Prólogo

El sol de la tarde se colaba por la vaporosa tela que cubría la ventana, lo suficientemente abierta para mantener fresca la habitación. La luz daba un tono naranja cálido al rosa pastel que adornaba las paredes, brindando un torrente de emociones al inerte color, en sintonía con la atmósfera que podía distinguirse en el interior.

Artemis gruñó incómodo, sintiendo un rayo de luz directamente en su cara. Estiro sus extremidades, desperezándose sobre la acolchada superficie de la cama, con cuidado de no rasgar con sus garras el edredón.

El felino abrió un solo ojo, de un vibrante color azul, que se fijó de inmediato en las figuras silenciosas de las cuatro chicas frente a él.

-Ya era hora de que despertaras...-Le reprendió una voz mandona a su lado.

Luna lo miraba punzante con sus grandes ojos castaños. Era la clase de mirada iracunda que solía dedicar a las chicas cuando hacían algo inapropiado así que intentó hacer caso omiso al reproche que podía ver en ellos.

-Lo siento, la patrulla de anoche se extendió bastante y no dormí lo suficiente- Sonrió a manera de disculpa. Luna negó con la cabeza y aparto la mirada, fijándose en la ventana, como hipnotizada por el fácil ondear de las cortinas con el viento.

Había aceptado la excusa, eso era obvio. Artemis intentó no sonreír. No iba a admitir a su compañera, con el riesgo a ser tachado de holgazán, que la cama de Usagi era mil veces más agradable que el cesto en el que solía dormir cuando se encontraba en la habitación de Minako.

Pensando ahora en las chicas, era extraño el inusual silencio que inundaba el cuarto.

Normalmente, las sesiones de estudio que organizaban eran únicamente un pretexto para poder estar juntas un rato más, en una situación que no implicara un nuevo peligro para la tierra. Y aunque Ami de verdad las obligara a estudiar un rato durante el día, siempre terminaban tendidas en el piso, riendo, regularmente a costa de las dos rubias del grupo.

La pequeña joven, de cabello corto azulado, estaba justo frente a él. De no ser el rápido movimiento de sus ojos tras las gafas y el frecuente cambio de página que provocaba en el grueso tomo en sus manos, juraría que había quedado congelada en su sitio.

Su concentración parecía inmensa, lo bastante para ignorar el ocasional quejido de Makoto, a su derecha, borrando constantemente con la punta de su lápiz las respuestas de su cuaderno de ejercicios. De vez en cuando suspiraba y miraba de reojo a Ami, pero sin el valor de distraerla para que la ayudara con sus problemas.

Artemis intentó sonreír pero un bostezo interrumpió su gesto, el cansancio todavía presente en su cuerpo. Con pereza se dejó caer de nuevo, esta vez sobre su lomo observando de cabeza el rostro serio de Rei.

La chica parecía casi desinteresada en lo que estaba leyendo, mordiendo ligeramente la punta de su bolígrafo de forma inconsciente. Ella sintió su mirada y sus ojos violetas se clavaron en él. Fue cuestión de segundos en que le dedicara una breve sonrisa señalando con su pluma en dirección a su derecha.

Artemis supo entonces la causa de tanta calma.

Usagi respiraba profundamente a un costado de la mesa, abrazada a una enorme almohada rosada y balbuceando las incoherencias de sus sueños entre intermitentes ronquidos.

Artemis dejó vagar su mirada por el piso hasta llegar a Minako, notando sus piernas extendidas y su cabeza recargada en las piernas de Rei, su rostro escondido detrás de una revista. Casi podía adivinar su expresión emocionada ante cada nuevo rumor que leía.

Era una sorpresa verla tan inusualmente tranquila.

Tal vez tenía que ver la posición en la que se encontraba (solía ver sus revistas boca abajo, con las piernas en constante movimiento), o que su compañera de cotilleos se encontraba inmersa en el mundo de los sueños.

Sin embrago, Artemis sabía que esa paz no duraría mucho más. Bastaba con que la joven rubia terminara o perdiera el interés en la revista para que se quejara de lo aburrida que estaba. Rei entonces le reclamaría que se pusiera a estudiar en lugar de estar perdiendo el tiempo. Usagi despertaría, uniéndose a la batalla que estaría por comenzar. Ami finalmente saldría de su trance para intentar tranquilizar a las chicas y Makoto viendo la oportunidad perfecta, se ofrecería a preparar unos bocadillos para terminar esa reunión tranquilamente.

