Capítulo 20. ¡EL ÚLTIMO CAPIIIIIIITULO!

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Susan Mallery.

Capítulo 20

—¿Cuánto te quieres emborrachar? —le preguntó Félix mientras servía otro whisky y se lo daba a Edward.

—Te lo diré cuando haya tenido bastante.

—No es un gran plan —le dijo Jasper desde el otro sofá—. Ya sentirás bastante dolor por la mañana.

Los tres hombres estaban tirados en el salón de Edward; aún no había oscurecido y ya estaban achispados... al menos Edward. No podía hablar por sus amigos, seguro que ellos estaban teniendo más cuidado.

En cuanto a la reseca, ¡adelante! Tal vez un fuerte dolor de cabeza le ayudaría a olvidar lo que Bella le había dicho esa mañana.

—No cree que la amo —farfulló.

—Bella Swan —le dijo Jasper a Félix—. Es una larga historia.

—No tan larga —contestó Edward—. La dejé embarazada, le di la espalda y no la amé lo suficiente. No sabía que estaba embarazada. Si lo hubiera sabido, me habría casado con ella. Y eso ahora me convierte en el malo de la historia. Hacer lo correcto no está bien, ¿lo sabéis?

—No está enfadada por haberle dicho que te habrías casado con ella — explicó Jasper.

—¿Entonces por qué?

—Las mujeres son complicadas.

—Ha dicho que no la quiero, pero sí que la quiero. Siempre la he querido, pero nunca lo había sabido —dio otro trago.

—¿Qué le has dicho tú? —le preguntó Félix.

—Que la quiero. Que quiero casarme con ella y no porque eso sea lo más prác... lo más práctico.

—¿Cuándo le has dicho que iba a ser práctico? —le preguntó Jasper.

—Ya sabes... antes.

—¿Antes de qué?

—La última vez que le propuse matrimonio. Antes de saber que la amaba. Le dije que teníamos que casarnos porque era lo correcto. Quería hacer que se quedara aquí, con los niños, para poder ver a Anthony.

—No deberías haber dicho eso —le dijo Jasper.

—Tal vez no, pero la amo y a ella no le importa. ¿Cómo puede no importarle?

—Tal vez le importe demasiado —le dijo Félix—. Has estado actuando como un cretino mucho tiempo, ¿y si ella ha estado amándote desde entonces? Ha estado esperando a que te dieras cuenta y tú le has ofrecido una especie de acuerdo de negocios.

—Y le has quitado a su hijo —añadió Jasper.

—No se lo he quitado. Han sido sólo unos días. Los niños son complicados, aunque las mujeres hacen que parezca fácil, pero es duro —cerró los ojos y se recostó en el sofá de piel.

Sus dedos se relajaron sobre el vaso y oyó a alguien levantarse rápidamente y quitárselo.

—Estás a punto de perder el conocimiento.

—Tengo que hablar con Bella.

—Tienes que darle algo de tiempo y necesitas un plan. Lo has estropeado todo desde el principio y ahora tienes que hacer algo para impresionarla.

—A Bella no le gustan esas cosas —murmuró Edward—. Creo que quiere que la deje tranquila y debería darle lo que pide.

—Lo que quiere es que la sorprendas —dijo Félix—. Sé de estas cosas.

—No Bella.

Sintió el dolor que sus amigos le habían prometido, pero no fue por el alcohol. Fue un dolor que salió de su corazón, del hecho de saber que jamás podría tener a Bella. Tal vez había tenido una oportunidad, pero la había desaprovechado.

Ella le había dicho que lo amaba y se aferraría a esas palabras para siempre, sabiendo que si hubiera sido más listo... si lo hubiera entendido antes, podría haberla tenido.

—Amo a Bella —farfulló.

—Eso ya lo sabemos —dijo Jasper—. Deberías decírselo a ella.

—Demasiado tarde. Demasiado...

Y todo se volvió negro.

Bella vendió su casa en Seattle mucho antes de lo que se habría imaginado.

