Capítulo Quince

Era una cálida noche de finales de verano, pero Darien sentía como si nada pudiera calentarlo, ni siquiera las llamas del infierno, que era donde se encontraba: atrapado en un mundo de pesadilla entre el pasado y el presente. Después de perder a su madre y a Rei, no podría soportar volver a perder a alguien que amaba. Cuando Serena le había dicho esa tarde que no se encontraba bien, le habían invadido los demonios. El temor había sido tal, que su frágil visión de los dos juntos se había hecho pedazos.

Sólo entonces, ella le había dicho que no era una enfermedad, sino su cuerpo recordándole que estaba listo para crear vida.

Una mezcla de terror y añoranza se apoderó de él. No iba a casarse de nuevo, y menos a tener hijos. No se expondría al rechazo, el dolor y la pérdida de nuevo. Tenía que separarse de ella.

Pero, al enfrentarse a la perspectiva de regresar a su vida anterior, centrada exclusivamente en el éxito en sus negocios, supo que no lo llenaba Todo el dinero del mundo no podría comprar lo que realmente quería. «A mayor riesgo, mayores beneficios». Ella le había dicho que era una apuesta segura, pero... nadie lo era. No podía prometerle que no moriría, que no lo dejaría.

Paseó por los jardines sin reparar en ellos, ensimismado en su problema, buscando una respuesta porque, inexorablemente, se veía abocado a Serena. La deseaba, la amaba. Tenía que afrontarlo: durante el tiempo que ella quisiera, sería suyo.

Ésa era su respuesta: si ella pudiera prometerle que no lo dejaría durante el resto de su vida, él podría comprometerse, con igual promesa.

Ella había sido tan digna, tan comprensiva... Eso le dolía más que si se hubiera echado a llorar. Y también le enfurecía. ¿Por qué no había peleado por él, por qué no le había gritado? Le hubiera gustado oír otra vez que lo amaba.

Cielos, qué egoísta era. ¿Por qué iba ella a hacerlo? De pronto, fue consciente de las irracionales exigencias que le había impuesto, sin darle nada a cambio. Nada, salvo negar cuánto significaba para él.

No podía dejarla marchar sin explicárselo todo, pensó sintiéndose culpable. Sólo le cabía esperar que su corazón fuera lo suficientemente grande como para seguir amándolo una vez que lo supiera. Fue lo único que logró hacerle sentir algo de calidez de nuevo.

Serena luchó por contener las lágrimas mientras hacía la maleta. Empezó doblando las cosas ordenadamente, pero al poco las fue metiendo de cualquier manera. Tenía que salir de allí antes de desmoronarse.

Pero se le escapó la primera lágrima, amarga. Maldijo y se enjugó la mejilla con el dorso de la mano. Otra abrasadora lágrima la siguió. Unas manos la agarraron de los hombros y la atrajeron hacia un cuerpo alto y fuerte.

-Serena.

Apenas reconocía la voz, pero sí su cuerpo. Y fue eso lo que acabó con ella. No permitiría que él intentara consolarla.

-! No! -exclamó, girándose hacia él y empujándolo con todas sus fuerzas-. ¡ No me hagas esto!

Pero él sólo la abrazó más fuerte.

-Deja de llorar, Serena, por favor.

-No seas tan cruel, Darien -rogó ella, angustiada-. No puedo tocarte, ni quiero que me toques. No podré superar esto si lo haces, Darien. Él la soltó, pálido.

-Lo siento.

-¡No me digas que lo sientes! -gritó ella con el rostro bañado en lágrimas-.

¿No puedes dejarme que conserve mi dignidad?, !Tan sólo déjame sola para que pueda irme!

La humillación era total.

-No quiero que te vayas. Te he hecho daño, pero era lo último que deseaba. Ambos habían sabido desde el principio que él lo haría, ¿cierto? Por eso él había intentado imponer sus reglas. Por eso ella había estado tan alerta. Pero había sido imposible: el amor se había colado por las rendijas, imposible de detener. El de ella al menos. Él, sin embargo, era la fortaleza impenetrable quien había sepultado su corazón para siempre.

Así que ella se negaba a escuchar. Lo amaba, pero él no podía amarla. Era todo lo que ella necesitaba saber.

-No puedo seguir aquí, Darien.

La última media hora había sido la más dolorosa de su vida, no soportaría eso ni un día más. Tenía que acabarse. Su padre no se había esforzado en vivir por ella. Mina ya no la necesitaba. Y Darien, el hombre de quien se había enamorado profundamente, no la quería. El dolor de ese rechazo era tan intenso, que apenas podía respirar, ni caminar, ni mantener los ojos abiertos. Estaba luchando contra ello, pero no quería que él fuera testigo de su debilidad. Quería privacidad para tener un momento de autocompasión, donde gritar y llorar, antes de recomponerse y continuar con su vida, como la veterana que era.