Era casi como una rutina, pero siempre se sentía como algo nuevo sucediendo entre ellas.

Como si sus pensamientos hubieran invocado a un poder superior, vio que Minako bajaba su revista, con una sonrisa enorme plasmada en su cara, para terminar arrojándola sobre la cabeza de Usagi, en una variación de como suponía iba a despertar.

La joven en el piso se sobresaltó, parpadeando confundida y cuestionando con un suave "¿Mamo-chan?" lo que había pasado.

-¡Ahora si conseguiré novio!- Exclamó la rubia de la nada, estirando sus brazos, con cuidado de no golpear a Rei quien ignoró su arrebato.

-¿A qué viene eso?-Cuestionó Makoto curiosa con una media sonrisa, levantando la mirada de sus complicados deberes.

-¡Mira en la revista!-Indicó emocionada. Fue Usagi quién tomo el infame proyectil y buscó entre las páginas algo que indicara el por qué la felicidad de Minako, pero descartó la labor de inmediato al no estar lo suficientemente despierta para poner atención a las letras. Le tendió la revista a la Makoto, quien rápidamente encontró el artículo que seguramente había llamado la atención de Minako.

-"El paso del Amor: Venus más cerca que nunca".- Leyó en voz alta buscando la aprobación de la rubia quién asintió fervientemente.

-Demasiado predecible...-Masculló Rei, pero ninguna de las dos chicas le hizo caso. Makoto suspiró al terminar de leer.

-Más te vale que sea cierto, Venus-sama…-Comentó la alta castaña con una sonrisa cómplice hacia Minako, quién le guiñó el ojo.

-¿De qué se trata esta vez?- Preguntó Rei. No es que realmente le importara, pero estaba ligeramente irritada de que ninguna se molestara en darle explicaciones. Tuvo que tomar la revista y leer el artículo ella misma, bajo la atenta mirada de las otras. Cuando terminó, lo hizo con un bufido.- Esto es absurdo…

-¡No lo es!-Aseguró Minako- ¡No sucede todos los días que puedas ver al planeta más hermoso tan de cerca!

-Ya lo creo- Contestó Rei, sarcástica.- Pero no veo como eso pueda traer "buena fortuna en el amor" o peor aún, que "La diosa baje a la tierra a reunir a las almas gemelas"

-Bueno… En eso último tienes razón- Aceptó Makoto.- La todopoderosa Diosa del amor ya está aquí y deja mucho que desear.

Minako gruñó. Artemis intentó disimular su risa con una tos francamente falsa.

-¿De qué lado estás Artemis?-Cuestionó Minako. Artemis no respondió cuando Rei dejó escapar una risa sarcástica.

-Eso debería dejarte en claro que eso, son solo mitos.- Continuó Rei, dejando su bolígrafo en la mesa.- No deberías creer todo lo que dicen las revistas.- Le señaló a Mina con una mirada severa, a pesar que el efecto se arruinaba por la implícita burla en su tono.

-Rei-chan, Rei-chan.- Negó Minako lentamente, mirando el rostro de la morena desde su posición con interés.- No puedes afirmar algo como eso si no tienes pruebas, incluso Ami-chan estará de acuerdo conmigo.

La realidad era que Ami no estaba prestando atención a su conversación, demasiado concentrada en su libro, no notando siquiera los gestos con la mano que hacía Makoto intentando llamar su atención.

Rei miró a Minako de forma condescendiente y ella no tuvo más remedio que reír suavemente antes de dar un largo bostezo, dejando por pendiente el tema.

-Uff... Estudiar para el examen, me ha dejado agotada.-Mencionó al aire, pero sus ojos seguían atentos a la morena que le servía de almohada.- ¿No te parece que es suficiente por hoy Rei-chan?

-Te visto hacer todo menos estudiar Minako- Rei cerró en definitiva su libro, sabiendo que era un caso perdido intentar seguir leyendo cuando ya había repasado dos veces el mismo párrafo. Eso le pasaba por inmiscuirse en conversaciones que no le correspondían. Debía haber seguido el ejemplo de Ami e ignorarlas desde un primer momento.

Ante sus palabras, Minako tuvo la decencia de sonrojarse además de inflar las mejillas con enfado. El gesto, sin embargo, quedó en el olvido cuando se acomodó mejor sobre el regazo de la Rei y una sonrisa traviesa adornó sus labios.

