Hola mundo! Espero que les guste esta contribución, y que si es posible, me dejen algún review.

La historia está ubicada después de Midnight.

Todo el universo y los personajes de The Vampire Diaries pertenecen a la editorial que los publica originalmente, y a la televisora que realiza la serie.

The Vampire Diaries:

Heartfire

I

Fénix

Damon está muerto… Está muerto… Muerto.

Murió en los brazos de Elena.

No lo puedo creer: Damon murió. Yo lo vi, yo toqué su fría mejilla contra la mía cuando Elena dijo que en lo más profundo del alma de Damon había un mensaje para Stefan y para mí. Pude sentir con mi propia alma la pureza que Damon había guardado en su interior. Me pidió… pidieron perdón, no se lo pude negar, incluso si Damon no hubiera estado muriendo, lo hubiera perdonado, sin importar nada, sin importar qué… sin importar que Elena hubiera estado ahí.

No lo sé todo es tan confuso… fue mi culpa, por mi culpa Damon está muerto…

Bonnie levantó la vista de su diario y miró por la ventana, todo se veía más claro, la última vez que había visto todavía estaba oscuro, volvió su mirada al diario y observó las pocas palabras que había escrito, le había tomado mucho tiempo escribir tan poco, pero eran palabras que significaban mucho y también dolían.

Al menos de esta manera nunca se confrontaría a Elena. No, la realidad era que si Damon estuviera vivo, jamás la hubiera confrontado, no hubiera habido necesidad porque Damon ya había elegido a Elena. No había rango de comparación, en una competencia de popularidad y belleza, Elena siempre ganaría. Ella era como un ángel, bien la habían descrito así tanto Damon como Stefan.

-Un ángel… -murmuró Bonnie y volvió la vista hacia su diario.

Elena había perdido casi todos sus poderes de ángel, de guardiana. Un ángel que casi destruía todo por un… un berrinche, podría escribirlo en su diario, pero hacerlo era muy peligroso, sentía por Elena un profundo cariño, pero no quería que cualquier opinión que vertiera en su diario sobre ella la hiriera por una mala interpretación.

De hecho, ya había escrito lo suficiente. Cualquier cosa que pensara podría guardarla en los confines de su mente, ahora estaba segura de que nadie sabría lo que pesaba pues Damon estaba muerto y Stefan no tenía el estómago de violar la intimidad mental de nadie. Damon, quien no hubiera tenido reparos, la mataría en cuanto la descubriera pensando así de su princesa.

Damon.

Cerró el diario y lo guardó en el cajón de su mesita de noche. Eran las cinco de la mañana de un sábado invernal. Mucho tiempo había pasado desde que salvaran a Fell's Church de las maldiciones de los zorros.

Después de todo habían vuelto a vivir una vida de tranquila: yendo a la universidad, tomando clases, conociendo gente, alguna vez había imaginado que conocería a nuevos amigos y que de ese grupo alguno derivaría en otra relación, pero las cosas eran diferentes.

Damon. Lanzó el pensamiento como si él pudiera escucharla, pero luego se dio de topes, él estaba muerto. Y de nuevo esos sentimientos de vacío que llenaban su corazón.

-Eres un bastardo, Damon. –dijo con muy poca convicción.

Las lágrimas se anegaron en sus ojos y los cerró con fuerza, se acurrucó mejor en la cama, bajo las sábanas. Se volvió a dormir con mucha dificultad.

Se sentía tan ligera y libre, conocía estas de sensaciones, bajó la mirada y vio su propio cabello rojo escapando de las sábanas. Vio por la ventana, se veía cómo salía lentamente el sol por el horizonte. Ojalá… fue sólo un pensamiento fugaz, porque se trataba más de un sentimiento, tuvo que aplacarlo. Debía resignarse a pensar que el alma de Damon tampoco existía, se la había llevado con él.

A lo lejos, en este estado podía apreciar las almas de todos los ciudadanos de Fell's Church, de todos los que dormían, de todos los que ya habían empezado su jornada laboral sabatina, incluso, veía las almas de los animales, de las plantas y árboles. De pronto fue consciente de que alrededor de cada alma, que podía ver con sus ojos espirituales, había una casi transparente capa entretejida, incluso la rodeaba a ella.

