Capítulo I

'Por supuesto. Tú prioridad siempre ha sido tu misión ¿Cierto? Por eso la traje aquí, porque sabía que tú y tú sequito la seguirían como lo haría un perro, aunque...- Una risa cruel resonó, abarcando la tensión del ambiente- Hipócrita.- Escupió con lentitud.- No eres más que una mentirosa... No te atrevas siquiera a negarlo porque ambos sabemos la verdad: En realidad siempre has odiado esto... Siempre la has odiado a ella…'

Luna despertó abruptamente, luego de escuchar claramente un grito casi agonizante que le perforó los oídos y le heló la sangre. El corazón le latía fuertemente contra su pecho y tuvo la seguridad que podría despertar a Usagi de un momento a otro.

Afortunadamente sólo era una pesadilla. El grito había sido tan electrizante que temió por un segundo que se tratase de la joven rubia. La miró. Dormía tan profundamente que un delgado hilo de saliva escapaba de una de las comisuras de su labio, concentrándose poco a poco en su almohada. Y aunque era absolutamente todo lo contrario a como debía ser una futura reina, la imagen más que molestarle, le provocaba un inmenso alivió.

-No ha pasado nada…- Susurró, sintiendo el cansancio pesar en sus ojos. Pero no podría volver a dormir. Llevaba acarreando varias noches de insomnio y ahora, con la impresión que se había llevado, no le quedaban ganas de intentar conciliar el sueño.

De cualquier forma, el sol comenzaba a asomarse a través de la ventana, iluminando lentamente la habitación. Ikuko-san no tardaría en venir a despertar a Usagi para que fuera a la escuela.

Su predicción se cumplió un par de minutos después, en que la señora Tsukino entrara a remover a una Usagi que solo se envolvía más en las cobijas, que la resguardaban del fresco matutino, ante la insistencia de su madre. La joven rubia, luego de una pelea breve por permanecer dentro de la cama, finalmente salió, bostezando ampliamente y limpiándose el rostro con la manga de su pijama.

-El desayuno casi está listo- Le dijo su madre en un tono que podía parecer casi resignado.- No tardes mucho en bajar.- Le advirtió, con una sonrisa. Usagi se sonrojó ligeramente pero asintió, despidiendo a su madre cuando salió de la habitación.

-Ahhh… Buenos días, Luna-Saludo cuando notó la mirada reprobatoria de su guardiana ante sus hábitos. La ignoró, como casi todos los días.- ¿Has dormido bien? Te vez cansada…

-No es nada.- Le aseguró.

-¿Segura?

-Segura- Espetó, rodando los ojos.- Deja de buscar excusas y prepárate para ir a la escuela…

-¡Mou! Me has pillado- Admitió Usagi con una sonrisa que rápidamente se desvaneció y comenzó a desvestirse, arrojando sin querer su pijama por encima de Luna.- ¡Oops! ¡Lo siento!

-Siempre eres tan descuidada…-Le reprochó la gata, saliendo de entre la ropa.- Me imagino que en la escuela debes ser peor, con lo malas que son tus notas.

Usagi terminaba de abrocharse la falda de su uniforme cuando le lanzó una mirada indignada.

-Te equivocas.- Dijo con una seriedad inusitada que consiguió descolocar a Luna.- Para tu información, mis notas han mejorado desde que me siento al lado de Ami-chan.- Las comisuras de sus labios temblaron ligeramente y Luna no cabía en sí de lo descarada que podía llegar a ser.

-¡Has estado copiándole!- Afirmó, a lo que la rubia tuvo la sensatez de parecer un poco arrepentida.

-Solo fue una vez… ¡Pero era historia! ¿Cuándo voy a necesitar eso, de todos modos?- Se quejó, antes de que Luna pudiera decirle cuándo iba a necesitarla, observó su reloj despertador. Abrió los ojos desmesuradamente, corriendo a alcanzar el aparato y agitarlo con energía.- ¡Imposible! ¡Ya se me hizo tarde!- Se dio media vuelta, mirándose en el espejo con horror.- ¡No me he peinado todavía!

-¡Deja de escandalizarte y termina de una vez!-La regañó, notando que de la desesperación, la chica era incapaz de sostener el cepillo. Era un caso perdido. No entendía por qué si su madre la despertaba a tiempo todos los días, Usagi siempre se las arreglaba para salir siempre con prisa. Suspiró pesadamente, una vez más tendría que correr a la escuela.

Y esta vez estaba demasiado cansada para acompañarla…


-¡Ami-chan! ¡Rei!- Minako se acercó corriendo hasta donde se encontraban sus compañeras, agitando su brazo en señal de saludo. Rei rodó los ojos ante sus escandalosos hábitos y Ami le dedicó un modesto "buenos días", como era costumbre.- ¿Listas para ir de compras?

-Falta todo un día de escuela antes de que eso pase. Y te recuerdo que no voy a ir…- Señaló Rei, pero Minako ya la estaba ignorando, completamente concentrada en Ami que se removía incómoda bajo el escrutinio.

-¿Qué hay de ti, Ami-chan?-Cuestionó la rubia, con una sonrisa envidiable. Ami suspiró, sintiendo tener que decepcionarla.

-Yo tampoco iré….- Admitió luego de un ligero carraspeo.- Mi madre llegará temprano hoy y le gustaría que comiéramos juntas…

-Oh, bueno, ya será en otra ocasión.- La sonrisa de Minako flaqueó un poco, pero entendía que eran raras las ocasiones en que la Doctora Mizuno y Ami podían pasar tiempo juntas, como madre e hija. Le apretó el hombro a la pequeña genio quien sonrió ante la comprensión de Minako, agradeciendo que no insistiera en ese tema.

La rubia miró de reojo a Rei y soltó un sonoro '¡Hmp!'

-¿A qué viene eso?- Inquirió la morena, con el ceño ligeramente fruncido. En ese momento llegó Makoto, por detrás de Rei a quien Minako se le lanzó, apretándole el brazo con el que sostenía su mochila.

-A que eres mala, Rei.- Dijo Minako indiferente, todavía abrazada de Makoto. La castaña miró con compasión a Rei y se encogió de hombros dando a entender que ella no sabía a qué venía la actitud de la rubia.

-Ya te dije que tengo trabajo que hacer en el templo…-Comenzó a recitar cuando la rubia la interrumpió con un gesto de su mano. 'La muy…'

-Lo sé.- Dijo cortante, pera luego romper en una sonrisa agridulce.- Pero no refería a eso…

La morena no estaba de humor para descifrar de qué demonios hablaba Minako, cuando Ami le señaló discretamente por encima de su cabeza. Rei levantó la mirada y no vio nada excepto un cielo totalmente despejado. ¿Qué esperaba, que encontrara iluminación divina? Probablemente no, pero fue algo parecido lo que ocurrió cuando una idea la atravesó como rayo.

'Claro, tenía que ser algo así de absurdo…'

-¿Sigues enfadada por lo del artículo?-Minako respondió con un nuevo 'Hmp'- ¡Supéralo, no era tan importante!

-No lo es para ti…-Puntuó Minako cada sílaba. Parecía genuinamente resentida. Parecía.- Por que no es tu planeta al que ponen en tela de juicio. ¿Marte? Pff…

-Estas siendo infantil Minako…-Dijo Rei, de verdad no queriendo iniciar una nueva discusión como la que tuvieron antes de despedirse el día anterior.- El tránsito de Venus es un evento… digno de ver, pero de ahí a pensar qué eso puede traer verdadera suerte en amor… -Frunció el ceño. 'Son tonterías' ¿Quién puede creer en eso?' omitió decir lo que de verdad pensaba, suspirando pesadamente- No sé porque tenemos que discutir por algo que salió en una revista absurda.

Minako bufó indignada, aunque solo era una fachada. En realidad ella tampoco creía demasiado en ello. ¿Por qué iba a hacerlo? Ella era la Diosa del amor en carne y hueso. No tenía por qué creer en mitos infundados. Tal vez solo era la nostalgia, de poder ver a su planeta original en una ocasión tan rara, o tal vez solo eran las ganas de pelear con Rei las que evitaban que su orgullo cediera.

