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Fecha de edición: 13/08/2019

Gracias especiales a las chicas de Traducciones vergas por la ayuda y el apoyo!


Prólogo

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"Los gobiernos necesitan ejércitos que los protejan contra sus súbditos, esclavizados y oprimidos."

— Tolstoi.

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Los pasos acelerados, mezclado con sus jadeos, irrumpían en el silencio de aquella fría noche. El invierno había pasado hace poco, aunque permanecía cierta parte en el ambiente. No había donde esconderse; no podía mezclarse entre un tumulto de gente, como hacían en las películas que veía de niña, para lograr escapar.

Agilizó su paso a través de las calles desiertas gracias a ése régimen maldito.

Cerró sus ojos por un momento al sentir un picor leve en ellos, había jurado no llorar por estupideces; sin embargo, los recuerdos de su adorada madre inundaban su mente de tal manera que todo se volvía confuso.

«No llores Sakura, verás que mamá regresará pronto y junto con papá, iremos a donde quieras. Prométeme que serás fuerte hasta ese momento. Además, estaré siempre contigo».

Quitó de manera brusca las pequeñas lágrimas que se habían atrevido a escapar de sus ojos y respiró profundo, tratando de aumentar su velocidad. Podía sentirlos sobre ella, la encontrarían pronto. Después de todo, habían invadido su casa ya que su identidad falsa fue descubierta; pero gracias a una reacción rápida, logró salir entre sus narices.

Rogaba correr con la suerte que nadie tuvo y escapar de ellos. No obstante, sabía que aquello era un sueño difícil de cumplir. En un inicio pensó en ir a la casa de algún otro miembro de la resistencia; pero era demasiado peligroso al estar las calles tan desiertas; era fácil localizarla e ir sin aviso previo con los militares encima era un suicidio ya que, en cuestión de segundos, podían encontrar toda la información y los planes que tenían.

Ella había destruido todo lo que estaba en su poder; la carpeta, llena de información se había quemado con el fuego de la chimenea. Había sido una buena idea dejar los planes plasmados en papel. Nadie podía acceder a esa información de no ser que tuvieran los documentos físicos. El grupo de inteligencia militar era demasiado bueno para arriesgarse a utilizar aparatos electrónicos, pese a que ellos también tenían un buen equipo para ello.

Siguió corriendo escuchando los pasos tras ella. Debía encontrar pronto un lugar para ocultarse o, de lo contrario, la capturarían. Al igual que hicieron con su hermoso país, el cual ahora era solo la sombra de lo que una vez fue.

Todo había sucedido demasiado deprisa; a pesar de que los siglos pasaron armoniosos con un buen emperador; donde todos vivían a gusto y su hogar era fructífero, pero los secretos llenos de crueldad e injusticia salieron a la luz y desde ahí todo comenzó a desmoronarse.

Poco antes de caer al vacío total, los militares se alzaron y tomaron el poder. La familia real murió, y las cosas mejoraron durante unos meses antes de que tocaran fondo. El poder era demasiado. Lo que había ocultado la realeza resultaba absurdo en comparación con lo que estaba pasando actualmente.

¿Libre albedrío?, ¿respeto? Aquello era cosa del pasado aunque muchos no lo vieran así. A lo mejor el miedo o las palabras utilizadas de una manera adecuada, hicieron creer a muchos que lo incorrecto era lo correcto.

Se detuvo en seco tratando de ser lo más silenciosa posible. Los nervios la invadieron de pies a cabeza; algo estúpido, tal vez, pero ¿qué debía sentir? Ella era uno de los principales objetivos que encabezaban la lista negra de su propia nación y sabía que, si la capturaban, todo lo que había forjado hasta ahora se derrumbaría en un abrir y cerrar de ojos junto a aquellas personas que le ayudaron.

Maldijo por lo bajo y se escabulló lentamente hasta un callejón oscuro que había divisado a unos metros. Esperó paciente a que los militares que venían siguiéndole pasaran de largo y le dejarán el camino libre.

