Capítulo Nº 7: Cena familiar.

—Evënya... Hola —una mano se movía ante mis ojos y enfoqué mi vista en una de las sirvientas. ¿Cómo era su nombre? No lo sabía con certeza ya que todavía estaba bastante ida en mis pensamientos para poder recordarlo con detenimiento. —La están esperando para cenar y debe vestirse adecuadamente.

—Sí —me desperecé mientras ella buscaba entre mis cosas. — ¿Qué haces?

—Buscar algo decente para que se siente a la mesa con la familia real. Debe cuidar sus modales enfrente de toda esa gente —podía reconocerla bien, Niral se encontraba conmigo en esos momentos. Era una de las pocas muchachas con la que tenía mucha confianza. —Veo que se trajo medio armario pero está bien, póngase esto –me dejó sobre la cama una prenda azul bastante hermosa con toques dorados. — Así combinará con el Príncipe Legolas —una sonrisa divertida se poso en el mayor al ver mi sonrojo de bronca, sus sospechas estaban siendo comprobadas.

—No me interesa combinar con Legolas —cada vez me ponía más nerviosa la sonrisa en su cara.

—Aunque nos conocemos hace poco tiempo, tengo que decirle que en este asunto de su odio hacia Legolas soy más astuta que él —Niral se sentó mi lado, su semblante paso de uno contento a uno serio. – No haga nada que después pueda arrepentirte, ¿sí?

—Sí.

—No juegue con fuego y mucho menos con un Elfo; usted, más que nadie, lo tendría que saber.

—No estoy jugando —la miré directamente a los ojos, quien suspiró en señal de resignación.

—Solo tenga cuidado; no creo que a Legolas le guste saber esto, aunque si le soy sincero: me encantaría que las cosas cambiaran entre ustedes y le de otra oportunidad —la elfa se retiró de la habitación dejándome completamente confundida.

—Si me permites decirlo, te ves muy hermosa, Evënya —la madre de Legolas, Namirë, una elfa alta, esbelta, con cabellos casi blanquecinos y unos ojos celestes muy claros me miraban con cariño. –Debes de tener más de algún Elfo enamorado de vos en Arda.

—No lo creo —me encontraba roja de la vergüenza mientras miraba a Aragorn, quién me guiño el ojo en señal de complicidad.

—Yo creo que sí, tenés bastante personalidad y sos hermosa, ¿no es verdad, Legolas? Vos sos bastante popular con las mujeres, aunque bastante recio cuando queres.

—No creo que sean las mismas situaciones, madre —él la miraba con una sonrisa radiante. —Además, Evënya es algo más joven que yo y no se ha involucrado tanto en asuntos del corazón —su mirada esta vez se centro en mí. Se la sostuve desafiante hasta que fue el mismo Elfo quien la dirigió a otro lugar.

—En eso tienes razón, ion-nin —repuso Thranduil mientras escuchaba entretenido los comentarios de su esposa y se había percatado de mis miradas, las cuales pudo entender y responder a favor del cambio actitudinal de su hijo menor hacia mi persona.

—Creo tener la edad suficiente para saber que es enamorarse e involucrarme sentimentalmente con alguien —todos se quedaron callados ante el comentario y Elladan me lanzó una mirada de advertencia.

—A veces es bueno arriesgarse, ¿no creen? —se apresuró a responder Elrohir, temiendo el efecto que esas palabras podrían tener en el futuro.

—Supongo que tienes razón —cambió de conversación su padre, a lo que todos respiraron aliviados.

La cena continuó como había comenzado, con bromas por parte de los gemelos y los príncipes de Mirkwood, discretas miradas de bronca por mi parte hacia Legolas en incómodos comentarios que hacía sobre las relaciones de pareja.