Peligrosas Deducciones

Capítulo 19

Al ver la figura inconsciente de Sherlock Holmes, John sintió un repentino alivio seguido de un punzante pánico. Corrió a la cama e intentó tomarle el pulso al detective, pero en el instante mismo en que su mano hacía contacto con la piel de su cuello, éste despertó con un sobresalto y, alarmado, apartó la mano intrusa de un golpe, poniéndose luego bruscamente de pie, al tiempo en que John se echaba hacia atrás.

-¡Sherlock! -exclamó.

Un segundo después el detective pareció darse cuenta de dónde se encontraba y su respiración se tranquilizó.

-John -murmuró, más para sí mismo que para su compañero y se sentó al borde de la cama respirando pausadamente.

-¿Estás bien?- le preguntó inmediatamente John, obteniendo una asentimiento cómo toda respuesta.

Después de un momento Sherlock cerró los ojos, tratando de recordar hasta el último detalle de lo que había ocurrido en la oficina de los agentes. Y lo que había sentido cuando le habían inyectado el transmisor.

Su compañero de departamento reconoció al instante cómo se preparaba para meditar largamente, cómo siempre hacía en momentos en los que se sentía desorientado en un caso particularmente difícil. Ciego y sordo a las distracciones del ambiente que lo rodeaba.

Sin embargo, en esta ocasión en particular, John no iba a permitírselo.

-¡Sherlock! -exclamó sacudiéndolo por los hombros.

El detective abrió los ojos sorprendido.

-¿En dónde estabas? ¿A dónde te llevaron? -le preguntó John firmemente, sin dejarse acobardar por su mirada.

El detective vio en la postura que adoptaba su amigo que no iba a irse hasta que no le diera una explicación.

-Estaba examinando documentos confidenciales en las Oficinas del MI6, cómo quizás recuerdes -dijo Sherlock lentamente y con las cejas levantadas. Sin embargo, aún antes de que éste acabara de hablar John ya se encontraba negando con la cabeza.

-No -dijo apenas controlando su enojo-. Dime la verdad.

Se quedaron un momento en silencio.

Sherlock no podía decirle nada. Aún de haber querido, tenia un transmisor en su interior que lo conectaba directamente con los programas "policías" de la Matrix. No podía ponerlo en peligro de esa manera.

Sherlock negó con la cabeza suavemente, sin despegar los ojos de los de su compañero.

John frunció el entrecejo.

Después de un momento de silencio Sherlock se puso de pie.

Lo más importante, en ese momento era dar aviso a Morfeo sobre el transmisor. Tendría que arriesgarse a hacerles una rápida llamada. Sabía que los Agentes lo escucharían y finalmente sabrían que el estaba al tanto de la guerra entre humanos y máquinas. Otra razón más para alejarse de John lo antes posible.

-John -comenzó-, soy consciente de que en innumerables ocasiones he abusado de la fe que me tienes.

John frunció aún más el entrecejo. -¿Qué? -preguntó, turbado.

-Sin embargo -continuó Sherlock acomodándose el abrigo-, necesito que confíes una vez más en mí.

John alzó las cejas sin saber bien qué decir.

-Hay algo que necesito hacer... pero necesito hacerlo solo -Sherlock se dio la vuelta y tomó dos celulares del cajón de la comoda al lado de su cama.

-¿A donde crees que vas? -le preguntó John enojado, al ver que se dirigía a la puerta.

-John...

-¡No, Sherlock! -exclamó el Doctor poniéndose de una zancada entre Sherlock y la salida-. No vas a volver a irte sólo ¡La última vez que te quisiste enfrentar sólo a Moriarty casi nos vuelan en pedazos! Y aunque esté en la cárcel...-

-¿Qué?- Sherlock se paró en seco recordando el mensaje de texto de la mañana.

-¿No lo sabías? -se asombró John.

Sherlock lo miró detenidamente. -Qué fue lo que hizo?- preguntó.

-Violó la seguridad del Banco de Inglaterra, la Prisión de Pentonville y la Torre de Londres, pero no se llevó nada. Aunque dejó un mensaje que decía "Vayan por Sherlock" en el vidrio de exhibición de las joyas -explicó John rápidamente- .Después se dejó arrestar sin poner mucha resistencia.

Sherlock le dio la espalda a John sumido en sus pensamientos.

Moriarty...

John vio con aprehensión cómo el detective negaba con la cabeza para sí.

