Hola! Aquí está el capítulo cuatro, espero que les esté gustando la historia y que no se les haga demasiado gore. Bueno, disfruten del capítulo y muchas gracias por los reviews!

Capítulo 4: El Sueño de Haruka y Michiru

Michiru

Era viernes, el reloj marcaba las dos de la tarde, y aproveché los cálidos rayos del sol para darme un chapuzón en la piscina, parte del recinto en donde se localizaba nuestro lujoso apartamento. Me sumergí en las aguas para aplacar un poco mi preocupación esperando que el nado tuviera en mí un efecto tranquilizador.

Esa mañana habíamos recibido una llamada de una de las otras Sailors, anunciándonos algo no muy agradable.

Estábamos tomando el té junto con Hotaru y Setsuna, en la sala, platicando de trivialidades cuando el teléfono empezó a sonar. Haruka contestó. Desde nuestra posición, escuchamos una voz algo histérica al otro lado de la línea. Y conforme avanzaban los segundos, el semblante de mi compañera se ensombrecía cada vez mas.

-Si estaremos ahí al atardecer-. Anunció seriamente lanzándonos a todas miradas significativas. Y dicho esto, colgó el teléfono sin siquiera decir adiós.

Las demás la miramos interrogativamente, a lo que ella respondió tratando de modular su tono de voz, lo cual no me gustó; siempre que lo hacía significaba que algo no andaba bien.

-Era Amy-. Dijo en un suspiro-. Al parecer, algo malo esta sucediendo con las chicas-.

-¿Qué esta pasando?- Pregunté inquisitivamente, no se puede tratar de un enemigo, lo hubiera visto reflejado en mi espejo.

Haruka se encogió de hombros. –No quiso darme muchos detalles pero, se escuchaba algo contrariada, ella solo me dijo que han estado pasando algunas cosas, que es mejor que supiéramos. Eso y que al parecer ninguna de las chicas pasó muy buena noche-.

-¿Pero, la princesa se encuentra bien?-. Preguntó Hotaru alarmada.

-Si si, bueno, hay algo muy curioso, dijo que de preferencia dejáramos a cabeza de bombón fuera de esto-. Nos dijo Haruka algo confusa.

-Esta bien, es mejor que antes de decidir nada nos reunamos con las chicas para ver que es lo que está sucediendo-. Señaló Setsuna calmadamente.

-Eso espero-. Susurré sin mucho animo.

Horas más tarde, me encontraba nadando, tratando de sacar de mi cabeza los malos pensamientos que surgían en mi cabeza, adentrándome en el azul profundo de la piscina. Cuando de pronto un destello amarillo se asomó por mi rabillo de ojo. Al voltearse, solo pude divisar la sombra alejándose de una persona.

Subí rápidamente a la superficie, pero no encontré a nadie. Me sumergí otra vez y nadé en dirección a la sombra, avanzando lo más rápido que pude, pronto, la alcancé. Había allí una chica de cabellos dorados, recostada sobre los mosaicos como si fuera lo más natural del mundo. Era hermosa, tanto que dolía. Su casi desnuda piel destellaba con el reflejo del sol. Me sonrió a manera de invitación. Sus ojos me decían ¡ven conmigo!. Estaba a punto de sucumbir a los encantos de mi princesa, cuando de las profundas aguas, voces susurrantes se metieron sutilmente en mi cabeza

-No Michiru, no puedes darte por vencida, lo que en realidad quiere esta niña, es matarte, puede parecer hermosa e inocente ahora, pero sus verdaderas intenciones es librarte de ti para robarte a Haruka. Sabes, que no podrás competir contra la inocencia de esa niña. Día a día se vuelve más hermosa que tu, hasta que ya no tengas nada que hacer más que rendirte, entregarle el corazón de tu compañera en bandeja de plata ¿lo vas a permitir?-.

Por supuesto que no se lo iba a permitir, nadie me iba a robar a Haruka, nadie me iba a traicionar y librarse de mi, antes que nada yo iba ser la que se librara de ella.

