El beso de la durmiente:

Salió furioso de su siguiente clase, aguantando la mirada de Snape sobre él y escuchando el ondear de su odiosa y negra capa tras sus pasos.

¿Por qué demonios tenía que soportar aquello?, ¿Por qué habían solicitado la presencia del resto de caballeros tan insistentemente?

Sirius, Remus, Dumbledore e incluso Hagrid y Hermione habían sido llamados.

Snape, por orden de Dumbledore, había sido obligado a quedarse en Hogwarts para resguardar su seguridad.

—Tiene clase de pociones Joven Heredero.

Harry rechinó los dientes molesto. "Tiene clase de pociones joven heredero", se burló internamente. ¡A la mierda sus clases! Necesitaba aire y pensar. ¿Habrían descubierto la identidad de Hermione?, Era la única cosa que tenía sentido.

Pero entonces Krum también habría sido llamado y Diggory, pues era evidente que ellos lo sabían desde siempre. Diggory, por ser amigo del hermano mayor de Hermione, tal y como ella le había revelado semanas atrás, y Krum, como primo de ella.

—Tiene que venir conmigo a su siguiente clase.

—No pienso ir, pero usted no deje de ir por mí, seguro que a los dos nos sienta bien perdernos de vista un poco.

—Mira, muchachito odioso, tengo órdenes de estar contigo en todo…

—Profesor Snape, no se preocupe, el joven Potter estará a buen recaudo, no dudo que irá a ver a Luna a la enfermería y allí hay protecciones suficientes como para preservar su seguridad. Asista a impartir su próxima clase sin problemas.

Era la primera vez en su vida que se alegraba de escuchar la voz de la profesora McGonagall, sobre todo, porque, por increíble que pareciese, lo estaba librando de asistir a su próxima clase.

—Como usted ordene Profesora McGonagall, pero ha de saber que Dumbledore me…

—Sé lo que Albus dijo Severus, no te preocupes, yo no tengo clase las siguientes dos horas, así que no os preocupéis por esto.

Snape lo fulminó con la mirada y tras asentir a los deseos de McGonagall, hizo ondear su capa al más puro estilo Dark Veider, y se alejó. Verlo desaparecer tras la siguiente esquina consiguió que él suspirada de alivio.

—No podrá abandonar la enfermería, ¿entendido Potter?

—Sin ningún problema profesora, era allí donde quería dirigirme. Además, Ronald estará allí.

—Sé que el joven Weasley responderá por su seguridad acorde de su rango, por ello es que lo dejaré.

Ella también se giró dándole la espalda y comenzó a caminar, sabiendo que lo acompañaría hasta la mismísima puerta de la enfermería, Harry, siguió sus pasos resignado.

Al llegar, la profesora McGonagall le facilitó el acceso, solo unos pocos tenían la posibilidad de ingresar en aquella sala reservada de la enfermería, e incluso él necesitaba un permiso especial, pese a ser quien era.

McGonagall no entró con él, tan solo cerró la puerta brindándole la intimidad que deseaba, caminó hasta la cama que ocupaba Luna, y se sorprendió al descubrir que las sillas siempre ocupadas por Ronald y Xenophilus, estaban vacías.

Pensó que quizás habrían salido por algo de comer. Cogió una de las sillas y la acercó a la cama. Una vez cerca de ella, se sentó y apoyó ambos brazos sobre sus rodillas entrelazando sus manos para quedarse así agachado mirándola.

—¿Cuándo vas a regresar enana?, Nos tienes a todos esperando por ti. Quiero que me golpees por todos los estúpidos y equivocados pasos que estoy dando, pilla.

Sé que me vas a odiar, quiero robarte algo que te pertenece, quiero arrebatártelo con toda mi alma, y sé que querrás matarme por ello, pero no me importa, si despiertas, no me importará lo que me hagas bruja, lo aceptaré todo.

Quiero escuchar esa vocecilla tuya, chillona, loca y cargada de sabiduría. Sé que si estuvieses despierta, abrías sabido aconsejarme, incluso hubiésemos podido llegar a algún acuerdo que no nos hubiese hundido en la mierda hasta los extremos en los que nos he hundido.

Calló por unos instantes observando el rostro pálido y calmado de Luna, su melena rubia se notaba cuidada y parecía realmente estar sumida en un dulce y tranquilo sueño.