O tal vez…

-Rei-chan tiene razón.- Dijo Ami, causando una sonrisa satisfecha en Rei. Si quieres ganar un argumento asegúrate de tener a la Senshi de Mercurio de tu lado- No vale la pena discutir por ello… ¿Qué les parece si mejor vemos el evento juntas? Así comprobaremos si algo hay de cierto en lo que dice el artículo.-Sonrió, con una intención que dejaba en claro que tenían que aceptar la tregua y dejarse de niñerías.

-La última vez que estuvimos en un evento como ese… ¿No coincidió con la llegada del Circo Dead Moon?- Intervino Makoto con expresión pensativa.- Tal vez deberíamos estar preparadas para lo peor.-Terminó en broma. Rei a su lado la fulminó con la mirada.

-¿Te das cuenta que acabas de maldecirnos?-Masculló.

Por su parte, Minako no se inmutó ante el comentario de la joven castaña. Con un guiño discreto a Ami, encaró a Rei irguiendo su espalda para quedar su altura, siendo que la morena era apenas un par de centímetros más alta por los zapatos altos que utilizaba para ir a la escuela.

-Ami tiene razón, El evento será el próximo viernes así que ¿Iremos?- Dijo tendiendo una mano a la morena, con aparente renuencia. Rei rodó los ojos nuevamente, pero aceptó el gesto. La mano de Minako se ciñó sobre la suya con más fuerza de la requerida y vio muy tarde la sonrisa triunfal en sus labios.- ¡Es una apuesta entonces!

-¡H-hey! ¿De qué hablas?- Intentó zafarse, pero Minako era más fuerte de lo que aparentaba.

-De comprobar si es verdad lo que dice el artículo.- Dijo como si fuera obvio.- Si consigo novio después de eso tú harás lo que yo quiera… Lo mismo aplica en el caso contrario, que obviamente, no va a suceder.

'¿Con que esas tenemos eh?'

-Oh, trato hecho.- Aseveró Rei, apretando su agarre con más fuerza, respondiendo al reto de la rubia. Sabía de antemano quien iba a ganar.

-Eso no es lo que yo tenía en mente…- Musitó Ami. Makoto negó con la cabeza. En realidad esperaba que la cosa terminara en algo como eso.

-¿Perdonada?-Cuestionó Rei, aparentando fastidio cuando en realidad sus labios portaban una media sonrisa. Minako le guiñó un ojo.

-De momento querida Reiko, de momento…-Se soltaron en una competitiva aversión, aunque en sus ojos brillaba la diversión anticipada de lo que iban a cobrar como premio.

-Usagi llega tarde de nuevo.- Dijo Makoto, mirando su reloj de muñeca, una vez las cosas se calmaron.- Tendremos que irnos sin ella…

Rei chascó la lengua.

-Otra vez.- Masculló. Minako río ligeramente.

-Usagi-chan no será la única que este en problemas por llegar tarde al examen si no nos apresuramos.-Apuntó Ami, un tanto renuente de abandonar a su princesa, pero la verdad era que no había remedio.

-¡Nos vemos después! ¡Prometo llamarte en la noche para contarte todo lo que pasó, Rei-chan!-Dijo Minako, ignorando el 'No es necesario' clásico de Rei. Makoto le dio un par de palmadas en la espalda y Ami se despidió deseándole suerte también a ella, aunque fuera la única que no rindiera examen ese día.

-No te atrevas a reprobar- Le advirtió a Minako cuando ya se iban alejando a lo que la rubia dibujó una cruz sobre el sitió donde se encontraba su corazón en señal de promesa.

Rei las vio alejarse lentamente, antes de dejar escapar el aire que no sabía estaba reteniendo en sus pulmones.

Miró el camino a su derecha, donde podía divisar ya las instalaciones de la T.A Private Girl School. Su escuela. Frunció el ceño ligeramente, tan inmersa en sus pensamientos, que no notó a una joven rubia pasar corriendo a su lado y despedirse de ella.

Resignada a recorrer el último tramo hasta su destino en mitad de un extraño vacío, comenzó a avanzar bajo la atenta mirada de todas sus compañeras, tanto de su clase como de las inferiores. La curiosidad impresa en su escrutinio.

Apretó los dientes ¿No podían meterse en sus propios asuntos? Sabía lo que se decía de ella en los pasillos. De ella y su grupo de amigas, a quienes nadie dentro de esas instalaciones veía con buenos ojos. ¿Qué más les daba lo que ella hiciera?

Decidió ignorarlas como todos los días, entrando en su papel de alumna ejemplar, inalcanzable. Lanzó una mirada dura a un grupo de chicas que sabía pertenecían a su club de fans, callando sus cuchicheos con respecto a lo cambiada que estaba Hino-sama y los rumores que había sobre un conflicto con las hermanas.

-Escuela insulsa…- Murmuró con fastidio, escuchando el molesto repiqueteo de sus tacones sobre el piso de mármol. No entendía por qué era cada vez más molesto soportar la reprobación de sus compañeras de escuela.

Lo que sí sabía, es que era proporcional a lo difícil que era ver marchar a sus amigas en una dirección opuesta a la de ella…


-Entonces solo quedamos nosotras tres…- Musitó Makoto, caminando despreocupadamente entre Usagi y Minako, ambas chicas distraídas observando el panorama con expresiones cansinas.

-Se siente un poco extraño.- Admitió Minako.- Pero hay que divertirnos… Por Ami, por Rei… Ambas están ahora en un lugar donde las necesitan más que nosotras.

-No lo digan como si hubieran muerto.- Dijo Usagi, aunque con una sonrisa.- ¡Hay que comprarles algo!

Las otras dos chicas aceptaron la idea, decididas a buscar algo para sus dos compañeras ausentes.

Aunque sin éxito alguno.

Siendo viernes, el tránsito por las calles no era escaso y el sol todavía brillaba sin misericordia por encima de sus cabezas, en una esfera perfecta en mitad del despejado cielo azul, sin ninguna nube revistiéndole para que no ardiera tanto en sus mejillas enrojecidas.

-¿Qué les parece si pasamos por un helado?-Propuso Minako, resoplando acalorada y abanicando un poco de aire con su mano. No llevaban demasiado tiempo recorriendo la ciudad y ella ya estaba cansada y sudando.

-Me has leído el pensamiento…- Dijo Usagi con un puchero.- Juró que moriré si no tomo algo realmente frío.

-Vamos, por aquí…Conozco un lugar que es realmente bueno- Indicó Makoto, arrastrando al par de rubias que no ya no tenían ganas de caminar.

Llegar a la heladería fue un alivio para todas, desde el ambiente fresco del local hasta el techo que las protegía del despiadado sol. Pidieron su orden con entusiasmo, uno que solamente las cosas dulces podían inducir.

-Sinceramente no puedo más…- Dijo Minako, un poco fastidiada.- De pronto es como si estuviéramos caminando por las calles del infierno… ¡Y todavía no encontramos nada para las chicas!

-No exageres Mina-chan. Ya en menos de un par de horas comenzará a atardecer. - Dijo Makoto con una sonrisa ante su dramatismo.- Respecto al regalo, me temo que nuestra búsqueda ha sido por demás desafortunada.-

-Además que Usa-chan terminó gastando todo su dinero en ese nuevo manga.- Puntualizó Minako con una sonrisa burlona mientras recibía de manos de la castaña un cono con una enorme bola de helado de vainilla, de un color pálido y cremoso que prometía un paraíso de sabor.- Eso reduce nuestras opciones.

-No pude evitarlo, era una gran oportunidad.- Se disculpó Usagi quien ya comenzaba a devorar su helado tres veces del tamaño de los de las otras dos.-Además tú fuiste la que me convenció de comprarlo.-La señaló acusadoramente, fallando en su intimidación al tener la boca cubierta de helado.

Minako rió con ligereza.

-Sailor V es irresistible, hermosa, inteligente y hábil…. ¿Cómo podía no dejar que lo compraras?- Les guiñó un ojo en señal cómplice. La verdad es que estaba sorprendida que el manga aún continuara en emisión. Después de todo, la guerrera enmascarada llevaba un par de años sin aparecer en público.

El helado se terminó con más rapidez de la que hubieran deseado, sobretodo en el caso de Usagi. Ahora las tres caminaban arrastrando ligeramente los pies, desprovistas del ánimo con el que habían llegado hace varias horas, como si se hubiera evaporado por el calor. Fue hasta que pasaron frente a una enorme cafetería que una de ellas reaccionó.