-Eres mala Rei-chan, pero… ¿Quién iba a decir que fueras tan cómoda?- Dijo casi ronroneando, lo que provoco que la aludida la fulminara con la mirada.

-¿Hmm?-Usagi ahora seguía la conversación ya un poco más lúcida, tallándose los ojos con el revés de sus manos y sonriendo ampliamente hacia Rei- ¡Oh! yo quiero comprobar eso...

Se movió en dirección a la joven quien con una mirada adusta le indicó que si llegaba a acercarse un poco a ella no iba a llegar a comprobar nada más en su vida.

-¡Mou! ¡Eso no es justo Rei-chan!-Se quejó Usagi captando de inmediato el mensaje.

Artemis sintió a Luna plantarse a su lado. Miraba con atención a las chicas, pero sin decir ni una sola palabra.

-Chicas, no empiecen a discutir por favor...-Pidió Ami, cerrando su libro también. Se retiró los lentes, colocándolos en la superficie de la mesa. Era lógico que después del tiempo que llevaba inmersa en ese libro, estuviese cansada.

-Es mejor dejarlas un rato, Ami-chan- Dijo la castaña a su lado, aprovechando para apartar, lo más lejos de ella, sus deberes. Estiro los brazos tras su cuello y miró con una ceja alzada a Rei, que estaba frente a ella.- Me sorprende que hayan aguantado bastante sin causar escándalo….

-¿A quién te refieres, exactamente?-Cuestionó Rei con una sonrisa forzada ante la indirecta. Como si existiera un universo en que ella fuera la que originara siempre los problemas.

-No empieces de salvaje Rei-chan- Advirtió Mina, tirando ligeramente del oscuro cabello de la sacerdotisa del templo Hikawa. Las largas hebras quedaban justo a la altura de su rostro, sus puntas causándole cosquillas.

- No vuelvas a hacer eso si quieres volver a ver la luz del día.-Se quejó, soltando además un largo siseo.

La aludida solamente sonrió maliciosa ante la supuesta amenaza.

-Bueno, ha sido un largo día el de hoy...-Comenzó Makoto antes de que a Minako se le ocurriera hacer o decir algo que molestara de verdad a Rei.- ¿Qué les parece si terminamos la reunión con una taza de té y las galletas que hornee?

-¡Si, si, SI!- Exclamó emocionada Usagi. Makoto le sonrió amablemente.

-¿Quieres ayudarme Usagi-chan?-Ofreció viendo al instante su rostro iluminarse.

-¡Eres la mejor Mako-chan! ¡Y tus galletas también!-Exclamó poniéndose de pie de un brinco, llegó hasta la castaña para ayudarla a hacerlo también. La joven se dejó guiar de la muñeca por la rubia riendo de buena gana ante la actitud de Usagi. Juntas desaparecieron tras la puerta de la habitación, con sus pasos resonando de forma amortiguada en la escalera hacia la planta baja.

-Más le vale a Makoto que no le permita devorar las galletas... O cargar el té-Masculló Rei.- No sé qué sería peor…

-Sé a lo que te refieres- Intervino Minako, su expresión solemne.- Sería una pena no comer las galletas de Mako-chan, pero no creo que mi mamá me perdone de llegar de nuevo con una mancha verde en mi uniforme….

Rei bufó de manera sarcástica, en señal de que era una de esas escazas ocasiones en que estaba de acuerdo con Minako. Ami negó con la cabeza, pero con una sonrisa traviesa.

-No sean tan duras con Usagi-chan… Tiene días que no la he visto tropezarse…

-Lo cual indica que no debe tardar en hacerlo.- Señaló Minako como si fuera lógico.

- En todo caso, sé que Mako-chan trajo una porción de galletas exclusivamente para ella, así que tanto ellas como el té estarán a salvo.- La morena le dedicó una mirada seria antes de romper en una sonrisa cómplice que fue respondida por una risita reservada de Ami. Todas tenían su propia forma de divertirse a costa de sus compañeras.

Minako observó el intercambio con los ojos ligeramente entrecerrados. Se levantó, abandonando las piernas de Rei y la morena protestó que ya era hora, aunque fue ignorada deliberadamente.

-Nee Ami-chan ¿Cómo es que Rei-chan nunca se porta mal contigo?-Preguntó con intención. La joven de cabello azul lo pensó seriamente, llevándose una mano a su barbilla.