Era maravilloso, todo parecía estar conectado. Ella con el mundo, y viceversa. Tocó, se detuvo y de repente empezó a reírse, no tenía cuerpo para tocar y sentir, pero seriamente, el cuerpo que veía era un manifestación de su propia alma, una que podía comprender, así que si veía su alma con un reflejo idéntico a su cuerpo físico, pensar en tocar ese entretejido no debía ser tan descabellado. Una vez que dejó toda reflexión, tocó por fin el entramado, algo en la distancia alto titiló, las vibraciones de regreso fueron una respuesta inmediata: un hombre que conducía hacia su casa, cansado y desvelado, pero al mismo tiempo extasiado, venía de verse con su amante, su esposa gorda, vieja y descuidada lo esperaba en su hogar, no quería verla pero el hombre tenía el compromiso de estar con esa mujer mientras sus ojos crecían, el compromiso que había adquirido de por vida por un simple error. Bonnie aterrada quitó el dedo con el que había tocado el hilo único, no conocía de nada al hombre, pero sabía todo de él gracias al hilo que se entretejía hacia ella.

Tocó varios hilos más, con todos pasaba lo mismo. Un toque, una vibración con respuesta, ella podía sentirlo todo, saberlo todo de todos.

-Stefan… -murmuró de pronto, con una esperanza casi hueca, en caso de que si alguno de los hilos de esta capa, que conectaba cada alma, se dirigiera a la de Stefan pudiera comprender mejor las almas de los vampiros y descubrir dónde estaba el alma de Damon, y sí poder ir con los Guardianes y ofrecerles la llave que abría puertas a otras dimensiones y pedir de vuelta a Damon.

Buscó y buscó el hilo que representaba el alma de Stefan. ¿Eran verdad esos mitos vampíricos de que los vampiros no tenían alma? No, eso no podía ser posible, si era así, el día que muriera jamás se encontraría en la eternidad ni con Damon, ni con Stefan, ni Elena el día que decidiera convertirse.

-Elena… -dijo suavemente, pudo distinguir el hilo de Elena porque era brillante, de un resplandor celestial, ésa tenía que ser Elena. Lo tocó el tiempo suficiente como para identificarla, y sonrió por no haber estado equivocada, casi invisible el hilo de Stefan se enredaba con el brillante de Elena… y había un tercer hilo enredado-. ¡Damon! –chilló con alegría… el hilo a su alma…

Lentamente siguió el hilo, todavía enredado al lado del de Elena, hasta que lo vio solo, lo siguió. Tenía miedo de tocarlo, de saber más de lo que quería, debía y necesitaba saber.

Poco se podía distinguir del hilo de Damon, como el de Stefan, se podía confundir ente otros hilos, pero en cuanto lo había visto enredado entre el hilo de Elena, memorizó el color casi invisible, así estuviera enredado a un millar de hilos podría reconocerlo sin dudar. Con su sentido de orientación más que alterado por el estado de consciencia en el que estaba, no estaba segura si subía o bajaba, si iba al norte o el sur.

Terminó, el largo viaje, que en realidad había tomado segundos o minutos, había terminado. Todo alrededor de Bonnie eran puras cenizas, incluso era lo que caía del cielo en un seco remedo de lágrimas. Sabía dónde estaba: en la última morada de Damon, en la pequeña luna donde había estado la más grande esfera astral que pudiera haber existido antes de que Elena la destruyera con sus alas... en una explosión de sentimientos. Y la verdad no podía juzgar eso como un berrinche, porque si ella hubiera tenido los mismos poderes que Elena, hubiera hecho exactamente lo mismo.

De pronto el hilo que pertenecía a Damon titiló y el corazón de Bonnie se aceleró, si es que fuera posible, pero estaba segura de que su corazón físico latía al mil. Había encontrado el alma de Damon. Ahora podría llevarla junto a los guardianes y hacer alguna negociación, en cuanto Elena se enterara de que había encontrado su alma, crearía planes de la "a" a la "z".

