ESTA ES UNA HISTORIA MUY BUENA QUE LEI UN DIA ES UNA ADAPTACION DE LA HISTORIA DE PENNY JORDAN CON LOS PERSONAJES DE STEPHANIE MEYER POR LO QUE NADA ES MIO SOLO LA PASION POR LEER NOS VEMOS

ESTO ES UNA PEQUEÑA RESEÑA DE LA HISTORIA:

Título de la novela: El Deseo No Muere (1987)

Título Original: Desire never change (1986)

Editorial: Harlequin Ibérica

Sello / Colección: Bianca 287

Género: Contemporáneo

ESTA HISTORIA TIENE LENGUAJE ADULTO EN ALGUNOS CASOS ABSTENERSE DE LEER A LAS PERSONAS SENCIBLES

Protagonistas: Edward Cullen y Isabella Swan

Argumento:

A pesar del tiempo transcurrido, Bella no podía olvidar la

humillación de que había sido objeto cinco años atrás,

cuando Edward Cullen la había rechazado.

Había transcurrido mucho tiempo, pero las heridas no

estaban curadas por completo. Ella no amaba a Edward,

pero el recuerdo de su rechazo la había convertido en una

persona triste y amargada... El odio era el único

sentimiento que podía albergar su corazón.

Penny Jordan – El Deseo No Muere

Capítulo 8

EL teléfono sonó tan pronto como Bella llegó al recibidor. Había tenido un día difícil con una mañana ocupada en ir al aeropuerto de Heathrow, y luego regresar a trabajar en un programa para uno de sus antiguos clientes. Edward se había ofrecido a ir con ella al aeropuerto, pero Bella no había aceptado. La presencia de él y la emoción que la partida de su padre le causaba eran demasiado para lo débil que en ese momento sentía. Bella fue al teléfono y descolgó el auricular.—¿Bella?

Ella no contestó, pero sintió la tensión repentina.

—¿Bella? ¿Estás ahí?

—Sí Edward, soy yo. Acabo de llegar del aeropuerto. ¿Qué deseas? ¿Acaso has pensado que me iría con mi padre y rompería nuestro... compromiso?

—No. No llamo por eso. Esta mañana he salido demasiado rápido. He dejado sobre mi escritorio unos documentos que necesito ahora. Pensé que podrías hacerme el favor de traérmelos. Como recompensa podría invitarte a almorzar, pero desgraciadamente tengo muchas cosas que hacer.

Bella escuchó sus indicaciones y luego fue a buscar los papeles. Los colocó en un sobre y procedió a llamar a su cliente para disculparse. Por fortuna, éste fue muy comprensivo y ambos acordaron ajustar la entrega del programa de computación para otra fecha. Luego, volvió a coger su abrigo y salió de la casa. En el trayecto a las oficinas de su esposo, Bella comprendió que Edward la estaba manipulando. ¿Qué clase de mujer era ella? No necesitó mucho tiempo para responderse. Era una mujer que amaba y respondía a las necesidades de su hombre. No era ya una mera cuestión de ser capaz de sentir deseo, sino de algo importante y vital. Era amor.

Los estudios de televisión formaban un bloque inmenso en una exclusiva zona urbana. Bella dejó el coche en el estacionamiento, entro en el edificio y se dirigió a la recepción, atendida por una joven muy bella.

¿Cómo reaccionaría Bella ante ella? Él no había ocultado nunca su vida privada y se sabía que no vivía como un monje. Se hablaba mucho de sus romances con sus compañeras de los estudios televisivos. El más recientede ellos con una actriz, Lauren Mallory, que terminó cuando ella se casó con otro. Eso había ocurrido hacía más o menos un año, y en ese momento, Bella no sabía de mujer alguna en la vida de Edward, aparte, por supuesto, de ella misma.

Al reflexionar sobre ello, se dio cuenta de cuan lejos estaba de encajar en las normas de belleza femenina que Edward prefería habitualmente. Pero en todo caso, eso no importaba. Él no la había escogido para esposa por su apariencia o por su atractivo, mucho menos por su experiencia amorosa. Bella sintió pena y rabia. Le tomó varios segundos recuperarse y darse cuenta de dónde estaba... y también de la profunda pena y el dolor intenso de los celos, una emoción violenta y posesiva que la hacía mucho más débil y vulnerable.

La recepcionista levantó el teléfono y, dándole la espalda a Bella, murmuró algo en el auricular. Hubo una pausa y luego se volvió para mirar dubitativamente a Bella. Y, mientras lo hacía, con quien estuviera hablando, preguntó con voz tan fuerte que resultó audible incluso para Bella:

—¿Estás segura que es la señora Cullen, Nan? Él se encuentra con Mallory celebrando una gran reconciliación y no me atrevo a

interrumpirles.

