"Una Navidad de Cristal"

DISCLAIMER: "Hey Arnold!" no me pertenece. Es propiedad de Craig Bartlett y Nickelodeon.


-*Capítulo 1: 'Blanca inmensidad'

La calidez acogedora de una buena taza de chocolate hirviendo. Esos tejidos a medio empezar con continuidad prometida. Un árbol de navidad, próximo a desembalar. Mil deseos de paz, amor y prosperidad. Una ciudad cubierta de un matiz blanco, puro y más que perfecto: Hillwood, en épocas festivas.

El invierno, últimamente no daba tregua. La nieve cada día, se tornaba mucho más espesa y despiadada. Cientos de muñecos improvisados; hombres ansiosos de obtener buena leña, en la gloriosa compañía de una grande fogata. Malvaviscos derritiéndose en forma romántica y ocasional, del descuido de los visitantes que la rodean. Una esperanza, varias penas.

-Sé que a nadie le agrada venir a clases en días previos a Navidad, pero creo que eso lo hace 'más especial', ¿No creen, chicos? -Todos se miraron entre sí, sin responderle- Bueno. Qué les parece esto: ¿Qué tal si armamos nuestro propio árbol de Navidad, en el salón?

-¿No estamos grandes para eso, Simmons? Tampoco es como si fuera a venir Santa Claus.

-Helga querida, debes de tener algo de fe. Todos llevamos un niño interior. ¿Tú no?

-Supongo que no. –Respondió cruzándose de brazos–

-Estoy completamente seguro de que en algún lugar de tu interior, sí, Helga. ¡Bueno, chicos! Éste es el arbolito que traje... Creo que sería lindo que recorten figuras, en forma de adorno –el que ustedes gusten– y luego, los colgaremos en él. ¿Qué les parece?

-¡Suena bien, Sr. Simmons! –Dijo Eugene–

-Apuesto a que si Eugene es el primero en colgar el adorno, el árbol se caerá o autodestruirá, ja, ja, ja, –se burló Helga–

-¿Y qué más le ponemos a los adornos? –Interrogó Sid–

-Bueno, podrían escribir en él algún deseo, o cosa que quieran recibir para Navidad.

-Y qué, ¿Vendrá Santa, el 25 a la mañana? –Bufó Helga– todos sus compañeros rieron.

-Es cuestión de creer, Helga. Todos los deseos pueden hacerse realidad.

–Aconsejó el maestro–

-Sí, como si a los 15 años siguiera creyendo en unicornios.

Dos horas después, ya todos habían terminado sus adornos. Rhonda recortó uno en forma de vestido; en el que escribió: 'Deseo que mi papi me traiga un exclusivo vestido de gala que vi en la última colección, en la semana de la moda, de París'. Eugene, por su parte, una figura en forma de conejito, en el que pedía ser elegido para un certamen de baile; Curly recortó una figura, la dibujó, coloreó y era una caricatura perfecta de ¡Rhonda! En el deseo, escribió que anhela un beso de ella, cuando toquen las doce de la noche del 25 de Diciembre.

Y así, sucesivamente, según gustos, hobbies, y demás cualidades o personalidades de cada uno.

Helga no sabía qué hacer o escribir. Hizo varios bocetos, hasta que, finalmente, colgó su adorno. Sobre la base de una cartulina rosa, moldeó lo que –según sus explicaciones– era un 'limón'. Sin embargo, su deseo estaba totalmente en blanco.

-¿No vas a escribir nada, Helga?

-No, no lo creo. ¿Qué sentido tiene, anotar un anhelo, que todos lo lean, si aún así, no se cumplirá?

-¿Por qué estás tan segura?

-Porque los milagros, no existen.

-Qué poca fe tienes, Helga.

-Soy así, Phoebe. No cambiaré. Todas las navidades son iguales: Bob llega cansado, protestando; Miriam olvida hacer la cena; entonces comemos como a las doce de la noche; algunas veces llega Olga, –con lo que eso implica– y por así decirlo, 'salva' la noche, haciendo ella la cena, y arruinando la velada con sus tonterías. Créeme, Phoebe. Ni un milagro hará de esta navidad algo diferente.

-Tal vez te equivocas.

-Lo dudo.

El día de clases había acabado oficialmente. Los autobuses circulaban con mayor lentitud, a causa de la espesa nieve.

-¿Qué tal va todo, hombre pequeño?

-Muy bien, Abuelo. Hoy en la escuela nos hicieron decorar el árbol de nuestro salón.

-¿Ah sí? Suena bien.

-Sí, el Sr. Simmons dijo que anotáramos en los adornos que fabricamos, un deseo para estas navidades.