Nadé hasta llegar a lo profundo de la piscina donde Serena me esperaba, su sonrisa se amplio cuando me acerqué a ella. Pero estaba equivocada, ¿en realidad creía que me había engañado? Posé mis manos en su rostro para contemplarlo mejor. Sus ojos azules su tersa piel blanca y la recta nariz, hacían un contraste envidiable. Lentamente deslicé mis manos por su cuello. Mis pulgares recorrieron cada vena, sintiendo sus huesos, el hueco de su clavícula, su piel. La delicadeza me dijo que era lugar perfecto para hacerlo.

Sin perder más tiempo comencé a apretar. Apreté hasta que mis manos me dolieron. Ella pataleó y trató de apartar sus manos, dejándome un arañazo en mi mano, pero ni aún así la solté. Pronto sentí que mis pulmones se empezaron a quedar sin aire, dolían, pero no me importa, tenía que terminar esto primero. No me digné a mirar su rostro, no soportaba ver las facciones hipócritas de la chica que pareciendo tan pura quería quitarme a Haruka.

Cuando mis pulmones no pudieron más retiré mis manos de su blanco cuello, dejando unas marcas de manos rojas alrededor de él. Pataleé hacia la superficie desesperada por la falta de oxígeno, pero cuando volteé a ver a mi víctima pude observar que aún no había muerto.

Pequeñas burbujas salían de su boca y su cuerpo había dejado de moverse, no le queda tiempo. Cuando nuestras miradas se encontraron, sentimientos llenos de reproche me hicieron mella en el corazón. –No importa, solo estaba defendiéndome, nadie me podía culpar de ello-

Lo ultimo que vi es a mi princesa articular una última palabra que salieron de sus ahora azules labios. –CULPABLE-. El horror recorrió mi columna vertebral ¿pero qué he hecho?. Pienso cuando contemplo el cadáver adolecente de Serena Tsukino.

Entonces, desperté. Lo primero que vieron mis ojos fue a una pequeña niña de cabello negro y ojos violáceos que me miraba preocupada. Estaba llorando.

Detrás de ella se encontraba una mujer morena de pelo largo negro, con destellos verdosos.

-¿Tu también?.- Me dice preocupada.

-¿Yo también?.- Respondí confundida. Me encontraba recostada en el camastro junto a la piscina, totalmente seca.

Todo había sido un sueño, un muy mal sueño.

Hotaru me abraza fuertemente si despegar su rostro de mi vientre. Desde ahí me dijo.- Setsuna y yo tuvimos un sueño horrible-.

-Un sueño conjunto-. Aclara Setsuna, que se ve bastante contrariada. –Estábamos en la cima de un edificio altísimo en la ciudad, transformadas, como si estuviéramos esperando a alguien. Luego, de las escaleras, surgió Sailor Moon, al parecer la habíamos llamado, y no sabía por que.

-Le dijimos cosas horribles-. Lloró Hotaru.

-Si, le dijimos que no se merecía ser princesa y que nos devolviera el broche de transformación. Que nunca la íbamos a aceptar como nuestra Reina y que nosotras haríamos justicia, así que alzamos nuestros báculos y… la matamos-. Terminó contundentemente.

-Un sueño compartido no es ninguna coincidencia, ni el realismo o los sentimientos que surgieron dentro de él-. Soltó Hotaru tratando de contener el llanto.

-¿Tu también verdad?- Me preguntó Setsuna. Yo solo asiento con la cabeza sin ánimos de revivir las imágenes.

-¡Haruka!, ¿dónde está?-. Pregunté alarmada.

-En su habitación, dijo que iba a tomar una siesta-. Dijo Hotaru abriendo los ojos, conforme lo iba diciendo, dándose cuenta de lo que podía estar pasando. Las tres nos dirigimos volando a su cuarto, y sin más reparo, abrimos la puerta a la fuerza.

Haruka

El motor rugía furioso rogando que pisara el acelerador. Pero me contenía dejando que los transeúntes cruzaran la calle. El semáforo brillaba en rojo y yo aproveché la ocasión para mirar a las personas que tranquilamente caminaban, charlaban y reían.

Habían de todo, oficinistas, que caminaban apresurados por llegar a un destino desconocido, parejas felices tomadas de la mano, mujeres con bolsas de compras, hermosas colegialas que bromeaban inocentemente y se daban codazos sonrojadas al ver la sonrisa que les dirigía. Un hombre guapo (Puaj), un par de niños con sus padres.

