Hola! Quisiera que pusieran una canción, se llama "Just a Kiss" la interpreta Lady Antebellum, desde esta parte: "Después del manotazo, el cuarto empezó a llenarse del suave olor de su sangre, incluso él fue poco consciente de lo que hizo, hasta que sintió el dulce sabor de la sangre en su lengua".

Y en vista de los pocos reviews que me han dejado -los que agradezco sobremanera-, no publicaré el capítulo final hasta ver una ingente cantidad de los mismos. Lo digo medio en serio... si creen que será como la otra vez que fue medio en broma, yo soy la que tiene el capítulo final 3:(

Lean, disfruten y comenten...


The Vampire Diaries:

Heartfire

XIV

El Llamado

Michelle iba borracha en el asiento del copiloto, diciendo sandeces e incoherencias.

—¡Basta, Michelle! –exclamó Xander, golpeando el volante desesperado.

—¿Basta qué, Xan? –preguntó ella en su actual tono borracho–. ¿Qué se siente que tu pareja ande coqueteando con alguien más? –preguntó con una burla dolida.

Xander estaba de mal humor por lo que había hecho Michelle. Se lo había explicado en su momento y ella pareció entenderlo… pareció, porque ese mismo día había hecho la peor escena de celos que jamás le hubiera hecho: ebria, besuqueando y bailoteando con diferentes hombres de una manera que se podía calificar de pecaminosa.

—El punto, Michelle, es que arruinaste la noche. –explicó Xander sin quitar la vista del camino.

Habían ido a una cena benéfica, y lo que Michelle no sabía es que él había elegido ir con ella en vez de cualquiera de las cinco modelos que su asesor de imagen le había recomendado encarecidamente. Xander Steller se había postulado para ser senador de su distrito, lo primero que su asesor le dijo es que no debía de salir con Michelle porque ella no cumplía con los requisitos para cumplir con el papel de futura novia, prometida y esposa de un senador, el mayor problema de Michelle era su corta edad, tenía veinte años, mientras que él iba a cumplir treintaiuno.

Le había explicado a Michelle que era una situación temporal, que necesitaba hacerse de una imagen de político responsable, sin embargo, fue consciente de lo mal que se puso cuando ella vio las notas periodísticas donde él destacaba con una supermodelo que lo había besado, por esa razón esa misma noche la había invitado a ella, incluso había planeado darle una sorpresa: hacer público su compromiso.

Iba tan concentrado pensando en lo que había sucedido y lo diferente que era de lo que había planeado que no se dio cuenta de que se había metido en el carril contrario. Fue un choque de frente inminente. Muerte al instante.

Despertar en un cuerpo humano tenía ciertas desventajas que no se presentaban cuando era etéreo: podía sentir. Desde la roñosa arena contra la piel descubierta sobre los huecos de ropa, hasta la suave brisa que acariciaba la piel de su nuca y desordenaba su cabello. Tuvo que concentrarse para poder sanar rápidamente las costillas rotas y el pulmón perforado, lo más difícil de curar y que requirió una gran cantidad de poder fue una laceración cerebral, dejó las heridas menores para que sanaran por sí mismas, ya en mejores condiciones se sentó, miró hacia atrás; ella estaba todavía en el vehículo, al menos la mitad de su cuerpo, pues no había alcanzado a salir disparada como él.

—Oye, ¿estás bien? –preguntó, poniéndose de pie, siglos sirviéndose de cuerpos humanos para moverse en la tierra, y nunca se acostumbraría al dolor.

—Agh, ¿qué pregunta es ésa? –respondió ella con un aire desgarrador–. No, no estoy bien… ayúdame. –él se acercó y con la mano hecha puño golpeó el vidrio que rodeaba la cintura de ella, la jaló de los brazos–. ¡Agh, mi espina!

—Yo acabo de curar una laceración cerebral, la espina no es tan grave. –dijo él después de dejarla en el suelo.

