haber muerto en la pelea contra el Negaverso.

Sailor Moon y sus amigas, las Sailor Scout se habían encargado de proteger a nuestro planeta de las garras de números enemigos, y después de interminables batallas, al fin nuestras vidas al fin seguían su curso normal.

-¡Luna es tarde!- gritó cuando su vista se encontró con el reloj.

-Ya te lo había dicho yo, gracias por escucharme Serena- le repliqué. Ignorándome, comenzó a desvestirse y a lanzar ropa por los aires en busca de su uniforme.

Serena era una adolecente despistada y floja. Saca malas notas y su mayor alegría en la vida es comer y dormir. Si, tal vez Serena no es la personificación del arquetipo de una princesa, pero eso no es la que la hace especial. Serena es… Serena. la persona que ha mantenido a las Sailor Scout unidas, la persona que daría su vida una y otra vez para mantenernos a salvo. La persona que ha luchado incansablemente porque podamos cumplir nuestros sueños y vivir en nuestro amado planeta, es por eso que es tan importante para nosotros, es nuestra princesa.

Por cierto, mi nombre es Luna, soy una gata negra con una luna creciente en su frente, puedo hablar y fui designada por la antigua reina del Milenio de Plata para cuidar a la heredera al trono. Aunque a veces resulta bastante complicado.

Serena terminó rápidamente de atar sus cabellos rubios en dos odangos, y ya vestida, tomo su cartera y salió disparada hacia el piso de abajo. Yo me dejé caer en su cama, tal vez podría echarme otra siesta cuando el usual bullicio de la mañana se apaciguara.

Escuché a la mamá de Serena, Ikuko decir. –Hija, ¿no vas a desayunar con nosotros?-

-¡Do mamá ef tafde!- Articuló Serena con lo que según podía adivinar era comida en su boca.

-Bueno, ya veo que te lanzaste sobre el pan tostado- Dijo riéndose la voz de su padre, Kenji.

Traté de no ponerles atención hasta que después de unos minutos el ruido cesó, tras un portazo. Ya no había nadie en casa, Serena se había marchado corriendo a su escuela, su padre a su trabajo, su hermano Sammy a la primaria y mamá Ikuko por las usuales compras, esta era mi oportunidad para pasearme a mis anchas por la casa sin ser molestada. Baje lentamente las escaleras y me dirigí al comedor donde como siempre me habían dejado un plato lleno con leche calientita.

La empecé a lengüetear, despreocupadamente, cuando de pronto me di cuenta de un paquete envuelto en tela morada con pequeñas lunas.

-Esa Serena, volvió a olvidar su almuerzo- Dije con desanimo. Conociéndola llegaría llorando a casa en unas horas lamentándose por haber pasado hambre y ya que no tenía la intención de gastar mi tiempo escuchando sus lloriqueos, agarre el pequeño obento en mi hocico y dando un salto hacia el alfeizar de la ventana, me dispuse hacia la preparatoria Jubban.

El trayecto transcurrió con tranquilidad, lo más que llegó a pasar fue que unos turistas norteamericanos, me señalaron curiosos cuando pase por una de las bardes de la avenida principal con el obento de Serena en mi boca. Tardé aproximadamente media hora en llegar. Recorrí los ya tan conocidos pasillos y me dirigí al salón de mi descuidada dueña. Traté de esquivar a los alumnos lo mejor que pude. Al parecer el descanso ya había comenzado y todos se dirigían al patio con sus propios almuerzos.

No vi a Serena ni a las chicas por ningún lado. Pero adiviné donde podían estar cuando escuche gritos provenientes de su salón.

-¡Y SI VULVE A LLEGAR TARDE OTRA VEZ SEÑORITA TSUKINO, NO ME VA A QUEDAR DE OTRA MÁS QUE EXPULSARLA POR UNA SEMANA ENTERA!- La puerta entreabierta me dio la imagen de un hombre en sus sesenta, algo calvo y con unos lentes anticuados que enmarcaban su rostro de un color rojo granada por el enojo.

-Sin contar sus terribles notas y las veces que se ha quedado dormida en MI ó diciendo. Tenía la pinta de que en cualquier momento los ojos se le iban a salir de las orbitas.

Serena estaba con aspecto de niña regañada delante de el. Tratando de esquivar lo mejor que podía las gotitas de saliva que le llegaban a su cara cada que el profesor furioso le dirigía la palabra.

-Solo mire este examen- Le dijo tomando un papel de su escritorio. – 43 puntos en un examen básico de matemáticas, Señorita Tsukino, a este paso no le va a quedar otra que repetir el año-.