Bella pretendió no haber escuchado. ¿Edward con Lauren Mallory otra vez? ¿En una reconciliación? ¿De qué tipo? Las emociones que la habían poseído unos segundos antes volvieron con mayor intensidad. Bella se sentía humillada y furiosa, quería marcharse de inmediato de allí. ¿Su esposo tratando de continuar su romance en el mismo edificio en el que estaba ella? ¿Cómo reaccionar con serenidad? Sabía que Lauren Mallory era una mujer casada. Pero, ¿y si no lo fuera o no le importara? ¿La aceptaría de nuevo Edward? ¿Llegaría a casarse con ella?

No tenía sentido seguir allí de pie y torturándose ante gente desconocida.

Bella se dirigió a la recepcionista.

—Mire, este sobre contiene unos documentos sumamente importantes para mi esposo. Si no es posible que se le interrumpa en este momento puede dárselos a su secretaria.

La recepcionista tomó como válida la argumentación de Bella y le indicó cómo llegar a las oficinas de Edward. La joven se dirigió hacia un minúsculo ascensor, empotrado en el recibidor, en el que se indicaba con letras doradas Despacho de la Jefatura Ejecutiva. Bella lo abordó y, siguiendo las instrucciones de la recepcionista, caminó a través de corredores lujosamente tapizados y alfombrados.

De repente, una mujer joven y atractiva de cabellos color café la vio y la llamó.

—¿Es usted la señora Cullen? Su esposo me indicó que lo esperara. Desafortunadamente él no puede recibirla en este momento.

—No importa, sólo vengo a entregarle estos documentos—dijo Bella con fingida indiferencia—. ¿Puedo dejárselos con usted?

—Sí... claro... pero el señor Cullen sabrá que usted vino...

Bella comprendió que la secretaria estaba indecisa. No quería ofenderla negándole el acceso a la oficina de su esposo, pero tampoco tenía instrucciones para interrumpirlo. Bella optó entonces por dejarle la documentación con una sonrisa y, despidiéndose, se encaminó de regreso por los corredores hacia el ascensor privado. En ese momento, se abrió una de las oficinas principales y apareció Edward del brazo de una mujer sumamente atractiva. La secretaria trató de llamar la atención de Edward hacia Bella, quien pese a haberle visto continuaba caminando.

—Señor Cullen.

—Oh, Edward...

Al parecer, la secretaria habló al mismo tiempo que Lauren Mallory se dirigía a Edward. Hubo un momento de desconcierto y Bella se detuvo, expectante. La secretaria volvió a tomar la iniciativa.

—Señor Cullen, su esposa está aquí...

—¿Tu esposa? ¿Esta es tu esposa, Edward?—Inquirió Lauren Mallory con sarcasmo—. ¡Vaya! ¿Dónde la encontraste? No es de tu tipo ni de tu clase Edward.

Bella se sintió muy alterada. Edward no hizo ningún intento por alejarse de Lauren e ir a recibirla a ella, su esposa. Por el contrario, Edward parecía disfrutar la escena, mirando a Lauren con ternura y regocijo. En cambio Bella, sólo había recibido de él una breve mirada de irritación.

—Oh Edward, no pude creerlo cuando supe que te casabas—indico la

mujer, mientras la secretaria de Edward, prudentemente, se alejaba.

—Caramba Edward—continuó Lauren—, de haberlo sabido con tiempo, te habría enviado un regalo. Pijamas tal vez. Pijamas de seda. Pero sé muy bien que tú no usas ese tipo de ropas para dormir.

Bella la miró fríamente y luego a Edward. Si en ese momento hubiera podido destruirlos, lo habría hecho, sin el menor remordimiento. Pero la Mallory no había terminado aún; en ese momento, se dirigió a Bella.

—Debiste atraparlo en un momento de debilidad. ¿O lo hiciste sólo para ponerme en evidencia, Edward? ¿Para vengarte por casarme con otro? Fue torpe de tu parte, ya he pedido el divorcio. Y a propósito, mañana debo ira ver a mis abogados. ¿Por qué no vienes conmigo y compruebas por ti mismo lo torpe que soy para manejar asuntos de dinero? Oh, es tan traumático casarse y divorciarse, y más penoso aún encontrarse con que la persona que uno desea ya está casada.

—Podemos ser amigos todavía—dijo él con voz grave y calmada.

—¿Sólo amigos? La amistad no es lo que tenía en mente cuando nos vimos esta mañana, ¿recuerdas? Pero bien, podemos hablar de ello

cuando almorcemos juntos.

Así pues, el almuerzo «de negocios» que Edward tenía era con Lauren Mallory, pensó Bella. Ella debió suponerlo. Ya estaba en antecedentes.

Si representaban una escena así enfrente de ella, ¿qué no podían hacer estando solos? Era obvio que Edward no tenía intenciones de rechazar la oferta de su ex amante.

—Voy a acompañar a Bella al ascensor, Lauren—le murmuró Edward,

separándose de ella con suavidad—. ¿Por qué no me esperas aquí?

Ella asintió con un gesto y Edward se dirigió a Bella.