Ella cerró los ojos y dio varios y espaciados suspiros, una fina capa de sudor apareció en su rostro. Ella tenía además de la lesión en la columna, una contusión cerebral y mucho alcohol en la sangre, dada la gravedad de los lesiones requerían de mucha energía para curarse, además de bajar la cantidad de alcohol. Cuando por fin hubo curado la espina se sentó y lo miró en cuclillas observándola. Él se puso de pie y luego le ofreció la mano para ayudarla a levantarse.

—Busca la identificación. –él dio la orden, mientras que buscaba la cartera en la bolsa trasera de su pantalón.

Ella asintió y fue al carro, ahí buscó su bolso donde seguramente estaría su cartera con identificación.

—Michelle Torres. –dijo ella después de ver la credencial.

—Xander Steller. –murmuró él.

Ahora que sabían los nombres era más fácil recordar la vida del verdadero Xander y la verdadera Michelle, cuyas muertes fueron una casualidad, pero que ahora serían útiles para un bien mayor. Descansaran en paz sus almas eternas.

—Le fue infiel. –aseguró ella, Michelle.

—No, él tenía que una imagen política que hacer, y ella era demasiado joven. –declaró él, Xander–. Si ella no se hubiera embriagado, él le hubiera propuesto matrimonio.

—Oh… –susurró ella.

Había mucho trabajo por hacer.

Poco a poco empezó a escuchar el murmullo de todos dentro de la casa de huéspedes. Los ruidos de los árboles siendo mecidos por el aire, de los pequeños animales que huían de un posible depredador. Cerró los ojos cuando escuchó que alguien, Stefan, subía por las escaleras y abría la puerta para pasar.

—Ya sé que estás despierto. –susurró Stefan. El hermano menor entró en el cuarto y movió la silla para sentarse.

Los dos Salvatore se miraron el uno al otro, en un silencio muy denso. Este enfrentamiento era diferente de los anteriores, no había agresividad, ninguna disputa ajena a lo que corresponde a los hermanos.

—Muy suspicaz, Stefan. –se burló Damon, cruzándose de brazos, sobre su pecho desnudo.

Las costillas ya no las tenía rotas, el brazo izquierdo había sanado por completo, al igual que su tobillo y demás heridas. Seguramente Elena y los demás debieron de haberle brindado sangre para facilitar la recuperación.

—¿Sabes qué es lo que te atacó?

—No, no lo sé. –respondió Damon, rompiendo con el contacto visual con su hermano.

Damon se puso de pie, traía unos shorts de su hermano, rodó los ojos, fue directo a la cómoda y buscó unos pantalones de mezclilla negros y una camiseta del mismo color. Se sacó los shorts para ponerse los pantalones, se sentó en la orilla de la cama para ponerse sus botas.

—Damon, no. –advirtió Stefan.

—Tú te callas. –ordenó el otro, mientras se abrochaba una de las botas.

—Necesitamos tu ayuda, eres el único que se ha enfrentado con esa cosa. –alegó Stefan.

—Eso es porque era a mí a quien estaba buscando. –que después de haberse abrochado las botas, se sentó bien y se encogió de hombros, luego se puso la camiseta–. Es poco probable que se quede aquí si me voy.

—Empezaron a aparecer más cuerpos. –soltó de golpe–. Lo que sea que haya ido tras de ti, ya no lo hace.

Damon se puso de pie y en rápidos movimientos se acercó a su hermano, lo tumbó de la silla, sosteniéndolo del cuello.

—Me importa un carajo lo que le pase a este pueblo de mierda. –dijo, soltó a Stefan que cayó de espaldas al suelo.

Damon sintió cómo las baldosas bajo el cuerpo de su hermano se estremecieron, mientras caminaba al umbral de la puerta.

—Ha pasado un mes desde que Bonnie murió. –comentó Stefan, que seguía tirado en el suelo.

El mayor de los Salvatore regresó en sus pasos tan rápido que parecía una mancha negra e hincó una rodilla en el plexo solar de Stefan, volvió a agarrarlo del cuello. La mirada de Damon era tétrica y oscura, sus colmillos habían salido, cada vez iba apretando más el agarre y revolvía la rodilla sobre Stefan.