Entonces Serena que tenía la mirada dirigida al suelo la subió lentamente, dirigiendo la más inocente mirada al profesor. –Lo siento- murmuró suavemente. Lo que provocó que el tono rojo del profesor se bajara y acumulara en las mejillas. Realmente, a veces Serena no mide la reacción que tiene en las personas, especialmente con este tipo de maestros rabo verdes. Aunque debo decir que antes no era así, mientras la princesa más crece, me he fijado que el comportamiento de las personas a variado, a su favor. Tal vez sean imaginaciones mías, pero desde el mes pasado, cuando mamá Ikuko envía a Serena por algunas compras, los vendedores tienden a ser demasiado amables con ella, le regalan cosas y le han llegado a bajar los precios. Por lo que me ha platicado, en la escuela, los profesores no la han reprendido como deberían por llegar tarde o comer en clase y los alumnos tanto hombres como mujeres han empezado a comportarse como si fueran amigos de toda la vida. Hay algo extraño pasando allí.

El hombre se llevó una mano a la calva y empezó a soltar una risa nerviosa. – Bueno, no hay que ponernos tan estrictos, además aun puede hacer el examen de recuperación ¿no es así?-.

El rostro de Serena se iluminó en una gran sonrisa. -¿De verdad?- Le preguntó algo sorprendida por el inminente cambio.

-Si, si, ¿Por qué no le pide a la señorita Amy que le ayude a estudiar?, a usted y la señorita Aino, que se encuentra en su misma situación, pero la mu escurridiza se escapó antes de que pudiera hablar con ella-

-Lo se preocupe profesor Kankuro, haremos nuestro mejor esfuerzo- Dijo llevándose una mano a la coronilla en un intento de saludo militar.

-Claro que si prefiere que le de clases particulares- Sugirió aumentando su sonrojo.

-Eso no será necesario profesor- Interrumpió una voz femenina. Yo me había escabullido debajo de una de las bancas, sin que me notaran y desde allí pude ver como Amy Mizuno (mejor conocida como Sailor Mercury) hacía su aparición en la sala. Tomó a Serena por los hombros, atrayéndola como si quisiera sacarla de allí. Era una joven como de 1.60 metros, delgada y con el cabello corto de un tono azulado. Era muy guapa. Pero lo que distinguía a Amy era su inteligencia, desde que despertó como la reencarnación de la justiciera del planeta Mercurio, siempre a tomado el papel de ser el cerebro del equipo. Todo el tiempo lleva un libro encima y su mayor sueño es llegar a ser una gran doctora. Aún así es una niña muy dulce y compasiva, que gasta su tiempo tratando de que a Serena se le meta algo de información en la cabeza.

-No se preocupe, yo me encargaré de que Serena obtenga el mejor puntaje en el examen de recuperación. Le dijo algo tensa. –Pero ahora ya se está haciendo tarde y Serena necesita comer algo ¿cierto?-.

Serena abrió como platos los ojos cuando con la referencia al almuerzo, se acababa de dar cuenta que lo había olvidado en casa.

-Por supuesto, ya la he retenido demasiado señorita Tsukino, si me disculpan a mi también me falta probar algún bocado antes de que comiencen las clases-. Dicho esto se retiró guiñándole a Serena un ojo. Mientras ella y Amy lo saludaban tensas con la mano. En cuanto la puerta se cerró suspiraron aliviadas.

Yo no perdí oportunidad y salté de mi escondite. Deje el obento en el suelo y traté de llamar su atención con un siseo.

Los dos chicas voltearon instantáneamente y pusieron caras de sorpresa al verme.

-¡Luna, trajiste mi comida!- Gritó felizmente Serena, abalanzándose sobre la caja.

-Si Serena, te la traje, pero ¿por qué tienes que ser tan olvidadiza?-. No se molestó en responderme porque ya se había llevado un onigiri a la boca.

La puerta corrediza se volvió a abrir dando paso a una chica alta de cabello castaño atado en una simple coleta en lo alto de su cabeza.

-¿Ya terminaron de sermonear a Serena?- Preguntó algo preocupada, pero no alcanzó a oír la respuesta cuando me vio.

-¡Luna, qué haces aquí!- Preguntó sorprendida.

-Luna vino a traer el almuerzo de Serena Lita- Le dijo Amy en tono comprensivo.

-Si y como ya cumplí con mi tarea, me voy. Aún tengo cosas que hacer-.

-¿Tienes cosas que hacer?- Preguntó incrédula Serena que con dificultades se había pasado el bocado entero.