—Gracias por traerme la documentación—dijo a su esposa con un tono casual, como si no sucediera nada en absoluto.

—Sí—respondió Bella—. Lo único que lamento es haberme presentado en un momento inoportuno. Es una lástima. Me molesta interrumpir lasescenas de reconciliación de... pues... dos amigos íntimos.

—Nada de eso. Lauren y yo somos amigos desde antes de que yo te

conociera. Ha venido a Londres por cuestiones de negocios. Y me ha visitado porque quiere negociar una serie dramática con nosotros.

Sin embargo, el tono y la mirada de Edward no eran de justificación. No estaba ofreciéndole disculpa alguna. Por el contrario, la mirada color Jade parecía más divertida que nunca.

—¿Y también ha venido a contarte que se está divorciando?—señaló

Bella con una indignación apenas contenida—. De saberlo antes, ¿te hubieras casado conmigo Edward?

—No sabía nada—indicó él, levantando los hombros con indiferencia—.

Además, la relación entre Lauren y yo es muy diferente a la nuestra. No hay forma de compararlas.

—Claro, supongo que no. Yo soy sólo tu esposa, y ella es...

—Mira Bella—interrumpió él—. Lauren y yo somos viejos amigos. Ella está pasando por un mal momento y no tiene a nadie a su lado que le eche una mano de apoyo. Como amigo, debo ayudarla en lo que pueda.

Pero había algo que Bella insistía en saber.

—¿Sabía ella... sabe algo sobre nuestro arreglo matrimonial?

—Yo no comento mis intimidades con la gente. Además, a ella no le interesa saber nada de nuestro matrimonio. Tenemos otras cosas de qué hablar.

Era suficiente. Bella se dio la vuelta y se dirigió al ascensor. Tenía que regresar a casa a trabajar, pero su mente estaba centrada en Edward.

Estaba furiosa, impotente, desconcertada y muy celosa. Lauren quería a Edward y podría quitárselo. Por primera vez, Bella comenzó a meditar sobre la posibilidad de perder a su esposo. Era una nueva experiencia recién descubierta.

Bella salía del edificio con rumbo al aparcamiento cuando un taxi llegó hasta ella, chirriando las llantas. La portezuela se abrió y de ella surgió una figura familiar.

—Jacob...—alcanzó a expresar Bella, con una serie de sentimientos aún confusos.

—Bella.

Antes que la joven pudiera reaccionar, Jacob estaba junto a ella, tratando de abrazarla.

—Bella...

—Jacob, ¿qué haces aquí?

—¿No lo adivinas? Oh Bella, no puedo apartarte de mi mente desde que te volví a ver en Jersey. Vine de vacaciones con Jessica a Londres. Ella está en el hotel. Yo le dije que tenía algunas cosas que hacer y salí a buscarte.

Oh Bella, mi vida...

—Jacob, yo no soy tu vida, no formo parte alguna de tu vida—

—¿Por qué no hablamos sobre ello? Por favor, Bella. Vine a Londres sólo para verte y hablar contigo. Por lo menos, acepta almorzar conmigo.

—¿Cómo supiste que estaba aquí?

—En el registro del hotel en Jersey está la dirección de la casa de Edward Cullen. Cuando no te encontré en la isla, vine lo más rápido que pude.

¿Por qué te fuiste sin avisarme?

—Tuve que hacerlo. Edward tenía asuntos urgentes que tratar—respondió ella, ausente, pensando en Jacob como un oportunista que bien podía abandonar a su esposa y a su familia con tal de obtener dinero y posición.

Jacob entonces la tomó del brazo y la condujo al taxi haciéndola entrar antes que ella pudiera protestar.

—Jacob, esto es ridículo—exclamó ella molesta, refugiándose en una esquina del asiento—. Eres un hombre casado, ¿recuerdas?

—Eso no importa ahora. Tú también estás casada. Eso no nos impide encontrar juntos la felicidad. Oh, Bella querida, si supieras cuántas veces he pensado en ti...

—¿En mí o en el dinero de mi padre?—contestó Bella con sequedad—. Mira Jacob, ya no soy la misma estúpida de cuando tenía dieciocho años.

—Sí, eres tan tonta como entonces. De no ser así, ¿por qué te has casado con un hombre como Edward Cullen? Sé todo acerca de él, Bella, de sus romances con muchas mujeres, con bellas mujeres...

—¿Y tú crees que yo no puedo competir con ellas? Gracias por «el

halago», Jacob, eres muy amable— añadió ella con brusquedad.

Bella aprovechó entonces el desconcierto de Jacob y le indicó al

chofer del taxi regresar donde Jacob la había encontrado. Él intentó impedirlo, pero no sabía a donde llevar a Bella. Entonces el conductor dio vuelta y el viaje de regreso se realizó en silencio. Con un Jacob frustrado y decepcionado, y una Bella pensativa y calculadora.

Al llegar al sitio, Bella salió del taxi. Para su sorpresa, Jacob la siguió.