—Ella no está muerta. –levantó a Stefan del cuello y lo lanzó por segunda vez contra las baldosas. Salió del cuarto.

Elena miró hacia el techo después de escuchar el segundo golpe seco, rodó los ojos, soltó un pequeño bufido y miró a Meredith, en media hora la chica morena se iría, junto con Matt. Que en ese momento se encontraba ayudando a la señora Flowers a tender las sábanas y edredones.

—Damon ya se despertó. –murmuró la chica rubia.

—Eso parece. –respondió Meredith, encogiéndose de hombros.

Había pasado un mes desde que Bonnie muriera. Elena no había pasado una noche sin llorar desde entonces, Bonnie también había sido su mejor amiga y antes de que todo eso pasara se había peleado con ella, por una reverenda estupidez. Las circunstancias eran casi parecidas a lo que había sucedido con Caroline, pero Bonnie ya no había respondido a sus agresiones, tan correcta, tan buena gente, sólo puso la otra mejilla, por cada grosería había sonreído. Ahora que ella estaba muerta no podría arreglar lo que había hecho: las groserías, las actitudes, los feos.

Había cortado con Stefan hacía exactamente como treintaiséis días, ¿pero quién los contaba? Hubiera sido agotador que en ese momento de depresión Damon estuviera acosándola, pero algo la hacía pensar que él no lo haría más.

—Ánimo, Elena, ya pasará. –consoló Meredith sujetando la mano de su mejor amiga.

A causa de que se había peleado con Bonnie, sólo le había contado a Meredith y recurrido a ella por consuelo y consejo. Pobre, Mere, debía haber sido difícil el haber estado en medio de sus dos amigas. Pocos minutos después los pensamientos de Elena fueron interrumpidos porque Damon pasó como un vendaval, pocos segundos después le siguió Stefan un poco más calmado y Elena se le quedó mirando con nostalgia, poco después sintió cómo su amiga le apretó el agarre.

—¿Todo bien? –preguntó Elena a Stefan antes de que saliera para darle alcance a Damon.

—Sí, Damon está en shock. –respondió Stefan, sin voltear la vista hacia la rubia.

—Ve. –aconsejó suavemente Meredith.

Elena alcanzó a Stefan antes de que desapareciera después de atravesar el umbral.

—Stefan. –murmuró la rubia, a la espalda del vampiro.

Él no se movió después de escucharla, pero no volteó, tampoco dijo nada, ella suspiró y simplemente caminó hasta quedar a su lado, con tiento bajó la mirada para ver la mano de Stefan y la tomó entre la suya, sin pensarlo, entrelazando los dedos y apretando el agarre al instante; los siguientes segundos fueron una tortura, pero por fin Stefan apretó la mano de Elena y volteó a verla. Ella dio un suspiro de alivio, todo había vuelto a la normalidad, excepto por la muerte de Bonnie.

En fracción de un segundo todo se puso mal, mientras que vio a Elena correr con Stefan y que Damon contuviera a la criatura que apenas pudo distinguir en la oscuridad; Damon no tuvo que repetirle por segunda vez la orden, por mucho que le disgustara el otro vampiro, no tuvo que pensarlo mucho para saber que él estaba protegiéndolos. Había agarrado la mano de Meredith y con su fuerza de corredor la obligó a correr tras él al jalarla de la muñeca.

En vista de que parientes consternados habían empezado a reportar que alguien había estado exhumando los cuerpos de sus parientes fallecidos, todos habían pensado lo mismo, debía de tratarse de la bestia. Habían decido ir esa misma noche. ¡Grandísima estupidez! Las ramas crujían debajo de sus pies y de vez en cuando volteaba para cerciorarse de que Meredith siguiera con él. La única esperanza que tenían, si es que era así, era correr hasta la casa de huéspedes. Elena y Stefan debían venir tras ellos. ¡Maldita sea! Meredith cayó, convirtiéndose en un lastre.

—¿Estás bien? –preguntó Matt, que se volvió hacia ella y se hincó.