Había terminado dejando a los tres niños con Esme porque, por alguna razón, no había sido capaz de ponerse en contacto con Edward el domingo. Esme le había dicho que todo iba bien, pero no había entrado en detalles.

Después de conducir hasta la bella ciudad junto a la bahía, había pasado dos días con Bree eligiendo todo lo que Anthony y ella necesitarían en los próximos meses y todo de lo que podrían prescindir de momento.

Vender la casa había resultado muy sencillo. Bella había llamado a una amiga que era agente inmobiliaria y Heidi había admitido que a su marido y a ella siempre les había encantado su casa y que estaban desesperados por mudarse de su piso ahora que querían formar una familia. Las negociaciones habían llevado menos de una hora y en dos días el contrato había estado cerrado y

firmado. Bree, por su parte, tenía pensado ir a Forks la semana posterior al Día del Trabajo para ver si quería o no mudarse allí.

Con todo listo, Bella partió hacia Forks el jueves por la mañana. Edward y ella tenían una cita con la jueza al día siguiente y ahora que se instalaría definitivamente allí y que criarían a Anthony entre los dos, podrían satisfacer los requerimientos de la jueza y evitar la cárcel.

Después de recoger a los niños, fueron al Carver Café a almorzar.

—El cole empieza el martes —dijo Lilian en cuanto se sentaron—. Necesitamos ropa y material. Vamos un poco atrasados con las compras.

Bella se rió.

—¿Vamos?

—Ahora somos tres, mamá, y vamos a tardar más.

—Tienes razón. Cuando lleguemos a casa, podéis hacer listas de todo lo que necesitáis y después iremos a comprar. Hoy la ropa y mañana el material escolar. Tengo que estar en el juzgado a las nueve, pero no debería tardar mucho.

Anthony sonrió.

—¿Vas a decirle a la jueza que te quedas aquí?

—Sí. Seguro que se alegra.

El teléfono de Lilian sonó indicando la entrada de un mensaje. La niña miró la pantalla y se lo guardó en el bolsillo antes de que Bella pudiera recordarle que los móviles no estaban permitidos en la mesa.

—¿Te quedas en Forks por nosotras? — preguntó Claire.

—Un poco, sí. Y para que Anthony pueda estar al lado de su padre.

—Has sido muy buena con nosotras —la miró tímidamente y añadió—: ¿Puedo llamarte «mamá»?

La inesperada pregunta sacudió a Bella con fuerza y se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Le he preguntado a Anthony si le importa y me ha dicho que no pasa nada.

Bella abrazó a la niña.

—Me gustaría, pero recuerda que por decirlo no nos estamos olvidando de tu verdadera mamá. Sé que la quieres.

Claire se acurrucó y Bella se giró hacia Lilian, que estaba mirando por la ventana.

—No pasa nada, tú no tienes por qué hacerlo.

La adolescente se sonrojó.

—A veces quiero, pero... No sé.

—«Bella» está bien.

—Puede que más adelante...

—Lo que te haga sentir más cómoda.

La camarera llegó y les tomó nota. Los niños empezaron a hablar sobre el festival de Fin del Verano de ese fin de semana y cómo tenían que tener terminadas las compras de la vuelta al cole para poder ir.

Bella escuchó y sonrió, contenta y feliz. Siempre echaría de menos a Edward, siempre lo amaría, pero en lo que concernía al resto de la familia, todo era... perfecto. Tal vez, después de todo, hacer lo correcto no era tan mala idea.

Bella se encontró con Edward en la puerta de los juzgados y, aunque intentó nomirar demasiado, lo encontró bien... demasiado bien. Tal vez con el tiempo se acostumbraría a verlo y su cuerpo dejaría de reaccionar ante su presencia. Tal vez las cosas serían más fáciles entre los dos. Al fin y al cabo, una chica podía tener esperanzas.

—Hola —le dijo él—. ¿Qué tal tu viaje a Seattle?

—Bien. Todo está en marcha y he vendido la casa.

Él le sostuvo la puerta y entraron.

—Qué rápido. ¿Vas a buscar algo aquí?

Bella asintió esperando no parecer tan decepcionada como se sentía.