—Desearía que me reprocharas y golpearas, que me dijeras lo idiota que estoy siendo, lo poco que pienso cuando ella está cerca de mí. ¡Maldita sea Luna! Deseo verla, abrazarla, acariciarla, tenerla cerca, besarla.

No sé qué diantres está sucediendo, pero solo dos semanas lejos de ella me están matando, siento que todo mi mundo está vacío y nada puede llenarlo.

Vuelve a mí granujilla, dame esa vida que infundes en todo el que te rodea, dame algo por lo que seguir adelante. Tus motivos para meterte en esto. Dame esperanza de que sirve para algo toda esta locura.

—Libérala tú a ella. Antes de pedir, has de dar.

No reconoció la voz y se puso en pie rápidamente. Al buscar el origen se quedó estático y sacó su varita con rapidez.

—¿Quién sois vos?

Había una figura cerca de la ventana, estaba envuelta en sombras y era imposible identificar nada de sus facciones. Vio que el tipo, sabía que era uno por su voz, se alejaba unos pasos de la ventana y se acercaba a la cama de Luna.

Iba vestido de negro y una capa cubría prácticamente todo su rostro, exceptuando sus labios y barbilla:

—Eso no es lo importante aquí. Estáis buscando algo que realmente no existe heredero de Gryffindor, ningún hechizo conocido induce a nadie a un coma profundo.

—Es evidente que os equivocáis, Luna es prueba de ello.

Una sonrisa se formó en el rostro del tipo, cuando vio que sacaba una mano enguanta de entre su capa, Harry, se puso alerta, pero el tipo solo estiró su mano hasta el cabello de Luna y lo acariciaba con cuidado.

—Y una maldición cayó sobre la princesa y todos los ocupantes del castillo, sumiéndolos a todos en un sueño eterno que duró cien años, hasta que un valiente príncipe apareció para romperla, pues solo un beso de amor verdadero podría conseguirlo.

El tipo dijo lo último en un susurro y Harry lo observó callado, era un pasaje de un cuento infantil, ¿era posible que el tipo hablara en serio?

¿Un beso de amor verdadero?

Harry observó a Luna perdido, ni siquiera en eso podía ayudar a Luna, él, por mucho que quisiera a Luna, no la amaba de esa manera tan profunda e incondicional. ¿Quién, quién amaría a Luna y Luna amaría tanto como para ser el adecuado para esa labor?

Atónito, vio como el tipo acercaba su rostro al de Luna, ¿qué pretendía ese miserable?

Alzó su varita y lo apuntó en el cuello:

—No te atrevas a acercarte ni un centímetro más o te juro que no verás el anochecer de este día.

El tipo ladeó la cabeza y pudo ver parte de sus ojos fijos en él, no pudo distinguir el color, ni siquiera el color de los mechones que se dejaban ver sobre sus ojos:

—¿Queréis probar vos? Después de todo sois su prometido, ¿creéis que la amáis con la fuerza suficiente para liberarla de este encantamiento?

Harry tragó en seco y miró a Luna:

—No nos amamos, no serviría de nada que yo la besara. Pero que vos lo hagáis tampoco, ha de ser un amor verdadero, uno que provenga de ambas partes, que vos la améis no será suficiente.

La sonrisa que formó el tipo en su rostro hizo a Harry retroceder un paso y dudar, esa confianza, ¿acaso Luna ya tenía alguien a quien amaba? ¿Por qué había decidido entonces participar en esta charada tan absurda? ¿Por qué permitir que los comprometieran?, ¿por qué no contarle a él nada? Creía que eran amigos, creía que…

Dejó de pensar, al ver al tipo volver su mirada a Luna y romper la distancia que había entre ellos. Fue un beso que lo obligó a apartar la mirada de ellos. Era un acto tan tierno e íntimo. No se creyó con la potestad de interferir en un momento así.

Sintió un escalofrío al pensar en el momento que hacía dos semanas había compartido con Hermione.

—Ya no soy tu príncipe.

Escuchó que susurraba el tipo, desconcertado, miró hacia él, estaba cerca de los labios de Luna y seguía acariciando su mejilla ahora.

—Prueba tú, quizás has conseguido robarme el puesto.