El hilo del alma de Damon siguió titilando, su brillo que había sido más invisible comparado con el brillo del alma de Stefan, había empezado a brillar cada vez más y más. Bonnie sentía cada vez más ansiedad: "Ojalá, ojalá...", se repetía en su mente constantemente, pero no se había dado cuenta.

-¡Wah! -gritó asustada cuando vio una mano surgir de las cenizas-. ¡Damon! -exclamó entusiasmada cuando vio el pelo negro y lleno de cenizas.

-¿Bo… nnie? -preguntó él, ahogándose entre las cenizas que desde su pelo caían a sus ojos.

-Sí, Damon, aquí estoy. -dijo con un susurro, tenía un nudo en la garganta y todavía no se explicaba cómo es que podía sentir si sólo su espíritu estaba ahí, pero ésa era la última de sus preocupaciones: ¡Damon estaba ahí vivo! Como pudo la pelirroja descendió hacia él, casi hasta ponerse de rodillas-. ¡Estás vivo!

-Y tú transparente. -respondió con su típico tono burlón.

-¿De verdad estás vivo, esto no es un sueño?

-Técnicamente no estoy vivo, cardenal. -explicó él-. Pero siento un dolor de mierda aquí -señaló donde había estado la estaca-, que me permite asegurarte que sigo no vivo y que esto no es un sueño.

-¡Damon! -exclamó con entusiasmo y se lanzó a abrazarlo, su yo espiritual atravesó el que seguramente era el sólido cuerpo no vivo de Damon pero no le importó, estaba demasiado feliz-. Sigues vivo... no vivo... ¡lo que sea pero sigues aquí!

-Y al parecer desnudo y lleno de cenizas... -comentó mirando su propio cuerpo

-Quizá tu ropa esté por aquí, no estará limpia pero si te sientes incómodo desnudo… -sugirió Bonnie, desviando la vista a cualquier otro sitio menos donde estaba Damon.

-No tengo razón para sentirme incómodo. –respondió, burlón al notar la incomodidad de Bonnie cuando se dio cuenta de su desnudez.

-Ése no es el caso, Damon, pero tienes que estar vestido para cuando vuelvas a Fell's Church, todos estarán sorprendidos.

-¿Volvieron a Fell's Church sin mí? –preguntó él, interceptando con su mirada la de Bonnie.

-Estabas muerto… -respondió después de pasarse un nudo por la garganta, pero él seguía viéndola con intensidad-. Muerto-muerto. –se corrigió-. Hicimos tanto como pudimos para que te trajeran de vuelta, pero las guardianas dijeron que no podían regresarte porque no sabían dónde iba parar el alma de un vampiro cuando moría.

-¿Elena está bien? –preguntó Damon.

-Viva, sin poderes, sin telepatía, sin sangre especial, sin alas. –contestó Bonnie.

-¿Cómo? –preguntó él.

De pronto algo titiló en el entramado alrededor de Bonnie.

-No hay tiempo para que te explique, ya me van a despertar, cuando regreses todos te contaremos lo que ha pasado. Regresa a… -la última palabra fue un murmullo y Bonnie desapareció.

Damon miró a su alrededor, ni el árbol ni la esfera que éste protegía existían ya, en cambio todo estaba convertido en ceniza. Damon recordaba vagamente lo último había hecho antes de morir de verdad. Incluso sintió el escozor de la estaca encajada contra su pecho, casi atravesando su corazón. La lógica le decía que debía estar muerto, pero sentía cómo la sangre circulaba. Era claro que seguía no vivo. Recordaba la forma en que había hablado con Elena antes de morir y dejar los restos de su alma para entregar los simples mensajes: Elena lo amaba. Su muerte había conseguido lo que más había anhelado que Elena lo amara, ahora que había regresado era hora de reclamarlo.

Se levantó, sacudió tanta ceniza como era posible, porque después de todo ahí seguía lloviendolas. Pateó ceniza a diestra y siniestra hasta que encontró su ropa, no encontró el cuerpo de otro Damon, sino pura ceniza. Sacudió la ropa hasta que la dejó tan libre de ceniza como era posible y se vistió, en cuando estuviera en la dimensión oscura adquiriría ropa nueva y elegante, se daría un baño y regresaría a Fell's Church por lo que era suyo.

