Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi, los cuales utilizo sin ningún ánimo de lucro.

Ella y él

I

La próxima vez

La primera frase que leí cuando la miré a través de la ventana de su cuarto fue: "¡¿Qué demonios quiere ese idiota ahora?" Trataba de fingir un semblante indiferente mientras se acercaba y quitaba el cerrojo para que yo entrara.

Ella tenía razón en estar furiosa. Apenas le había dirigido la palabra en todo el día. "¡El día de su cumpleaños!" Nada dije, ni unas palabras de felicitación, alguno de esos cursis detalles que sé que le fascinan, y qué decir de darle un…

—¿Qué buscas aquí?—. Me cuestionó con la voz gélida.

—Y-yo… verás… —"¡Por Kami! Cómo odiaba tartamudear cuando me hablaba así. La frialdad de su actitud me constató lo que ya sabía,, estaba molesta, además, su obstrucción a la habitación me decía sin palabras que no me quería dentro, terminando por arruinar la endeble valentía de la que me armé para llegar a su habitación y llevar a cabo los pasos que con tanto esfuerzo había memorizado.

—¿Qué?—. Añadió ante mi silencio.

—Llegaron muchos invitados y no encontré el momento apropiado para darte esto—. Del bolsillo de mi pantalón, saqué una cajita blanca con un prendedor plateado, adornado con tres flores de color rosáceo. No era especial, pero fue lo único que pude comprar con lo que tenía ahorrado.

Sus ojos castaños se iluminaron de inmediato, y la alegría se abrió paso entre su descontento.

—Gra-gracias, Ranma—. Me esbozó una sonrisa, tomando el obsequio en sus manos. No lo abrió. Me seguía observando con esa mirada intensa, y mi emoción se incrementó al poder leer en sus gestos lo que ella quería.

—No es nada—. Murmuré con timidez. Ella retrocedió unos pasos al interior de la cálida habitación y yo pude abandonar el marco de la ventana en el que estaba en cuclillas.

Caminé lentamente hacia Akane. Se veía realmente hermosa con ese vestido en color azul claro, ciñéndose a su figura menuda.

Este era el instante que yo había querido crear para los dos. Por esta ocasión, Akane no protestaría si me le acercaba demasiado, si la tomaba entre mis brazos y no le quedaba otro remedio que guarecerse entre mi pecho, mientras la aprisionaba con ellos.

Estaríamos así por horas enteras, hasta que mi corazón explotara de felicidad. Luego, posaría una mano en su mejilla y le miraría tiernamente, hasta que sus ojos avellana se cerraran con devoción y me dieran todo el arrojo necesario para atreverme a conocer el sabor de sus labios.

—Ranma, ¿te sientes bien? Te has puesto rojo —Murmuro, con notable preocupación— ¿Tienes fiebre?—. "¡Maldición! ¡Maldición! ¡¿Cuánto tiempo estuve parado sin hablar?"

—Estaba pensando en… —"besarte"— Decirte que, si quieres, puedes entrenar conmigo mañana. Con todo lo que has comido hoy, seguro que tendrás que bajar las escaleras rodando.

Y en lugar de la escena romántica que me tardé tanto en visualizar, terminé siendo arrojado por la ventana. No sin antes recibir una lluvia de golpes con mazos, katanas, lámparas, y cuanto objeto se cruzó por las manos de la lunática violenta en la que se convirtió Akane.

No voy a decir que no lo merecía. "Yo y mi estúpida bocota"

Tendré que esperar otros 364 días para acercarme a ella sin que mi presencia le perturbe.

La próxima vez, al menos intentaré darle un abrazo por su día.

O-O-O