Hola! Felices fiestas!. Les dejo un nuevo cap. Antes de que termine el año. Espero que estén disfrutando mi historia. Personalmente yo ya estoy sintiendo pena por Serena

Pero en Fin, lean comenten y diviértanse mucho!

Capítulo 6: Cuando empiezan las pesadillas

Serena

Estaba ya anocheciendo, cuando corría por las calles de la ciudad en pleno llanto tratando de ignorar las miradas curiosas de los transeúntes.

Que idiota había sido. ¿Como se me ocurrió quedarme a solas con ese viejo pervertido?. Miré mi blusa desgarrada y me lamenté del terrible aspecto que debía de tener. Me sentía furiosa, triste, enojada, avergonzada. Muchos sentimientos se arremolinaban en mi interior. Solo pude pensar en ir corriendo a contárselo a Darien. Aún si aquel muchacho que me rescató no hubiera llegado, ese asqueroso profesor nunca hubiera podido contra Sailor Moon. Nada me hubiera pasado. Y aún así las lágrimas no dejaban de escurrir por mi rostro. Pasaba por las avenidas

En la ruta que ya me sabía de memoria cuando paré en el alto de una calle a dos cuadras del departamento. Estaba sola, no había nadie más allí. Solo yo y un deportivo amarillo que se me hizo muy conocido.

Las luces empezaban a iluminar la ciudad y unas gotas de lluvia empezaban a empapar mi rostro, confundiéndose con mis lágrimas.

Miré al auto amarrillo, la capota estaba arriba y por la oscuridad no pude distinguir quién iba adentro. Aunque el semáforo estaba en verde el auto no se movía, era como si estuviera ahí esperándome.

La lluvia se incrementó y al pasar los segundos, me iba poniendo más nerviosa acerca del carro.

Que idiota soy, solo estoy en shock por lo que pasó hoy. Trataba de tranquilizarme, estrujando mi camisa por los nervios. Fije mi vista al frente determinada a ignorar el sonido repetitivo de los limpiadores del parabrisas. Hasta que el semáforo cambió a rojo, indicándole al deportivo que parara para que yo pudiera pasar, lo cual no hacía ninguna falta pues no se había movido ni un centímetro.

Limpiando mi rostro del rastro de lágrimas, con la manga de mi camisa, avance rápidamente hacia la otra acera.

Entonces fue cuando el auto arrancó. Aceleró súbitamente a gran velocidad, deslumbrándome con sus faros, yo me quedé ahí parada como tonta de la impresión.

Todo se empezó a mover en cámara lenta, las llantas chirriaban en el pavimento mojado, haciendo un chillante ruido que vaticinaba el previo impacto. Miré hacia el otro lado, faltaban aun unos cuantos metros para estar a salvo, así que con todas mis fuerzas me impulsé y me lancé hacia mi lado derecho para tratar de evadir el carro y salvar mi vida.

Azoté de bruces en el asfalto derrapando. Para amortiguar la caída frene como pude con mis brazos y codos, produciendo unas tremendas quemaduras que pronto se transformaron en ardor, haciendo agujeros en mi ahora destrozado uniforme escolar.

Me golpeé tan fuerte que al impactar contra el suelo me quedé sin aire y mi broche de trasformación salió volando y cayó junto a mi. Me arrastré rápidamente a la banqueta casi sin aliento, viendo como el deportivo amarillo pasaba volando a unos centímetros de mi.

Aún en el suelo, alcancé a ver como la luz de uno de los faroles se reflejaba en el cristal, dejándome ver por un instante a mi atacante. Cabello corto y rubio, rasgos finos. Eran inconfundibles, era Haruka. Pero eso no podía ser el idiota de ese auto casi había intentado matarme y por la siniestra forma de esperarme casi podría decir que apropósito, ¿por qué Haruka haría algo así?. Tenía que ser un malentendido. No, más bien, había visto mal.

Me quedé unos minutos que me parecieron eternos, allí tirada en medio de la lluvia, recuperándome de la impresión. Sin siquiera mover un dedo, solo dejando que las lágrimas siguieran corriendo. Parecía como si el día de hoy el Universo estuviera determinado a acabar con migo.

Miré mi ropa y me di cuenta que mi blusa estaba prácticamente destrozada, llena de tierra y manchones de sangre. Habían agujeros en los codos, donde se descubrí la piel donde me había hecho tremendos raspones, desde el codo hasta el antebrazo, al igual que mis rodillas.

Me levanté soltando un quejido por el dolor y recogiendo mis cosas, me decidí a recorrer las ultimas calles al edificio donde vivía Darien. Trataba de contener las lágrimas, tratado de poner mi mente en blanco, en enfocándome solamente en una cosa, llegar a sus brazos.

Corrí frenética y subí las escaleras sin escuchar las quejas del portero por mojar el piso, hasta llegar al departamento de mi novio. Toqué el timbre y esperé un tiempo sin obtener respuesta. Me quedé parada ahí hasta dejar un pequeño charco en la entrada. Por la desesperación apreté el botón obsesivamente y como no parecía haber nadie, tomé la llave de mi bolso y abrí la puerta.