—Bella—alcanzó a llamarla con urgencia.

—Jacob no tenemos nada que decirnos.

Bella trataba de discutir con Jacob casi fuera de sí, cuando vio salir del edificio a Edward y dirigirse hacia ellos. Jacob se dio cuenta y abrazándo por sorpresa a Bella, le dio un beso apasionado y eterno en la boca.

—Tal vez no me desees ahora Bella, pero una vez lo hiciste y me debes esto—alcanzó a oír antes de ser semisofocada por el beso y el abrazo de Jacob.

Bella nada sintió con el beso. Si acaso disgusto y frialdad. Pero Edward ya había llegado hasta ellos. ¿Qué hacía allí?

—Es algo poco menos que gentil de tu parte el permanecer aquí en plena calle provocando los celos de tu esposo—gruñó él acercándose

Bella estaba muy confundida para responder. Pero, ¿por qué tenía que hacerlo cuando él apenas un momento antes había provocado una escena similar? Jacob se limitó a despedirse de Bella con una mirada lánguida, y subió al taxi.

—¿Cuándo ha llegado?—inquirió Edward señalando al taxi con la cabeza.

—No hace mucho—respondió Bella sorprendida al sentir que la mano de Edward le apretaba el brazo con fuerza.

—¿Y adonde pensabais dirigiros antes de que yo llegara para arruinaros el encuentro?

Bella, al principio, trató de negar la acusación de Edward. Pero cuando recordó la mirada de sarcasmo y burla de Lauren Mallory y de él poco antes, cambió de opinión.

—¿A su hotel?—Se adelantó Edward a los pensamientos de su mujer—. Sino me hubiera presentado ya estarías allí con él, ¿verdad? Pero no vine a vigilarte, ni a ti ni a tu amante. Bajé porque me trajiste los documentos equivocados. Decidí ir yo mismo por ellos.

—¿Ah sí? ¿Y tú junta de negocios?

—La cancelé. Pero si crees que eso te va a dar oportunidad de reunirte con tu amante, piénsalo mejor.

—Jacob no es mi amante.

Pero Edward no escuchó razones. La asió del brazo y la condujo al estacionamiento. Una vez allí subieron al coche de Bella y se dirigieron a la casa sin pronunciar palabra. Cuando llegaron y subía por la escalera, él volvió a tomar la palabra.

—Sí. Te creo. Tal vez tú y Black no seáis amantes. Pero entonces, ¿qué hace en Londres? ¿Qué hacía contigo en plena calle? Tú has admitido que lo amas, Bella, y él te desea sin duda alguna.. Podríais haberos reunido durante los últimos cinco años, en cualquier momento. Pero tú no te dejaste enredar por ningún hombre. Es extraño.

Él abrió la puerta dejándola entrar. Bella no tuvo más remedio que caminar seguida de él, lo cual le impedía retroceder. Dentro de la casa, Bella se dirigió a su dormitorio, entró y trató de cerrar la puerta, pero Edward estaba entrando también, y lo impidió. Un sexto sentido indicó a Bella que había peligro; no sabía exactamente qué era lo que él tramaba.

—¿Por qué, Bella?—interrogó él, presionándola.

—¿Por qué?—Repitió ella con un cierto temblor en las manos y en la voz—. ¿Cómo habría podido entregarme a cualquiera después de que tú me rechazaste?

Ella estaba al borde de la histeria y el llanto.

—¿Cómo podía darle a algún otro hombre lo que tú me hiciste ver que era desagradable y feo? Yo deseaba que me amaras, no sólo que me poseyeras, pero me rechazaste. Has hecho el amor con cientos de mujeres, lo haces y lo seguirás haciendo, pero a mí, me rechazaste...

—¿Y por eso has permanecido virgen?

—Sí. No podía entregar a nadie lo que tú despreciaste.

—Oh Bella, tenemos que hablar. Tenemos mucho de qué hablar.

—¿Hablar? ¿De qué? No Edward. Ya te lo he dicho todo.

—Al contrario. Hay mucho sobre lo que tenemos que ponernos de

acuerdo... si es verdad que no permitiste a hombre alguno poseerte debido a tu pasado conmigo. ¿Es verdad Bella...?

—Sí... ¡sí! ¡Basta!—contestó ella con furia.

—Y a pesar de amar a Black ¿nunca le permitiste que fuera tu

amante?

—Sí, así es. ¿Por qué habría de hacerlo y arriesgarme a volver a ser rechazada y humillada?

—Ah Bella... Bella...

—¡No me toques! ¡No te acerques! ¡Desaparece de mi vista!

Bella se volvió y comenzó a sollozar, completamente histérica. No se volvió a mirar a Edward, pero lo oyó salir y cerrar la puerta. Bella estaba sorprendida de sí misma esta vez. Una sola confesión había bastado para que surgieran todas las demás acumuladas durante años y años. Todo el amor, el deseo que ella sentía se había convertido en una explosión de palabras. Bella meditaba entre sollozos, cuando escuchó a Edward salir de la casa. Estaba sola. ¿No era lo que quería?