La vitrina del lugar atrajo como si de un imán se tratara la vista de Usagi, hipnotizada por colores y texturas de una gran variedad de pasteles. No obstante no tuvo tiempo de asaltarla de inmediato, por que Makoto le señaló la tienda contigua, donde vendían artículos para repostería.

-Se me ocurre que ya que no encontramos nada para las chicas y no tenemos suficiente dinero, podríamos hornearles unos pastelillos especiales.- Dijo la castaña sosteniendo a Usagi por los hombros.- ¿Les parece buena idea?

-Nada como los postres de Mako-chan…- Dijo solemnemente Usagi, aunque su mirada se desviaba inconscientemente en dirección a los pasteles.

-Pero necesito moldes nuevos… ¿Me ayudarías a escoger algunos, Usagi-chan? También tengo una nueva receta de galletas que me gustaría probar- La implícita promesa de que le hornearía algunas a ella fue suficiente para distraer la rubia de su objetivo.

Minako sonrió con malicia ante la forma en que la castaña manipulaba de manera tan fácil a su princesa.

'Tratándose de dulces...'

-Tú también eres mala, nee Mako-chan- La más alta de su grupo le sonrió, llevándose un dedo a sus labios para que guardara el secreto. Si no hubiera dicho eso, probablemente Usagi las hubiera arrastrado al interior de ese lugar y asaltado lo que quedaba en sus bolsillos.

Con el cielo tiñéndose de rosa, las tres se abrieron paso hasta el local que Makoto había señalado.

Una campanita sobre la puerta anuncio su entrada, siendo recibidas amablemente por una pequeña mujer entrada en años. La castaña les indicó un largo pasillo en el que estaban colocados los moldes, pidiéndole a Usagi que escogiera algunos ya que confiaba en su buen gusto.

La princesa, atrapó a Minako por la muñeca y la arrastró junto con ella para que también le ayudara. Mientras, Makoto hablaba con la dependienta sobre unos encargos que al parecer había hecho con anterioridad.

-Ten cuidado Usagi-chan, podrías tirar algo...-Le advirtió Minako, al ver que a su amiga le costaba trabajo disimular su emoción.

-No puedo evitarlo- Contestó la rubia, con sus vibrantes ojos azules observándola por medio del reflejo de unos moldes para pan, notando con diversión la forma en que estos distorsionaban el rostro de Minako.- Mako-chan es asombrosa...

Minako agitó su cabeza sin remedio.

-Está bien... Entonces ¿Qué te parece este?-Dijo tomando entre sus manos unos simples cortadores en forma de corazón. Usagi los rechazó de inmediato arguyendo que eran demasiado ordinarios.

-Hmp... ¡Estos son perfectos!-Dijo con un par de moldes con forma de la cara de un conejo, similar al que Usagi solía traer de llavero.

-Me parece que esos tampoco...-Dijo Minako triunfalmente dejándolos de lado, provocando un puchero en la otra rubia.

-¡¿Por qué no?!-Se quejó.

-Ara... Porque si yo que soy la incomparable diosa del amor no puedo llevar un par de corazones- Hizo una pose que intentaba ser sensual, pero que fallaba a causa de la risa que amenazaba salir de su garganta.- No veo como el conejo de la Luna pueda salirse con la suya...

-¡Eso es injusto!-Usagi bufó, un sonrojo cubriendo parcialmente sus mejillas- Eres peor que Rei-chan...

-¡Ouch! No es para tanto U-sa-gi -Dijo Minako fingiéndose herida, pero con una sonrisa traicionera en sus labios.

-Solo alguien tan malvado como ella se burlaría de mi nombre...-Empezó Usagi cuando el rostro de Mina palideció de pronto. Sus ojos celestes se abrieron desmesuradamente y se encontraban perdidos en algún lugar tras Usagi.

-¡R-Rei-chan! ¡Creí que estarías en el templo!-Balbuceó consiguiendo que Usagi se sobresaltara. La rubia princesa dio un brinco, golpeando con su codo una pila de moldes para panecillos a su derecha, causando un sonoro estrépito.

-¡No quise decir eso Rei-chan...!-Usagi busco frenéticamente con la mirada a la estoica morena pero solo vio a lo lejos las miradas reprobatorias de la dependienta y alguno que otro cliente curioso.

Minako rompió en carcajadas.

-¡Mou!- Usagi se moría de la vergüenza, tanto de haber caído en la trampa de su Minako, como por el escándalo provocado.- ¡No es divertido Mina-chan!

-¡C-claro que lo es!- La rubia se presionó el estómago con fuerza.- ¡No pensé que lo fueras a creer, ni que le tuvieras tanto miedo a Rei!

Usagi tuvo la dignidad de no responder a eso.

Cuando el ataque de risa de Minako terminó, entre las dos comenzaron a recoger los utensilios derribados sin mencionar nada de lo sucedido. Fue entonces cuando notaron que no estaban solas, si no que junto a ellas, un joven estaba ayudándolas.

Usagi dio un codazo mal disimulado a Minako, quien siendo más discreta que su compañera, lo vio por el rabillo del ojo. Estaba en cuclillas, pero se notaba bastante alto, quizás tanto como Makoto. Desde esa posición solo podía notar su perfil, la nariz recta y el desordenado cabello color caoba bloqueando parcialmente sus ojos castaños.

Minako tuvo que resistir suspirar. Pocos chicos guapos eran tan atentos…

El desconocido sintió que estaba siendo observado y las miró directamente ofreciéndoles una media sonrisa. Usagi y Mina se sobresaltaron sintiendo cada una la temperatura elevarse en su rostro.

-¡Muchas gracias!-Dijo Minako un poco más emocionada de lo que hubiera querido cuando el joven le tendió una pequeña pila de moldes perfectamente ordenada.

-No ha sido nada...-Contestó poniéndose de pie, ofreciéndoles a ambas cada una de sus mano para ayudarlas a levantarse. No paso desapercibido para Usagi la mirada embelesada con la que el joven observaba a Minako. Sus compañeras podían pensar lo que quisieran, pero ella no era tan distraída como podía parecer a veces.

-Estoooo... ¡Voy a enseñarle esto a Mako-chan!-Dijo Usagi sacudiéndose casualmente la falda de su uniforme, cogiendo el molde del conejo. Antes de darle la espalda al chico, le guiñó un ojo a Minako quien no pudo evitar sonrojarse ante lo obvia que estaba siendo Usagi.

-Jajaja...-La líder de las Senshi rió nerviosamente.

-Tu hermana es un poco...torpe- Mencionó el joven con cautela, cuando un nuevo estrépito se escuchó en la tienda, donde Usagi al querer escapar había provocado que un tazón le cayera en su cabeza.

-Eso me dicen todo el tiempo...- Respondió Minako sin desmentir el hecho de que Usagi no era su hermana. Podría ser de utilidad en un futuro.

Él le sonrió nuevamente. Minako sentía una flecha de Cupido clavarse en su corazón con cada sonrisa que le iba dedicando.

'¡No saldré de aquí sin haber acordado una cita!'

-¿Buscabas un molde para galletas?- Cuestionó, sacando a Minako de un trance en el que ya planeaba el momento de presentárselo a sus padres.

-Err…Sí, pero no he encontrado alguno que me agrade...

-¿Qué te parece este?...-Tomo entre sus manos un cortador, casi abarcando toda el área de la palma de su mano, con cinco puntas equidistantes que parecían brillar bajo las tenues luces del establecimiento. Era una estrella.-Es sencillo, pero creo que te va bien…-Se revolvió nerviosamente el cabello.

La rubia sintió que eso era el destino que le estaba compensando tantos años de fracasos en las relaciones. Por supuesto que una estrella era la opción adecuada: representaba su estatus como protectora de la galaxia y además su sueño de llegar a ser una Idol reconocida.

Lo tomo entre sus manos asegurándose de rozar con la punta de sus dedos la piel del chico quien se sonrojo ligeramente.

-Es perfecto, gracias… otra vez.- Le respondió con una sonrisa de medio lado, en un intento por parecer seductora, pero no tanto. Ese juego estaba ganado.