-Debe ser porque ambas somos bastante serias y coincidimos en varias cosas….- Concluyó luego de un par de segundos. Serias, pensó Minako, no era el adjetivo apropiado cuando ambas tenían un oscuro sentido del humor que ella no alcanzaba a comprender del todo.- Además, Usagi-chan y tú siempre están provocándola.- Ami le sonrió traviesamente a Rei y esta rodó los ojos. Minako sonrió rio ante su último comentario, como si se sintiese orgullosa de ser reconocida por eso.

-Deberías aprender a Ami-chan y no deberías provocarme… Quién sabe, podrías estar jugando con fuego- Dijo la morena con una ceja enarcada mientras estiraba sus piernas, ligeramente adormecidas de haber soportado el peso de la chica todo ese tiempo.

Minako la miró fijamente, con una sonrisa inquietante laureando sus labios.

-Pero Rei-chan, yo sé que te encanta que te provoque entre otras cosas… además me queda claro que eres fuego puro-Dijo en un tono sumamente sugestivo que consiguió teñir de escarlata las blancas mejillas de la morena ante lo intempestivo de su declaración

-¡Oh, cállate!- Se quejó Rei, mientras Minako le lanzaba un sonoro beso con la punta de sus dedos.

Ami rio, disimulándolo bastante mal detrás de su mano.

-¡Ah! Eres adorable Rei-chan- Dijo Minako melosa, su lenguaje corporal indicando que pretendía acercarse de nuevo a la morena quién retrocedió con toda la dignidad que pudo hasta quedar a un costado de Ami.

-¡Aléjate!

Artemis negó con la cabeza ante los juegos de la joven rubia. Entonces observó a Luna, esperando que de un momento a otro impusiera un poco de orden en la habitación. Pero la gata no estaba prestando atención a las chicas.

Su mirada ausente continuaba fija en la ventana, cuyas cortinas parecían fantasmas, incitándola. El felino, extrañado de que el escándalo que estaba causando Minako -ahora insinuándosele a Ami- no consiguiera liberarla de su trance, se acercó un poco más a ella y la rozó con su pata delantera.

-¿Sucede algo, Luna?-Le cuestionó Artemis con suavidad para no sobresaltarla y no llamar la atención de las jóvenes.

Luna parpadeó un par de veces antes de fijar sus cálidos ojos miel sobre él y bostezar profundamente.

-No, me parece solo estoy un poco cansada- Miró de reojo a la ventana- Mientras tu dormías estuve vigilando que no hicieran nada raro…

Fue ese el momento que Minako escogió para lanzarse sobre Rei y sobre Ami quienes de un momento a otro se habían visto agazapadas contra la puerta, buscando resguardo.

El peso de la rubia las hizo quejarse de forma exagerada provocando la indignación de Minako, para luego reír abiertamente desde su posición. Está de más mencionar que Rei no encontraba divertido que las otras dos hubieran terminado encima de ella.

-Claro, me distraigo un segundo y es cuando las cosas suceden.- Masculló Luna condescendiente. Artemis sonrió culpable. -¡Chicas! ¿Quieren hacer el favor de comportarse?- Dijo Luna finalmente, en un tono más resignado que asertivo.

Ami se disculpó de inmediato mientras Minako continuaba riendo un tanto histérica al tratar de levantarse y tenderle una mano a Rei para placar un poco la mirada cabreada que le estaba lanzando.

La puerta se abrió de repente debido a la llegada de Makoto y Usagi. El impulso de la puerta, le dio un golpe en la cabeza a la sacerdotisa, quien masculló algo acerca de que no podían ser más descuidadas.

Makoto se disculpó por tan abrupta entrada, no midiendo la fuerza al haber abierto con su pie. Artemis, notó que sus manos sostenían una amplia bandeja con cinco tazas de té y las galletas en el centro. Usagi no enterándose de nada, seguía con un incesante monólogo relacionado con algo que había visto en la tele, devorando galletas de su propio plato cuando se detuvo de pronto, notando lo calladas que estaban sus compañeras.

-¿Ha sucedido algo interesante? Están extrañamente…- Lo pensó un poco al notar la enorme sonrisa de Minako, el rostro sonrojado de Ami y la apariencia desaliñada de Rei a lo cual sonrió malévolamente- Como siempre.

Minako le guiñó un ojo, alzándole el pulgar en señal de misión cumplida.