-Si, a diferencia de ti, yo no pierdo el tiempo- Dije airada.

-Ya, no me molestes Luna- Replicó Serena en su usual tono de queja. Yo volvía dar una salto hacia la ventana y les dije. –Bueno, nos vemos luego chicas-.

-Adiós Luna, respondieron a coro-. Me alejé del salón escuchando como las tres amigas se quedaban riendo y bromeando entre ellas. Desde que se conocieron, se había vuelto muy unidas.

Sorteé las diferentes habitaciones tratando de que nadie me viera, hasta que al llegar a la ventana que daban a los baños, donde me detuve en seco al escuchar una voz muy familiar. Una joven de cabello rubio, el cual lo tenía recogido en una media cola sobre su nuca con un lazo rojo, se encontraba encogida, en uno de los rincones llorando a lágrima viva. No parecía que aparte de ella hubiera un alma en el baño, a excepción de un gato blanco, que estaba acurrucado en su regazo, desde donde le caían gruesas lágrimas. Él preocupado, le susurraba palabras cariñosas.

-Tranquila Mina, todo esta bien, solo fue un sueño, no quiere decir nada ¿está bien?, solo estás algo alterada por los exámenes y todos tus problemas los estás proyectando con las horribles batallas que han tenido que pelear, ¿por qué no le cuentas esto a las chicas?-. Le dijo el gato blanco. Sin perder tiempo, salté aterrizando al lado de ellos.

-¡Luna!- Gritó Artemis sorprendido. Artemis, al igual que yo, era un gato guardián que se encargaba de proteger y guiar a las Sailor Scouts, solo que él era el compañero de Sailor Venus, la joven que en esos momentos cubría su rostro con sus manos, para evitar ser vista llorando. Pero al escuchar que su gato gritaba mi nombre, alzó la vista alterada, poniendo una mueca, como si no se alegrara nada de verme.

-Luna- Volvió a repetir. Su rostro estaba lleno de puntitos rojos, y sus párpados se encontraban hinchados, lo que indicaba que había estado llorando por largo rato.

-¿Qué te pasa Mina?- Traté de decirle con el tono más condescendiente que pude. Pero al pronunciar estas palabras solo provocó que sus ojos se anegaran en lágrimas de nuevo.

-¿Quieres que llame a las demás chicas, llamo a Serena?- Le pregunté cuidadosa.

-¡No!- Me gritó aterrorizada alzando las manos en una señal de que parara.

-¿Qué pasa Mina? – Volví a preguntar aún más preocupada.

-Mina, o le dices tu o le digo yo- Afirmó Artemis en tono serio. La muchacha solo lo miró asustada y negó con la cabeza. Artemis exasperado, me volteó a ver y dijo.

-Mina está asustada, por que tuvo un terrible sueño en donde asesinaba a Serena-

Mina

¡Era tarde! Como de costumbre me había quedado dormida más de la cuenta, y tras vestirme a velocidad supersónica, me encontraba corriendo a máxima velocidad por las calles de Tokyo, para llegar a la preparatoria Juuban, en donde mis amigas y yo cruzábamos el último año de preparatoria, hacía un año que nuestras vidas habían regresado a la normalidad, después de la encarnizada lucha con Sailor Galaxia, una mujer más bien loca que trataba de dominar el mundo, robando a los seres de esta galaxia sus semillas estelares. Pero con la ayuda de las Sailor Star Light, cuya identidad secreta era un grupo musical de guapísimos chicos, los cuales casi seguro estaban enamorados de mi, habíamos logrado ganar y devolverle la paz a nuestro hogar.

Ya había pasado casi un año y ahora, solo teníamos que preocuparnos de las más triviales cosas, como llegar tarde a la escuela, como hoy.

Viré violentamente en una de las esquinas y a lo lejos logré ver a otra persona que iba corriendo a la misma velocidad que yo, una chica casi de mi estatura, con un característico pelo rubio amarrado en dos altas coletas.

Sin dejar de trotar alzamos nuestras manos a manera de saludo y nos emparejamos para seguir corriendo juntas.

Se podría decir que Serena y yo éramos las chicas del grupo, con los estilos de vida más despreocupados, lo cual era fantástico, pero a veces como en esta ocasión, un retardo más haría que el profesor nos diera una buena reprimenda, al fin y al cabo, ya habíamos llegado tarde 3 veces esta semana.