Dieron las ocho de la noche y Edward no regresaba. Bella se preparó algo de comer y cenó con desgana. Esperó hasta las diez de la noche y él no llegó. Decidió irse a dormir, pensando que él estaría en brazos de Lauren Mallory. Era lo lógico. Ella lo había rechazado, y a su vez, él no desaprovechaba las oportunidades que la vida le presentaba. Bella ya sabía eso. ¿Por qué no estaba segura?

Se despertó de repente sintiéndose inquieta, aunque sin saber qué era lo que turbaba su sueño. A través de la ventana abierta, entraba la brisa moviendo las cortinas. Afuera estaba oscuro. Un ruido extraño la hizo ponerse en guardia. Alguien se movía entre las sombras, en la habitación.

Alcanzó a reconocer quién era.

—¡Edward! ¿Qué haces aquí?

Ella lo vio acercarse en silencio, vistiendo una bata de cama que dejó caer a un lado del lecho antes de deslizar su cuerpo desnudo dentro de las sábanas.

—¡Edward!

—Sí, calma. Ya te he oído. Si quieres saber lo que hago aquí, te puedo decir que estoy tratando de realizar algo que ha tardado cinco largos años en llevarse a cabo. Según tú, yo te rechacé, Bella, y debido a ello no pudiste entregarte a otro hombre—indicó él con calma, como pensando las palabras, mientras sus manos la sujetaban impidiéndole moverse, hasta que fue depositando suavemente el peso de su cuerpo sobre el de ella.

Bella sintió la tensión palpitante de su peso y se dio cuenta de que, en esta ocasión, el intento iba a ser en serio.

—Esta vez, si alguien rechazara a alguien serás tú, Bella.

—No, Edward. No. Eso sucedió hace cinco años. Ya pasó, mira, yo...

—Ningún hombre te ha tocado desde entonces.

—Oh sí. Tú lo hiciste en nuestra luna de miel, ¿recuerdas?

—Olvídalo, Bella—susurró él con voz ardiente al deslizar la piel de su rostro sobre el de ella—. Cierra los ojos y olvídate de todo y de todos. Sólo piensa en ti y en mí.

—No puedo.

Bella hubiera musitado que sí, que lo obedecía, pero que en realidad no sabía cómo hacerlo, y Edward se mostraba poco consciente de cuáles eran los verdaderos sentimientos de ella en ese momento.

—Tal vez esto pueda ayudarte—expresó con ardor.

Edward comenzó a besarla en la base del cuello, y poco a poco, sus labios comenzaron a recorrer el contorno de sus senos. La presión de él era demasiado exquisita como para intentar evadirla. La brindaba placer al tiempo que seguridad. Bella trató de relajarse y de disfrutar de esas sensaciones. Cuando Edward elevó sus labios para besarla en la boca, ella la abrió sin el menor asomo de duda. El cuerpo de él se apretaba cada vez más estrechamente contra el de ella, haciéndole percibir la urgencia de su deseo, pero esta vez ella no sentía temor, sino una gran excitación y se sentía feliz de aceptar sin condiciones.

Poco a poco una marea color escarlata comenzó a apoderarse de los sentimientos de Bella. Al besarla él nuevamente, su respiración comenzó a acelerarse y su corazón a latir apresuradamente.

En ese momento, Bella comenzó a besar a Edward, al tiempo que sus manos exploraban su cuerpo con ansiedad tratando de responder a la excitación que provocaba en ella.

—No necesitamos esto entre nosotros, ¿verdad?—dijo Edward

bruscamente, quitándole el camisón de satén. Ella quedó en ropa interior y trató de protestar.

—Edward esto está mal, es un error...

—No—refutó él con énfasis, dejando que su cabeza reposara sobre el pecho de la joven—. No Bella. Esto está bien. Es lo correcto. Es lo que ambos deseábamos desde hace cinco años.

—No...—trató de protestar ella con voz temblorosa.

—Sí, Bella. Ahora y aquí. Voy a hacerte el amor tal y como debí hacerlo hace cinco largos años. Así.

Las palabras de él se interrumpieron para comenzar a presentar una nueva fase de su que hacer. Él hundía ahora la cara en el pecho de ella, quien comenzó a acariciarle el pelo apretando su cabeza contra sí. La pasión se reencendió y ella trató entonces de olvidarse de todo, tal y como él lo indicara y se entregó a las cálidas caricias de Edward, en tanto que sus manos recorrían la espalda de él, sus caderas, los músculos de su tórax,

reconociéndolo, haciéndolo suyo también.

Ambos respiraban jadeantes y comenzaban a transpirar un aroma que Bella encontró exquisito y delicado. Ella comenzó en ese instante a acometer la tarea de deslizar sus labios por el rostro y la garganta de él, hasta la base del cuello y los oídos, los puntos que consideraba más sensibles. Edward comenzó a gemir de placer y rodó sobre la cama, tomándola consigo de un lado hacia otro.