Bonnie despertó violentamente, justo en el momento en que su hermana Mary la tocó, sintió cómo su alma rebotaba contra su propio cuerpo. Respiró hondo como si hubiera regresado de la muerte.

-¿Bonnie estás bien? -preguntó su hermana preocupada cuando vio su reacción

-Sí, sí, más que bien. -respondió con una gran sonrisa y abrazó a Mary.

-Vinieron a buscarte tus amigos, dijeron que habían quedado para salir y llegaron por ti. -explicó Mary cuando vio la cara de confusión de su hermanita.

-Sí, sí, hoy es sábado, me acuerdo, gracias Mary, ¿puedes decirles que bajo en unos minutos?

-Sí, yo les digo. -contestó la hermana mayor que se levantó de la cama y fue a la puerta-. Por cierto, ¿quién es Damon, algún chico nuevo en la escuela?

-¿Cómo sabes de Damon? -preguntó Bonnie totalmente sorprendida y sonrojada.

-Cuando entré a tu cuarto hablabas dormida, con él, al parecer. -comento la hermana-. ¡Oh, Damon! -terminó burlándose.

-Cállate, Mary, no digas tonterías. -ordenó Bonnie al mismo tiempo que le lanzaba una de sus almohadas.

Mary salió del cuarto riéndose a carcajadas. Bonnie se quedó sentada en su cama un rato más pensando en la visión que tuvo por la madrugada: había visto a Damon vivo, no le importaba que él mismo se definiera como un ser no vivo, si lo podía ver y escuchar, con eso le bastaba para ubicarlo en el grupo de los vivos. Rápido se levantó de la cama y se vistió.

-Bonnie, ¿qué pasó? -preguntó Elena consternada-. Tú no eres de las que llegan tarde...

-Perdón... es que me quedé dormida. -se disculpó, bajando el rostro.

-Ni modo. -dijo Meredith, al mismo tiempo que se encogía de hombros-. Vayamos al paseo de las diez. Hará más calor pero hay sombras y descansos.

-¿Podríamos no ir? Hoy no tengo la fuerza para completar todo el circuito del paseo del zoológico. -comentó Bonnie con cansancio-. Vayamos, mejor, a la casa de huéspedes.

-Sí. -respondió Elena, al mismo tiempo Meredith asintió, cuando las dos se dieron cuenta de que Bonnie estaba muy seria.

-Vayamos, haremos un picnic. -comentó Matt, encogiéndose de hombros.

Bonnie volteó hacia donde estaba Stefan, cuando lo hizo no pudo evitar pensar en Damon y que lo había visto emerger de las cenizas, y una sonrisa se dibujó en su rostro. ella había sido la que lo vio y lo descubrió... no Elena.

-¿Tengo algo en la cara? -preguntó Stefan.

-Nada, Stefan, nada. -respondió Bonnie, todavía tenía la sonrisa en su rostro y seguiría viendo a Stefan a ratos porque recordaba a Damon.

En la casa de huéspedes la señora Flowers ayudó a los muchachos a preparar las cosas para el picnic.

-¿Quiere ir, señora Flowers? -preguntó Matt con amabilidad.

-No quisiera incomodarlos. -respondió la amable casera.

-Usted nunca nos incomodaría, señora Flowers, es una amiga muy valiosa para nosotros. -comentó Meredith.

-Además, -agregó Stefan-, para nosotros no es molestia cuidar de usted. -dijo con una sonrisa.

-Usted preparó todo, señora Flowers, sería grosero de nuestra parte que no la invitáramos, pero sobre todo, queremos que venga. -completó Elena y con todos esos argumentos convencieron a la señora Flowers.

Cuando todo estuvo listo, salió todo el grupo. Bonnie era la que más feliz estaba, en cuanto llegaran al lugar del picnic daría la grata noticia de que había visto a Damon y que habían hablado.

-Estás muy pensativa pero se te ve feliz. -comentó Meredith.

Bonnie no se sorprendió por el comentario de su amiga, ella siempre era tan observadora y por otro lado, era verdad.