La más alta de las chicas rio y colocó la bandeja en el centro de la mesa, que Ami rápidamente se ocupó de despejar; más por consideración a los libros que Makoto, si tenía que ser sincera.

-¿Cómo siempre?-Inquirió Rei con los ojos entrecerrados. Makoto solo amplió su sonrisa y la morena bufó con fastidio. Recuperando un poco de su orgullo, se sacudió el uniforme y se volvió a sentar en el mismo sitio de antes, con el perfil alzado indicando que no estaba de humor para más juegos.

Usagi, saliendo de su propio mundo, se sentó a un lado Rei, devorando tantas galletas como pudiera. Minako hizo un puchero al ver que le habían robado su sitio y no obstante, su orgullo fue más grande y se sentó de inmediato a un lado de Makoto para impedir que Usagi fuera la única que acaparara la comida.

-No puede ser que solamente comiendo puedan estar tranquilas…-Anunció Luna en un suspiro, causando las risitas culpables de la mayoría de las chicas aunque la queja iba directamente sobre Usagi.- Pero si es lo único que funciona, espero que continúen así el resto de la tarde.

-Eso es imposible… Al ritmo que van, la comida se terminará antes de que sea la hora de irse.- Indicó Artemis divertido al ver la competencia que habían comenzado Minako y Usagi, respecto a quién podía comer más galletas en menor tiempo. Luna negó con la cabeza, y ante la mención del anochecer no pudo si no lanzar una mirada de soslayo a la ventana, por la cual y tras las cortinas, se podía apreciar tres cuartos de una esfera pálida, con un matiz rojizo que auguraba una Luna clara y brillante una vez el cielo se tiñera de negro.

Artemis siguió la ruta de su mirada y cuestionó una vez más.

-¿Segura que todo está bien?-Musitó casi en su oído causando que un escalofrío recorriera a su compañera. Está suspiro cansinamente.

-Confieso que no he podido dormir en las noches… Por más que lo intento no consigo conciliar el sueño.- Dijo un tanto apenada.- También he estado preocupada que desde el incidente de Galaxia no hemos vuelto a ver un Youma… Me preocupa que esta paz termine súbitamente y que ellas no estén preparadas cuando eso suceda.- Repuso mirándolas atentamente.

Ami reprendía a ratos a Minako y a Usagi por su holgazanería; haber estado perdiendo el tiempo toda la tarde, sin haberse molestado en abrir siquiera un libro.

Makoto no decía nada porque ella tampoco había adelantado mucho de los deberes y le lanzaba miradas nerviosas a Rei, quien sonreía con suficiencia, en esa actitud que en una primera instancia la hacía parecer inaccesible y soberbia. Pero en realidad no tenía intención de echar más leña al fuego, aún si disfrutara -solo un poco- del sufrimiento de las chicas que eran el calvario de su existencia.

Artemis continuó.

-Pensar en la guerra en tiempos de paz. Tienes toda la razón en estar preocupada, sin embargo creo que ellas están listas para afrontar lo que sea que venga, tan solo por conservar momentos sencillos como este. Debemos tener fe o de lo contrario, estaríamos fallando como sus guardianes.- Dijo mirando directamente a Minako. A todas las protegería por igual siempre, pero con la rubia tenía una conexión especial, de la misma forma en que Luna tenía con Usagi.

-No eres tan denso como aparentas, Artemis- Dijo la gata con una sonrisa calmada, un gesto inusual en ella. Y a pesar de que su comentario fuera un tanto malintencionado, no era más que una forma para ocultar el centenar de cosas que le hubiera gustado decirle.

Un brillante color carmín tiñó las mejillas de Artemis, además de provocar una risita nerviosa. El sonido fue remplazado por un maullido de sorpresa al ser levantado repentinamente para ser apresado firmemente por un par de brazos delgados. La sensación era demasiado familiar.

Era Minako.

Luna también se había visto alzada por Usagi, aunque con mayor delicadeza que la otra rubia.

-¿Qué sucede? Luna me quiere más de lo que Artemis te quiere a ti- Le sacó la lengua, riendo triunfalmente.

-No sé cómo pretenden demostrarlo de esa manera.-Intervino Rei con cansancio, siendo descaradamente ignorada. Makoto se encogió de hombros en su dirección como diciendo 'si no hay remedio…'

-¡Rei-chan tiene razón, eso no es suficiente!-Exclamó Minako.- Artemis me deja cargarlo como yo quiera ¿Ves?