—Bella... Oh, Bella...

Ella comenzó a temblar espasmódicamente y Edward se percató de que tenía miedo.

—No temas, mi amor. No te rechazaré. No te haré daño. ¿Cómo podría? Eres tan hermosa. ¿No sabías que eres la mujer más hermosa que conozco, la que más deseo? Déjame demostrártelo, permite que mi cuerpo diga las cosas que yo no puedo expresar con palabras.

Bella se arqueó hacía atrás y dejó que el peso de él volviera a

descansar sobre el suyo. Edward la acariciaba aquí y allá recorriendo con sus manos ardientes los contornos de su cuerpo. Ella, por única respuesta, se estrechó aún más contra él, lo rodeó con sus brazos tratando de fundir sus cuerpos en uno sólo.

—Bella siéntate un momento, quiero contemplarte.

Lo dijo con una voz tan suave y amable que ella no pudo rehusar.

Obedientemente, se arrodilló frente a él, y Edward la acompañó. En esa posición, sus cuerpos quedaron juntos a la altura del pecho y los dos podían percibir el latir unísono de sus corazones. Él comenzó a besarle el rostro y la boca. De repente, con un movimiento rápido, la despojó del sostén y luego la urgió a despojarse de las bragas. Los dos estaban desnudos arrodillados uno frente al otro, el contacto de la piel de Edward hacía sentir maravillas a Bella.

Repentinamente, Edward la atrajo hacia sí y la besó con ardor. Bella volvió a sentir la dulce mezcla de pena y de placer, de frenesí y de dolor.

Las manos de él recorrieron su espalda y se deslizaron hacia más abajo atrayéndola contra sí, apretando sus redondeces. Eso era nuevo para Bella y ella pensó en protestar, pero el único sonido que pudo exclamar fue, extrañamente un gemido de placer. Edward al ver su reacción, comenzó a acariciarla más íntimamente, besándola cada vez con más pasión.

—Ahora—dijo él con suavidad—. Quiero que me mires, Bella. Yo

también soy vulnerable. Mírame para que compruebes cómo mi cuerpo te desea y de qué forma. Y, si así lo deseas, puedes rechazarme en este momento.

Él se recostó sobre sus espaldas y dejó que Bella lo mirara con entera libertad. Sus miradas se encontraron y ella sintió que un escalofrío la recorría. Bella recorrió su cuerpo una y otra vez con la mirada, dándose cuenta de que eso lo excitaba aún más. Deslizó las palmas de sus manos sobre su pecho y se percató de que él también era vulnerable. Edward gemía con cada caricia que ella le prodigaba.

—Comprueba cuánto te deseo Bella... Oh, Bella.

Al decir aquello la atrajo hacia sí y ella se recostó contra su cuerpo.

—Ahora, Bella, ahora—musitó él, volviendo a su posición original de frente y encima de ella—. Tómame sin ningún temor. Hazme tú el amor. Hazme sentir completo.

Con ciega obediencia, Bella reaccionó a sus palabras, y se maravilló del poder del cuerpo de él y al mismo tiempo de la extraña sensualidad de ella misma. Edward comenzó a gemir de placer y a besarla con frenesí. Todo estaba ya superado. Las barreras de la comprensión no necesitaban ser ya demolidas. Era del todo obvio que ella disfrutaba con supremo placer y con una pasión nunca experimentada, lo mismo el peso de su cuerpo, que sus caricias, que la calidez de su aliento y la fuerza de su posesión.

Debió quedarse dormida en los brazos de Edward, porque no recordaba con precisión cuándo quedó recostada, con su cuerpo contra el de él. Una luz débil penetraba ya a través de las cortinas. Se sentía confusa y desorientada, pero poco a poco comenzó a recordar, y todos los recuerdos eran agradables. Estaba feliz y satisfecha como nunca en su vida.

—Ahora, ¿podrías aún decirme que te sientes rechazada, indeseable?

¡Edward estaba despierto! Bella sintió miedo y trató de apartarse, pero él no lo permitió, atrayéndola aún más hacia él.

—Edward, creo que no hemos debido hacerlo.

—¿Por qué no?—Inquirió él con amargura—. Sólo porque no soy el tipo ese, Black, ¿verdad? Pero recuerda, Bella, que yo soy el que te rechazó. El hombre que no quiso despojarte de tu virginidad, dejándote con un trauma que permaneció hasta ayer por la noche.

—¿Y ahora... soy libre?—preguntó ella con voz débil, esperando con ansiedad que él dijera que no. Bella se daba cuenta de que estaba en camino de ser una mujer completa, y sin embargo, había algo que se rebelaba dentro de ella—. ¿O se supone que debo de agradecerte que me hayas poseído?

