Esta historia es la secuela del fanfic "Y ahora...Tú". Antes de leer esta parte recomiendo que lean la primera si quieren entender la historia.

Los personajes que aquí aparecen no me pertenecen y son propiedad de Ryan Murphy Productions. El relato es ficticio; cualquier parecido a la realidad es mera casualidad.

Prólogo

Comisaría. Lunes 29 de Agosto, 12:00 horas.

Santana y Brittany, tras una larga charla con Amanda, salieron de la sala en la que se encontraban reunidas con la intención de localizar a su amiga Rachel. Todo se había vuelto raro en comisaría desde que se conoció toda la verdad sobre el caso de Charlie. Sue y Will, junto a las dos chicas del FBI, fueron a seguir trabajando en el caso dejando a las chicas un poco de margen para que asimilaran toda la información.

Santana: Aún no me puedo creer lo que está pasando. ¿Y tú por qué estás tan contenta? –se detuvo en su camino y se giró para mirar a la chica.-

Brittany: ¿Es que no has oído lo que han dicho ahí dentro San? ¡Nuestra amiga ha vuelto!

Santana: Brittany, esto es un asunto muy serio y no es para tomárselo tan a la ligera.

Brittany: Tranquila San, Amanda también está aquí para ayudarnos.

Santana: Después de todo lo que ha hecho, no confío mucho en ella.

Brittany: Pues yo pongo la mano en el fuego por ella. Es buena chica.

Santana: Tú miras a todo el mundo con buenos ojos. Por cierto, ¿dónde coño se habrán metido Quinn y la enana?

Brittany: No sé, pero podemos preguntarle a Andy –dijo señalando al chico que se encontraba sentado en una mesa-.

Las chicas se dirigieron hacia la mesa donde se encontraba Andy y éste dejó lo que estaba haciendo para atenderlas.

Santana: Andy, ¿has visto a las subinspectoras?

Andy: Vi a Rachel salir para la calle y poco después salió Quinn, pero desde entonces no han vuelto. De todas formas Blaine tiene que saber si han fichado su salida.

Brittany: ¿Y dónde está Blaine? –preguntó mirando hacia la recepción-. No está en su puesto de trabajo.

Andy: Pues no sé.

Santana: Bueno, gracias Andy. Vamos a ver si podemos localizar a Blaine, y si no…pues intentaremos dar con las chicas de otra forma.

Despacho Sue Sylvester, en ese mismo instante.

Blaine era un agente de la comisaría que estaba realizando las labores de recepción mientras Sue buscaba un buen sustituto de Finn para el puesto. El caso es que para la comisaria el chico estaba realizando bien el trabajo y no se había preocupado de buscar a alguien de forma inmediata. Situación que no le gustaba al chico, pues estaba cansado de realizar su trabajo y las tareas de recepción. El chico, muy extrovertido y agradable, caía bien a todos sus compañeros. Era el típico muchacho dispuesto a colaborar en todo lo que le pedían.

Blaine: Comisaria, ¿puedo hablar con usted un momento? –dijo asomando la cabeza por la puerta.

Sue: Ahora no, Anderson. Estoy muy ocupada –dijo ignorándolo-.

Blaine: ¡NO! Necesito hablar con usted ahora. Siempre anda dándome largas… Y ya estoy cansado.

Sue no esperaba esa reacción por parte del chico; cogió sus gafas con una mano y alzó un poco la cabeza para mirarlo fijamente a los ojos.

Sue: ¡Ya era hora!

Blaine: ¿Ya era hora de qué? No la entiendo –dijo frunciendo el ceño-.

Sue: Ya era hora de que sacaras algo de carácter. Empezaba a creer que no saldrías nunca de tu cascarón.

Blaine: ¿Enserio? –preguntó sorprendido-. He tenido mucha paciencia con usted y creo que me merezco un poco de su atención –se adentró en el despacho-.

Sue: Tienes dos minutos; no creas que me sorprendiste tanto…

Blaine: Está bien. Sue, necesito que encuentres ya un sustituto para el puesto de Hudson. Me dijiste que sería para unos días y los días se han convertido en meses.

