Una pareja crack e.e Dios del Yaoi, perdóname por escribir a Escocia con alguien que no es Canadá T_T (Ignoren eso último xD).

Disclaimer: Hetalia no me pertenece, ni sus personajes… personajes… personajes…. (Se va a un rincón a llorar por la triste realidad). Pero, la historia sí me pertenece. :it's something:

Notas: Este drabble va dedicado a deliciustomato (: Espero que te guste, muchas gracias por tu apoyo en mis historias :3. Lo prometido es deuda, y aquí estoy e.e

Advertencias: Lemmon implícito (o al menos no muy gráfico). Yaoi. Uso de nombres humanos: Escocia es Scott, y Holanda es Dirck. Posible OOC (?). Un Holanda muy narcisista.

Holanda vuelve a maravillarse con ese sonido. Ese que sale de la boca de Escocia con cada embestida que da.

-Dirck.

Sí, es su propio nombre. El neerlandés, en el fondo, es un maldito narcisista. Va más allá de lo físico. No, no sólo porque se considera a él mismo físicamente perfecto. Tampoco porque se considera un tipo con el carácter o la forma de ser perfecta.

Lo que Holanda adora de sí mismo es su nombre. Para él, esa palabra de cinco letras es la palabra de dioses, la perfección reencarnada.

No se trata sólo de amar su reflejo interior y exterior.

-Di…irck.

Es porque ama su nombre, y todo lo que éste engloba.

Pero, increíblemente, hay algo incluso más hermoso que eso.

-Dirck… -vuelve a repetir el escocés, entre jadeos.

Sí, si hay algo más hermoso que su nombre, es Scott diciéndolo.

No sabe que es lo que le pasa con el británico. No sabe ni siquiera si es amor, atracción, calentura o lo que sea. No está seguro. Sólo quiere escucharlo gemir su nombre. ¿Será el deseo de sentir que domina su personalidad rebelde? Tal vez sea eso, tal vez sea otra cosa.

Lo único que Holanda quiere hacer es sentirlo cada vez más cerca.

-Dirck, ah~

¿Mencionó que lo más hermoso era Scott diciendo su nombre? Mintió. Lo más hermoso era Scott gimiendo su nombre.

Y el holandés no puede evitar también gemir el nombre del otro, porque se siente increíblemente bien en momento, y todo gracias al mayor de los Kirkland.

Casi siente que está en el paraíso, aunque sólo se encuentra en el sofá de su casa, en plena tarde, con las puertas y ventanas cerradas.

Apresa los labios de Scott, porque aunque le priva del sonido que él tanto ama, quiere sentirlo más. El inconfundible gusto a cigarrillo es identificado por su paladar. El neerlandés no es de los que fuman tabaco, pero no le desagrada. Es parte de Escocia. Es adictivo, al igual que sus drogas, al igual que el mismo escocés.

Deja los labios del otro en paz, porque necesitaba saborearlos, pero necesita aún más escuchar su nombre.

Se alarma al no escucharlo. Trata de enfocar el rostro del pelirrojo. Tiene los ojos verde esmeralda entreabiertos, y se muerde el labio. Quiere preguntarle qué está pasando, pero en realidad ya lo sabe. Lo siente. Está a punto de llegar al orgasmo.

Quiere escucharlo una última vez. Embiste con más fuerza. No puede acabar así. Desea escuchar su nombre sólo una vez más, antes de finalizar el acto.

Se da cuenta. El británico le entierra las uñas en la espalda y cierra los ojos con fuerza.

-¡Dirck!-grita ahogadamente.

Entonces Holanda queda satisfecho, para poder terminar él también, con tranquilidad.

Eso era lo único que le hacía falta.

Y abraza al escocés, cuando todo termina, porque si hay algo que ama más que a sí mismo, es al hombre que tiene debajo de él queriendo escaparse de sus brazos para ir a fumar un cigarro.

Sólo Scott es capaz de hacer que deje su narcisismo de lado.