Buenas noches y feliz año 2013. (Un poco tarde pero llegue ejem.)

Oye Arnold no me pertenece, es propiedad de Craig Bartlett solo lo uso con fines de entretenimiento. Que disfruten el capítulo.

LA DAMA DE VERDE

Autora: Kennet M.

III

"Un caballero, una maldición y una doncella misteriosa"

El danzar de una espada en plena batalla es casi celestial. Un buen combatiente destinado a ser grande vacía su mente de distracciones, aleja de su corazón la idea de la muerte y sus oídos transforman los gritos de dolor de los que pierden su vida en guerra en un incentivo para ganar, por eso es en batalla donde se conocen los verdaderos guerreros, y es de sorprender como los mejores combatientes son los que llevan en su rostro la bondad, las justicia y el honor y es de sorprender que sean estos los que no titubean al momento de cumplir una orden de peso completo, una orden como por ejemplo la de cortar sin piedad el cuello de un monje corrupto.

Arnold semi abrió los ojos observando como se tornaba verde su visión. Adormilado aun con la sangre vibrando por sus venas debido a la reciente pesadilla recordó sin ningún problema la mirada de aquel monje. Se le mezclaban los recuerdos con las palabras dulces de su madre que le suplicaban a su único hijo no morir en batalla, ciertamente no había muerto su cuerpo pero una parte de él sí. El monje, aquel hombre huesudo con la cara demacrada por el encierro en medio de un escuadrón de caballeros que peleaban para defenderlo sonreía hipócritamente al ver a los enviados de la reina morir a sus pies.

-¡Señor Shortman, os encargo su cabeza!- La voz de su Señor llena de ira debido a que mataban a los suyos fue un detonante en su cerebro, rápidamente su instinto hizo el recorrido hasta el monje: "Torcer el cuello del de la izquierda, zancadilla al de la derecha, espada en el estómago del guardián, un salto en la carreta, rebanar el cuello del monje"

-Rebanar el cuello del monje.- Su cuerpo se había movido a la velocidad de sus pensamientos, la espada pasó de tajo de lado a lado con la efectividad de un verdugo y la cabeza del culpable de aquella revuelta rodo por el suelo, entonces todo fue silencio, hasta que los señores adversarios se dieron cuenta de su derrota inminente y emprendieron la retirada.

El caballero, escudero en aquel entonces del Señor Jhojansen se quedo mirando la cabeza y escucho unas palabras, unas palabras que la cabeza dijo pero que nadie más escucho, unas palabras susurradas a su oído, unas palabras cubiertas de sombra y misterio:

"Por vuestros ojos esmeraldas la muerte veréis tarde que temprano de todo aquel que toquéis, verde será entonces la mujer que améis, verde la sangre que derraméis, verde el dolor de vuestros hijos, verde vuestros deseos, verde la ira que os haga enloquecer y que tan valiente os hace, verde el veneno que os quite la vida"

El caballero con los ojos abiertos con desespero se llevó las manos al rostro tratando de forzar que sus orbes se cerraran pero el resplandor crecía cada vez más ocasionándole un dolor inexplicable. No se arrepentía de haber matado aquel hombre como tampoco de haber matado a muchos más por servir a su majestad, no se arrepentía de llevar el castigo por quitar esas vidas tampoco pero temía destruir la de gente que era inocente.

"Sus ojos azules."

El recuerdo fue reemplazado por el de la doncella mirando por la ventana. Sus ojos azules destellaban en todo su ser y de repente pudo cerrar los suyos. Respiro profundo y se dejó caer en la cama cansado como si hubiese estado en una lucha por más de tres días.

Se quedó así, estático, sin pensar nada, temblando ligeramente. Su estado, su maldición personal, aquella que se había manifestado días después de aquel suceso en sus ojos le había impedido tener una vida normal, era ciertamente como si un demonio lo hubiese poseído, pero a pesar de lo que se pudiera pensar muy pocos sabían, muy pocos lo notaban o si lo notaban se hacían los ignorantes ante un asunto que no podían entender, justo como él lo hacía o como lo había hecho la damisela de la taberna. Le tenía miedo a sus ojos, a lo que veían cuando todo se tornaba verde como ahora, a su actitud cuando la sangre de sus adversarios era color esmeralda en vez de roja, a sus ataques de ira sin control, le tenía miedo, se tenía miedo y trataba de controlarse lo más que le era posible controlarse a un ser ya condenado ante los ojos de Dios. Pero poco a poco iba conociendo los límites de tal maldición ya que tenía que sobrevivir con ella: La provocaciones lo volvían loco, las amenazas, la incitación a la batalla, sentía personas con intenciones o que representaban peligro a bastante distancia, y ahora por segunda vez en esa noche sus ojos estaban viendo todo verde.

"Es por ella."

No, más bien era por la mirada de ella, irracionalmente se sentía amenazado más que en cualquier otra oportunidad así que en ese mismo momento decidió que antes de terminar haciendo un desastre era mejor marcharse.

Abrió la puerta y camino por el pasillo con el velero en la mano, con toda su indumentaria lista incluyendo su espada aun así tras varios minutos dando vueltas se dio cuenta que se había perdido.