Negó:

—No serviría de nada. Yo no la amo a ella, yo…

—En realidad eso no importa, se supone que estáis comprometidos, quizás, ella ya te ve como ese amor verdadero, tal vez, te has ganado su corazón.

Harry abrió los ojos alarmado, ¿sería posible?, Miró a Luna asustado y se cercioró que no quería probar aquello. Si descubría que Luna sentía algo por él, moriría en ese preciso instante, porque sabía que no podría corresponderla y tampoco podría jamás estar con Hermione.

—En serio, yo no…

Calló al ver que el tipo lo apuntaba con una varita. ¿Cómo podía haberse distraído tanto para dejarlo hacer ese movimiento?

—No te lo estoy preguntando joven Potter, te lo estoy ordenando, besad a Luna.

—Me parece que no estáis comprendiendo algo, no puedo besar a una persona a quien no amo, traicionando así a quien en verdad tengo en mi corazón.

—Poco me importa esa fulana muchacho, solo deseo que lo hagáis, y si da resultado, id pensando en mandar a volar a esa muchacha, porque no permitiré que Luna sufra. Cuanto con el poder suficiente para haceros obedecerme, pero prefiero que lo hagáis por voluntad propia.

Harry se quedó mudo, ¿quién se creía el tipo que era?

Se dispuso a mandarlo a la mierda, pero de repente sintió una varita en su nuca, se quedó estático, pero más al escuchar la voz de quien habló ahora:

—Hazlo Harry, si es lo único que podemos hacer para que ella despierte, juro que me importará una mierda ir al infierno por volver a ver su sonrisa.

—Ronald.

Su voz sonó estrangulada y casi sin fuerza, ¿cómo era posible que Ronald lo estuviese amenazando de esa manera?

—¿Te has vuelto loco amigo?

—No lo hice, pero si lo que ese tipo de ahí dice es cierto, estoy dispuesto a probar todo lo que tenga al alcance. Bésala, devuelve a Luna.

Harry suspiró irritado:

—No puedo hacer eso, amo a otra persona, esto es absurdo, no dejaré que me obliguéis, no dejaré que manejéis mi vida, ni vosotros ni nadie.

Sintió que Ronald apretaba más la varita en su nuca y se giró a mirarlo. Ver las lágrimas caer por el rostro de Ronald le impactó. Se fijó en todo el conjunto y se sintió devastado.

¿Qué había sido del pelirrojo vivaracho?, ¿Qué le había pasado en esos casi dos meses?

—Te lo estoy rogando, hazlo, por favor, haz esto por mí.

¡Por él, no por Luna, por él! Harry abrió los ojos al máximo, eso era lo que le había pasado al pelirrojo. Luna. El estado de Luna.

Ronald estaba enamorado de Luna.

Ese descubrimiento le hizo sentirse idiota y a la par traicionado, ¿era por eso que el pelirrojo se había acercado a él en primer lugar? ¿Para estar cerca de Luna?

—Hazlo.

La voz del desconocido sonó fuerte en la enfermería y furioso con ambos se giró, se acercó a Luna y viendo como el tipo se apartaba, pero no dejaba de apuntarlo, Harry se inclinó sobre ella.

Verdaderamente parecía completamente dormida. Tragó en seco y se acercó más a ella. A unos centímetros de distancia cerró los ojos y apresó los labios de Luna.

Eran suaves y estaban fríos.

Se separó de ella rápidamente y abrió los ojos ansioso, no estaba seguro de si deseaba que despertara o no. Al ver que no había ni un solo movimiento no supo explicar la sensación que lo embargó:

—Os lo dije, no iba a funcionar. Yo amo a Hermione.

Esas palabras tuvieron como consecuencia una reacción que no se esperó.

Salió disparado contra una de las paredes y antes de darse cuenta, tenía al encapuchado demasiado cerca de su rostro:

—¿Qué acabas de decir miserable?

—¿Qué crees que haces?

Ronald apuntó al tipo ahora con su varita, a la par que él mismo, alzaba la suya y la colocaba entre ambos:

—Suéltame, te lo advierto.

—Repite eso que acabas de decir. ¿De qué conoces tú a Hermione?