-Oye... sé que apenas nos conocemos pero –carraspeó nerviosamente- ¿Te gustaría salir alguna vez?- Preguntó sin poder mirarla a los ojos revolviéndose de nuevo el cabello en lo que parecía ser un hábito que Mina encontraba atractivo.

'Bingo'

-Oh, es demasiado atrevido, pero… ¿Por qué no?- Respondió deseando estar en su casa de una buena vez para poder bailar de la euforia que sentía. Hasta ahora se había resistido, tratando de no verse tan desesperada.

-¡Excelente!-Dijo finalmente mirando con sus brillantes ojos castaños a Mina.- ¿Podemos salir el próximo sábado? Nos veríamos en la tienda de música cruzando la calle… Claro, sólo si tú quieres.-Rió- Sin presión.

¿Cómo iba a poder negarse?

-Es una cita entonces ¿A las dos de la tarde?-Dijo Minako en el tono más casual que se pudo utilizar. El chico le sonrió de nuevo, aceptando el acuerdo. Luego, como si hubiera recordado algo importante, miró en su reloj de muñeca suspirando con hastío.

-Lo siento, pero me tengo que ir.- Lucía genuinamente renuente a dejarla. Tomó del piso un par de bolsas de papel que había dejado de lado por ayudarles- ¿Podría saber tu nombre antes?-Pidió.

Mina se lo planteó solo una milésima de segundo.

-Creo que sería más interesante si lo dejamos para nuestra cita.- Dijo misteriosamente, pero con una sonrisa que prometía no era por otra razón más que para jugar un poco.

-Supongo que sí- El joven se sonrojó de nueva cuenta.- Entonces me despido... Procura que su hermana no haga más destrozos. He escuchado que la dependienta tiene un genio bastante voluble-Dijo con una sonrisa cómplice, avanzando hacia la salida.

A Minako le hubiera gustado que besara el dorso de su mano o su mejilla en símbolo de despedida para completar su fantasía de un perfecto caballero. Pero bueno, no se podía tenerlo todo...

-¡Mina-chan! ¡No puedo creerlo!-Llegó brincando Usagi, bajo los regaños de la dependienta que amenazaba con sacarlas si la rubia volvía a tirar otra cosa.

-¡Yo tampoco!-Exclamó de vuelta, tomando las manos de su princesa entre las suyas, brincando emocionadas.- ¡Es tan lindo!

-Yo no alcance a mirarlo.-Suspiró Makoto, también acercándose a ellas.- Pero sí que tienes suerte Mina-chan...

La rubia les sonrió.

Finalmente, Makoto pagó las diferentes cosas que había encargado, el cortador en forma de estrella y por capricho de Usagi, también el que tenía forma de conejo. Minako estaba que no cabía en sí de tanta felicidad mientras caminaban de regreso a la estación del tren.

-Y bueno... ¿Cómo se llamaba?- Preguntó Makoto.

-Hmm... No se lo pregunté.- Usagi y Makoto la miraron incrédulas. Minako les hizo un gesto conspirador para que se acercaran más, lo suficiente para poder susurrarles- Pero me lo dirá en la cita que tendremos este sábado.

-¡No puedo creerlo!-Exclamó Usagi, repitiéndose, con una sonrisa de lado a lado.

-Estoy celosa.-Dijo Makoto, aunque sin ningún trazo de envidia en su voz.

-Ya era hora que algo como esto pasara.- Dijo Usagi, sus ojos del color de los zafiros brillando con excitación- Ojala que esta vez sí tengas suerte Mina-chan, luego de tantas oportunidades... ¡Espera que Ami-chan y Rei-chan lo sepan! Imagino que se arrepentirán de haber dudado de la Diosa del amor… ¡Oh! ¡Podríamos tener una cita doble cuando Mamo-chan regrese…!

Una extraña sensación comenzó a inundar lentamente el pecho de Minako mientras escuchaba el monólogo de Usagi, casi como un ruido de fondo.

Era melancolía pura.

Ser recordada de forma tan inocente, tan sincera, sobre su desesperada e inútil búsqueda por el amor verdadero, dolía.

¿De qué servía ostentar el título de Diosa del amor cuando no era más que una forma de hablar? Su vida pasada, su historia, sus encaprichamientos, todo negaban su identidad. Las tempranas traiciones a sus emociones, el llegar a sentir algo por sus enemigos, la indiferencia que los chicos mostraban ante ella por ser escandalosa y enérgica -asustándolos con su vibrante personalidad- y aquellos, cuyo corazón ya pertenecía irremediablemente a otra persona.

Ya se lo habían advertido: El amor le sería negado por toda la eternidad.

'Ace…'

Su última predicción sobre ella, hasta ahora no había sido menos que acertada. Recordaba esa mirada platina clavada en sus ojos, la realidad de que jamás podría amarlo como quisiera plasmada en ella. No había dolor, ni siquiera decepción. Únicamente existía una resignación por demás aprehensiva.

"El amor te será negado siempre...Ahora puedes vivir sin atormentarte al decidir entre el amor y tu deber. Tú continuarás peleando por toda la eternidad." Su imagen se desvaneció en su cabeza, siendo una escena evitaba revivir a toda costa.

'Jamás abandonaría a mis amigas, no importa qué...' Rebatió al fluido susurro que comenzaba a llenar su cabeza, pero lejos de ser la voz de Ace era una muy parecida a la suya.

"Mentirosa..."

Probablemente jamás daría la espalda a aquellas personas a las que había aprendido a amar con todo su corazón... Pero tampoco podía negar el constante deseo de compartir algo como lo que tenían Usagi y Mamoru. Serenity y Endymion.

Aún si no existieran lazos del destino o un reino futuro de por medio; solo quería poder sentirse abrigada entre los brazos de su persona amada, sentir esa devoción, esa necesidad de pertenecer a alguien fuera de ella.

'Daría lo que fuera...'

¿No era injusto? ¿Esa ironía de ser la reencarnación de Venus y estar maldecida por un destino que no le pertenecía? ¿Qué su Princesa tuviera todo lo que siempre había deseado, mientras el resto de ellas tenía que seguir pagando el precio del pasado?

'Pero Serenity y Endymion sacrificaron todo por estar juntos...' Despreciar eso, sería también negar que fuera capaz de comprender el amor.

Sacrificar todo el Reino del Milenio de Plata era un perfecto ejemplo ¿No? ¿Acaso Serenity no tomó su propia vida? A ella no le había importado lo que sucediera con sus amigas, con aquellas que llevaban toda su vida tratando de protegerla de todo mal. El "amor" que sentía por Endymion había terminado por destruir el mundo, sus lazos, su futuro y el de todos a quienes supuestamente también amaba. Una decisión por demás egoísta.

"¿Amor? No me hagas reír…"

-¿Mina-chan?-La llamó Usagi, colocando una mano sobre su frente- ¡Estás caliente! ¿Te sientes mal?

-Llevas rato andando distraída-Añadió Makoto.- Nos estabas preocupando seriamente…

La rubia se detuvo intempestivamente, apartando sin siquiera pensarlo la mano de la otra joven en una reacción un tanto más violenta de lo que podía esperarse. Usagi la miró sorprendida y un tanto herida por la brusquedad del gesto.

Una perversa satisfacción inundó sus facciones al observar como Usagi evitaba hacer contacto con su mirada.

-Estoy bien.- Dijo con la voz un poco ronca y su el ceño apenas fruncido sin saber que estaba pasando.

-Debe ser el calor…- Sugirió Makoto, a pesar que el sol se hallaba más próximo a hundirse en las montañas del oeste. Observó con cierto recelo a Minako quién de un momento a otro no parecía la misma de siempre. Esa actitud era extraña, incluso para sus estándares.

Su explicación, por otra parte, no complació a Usagi, demasiado consternada por su amiga.

-¿Estas enojada Mina-chan? ¿Fue algo que hice o dije?- Insistió en su interrogatorio. Minako sentía que la cabeza le punzaba lenta y dolorosamente.- No tenemos que tener una boda doble si no quieres...

-Todo está bien, Usagi.- Reiteró casi con fastidio, incitándolas a que siguieran avanzando, dejándolas a una serie de pasos por detrás de ellas. Su expresión permanecía inflexible- Makoto tiene razón y debe ser solo el calor... Además ¿No es un poco pronto para pensar en bodas?