—¡Hey, ustedes! ¿Han visto a una mujer pasar por aquí?—preguntó una voz gruesa, haciéndole estremecer.

Estaban enojados, lo sabía, aquello no era para nada bueno.

«¿Qué debo hacer?» Pensó con preocupación antes de reunir el valor suficiente para llamar a la puerta frente a ella. Rogó al cielo para que alguien abriera y le permitiera quedarse por esa noche.

—¿Qué se le ofrece? —preguntó con rapidez la mujer, mientras la miraba de pies a cabeza por la pequeña abertura de la puerta.

—Yo…Necesito que me ayude por favor, déjeme quedar ésta noche, no molestaré y me iré apenas el sol salga —dijo de la forma más suave, solo para que la mujer le escuchara; mientras miraba hacia todos los lados, observando que no hubiera ningún oficial.

—Lo siento, no puedo hacerlo. —Cerró la puerta y apagó las luces.

Maldijo por lo bajo y pensó que todo era culpa de ellos. Era una ciudad tranquila, sin problemas, en la que vivían felices, hasta cierto punto claro. La corrupción del gobierno no era algo nuevo; pero todo aquello era demasiado. Habían llegado al extremo. Todos tenían miedo de ayudar o hacer algo por los demás.

Miró alrededor, buscando alguna manera de abrigarse del sereno de la noche y así poder descansar aunque no fuera del todo cómodo y seguro. Removió unas cajas húmedas para tratar de acomodarse mejor y, sin querer, pateó una lata hacía la pared la cual resonó fuertemente gracias al silencio.

Estaba perdida.

Oyó a sus perseguidores moverse con rapidez para buscarla. Trató de pegarse a la pared como si la vida se le fuera en ello para que la luz de la linterna no le alcanzara; pero fue en vano. Ya la habían encontrado y dado aviso a los demás.

—¡Mi capitán, aquí está la rebelde Haruno Sakura!—gritó a todo pulmón, aun señalándola con la luz cegadora de esa linterna.

—Bien hecho soldado, ahora ¡Tráiganla! —contestó y se aproximaron tres hombres a ella para capturarla. Peleó contra ellos; pero era imposible. La sostenían con fuerza por brazos y piernas, las cuales habían inmovilizado antes de que ella pudiera reaccionar.

«Maldición, no puedo terminar así, no sin dar batalla» pensó, mientras sentía un metal frío rozar sus delgadas muñecas. Era cuestión de vida o muerte y, en ése momento, había decidido pasar sus brazos sobre la cabeza del que le había puesto los grilletes y lo giró, para que quedara cara a cara con sus compañeros.

Apretó la cadena contra su cuello, en forma de advertencia.

—¡Libérenme de estás esposas y déjenme marchar, de lo contrario, lo mataré! —dijo con decisión, mientras aumentaba su fuerza sobre la cadena contra el cuello.

Su rehén luchó buscando oxígeno y los demás hombres restantes le apuntaron con sus armas; pero se mantuvo firme, apretando. Todo había sido tan repentino, que quedo desconcertada.

De pronto, el silbido de un objeto atravesó el aire de manera fugaz mientras el cuerpo del sujeto que había tomado como rehén cayó frente a ella sin mucha ceremonia.

—¿Qué?, ¿cómo puedes...?—. Fue lo único que murmuró al ver el rehén que había tomado muerto a sus pies.

Sin previo aviso, sintió como corría el mismo destino pues la bala impactó en su pierna izquierda y cayó al suelo.

—Ya sabes cómo es esto: Una vida más, una menos. Después de todo lo hacen por su patria. Una manera digna de morir creo yo, además tú no estás en posición para nada Haruno. ¡Vamos! — El militar giró sobre sí antes de que la levantaran del suelo y la tomaran de los brazos para hacerla caminar tras él, sintiendo la sangre correr libre desde su tierna herida.

Si tenía suerte se desangraría antes de llegar a donde sea que la llevaran.

Antes de siquiera terminar de asimilar ése pensamiento, le colocaron una funda de color negro en su cabeza y empezaron a arrastrarla… sin saber bien a donde iría a parar.


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