Buenas Tardes.

Antes de empezar debo decir varias cosas: La primera es que la historia está ambientada en un tiempo diferente como podrán notar, sin embargo a medida que avance se darán cuenta que el desenlace de dicha historia terminara en la época de Oye Arnold en Hillwood. Los personajes iniciales son los antepasados de los originales (A los que para evitar complicaciones decidí no cambiarles los nombres, así que el antepasado de Helga será Helga y el de Arnold será Arnold y así…).

En fin, en esta historia los ancestros de los chicos provienen de Inglaterra. Esto lo hice por el motivo de que no quería cambiar mucho las ideas de la versión original (Ésta historia es una que yo escribí hace mucho tiempo y la estoy subiendo de esta forma). También hago esto de esta manera con el fin de darle una conexión a lo que escribí en el fic "31 de octubre en Hillwood".

Bueno basta de bla bla, ya se irán dando cuenta, no habrán muchos capítulos supongo que unos 6 o 7, (inicialmente trate de hacer un One-Shot pero es algo largo así que…)

-No siendo más Como siempre Oye Arnold no me pertenece, es propiedad de Craig Bartlett solo lo uso con fines de entretenimiento. Que disfruten el capítulo.


LA DAMA DE VERDE

Autora: Kennet M.

Siglo XVI

Año 1598: Durante el reinado de Elizabeth Tudor I

Inglaterra, Ciudad de York

I

Lord Arnold Shortman descendió de su caballo e ingresó sin mucho afán en la taberna, único establecimiento abierto de Earswick, pequeña provincia perteneciente a la magnífica ciudad de York. Pidió una cerveza sin muchas ansias de beber realmente la que fue traída casi al instante por una doncella de vestido azul y cabello rojo ondulado.

-Oh, un extranjero.- Soltó ella mientras ponía frente al hombre una la jarra de cerveza.

-No tan extranjero mi Lady, vengo de Londres. – La muchacha sonrió amable ante la respuesta observando la apariencia física de aquel cliente tan particular para ser inglés. Llevaba el cabello rubio peinado ligeramente hacía atrás, aunque algunos mechones insistían en salirse de su sitio dándole un aire más rebelde y atractivo; también era el poseedor de unos interesantes ojos verdes y lo más curioso de todo era que su cabeza tenía forma de huevo.

-Ya veo, un caballero.- Pronunció ella de forma más gentil sentándose en la silla vacía al frente de la mesa que ocupaba el hombre pasando su mirada por su vestimenta: Una capa color rojo que descendía sobre los hombros, un jubón de mangas largas hecho de un tejido fino color azul ornamentado con tenues brocados sencillos en la parte superior, y en el lado derecho del pecho estaba grabado armoniosamente el escudo de armas de la reina Elizabeth. Ropa que solo podía usar gente de alto linaje o posición. Pero ese hombre frente a ella era un caballero, no solo por el símbolo real sino por la espada enfundada curiosa y extrañamente cruzada en la espalda, una espada que solo llevaban los caballeros de la reina.

-Espero no le incomode Señorita…- El rubio dejo la cerveza en la mesa colocándole por primera vez atención a la mujer que tenía la vista emocionada clavada en su espada guardando silencio por unos minutos prolongados. No le gustaba ser el centro de atención y menos de damiselas, era acosador por no decir extenuante.

-Lila Sawyer, un placer Sir.- Respondió ella como si el silenció de él hubiese preguntado su nombre, al mismo de tiempo la mujer extendió la mano hacía el caballero y después de unos minutos, desconcertado Arnold deposito un tímido beso en la extremidad femenina entendiendo al fin la indirecta.

-Un placer señorita Sawyer.- Pronunció él, dejando sobre la mesa la mano de la damisela con sumo cuidado. –Estoy de paso, pero me es indispensable descansar ésta noche, lamentablemente no he visto ningún sitio abierto además de éste.- Prosiguió Arnold como si nada volviendo a tomar cerveza de la jarra mientras daba un ligero vistazo alrededor encontrando pocas personas en la taberna, de las cuales la mitad lo miraban de mala manera, un tercio con miedo y las que sobraban que eran las llamadas "damas de compañía" le hacían gestos de "acompáñame, estoy disponible". Sin duda tenía cara de trofeo para aquellas mujeres, la simple idea lo hizo tragar saliva, eso daba miedo, más que luchar contra Francia.