Intentó sonreír, pero el resultado fue una mueca extraña. Las otras dos intercambiaron una mirada preocupada. No se atrevieron a alcanzarla de inmediato, limitándose a seguir su solitaria figura.

Se encontraban a pocos metros de llegar a la estación, cuando un repentino ajetreo llamó la atención de las tres.

Las personas corrían en diferentes direcciones, algunas chocando contra ellas, pero todas venían del mismo sitio. Dramáticamente, las farolas de la calle se encendieron en ese momento, ahora que el cielo comenzaba a teñirse de rojo y el violeta se asomaba en los bordes. Al ser viernes por la tarde, no extrañaba la cantidad de gente que todavía andaba en las calles, con sus amigos o familiares.

-¿Un Youma?- Sugirió Minako, girándose para ver que tras de ella. Las otras dos habían hecho lo mismo atrás de ella. Casi de inmediato, se dejó escuchar una serie de disparos que esperaba, fueran al aire. La alarma de lo que suponía era de algún local se desató inmediatamente. Frunció el ceño profundamente y masculló con ironía.- Claro, mi error ¿Cómo no imaginé algo como esto?

-Debe ser la costumbre…-Escuchó que Makoto le respondía cuando el rugido de varios vehículos sonó por encima de toda la multitud que intentaba abrirse hacía los costados de la calle- ¡Vienen hacia acá! ¿Intervenimos o…?

-¡Corran!-Indicó Minako. Era muy tarde para hacerlo y no podían transformarse en plena calle. Sin embargo, su orden fue casi imposible de seguir siendo que el gentío ya ejercía presión sobre ellas.- ¡No se separen!

Fue en vano, había perdido vista de la alta figura de Makoto. Maldijo por lo bajo. ¿De dónde había salido tanta gente?

La sangre se le heló de improviso cuando notó el peculiar peinado de Usagi a unos pocos pasos de ella, cerca de donde terminaba la acera y comenzaba el pavimento, aunque no fue eso lo que la paralizó: Fue ver un carro negro dirigirse sin control donde se encontraba la joven rubia. Al parecer la policía había acertado a una de sus llantas y el asaltante intentaba maniobrar para no terminar volcado o incrustado en alguna pared.

Ya había atropellado a un par de personas y si no hacía algo, Usagi podría terminar igual.

-¡Usagi!-Gritó, a pesar de saber que sería fútil, el vehículo iba demasiado rápido. Por eso, al mismo tiempo corrió en dirección a la rubia sin importarle nada excepto poder alcanzarla, ¿Cómo consiguió esquivar a tantas personas descontroladas? Era un milagro que agradecería eternamente si conseguía salvar a su princesa.

Llegó junto con ella, sin tiempo de notar las lágrimas que inundaban los ojos de su compañera, la manera suave en la que pronunció su nombre o la mirada de terror cuando realizó la situación en la que se encontraba. Usagi reaccionó por instinto, lanzándose junto con Mina a un lado, justo en el momento que el auto pasaba rozándoles por un costado, alcanzando a impulsarlas con más fuerza de la debida. El impacto, Minako se había asegurado de recibirlo ella.

La Senshi del amor cargó con el peso de ambas, aterrizando de forma errónea y torciéndose el tobillo en el proceso, además del dolor punzante en su costado. Soltó un alarido por el dolor y dejó que su cuerpo descansara por completo en la acera.

'Qué inútil...'

-¡Mina-chan!

-Usagi…-Respiró su nombre pesadamente- ¿Estás bien?

-Eso no importa ¿Dónde te ha golpeado?- Minako se llevó una mano a su abdomen.

-Aquí… Pero parece que solo me ha sacado el aire.- Recorrió con sus dedos cada una de sus costillas.- Al parecer no me rompí nada. Sólo… Necesito Respirar.

Usagi se le había lanzado al cuello y su peso le estaba oprimiendo dolorosamente el diafragma. Al escuchar sus palabras, la rubia se retiró de inmediato, pero no soltó la mano de su mano.

-¡Usagi, Minako! –Exclamó Makoto, alcanzando a las jóvenes luego de haberlas perdido de vista. No fue hasta que escuchó los gritos de que un par de chicas habían sido atropelladas que supuso lo peor y la imagen frente a ella, solo reafirmaba su pensamiento.- ¿Qué te paso?

Entre ella y Usagi la levantaron, sosteniéndola en caso de que la chica se encontrara débil.

-Nada grave… ¿Poderes de Senshi, recuerdas?-Dijo con lo que intentaba ser una sonrisa.- No voy a morir solo por haberme torcido el tobillo…- Intentó soltarse para poder andar ella misma. Las otras no lo permitieron, ni pensaban hacerlo, juzgando la expresión incómoda de su rostro.

-No creas que te soltaremos… -Advirtió Makoto.- ¿Quieres que esperemos una ambulancia? Escuché que no tardarán en llegar los paramédicos…

-¿Heridos?

-Algunos... varios atropellados y al parecer un par de personas terminaron en mitad de los disparos…

La impotencia formó un nudo en el estómago, pero se reiteró internamente que no tenía control sobre todo, que la gente moría todos los días sin remedio. Sus compañeras sentían lo mismo, podía ver la misma lucha en sus ojos, la misma carga de saber sólo tal vez, pudieron haber hecho más. No podía soportarlo...

-Será mejor que nos vayamos, hay personas que necesitan atención y mi situación no es la más grave- Dijo claramente, las otras asintieron, intuyendo sus motivos. De nada servía lamentarse ahora. Encaró el rostro preocupado de su princesa con un gesto consternado.- Aún puedo caminar, solo es el impacto lo que me tiene un poco mareada…

Mareada era quedarse corto. Cuando, aún renuentes, sus compañeras la soltaron, lo primero que hizo fue caer al piso sobre sus rodillas, quejándose nuevamente. Minako mordió su labio inferior sintiéndose más inútil aún, maldiciendo internamente el tener que ser una carga cuando ella debía haber estado al pendiente de proteger a Usagi.

-Lo siento Mina-chan…-Comenzó la joven rubia, con un par de lágrimas amenazando con escapar de sus ojos.- Si hubiera estado más atenta…

-No es problema Usagi.- Dijo Minako, tragándose el sabor amargo en su boca.- De verdad, no te preocupes…- Dijo con suavidad, tratando sonreír y fallando en el acto. No obstante, su intención fue auténtica. La otra rubia lo notó y le sonrío brillantemente.- Me alegro que no te haya pasado nada… No estoy tan fuera de forma cómo pensaba-Le guiñó un ojo, ganando una risita de su princesa.

-Vámonos antes de alguien se dé cuenta que tenemos una herida… Esta mal que lo diga, pero yo también creo que lo mejor es no quedarnos aquí…-Makoto la miraba con absoluta seriedad, cuestionándole si de verdad era eso lo que quería. Minako asintió y sin mayores complicaciones dejó que la castaña fuera quien la guiara mientras Usagi cargaba con su mochila y los moldes.

Aparentar normalidad en esa situación era cercano a imposible, pero con todas las personas distraídas en el arresto de los asaltantes no hacía falta preocuparse demasiado por ello.

Esperaron el tren en una estación totalmente desierta. Seguramente los rumores sobre lo que se había visto en los alrededores habrían alcanzado ese lugar antes de que ellas llegasen. Minako se recargó exhausta en el respaldo del banco donde estaban sentadas. Una parte de su orgullo se encontraba herido, pero otra se encontraba satisfecha de al menos haber evitado una tragedia más. La más importante para ella.

-Quién iba a pensar que no se necesitaba un youma para dejar fuera de combate a una Senshi…- Comentó en un suspiro.- Estoy muerta.

-Lo hiciste bien.- Mencionó Makoto con una sonrisa tentativa. Al parecer Minako estaba cada vez más cerca de ser la misma de siempre.

-Lo lamento tanto Mina-chan… Entiendo si estás enfadada conmigo, ahora más que nunca.- Se disculpó de nuevo. Minako no soportaba ver el rostro de Usagi ensombrecido por la culpa cuando la que debería disculparse era ella por la forma en la que la había tratado antes del incidente. No sabía que le había pasado para haber reaccionado antes como lo hizo, pero se prometió compensarla.