Entré y encontré las luces apagadas, aún así, una sombra negra se revolvía a los pies del sillón de la cama.

-¿Da…Darien?-. Pregunté sin saber por qué asustada a muerte, sin querer una imagen entró en mi mente en donde mi viejo y pervertido profesor tomaba la forma de la sombra encogida y se acercaba a mi a terminar el trabajo que no pudo terminar esa tarde. Tomé con fuerza mi broche de transformación y apreté los dientes para evitar que castañearan.

Al escuchar mi voz, la sombra soltó un respingo, como si acabará de llorar.

-¿Serena?-. Pregunto la voz de Darien transfigurada por lo que pude apreciar era miedo. Como un interruptor, el escuchar su voz de esa manera hizo que inmediatamente todo lo que había pasado en el día saliera de mi cabeza y me concentrara solo en él. ¿Qué le había pasado?.

-¡Darien!-. Corrí hacia el, asustada para encontrarlo agazapado en su sillón. Se incorporó lentamente y sin perder ni un solo segundo me atrajo hacia él y me abrazó tan fuerte que casi se llevó mi respiración. Lo sentí tenso y nervioso, por lo que dejé me estrujara sin preguntar qué era lo que pasaba. Cuando después de lo que parecieron unos minutos, el aflojó su abrazo, aproveche la oportunidad de sostener su cara en mis manos y hacer contacto visual, con la poca iluminación que se colaba desde la calle.

-¿Pero qué pasó? ¿Por qué estas aquí solo a oscuras? ¡¿estabas llorando?!-. Le solté sin parar. El negó con la cabeza y me miró profundamente, parecía como si quisiera decirme algo, pero pensándolo dos veces, calló y me alejó de el.

-No es nada Serena, me quedé dormido y creo que tuve una pesadilla-. Dijo restándole importancia a la situación. –Es mejor que prenda la luz-. Escuché el sonido de un click, haciendo que toda la estancia se iluminara de repente.

Allí estaba él. Vestido con su camisa color durazno desabrochada, dejando ver sus pectorales y un pantalón caqui. Su pelo estaba desordenado y tenía el aspecto como si se acabara de levantar de la cama. Pocas veces lo había visto tan desalineado. Me sonrió casi forzadamente, pero en esos momentos lo necesitaba tanto que no le tomé importancia.

-Creo que voy a poner algo de te. Y, ¿Cómo fue tu día?-. Preguntó despreocupado, dirigiéndose a la cocina.

Sentí un vacío en mi estómago cuando ni siquiera me preguntó si estaba bien, con el terrible aspecto que tenía mi ropa, algo rota, sucia, mojada y con pequeñas manchas de sangre por los raspones en mis codos y rodillas, pero con esas palabras toda la avalancha de sensaciones se vino sobre mi de forma abrumadora.

Me derrumbé en el sofá y enterré mi cara en mis manos, aguantando las lágrimas.

-No creo que hoy haya sido un muy buen día. Yo… estaba en la escuela y entonces el profesor dijo que quería hablar conmigo de mis calificaciones y me quedé sola con el en el salón con le, y nunca pensé que… estaba apunto de transformarme en Sailor Moon pero luego apareció ese chico que lo golpeó de repente y aunque el director me detuvo, yo solo quería salir de ahí-. Solté de corrido sin respirar. –Luego empezó a llover y cuando estaba en un alto había un deportivo que prácticamente casi me arrolla. Cuando miré a ver al conductor podría jurar que era Haruka, y para colmo no he podido contactar con las chicas desde ayer porque creo que están evitándome, yo no se si… Darien ¿qué haces con ese cuchillo?-.

Darien se acercaba a mí lentamente con un cuchillo de cocina en mano, era grande y afilado. Su mirada era sombría y sus ojos reflejaban, algo un sentimiento que solo pude identificar como odio.

Me le quedé viendo impávida sin comprender por qué me miraba de esa manera.

Mi instinto me dijo que huyera, pero me quedé allí, es decir, era Darien, el nunca me lastimaría.

Me paré de un salto y me encontré con sus ojos, que parecía como si hubieran oscurecido. El me tomó violentamente del cuello, y me empujo contra el sillón. Solté un quejido y azoté contra el respaldo.

En un abrir y cerrar de ojos, alzó el cuchillo contra mí. Cerré los ojos fuertemente y grité desesperada.

Escuché el sonido de tela rasgarse y cuando abrí mis ojos, vi el cuchillo hundido a unos centímetros de mi en el sofá. Mi agitada respiración formo vaho en su hoja.

Darien aún lo sostenía y presionaba con todas sus fuerzas. Pero cuando se dio cuenta que había perforado el sofá, lo sacó lentamente. Sus ojos se dilataron y miró el cuchillo horrorizado, soltándolo al suelo.

-Lárgate-. Susurró furioso evitando mi mirada.

-Darien-. Susurré suplicante.