—Creo que me torcí el tobillo. –contestó la chica, haciendo una mueca.

—Bien, vamos. –le indicó a su amiga, al tiempo que le ofrecía la espalda para llevarla.

Meredith se acomodó sobre la espalda de Matt y comenzó la carrera de nuevo. Maldición, era un simple humano con deseos de ayudar y lo único que podía hacer era correr. Mientras que apretaba el agarre en los muslos de Meredith se hizo un juramento, aprendería tanto como fuera posible para detener las fuerzas oscuras, en los últimos años había aprendido un sin número de cosas, pero aún había muchas cosas que aprender.

Meredith había pasado los brazos por el cuello de Matt, intentando no ahorcarlo. El camino del bosque, después del cementerio, era muy escarpado, con la carrera y los brincos que Matt daba para eludir las piedras y los agujeros que podía divisar apenas los tenía en la mira, fue difícil para el chico. Las habilidades en el futbol y los reflejos de Matt fueron muy útiles en ese momento. Él corría muy rápido a pesar de llevarla a ella a cuestas, lo menos que debía hacer era no ahorcarlo.

—Gracias, Matt. –murmuró, aunque estaba escondida en el cuello del chico, él la escuchó, pero como estaba en movimiento no pudo responder, sólo asintió, como si quisiera decir: "De nada".

Todavía quedaba un largo trayecto antes de llegar a la casa de huéspedes y Meredith era consciente de que Matt había empezado a bajar el ritmo.

—Más vale constante que rápido. –aconsejó la chica morena.

Y de pronto, Matt soltó una carcajada, al mismo tiempo que bajaba el ritmo de su carrera y adquiría una velocidad constante. Meredith lo ahorcó suavemente y él seguía carcajeándose, mientras sentía las mejillas calientes de la vergüenza y alejaba el rostro de la piel del cuello de él porque no quería que sintiera su sonrojo.

El trayecto fue un poco más largo por la disminución de la velocidad, pero llegaron treintaicinco minutos después, donde la señora Flowers atendió con prontitud la torcedura.

—Hoy hace tres meses. –comentó Matt mirando a la ventana.

—Sí. –murmuró Meredith, mirando hacia la nada, con la misma sensación nostálgica que Matt.

Ya habían pasado más de noventa días y todavía no habían podido averiguar de qué criatura se trataba. Bonnie hubiera dado rápidamente con la respuesta, casi como si fuera magia, pero nadie se había querido acercar de nuevo a la casa de los McCullough, porque era insoportable ir y no encontrar a su amiga, como había sucedido con Elena.

Ahí donde estaba era el lugar donde más tranquilo se sentía, inspiró hondo. Cuando estuvo seguro de que Elena, sus amigos y Stefan estuvieron a salvo y lejos de aquella bestia, que ya no reconocía de las otras veces que lucharon –ya no tenía ese hálito de humanidad–, huyó con dificultad, más malherido que las otras veces. Bebió sorbos amargos de sangre de una chica llamada Katia, quizá doscientos mililitros, no soportó más.

Damon se sentó en la ventana abierta, desde afuera, hizo un gesto de dolor, no había bebido suficiente sangre para recuperarse, pero no importó. De la bolsa del pantalón sacó la cadena y dije de plata que le había dado a Bonnie, lo único que le quedaba de ella. A la luz de la luna la joya brilló con intensidad, ésta estaba cargada con su energía, podía sentir cómo la suya propia se mezclaba. De pronto un constante goteo llamó su atención, la herida de su brazo no había sanado completamente y aún sangraba. Pudo olfatear cómo se mezclaban los olores, aunque el cuarto estaba profundamente impregnado con la esencia de la pelirroja, ésta había empezado a desaparecer por su ausencia.

La brisa nocturna hacía que las cortinas flotaran casi de forma fantasmagórica. Apretó el dije entre sus dedos, había sido completamente inútil. Bonnie estaba… no, ella no estaba muerta. Apretó tanto la cadena enredada en sus dedos que ésta lo hirió. Aún si su Cardenal no estaba muerto, quería desgarrar con sus propias manos el cuello de ese animal, tan sólo por haber tocado el cuerpo de la gatita.