-Deja de preocuparte Usa-chan, tengo una idea que te va a hacer sentir mejor ¿Quieres escucharla?-La rubia asintió.-Si no queremos ser sorprendidas de nuevo, vamos a tener que entrenar de vez en cuando. Puedo comentárselo a Artemis para que nos asesore.

Makoto aprobó la idea de inmediato.

-Me parece bien- Dijo Usagi con una ligera sonrisa que no duró demasiado. De improviso su expresión se volvió pensativa.- ¿Eso quiere decir que tendremos que cambiar nuestras sesiones de estudio? Porqué no creo haberlo hecho bien en el examen de hoy, aún y con los apuntes de Ami-chan… Ahora sin estudiar… No quiero imaginarlo….-Dijo, lamentándose.

-Encontraremos un tiempo Usagi-chan, no hay necesidad de preocuparnos aún por los exámenes que aún no llegan. –Le aseguró Minako con una sonrisa.- Y tampoco de este… Estoy segura que ninguna conseguirá más de sesenta puntos.- Dijo señalándolas a las tres con desenfado. Makoto se sonrojo, dándole la razón con su silencio.

-No tienes vergüenza Mina-chan

'Jamás, no importa qué…'


Para cuando llegaron a la casa de los Aino, la noche ya abrigaba el cielo con su manto oscuro y las farolas guiaban su camino con un resplandor casi fantasmal. Se detuvieron un momento en la entrada, donde finalmente la Senshi del amor pudo liberar a Makoto de su peso recargándose contra la pared. Usagi le tendió su mochila la cual aceptó con un pequeño asentimiento.

-Gracias por traerme chicas… Hace rato me porte como una niña y nadie merece ese puesto más que Usagi-chan ¿Nee?- Se disculpó con una pequeña broma para aligerar el ambiente tenso que se había cernido sobre ellas parte del trayecto. Lo consiguió junto con un pequeño mohín indignado de la aludida, que rápidamente se transformó en uno resignado.

-¿Avisaremos a Rei-chan y Ami-chan de lo sucedido?

- No creo que haga falta, Rei probablemente no me dejaría escuchar el final de esto si se entera- Se quejó Minako aunque de inmediato pensó en la promesa que le había hecho a la morena esa misma mañana. Descartó sus pensamientos al instante. No tenía qué contarle lo sucedido porque finalmente, no había pasado nada.- Tampoco comenten nada a Luna, lo más probable es que le dé una apología o algo por el estilo...

-Creo que quisiste decir apoplejía...-Dijo Makoto. Minako sonrió.

-Eso, exactamente. Qué quede como un secreto entre nosotras.- Extendió su brazo. Tanto Makoto como Usagi colocaron sus manos sobre la suya en señal de compromiso.

-Bueno… Siendo así, creo que es mejor que nos vayamos, seguramente tus padres también deben estar preocupados.- Comentó Makoto a Usagi, no queriendo que Minako continuara más tiempo de pie solo porque eran incapaces de decirse adiós apropiadamente. - Te acompañó a tu casa.- Tampoco iba dejar a Usagi sola, compartiendo el sentimiento en una mirada de entendimiento con Minako, quien agradeció la iniciativa.

Usagi aceptó la compañía la castaña, despidiéndose de Minako con renuencia. Makoto le sonrió una última vez a la rubia antes de desaparecer de su vista por completo.

Mina hubiera deseado poder haberlas invitado a pasar la noche, cenar juntas, hablar más sobre su inminente cita y compartir un poco de lo que acababan de vivir… Las necesitaba más que nunca y no podían estar juntas. Conociendo a su madre eso era una batalla perdida de antemano.

Y hablando del rey de Roma…

-Por ahí se asoma.- Murmuró por lo bajo, frunciendo ligeramente el entrecejo cuando notó la puerta abrirse; la luz del interior de la casa escapando hacia fuera y por esa misma abertura, las facciones duras de su madre.

-¿Se puede saber por qué has llegado a esta hora?- Cuestionó, examinándola de arriba abajo, notando el mal estado de su cabello y su expresión cansada.- ¿Has vuelto a meterte en problemas cierto? Solo espero que ningún policía vuelva a visitarnos Minako…

'Eso sería peor que un youma en navidad…'

-¿Y que estas esperando para entrar?- Le recriminó su madre, haciéndose a un lado como para indicar el camino por el cual tenía que avanzar. Minako avanzó con cautela, buscando apoyarse en los muros. La señora Aino se percato de su comportamiento y su penetrante mirada azul se clavó en el tobillo lastimado de su hija.

-¿Qué te ha pasado?-Cuestionó, acercándose para ayudarla, tomando su mochila y dejando que la chica se apoyara en su hombro.

-Me tropecé y me torcí el tobillo…- Respondió Minako.- No es nada grave, pero me cuesta caminar un poco.

-Eso espero- Musitó con los labios finamente apretados.- ¿Qué vamos a hacer contigo Minako? Seguro has estado corriendo y brincando por ahí… ¿Cuándo te comportaras como una chica normal de tu edad?

-¿Por qué no revisas tu calendario?- Replicó Minako, cansada de que le lanzara cuestión tras cuestión a manera de reproche. No estaba de humor para aguantar las acusaciones de su madre. Antes de que la señora Aino pudiera añadir algo más, en un esfuerzo supremo, Minako se zafó de su agarre y comenzó a subir las escaleras que llevaban a su habitación.

-¡¿A dónde crees que vas?!-Le lanzó la pregunta, esa mujer entrada en años que muchas veces se obligaba a ver como su mamá. Sabía que no se atrevería a subir por muy enfadada que estuviera, siempre renuente a ser ella la que empiece una pelea, pero la primera en querer tener la última palabra.

-A mi habitación… Estoy cansada.- Le dijo, mirándola directamente a los ojos una vez llegó a la planta superior. Su madre pareció tensarse ante la directa afronta y a la seriedad de Minako que no dejaba lugar a mayor discusión.

-¿No cenaras nada? ¿No quieres que llamemos al doctor?- Preguntó finalmente la señora Aino luego de una breve pausa, resignada y un tanto arrepentida de haber sido tan brusca.

-No tengo hambre y no es necesario. Mañana estaré bien.

No siempre conseguía ganarle una batalla a su madre, pero hoy, milagrosamente, había conseguido salirse con la suya. Victoriosa, pero sin sentirse de esa manera, entró a su habitación, escuchando a lo lejos a su padre preguntando por ella.

En la mañana lo compensaría por no haber ido a saludarlo. Algo tenía que ocurrírsele para entonces.

No se sorprendió que en el momento justo de entrar la luz se encendiera de improviso. Sus ojos buscaron inmediatamente el lugar donde estaba el interruptor para toparse con el rostro serio de Artemis

-¿Qué ha pasado? Tu madre ha estado neurótica toda la tarde porque no aparecías-Preguntó el felino.- Creí que le habías pedido permiso para ir de compras…

-No tu también Artemis, dame un respiro.- Se quejó Minako, aunque una pequeña sonrisa sarcástica apareció en su rostro.- Y claro que no le pedí permiso, solo le avisé que llegaría tarde… aunque, bueno, no tan tarde.

Minako se dejó caer en la cama, no importándole que su uniforme se maltratara; finalmente ya mañana sería sábado. Estiró su pierna fuera del borde e intentó mover el tobillo, el cual había aumentado el doble de su tamaño por la inflamación, encontrando que era casi imposible debido al dolor.

-Fue un accidente.- Dijo Minako, mirando con recelo su pie antes de centrar su atención en la mirada preocupada de Artemis.- Hubo un asalto y un coche estuvo a punto de atropellarnos a Usagi-chan y a mí.- Se recostó en la cama, con su nariz apuntando al techo y sus ojos evadiendo mirar directamente la lámpara sobre ella.- Hace mucho que no sentía tanto miedo de lo que pudiera haber sucedido si no reaccionaba a tiempo, así que he pensado que lo mejor sería entrenar de vez en cuando, para estar alerta… ¿Me ayudarías, Artemis?

-Sabes que sí, Minako-Dijo el gato, sintiendo el orgullo inflar su pecho ante la confianza que Minako depositaba en el. Luego miró su tobillo hinchado con preocupación.- ¿Tu pie…?

-Está bien, inflamado, pero bien. Sabes que una lesión como esta para mañana debería estar bien, después de todo, no es la primera vez.- Le aseguró con una sonrisa cómplice. Artemis suspiró.

