Disclaimer : Nada referente a The Walking dead me pertenece, si no que le pertenece a sus creadores y nada mas que a ellos. Solamente me pertenecen mis personajes creados a pura imaginacion mia.


—Tome asiento Wayde.

Ya era costumbre, al menos dos veces por semana venia al gran salón, rodeado de espejos, con aquel hijo de su gran puta… disculpen, con aquel gran Doctor, que hace todo lo posible para que sus queridos pacientes logren el alta lo antes posible…

Como siempre debía sentarme en aquella incomoda silla, y el, sentado en aquel confortable sillón.

Bufe a lo bajo, ya estaba acostumbrada a esta mierda.

—Sabes porque estás aquí, señorita Wayde.

Ya no lo hacía en modo de pregunta, ya era todo un discurso ensayado, ya era todo tan rutinario, pero en el fondo no me preocupaba ni me molestaba.

No esperaba en lo absoluto el alta, mi familia no me quiere cerca, y mi mejor amiga vivía en mi país de nacimiento, y solamente venia a verme una vez cada tanto, pero aun así ella tenía sus estudios allá y yo… rechace muchas veces su oferta de conseguir el alta e irme con ella, pero mi presencia no sería más que una molestia, y acá tenia "mis pastillas milagrosas" que evitaba que cayera en la locura completa, como me pasa cada tanto.

—Brian, esta mierda ya es una puta rutina de la que estoy hasta los jodidos ovarios—suspire y le levante para ir hacia uno de los espejos y apoyar mi mano en este, viéndome reflejada.

En nuestras habitaciones no nos dejan tener espejos, y menos a los suicidas. Me notaba ojerosa, mi pelo había crecido demasiado a lo largo de estos dos años en los que llevaba internada en el centro del infierno, pero seguía con su brillo y su intenso color negro.

—Vaya, ya me llega a la panza—murmure y reí.

Sentí como Brian también reía —y te queda muy bonito—dijo en tono de cumplido y gire mi cabeza para observar cómo se levantaba y se acercaba a mí.

Volví a dirigir mi vista hacia el espejo, y notar esta ves que estaba demasiado pálida y eso hacia que mis labios parecieran de muerto con lo violeta que estaban, y las ojeras negras, por noches de insomnio que jamás pude recuperar.

—Vale— oí decir a mi acompañante de habitación— ¿algún impulso esta última semana? —negué con la cabeza, aun observándome en el espejo, notando también que inclusive mis ojos se iban oscureciendo—es la falta de sangre sabes, esas cortadas han hecho que pierdas mucha en tu último intento por eso estas así físicamente, pero con una correcta dieta, volverás a ser tan bella como siempre.

Sonreí y le dirigí una mirada a Brian, cargada de curiosidad —¿Por qué tanta amabilidad señor Blake?

El simplemente me miro y cuando iba a emitir sonido alguno, fuimos interrumpidos.

Me pegue al espejo por instinto puro al ver a Bruce, ya que era uno de los enfermeros más violentos con los que se podría uno encontrar, no desearías que él fuera el que te agarrar en algún momento de locura, y simplemente sigue aquí por el Doctor Brian, eso ya lo saben todos.

Brian rió al ver mi estúpida reacción, como si el aferrarme a la nada misma, apoyada en un espejo me salvaría de que Bruce me hiciera algo, pero me relaje enseguida al ver que el enfermero hijo de su gran puta solamente se dirigía a su "amo"

— ¿Qué ocurre Cooper? Sabes que odio que interrumpan mis sesiones con los pacientes. — y miro directo a mí, en cuanto yo solamente atine a pensar una sola cosa …. "si las miradas mataran, ya con esa hubiera muerto mil y una veces"

El enfermero solamente se dirigió al doctor sin escala alguna y le susurro algunas cosas, que no podría imaginar cuales eran, pero sea lo que sea puso demasiado nervioso al doctor.

—Llévala a su habitación—mi corazón se comenzó acelerar—sin escala alguna Bruce—comenzaba a relajarme, pero seguía temiendo por mí, ese hijo de puta podría hacerme cualquier cosa sin supervisor de algún otro enfermero o enfermera— enciérrala y vamos, te espero.

Finalizado aquello, sentí unas manos me agarraban del hombro amablemente, y me sorprendí al ver que era Bruce.

Levante mi vista, y vi que tenía el ceño fruncido y los labios en una línea recta, ya comenzaba asustarme, algo no andaba bien.

—Duerme—dijo cuando llegamos a mi habitación, y me sorprendí que dijera eso, siendo que apenas eran las 5 pm—se te llamara para la cena, tienes prohibido forzar la puerta, aunque ni podrías, estas demasiado débil—y me miro con pena… ¿pena?

Sentí el –clic- de la puerta y como la cerraba con llave.

Corrí hacia la puerta y me asome por la pequeña ventanilla, solo podía ver enfermeros corriendo de acá para allá… ¿un uniforme militar? si, podía ver un uniforme militar, y gritos que no coordinaban, gritos que daban terror, podía escuchar mas puertas golpeándose al cerrarse, y podía ver como los enfermeros se encargaban de encerrar a todos en sus respectivas habitaciones.

No quería ver mas, corrí hacia mi cama, y me tape con el acolchado de ositos que me trago María cuando vino a verme por última vez.

Cerré mis ojos y acaricie mis brazos llenos de marcas.

"—Estas acá por decisión tuya, podes irte cuando quieras—"

Puras mentiras.