-¡LARGATE!-. Me dijo tomándome por mis hombros fuertemente y empujándome fuera de la sala. Por el impulso caí de lleno en su alfombra con mi costado derecho. Sentí el ardor de mis raspones abrirse, dejando unas manchitas de sangre en su alfombra.

Lo miré horrorizada. No comprendía lo que acababa de pasar y al mismo tiempo, era como si me hubieran dado un golpe en el estómago y me hubieran sacado toda la respiración, dejando un hueco en mi pecho.

-¡LARGATE!-. Volvió a gritar con todas sus fuerzas. Parecía furioso y enloquecido. Yo me paré temblando, algo mareada, chocando con algunos objetos, entre ellos, la mesa en donde insegura, tome mi maletín que había botado ahí al entrar.

Esto no puede estar pasando. Darien no me lastimaría, algo debe de estar pasándole.

Darien miraba al piso temblando de ira. Me acerqué a el lentamente le toqué quedamente el hombro.

-¿Darien?-. Pregunté con voz quebrada.

Al alzar mu vista, me miró con tanto enojo, rabia y odio, que supe que tenía que salir inmediatamente de ahí. Corrí hacia la salida sin molestarme en cerrar la puerta, tratando que las lágrimas no me nublaran la vista.

Aún llovía, por lo que casi me alegré, pues el sonido opacaba mis sollozos. Avancé sin rumbo por la ciudad, hasta que ya no pude más, entonces resbalé por una de las tantas paredes, sin saber donde estaba y me senté en el suelo en posición fetal dejando que la lluvia me empapara por completo. Cerré mis ojos y dejé que me invadiera la oscuridad.

Haruka

Llegué volando al templo Hikawa hecha una furia. Frené ferozmente y me bajé del auto, azotando la puerta sin sacar las compras por las que me habían mandado del auto.

Michiru ya me esperaba al pie de las escaleras. Me paré en seco y nuestras miradas se encontraron, al momento ella ya sabía que había pasado algo.

Pero decidí guardar silencio, al menos por un rato, así que subimos en silencio todos los escalones. Cuando abrimos la puerta de la casa de Rey, encontramos al príncipe en un muy lamentable estado.

Serena

En medio de la oscuridad, sentí que unos brazos me envolvían. Traté de ubicarme, ¿qué había sido de mi?.

Ah, si creo que me desmaye en medio de una tormenta.

Pero ahora sentía como si flotara. Entreabrí un poco los ojos y alcancé a ver los rasgos finos de un chico. Los volví a cerrar, haciéndome la dormida.

-Ya se que estás despierta, pero no te preocupes, puedes seguir fingiendo, hoy has tenido un día muy duro, puedes hacer lo que quieras, yo me encargo de tus padres-. Me ronroneó una voz masculina profunda y segura.

Sabía que debía de espabilarme en el momento que me di cuenta que un extraño me estaba llevando en brazos, hacia quien sabe donde, pero por alguna razón había algo en su aroma, en el soporte de sus músculos, en el tono de su voz que me hacían sentir segura, así que me volví a hundir en los sueños, sin importarme nada más, olvidando por ese instante de todo lo que había vivido. Aunque sabía que en el momento que dejara sus brazos, todo volvería a la normalidad, así como mis problemas.

Vagamente tuve la impresión de escuchar la voz de mis padres histéricos y el llanto de mi madre, pero el chico les hablo y poco a poco sus voces se fueron apagando. Me recostaron en algo mullido.

Cuando entreabrí mis ojos, pude ver que estaba en mi habitación, y mi mamá estaba allí cambiándome de ropa, le hubiera querido hablar, abrazarla y llorar en su hombro, pero estaba tan cansada mentalmente que simplemente me quedé callada.

Pronto salió de mi cuarto. Voltee a mi alrededor y comprobé que todo seguía en orden, mis cosas estaban como las había dejado esa mañana. Mi ropa tirada en el piso, algunos envoltorios de caramelos, unos cuantos mangas y encima de mi escritorio, la rosa roja, con el lazo negro perdido, que lucía hermosa, iluminada por la luz de la luna.

¿la luna? El tiempo había transcurrido sin que me diera cuenta, ya era de noche.

Escuche pasos y voces en el camino. Escuché la puerta abrirse y me volví instantáneamente para hacerme la dormida. Los pasos se acercaron lentamente hacia mí.

Tomaron mis cobijas y me arroparon. Tuve la sensación que la persona al pie de mi cama se quedó observándome largo rato, hasta que se dio la vuelta y salió de la habitación.

-Dulces sueños- Me susurró la voz que me había traído a casa, la voz del chico que me había salvado ese día, y que al parecer me había encontrado en medio de la tormenta.

Me giré despacio para verlo de reojo, pero solo alcancé a ver su espalda. El sueño de empezó a invadir de repente. Lo último que alcancé a ver fue su cabello negro y rizado balancearse, lo tenía algo largo, no me había fijado en eso, pues lo llevaba recogido hábilmente en una pequeña coleta, sujeta por un lazo negro.