-Es cierto. -comentó con una gran sonrisa.

-¿Y eso?

-Tuve la mejor premonición de toda mi vida. -explicó la pelirroja.

-¿Una premonición, Bonnie? -preguntó Elena, mirando a su amiga psíquica-. ¿Fell's Church está en peligro?

-No, para nada. -respondió la más pequeña del grupo.

-¿Entonces qué pasa? -incitó Elena a que su amiga prosiguiera.

-Damon. -sonrió-. Él no está muerto. Tuve una visión y él y yo hablamos. -explicó.

Todos dejaron lo que estaban haciendo para preparar el picnic, y voltearon a ver a la psíquica, parecían consternados, Bonnie casi se arrepintió de haber hablado.

-Eso es imposible... –la de ojos lapislázuli murmuró dolida.

-Yo lo vi, Elena, él está vivo, hablamos y va a volver a Fell's Church. -renegó Bonnie.

-Eso fue un sueño, Bonnie, un s-u-e-ñ-o... -replicó Elena, molesta por lo que su amiga dijo.

Bonnie sabía que Elena iba a estar muy sensible cuando dijera que Damon había revivido. Otro al que le iba a doler este tipo de noticia, era Stefan pero él no estaba actuando como su novia, solamente se había quedado mirándola.

-Los muertos no vuelven a la vida. -murmuró Matt.

-Elena está viva. -respondió Bonnie.

-Los guardianes dijeron que era imposible revivir a un vampiro porque no sabían dónde iba a parar su alma. -le recordó Stefan, con un tono un poco dolido, cuando por fin habló.

-Pudo haberse tratado de un sueño, Bonnie, -comentó Meredith con tono conciliador-, un sueño es, en parte, reflejo de los deseos profundos.

Bonnie de pronto cayó en la cuenta de que todos la estaban mirando raro, como con compasión, con lástima por esperar a que pasara algo imposible.

-¿Qué tal si seguimos preparando las cosas? –preguntó la señora Flowers, en un intento por apaciguar las cosas, pero no funcionó.

-No fue un sueño. –repitió Bonnie, sintiendo ganas de llorar porque nadie le creía.

La señora Flowers le sonrió cómplice a Bonnie, porque ella entendía cómo se sentía en ese momento. El gesto transmitió a la bruja menor que mantuviera la calma, porque tan era posible que no hubiera sido un sueño como que sí, sólo el tiempo le diría. Sin embargo, Bonnie seguía segura de lo que había visto, de que no había sido un sueño, sino una verdadera visión, respiró hondo y se hizo a la idea de que no le creyeran, prefirió eso a pasar un mal rato por su mal humor.

Elena por su parte, aunque convivía con todos, no podía dejar de pensar en lo que dijo su pelirroja amiga: Damon está vivo. Por algunos minutos estuvo lanzando pensamientos: "Damon, Damon, ¿estás ahí?", pero no recibía ninguna repuesta, cuando eso pasaba recordaba que le habían quitado sus poderes. En caso de que Damon estuviera vivo, como afirmaba Bonnie, sería posible que él escuchara el llamado telepático, pero que ella no pudiera escuchar su respuesta, o Damon seguía tan muerto como lo dejaron en aquella luna y que Bonnie simplemente hubiera tenido un sueño. Así, a ratos se olvidaba de todo esto y volvía a llamar a Damon, de nuevo, se encontraba explicándose y recordándose las mismas palabras.

-¿Amor? -preguntó Stefan por enésima vez, tocó el hombro de Elena.

-¿Qué? -preguntó la rubia bruscamente, saliendo de sus pensamientos, todos se le quedaron viendo.

-Te preguntaba si querías más refresco. -explicó Stefan.

-No, gracias, Stefan. -respondió Elena-. De hecho, ya no tengo hambre y me siento cansada. No les molesta que me vaya, ¿verdad? -preguntó, poniéndose de pie.

-Yo me voy contigo. -dijo el vampiro, que también se paró.

-No es necesario, Stefan, aquí necesitarán que los ayudes, cuando decidan irse, además prometiste que cuidarías a la señora Flowers. -comentó con una pasiva sonrisa, mientras explicaba todo.