-Lo sé, pero siempre espero que tengas más precaución… Conozco lo imprudente que eres a veces.- Minako no respondió a eso. Sabía que era cierto. En cambió le sonrió a su consternación y le acarició detrás de las orejas a modo de agradecimiento. Artemis ronroneó. Pocas veces Minako se mostraba tan afectiva con el.

-Cambiando drásticamente de tema, ¿Cómo te fue en la escuela?

-Fatal- Confesó Minako distraídamente ¿Tantas cosas habían pasado en un día? Debía ser una broma- Sinceramente espero que el lunes no me digan que fallé en el examen o se terminaron mis salidas este mes. Ha sido un día difícil, aunque claro, no todo fue tan malo….- Gruñó ligeramente para que luego, lentamente una sonrisa estúpida se formara en su rostro.

-No sé si deba preguntar.- Mencionó Artemis, compartiendo una mirada conocedora con Minako, la cual era una señal evidente que, preguntara o no, de todas formas se lo iba a contar. Claro, no sin un poco de emoción.

-Puedes adivinar si quieres.

-¿Te metiste en problemas y saliste airosa? - Dijo en broma el felino, ganándose una risita de Minako. Si, se había metido en problemas (¡No a propósito!) pero no era a lo que se refería.

-Inténtalo de nuevo.

-No se me ocurre qué.- Se quejó el felino cuando la realización hizo las conexiones necesarias dentro de su cabeza.- Oh no, no de nuevo Minako Aino… ¿De quién se trata?

-Bueno, todavía no se su nombre, pero es un chico que conocí en una tienda… Acordamos una cita el próximo sábado.- Notó a Artemis tensarse.

-¿Apenas lo conoces y ya te invitó a una cita?- El gato frunció el entrecejo, en un gesto bastante cómico en un gato siempre y cuando nos e tratara de Luna. Eso era demasiado aterrador.- ¿Al menos sabes cómo se llama?

-¿Acaso no crees en el amor a primera vista, Artemis? Él fue tan lindo y amable... Nos ayudó a Usagi y a mí sin segundas intenciones.- Sonrió ligeramente- Y Nop, no sé cómo se llama, pero fui yo la que sugirió que no nos dijéramos nuestros nombres hasta el día de la cita ¿No te parece más romántico?

-Me parece irresponsable de tu parte.- Dijo el felino con renuencia.-Pero sabes que yo no puedo prohibirte nada, aunque no está de más decir que confío en tu bien juicio.

-Gracias Artemis.-Dijo la rubia sinceramente.- ¿Crees que esta vez tenga suerte?

-No lo sé Minako, no veo por qué quieres hablar de eso conmigo...- Dijo con reproche aunque un sonrojo teñía sus mejillas. Minako notó su incomodidad y decidió no seguir presionándolo.

-¿Por qué eres mi guardián y te aprecio mucho?-Dijo pícaramente, para que de inmediato un gesto de profunda consternación marcara sus facciones, aún si bien, Artemis no podía apreciarla del todo.- Dime Artemis… ¿Has llegado a pensar que jamás encontrare el amor?

Artemis al principio pensó que esa conversación debería tenerla con alguien como Makoto o Usagi y no con el que no tenía demasiada experiencia en asuntos de mujeres. Pero después de esa última cuestión, supo que había algo más de todo ese asunto más allá de consejos románticos. Se acercó más hacia donde estaba la cabeza de Minako, notando su mirada distante en el techo, como inmersa en un pasado no tan lejano. Intuía en que estaba pensando; no era la primera vez que la veía así y no tenía que gustarle en lo absoluto. Detestaba que pensara en él.

-Cualquier cosa que te haya dicho ese tipo no son más que mentiras en un momento de despecho, ya deberías de saberlo.-Dijo con acidez, pero no dirigiéndose a ella, si no al joven de sus recuerdos.- No te tortures más por lo que sucedió.

-No lo hago.- Admitió sinceramente la líder de las Senshi.- Pero tampoco puedo negar que tal vez Ace… Adonis, tenía razón aquella vez.

-Eso es imposible- Negó Artemis con vehemencia- Lo que pasa es que hoy en día los chicos son demasiado err… ciegos como para no notar la maravillosa persona que eres, por dentro y por fuera.- Se sonrojo al final de la frase. Los labios de Minako dibujaron una pequeña sonrisa y también sus mejillas se tiñeron de carmín.

Ambos sabían que no lo decía solo por tranquilizarla, si no que iba en serio: Cada día que pasaba Minako maduraba en una nueva mujer, hermosa, rivalizando con la propia belleza que alguna vez tuvo la propia Reina Afrodita. Incluso en ese momento, con el cabello revuelto y su expresión exhausta; bajo la luz de la lámpara, toda ella parecía brillar bajo una estrella diferente. Ahora más que nunca, Artemis notó lo fino de sus facciones, la longitud de sus espesas pestañas y esos labios, cuya sonrisa parecía decir siempre la verdad aunque no fuera más que una forma de recordarse a sí misma que había cosas por las que valía la pena luchar día tras día.

-Gracias Artemis.- Dijo Minako- Aunque no es sólo eso… Puede que aún no haya conocido al indicado pero si eso llegará a suceder...- Calló un par de segundos, siendo incapaz de formular su pregunta, por miedo o por vergüenza no importaba; era algo que simplemente jamás podría escapar de sus labios. Sería como admitir en voz alta algo de lo que se arrepentiría- Tú estuviste allí, sabes a lo que me refiero…-Dijo finalmente, consciente que Artemis le entendería.

-¿Preferirías entonces amar a alguien a cumplir tu misión?- Minako se volvió inescrutable un par de segundos y fue así, tan de prisa, en que la rubia pareció salir de ese trance, su expresión más relajada y vulnerable. A Artemis no le gustó ver esa transición de emociones, como si de verdad la idea hubiera pasado por su cabeza.

-No es eso Artemis, solo... –Se mordió el labio inferior- Solo me pregunto ¿Qué pasaría si...?

-Mina-chan.- La interrumpió con suavidad antes de que se adentrara en terrenos peligrosos.- Aún te falta mucho por vivir. Esta vida… Es una nueva oportunidad para ti, para Usagi-chan, para todas. Tal vez el destino no ha sido justo hasta ahora, pero eso tendrá que cambiar porque se lo merecen; merecen cumplir sus sueños precisamente por ser quienes son.

Minako resistió la urgencia de aliviar el ligero ardor en sus ojos dejando caer las lágrimas que amenazadoramente se agolpaban en sus ojos. Se levantó lo suficiente para quedar sentada en la cama, tomando a Artemis entre sus brazos y darle un suave beso, sobre la marca de media luna que adornaba su frente.

-Gracias Artemis, otra vez.- Musitó en voz baja, al escuchar las voces de su padre acercarse por el pasillo.- Siempre puedo confiar en ti.

'No es justo… pero no siempre tiene que ser así'

-N-no me lo agradezcas.- Dijo un tanto nervioso.- Después de todo, ¿No soy tu guardián y te aprecio mucho?-Terminó con una sonrisa.

-Es verdad.- Admitió Minako- ¿Qué te parece si apagamos la luz antes de que mamá decida que no está satisfecha con su interrogatorio? Además no nos vendría mal descansar esta noche sin presiones.

Artemis asintió, brincando hacia su canasta en el momento justo que Minako apagó el interruptor junto a la cabecera de su cama. La predicción de Minako fue cierta, puesto que escucharon la puerta entreabrirse y ambos fingieron estar dormidos, casi conteniendo la respiración. Los padres de Minako se retiraron sin querer despertarla y fue solo entonces que la joven rubia volvió a hablar.

-Hasta mañana Artemis.

-Hasta mañana Mina-chan.

El silenció cayó sobre de ellos. Artemis cerró los ojos luego de un largo bostezo y se acomodó a la perfección en su cesta. Su respiración comenzaba a ralentizarse y el silenció comenzaba a inundar sus sonidos cuando la luz se encendió de improviso; y un grito de Minako lo sacó de su estupor. La rubia se notaba nerviosa, mirando la hora en su reloj que marcaba cerca de las once

-¡Le prometí a Rei que la llamaría!-Tomó el teléfono de su costado, encima de su mesita de noche y comenzó a marcar digito tras digito rápidamente- Solo espero que no interrumpa su sueño de belleza o estoy frita…

-Literalmente.- Asintió Artemis antes de acomodarse de nuevo, la idea divirtiéndole.