Eso no cambia nada.

Se repitió Sherlock

Prioridades. Hay prioridades...

Pero si Sherlock estaba en lo correcto y después de avisarle a Morfeo sobre el transmisor los Agentes iban por él, dejaría a John lidiar sólo con Moriarty... No... Moriarty no querría jugar con John... Él...

Tanto John cómo Sherlock se sobresaltaron al escuchar la puerta de su departamento abrirse y cerrarse.

Sherlock volteó y miró la puerta de su habitación aprensivamente.

-Es Mycroft -le dijo John tranquilizadoramente, llevándose una mano a la cabeza. Ahora que la sorpresa de ver a Sherlock había menguado, volvía a sentir el dolor de cabeza-, dijo que vendría hacia acá.

Después de intercambiar una mirada, ambos salieron de la habitación.

Efectivamente, el hermano mayor de Sherlock se dirigía hacia ellos. Si Sherlock no lo conociera bien, hubiera dicho que se veía aliviado. Sin embargo sus facciones cambiaron al irse acercando, volviéndose cada vez más frías.

-Sherlock -lo saludó, y sin más le dijo-. Necesito que me acompañes.

John, que se esperaba una contestación mordaz por parte del detective, se sorprendió cuando éste le respondió. -De hecho, Mycroft, necesito hablar contigo.

Mycroft Holmes levantó las cejas e hizo una seña con su cabeza. -Tengo un coche esperando abajo.

-No pienso ir a ningún otro lugar -dijo Sherlock tajante, dirigiéndose a su sillón en la sala-. Necesito hablar contigo ahora. ¿Te importaría, John?

John alzó las cejas, y pasó su mirada de Sherlock a Mycroft, y de nuevo a Sherlock. Había empezado a negar con la cabeza cuando Sherlock añadió- ¿Por favor?

-Eh... claro- dijo y se retiró a la cocina.

-No hay nada comestible ahí, a menos que quieras otro par de sándwiches -le dijo Sherlock en voz alta- Ve al café de la esquina. Necesitas comer bien y dormir un rato.

John entró a la habitación mirando a Sherlock sospechosamente.

-¿Quieres que salga a comer?-

El detective levantó las cejas inocentemente.

-¿No tienes hambre?- preguntó. Cómo si estuviera sincronizado, el estómago de John gruñó audiblemente.

-Sherlock... -le dijo John en forma de advertencia. En serio no estaba de humor para otro de sus trucos.

Sherlock se limitó esbozar una media sonrisa. Mientras Mycroft se acomodaba resignado en el sillón frente a su hermano. Después de soltar un resoplido el Doctor salió, cerrando la puerta tras de sí. Aún no sabía qué estaba planeando el detective, pero lo tranquilizó un poco que no estuviera sólo en ello. No importaba la difícil relación que tuviera con su hermano, Mycroft siempre estaría ahí para ayudarlo.

Ya en el café, lo primero que hizo John fue mandarle un mensaje a Lestrade, comunicándole la buena nueva de que Sherlock había aparecido ileso en el departamento.

Cuando regresó sin embargo, no se encontraban ni Sherlock ni Mycroft en el 221B de la Calle Baker, pero encontró que con un estómago lleno y un par de días sin dormir no podía preocuparse mucho.

Soltando un suspiro, y casi arrastrándose a su habitación se acostó en la cama, gastando sus últimas energías en mandarle un mensaje al detective.

[Más vale que estés aquí cuando despierte]


Una vez que se hubo retirado el doctor, y se escuchó la puerta de la calle cerrarse Sherlock se dirigió hacia Mycroft.

-No puedes dejar, bajo ninguna circunstancia, que Moriarty le haga daño a Jonh Watson.

Mycroft alzó las cejas. Demasiado sorprendido para replicar. Sherlock aprovechó su silencio para ponerse de pie. -Es todo lo que tengo que decirte- dijo, dirigiéndose hacia la puerta.

Mycroft frunció el entrecejo confundido. Sherlock odiaba pedirle favores, o reconocer ante él sus debilidades. Y ahora estaba haciendo ambas cosas sin pensarlo dos veces.

Moriarty está detrás de su abducción. ¿Y los ataques de la Secretaría de Defensa?

-¿Tan seguro estás de tu inminente fracaso, hermano mío? -le preguntó, sin dejar que su preocupación se viera reflejada en su tono de voz.