La mezcla de sentimientos que Bella experimentaba, revelaba una

lucha de ideas y emociones desconocidas para ella hasta ahora. Se sentía desorientada, pero una cuestión estaba clara al menos: Edward le había hecho el amor por lástima, tal vez por un extraño y oculto sentimiento de culpa.

—Bella... yo...

—Estoy segura de que Jacob sabrá apreciar muy bien todo lo que me has enseñado—señaló ella sin pensarlo.

La expresión cambió y su mirada se volvió oscura.

—Él no tendrá oportunidad alguna. Este fin de semana nos mudaremos a mi casa de Barnwell. No está habitable por el momento. Pero mi hermana se ha ofrecido a ayudarme a poner todo en orden allí

—¿Barnwell Manor? Tú nunca mencionaste que no viviríamos en Londres—expresó ella impaciente, dándose cuenta de que el hecho de vivir en una villa apartada con Edward, los haría intimar forzosamente.

—Tampoco tú mencionaste que era parte de nuestro acuerdo el que tú me engañases con Black. Al parecer, tenemos que negociar otra vez. Tu padre te recomendó como una magnifica ama de casa y una excelente organizadora, así que tendremos que usar ese especial talento tuyo.

—¿Estás diciendo que es el único talento que poseo? Yo no estaría tan segura de afirmar algo así.

—Yo no he insinuado eso ni por un segundo. Por supuesto que tienes... otras habilidades. Pero la que necesitamos en este momento es ésa.

Bella presintió que no podría discutir más con él. No mientras

estuvieran abrazados, desnudos, en el mismo lecho.

—Dime más acerca de Barnwell. ¿Por qué no podemos mudarnos en

seguida? ¿Qué te detiene?

—Oh, pues nada hay de extraño o anormal en el sitio. Tiene una

estructura sólida, es una residencia muy bella y bien construida. Pero ya es tarde, creo que debemos levantarnos. Sólo hay dos razones que me harían dejarte ahora: una, los negocios, y la otra...

Bella lo miró moverse en silencio. Él podía adivinar que ella lo deseaba de nuevo, que quería ese hombre y ese cuerpo y deseaba decírselo. Pero al parecer no era posible. Tal vez aún no.

El corazón de Bella palpitaba con ansiedad. Ella no podía dejar de mirarlo, y sin embargo, estaba segura de que Edward nunca diría esas palabras tan importantes para ella, nunca le diría que la amaba. ¿Acaso no le dijo por qué había hecho el amor? ¿No estaba claro que él prefería a Lauren Mallory?

—Pues bien—bostezó él—. Tengo varias cosas que hacer y que debí

hacer desde ayer. ¿Por qué no lo hice? Tal vez debió suceder algo extremadamente importante—observó él con ironía, mirándola con una sonrisa.

—Claro tuviste que regresar por tus documentos, ¿no recuerdas?—indicó ella, llevando la ironía al extremo sarcástico..

—¿Te verás con Black hoy?—preguntó él poniéndose la bata.

Bella no pudo menos que pensar que, si formaban realmente un

matrimonio, ella iría a suplicarle que regresara al lecho a hacerle de nuevo el amor.

Él fue a su dormitorio y ella oyó el abrir y cerrar de la puerta de su baño.

Bella no pudo evitar pensar que muy bien ella podía bañarse con él. ¿Porqué no? Pero de nuevo se contuvo y trató de pensar en otra cosa, en lo inmediato y urgente. Había que ir a Barnwell. Por la descripción de él, no sabía qué esperar del sitio. Era verdad que había organizado varias residencias con su padre en otros tiempos, planeando, reparando, decorando y dirigiendo a los trabajadores. Eso no era problema. Pero, ¿porqué hacerlo ahora y para un hombre que no permitía que ella dejara de considerarlo como a un extraño?

¿Un extraño? Bella se burló de sus propias palabras. ¿Cómo podía afirmar que Edward era un extraño, cuando lo conocía íntimamente? Pero sí, era un extraño porque su mente y su corazón le eran desconocidos. Él no había tratado jamás de evidenciárselos con claridad. Bella gimió de deseó y rabia, pero su orgullo y dignidad la contuvieron. Cuando él regresara del baño, ya no la encontraría en la cama.

—Bella querida, espero no ser inoportuna.

La joven reconoció la voz de su cuñada casi de inmediato. Era muy amable al llamarla. Bella se lo agradeció.

—Os llamo para deciros que podéis venir a vivir con nosotros de

inmediato todo el tiempo que queráis. Dan y Chis, nuestros hijos mayores, están en Francia de vacaciones, así que tenemos suficiente espacio.

—Pero creo que vamos a mudarnos a Barnwell, Rosalie. Aunque claro, te agradezco tu amabilidad.