-Tienes razón…-Dudó. Luego recordó que la morena había dicho que le daba lo mismo si la llamaba o no; además no estaba segura si podría contenerse de contarle la verdad a Rei. Ahora no le parecía una idea sensata dejar a la morena y a Ami fuera del asunto. Colgó el teléfono antes de que pudieran contestar del otro lado y consideró llamarle mañana, cuando hubiera ordenado sus ideas correctamente.- Creo... creo que mejor no me arriesgo, ya habrá otro momento...

'No va a cambiar nunca…' Pensó Artemis antes de que la luz se apagara de nuevo.


Un repiqueteo en su ventana la distrajo de su lectura.

Rei marcó la página en la que se había quedado con un talismán como los que vendían en el templo. Cerró el libro casi con hartazgo ¿Acaso no la iban a dejar terminar de leer? Primero había sido el tono de una llamada que no había alcanzado a contestar y ahora esto…

Sólo conocía un par de personas tan imprudentes como para molestarla a esa hora. Y en caso que no fueran ellas, no iba a dudar en asesinar a cualquiera que se hubiera atrevido a colarse en el templo.

Cuál fue su sorpresa, que al abrir la ventana un par de brillantes ojos carmesí la observaban directamente, como dos únicas joyas refulgentes en la oscuridad.

-¿Phobos?- Cuestionó, enarcando una ceja. De entre las sombras emergió una figura envuelta en plumaje de ébano, que resplandecía bajo la luz del pasillo exterior. El cuervo se posó en el alfeizar de su ventana inmediatamente ante el reconocimiento de su maestra.- ¿Qué sucede?

Por respuesta, su familiar ladeo su cabeza señalando el exterior.

-No esperaras que brinque por aquí…- Se quejó la joven morena. Por respuesta Phobos soltó un corto graznido y extendió sus salas, volando hacia el exterior.

-Más vale que sea importante…- Masculló Rei mientras se encogía lo suficiente para salir por el reducido espacio que dejaba la ventana abierta. De forma un tanto torpe e incómoda fue que finalmente sus pies descalzos se posaron en el piso de madera pulida del exterior. Cerró la ventana, no quería tener que lidiar con que algún mosquito se pudiera colar en su habitación.

-Buenas noches Rei, te pido una disculpa por haberte hecho salir así.-No se sobresaltó ante las palabras, pero ciertamente no esperaba una visita como esa. Se dio la vuelta para notar que por el final del pasillo se acercaba una gata negra, con movimientos sumamente controlados y sus ojos castaños fijos en ella, además de una marca de media luna que parecía brillar con vida propia.

-No te apures, a menos que te moleste que haya salido en pijama…- Dijo Rei en el mismo tono serio de su interlocutora. Luna carraspeó ante el pequeño comentario sarcástico de la joven. Observó de reojo que en un cerezo a su derecha, Phobos se había unido a Deimos sobre una rama y ambas permanecían vigilantes a la escena. 'Qué sobreprotectoras...'

-Necesito tu ayuda, Mars.-La morena frunció el ceño ante la manera en que Luna se refirió a ella, pero no la corrigió. Rei se limitó a recargarse en uno de los postes de madera, cruzando sus brazos en un gesto de atención solemne, habitual en ella.

-Cuéntame.- Exigió con autoridad. Debía tratarse de algo serio si la guardiana acudía a ella específicamente, en vez de convocar una reunión con el resto de sus compañeras. Luna suspiró antes de acercarse hasta quedar a una distancia aceptable de la joven, lo suficiente como para hablar y ser escuchada únicamente por la sacerdotisa.

Tomó aire antes de comenzar.

-No sé cómo explicar todo este asunto, pero seré breve.- Comenzó, algo distraída, según observo Rei, como si intentara colectar sus pensamientos en orden.- He estado teniendo el mismo sueño desde hace poco más de una semana. No consigo recordarlo por más que lo intento, solo escucho voces y un grito que siempre termina por despertarme… Está demás decir que es lo suficientemente escalofriante como para evitar que vuelva a dormir. Francamente estoy preocupada que esto se trate de alguna clase de advertencia y Usagi se encuentre en peligro…

-¿Usagi?-Cuestionó Rei. Luna asintió.

-Una parte de mí está segura que el grito que escuchó es de ella, aunque quisiera creer que es de alguien más…

Rei la escuchó atentamente, notando lo descuidada de su figura por primera vez y el cansancio que se reflejaba en su rostro. ¿Tan impresionante era lo que soñaba como para tenerla en ese estado?

-Los sueños generalmente son manifestaciones del inconsciente, cosas que no sabemos, que en el fondo deseamos, o nos aterrorizan.- Explicó, desviando su mirada violeta hacia el patio, escondido por las sombras de la noche. Su aura se volvió distante, intentando sentir alguna perturbación en el ambiente, pero únicamente conseguía identificar las energías claras de sus acólitos y de Luna- En nuestro caso, soñar nos permite acceder a una parte de nuestros poderes, de nuestro pasado y nuestro futuro.- Su ceño se frunció, meditando cada palabra que escapaba de su boca, recordando todo lo que habían vivido hasta ese momento.- No sería la primera vez que se nos dice de esa manera lo que está por venir, aunque siempre resulta demasiado tarde…

Luna no sabía qué hacer de su explicación, si un consuelo o una sentencia.

-¿Quieres decir que tengo razón en preocuparme? ¿Se trata de un nuevo enemigo?

-Eso no lo puedo saber con certeza, no es a mí a quien los espíritus han enviado su advertencia.-Dijo Rei, mitad enigmática, mitad resignada.- Siento no poder asegurarte nada, Luna. En estos casos lo mejor es seguir tu intuición y esperar. No obstante, puedo intentar hacer una lectura en el fuego sagrado para descubrir algo al respecto...

-Te lo agradecería mucho, Rei- Dijo Luna con cierto alivio.

-No lo hagas todavía, no es seguro que pueda funcionar.- Replicó.- Otra opción sería contactar a Setsuna, pero no se qué tan dispuesta a decirnos al respecto.-Sonrió de medio lado.- Se que no es un consuelo, pero si hasta ahora ella no ha aparecido quizás sea porque esa historia aún no se ha escrito...

Entre ellas no reinó otra cosa más que el silencio hasta que Luna se dijo que era hora de despedirse.

-No debería pedirte esto, pero me gustaría que esta conversación quedara en secreto. No me gustaría preocupar a Usagi también.- Rei se tensó ligeramente. Luna lo advirtió, una señal de la incuestionable lealtad que le tenía a su princesa. ¿Podría ocultarle algo que bien podía costarle su seguridad?- Al menos no de momento, también quisiera ser yo la que se lo comente una vez tenga claro el significado de esos sueños...

La morena no parecía muy convencida cuando aceptó guardar el secreto; no obstante, Luna estaba segura que mantendría su palabra siendo que pidió una única condición:

-Mantenme informada si puedes ver o escuchar más claramente lo que sea que ocurra en tu sueño.

Con esa última petición, Luna le agradeció el haberla escuchado y se disculpó de nueva cuenta por haberla hecho salir de forma tan imprevista, para luego desaparecer en la oscuridad.

-Hn...

Rei se permitió permanecer un par de minutos más en el exterior, inmutable ante la noche fría y el silencio pesado que había permanecido en el lugar. Phobos y Deimos se acercaron a ella, posándose cada una en uno de sus hombros, con la mirada rubí fija en la dirección donde Luna se había marchado. Los observó con cautela.

No era la única que pensaba que todo ese asunto era más extraño de lo que se había dejado a sentir en esa escena tan breve, a juzgar por el recelo que radiaba de sus dos familiares.

-¿Qué puede estar pasando?-Masculló sin obtener respuesta de ambas.

No dudaba que lo que Luna le hubiera dicho fuera verdad. Su consternación era demasiado evidente. Lo preocupante era que ella, al igual que la guardiana, al igual que cualquier Senshi, sabía que sueños como esos solían ser el principio de lo que sólo podía significar problemas...

TBC...