—Bonnie… –murmuró, viendo cómo una gota de su sangre se deslizaba por la cadena.

—Damon… –escuchó el suave susurro, volteó el rostro en busca de la voz, se levantó de la ventana y entró de lleno al cuarto, no vio a nadie.

—Bonnie. –repitió el nombre, probando suerte a que ella respondiera a su llamado–. ¿Estás muerta? –preguntó con temor a una respuesta afirmativa.

—No. –respondió ella.

—Quiero verte. –ordenó, ya desesperado de que ella se moviera más rápido que él.

—Ven por mí. –comandó la voz, esta vez giró rápido, pero no tanto, apenas fue capaz de ver la silueta fantasmagórica y pelirroja de Bonnie.

—¿Dónde? –preguntó con voz baja y desesperada.

—Yo te llamaré y cuando eso suceda tú debes venir por mí, no importa qué. –dijo ella, de nuevo giró rápido, pero no alcanzó a verla bien.

—¿Bonnie? –preguntó girando sobre su propio eje, pero ya no la vio, ella ya no estaba ahí.

Elena agarró una navaja y se cortó la muñeca de inmediato para ponerla en la boca de Stefan para que bebiera sangre. Él fue reticente al principio pero la terquedad de la rubia pudo más que la del vampiro, pero al final él la alejó.

—No quiero hacerte daño. –alegó Stefan con dificultad.

—Tú no lo harías. –sonrió ella.

—¿Crees que no sé que no has dormido últimamente? –preguntó Stefan burlón–. Te dañaría sólo porque estás débil.

—Eso no importa. –comentó ella sonriendo.

—Claro que sí. –alegó Meredith desde la puerta del cuarto–. Stefan, aquí también estamos Matt y yo.

—Muchas gracias. –asintió Stefan con una sonrisa débil

Los días pasaron hasta convertirse en un mes más y Damon seguía sentado en el marco de la ventana, esperando el llamado de Bonnie. Cuatro malditos meses. Ya empezaba a perder la paciencia, cuando sintió que algo titiló en su interior, no supo qué, pero eso no importaba, lo que sí, es que se trataba de algo suave, inocente, conocido. Puso los pies sobre el marco de la ventana, mirando hacia afuera, trató de olfatear a ver si detectaba alguna esencia: nada. Tenía que estarse volviendo loco. El fuego de una vela que se extingue. Un llamado. Damon ya sabía a dónde tenía que ir.

Sin dar razones a nadie se fue, sin importar que la bestia estuviera atacando Fell's Church, sin importar que su hermano, Elena y sus amigos estuvieran en peligro. No importaba nada, excepto que ella ya lo había llamado. No sabía la dirección, pero sabía a dónde tenía que ir. Se convirtió en cuervo e inició el vuelo a su destino. Después de largos periodos de viaje, hacía paradas para alimentarse, pero en mente tenía el recuerdo ya impreciso del sabor de la sangre de Bonnie.

Se quedó paralizado, mirando a través de esa ventana. No, ésa no era Bonnie, quien lo había invocado no era la pelirroja, ni siquiera se parecían. Tenía que ser una maldita coincidencia. Debía estar alucinando por el hambre, el cansancio y la desesperación. Justo en ese momento una empleada doméstica salió a sacar las últimas bolsas de basura del día, descendió sobre la doncella y bebió de ella, obtuvo la información que requería, dejó ir a la doncella y volvió a la ventana.

Escuchó sus pensamientos, seguro de que lo que oía correspondía a lo que estaba escribiendo en el diario, "humanos torpes", se dijo Damon mentalmente. Luego la vio llorar y finalmente escuchó: "¡Damon, te odio porque no existes!", eso fue más que suficiente, reconocía ese tipo de reclamo infantil, golpeó contra la ventana, un par de veces, ella volteó y sus miradas se interceptaron.

—Invítame a pasar, Leigh. –ordenó Damon usando sus poderes para manipular.