Sue: Si tú lo haces muy bien gorrioncito. Pensaba que te gustaba coger el teléfono…

Blaine: Yo no me metí a policía para estar recogiendo llamadas. No soy tan inútil como lo era Hudson.

Sue: Ahora estoy muy liada con un caso, en cuanto pueda te prometo que buscaré ese sustituto.

Blaine: O lo encuentras en unos días o pido el traslado a otra comisaría.

Blaine se giró y, sin decir nada más, salió del despacho dando un portazo. Sue, se quedó completamente asombrada por la reacción del muchacho.

-Al fin se ha espabilado este chico. Y yo que creía que no tenía sangre… En fin, tendré que buscar a ese recepcionista-.

En las calles de Nueva York…

Rachel salió de la comisaría andando apresuradamente. Quinn la seguía de cerca sin perderla de vista. La morena no hacía caso de las llamadas de su novia e ignoraba todo lo que ocurría a su alrededor. En su cabeza solo se encontraba la imagen de Charlie atada a una silla y suplicándole que la encontrase. En un descuido, Rachel tropezó con una señora; acto que aprovechó la rubia para poder alcanzarla.

Quinn: ¡Rachel espera! –dijo mientras corría detrás de la morena-.

Rachel: Déjame Quinn, necesito estar sola –la miró con lágrimas en los ojos-.

Quinn: No creas que te voy a dejar ir así. Soy tu novia ¿Recuerdas?

Rachel solo se limitó a asentir y juntas se dirigieron a un parque situado cerca de la comisaría. Caminaron juntas en silencio hasta que encontraron un banco para sentarse y poder conversar tranquilamente.

Quinn: ¿Estás bien cielo? –dijo abrazando a la morena contra su pecho-.

Rachel: Me siento engañada y utilizada –dijo entre sollozos-.

Quinn: Creo que no eres la única, pero sé como te sientes y por lo que estás pasando. Aun así debe de haber una explicación lógica a todo esto.

Rachel: Todo este año de sufrimiento creyendo que Charlie estaba muerta… y aun sabiendo cómo me sentía, no me han dicho nada.

Quinn: Tranquila amor, todo saldrá bien. Aquí estaré para cuidarte.

Rachel: Estoy hecha un lío Quinn.

Quinn: Poco a poco. Primero habrá que solucionar lo de Amanda.

Minutos más tarde en comisaría.

Amanda y Gracie se encontraban en la sala de reuniones ultimando detalles del caso de Lara. Después del impacto ocasionado en las chicas, no podían perder mucho más tiempo. Cuantos más minutos pasaban, la vida de Charlie corría más peligro.

Amanda: Inspectora necesito permiso para hablar con usted –dijo seria-.

Gracie: Amanda estamos en confianza. No necesitas que te de ningún permiso.

Amanda: Sigues siendo mi superiora.

Gracie: No tienes remedio… Permiso concedido –dijo suspirando-.

Amanda: No estoy segura de que hayamos hecho las cosas bien.

Gracie: ¿Por qué piensas eso? ¿Dudas de la investigación? –dijo preocupada-.

Amanda: De la investigación no. Lo que pasa es que he mentido a mis amigas y les he hecho daño y me siento como una mierda, discúlpeme la palabra.

Gracie: Te entiendo Amanda, pero esto era necesario para seguir con el caso. Por eso, aprovechamos tu cercanía con una de las agentes.

Amanda: Creo que debería mantenerme al margen inspectora. No sé si podré trabajar ahora con ellas; no creo que me soporten.

Gracie: No digas eso. Te necesito ahora más que nunca; estamos a un paso de atraparla y eres mi mejor agente. Tendrá que colaborar le guste o no.

Amanda: Pero…

Gracie: Nada de peros. Es una orden. Sabes que estás bajo mis órdenes y tengo más rango que tú.

Amanda: A sus órdenes inspectora –dijo cabizbaja-.

Gracie: Puedes retirarte.


Ya estoy de vuelta... Un prólogo cortito para empezar abriendo boca.

Muchas gracias a todos los que habéis seguido la primera parte de ésta historia. Espero y deseo que ésta secuela cumpla todas vuestras expectativas.

¿COMENZAMOS?

Un besazo!

DiLea