—No es simple cortesía; queremos que estéis aquí con nosotros un

tiempo. Y con respecto a Barnwell, sí es una residencia bella muy bien construida, pero es enorme. Necesita mucho trabajo. No tiene servicios y tan sólo el limpiarla llevaría semanas. Edward me pidió que hiciera los arreglos para que algunas personas de la villa cercana se hicieran cargo del trabajo. Creo que debes esperar un tiempo para comenzar a trabajar en ella. Edward me dijo que ya has hecho trabajos de este tipo para tu padre con bastante éxito. El problema aquí es que está aislada además de su tamaño. Te enseñaré las fotografías de los exteriores e interiores; no creo prudente que estés viajando de Londres a Barnwell a cada rato.

Aunque de cualquier forma tendrás que hacerlo para cambiar las cortinas, la tapicería y el alfombrado. En la villa no hay nada de eso. Mira, la residencia es tan grande que se podría jugar al fútbol en ella, ¿comprendes?

Cuando terminaron de hablar, Bella colgó el auricular y pensó que las conversaciones con su cuñada siempre eran gratificantes. Pero el objetivo era Barnwell y no vivir con Rosalie y su esposo una temporada. En todo caso, era una buena forma de mantenerse ocupada en algo, mientras se cumplía la sentencia de doce meses de matrimonio con Edward.

—Edward—murmuró Bella sin darse cuenta, al recordar la noche

anterior.

Su rostro, su cuerpo, su cálida masculinidad, sus besos, sus caricias.

Hacerle el amor a Edward era algo que había superado todo lo que había imaginado durante años enteros. Pero, pensándolo bien, no fue un acto amoroso lo que había hecho, sino una responsabilidad auto impuesta por un hombre al cual ella nunca creería si mencionaba que la amaba de verdad. Sin embargo, el hombre que ella había tenido en sus brazos la noche anterior y al cual amaba era Edward. El verdadero Edward, el sensualista y hedonista. Bella estaba segura de que todo lo que él le había enseñado no lo había aprendido en la escuela o en los libros. ¡No era la primera mujer que él amaba!

Edward llegó tarde a casa esa noche. Bella había cenado sola y trataba de adelantar su trabajo de programación. Cuando él entró en la casa, ella estaba tratando de relajarse leyendo una revista. Cuando lo vio frente a ella, lo primero que notó fue un brillo de satisfacción en su mirada y empezó a enfadarse.

—Siento llegar tarde sin avisarte: tuve algo de trabajo extra.

—¿Un trabajo llamado Lauren Mallory?

—Bien, sí. Vi a Lauren y comí con ella. Es mi amiga y la estimo.

—Claro que sí, seguro que la estimas. Bien, estoy muy cansada. Me iré a dormir.

Lo miró al pasar mientras él se quitaba la chaqueta y la corbata. Sus miradas se encontraron, la de él tenía un brillo malicioso y Bella pensó que seguramente estaba recordando la noche pasada, cuando hicieron el amor.

—No estoy cansada por haber hecho el amor anoche. No se trata de eso—indicó ella, molesta.

—No he dicho nada—respondió él con seriedad.

—He estado todo el día en la programación que me comprometí a

realizar. Estoy demasiado fatigada para estar aquí soportando tu

sarcasmo, Edward. Lo mejor hubiera sido que no llegaras a casa tan pronto.

—No creo estar de acuerdo, pero en fin; ¿ha hablado Rosalie contigo?

—Sí, va a mandarme las fotografías para que vea qué es lo que se necesitará de inmediato en la casa.

—Mm... Bien. Pero no permitas que te presione. Mi hermana tiende a olvidar que el resto de las mujeres no comparte sus tendencias

amazónicas.

En ese momento, sonó el teléfono y Bella levantó el auricular y contestó. Era una voz femenina muy conocida.

—Es para ti—indicó la joven con rabia, entregándole el auricular.

Sin querer, se quedó en el sitio escuchando la conversación, indecisa acerca de lo que podía hacer.

—Ah bien, debe estar entonces en el coche. Iré a echar un vistazo.

Bella se quedó paralizada escuchando, mientras oleadas de rabia y celos empezaron a amenazar con convertirse en un maremoto.

—No, claro que no. Iré a ver si lo encuentro. No, insisto en ir, no estás interrumpiendo nada importante.

Cuando él terminó de hablar se dirigió a Bella. Ella estaba al borde de la histeria y él sonreía con calma.

—Era Lauren. Ha perdido uno de sus pendientes y cree que puede estaren mi coche.

Bella no dijo nada. Comenzaba a sentirse mal.

Ya era muy tarde cuando ella oyó que él regresaba. Se sorprendió de encontrarse conteniendo el aliento mientras él abría la puerta de su dormitorio. Lo oyó desvestirse y luego ducharse. Y más tarde, silencio. ¿Le habría hecho el amor a Lauren? ¿La habría acariciado y besado como lo había hecho con ella la noche anterior? Bella no sabía qué hacer. Las imágenes de amor de la noche pasada bullían en su mente. Tardó mucho en dormirse y cuando despertó, eran pasadas las diez de la mañana.

Estaba sola en la casa.