—Pasa. –había respondido ella con un tono soñoliento sin siquiera ser consciente de ello.

No se atrevió a pasar, dudando aún. Tenía que ser una confusión total, un error… vio cómo ella decepcionada se dirigía a su cama. Nada, nadie había respondido a su llamado y él estaba ahí como un completo cobarde incapaz de aceptar lo que ya sabía… pero algo estaba mal. Graznó como cuervo y entró al cuarto tomando su forma humana. Ella… Leigh se tensó. "¿Volteo o no? ¿Damon, de verdad no fuiste mi amigo imaginario?", escuchó el pensamiento y una media sonrisa se formó en su rostro.

—Mírame, estoy aquí. –dijo él, Damon.

La sonrisa del vampiro empezó a ampliarse hasta adornar su rostro al completo cuando percibió todas sus reacciones físicas.

—Tú… tú no existes. –balbuceó Leigh.

Caminó hacia ella lentamente, hasta que la hizo llegar a la cama y todavía siguió su camino hasta dejar su cuerpo sobre el pequeño de ella. La sujetó por las muñecas con una sola mano.

—¿Alguien que no existe se siente como yo? –no dejó de mirarla a los ojos.

Ella lo miró por largos segundos, como en un intento de identificarlo. De la sangre de la doncella había captado todo lo que había pasado con la joven heredera: el accidente y su pérdida de memoria, por eso no se esforzó en sondear más allá en su mente.

—No. –respondió con sinceridad–. Me dejas sin aliento. –fue un suave susurro.

—Suelo causar esa impresión. –presumió.

—Literal, me estás aplastando. –el mordaz comentario lo dejó sorprendido, porque no había caído por su sonrisa, le agradó.

Se levantó y se le quedó mirando. De pronto, había una simple imagen en su mente: Bonnie bajo su cuerpo, la sostenía de las muñecas con una mano, mientras que la otra se deslizaba sobre la cándida y cremosa piel, reconocía el recuerdo, más bien la imagen; ese recuerdo era fabuloso, no lo había dejado escapar al olvido después de que se convirtiera en memoria. "¿Fuimos amantes?", la escuchó preguntar.

—Esa pregunta deberá quedarse sin respuesta en este momento. –respondió Damon, desviando la mirada. Lo que antes era una duda, ahora era una certeza, porque esa imagen no vino de él mismo, sino de ella.

—¿Es que lo dije en voz alta? –la sorpresa y la vergüenza eran evidentes en su voz.

—No.

—¿Entonces cómo lo supiste?

—Soy un vampiro, puedo leer tu mente. –se decidió por la respuesta más sencilla, la verdad.

—Los vampiros no existen. –espetó ella, entre ofendida y enojada–. No soy estúpida.

—No dije que lo fueras. –respondió él la agresión.

Después del manotazo, el cuarto empezó a llenarse del suave olor de su sangre, incluso él fue poco consciente de lo que hizo, hasta que sintió el dulce sabor de la sangre en su lengua.

—¡Dios! –escuchó su grito asustado, se alejó de él, arrebatándole la fuente de su ansiada ambrosía, la imagen de él lamiendo cada dedo de la mano de Bonnie acudió a su mente, pero esta vez tampoco fue él quien invocó ese recuerdo –. Tú y yo… ¡Cielo Santo! Nosotros… ¡Por el amor de Dios, ni siquiera me acuerdo pero sé que sí! –Damon la miró y se encogió de hombros con una sonrisa coqueta.

De pronto ella se estaba cayendo. Y en movimientos rápidos la sostuvo en su regazo.

—Tranquila.

—Damon. –lloriqueó, luego lo abrazó con fuerza y hundió la nariz en su pecho.

—Dime…

—Ya estás aquí… tardaste demasiado… –dijo ella, él percibió que algo cambió, su voz, era ella por eso le acarició el pelo, enredando los dedos.

—Tenía que comer antes. –después de todo no era una mentira–. No quería llegar aquí, hambriento y brincar sobre tu cuello después de que me invitaras a pasar. –explicó–. ¿Tienes miedo?