"¿Pero cómo es posible?.

La casa tenía dos plantas y había subido por la escalera del lado derecho de la sala, una puerta de la izquierda pertenecía a la habitación que la mujer mayor le había asignado. ¿Cómo era posible que todo fuese tan distinto?.

"Lo único que me faltaría es que me hubiese metido a la casa de una bruja"

No era de extrañar. Aunque la reina se había separado de Roma lo que significaba que la inquisición no se ejercía en el país eso implicaba el hecho de que si habían brujas todas estaban vivas y campantes. Claro que siempre y llanamente pudo haberse perdido.

"Luz."

El destello de una luz diferente a la suya sobresalía debajo de una puerta más allá, así que sin más remedio se dirigió a ella con las esperanza de encontrar la mujer mayor para que ésta le mostrase la salida. Dio un par de golpes hasta que escuchó unos pasos acercarse.

"Es la joven".

¿Cómo lo supo?. No sabía, aun así se puso más inquieto, sobre todo temeroso de que su instinto se saliera de control.

"No estoy en batalla, solo es una bonita e indefensa damisela"

-Dios mío…- Fue una exclamación en un susurro, entonces Arnold comprendió que sus ojos a pesar de no mostrar la misma fiereza que hacía un minuto seguían con una sombra más o menos parecida.

-Me he perdido, me mostraría la salida por favor.- Arrastro las palabras como pudo olvidando varios puntos de cortesía, ella seguía mirándolo con las manos tapándole levemente la boca. Seguía vestida con ese traje verde, aunque pensándolo bien todo lo veía verde, y además descubrió, eso si, que ella no había dormido nada, hasta el cabello lo tenía arreglado. -¿No duerme?- Preguntó casi en tono de burla fingido mirando un punto en el suelo para ocultar sus ojos de ella.

-Realmente nunca duermo.- Contestó ella más tranquila. –Entre.- Él obedeció impactado por la respuesta.

-¿Es posible eso?.- Preguntó extrañado alzando la vista mirándola ésta vez, frunció el ceño algo molesto pues ella lo miraba sin temblar siquiera casi que a gusto observaba los ojos de un hombre que en cualquier momento podía perder el dominio de si y lanzarla por la ventana.

-A decir verdad es un secreto, pero parece que es posible.- Ella sonrío mirándolo mas fijamente aun y él tuvo que voltear la cabeza para evadir la "provocación."

-No debió decirme si es un secreto.- Susurro él clavando su vista en un cuadro de la dama en cuestión que para completar tenía un vestido verde, ¿o seria de otro color?.

-Usted más que nadie puede guardarme ese secreto Sir.- Ella se sentó en una mesa frente a la cual estaban dispuestos gran cantidad de libros y pergaminos, acababan de pactar entre los dos de forma muda y camuflada un secreto. Sin saber como o porque Arnold sonrío, cerro los ojos y al abrirlos el destello había desaparecido.

-Escritora.- Afirmó él olvidando enteramente la idea de saber por donde podía salir y quizá olvidando el asunto de que la mujer era una amenaza.

-Aficionada.- Aunque el líder supremo fuese mujer no significaba que las demás mujeres tuviesen mucha libertad para ostentar el título de escritoras.

-Muy buena para ser aficionada.- Él se había movido ágilmente y sostenía entre sus manos un poema hermosamente redactado con caligrafía perfecta. No tenía nada que envidiarles a los mejores escritores de la época.

-Si usted lo dice.- Ella lo miro casi enfadada, no le había gustado que él leyera sus cosas sin permiso, él sonrío tranquilo dejando el pergamino sobre la mesa, la miro, observo los ojos azules solo por un segundo para luego desviar la vista. "Si hubiese sido hombre tendría un problema mucho mayor… o quizás no". Pensó suspirando ante el descubrimiento.

-No sería extraño que en el esplendor de la época de su majestad Isabel, una mujer figurara junto a Shakespeare en los libros de historia.- La chica se sonrojo mostrando timidez por primera vez.

-Eso sería una osadía Señor, Lord Shakespeare es un genio.- Las manos de la joven temblaron un poco y para alejar el temblor se dedicó a recoger los libros de la mesa.

-Creo que esa es una cualidad que usted tiene mi Lady, y un genio como Lord Shakespeare sin duda también lo apreciaría- Arnold pasó la vista por la pared y encontró más cuadros donde la rubia estaba, en todos vestía de verde. Frunció el ceño, no había sido la condición de sus ojos, ella realmente insistía en vestirse de ese color horrible.

-Es una conclusión apresurada pero os lo agradezco sinceramente – La muchacha terminó de acomodar los libros en la pequeña biblioteca que estaba en un rincón mientras sonreía sin creer que alguien tuviera la desfachatez de compararla con Shakespeare.

El silencio se instalo de nuevo. De repente es como si no hubiese mas tema de conversación pero la realidad era otra. Arnold, se fijaba con extremo detalle en el cuadro de la doncella y la mujer a su vez en el porte de niño bueno del extranjero cuya espada no le daba más que un reducido aire rebelde. Lady Helga aun se preguntaba si no había alucinado cuando al abrir la puerta deslumbro aquella sombra en los ojos del joven.