Había pensado que él sacaría el tema de su última conversación, que le diría que la amaba y que quería que estuvieran juntos. Pero, por el contrario, caminaron en silencio hacia el despacho de la jueza.

Quince minutos después, la jueza Newton anunció que estaba complacida con su decisión de criar a Anthony entre los dos y les advirtió que no le hicieran perder más el tiempo.

—Anthony ha dicho que mañana iréis al Festival del Verano —le dijo Edward al salir del despacho.

—Los niños quieren ir y habrá una banda tocando al mediodía. Al parecer son famosos; yo no sé quiénes son y eso me hace sentir vieja.

—No eres vieja.

—Gracias.

Juntos salieron al sol de la mañana y se dirigieron al aparcamiento. Edward sedetuvo junto al todoterreno de Bella.

—Quiero que seas feliz, Bella. Has renunciado a mucho para estar aquí.

—No a tanto. Es importante cuidar de los niños y hacer que sean felices. Eso es lo que estoy haciendo.

—¿Y quién cuida de ti?

Los claros ojos de Edward parecieron mirar dentro de ella y Bella quiso mirar a otro lado para que no pudiera ver cuánto lo amaba.

—Yo soy muy dura.

—Porque has tenido que serlo. Pero quiero ayudarte en todo lo que pueda.

«Ámame», pensó ella desesperadamente. «Jura que soy lo mejor de tu vida».

Pero Edward no pronunció esas palabras y Bella no tuvo el valor de pedirle que lo hiciera.

Se quedaron mirándose hasta que él se dio la vuelta y se marchó.

El festival del Final del Verano era en parte una fiesta para el condado, en parte una fiesta de granjeros y en parte una fiesta para los padres, que celebraban que el colegio empezaría en pocos días.

Bella llegó con los tres niños a las diez de la mañana del sábado y a las diez y cuarto ya se había quedado sola. Lilian había quedado con sus amigas y Claire y Anthony con compañeros del campamento. Bella les compró entradas para las atracciones a los dos más pequeños y les hizo prometer que se reunirían con ella a las once y media para almorzar. Después, se quedó en medio de la multitud, preguntándose qué hacer.

Exploró los puestos de artesanía y compró unas camisetas para los niños antes de que Esme Cullen la encontrara mientras miraba las velas.

—Las de olor a jazmín son geniales —le dijo la madre de Edward con una sonrisa—. Las tengo por todo el cuarto de baño. ¿Qué tal va todo?

—Bien —alzó la bolsa con las camisetas—. Haciendo gastos.

Esme señaló un puesto de granizados.

—Vamos, te invito.

Se pusieron a la cola.

—¿Te va bien?

—Estoy bien. La semana que viene empezaré a buscar casa.

Esme suspiró.

—Mi hijo es un idiota.

—¿Por qué?

—Porque está claro que los dos estáis locos el uno por el otro y que deberíais estar juntos.

—Edward no está enamorado de mí. Le interesa más el deber que el amor y a mí no me interesa conformarme con eso.

—¿Ni siquiera si alejarte de él te parte el corazón?

Bella suspiró

—¿Quisiste al padre de Edward?

—Constantemente, y lo sigo amando.

—¿Te habrías conformado con menos de lo que te ofreció?

—No —Esme sonrió con tristeza—. Estás tomando la decisión correcta. Mi cabeza me lo dice, pero mi corazón quiere que tengáis un final feliz.

—Soy feliz... o lo seré. Tengo tres niños geniales, un trabajo que adoro y, ¡hey!, voy a quedarme en Forks. ¿No es perfecto?

Esme se rió.

—¿Aún te preocupa estar aquí?

—No. No me gusta que la gente dé sus opiniones tan libremente, pero lo bueno supera a lo malo. Sé que si me ataca un fan loco, todo el mundo vendrá a rescatarme. Los niños están a salvo aquí y podemos ser felices. Eso es lo que importa.

Al instante se oyó un chirrido, como si alguien hubiera conectado un sistema de sonido. Bella y Esme se giraron hacia el escenario situado en un extremo del parque y Bella vio a alguien sujetando un micrófono, aunque no podía reconocerlo.