-Es comprensible, la posada tuvo un altercado la semana pasada y fue cerrada, lamento informarle que los viajeros como usted no tienen otra opción que seguir el camino sin descansar o no descansar pero de todas formas pasar unas horas en una cama por unas cuantas monedas. – Laidy Sawyer había inclinado la cabeza graciosamente mirando de forma encantadora a las damas que vestían casi todas de amarillo en las que Arnold había reparado no hacía más de un minuto. Maldijo internamente mientras se avergonzaba como un chiquillo de 15 años, su idea era descansar no revolcarse con mujeres extrañas.

-Me parece Laidy Sawyer que prefiero continuar el viaje.- Respondió secamente y casi que con brusquedad mientras trataba de no enrojecer, tomó de su cerveza mirando cualquier cosa menos a las mujeres de amarillo. Pero cuando el líquido descendió por su garganta recordó que llevaba tres día sin dormir, cabalgando como un condenado sin detenerse, sin comer casi y estaba exhausto. A ese paso moriría y mataría a su fiel corcel Abner antes de llegar a su destino.

-¡Lila en la mesa número 4!.- La voz fue autoritaria, salida desde el fondo de la taberna, podría asegurarse que ese hombre era el dueño del lugar.

-Disculpe Señor, es mi padre, debo atender.- La pelirroja sonrío de forma melancólica colocándose de pie. –Me encantaría ofrecerle alojamiento, después de todo es usted alguien importante. – Titubeo ella un minuto cruzando ambas manos una sobre la otra haciendo una V que llegaba más abajo de su vientre, como toda una niña buena y encantadora. –Pero no tengo autoridad aquí ni en ninguna parte a decir verdad, aun así sé que no es de mi incumbencia Lord pero debería usted usar el poder que tiene, estoy segura que de esa forma nadie dudara en dar alojamiento y comida a un noble caballero de su real majestad.- El muchacho sonrío forzadamente mirando a la atractiva mujer, no es que obligar a la gente a ayudarlo por su poder fuese uno de sus pasatiempos favoritos, de hecho ni siquiera llegaba a pasatiempo: Lo odiaba, lo evitaba y lo impedía si le era posible.

-Muchas gracias Señorita Sawyer, le prometo que lo recordare.- La muchacha asintió entonces e hizo una inclinación frente a él, luego se puso erguida y caminó hasta perderse entre las mesas de la taberna.

Arnold delineó con sus ojos verdes el recipiente donde había estado servida la cerveza en el que ya no quedaba licor, se fijaba con un aparente interés fingido en algunas gotas que resbalaban, pero lo que hacía realmente era pensar. Pensaba en la idea de dormir, porque tenía que dormir como fuera esa noche, lo mínimo que se le pasaba en esa situación por la cabeza para no recurrir a métodos extraños era pasar la noche en algún establo con los animales, "descansar" a la intemperie en el bosque o en la pequeña provincia en alguna calle como mendigo. La gente creía que ellos, los caballeros no pasaban penurias pero la verdad es que ya había estado en esta misma situación muchas veces, lo que sucedía en esta misión en especial es que estaba solo y durante los siguientes cinco días no podría dormir, por eso tenía que dormir muy bien ese día.

-Lo había olvidado Sir…- La voz cantarina le dio un tremendo susto, tanto que su instinto lo había llevado a actuar por reflejo y tenía un brazo levantado empuñando el mango de la espada con la firme intención de atacar, aun así tras un segundo soltó el arma sin sacarla ni siquiera de la funda apenas reconoció los ojos asustados de la señorita Sawyer. –Disculpe Señor, yo… solo quería decirle que creo que aquí pueden ayudarle.- Lila temblaba ligeramente. El hombre al que llamaba Señor realmente no tenía tanta edad, parecía un niño que fácilmente podría ser engañado, de hecho seguro no pasaba de los 20. Pero durante ese segundo que empuño su arma los ojos verdes de él mostraron una sombra siniestra, tanto así que se arrepentía de haberle dirigido la palabra.

-Lo siento.- Susurró él. Ella asintió sin estar muy convencida y le alargo el papelito que había venido a entregarle. –Diga que va de mi parte, con permiso.- Sabiendo que le tomaría un rato sentirse segura de sí misma hizo la inclinación habitual y se marchó sin dar tiempo a explicaciones, por el camino descarto totalmente la idea de cortejar al caballero. El Sir era peligroso, y no le gustaban los hombres peligrosos por muy alto status que tuviesen, más si estos llevan maldiciones en los ojos.


Agradezco a todos los que pasen a leer y a aquellos que dejen sus reviews.

Hasta Pronto, feliz Navidad n.n