Cruzamos nuestra usual ruta y llegamos a una de las avenidas principales, en donde tuvimos que parar por que el semáforo cambió a color verde. Genial, ahora llevaríamos un minuto y medio de retraso. Los carros comenzaron a avanzar aumentando su velocidad. Pasaban continuos unos tras otros, todos de diferentes tamaños y colores, nunca me había fijado en los autos de esa manera, si te ponías a pensar ¿no eran hermosos?. Los carros seguían circulando. Amarillo, gris, verde, azul. ¿desde cuando eran tan hipnóticos?. Escuche a Serena parlotear a mi lado algo acerca de unos exámenes y un profesor furioso, un sentimiento de ira comenzó a surgir en mi ¿por qué no se podía callar y disfrutar del espectáculo?

Azul, rosado, negro, y gris de nuevo.

-Y entonces me dijo, Señorita Tsukino si usted y su amiga vuelven a llegar tarde o vuelven a cometer alguna otra falta, no me va a quedar remedio más que hacer que lleven el curso de clases intensivas el fin de semana. Y entonces yo le dije…-

Verde, naranja, blanco, blanco otra vez. La odiosa niña al lado de mi no me dejaba concentrar, acentuando la falta de un color, si de algo me estaba perdiendo, habían amarillos, azules, verdes, blancos, negros, cafés, naranjas, rosados, violetas y… ¿Qué color faltaba?

-…Después de todo, hoy a las tres se va a inaugurar una nueva heladería y si logramos escabullirnos del profesor Kankuro, tal vez podremos estar a tiempo, no lo crees Mina?-

¿Cuál color era? La calle parecía un lienzo en movimiento el cual se salpicaba con hermosos colores, era casi perfecto, pero faltaba algo para alcanzar esa perfección. Si, un color muy importante, el cual completaría la obra maestra. Yo era el artista que se tenía que encargar de hacerlo, solo yo podía hacerlo. ¿Pero no sabía qué era lo que faltaba. En mi corazón un sentimiento muy grande de frustración comenzó a apoderarse de mi.

-¿Mina?- Me preguntó Serena moviendo su mano de un lado a otro en frente de mi cara, tapando la visibilidad de mi gran obra. Con enojo aparté su mano de encima.

Veamos, repasemos, tenemos, azul, negro, amarillo, rosado, café, naranja, negro, violeta, plateado, gris, dorado ¿Cuál es? ¡Ah si! ¡Rojo!.

Tomé a Serena del hombro y la empuje al asfalto negro de la calle. Ella me miró con expresión sorprendida y alcanzo a ver como su mirada de azul celeste se perdía cuando un gran camión negro impactó sobre su cuerpo con un golpe sordo.

Estaba tan contenta, esto era hermoso, esto era lo correcto, esto era lo que tenía que hacer.

El camión frenó violentamente, produciendo el choque de otros carros en una carambola. Se escucharon gritos a lo lejos, ¿gritos? No estoy equivocada si ponen atención se darán cuenta que en realidad son aplausos, están festejándome a mí, porque pude completar la rapsodia de colores en el gran lienzo de la ciudad. Una mano inerte sobresale por debajo de las llantas, sosteniendo un broche de transformación en forma de corazón, el cual está ya también roto.

En el suelo de la avenida, un líquido rojo oscuro empiezó a fluir lentamente, camine unos pasos y me agacho a contemplarlo.

-Precioso-. Susurre. El aroma es perfecto, ¿qué tal la textura? Hundo mi mano en el líquido que se siente caliente. Es perfecto. Entonces bajé la mirada a mi blusa blanca y me doy cuenta que con el impacto unas gotitas de sangre mancharon mi blusa. Me volteo a ver en el reflejo metálico del autobús, que arroyó a Serena. Mi cara está también salpicada con la roja sustancia, me hace ver hermosa, soy hermosa. Sonrío y vuelvo a susurrar. –Precioso-.

Y después, negro. Me despierto agitada, soltando un pequeño grito, para encontrarme la mirada furiosa de un profesor entrado en edad, el cual me mira desafiante.

-¿Y bien señorita Aino. Es esta la conducta de una joven de 17 años?-. Me encuentro desorientada y mi corazón late desbocado, lo puedo escuchar retumbar contra mis oídos. Unas gotitas de sudor resbalan por mis sienes. Volteo a ver a mi alrededor. Mis compañeros están haciendo lo mejor posible por contener la risa, y allí están, Amy, y Lita. Falta Serena. ¡Serena!. Dirijo mi vista a su lugar y la encuentro en una posición muy cómoda. Está durmiendo plácidamente sobre sus libros ajena a la situación, creo que hasta esta babeando un poco. –Darien-. Susurra en un suspiro. El maestro y los alumnos dirigen su vista a ella y no pueden evitar soltar una carcajada, a excepción del profesor, quien se dirige a su mesa y golpea el pupitre firmemente, causando que Serena se incorpore asustada volteando a ver desorientada de un lado a otro. –Quiero hablar con usted y con la señorita Aino en el descanso señorita-. Anuncia el profesor Kankuro enojado.