—Hola a todos —dijo una voz familiar.

Parecía Edward...

—Me gustaría pediros vuestra atención un minuto.

Esme se llevó una mano al pecho.

—¿Es Edward?

—Eso creo.

—¿Qué está haciendo?

—No tengo ni idea.

—No tardaré mucho —siguió diciendo él—. Si podéis, acercaos un poco más al escenario. Me gustaría hacer un anuncio.

Bella y Esme se apartaron de la fila de los helados y fueron hacia el escenario.

—Para los que no me conozcáis, soy Edward Cullen.

—¡Sabemos quién eres! —gritó un hombre.

Edward se rió nervioso.

—Bien. Necesito vuestra ayuda con una cosa y tendréis que mantenerlo en secreto.

Varias personas se rieron.

—¿De verdad crees que eso va a pasar? —preguntó una mujer.

—Eso espero. Ahí va. Alguien muy importante para mí regresa a Forks. Se llama Bella Swan. Algunos la conocéis.

—Es esa escritora.

—Es ella —confirmó Edward.

Bella miró a Esme.

—A mí no me preguntes, no sé qué pretende.

¿Edward iba a hablar de ella delante de todo el pueblo? ¿Por qué? ¿Qué demonios iba a decir? Se acercó un poco más al escenario.

—Bella creció aquí, igual que yo. Su madre o no le hacía caso o la maltrataba. Algunos puede que la recordéis. Tenía mala reputación por estar siempre borracha y por... —vaciló.

La gente estaba callada.

—En el instituto, Bella era una chica dulce, preciosa e inteligente, pero casi nadie se molestó en fijarse. Por el contrario, los chicos decían cosas terribles sobre ella. Cosas que no eran verdad.

Bella se sentía humillada; no sabía si andar más deprisa o desaparecer entre la multitud.

—Pero todo era mentira y yo lo sé porque fui su primer novio, su primer beso y su primera vez.

—¡Sabemos lo del niño! —gritó alguien.

—Bien, pero lo que no sabéis es que le hice una promesa a Bella. Le dije que la amaba, que iríamos juntos a la universidad, y después, cuando un amigo me preguntó si estaba saliendo con ella, mentí y dije que yo jamás pasaría tiempo con alguien así. Negué que la conocía y lo hice delante de todos mis amigos y delante de ella.

Se oyeron sonidos de asombro.

—La traicioné y le rompí el corazón. La negué y me negué a mí mismo porque sí que la amaba. Pero era joven y estúpido y me preocupaban más mis amigos que ella. No la merecía.

—¡Y que lo digas! —gritó alguien.

Bella llegó a un lateral del escenario, donde estaban los escalones, pero ahora que estaba allí no sabía qué debía hacer. ¿Detenerlo? ¿Escuchar? Era el momento más surrealista de su vida.

—Bella se marchó y, ¿quién puede culparla? Unas tres semanas después, descubrió que estaba embarazada y volvió para decírmelo, pero yo estaba... ocupado.

—¿Qué significa eso? —preguntó alguien.

—Que estaba en la cama con otra —dijo un tipo.

Varias personas se rieron.

—Qué idiota —comentó una mujer.

—Y que lo digas —contestó Edward—. Hace casi seis años, Bella volvió para contarme lo de mi hijo, pero alguien se interpuso y me ocultó la información.

Respiró hondo.

—La razón por la que os cuento esto es porque Bella va a quedarse aquí para que yo pueda estar con mi hijo y para que sus sobrinas puedan vivir en un lugar que les es familiar. Es una mujer cojonuda.

—¡Eh! ¡Que hay niños delante!

—Lo siento. Es una mujer increíble. Así que para ésos que queráis decir algo malo sobre ella, tendréis que véroslas conmigo. Ya basta de pararla por la calle o en una tienda y decirle que hizo mal al ocultarme lo de mi hijo. Ya basta de hacerla sentir mal. Bella se merece algo mejor y todos vamos a dárselo. ¿Entendido?

Se oyó un murmullo afirmativo.