Y allí, al final de la línea, estaba una niña con dos coletas sostenidas en odangos, caminando lentamente y mirando al cielo eternamente distraída. La reconocí de inmediato. Normalmente la hubiera saludado pero estaba vez hubo algo que hizo que me contuviera.

La observé detenidamente. Su delicada y atractiva silueta se deslizaba, sin conectar con el mundo. De seguro estaba pensando en su novio.

Hubiera pensado que era la imagen de la ternura, pero no, había algo que me disgustaba tremendamente sobre ella.

Bajé la vista a mis pedales, el acelerador rogaba por que lo pisara a fondo.

La volteé a ver, se había parado en seco en medio de la calle para recoger un llavero que se había caído de su bolsillo.

Mal pensado. Pensé. Mi pie, pisó a fondo el pedal y el carro aceleró veloz contra mi rubia conejita. Ella giró la cabeza al escuchar el motor y me mira sorprendida.

-¡Haruka, detente!- Me grita desesperada. Lo cual solo incrementa mis ganas por apagar esa voz.

Mis llantas la golpearon tacleándola como si fuera una muñeca de trapo. Pronto desapareció de mi vista y sentí como mi deportivo descapotable pasó sobre un bulto en el suelo.

Detuve el auto en seco provocando un gran chirrido de mis llantas y escuché gritos de horror provenientes de los espectadores en la calle. Que idiotas, no tenían idea del favor que les había hecho.

-¡Que alguien llame una ambulancia!-. Gritó la voz de un hombre. Pero yo se que ya no se puede hacer nada, la sangre en el parabrisas lo confirma.

Cuando abro mis ojos, encuentro a Michiru, Hotaru y Setsuna mirándome preocupadas.

-No te podía despertar-. Me dice Michiru recriminándome.

-Yo, soñé que… cabeza de bombón-. Tartamudee, sin sentido.

-Lo sabemos-. Me dijo comprensiva

-¿Qué?- Le digo confusa.

-Te explicamos en el camino, tenemos que ver a las chicas, YA-

Darien

Me encontraba en mi departamento leyendo un libro de medicina, para realizar un pesado ensayo que se entregaba la siguiente semana.

Trataba de concentrarme lo mejor que podía pero mi vista no pudo evitar llegar a una cajita negra que descansaba en la mesita de noche de mi habitación.

Esa tarde, cuando regresaba de la Universidad, me paré en seco cuando en uno de los escaparates, vi un collar que llamó de inmediato mi atención. Era una cadena de plata con un elaborado emblema lleno de espirales y flores que apuntaban delicadamente a una luna menguante. Perfecto. Pensé. Faltaban unas semanas para el cumpleaños número dieciocho de Serena. Pero aún así quería estar preparado, tenía que compensarle la pena que le había hecho sufrir todo el tiempo que Sailor Galaxia me alejó de ella. Cada que pensaba en las lágrimas que su pequeño rostro derramaron, una punzada de culpabilidad golpeaba mi corazón.

Esa pequeña niña era mi familia, la razón por la que comencé a vivir, y el solo pensamiento de lo que siempre a tenido que sufrir por mi culpa, me hacían cuestionarme muchas veces si la merecía.

Creo que en el momento en que Seiya Kou me había dicho. "Desde ahora tienes que protegerla" Que me di cuenta de la importancia de Serena en mi vida.

Hacía un mes que había pasado por ella en mi auto a su escuela, cuando la encontré platicando animadamente con un chico que claramente sonrojado la miraba con adoración. Por supuesto, ella ni cuenta se daba. En cuanto me vio arrastró al chico junto a mi y me presentó.

-El es Darien, mi novio-. Dijo Orgullosa, haciendo que la expresión del chico decayera en una mueca. –Hola, me saludo muy serio-. Yo traté de corresponderle el saludo como si no me hubiera dado cuenta de nada.

Cuando Serena subió en mi coche le pregunté acerca del chico, obteniendo una vaga respuesta acerca de que era un compañero de clase, que la había ayudado ese día a pasarle la tarea.

-Se ve que le agradas bastante-. Le insinué, tratando de sacar lo que en verdad me interesaba sacar a relucir.

