Capítulo # 1

— Buenos días, princesa. — Serena acercándose a su hija y dándole un beso en la frente

— Buenos días mamá. — Respondió Rini sonriente

— Buenos días princesa. — Su padre acercándose a ella y dándole un beso en la frente — ¿Y cómo amaneciste?

— Muy bien. — Contestó emocionada — ¿y qué haces aquí?

— Mamá y yo. — Él acercándose a su ex esposa – regresamos – le anunció sonriente

— ¡Rini! – Gritó Serena desde la cocina – es hora de comer.

Rini abrió los ojos lentamente y notó que no se encontraba ni su padre y menos su mamá, se sintió triste. Hace unos años perdió la oportunidad verlos sonreír como antes y decirse cosas lindas, aun recuerda, cuando sus papás se besaron por última vez, bajó de la cama y se fue asearse.

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Unos minutos después

— Hola mami.— ella sonriente y mirando a su madre que últimamente había cambiado mucho en los tres años que se encuentra divorciada, ahora llevaba el cabello largo y no corto como cuando nació ella, y su cuerpo es aun más delgado que cuando se divorcio de su padre.

— Hola mi pequeña. — Serena alegremente y colocándole el desayuno – tú padre llamó y me pidió que te dijera que no podía venir por ti, tengo que llevarte a su departamento.

— Está bien. — Contestó sin ánimo – pronto será navidad – murmuró triste.

— Lo siento, amor. — Serena acercándose, se sentía mal. Porque Darién algunas veces no podía estar con ellas, ya que está comprometido con Setsuna – sabes qué, papá tiene una novia y ella también lo necesita.

— Sí, ustedes no sé hubieran divorciado. — Le reclamó entre lágrimas – yo fuera una niña más feliz.

— Hija. — Ella dolida – perdóname, por no ser los padres que mereces.

— Sí, son los padres que merezco, los quiero juntos. — Rini alterándose — ¡Los quiero juntos! – y salió corriendo

En eso el timbre sonó

— Ya voy. — Ella acercándose a la puerta, abriéndola – Darién – lo miró asombrada

— Hola, se que te asombra mi visita. Necesito platicar contigo, sobre Rini. — él entrando

— Pasa. — lo miró extrañada

— Ya lo hice. — Darién con sarcasmo

— A eres tan odioso. — murmuró molesta

— Es una virtud. — Le recordó sentándose en el mueble, como si fuera su departamento — ¿y mi niña?

— Dejó el desayuno a la mitad, por una rabieta. — Le informa – digna hija tuya

— Es una Chiba. — le aclaró orgulloso – es la pequeñita de papi, tengo hambre ¿Qué tienes para desayunar?

— Ahora sé por qué me divorcie de ti. — Serena furiosa – pídele a Setsuna que te cocine.

— Ella es una mujer muy ocupada y tú no haces nada. — Darién sonriéndole y notó lo frenética que está su ex esposa, le encantaba verla rabiar, porque sus ojos azules brillaban más de lo normal – en serio ¿Qué hay de comer?

— Panquecas con miel de abeja y jugo de naranja. — Serena mirándolo de reojo

— Perfecto. — Él levantándose y sentándose en la silla – buen provecho

Serena dio un largó suspiró y se dirigió a donde se encuentra él.

— Habla. — le exigió, sentándose en la silla disponible

— Le pediré a Setsuna que sea mi esposa, en noche buena. — le informa

— Qué bien. — Ella disimulando su dolor – me parece perfecto.

— Necesito que me ayudes, para que Rini lo acepte bien. — Le comentó preocupado – sabes que la opinión de mi princesa, es muy importante para mí.

— Claro que lo sé. — ella seria, desde que su hija nació se volvió el mundo para Darién, y dejándola a ella a un lado, lo entendía en cierto punto porque ella cuando, salió embarazada tenía diecinueve años y el veintinueve, para muchos fue un escándalo saber que le lleva diez años, ella lo amaba y él sólo la tenía por diversión, al enterarse de su embarazo, Darién no lo pensó dos veces y se casaron a la semana, nada es para siempre. Al gritarle que nunca la amo y que se casó con ella por su hija. Fueron las palabras mágicas para divorciarse, su familia no la apoyó, pero la familia de Darién sí. Ya que no lo consideraban parte de la familia por no ser una mujer de alcurnia – no prometo, nada. Sabes que tiene un carácter difícil, es una CHIBA.

— A veces pienso, ¿Qué hice mal, para que te separaras de mí? – soltó Darién dolido, aún Serena no le había dicho porqué se divorcio de él, solo recuerda con amargura que le envió los papeles del divorcio y él los firmo, sin preguntarle nada.

— Darién. Por favor. — Serena suspirando – ya estamos divorciado y no pienso hablar esto contigo.

— Me has hecho falta. — Le confesó con sinceridad – ustedes dos me hacen falta.

Aquella revelación la dejó atónita, cuando le iba a responder salió Rini

— ¡Papi! – Exclamó la pequeña, emocionada – te amo, te amo mucho

— Yo te amo, mucho más. — él feliz y agarrando a su pequeña y sentándosela en sus piernas.

— Papá te extraña tanto.

— Yo también.

— Sabes. Quiero qué pases, la noche buena con nosotras. — le pidió feliz – anda papi – haciéndole una carita tierna.

— Por supuesto que sí. — Darién dándole un beso en la mejilla – todo lo que pida mi niña, lo cumpliré.

— Por eso te amo. — le dijo alegremente

— Por eso, que ella es así. — Habló seria Serena – es una niña muy malcriada, come.

— Mamá. — Haciendo caras – más tarde

— No señorita. — Darién con autoridad – a comer. Hazle casó a mamá. — le sugirió serio – Serena tiene razón, tienes que comer y ser una niña sana.

— Está bien. — Rini levantándose para sentarse a comer en su sitio

— Se quedan en casa. — Anunció Serena alejándose de ellos dos y tomando su bolso – ya tengo que irme, Rini pórtate bien con la tía Mina y con tía Lita.

— ¿Y la tía Reí? – Le preguntó Rini — ¿no viene?

— Mí hermana. — Darién extrañado, sabía que Hotaru, Amy y Reí que son sus hermanas, no se llevan muy bien con ella — ¿Qué hará aquí?

— No, lo sabes papi. — Lo miró la pequeña sonriente — Tía Reí y mami son muy amigas, a veces tía Hotaru y tía Amy, se la pasan aquí horas y horas. — le cuenta alegremente.

— Explícamelo. — le exigió furioso y dejando de comer — ¡Habla!

— No, me alces la voz. — Le aclaró Serena con prudencia – me he llevado muy bien con tus hermanas después del divorcio, cómo tú le has quitado el habla a tus hermanas, por eso no sabes nada.

— ¿Qué más me ocultas? – le preguntó sin dejar de mirarla

— Nada más. — Serena le aseguró – yo sepa, mis hermanas horita vienen, así que yo me iré a mi trabajo – le comunica dándole un beso a su hija – adiós Darién.

— ¿Y mi beso? – le preguntó él descaradamente

Ella se acercó y le dio un beso en la mejilla

— Adiós.

— Adiós. — Él acercándose a ella y notando que su hija se encontraba entretenida con la comida – así se despide – dándole un beso apasionado.