-¡Qué buena idea!

-La verdad, fue muy divertido.

-Me alegro, Arnold. Prepárate, la cena ya está casi lista.

-¡Genial!

-¡Ya llegué! (Sí, como si a alguien le importara realmente) –se decía Helga–

-¡Ah! ¡Hola Helga!

-Hola, Mamá. ¿Qué hay de nuevo?

-Bueno, tu padre está oficialmente de vacaciones; así que pasaremos Navidad en familia. ¿No es emocionante?

-Sí, es genial –dijo con desinterés– ¿Ya está la cena?

-¡Uy! ¡Qué bueno que lo mencionas! ¡Casi lo olvido!

-Genial.

Al día siguiente...

-¡Buen día, chicos!

-Buen día, profesor Simmons...

-¡Vaya! Veo que muchos están dormidos, desganados o en ese estado. Y yo que planeaba tomar un exámen sorpresa...

-¡¿Exámen?! ¡No! ¡Hoy no! –Se quejaba Harold–

-Está bien... Improvisaré. ¿Qué tal si hoy les doy el día libre?

-¡¿El día libre?! ¡Sí! -Gritaban todos, muy entusiasmados-

-Sí, pero no será precisamente 'libre'. Haremos una visita guiada, así compramos regalos para nuestros seres queridos.

-¿Iremos al centro comercial? ¡Asombroso! –Se maravillaba Rhonda–

Una ventisca se hizo sentir. Alguien abrió la puerta, azotándola con furia.

-Buen día, Helga. –Dijo Simmons–

-¿Qué tiene de bueno? –Retrucó ella–

-¡Que hoy tendremos día libre! –Gritó Gerald–

-Estupendo. –Respondió la rubia–

-¿Qué te pasó, Helga? ¿Por qué llegas tan tarde?

-Me quedé dormida, y Miriam no fue capaz de avisarme la hora. Encima de todo, me agarró un tornado de nieve. ¡Maldito día!

-Lo bueno es que el Sr. Simmons suspendió el exámen sorpresa que tenía planeado.

-Qué lástima.

-En vez de eso, iremos al centro comercial, todos con él, para comprar presentes a nuestras familias. ¿No es genial?

-Preferiría el exámen, ahora que lo dices.

La expresión en el rostro de Phoebe se desdibujó. Ella sabía cuánto odiaba su amiga las épocas navideñas, pero, por alguna razón siempre esperaba que Helga se contagie de ese 'espíritu festivo'.

Arnold recogió del piso, un adorno que se había caído. Era una extraña figura, que parecía ser un limón rosa. Sospechaba que pertenecía a Helga. Lo que llamó su atención, es que estaba vacío, sin ninguna inscripción. Sólo lo acomodó en un lugar adecuado y se fue, junto a los demás.

-Y... ¿Ya sabes qué comprar, Phoebe?

-Sí, Helga... Hay un CD que mi padre ha querido por varios meses, y hasta hace poco, estaba agotado. Veré de conseguirlo. Y mi madre, es amante de las esculturas. Quisiera encontrar una muy especial para ella.

-¡Ah, fantástico, amiga!

-¿Qué hay de ti, Helga?

-Bien, en mi caso, podría decirse que mientras haya buena comida, fútbol americano y comerciales de localizadores, mi padre será feliz. Y mi madre... Bueno, a ella todo le da igual. Así que, en conclusión, no creo que deba esforzarme mucho buscando.

-Oh... ¿Y Olga?

-¿Olga? A ella puedes darle un poco de barro con un moño, y no lo notará. Sólo dirá que 'es hermoso' y te agradecerá como si le hubieras regalado la mismísima muralla china. Es tan tonta…

-Bueno, en ese caso, podrías regalarle algo a alguien que consideres 'especial'. No hay obligación de comprar sólo para nuestras familias, Helga.

-Buen punto, Phoebe... Pero no se me ocurre nadie.

Una vez que ya estaban en el centro comercial...

Gerald tenía cinco regalos; Harold había comprado comida y bombones para su padres; Rhonda, un exclusivo bolígrafo bañado en oro para su padre; y unos zarcillos para su madre; Phoebe unas esculturas pequeñas de bronce y un CD de música clásica; Arnold, varios regalos para sus abuelos y, para cada uno de los huéspedes; de igual modo, cada chico del salón. Helga, una vez más, tenía las manos vacías.

-¿No comprarás nada, Helga?

-Eh... Es que todavía no encuentro algo que me guste, Señor Simmons.

-Oh, ya veo. ¿Necesitas ayuda?