—¿Debería?

—No. –respondió él, que seguía acariciando el cabello de la chica, se inclinó sobre ella y la olfateó–. Inconfundible. –murmuró, saboreando el olor, una gota de saliva escapó de su boca.

—¿Sigues hambriento? –preguntó ella, luego se descubrió su cuello y alejó el pelo.

—Es muy pronto para ti. –se rehusó el vampiro, aún cuando sentía que los colmillos pugnaban por salir e hincarse en su cuello.

—Deja de ser un idiota orgulloso y bebe. –ordenó con el ceño fruncido y ofreciéndole el cuello.

—Sólo un poco, unos cuantos sorbos. –dijo él después de lamerse la sonrisa: "No soy santo, Stefan", se burló.

Clavó la mano en la nuca de Leigh, antes de morderla y la imagen de Bonnie entregándole el cuello para que bebiera sangre, pero de nuevo, la imagen venía de ella. Motivado por ese recuerdo siguió sorbiendo, ella gimió, alejó los colmillos de la herida.

Un solo pensamiento se encontraba en su mente: Ya la había encontrado.

Lo demás ya no importaba, siguió la conversación casi de modo superficial. Viéndola sonrojarse por los comentarios con doble sentido que respondía hasta que se enojó y lo mandó al diablo. La detuvo por intentar pegarle una cachetada.

—A ninguno de los dos nos gustará si yo te castigo por querer cachetearme. –la amenazó, mirándola a los ojos.

—No hablas en serio, tú nunca me lastimarías. –sintió cómo las piernas de ella se volvían de mantequilla.

—Con calma, un sorbo a la vez. –aconsejó y puso sus manos sobre la cintura.

Percibió de nuevo el pensamiento con la duda de si era o no real, una ilusión, un sueño nada más.

—No, Leigh, no soy ningún sueño. –murmuró suavemente en su oído, lentamente la arrastró a la cama.

—No, no quiero dormir. –pese a que ella se opuso, la acomodó en la cama con ternura–. Tengo miedo de que al despertar, hayas sido un sueño nada más.

Él se había recostado a su lado.

—Me quedaré contigo hasta que despiertes, incluso más tiempo después del amanecer, días, meses, años... –prometió, al tiempo que acariciaba su cabello para tranquilizarla.

—¿La eternidad? ¿Podrías prometerme la eternidad?

—Siempre...

—No me dejes, Damon, nunca... nunca... –la súplica en su voz, lo hizo sentir algo cálido en su pecho, eso hizo que la abrazara más fuerte como para protegerla.

—Nunca, Leigh, te lo prometo. –besó su frente y siguió acariciado su pelo.

Ese nombre era tan raro, tan ajeno y lejano. Percibió cómo la respiración se volvía acompasada.

—Nunca más... –sabía que ella ya estaba dormida–. Bonnie…

Esto parecía ser más divertido de lo que había pensado. Habían llegado dos ángeles guardianes para custodiar a la bruja. Había dos vampiros, un guardián de la Dimensión Oscura encadenado, una chica casi conversa, otra bruja pero anciana y un ser humano, un grupo variopinto si se lo permitían definir y algo interesante, todos ellos involucrados.


Espero que les haya gustado y que me dejen sus reviews y para motivarlos, un spoiler chiquito del Capítulo Final: Siete Horas de Terror:

—¿Crees que vayan a estar bien? –preguntó Elena, un poco agitada, la garganta seca de tanto correr.

—Son ángeles guardianes. –explicó Damon, encogiéndose de hombros y luego de forma distraída quitaba el cabello de la frente de Leigh.

—Pero eso es un ghoul. –recalcó Elena preocupada–. Se los comerá, como las víctimas de Fell's Church.

—Pues serán siete horas de terror. –declaró Damon, como si no importara.

Espero que sea suficiente para motivarlos, dependiendo de qué tantos reviews tenga, publicaré o no el capítulo final. ¿Será medio en broma, medio en serio? ¿De qué lado estaré?