Entre Ronald y el hechizo que él mismo formuló, consiguió separarse del tipo:

—Eso a ti no te incumbe, ¿de qué la conoces tú?

El tipo caminó hacía la ventana y desde allí alzó su mirada hacía él y sonrió con suficiencia:

—Ten por seguro que no la tendrás, no lo permitiré.

Iba a lanzarse contra el tipo, pero Ronald se colocó ante él:

—Una barrera lo protege, no sirve de nada atacarlo con hechizos.

—No pensaba usar hechizos. No dejaré que te interpongas entre nosotros, ¿me oyes? No permitiré que…

—Será mejor que dejes de pensar en estupideces, y tú pelirrojo, prueba suerte también, es evidente quien ama a Luna de esta sala más que ninguno.

Ron miró al tipo con los ojos sumamente abiertos, y se giró a mirarlo a él, parecía asustado, y Harry quiso golpearlo por idiota.

Cuando ambos volvieron su mirada a la ventana, el desconocido había desaparecido del lugar.

Ronald abrió la boca para decir algo, pero Harry alzó una mano y lo detuvo:

—Solo hazlo Ronald, agotemos todas las salidas viables.

—Yo no…. Ella ya me rechazó, ella jamás me querrá a mí. Me contó que estaba locamente enamorada de una persona que ya no está, que hacía mucho que perdió.

—Entonces temo que jamás podremos recuperarla si es el caso.

Dejó de mirar al pelirrojo y se centró en Luna, ¿quién era ese desconocido? ¿Y el supuesto amor perdido de Luna?

—Oye tío, sobre lo de Luna.

—Déjalo, no tiene importancia, quizás si ella fuese la mujer a la que amo, te pediría cuentas, pero ¿quién soy yo para reprochar nada?, Luna es solo una muy buena amiga mía, nada más, sí, es mi prometida, pero no por decisión propia.

—¿Quién es la afortunada?, No recuerdo el nombre que dijiste, pero es evidente que no lo tendrás fácil.

Harry ladeó la cabeza y lo miró con una sonrisa torcida:

—No sabes tú, cuánta razón tienes en esa apreciación, pelirrojo.

—No me llames así.

—Me he ganado el derecho, por mentirme todo este tiempo.

Sin dedicarle nada más que una media sonrisa, se dispuso a marcharse de allí. En su mente solo daba vueltas al tipo que entró en la enfermería. ¿Quién era? Y más importante, ¿por qué demonios le sonaba de algo?

Conocía al tipo, lo había visto con anterioridad, pero, ¿dónde?, Esa era la gran incógnita.

Lejos de Hogwarts, las cosas estaban algo candentes y saliéndose de control. Sirius y Remus observaban impotentes la locura que se estaba llevando acabo ante ellos.

Lilian por su parte estaba aterrorizada y sin poder creerse lo que sus ojos veían, escandalizada y temerosa de la actitud de su esposo, corrió a su lado:

—¡James, detente!, en serio, creo que te estás excediendo demasiado en esto.

James Potter, conocido como el patriarca de las casas, miró furioso a su esposa:

—¿Excediendo?, No querida, todos ustedes se creen que esto es un maldito juego, y es hora de que veáis que la realidad es muy distinta. Esta chiquilla miserable cree poder ocupar el puesto que ostenta, muy bien, veamos si es cierto.

Hermione Granger, herida seriamente, con un ojo hinchado y medio cerrado, fijó su mirada en el hombre ante ella.

Lo odiaba, era un maldito prepotente y encima la menospreciaba, pero no pensaba dejarse amedrentar ni vencer, le demostraría que era digna de ocupar el puesto de primer caballero, de proteger a Harry contra todo y todos.

Porque ya no solo defendía a un heredero, si no que ahora defendía a su persona más preciada.

Solo necesitó enfrentarse a Fenir, saber lo que estaba realmente en juego, ver la determinación de Harry de alejarla de él, para saber que jamás podría alejarse, ya no.

La noche que la obligaron a salir de Hogwarts, había compartido con Harry su primer beso real. No habían intercambiado palabra alguna, pues tras ello, ella no sabía qué hacer.

Lo que estaba naciendo entre ellos era prohibido, y Luna, cada vez que pensaba en ella, se sentía culpable y miserable, cómo enfrentarla cuando despertara.