-No, gracias. Ya veré algo bonito…

-De acuerdo. No te alejes mucho.

-Está bien.

Arnold había escuchado esa charla, por lo que, como no podía ser de otra manera, decidió colaborar.
Helga se había alejado del grupo. Tendría que buscarla.

Decenas de personas con bastante ansiedad; buscando calidad, precios accesibles y el obsequio perfecto para alguien 'especial' –como diría Simmons–Mujeres apuradas, con niños exaltados; jugueterías abarrotadas y miles de Santa Clauses derrochando alegría y alertando a cada niño que visitaba el shopping de la pintoresca ciudad de Hillwood.

Desde el segundo piso del enorme centro comercial, apoyada sobre la baranda, una adolescente rubia; de ojos azules; abrigo violeta claro; y de expresión triste, observaba con resignación y nostalgia el ir y venir de las personas.

-Disculpa. –Una voz conocida se dirigía a ella. –

-¿Arnold? ¿Qué haces aquí? –Le dijo una vez que volteó, saliendo de sus pensamientos–

-Te estaba buscando...

-¿Ah, sí? Bueno, aquí estoy, Cabeza de Balón. ¿Qué quieres?

-¿No compraste nada?

-¿Acaso es un delito? ¡Todos me preguntan eso!

-Bueno, es que la mayoría ya consiguió algo y...

-Bueno, yo no soy los demás. Además, no me gustó nada.

-Si quieres, puedo ayudarte a buscar algo lindo.

-Perderías tu tiempo, ya recorrí todo el centro comercial, y nada.

-¡Anímate! ¡Ya aparecerá algo! Dime, ¿Qué tienes en tu lista?

-¿Lista? Yo no tengo una lista, Cabeza de Balón. Lo mío, es espontáneo. Veo algo lindo, y lo compro. Lo no planeado sale mejor.

-Ah, está bien. ¿Vemos algunas vidrieras?

-Como quieras. Me da igual.

-Encontraremos algo.

-No entiendo por qué juegas a Santa Claus, Arnold. Es decir, fui una niña mala. Merezco carbón y un par de medias, nada más.

-Oh, vamos, Helga. Es casi Navidad... ¿No hay nada que quieras comprarte?

-¿Para mí? ¿Acaso me parezco a Rhonda? No soy ese tipo de persona superficial, no señor.

-No digo que lo seas. Además, comprarse algo para sí, alguna que otra vez, no te convierte en alguien 'superficial.'

-Sí, tal vez. Pero no es ese el caso de Rhonda. -ambos ríeron-

-¿No hay algo que quieras comprarle a alguien...? ¿Alguien que no sea de tu familia, como un amigo o algo así?

-Eh... No lo sé. Tendría que pensarlo bien. No cualquiera valdría tomarse esa molestia.

-Bueno, ¿Y qué tal algo para Phoebe?

-Mmm... No es mala idea, Cabeza de Balón.

-Busquemos algo.

-Hey…

-¿Sí, Helga?

-Gracias por ayudarme.

-No hay de qué.


CONTINUARÁ…


¡Hola queridos lectores! ¿Cómo les va? Espero que de maravillas, palpitando la Nochebuena. He aquí presente, la fanática más 'demente' de "Hey Arnold!" con un nuevo Fic, sí… ¡Las ideas –no sé por qué– van y vienen hacia mí, –sobre todo, a la noche!– ¡WTF! La luz de la luna me inspira, supongo… como a Helga. ¡Ideas impacientes de ser escritas, plasmadas y editadas en Word! En fin, tenía pensado, originalmente, hacer un One-shot de Navidad; pero me gustó tanto y lo vi tan potencialmente más largo, que será una historia de menos de diez capítulos –según mi inspiración rebalse o escasee, jiji–

Les comento, –para los que ya me conocen– que he finalizado "Misterio de Octubre" (Fic de suspenso y humor) muy feliz de haberlo hecho, pero mucho más de saber que les gustó :3. Sobre mi otro Fic, "Mi corazón se fue a la Jungla contigo", en esta semana actualizo, no me olvido, ni lo abandoné.

Aclaración: Este fic no se basa en que Arnold le ayuda a comprar algo lindo a Helga, etc. Etc… ya verán. No quiero hacer algo trillado U.U

¡Deseo que pasen unas muy Felices Fiestas junto a sus seres queridos! Que todos los anhelos se concreten, y que en estas fiestas reine la paz, felicidad y amor entre todos.

Déjenme como regalo de Navidad, sus opiniones, por favor… ¡Gracias!

¡Nos vemos prontito, por aquí!

MarHelga :3