-Yo te acompaño, también me siento cansada. -susurró Bonnie y se levantó.

La rubia y la pelirroja se despidieron de sus amigos y se fueron. Las dos iban calladas, en medio de un silencio incómodo, tenso. Normalmente, sin importar qué, cuando iban juntas, no paraban de platicar, también pasaba cuando venía Meredith y con Caroline, cuando eran amigas, pero ahora resultaba un total silencio.

-¿Estás enojada? -preguntó Bonnie con tiento.

-No. -respondió la rubia con un tono seco y sin voltear a verla.

-¿Es por lo de Damon? -volvió a preguntar con tiento, esta vez Elena se tensó-. Pensé, que de todos, sería a ti a quien más le entusiasmaría saber que Damon no está muerto de verdad.

-Tú también estabas ahí cuando los guardianes dijeron que no podrían revivir a Damon porque no sabían dónde estaba su alma. -dijo Elena molesta.

-Pues ahora lo sabemos y no necesitamos ese favor. -comentó con alegría, estaba sonriendo.

-Como dijo, Mer, debió ser un sueño. -comentó Elena, encogiéndose de hombros, como si no importara lo que la pelirroja decía.

-Haré como que no escuché eso para no enojarme. -murmuró Bonnie, cerrando los ojos para contener el llanto.

Elena se detuvo, unos pasos más adelante Bonnie se dio cuenta.

-Vamos, Elena. -suplicó la chica, que se volvió para ver a su amiga-. ¿Te sientes mal? -preguntó con preocupación y regresó los pocos pasos que había avanzado. Elena golpeó la mano que Bonnie le había puesto en el hombro-. ¿Qué te pasa? ¿Estás enojada conmigo?

-Sí. –respondió con sinceridad, sus ojos lapislázuli brillaban con intensidad, el resplandor oro era más fuerte.

-¿Por qué? –preguntó Bonnie extrañada.

-Por lo que dijiste sobre Damon. –explicó con una voz fuerte, pero sin gritar-. Bonnie, entiéndelo, a todos nos dolió, más a Stefan, que dijeras que Damon estaba vivo, confundiste un sueño con una visión. –explicó.

-¡No, Elena! ¡Son ustedes los que no me quieren creer! ¡Verás cuando Damon…! –pero no pudo terminar esa oración porque la rubia le había dado una bofetada.

La pelirroja no podía creerlo, su mejor amiga la había abofeteado, incluso, llevó su mano para cerciorarse de que el escozor era real. No habían dejado de mirarse a los ojos. Elena lloraba.

-Fue un sueño. –afirmó Elena, con la voz quebrada.

-Verás que no cuando Damon venga. –aseguró Bonnie con firmeza, su mano todavía en su mejilla ardida, las lágrimas seguían cayendo, pero ni siquiera se había dado cuenta de cuándo había empezado a llorar, poco después la pelirroja se dio la media vuelta.

-¿Por qué tú? –preguntó Elena, cuando su amiga -¿lo seguiría siendo?- ya empezaba a alejarse.

La aludida se detuvo como un poste en medio de la vereda. Lentamente se dio la vuelta para volver a encarar a su amiga pero no regresó en sus pasos, precedió un silencio denso, tan tangible que parecía asfixiarlas, éste parecía peor que el anterior, parecía irrompible, pareció durar mucho, sólo mirándose, pero fueron unos pocos segundos antes de que Bonnie diera su respuesta.

-Porque yo no he perdido mis poderes por un berrinche. –declaró, arrepintiéndose en el mismo segundo en que esas palabras salieron de su boca.

Siempre fue consciente de que pensaba así de Elena desde que volvieran de aquella conferencia con los guardianes, había tratado de manipular ese pensamiento de tal modo que no pareciera lo que era, para que Stefan no lo descubriera en su mente –si es que rompía su juramento- o por si lo disparara en algún momento y él lo recibiera, pero en esos segundos, cuando las dijo, cuando la voz les dio forma, cuando el dolor de que Elena –de quien sabía estaba triste por la muerte de Damon y había pensado sería la que mejor recibiera la noticia de su visión- no le había creído, e incluso la había estado despreciando.