Minako lo cargó boca arriba como si se tratara de un bebé, a lo que el gato suspiro de alivio ante lo brusco que había sido el movimiento.

-No hagas esas cosas de improviso…-Le dijo en un murmullo resignado.

-Jejeje lo siento Artemis- Dijo Mina, sonriéndole.

-Ni se te ocurra hacer lo mismo Usagi- Advirtió Luna al ver las mejillas infladas de la chica en respuesta al reto. La rubia se quejó abiertamente y esa fue la señal de su derrota. Minako hizo su famosa señal de Sailor V mientras Artemis aprovechaba para escabullirse de sus brazos, aterrizando con elegancia en la cama.

-Chicas, detesto arruinar el momento pero ya es bastante tarde…- Señaló Ami, al notar que de un momento a otro, los tonos cálidos de la habitación se iban ensombreciendo de a poco.

-Lo cual es la señal para que nos marchemos- Sintetizó Rei, mirando de soslayo el reloj despertador, a un costado de la cama de Usagi.- Además, mañana ustedes tienen examen.

-¡Reiiii-chan! ¿Tenías que recordármelo?- Se quejó Usagi, derrotada.- Es tan injusto…

La morena le iba a espetar que de todas formas, se lo recordara o no, no había estudiado nada. Si no lo dijo, fue porque Makoto se le adelantó.

-No te preocupes Usagi-chan, después de todo pasado mañana ya es sábado- Rei la miró condescendiente al haber hecho un comentario demasiado evidente y en absoluto un consuelo. Claro que tratándose de Usagi, eso le valió un abrazo apretado a la joven castaña.

-¡Definitivamente eres la mejor Mako-chan!

Rei negó con la cabeza y comenzó a guardar sus libros en su mochila, imitando a Ami quien ya casi terminaba.

Pronto, el unido grupo ya se encontraba en el patio frontal de la casa de Usagi, donde el viento fresco de la noche revolvió sus cabellos a manera de despedida.

La luz de las farolas brillaba con palidez por encima de sus cabezas mientras comenzaban a extrañar el calor que colmaba el hogar de los Tsukino.

-¿Seguras que no quieren quedarse a cenar?- Preguntó por décima vez la princesa de la Luna al despedirse una a una de sus amigas.

-Muchas gracias Usagi-chan, pero ya hemos causado bastantes molestias a Ikuko-san viniendo a comer...-Se disculpó Ami de forma general, recordando también, no sin cierta vergüenza, el escándalo que habían montado al final de su "reunión de estudios", mientras bajaban por las escaleras.

-¡Pero ya habrá otra ocasión Usa-chan!- Dijo Minako optimista, agarrándose al brazo de su compañera.- Además, podemos ir de compras mañana-Le guiñó un ojo. Usagi quien de inmediato aceptó la propuesta.

-Me parece una gran idea- Dijo Makoto con una amplia sonrisa.- ¡Cuenten conmigo!-Fue su turno de ser agobiada por las chicas que no cabían en sí de la emoción.

-Hn... Mañana no podré ir- Comenzó Rei, siendo interrumpida de inmediato por las tres jóvenes.

-¡¿Y por qué no?!

Rei alzó una ceja ante la objeción.

-Tengo labores que atender en el templo. Es diferente faltar por estudiar que solamente por gusto ¿Saben?- Saboreó con satisfacción ver sus rostros avergonzados de saber que ellas habían perdido el tiempo, en trivialidades y durmiendo.

-¿Qué les parece si lo discutimos después?-Propuso Makoto- Tenemos tiempo en la mañana para convencer a Rei de que se relaje por una vez en su vida…

-¿Disculpa? Esto se está volviendo personal Kino - Mencionó Rei con el ceño fruncido y una sonrisa retadora. Makoto también respondió a su gesto, admitiendo que Minako tenía razón en decir que era sumamente fácil molestar a Rei.

Ami carraspeó ligeramente, atrayendo la atención de todas antes de que se desatara una batalla entre ambas guerreras.

-Chicas… Es hora de irnos.- Dijo simplemente. Rei la secundó despidiéndose con un gesto de su mano de Usagi y dándose media vuelta. Minako tomó del brazo a Rei por sorpresa, también respondiendo a la joven rubia con una señal de victoria.

-¡Nos vemos mañana!- Gritó Usagi, agitando su mano con energía, observándolas alejarse juntas, como todo un equipo.