Se encaminó a la puerta principal, sin reparar en que estaba descalza. Tenía que salir de allí enseguida. Llegó hasta el vestíbulo, donde él la agarró del brazo y la abrazó por la cintura. Cegada por las lágrimas, no se dio cuenta de que él la tomaba en brazos.

Oyó cerrarse una puerta y las manos de él la soltaron en una habitación.

-Maldición, Darien, ¿qué más quieres de mí? -inquirió ella mirándolo a los ojos y reparó en su entorno-. ¿Dónde estamos?

Pero ya lo sabía.

-En mi dormitorio -dijo él, pálido y más serio que nunca.

Ella se estremeció ante la fuerza de su respuesta. Le dio la espalda, decidida a ocultarle sus emociones, e intentó concentrarse en los muebles el suelo... lo que fuera, menos la tristeza de la mirada de él. No quería prolongar la agonía ni un minuto más de lo necesario.

La habitación era un lugar tranquilo y agradable. Oyó que él exhalaba ruidosamente.

-Por favor, Serena, deja que me explique. Necesito hablarte de Rei.

Quiso gritarle un «no». Se llevó la mano al pecho, para protegerse de sentir más dolor.

-Por favor, Serena, no tardaré mucho.

Él bloqueaba la puerta, así que no podía escapar. Siguió dándole la espalda, mientras reunía todo su coraje.

-Ya sabes que nos conocimos en Oxford. Ella tenía dieciocho años, yo casi veinte. Era su primer novio y ella, la primera mujer con la que salía durante más de dos semanas. Un día se levantó con dolor de cabeza. Creyó que era el periodo, solía darle migrañas -explicó y fue bajando la voz-. Yo no sabía que el cáncer podía ser tan fulminante. No tuvo tiempo ni de luchar contra ello.

Serena sintió un dolor diferente, no sólo por ella, sino por él y Rei. Se giró.

Él la miraba intensamente, como si hubiera tomado una decisión y fuera a seguirla al coste que fuera. Y sí que estaba costándole.

-Ella quería casarse, era uno de los logros que quería conseguir antes de... - se interrumpió, carraspeó-. El resto de cosas no iba a poder lograrlas, y quería al menos un momento de felicidad. Era algo que yo podía hacer por ella... Murió nueve horas después.

Serena se imaginó la escena y se le llenaron los ojos de lágrimas.

-No llores -le rogó él.

-No lo has superado -afirmó ella enjugándose las lágrimas.

-No. Pero no de la manera que tú crees -explicó él, atribulado-. Fue terrible, Serena. Y, tras ver a mi madre desvanecerse y a Rei desaparecer tan rápido por esa odiosa enfermedad, decidí que no volvería a verme en esa posición. Dediqué toda mi energía a los negocios. No quería intimidad. Desde entonces, no he tenido ninguna relación, nunca he pasado la noche entera con una mujer. Sólo he tenido aventuras ocasionales. Y, durante mucho tiempo, nada. Estaba demasiado ocupado con mi trabajo. No quería que ninguna mujer se convirtiera en una parte necesaria de mi vida. No quería una relación, porque no quería el dolor de la ruptura. Así que, siempre las he terminado antes de comenzarlas.

El enfoque hedonista y sin ataduras de él tenía una explicación.

-Debiste de amarla mucho.

-Solía pensar que sí -dijo él, casi agónico-. Pero, ¿sabes la terrible verdad, Serena? ¿Quieres saber lo que realmente siento?

Ella esperó en silencio, porque quería comprenderlo.

-Estoy contento -confesó él, asqueado de sí mismo-. Una parte de mí se alegra de que ella ya no esté. Porque te deseo. A ti.

Lo confesó horrorizado.

-Miro hacia atrás y me pregunto si la amé, porque lo que siento por ti es intenso y aterrador. Y si perder a Rei fue malo, no puede compararse a lo que sería perderte a ti -dijo él elevando la voz-. No es que no te quiera. Es que no quiero hacerlo, no cuando me obliga a replantearme todo, cuando me siento aliviado por estar libre para poder ir por ti. ¿En qué horrible persona me convierte eso?

De pronto, se detuvo, vulnerable y asustado.

-¿Puedes amar a un hombre que piensa así?

-No sigas, Darien -dijo ella, acercándose y agarrándolo por las muñecas-. Deja de torturarte.

Podía ver su corazón, el dolor que había sufrido, la soledad que se había impuesto, la fuerza para sepultarlo todo.