-Si, es que somos buenos amigos-. Respondió alegremente. Otra vez, pasaba por alto las intenciones de la gente.

Y eso no era todo, conforme pasaba el tiempo, notaba como cada vez más, algunos chicos se paraban para mirarla en plena calle, y la gente como meseros o vendedores extrañamente la trataba con complacencia.

Era como si, hubiera un montón de chicos que estuvieran esperándo que cometiera una equivocación para tomar mi lugar, desplazarme, quitármela, trabajando duro para superarme.

Tal vez me estaba volviendo paranoico, pero no lo podía soportar. Me arrepentí de todas las veces que fui frío con ella, avergonzándome de su conducta infantil. Después de todo, la inocencia que la caracterizaba era la razón por la que podía llegar al corazón de tanta gente.

Mire el collar sonriendo. De seguro que le iba a encantar, era como si estuviera hecho especialmente para ella. Pero ya era suficiente, si seguía así, nunca iba a lograr terminar mi ensayo, después de todo me tenía que poner al día de todos los meses que estuve ausente.

Escribí un par de líneas más cuando mi teléfono empezó a sonar, mire el identificador de llamadas, pero no reconocía el número.

-¿Hola?-. Contesté.

-¿Darien?, si buenas noches, espero que puedas venir ahora al templo Hikawa-. Dijo una voz que parecía masculina aunque demasiado aguda para pertenecer a un hombre.

-¿Haruka?-. pregunté asombrado.

-Si, escucha, tenemos un problema, creemos que hay un nuevo enemigo. Serena puede estar en peligro-.

-¿Serena? ¡¿Esta ella bien?!- Pregunte alarmado.

-Si, si, ella todavía no sabe nada y por ahora es mejor que la dejemos fuera de esto, pero será mejor que te expliquemos directamente, ven lo más rápido que puedas-.

-Voy para allá-. La corté. Empecé a sentir una opresión en el pecho. Esto no podía ser, después de este tiempo viviendo en tranquilidad, otro enemigo amenazaba a Serena. Pero esta vez no me iba a quedar con los brazos cruzados, estaba determinado a acabar con cualquiera que pusiera en peligro su seguridad, de eso estaba seguro.

Cerré mi ordenador, me puse mis zapatos y salí volando del edificio hacia mi motocicleta, sin siquiera molestarme por buscar una chamarra o ponerme un casco.

En el trayecto se me hizo eterno, mil pensamientos surgieron en mi cabeza y todos terminaban siempre en lo mismo. Tengo que proteger a Serena.

Tardé veinte minutos en llegar, conduciendo a máxima velocidad. Bajé del vehículo apurado y me dirigí a la ya conocida casa de Rey. Desde lejos escuche lo que parecía ser una discusión entre todas las Sailors.

Abrí la puerta de un jalón exasperado. Si las Sailors estaban discutiendo de esa manera, quería decir que la situación estaba así de grave.

En cuanto puse un pie en la habitación todas callaron al instante y un silencio sepulcral se hizo entre nosotros.

Solo Rey se atrevió a romper el silencio.

-Tenemos un problema- Anunció.

Serena

Ya eran casi las diez de la noche cuando me estaba lavando los dientes para irme a dormir. Me contemplé en el espejo pensativa. Ese día, las chicas habían actuado demasiado raro. Había llegado volando a la escuela, llegando por poco tarde por lo que me salvé del regaño del profesor.

Faltaban unos minutos para que comenzara la clase, así que en cuanto abrí la puerta corrediza traté de localizar a mis amigas que cuchicheaban entre sí sospechosamente formando una bolita en uno de los extremos del salón.

-…Ya lo se pero no sabemos qué podremos hacer más adelante Amy -. Escuche que susurraba Mina cuando me acerqué a ellas. Amy no tuvo tiempo de responder por que las interrumpí gritando.

-¡Hola chicas!- Todas pegaron un salto y me miraron aterrorizadas. No entendí su reacción. Cuando las contemplé me di cuenta que cada una de ellas tenía un par de gruesas ojeras alrededor de los ojos. En especial Mina que además se había puesto pálida como un fantasma.