Sherlock se volvió hacia él.

-Es un seguro- le dijo y abrió la puerta.

Mycroft se puso de pie, por una vez asustado. Una emoción que sólo Sherlock pudo haber percibido en su rostro tenso.

-No puedo dejar que te vayas, Sherlock -le dijo lentamente-. Y lo sabes.

¡No importa lo que te haya dicho, o con lo que te haya amenazado, sabes que puedo ayudarte!

-Puedes retenerme, Mycroft, pero eso sólo complicaría las cosas -le dijo, y después de cruzar una última mirada con él cerró la puerta tras de sí.

¿Qué fue lo que te dijo? ¿QUÉ FUE LO QUE TE DIJO?

-Maldición -murmuró Mycroft sin darse cuenta. Sacó su teléfono celular y le llamó a su asistente.

-Pon todos los ojos en Sherlock- le ordenó.


Sherlock se alejó lo más rápidamente que pudo de la calle Baker, de lado contrario al Café donde estaba John. Se dirigió hacia el parque Regente, donde había menos cámaras de seguridad que pudieran ser controladas por su hermano.

Sacó un teléfono de su abrigo y marcó.

-Sherlock -lo saludó la grave y acompasada voz de Morfeo.

Pero el detective lo interrumpió antes de que pudiera seguir hablando.

-La comunicación no es segura, tengo un transmisor -dijo y colgó.

Después de haber hecho la llamada pensó en que quizá hubiera sido mejor irse a un lugar dónde no hubieran tantos niños. Quizá todavía estaba a tiempo de irse a un callejón oscuro a esperar que fueran por él. Pero el teléfono volvió a sonar casi inmediatamente. ¿Quizá había hablado muy rápidamente y no lo habían entendido?

-Morfeo...

-Tranquilizate, Sherlock.

-Me pusieron un...

-Relájate. No pueden escucharnos.

-Pero...

-Esos transmisores son sólo para ubicar tu posición en la Matrix, y detectar cuando alguien de afuera se te acerca. Pero no pueden escuchar lo que dices.

Una ola de alivió le recorrió todo el cuerpo. No había notado lo tenso que estaba hasta ahora.

-Bien- dijo respirando hondo-. Entonces todo sigue igual.

-No del todo -Morfeo dudó un poco-. Si los agentes ya te tienen bajo su radar no podemos dejarte mucho tiempo más dentro de la Matrix. Te están usando como carnada, pero si nada pica el anzuelo...

-Entiendo...

-Lo siento, Sherlock... Debieron ir por ti...

-Justo después de que habláramos por teléfono.

Hubo una pausa mientras ambos se sumían en sus pensamientos.

-¿Cuánto tiempo? -preguntó Sherlock finalmente-. ¿En cuánto tiempo me sacarán de la Matrix?

-En cuanto encontremos a alguien de la resistencia. Mientras no tengamos energía no podríamos ir por tu cuerpo.

-Morfeo... yo... Cuando me inyectaron el transmisor hubo un momento en el abrí los ojos y no podía ver nada. Todo estaba rosa y borroso. Me dolió todo mi cuerpo, pero no lo podía mover. No podía respirar. Duró muy poco, pero lo sentí real.

Hubo otra pausa.

-Fue real. Dime Sherlock, ¿cuándo fue la última vez que dormiste?

-Casi acabo de despertar. Después del "interrogatorio" me dieron algo para dormir.

-¿Y la última vez que comiste?

Sherlock frunció el entrecejo. -Anteayer. ¿Crees que me estoy despertando sólo?

-¿Sientes hambre o sueño?

-No.

-No sé si vayas a llegar a despertarte sólo, Sherlock. Espero que no. Pero al menos inconscientemente no estás aceptando el programa. No sientes hambre o sueño por que tu proyección mental no necesita comer o dormir.

Cuando se hizo patente que Morfeo no iba a añadir nada más, Sherlock tomó la palabra -Necesito saber Morfeo, con lujo de detalle, ¿qué me pasará cuando despierte?

-Tu cuerpo se encuentra conectado a máquinas que te mantienen con vida, en un líquido viscoso que se asemeja a una placenta. Nosotros te despertaremos, y las máquinas te desecharan, lanzando tu cuerpo por las cañerías. Nosotros te sacaremos de ahí, y pasarás cuatro meses aproximadamente en recuperación.

-Oh. No suena muy alentador.

-En éste momento es tu única opción.