-Claro que la amabas: te casaste con ella, le diste lo que quería, la pusiste antes que tú. Eso es amor -dijo ella con suavidad pero firme-. Y te has convertido en el hombre que eres, capaz de albergar esos sentimientos tan profundos, gracias a ella. Ella te enseñó amor, sacrificio y pérdida. Sí que la amabas.

-Pero no como a ti. Le apretó las manos.

-Es diferente, por supuesto. Yo soy otra persona, y tú también eres diferente al que eras en aquella época. Pero eso no rebaja lo que sentiste hacia ella. El amor no se puede medir, Darien, no se puede comparar. Y el temor que sientes de perderme es tan grande porque ya has perdido antes, no porque yo sea más valiosa -vio que él cerraba los ojos, pero continuó-. Si ella estuviera viva, habríais sido felices. Y tú y yo no nos habríamos conocido.

Él sonrió levemente y asintió con la cabeza.

-Está bien que la ames, Darien. Y también está bien que me ames a mí. Es posible amar más de una vez, ¿lo sabías? -añadió ella, y tomó aire entrecortadamente, deseando que él aceptara sus palabras-. Te mereces ser amado tanto por ella como por mí.

Él bajó la cabeza, para ocultar que se estaba desmoronando. Ella lo abrazó y le susurró:

-Hay mucho para amar en ti, Darien.

Él se agarró fuertemente a ella, hundiendo el rostro en su cuello, y durante un largo rato no dijo nada.

-Ése es tu don -murmuró por fin-. Eres un gran apoyo, tienes la habilidad de hacer que la gente se sienta mejor.

-No tengo ningún don, Darien. Es amor.

Y deseaba dárselo a él.

-Ése es el regalo más grande -dijo él mirándola-. No me lo merezco, por el daño que te he hecho, pero concédemelo, por favor.

-Ya lo tienes. Una vez que se da, no se puede retirar.

-Lo sé. Y ya no puedo dejarte marchar -dijo sin sonreír, asustado.

-¿Tienes una foto de ella?

De alguna forma, necesitaba que él se quedara en paz.

Él dudó unos instantes y luego se puso en pie y abrió una puerta en un lateral. Serena lo siguió a un despacho moderno y lo vio acercarse a un fichero y buscar entre los archivos perfectamente ordenados. Se le partió el corazón al ver la manera en que él había guardado su pasado, tan ordenadamente, para olvidarse de él.

Darien evitó mirarla a los ojos cuando le entregó la foto. No tenía marco, ni álbum.

Sólo era el papel.

Serena contempló a la guapa joven y se quedó sin aliento. Más lágrimas bañaron sus mejillas. Había visto ese rostro antes.

-Era la hija de Malachite -explicó Darien- Se parecen mucho, ¿verdad?

-Darien, lo siento tanto... Y te obligué a celebrar esa cena conmigo allí. No me extraña que te sintieras tan raro.

-Y yo quería que te pusieras algo decente, para no estar mirándote todo el rato, pero te pusiste ese vestido con el que estabas irresistible -dijo él casi sonriendo-. Malachite lleva años dándome la lata para que continúe con mi vida. Insiste en lo maravilloso que es tener hijos.

-¿Tiene más?

-No. Lo intentaron durante años antes de tenerla a ella. Hubieran querido más, pero no tuvieron suerte.

Ya comprendía por qué había ayudado tanto a Luna y Artemis.

-Tenemos una relación estrecha, siempre la tendremos -comentó, y la miró como preguntándole si le parecía bien.

-Por supuesto.

Rei los unía. Recordó las palabras de Malachite al despedirse tras la cena: «lleva helado demasiado tiempo». Había sido el mentor y el guía que Darien había echado de menos en su propio padre, y quería que alcanzara la felicidad, no sólo en su carrera, sino también en su vida personal.

-Me ha preguntado por ti en su último e-mail -comentó él, sonriendo con ironía-. Creo que le caíste bien.

-A mí también me cayó bien -dijo ella y contempló la foto-. No confundas los sentimientos del pasado con los del presente. Ahora eres diferente, Darien. Ella se merece un lugar en tu corazón, y querría que fueras feliz.

Dejó la foto en la mesa. Debería estar enmarcada sobre ella. Igual que debería tener una foto de su madre. Ella también pondría una de sus padres. Se encargaría de ello pronto.

-Te ayudó a ser quien eres. Y a mí me encanta quien eres -añadió, girándose hacia él-. Eres tan fuerte...

-No soy fuerte. He sido un cobarde y te he hecho daño. Te mereces algo mejor. Me pasaré el resto de la vida compensándote -le aseguró él, miró la foto sobre la mesa y de nuevo a ella-. Gracias por ser tan generosa.

-Puedo permitírmelo. Tengo una vida. Te tengo a ti.

Él la abrazó y suspiró, apretándola contra sí.