-Elena, yo no… -intentó justificarse Bonnie pero lo que había dicho era una verdad, pero dicha en el momento equivocado y con malos sentimientos. De algún modo, sabía que no podía reparar el daño; lo dicho, dicho estaba, respiró hondo, intentando calmarse-. No puedo retractarme, ya lo dije, pero de lo que sí me arrepiento fue habértelo dicho para lastimarte. –declaró al final con voz firme, suspiró y se dio la media vuelta, se fue.

Ya habían pasado algunos días, desde que Elena y Bonnie tuvieran esa discusión. Ninguna se atrevía a hacer nada para remediar la situación, no porque no lo quisieran, sino por temor a que las cosas empeoraran. Bonnie se sentía aterrada de decir algo ofensivo en contra de Elena, se arrepentía mucho de haberla herido ya. Por su parte Elena no sabía qué hacer, no había ni plan A, ni B, ni de ninguna clase, había sucedido algo que nunca pensó pasaría: pelearse con alguna de sus amigas, en este caso, Bonnie, aunque le dolió lo que ella dijo, eso era cierto, por no haberse sabido controlar había perdido cualquier ventaja mágica y psíquica que en el futuro pudiera ayudarles, ya para buscar a Damon o ya para luchar contra la adversidad, y aunque Bonnie no había retirado sus palabras, se había disculpado por haberla herido.

En vista de cómo estaban las cosas, los otros tres amigos, preocupados por sus amigas, idearon el plan que Elena no tenía. Ejecutarían el plan más sencillo: hacer una juntada entre todos y dejarlas plantadas, así, sin la presencia de terceros y sólo la de las interesadas podrían arreglar sus problemas. Fijaron fecha, hora y lugar, sin mencionar que las dos habían sido invitadas, en cuyo caso, si se hubieran enterado, las dos hubiera rechazado la invitación sólo para no hacer sentir incómoda a la otra, sin saber que ésta ya habría rechazado la invitación.

Por un momento, Elena y Bonnie se quedaron en silencio, mirándose. El silencio era incómodo, pero no era como el de la vez de la discusión, no era tan denso, pero sí era incómodo porque ninguna de las dos sabía qué decir. De pronto, el celular de cada una sonó, era un mensaje de Meredith, decía mismo: Ya déjense de tonterías y arreglen sus problemas. Las dos pasaron un nudo por sus gargantas, sin dejar de mirarse solemnemente. Eligieron una de las mesas que se encontraba en el exterior de la pequeña Cafetería de Fell.

-De todos pensé que tú me creerías. –repitió Bonnie suavemente, una vez que se sentaron.

-Creer que Damon está vivo es algo difícil. –se excusó Elena, usando un tono gris.

-Lo sé. –convino la otra, pero si no se hubiera proyectado hacia donde estaba Damon reviviendo, ella tampoco lo creería-. Pero sé lo que vi y también que no fue un sueño.

-Mira, Bonnie, -murmuró Elena con tiento, tratando de pensar bien sus palabras-, no es que dude de tus poderes, sé que eres fuerte, pero puedes estar equivocada. A lo mejor, deseas tanto que Damon siga con vida, que soñaste con él, admito que yo también lo he soñado. –explicó, tratando de no apartar la mirada de los ojos de su amiga-. Pero será mejor que dejemos esto por la paz, nunca nos vamos a poner de acuerdo, mejor hagamos como que nunca me lo dijiste.

-Sí. –concedió Bonnie, su voz fue baja y no se atrevió a decir nada más, sentía que no podría porque cualquier palabra que saliera de su boca se convertiría en un gemido.

Elena sonrió, pero notó la lucha interna que Bonnie lidiaba al tener que aceptar que no le creía, aunque lo deseaba con todo su corazón, pero tenía que rechazar esa posibilidad porque los guardianes les habían explicado que era, si no imposible, dificilísimo revivir a un vampiro porque no sabían dónde encontrar su alma.

-Las dos personas que andaba buscando…

Espero que les haya gustado, nos vemos en la próxima entrega. Por fa, dejen un review.