—No tienes tiempo para distraerte, muchacha.

Alarmada, miró a su derecha, pero no actuó con rapidez, James Potter le propinó un fuerte bofetón que la mandó lejos de él, impactando contra una de las pareces de la enorme sala. No tenía ninguna duda de que había usado un hechizo aparate del golpe.

La forma de luchar de James Potter era increíble, impredecible y sorprendente, ni Sirius Black, cuando se habían enfrentado, había conseguido hacerle tanto daño.

No se había terminado de incorporar del todo, cuando James ya estaba donde ella y la sujetaba del cuello con fuerza.

La soltó, dejándola alzada bajo un hechizo:

—¿Esta es el primer caballero?, Esta cosa insignificante y miserable, ¿es ella la que ha vencido a tantos?, Estoy comenzado a pensar que mi hijo no tiene ni una sola persona que valga la pena para defenderlo.

Por tu informe, Sirius, pensé que sería más, mucho más.

Sintió que la cogía del cabello y alzaba su cabeza para que lo mirase a los ojos:

—Y sin embargo me encuentro con una mierdecilla.

—James que…

—¡A CALLAR!, Dime niña, ¿dónde vas tu a defender a mi hijo?, Yo no soy ni la cuarta parte de lo que el primer caballero de Slytherin es, si yo te he dejado en este estado en tan corto periodo de tiempo, ¿cuánto crees que le lleve a esa escoria?

No eres digan de estar al lado de mi hijo y de protegerlo. Ya te he evaluado, y mi conclusión es esta.

Si hubieses dado la talla, te habría dejado la posibilidad de seguir en tu puesto, no de buena gana y con varias restricciones, pero en tu puesto al fin y al cabo.

Pero viendo esta basura, no pequeña, no pienso dejarte al lado de mi hijo para que seas su ruina.

James Potter la sujeto de la barbilla, obligándola a mirarlo:

—No volverás a acercarte a Harry jamás. No volverás a hablarle ni a mirarle a los ojos, ¿ha quedado claro?

De sus labios escapó la palabra que quería gritar en un susurro:

—No.

Reuniendo el poder que le quedaba y de paso sus últimas fuerzas, Hermione, recurrió a su último recurso.

La familia Granger no formaba parte de los caballeros por nada, ellos contaban con una facultad que muy pocos magos poseían. Por eso era un familia codiciada, las mujeres eran deseadas como esposas, solo para que sus hijos tuvieran la posibilidad de heredar esa facultad.

No siempre surgía, su padre no la había poseído, su hermano mayor tampoco. Pero Hermione Granger era diferente, ella sí la heredó, no se lo contó jamás a nadie, temía las repercusiones de ello y no estaba dispuesta a ser la codiciada esposa.

Ni siquiera su madre era consciente de ello, ella descubrió lo que era y que lo poseía cuando atacaron a Luna de pequeña. El mismo día que asesinaron a su hermano. Luna era la única que conocía su secreto.

Y ella jamás la había traicionado, era realmente su mejor amiga y apoyo.

En ese instante, donde veía que le querían arrebatar algo importante para ella, una vez más, explotó.

Sus manos se convirtieron en varitas naturales, de sus dedos surgía la magia de forma natural. Entrecerró los ojos y cogiendo aire, alzó su mano derecha al rostro del patriarca.

Poco le importaba el tipo, para ella no era más que quien deseaba apartarla de Harry y no lo permitiría jamás.

—NO ME ALEJARÁS.

Eso último lo gritó, liberando una gran cantidad de magia impresa con el único deseo de que le estallara a James Potter en la cara.

Supo el instante exacto en que había funcionado, pues cayó al suelo hiriéndose en ambas rodillas al impactar contra el suelo.

James Potter salió despedido contra una de las paredes, convulsionó contra la pared durante una breve fracción de segundos y terminó por caer de cara contra el suelo.

En cuanto impactó rebotando contra él, Hermione miró perdida a su alrededor, antes de caer en la inconsciencia también solo pudo susurrar unas palabras:

—Sigo siendo el primer caballero.

Lo próximo que supo, es que alguien colocaba un paño húmedo en su frente, asustada atrapó una mano con rapidez y abrió los ojos.

