"FRANKENWEENIE" ES UNA PELÍCULA DE TIM BURTON Y WALT DISNEY PICTURES


Víctor se había convertido en un muerto viviente. El niño que siempre había estado atento en clase, que ponía pasión a cada grabato que hacía, ahora pasaba la mayor parte del tiempo en el colegio con la cabeza gacha y los ojos llorosos. Nadie lo culpaba por ello...Todos habían visto cómo Sparky recibía aquel golpe tan tremendo que acabó con su vida.

- Quería mucho a su perro...-murmuró Bob, sentado en un banco del patio del recreo, mirando a Víctor, que pasaba los descansos de pie junto a la puerta del edificio.

- Tal vez deberíamos decirle algo-propuso Elsa.

- ¿El qué?-repuso Nassor, tirando a la papelera el envoltorio de su bocadillo-. ¿"Lo sentimos mucho"? ¿"Era un buen chucho"? ¿"La vida sigue"? Eso lo hará sentirse peor.

- Además, no es cosa nuestra-intervino Toshiaki, indiferente.

- Cierto, él no es mi amigo-asintió Nassor.

Sonó la campana. Ambos se levantaron del banco y caminaron hacia clase. Bob hizo ademán de acercarse a Víctor, pero lo pensó bien y vio que Toshiaki y Nessor tenían razón. No lo conocía nada más que de clase, nunca habían hablado fuera de ella, y hablar de Sparky sólo le pondría más triste. De modo que corrió a reunirse con sus compañeros sin pensar más en ello.

- Pobre Víctor...-se dijo Elsa.

- Anímalo tú, que eres su vecina-fue la única vez que Edgar abrió la boca en todo el recreo, tras lo cual salió corriendo en la misma dirección que los otros.

Elsa suspiró.

- ¿Cómo pueden ser tan insensibles?

- Chicos. Es su naturaleza-dijo la niña que estaba sentada a su lado con voz suave y, no obstante, terriblemente macabra.

- Ya, pero aún así...

La niña rubia bajó la cabeza y asintió. Después, Elsa vio cómo se formaba una pequeña sonrisita en sus labios.

- ¿Qué ocurre?

- Bigotitos predijo que a Víctor le iba a pasar algo gordo...Y acertó.

El gato miró a Elsa y maulló suavemente. La chica meneó la cabeza.

- Se está haciendo tarde. Hay que entrar-se despidió atropelladamente.

No esperó a que la otra se levantara del banco para ir a clase. Casi todos sus compañeros le ponían los pelos de punta, pero ella lo hacía especialmente. No sabía exactamente por qué.

Sola, la niña rara acarició el pelo de su gato y le dio un besito en el hocico.

- Tú nunca fallas, Bigotitos.

El gato le contestó con un nuevo maullido.


FIN