Amy me sonrió forzadamente y me dijo. –Hola Serena, que bueno que llegaste temprano-.

-¿Qué les pasa chicas?-. pregunté confundida.

-Nada, nada, es solo que nos desvelamos hablando por teléfono, ¿verdad?-. Me dijo Lita tratando de quitar peso a su reacción.

-Si-. Continuó Amy. –Lita tiene razón, nos quedamos platicando ayer por teléfono acerca de… ¡de la escuela! Y como sabemos que a ti no te gusta, no te quisimos molestar-.

-¡Amy, me hubieran llamado también! ¿Por qué me excluyen?- Me quejé en un puchero.

En ese momento Mina pasó de largo sin saludarme con la cabeza gacha hasta su asiento sin dirigirme la palabra.

-¿Pero qué le pasa?-. Pregunté extrañada.

-No te preocupes Serena, es solo que ayer Mina no durmió muy bien-. Respondió Amy. –De hecho, ninguna de nosotras-. Susurró pensando que no la había escuchado.

-Si, pero que pasó con lo de ayer, ya sabes que Mina se ha estado comportando muy raro, ¿no vamos a reunirnos en el templo Hikawa para hablar de eso?-. Le pregunté a Amy y Lita, quienes abrieron mucho los ojos y soltaron un gran. -¡No!-.

Cuando se dieron cuenta de su manera de actuar trataron de componer las cosas con unas risas nerviosas.

-No Serena, es que Rey nos dijo que hoy no va a poder recibirnos en el templo así que vamos a posponer la reunión ¿si?, nosotras te avisamos cuando-. Dijo Lita tratando de explicarme. Iba a quejarme otra vez por haberme dejado fuera pero no pude pues el profesor entro al salón dispuesto a comenzar la lección. Cuando me miró parada en medio del salón, sus mejillas se tornaron de un rojo profundo y me guiñó un ojo a modo de saludo. Al verlo tan colorado pensé .Pobrecito, debe de estar resfriado. Aunque algo me decía que no era exactamente un resfriado lo que le pasaba.

Me acomodé en mi asiento tratando de poner máxima atención a la lección, pues necesitaba pasar el siguiente examen de recuperación como fuera posible. Pero no pude evitar voltear a ver a Mina, quien parecía evitar mi mirada, al igual que las demás chicas.

Todo el día no pude encontrarlas a la hora del almuerzo, salieron volando sin mirarme a quien sabe donde y aunque las busqué por todas partes no las pude encontrar. Lo mismo pasó a la hora de la salida, ¿había hecho algo? ¿Por qué se comportaban así? Tal vez estaban ocupadas preparando mi fiesta de cumpleaños, aunque era raro pues faltaban aún tres semanas.

Un grito me sacó de mi ensoñación.

-¡Serena!-. Escuche a mi mamá desde el piso de abajo.

-¿¡Qué pasa mamá!?- Respondí.

-¡Llego un paquete para ti!-.

Bajé las escaleras sin mucho ánimo para encontrar un paquete sobre la mesa del comedor.

-¿Quién lo envía?- Pregunté extrañada. Mamá solo se encogió de hombros.

Era una caja blanca y rectangular y delgada. Cuando la abrí encontré una rosa roja con un listón negro anudado en el tallo. Que extraño, Darien no haría algo así. Pensé. Entonces me fije en una pequeña tarjeta blanca en el fondo. Se veía que era de un papel caro. En ella estaban impresas en pequeñas y elegantes letras negras las siguientes palabras:

"Buenas noches mi princesa, espero que tu y tus amigas tengan los mas magníficos sueños. Descansa amor mío"

-¿De quién es?-. Preguntó mi mamá curiosa por saber quien le había envido tan hermosa rosa a su hija.

-No lo se, no tiene nombre-. Dije buscando en el reverso de la tarjeta y en el interior de la caja. –Creo que se equivocaron-.

-¿Estas segura no habrá sido ese chico Darien?- Preguntó pícaramente.

-No mamá, ese no es su estilo-. Digo con una risilla.

Dicho esto le di las buenas noches y fui a mi habitación a descansar. Dejé la caja con la rosa en mi mesilla de noche y me tumbé en mi cama esperando tener los más hermosos sueños con Darien.