Se topó con unos fríos ojos verdes que la observaban seriamente, al reconocerlos soltó la mano que sostenía y apartó la mirada:

—Te interesará saber que el patriarca está en buen estado. Tienes tres costillas rotas, tendrá que llevar bastón como mínimo durante un año, quizás más, tiene seriamente el orgullo herido y desea que te personases ante él en cuanto sea posible.

—No deseo tener nada que ver con ese bastardo.

—Ese bastardo, es el único que puede autorizarte a seguir siendo primer caballero de mi hijo. Tras ser testigo de vuestro enfrentamiento, he de suponer que deseas ese puesto mucho más de lo que estás dispuesta a reconocer. Habrás de verlo antes de volver al lado de mi hijo, si es que deseas eso.

Sus ojos se concentraron en los orbes verdes, que la miraban realmente molesta y tragó saliva:

—Yo no…

—Por favor, no insultes mi inteligencia. Lo vi cuando fui a Hogwarts, pero no creas que lo permitiré, no tendrás a mi chico muchacha, él y Luna son la pareja adecuada, no permitiré que suceda lo que deseas, no eres suficiente para él, métetelo en la cabeza.

Hermione tragó en seco, de sobra sabía que ella jamás podría formar parte de la vida de Harry como algo más que su primer caballero, pero oírle decir a ella que no era suficiente para él la había herido. ¿Qué era lo necesario para ser suficiente para el futuro patriarca de las casas?

Luna, ser como ella, actuar con su elegancia y su porte, conocer sobre las familias y los estados, ser digna heredera de alguna de las casas. No ser descendiente de una casa de servidumbre.

Servidumbre muy por encima de la de otros, ellos eran los más cercanos y los confidentes de sus señores, pero servidumbre después de todo.

—Soy el primer caballero, mi propósito es proteger a mi heredero, nada más importa en esta lucha. Protegeré a Harry con mi vida si es preciso y a Luna si llegara a peligrar también. Sé mi lugar señora Potter, no tiene que preocuparse por…

—Protegeré al heredero de Gryffindor y la heredera de Ravenclaw. No tienes la potestad para llamarlos Harry o Luna. Estás muy equivocada muchachita, no sabes tú lugar, ellos no son tus amigos, ni siquiera tus iguales, no puedes tratarlos de tú como si nada. Tu padre tiene razón, has dejado de ser disciplinada y necesitarás un curso intensivo para recuperar esa disciplina si quieres volver a tu puesto.

Por otra parte, el caballero Albus Dumbledore desea hablarte sobre tu próximo entrenamiento a manos del resto de caballeros.

Familiarízate con esta habitación, estoy segura de que te encontrarás en ella más que en cualquier otra parte del recinto.

Dicho todo lo que venía a decir y comprobado que tu estado es saludable, solo resta agradecerte el amor que sientes por mi hijo y dispensarte mis mejores deseos para tus futuros progresos. No soy mala Hermione Granger, pero no puedo permitir que destruyas el futuro de mi hijo, o que lo hagas perder la vida. No te odio, y si otras fueran las circunstancias, sin duda podría considerarte digna de mi hijo, ofrecer mi consentimiento para vosotros, pero tal y como están las cosas, solo puedo herirte ahora con la verdad, hacerte comprender, antes de que sea demasiado tarde, que encapricharte con él solo será el camino más sencillo para tu perdición y la del resto de nosotros.

Lamento lo que has tenido que vivir y lo que vivirás en un futuro, pero te lo ruego, sopórtalo todo y allana el camino de mi hijo para que pueda llegar al lugar que le corresponde.

Lilian Potter se puso en pie y se marchó dejándola completamente destrozada e intentando retener las lágrimas a como diera lugar.

Era el primer caballero, no una niña llorona y enamoradiza, su padre tenía razón, había olvidado lo más importante, había olvidado el centro de todo, y eso había ocasionado muchas cosas, entre ellas el coma de Luna.

¿Cuánto estaba dispuesta a jugarse por seguir con algo que terminaría en desastre?, Ella y Harry no podrían jamás estar juntos, él no era para ella, siempre lo había sabido, ahora solo tenía que convencerse toda ella, incluido su corazón.

Las siguientes dos semanas, tal y como predijo Lilian Potter, Hermione se encontró más tiempo herida en esa recamara, que en pie o luchando, lo que para ella no resultó ser ningún consuelo.