Serena me voltea a ver preocupada y yo trato de dirigirle una sonrisa despreocupada, como si no hubiera pasado nada. Proseguimos con la clase, y conforme va pasando el tiempo las imágenes del sueño se van haciendo mas claras. Unas nauseas incontenibles se apoderan de mi, y en cuanto suena el timbre del descanso, salgo corriendo del salón, ignorando los gritos del profesor.

Al recorrer los pasillos de mi escuela, y ver mi reflejo en ellos, por un momento diviso ver salpicaduras rojas en mi rostro, lo cual hacen que me pare en seco para comprobar que todo esté bien. Y en efecto no hay nada allí. Mi imaginación esta jugando trucos conmigo. Corro al baño y al encontrarlo vació me siento en una esquina y me suelto a llorar desconsoladamente, pues la angustia que siento, no me da para menos.

Entonces escucho una voz masculina que se sitúa frente a mi. -¿Mina, por que lloras?- Me interroga Artemis, mi pequeño y blanco gato. Hago un intento por limpiarme las lagrimas y le pregunto. –No pasa nada Artemis, es solo que tuve una pesadilla, pero ¿qué haces aquí?-

-Nada, solo me quería dar una vuelta a ver si me encontraba con Luna-. Dice algo sonrojado. -¿Pero de que era tu sueño?-.

Dudo en decírselo, por que se que al contarlo me voy a volver a sentir sucia de nuevo, pero Artemis es mi guardián y no le guardo secretos, así que trato de relatarle mi sueño lo más detallado posible, tratando de no ahogarme con mi llanto cuando llego a la parte final. Artemis me contempla preocupado y se acurruca en mi regazo para consolarme, diciéndome palabras tranquilizadoras.

-Tranquila Mina, todo esta bien, solo fue un sueño, no quiere decir nada ¿está bien?, solo estás algo alterada por los exámenes y todos tus problemas los estás proyectando con las horribles batallas que han tenido que pelear, ¿por qué no le cuentas esto a las chicas?-. Me dijo el gato, consternado. Entonces escucho como Artemis grita. -¡Luna!-. y yo volteó a ver para encontrarme con la gata negra de Serena. No puedo evitar que una mueca se me forme en el rostro, al verla siento como si un una presión se instalara en mi estómago ¿me estaré volviendo loca? Pienso.

-Luna- Vuelvo a repetir.

-¿Qué te pasa Mina?- Trata de decirme comprensivamente lo cual hace que nuevas lagrimas se formen en mis ojos.

-¿Quieres que llame a las demás chicas, llamo a Serena?- Me pregunta.

-¡No!- Grito demasiado alto. Solo verla me sentiría culpable, ¿cómo pude soñar algo así? No ¿cómo me pude alegrar de hacer algo así?

-¿Qué pasa Mina? –Me vuelve a decir.

-Mina, o le dices tu o le digo yo- Me dice Artemis. Al ver que no respondo, el toma la iniciativa.

-Mina está asustada, por que tuvo un terrible sueño en donde asesinaba a Serena-

-¡Artemis!-. Le reprocho, ¿tenía que decirlo de esa manera?.

-¿Qué?- Pregunta Luna sin comprender.

-Nada, Luna, es solo que tuve una pesadilla en donde… bueno ocurría un accidente, con Serena y me asusté mucho, pero eso es todo, fue solo un sueño, no te preocupes-.

-¿Estás segura?- Pregunta la gata algo dudosa.

-Si, claro-. Le digo con mi mejor sonrisa.-Ahora voy a ver a las chicas antes de que se termine el almuerzo, Serena debe de estar enojada conmigo porque la deje sola con el profesor- Trato de parecer como si nada. Pero alcanzo a ver como Luna y Artemis intercambian una mirada cómplice.

-Adiós chicos-. Me despido alegremente y salgo corriendo de la habitación en busca de mis amigas que de seguro llevaban un rato buscándome.

*Odandgo: Un bollo (o también llamado rodete o moño en español ) es un estilo de peinado usado típicamente por mujeres en Japón.

*Obento: Es una ración de comida sencilla preparada para llevar, bastante común en la cocina japonesa