Y Bella se sintió como si formara parte de una obra de teatro o estuviera viendo una película. No podía estar pasando.

—Si es todo eso que dices y estás enamorada de ella, ¿por qué no os casáis?

Bella se quedó tensa, no estaba segura de si quería oír o no la respuesta.

Edward suspiró.

—Hola, mamá.

La multitud se rió.

—Responde a mi pregunta —insistió Esme.

Bella contuvo el aliento.

—Yo quiero. Bella es mi mundo, pero he sido un idiota demasiadas veces. Le he pedido que se case conmigo porque es lo correcto.

—Sí que eres estúpido —comentó una mujer.

Todo el mundo se rió.

—¿Le has dicho que lo sientes? —preguntó un chico.

Bella se giró hacia esa voz y vio a Anthony junto a Esme. Claire y Lilian estaban cerca, mirando a Edward, esperanzadas.

—Le gusta que te disculpes cuando has hecho algo malo y siempre te da una segunda oportunidad —terminó Anthony.

—Esta vez no, colega —apuntó Edward.

—Pero si la quieres —dijo Lilian—, deberías volver a decírselo. Díselo de verdad.

—Bésala como hacen en las películas —añadió Claire.

—Eso no será suficiente. Bella se merece alguien mejor que yo.

—Cariño, si sólo nos casáramos con quien nos mereciéramos, el mundo estaría lleno de mujeres solteras —dijo una anciana.

Y hubo más risas.

—La amo —le dijo Edward a la gente—. Pero a veces el amor no es suficiente.

Bella miraba al hombre que siempre había estado en su corazón y supo que le habían dado el mejor regalo de todos. Una segunda oportunidad. Todas las dudas que había podido tener, se habían disipado al ver a Edward hablando delante de toda esa gente para protegerla y hacerla sentirse segura.

Sintió su amor, su cariño, su apoyo.

—El amor siempre es suficiente —dijo Bella.

Él se giró, impactado.

—Creía que no vendrías hasta el mediodía. Creía que los niños habían venido solos.

—Llevamos aquí un rato.

Él bajó el micrófono.

—¿Cuánto has oído?

—Todo.

—Te quiero, Bella. De verdad.

—Te creo.

—¿Qué está diciendo? —preguntó alguien entre el público.

Una mujer situada cerca del escenario respondió:

—Luego os lo contamos.

Edward dejó el micrófono y se movió hacia ella.

—Quiero que nos casemos y que seamos una familia, pero sólo porque quiero pasar mi vida contigo y hacerte feliz. Quiero ser el hombre que te mereces, pero necesitaré tu ayuda para lograrlo.

—Ya lo has logrado —dijo ella con una sonrisa.

—¿Es eso un «sí»?

Bella se dejó rodea por sus brazos.

—Sí —le susurró justo antes de que él la besara.

—¡Están besándose como en las películas! —dijo Claire—. Me encanta cuando eso pasa.

FIN

No me puedo creer que hayamos llegado hasta aquí, y ya se acabe.

Muchísimas gracias a todas esas personas que han estado desde el principio, que se subieron al tren a mediados, o que leerán la historia dentro de algún tiempo.

Gracias por los reviews, alertas y favoritos, sois nuestro motor para seguir escribiendo, adaptando y traduciendo.

¿Os ha gustado la historia? Espero que si!

Además, que sepais que tengo bastantes, bastantes adaptaciones más para hacer, os voy a traer muy buenos libros que merecen mucho la pena, y espero que os gusten.

La adaptación que voy a empezar ahora será La Última Canción. Pero no haré mi propia historia basada en la peli, no, adaptaré el libro a los personajes.

También, lo siento por la gente que leía mis historias originales, si no lo habéis visto, las he borrado, porque no las voy a continuar, no por ahora. Me quiero centrar en traducciones y adaptaciones, y si algún día acabo esas historias, las subiré completas.

Si pasáis por mi perfil, veréis mis traducciones y las fechas en las que publicaré. Tengo 2 de Harry Potter y 2 de Crepúsculo:)

Muchos besitos:)