Estaba recogiendo sus cosas, pues al día siguiente partirían de regreso a Hogwarts cuando la puerta de su recamara fue abierta.

Se giró para encarar a su visita, y sus ojos se oscurecieron con odio puro. No lo había vuelto a ver desde que lo había dejado inconsciente en aquella sala.

Él la había mandado llamar, pero ella jamás acudió a su llamada, ante su rebeldía el patriarca, había decidido ir a buscarla en persona.

—Vengo en son de paz. Ha entregarte un presente que quizás pueda ayudarte a evitar que mi hijo te de esquinazo en más de una ocasión.

Desconcertada miró a este sin perder la fuerza y pasión de su odio hacía él.

James Potter observó a la muchacha ante él. Por Merlín y los cuatro, era una niña, una maldita niña. ¿Cómo ella podía ser la que desencadenase el final de su hijo?

No obstante y tras ser testigo muy activo de lo que esa muchacha podía hacer, no le cabía ninguna duda de que era ella.

Ella era la persona por la que su hijo perdería hasta su ser. Lily se lo había advertido, le había dicho que le había bastado tener una sola conversación con ella, para saber que no podrían interferir.

Solo esa muchacha y su fuerza de voluntad podrían zanjar lo que fuera que Harry estaba sintiendo por ella, o lo que ella sentía por él.

George estaba muy confiado en que ella lo conseguiría, decía que sabía cuál era su sitio y cómo debía comportarse. No veía a la chica como una trepa, no la veía con intenciones nefastas para con su hijo.

Todo lo contrario, parecía desear ante todo su bienestar.

La había llevado hasta los extremos y solo cuando le dijo que la alejaría de Harry, ella había respondido a sus provocaciones. Había tachado de traidores y débiles a los suyos, y ella realmente solo había reaccionado ante el pensamiento de ser alejada de Harry.

—Esto es un colgante que te servirá para saber dónde se encuentra mi hijo en todo momento. Deberás decirle que es un regalo de su madre. Lo reconocerá como tal.

Cogiendo el bastón con su otra mano, sacó de su bolsillo otra cosa:

—Este brazalete solo lo reciben las personas de mayor confianza de la familia Potter. Tu padre posee uno. En cuanto Harry lo vea, sabrá que has sido aceptada como primer caballero de él por todos. Nunca sospechará que ese colgante y esta pulsera están conectados por un hechizo.

Solo tendrás que desear acudir a su lado y así será, es algo parecido a un traslador, pero mucho más útil. Te proporcionará la situación exacta de mi hijo en cualquier ocasión.

Primer caballero, hay algo que debes saber, si esta pulsera se calienta demasiado, será que mi hijo está en peligro.

La expresión de Hermione había cambiado gradualmente, ahora parecía sorprendida. James alargó la mano para hacerle entrega de ambos objetos, de forma desconfiada, Hermione se acercó y alargó su mano para que él dejara caer ambos objetos.

Al no hacerlo, Hermione se decidió por agarrarlos directamente, James Potter aprovechó para apresar su mano y tirar de ella hacía él.

Quedaron a escasa distancia uno del otro, los ojos castaños de él estaban brillando con intensidad:

—Protege a mi hijo pequeña, haz que no me lo arrebaten.

Desafiante, ella apretó la mano que la apretaba a ella:

—Se lo prometo.

Y para sorpresa de ambos, James Potter esbozó una sonrisa, una que a Hermione le recordó a su hijo. Era una sonrisa cargada de confianza ciega, Hermione sintió un escalofrío al verla:

—Te tomo la palabra primer caballero, y sé que la cumplirás.

Sin decir nada más, James Potter, el patriarca salió de su habitación dejándola en soledad y cerrando su mano sobre ambos objetos.

Estos la atarían a Harry de una forma que ninguna otra cosa podría atarla.

Llegaron a Hogwarts entrada la noche y cada cual se fue a su respectiva recámara. Al llegar a su cuarto tiró de mala manera sus cosas en cualquier parte, solo deseaba tirarse en la cama y descansar.

Al llegar a los pies de su cama se quedó congelada, había alguien allí tumbado.