-Hoy me has asustado, Serena, al pensar que estabas enferma. Creí que no podría soportarlo, pero no tengo opción.

Ella quería añadir algo más.

-He visto lo que ocurre cuando alguien renuncia y se deja morir, ignorando a los que lo quieren. Rei y tu madre se enfadarían mucho si no vivieras la vida a fondo. No las uses más como excusa. Vive ahora. Vive conmigo. Y, Dios no lo quiera, pero si muero antes que tú, tendrás que recoger tus pedazos y seguir adelante, seguir amando.

Pero fue a ella a quien recogió y llevó de regreso a su dormitorio. La tumbó en la cama y la contempló durante un largo momento, antes de acariciarle los senos y seguir hasta su vientre. Sus ojos echaban chispas.

-Si hacemos el amor ahora, ¿podrías quedarte embarazada?

-Supongo que sí.

-¿Es un riesgo que quieras asumir conmigo?

Ella ya había apostado su corazón por él, por una recompensa de valor incalculable, y empezaba a desear que se multiplicara muchas veces.

-A riesgo alto, beneficios altos, ¿verdad?

-Sí -dijo él, inclinándose sobre ella-. Estaba equivocado. Quiero amarte. Te amo. Muchísimo. Ella se derritió bajo sus besos, lo amortiguó cuando se le puso encima. Él le estaba pidiendo que cubriera una necesidad diferente, total.

-No me dejes nunca, Serena -rogó él en un susurro. Ella le puso la mano en el corazón, como el primer día.

-Estoy aquí, Darien. Siempre lo estaré.

-Sei il fuoco della mia anima, «eres el fuego de mi alma» -tradujo lentamente-. Lo digo de verdad. A tu lado, sé que estoy vivo.

Serena lloró lágrimas de alivio e incredulidad. Lloró por el dolor de largos años de soledad, trabajo, y corazón roto, años que no lamentaría pero que estaba feliz de que hubieran pasado. Él la acunó, la consoló, la acarició y le demostró su amor entregándose a ella. Serena se agarró fuertemente a él, necesitada de su seguridad y pasión.

Se estremeció al recibir todo lo que él tenía para ofrecer. Lo único que existía entre ellos era el poder del amor. Todo su cuerpo lo sentía y lo celebraba. Ya se había sentido satisfecha a nivel físico, y por fin también a nivel emocional: él le demostró con palabras, miradas y acciones lo mucho que la quería y cuidaría.

Después, abrazados, entrelazados sus brazos y piernas, cuando la calidez disipó las lágrimas y la frialdad para siempre, él habló.

-No has dicho nada de mi cuadro -comentó, haciéndola girarse.

Serena ni lo había visto, a pesar de que estaba colocado para contemplarse desde la cama. Lo observó atentamente. El escenario era muy familiar: los árboles, los setos con formas... casi podía oír el riachuelo y ver la gruta.

-Lo encontré en una galería unos días después y lo compré en el acto.

Ella se perdió en los recuerdos que le evocaba: los Jardines Giusti y la tarde más feliz de su vida... hasta aquel momento. Se giró hacia él.

-Fue el mejor, ¿verdad?

-No -contestó él con una media sonrisa-. Sólo fue el principio.

Conforme ella sentía una mayor paz interior, advirtió que la te n de él aumentaba. Le acarició la frente, todo estaba bien, podía relajarse. Pero él la miró intensamente.

-¿Te casarías allí conmigo, Serena? ¿En el jardín, con una ceremonia sencilla y un picnic bajo los árboles?

Ella lo intentó, pero no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas. Asintió levemente mientras la felicidad total florecía en su corazón.

-Darien... -comenzó, derramando sus lágrimas más dulces-, creo que ése sería el mejor.

Y un día, bajo un cielo azul y ramas verdes, así fue, el día mas feliz para ambos y el inicio de sus nuevas vidas.

Fin


¿puedo llorar? TT_TT mi italiano favorito se me fue TT_TT, sin mentirles, cuando lei el libro, quede con gusto a poco, aun que ahora cuando termine de adaptar el capitulo metí manitos y le cambie cosas, pero aun asi quede con gusto a poco jajajaja, bueno chicas espero que les haya gustado esta adaptación, a yesqui2000, Serena y Darien 4ever, Conyta Bombon, Marie Mademoiselle Chiba, angelesoscuros13, karly15, MayiLoza, princessqueen, dms moon adap, nikitha chiba, Isis Gremory, Eli chiba, BOMBOM, Juanis, Isis Charlie Torres Cullen, Doferan, y a las que lo siguen les agradezco de todo corazon por apoyarme, cada reviews de ustedes me sacaban mas de una sonrisa.

les mando muchos besitos a todas y nos vemos o mejor dicho nos leemos n_n

fer.