Era extraño, pero esa sencilla imagen la hizo sonreír tontamente. Makoto, con su mochila colgando sobre su hombro y con ese andar despreocupado, platicando con la siempre accesible Ami, que apretaba su portafolio firmemente contra su pecho, como si quisiera proteger sus libros del irreverente frío nocturno.

Rei se encontraba tras Makoto y colgada de su brazo izquierdo una hiperactiva Mina no dejaba de comentarle más sobre los artículos que había leído en esa revista nueva. Lo bastante audible para que Usagi se enterase también. Las vio desaparecer, a lo largo de la calle en cuyo final se encontraba el punto donde todas se separarían, mientras discutían lo insustancial que era leer revistas de moda…

-Deberías entrar ya o pillarás un resfriado. -Le avisó su padre desde el marco de la puerta, distrayéndola.

-¡Ya voy!

Todavía le faltaba despedirse de Artemis, quién le deseo suerte para su examen de mañana. El pobre se quejó que Minako era una desconsiderada por haberlo abandonado y salió corriendo tras de las chicas, esperando alcanzarlas antes de que cada una fuera por su camino. El cariño que le tenía a su protegida era más que evidente al no querer dejarla sola en el regreso a casa.

Usagi vio distraídamente su pelaje blanco desaparecer en la oscuridad de esa noche aún joven.

-¿Qué estas esperando?-Cuestionó Luna suavemente cuando notó que no tenía verdaderas intenciones de entrar.

-Nada, solo pensaba…- Respondió vagamente. Luna estuvo tentada a cuestionar en qué, pero no lo hizo porque era evidente a juzgar la sonrisa que adornaba su rostro, esa que conseguía vencer cualquier obstáculo y daba esperanzas a sus compañeras.

Su corazón ardió al ser consciente de lo afortunada que Usagi se debía de sentir de que finalmente habían alcanzado la paz por la que siempre habían luchado.

-¿No has estado ansiosa todo el día esperando una llamada? Ya casi es la hora…-Le recordó la gata, sorprendiéndola visiblemente. Usagi la miró con agradecimiento apurándose al interior de la casa. Entró corriendo, tropezando al intentar zafarse los zapatos con rapidez y dando de bruces contra el suelo.

-Torpe...-Masculló su hermano al verla tendida en el piso antes de adentrarse en la sala para ver la televisión. El rostro de Usagi se llenó de indignación.

-Ya me las pagaras Shingo- Se levantó, tallando con suavidad su nariz que había recibido el impacto contra el piso.

-Deberías tener más cuidado…-Le susurró Luna, procurando que su voz no se proyectara más allá de donde se encontraban.

-¡No puedo evitarlo! -Exclamó alegremente la joven rubia.- Además no quiero que mi papá sea quien conteste el teléfono, ya sabes cómo se pone cuando se trata de Mamo-chan….- Con cuidado de no ser vista, tomó el teléfono de la mesilla de la sala y subió corriendo a su habitación. Por obras de la casualidad, el teléfono comenzó a sonar nada más al cerrar la puerta. Usagi soltó un gritillo de emoción, lanzándose sobre la cama en un acto desesperado, con una agilidad que pocas veces Luna le había visto.

-¡¿Mamo-chan?!- La mirada azul de Usagi se encendió ante la sola mención de su amado, quien del otro lado de la línea seguramente tenía una expresión similar a la vivaz de la joven. La distancia finalmente había dejado de ser una herida constante entre ellos y ahora la aceptaban como una prueba más de que su amor estaba destinado a superar cualquier inconveniente.

Su guardiana negó lentamente con la cabeza y miró de nuevo hacia la ventana donde la luna brillaba pálidamente en su último cuarto visible. La animada discusión que Usagi mantenía en el teléfono la hizo desear con todas sus fuerzas que momentos como esos duraran, porque no tendría el corazón de volver a verlas sufrir por una inminente batalla, como las que habían vivido en los últimos años. Pidió un poco más de tiempo antes que el futuro se les viniera encima como un deslave sobre sus vidas. No más, nada más de lo que tenían en esos momentos era suficiente.

Rezó a la que en un tiempo fue su hogar y al gobernante cuyo espíritu permanecía en ese reino en ruinas, que se le permitiese poder seguir cuidando de todas ellas, ahora que todo lo malo era parte de un pasado que no volverá.

'Si tan solo eso fuera posible…'