-Ese cuadro, perdone mi Lady pero está bastante mal.- La damisela no entendió muy bien pero al seguir la trayectoria de la vista del caballero entendió al instante y no pudo hacer mas que reír.

-Ciertamente mi Lord, es un cuadro bastante exagerado al igual que todos lo que se encuentran en la mansión; ¿Puede creer usted que alguien se tome la molestia de tratar de retratar el rostro de una mujer que ciertamente nunca ha visto?- De repente el silencio se formó. Lady Helga se quedo callada de inmediato como si hubiese dicho algo que no debía y se puso algo pálida.

-¿Acaso… no es usted la mujer del cuadro mi Lady?.- Preguntó claramente interesado el caballero en aquel comentario.

-No es de su…- La chica se callo. No podía tratar a un caballero de la reina como trataba a Lord Brainy al que le lanzaba cada noche las sobras de la cena en la cabeza y lo mandaba a conquistar mujerzuelas en Francia, pero es que sin duda el Lord con cabeza de huevo era demasiado curioso y ella una dama con poca paciencia. –No puedo contestar eso, perdone mi Lord.- Respondió al chico en tono impaciente dándose la vuelta. -¿Entonces, dígame que es lo que me pedía?.- Trato ella de mover la conversación de punto.

-Le pedía cortésmente por supuesto mi Lady que me dijera si es usted la damisela de los cuadros.- El chico sonrío al notar como el entrecejo de la mujer se contraía y sino fuese por los modales impuestos a las jóvenes habría jurado que el lanzamiento por la ventana vendría de parte de ella sin necesidad de maldición para impulsarla. Una mujer con carácter sin duda.

-Y yo le he respondido Señor que no tengo autorización para contestarle esa pregunta, a menos claro que use usted su poder real para imponerse ante una simple joven a la que quiere hacer hablar contra su voluntad.- La muchacha tenia los brazos a los costados y los ojos azules declaraban que no le dolería un tobillo para batirse a duelo con un entrenado caballero de la reina y más con maldiciones mortales encima. Arnold empezó a reír sin poder contenerse y ni siquiera sabía porque. –Ah ya recuerdo, quería usted que le condujera a la salida.- La joven había sonreído hipócritamente y se dirigió a una ventana mucho mas pequeña que las normales dispuesta a la izquierda en la pared. –Por aquí puede salir mi Lord, espero tenga un buen viaje.- la propuesta era enserio aun cuando por allí pasaría fácilmente un gato pero jamás un humano, entonces el caballero dejo de reír.

-Perdone mi Lady si la ofendí.- Se disculpo el muchacho dirigiéndose a la ventanita parándose muy cerca de la muchacha pasando una mano por su "vía de escape". –Me temo que es muy pequeña, ¿le importaría descuartizarme para ver si así cumplo su deseo de salir por este sitio?- El muchacho saco su espada y la estiro hacia Helga con el mango hacia ella para que la tomara, la doncella parpadeo mirando la hermosa arma y luego ella fue la que se puso a reír.

-Es usted muy ingenioso mi Lord o quizá muy estúpido, perdone mi sinceridad.- La mujer puso ambas manos sobre el mango de la espada y la empujo ligeramente como seña de que se la devolvía.

-Y usted muy intrigante mi Lady, ciertamente si hablamos de sinceridad su misterio me tiene no se si fascinado o asustado.- Helga se sonrojo y alzo al mismo tiempo una ceja.

-Si hablábamos de misterios estoy segura que usted me gana Sir.- Respondió ella sonriendo y un poco turbada, pero eso sí manteniendo su postura desafiante.

-Claro que no. Es más porque no pregunta, voy a sentarme aquí…- Arnold corrió una silla y se sentó.- Sino le respondo cualquier cosa que le parezca misteriosa me puede echar por la ventana como desee.- Entonces el joven Shortman sin darse cuenta había caído en un juego extraño, un caballero victorioso de tantas guerras, de tantos planes para acabar con su vida, de tantos peligros, ahora estaba dispuesto a contarle todo a una mujer de la que no conocía nada ni siquiera su nombre.


Antes de contestar sus reviews aviso que estaré escribiendo un poco más despacio, bueno subiendo los capítulos con menos frecuencia debido a actividades laborales. En cuanto a mi otro fic para los que lo leen ya pronto vengo con el capitulo, disculpen la demora.

NickTsundere: Perdona por hacerte esperar.

Guest: La verdad tenia un poco de miedo de dañar la personalidad de Helga pero me voy acomodando poco a poco.

Zombie M-Fowl: La verdad lo de Lord Brainy se me ocurrió de golpe jaja, que bueno que te haya gustado. ¿Es una saga incompleta?, oh dios, un arma de doble filo. Ok, no siendo mas espero disfrutes la lectura.

Letifiesta: Gracias por tu comentario.

A todos los demás que pasan a leer, muchas gracias por su tiempo.