No tardó en reconocerlo, pese a la oscuridad del lugar. Harry estaba despatarramado en su cama, completamente dormido. Su corazón se saltó un latido, ella había deseado esperar y pensar claramente lo que le diría al verlo en la mañana, pero encontrárselo así de pronto y porrazo, no lo había previsto.

Él no podía saber cuándo iba a regresar, ni si quiera ellos lo sabían. ¿Por qué estaba él allí entonces?

Miró entornando los ojos a su alrededor y suspiró. No, él desconocía cuando iban a volver, el muy necio había dormido cada una de las noches en su habitación, dejándola de paso como su leonera personal.

Gruño molesta, al día siguiente tendría que limpiar el lugar, iba a matar a ese chico.

A no, que no podía, su propósito era justamente el contrario, mantenerlo a salvo. Irritada, se acercó a él para despertarlo y mandarlo para arriba.

—Harry, despierta, que quiero acostarme.

Lo movió en varias ocasiones, intentando por todos los medios que despertase, pero nada, probó por tres veces, hasta que consiguió una respuesta.

—¿Hermione?

Su voz sonó en un susurro, se acercó para distinguir si se había despertado ya, pero no, sus ojos seguían cerrados.

—Hey, venga, arriba holgazán.

—¿Eres tú Hermione?

—Deja de llamarme así, no puedes hacer eso.

Escuchó que este reía por lo bajo y abría los ojos, en cuanto Hermione vio el brillo juguetón en ellos intentó apartarse, pero no lo consiguió.

Él la apresó y tiró de ella, ahogando un grito de sorpresa, que él amortiguó tapándole la boca rápidamente, quedó tumbada en la cama.

Él tenía el cabello despeinado y sus ojos brillaban de alegría, su sonrisa torcida, la hizo centrarse en sus labios. ¡Maldito fuera el condenado!

Estaba más guapo de lo que lo recordaba.

—Te he echado de menos, ¿qué, por los cuatro malditos, te ha tenido tan entretenida para separarte de mí casi una eternidad?

Ella frunció el ceño y retiró su mano:

—Exagerado, han sido solo dos semanas.

—Eso es un mundo Hermione.

Había susurrado esas palabras y ella tragó en seco, tenía que apartarlo de ella, tenía que alejarlo…

—No sabes el infierno que esto ha sido sin ti, me estaba volviendo loco, intentando encontrarte. Maldita sea, pensé incluso en escaparme de este estúpido colegio para ir a buscarte.

Quiero que lo sepas, jamás volverás a separarte de mí, no lo permitiré.

Abrió la boca para refutarle sus palabras, y se encontró silenciada por sus labios. Aterrada se encontró siendo besada por él.

NO, NO, ESTO NO PODÍA SUCEDER, NUNCA MÁS.

Cuando él sintió que no respondía enseguida, apresó su labio inferior intentando tentarla y susurró:

—Dame la vida, Hermione, desde que te marchaste me la habías arrebatado.

Y ahí estaba toda su determinación. Furiosa consigo misma por ser tan débil, lo besó de vuelta. ¿Y qué si estaba prohibido?, ¿Qué importaba lo demás?, Ella lo protegería de igual modo si estaba con él que si no. Maldita sea, así incluso estaría más segura de que él estaría cerca de ella.

Cuando él sintió que le respondía con tal entusiasmo, intensificó el beso, y cuando sus leguas se enredaron en el juego, ambos se hicieron una promesa.

Él que jamás la dejaría ir.

Ella que no pensaba negarse a estar con él por el periodo que pudiese tenerlo. Sabía que no podría ser para ella jamás, era de Luna, pero ella estaba en coma, y maldita sea, él la quería a ella.

Él se lo decía con su beso, con su mano en su cabello, acariciando su corta melena. Con su presión sobre ella, intentando no aplastarla.

Y con sus palabras:

—Te amo.

Hermione abrió los ojos ante esas dos palabras y abrió su propia boca para ser tan sumamente estúpida de dejar salir eso mismo cuando la puerta se abrió de golpe.

Sirius entró en la recámara y se quedó congelado en la puerta. No tardó en recuperarse del asombro y girarse, antes de volver a salir por la puerta inquirió:

—Luna está despierta, se ha recuperado.

Y el momento de ambos quedó destrozado en mil pedazos tras esa frase.

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