Mina.

Cuando abrí los ojos me encontraba sola en la cama. No tenía idea de cuánto tiempo había estado durmiendo, pero no debió de ser mucho ya que Yaten había estado conmigo hasta muy entrada la madrugada. El sol se filtraba por la ventana bañándome de luz. Me levanté con un poco de dolor de cabeza y me sonrojé al notar que estaba desnuda bajo las sábanas. Me incorporé cuidando que estuviera sola en la habitación, y cuando lo comprobé me coloqué la ropa que traía puesta el día anterior, me cepillé el cabello, me cepillé los dientes y me limpié la cara. Salí con cuidado de no hacer ruido y me dirigí por el pasillo hasta el vestíbulo y cuando estuve a punto de abrir la puerta escuché su voz.

-A dónde vas.-dijo la voz desde el sillón que daba al gran ventanal.

Me giré lentamente y vi la figura de Yaten fumando un cigarrillo y tomando café. Me acerqué hasta el sillón con lentitud y hablé con voz temblorosa.

-Me voy a casa.

-Tú no vas a ningún lado. No todavía.

-Ya he terminado mi trabajo aquí.

Yaten se puso de pie, apagó su cigarrillo y dejó la taza en la mesita para acercarse a mí. Sus ojos me miraron con cierta ira y rodeó mi cuello con una de sus manos.

-Ayer llegamos a un acuerdo, ¿no lo recuerdas, Venus?

-Me estás lastimando, Yaten, suéltame.

Sentí que su mano se cerraba aún más alrededor y tosí tratando de agarrar aire.

-Quiero que recuerdes muy bien y que te quede bien claro que si yo te quiero aquí, aquí te quedas, y si quiero que vengas a las diez, vas a venir, y si quiero que vengas a las ocho, vienes, y si quiero que vengas en la madrugada, vienes.

Me soltó y agarré todo el aire que me fue posible mientras tosía con fuerza. Me sostuve del sillón y aguanté las ganas de llorar que tenía.

-Por hoy ya puedes irte, me has cansado con tu actitud.

Caminé rápidamente hasta la puerta y antes de salir lo miré. Él aún seguía observándome.

-Feliz cumpleaños, Yaten.

Noté cómo su expresión cambiaba y salí antes de que dijera algo. Prácticamente corrí hasta la calle temiendo que volviera a solicitarme y cuando estuve fuera me encontré con sus guardaespaldas. Uno de ellos me sonrió y abrió la puerta de la camioneta, de la cual salió un hombre de cabello rojizo y entonces recordé a Rubeus. Cuando Rubeus me miró abrió los ojos como platos para después sonreír y acercarse hasta mí.

-¿Mina? ¿Eres tú?-me abrazó fuertemente y yo también lo abracé.

-Rubeus, cuánto tiempo sin verte…

-Pero… ¿qué haces aquí…?-preguntó mirando hacia arriba.

-Yo… no… será mejor que él te explique.-dije.-Yo lo único que quiero es irme de aquí y…

-Descuida.-me interrumpió.-Vete. Ellos te llevarán a donde quieras.

Le ordenó a uno de los guardaespaldas que me llevara, me despedí de él y subí a la camioneta. Durante todo el trayecto miré por la ventana, tratando de contenerme y recordando cada segundo que había pasado con Yaten durante la noche. Lo odié. Lo odié y al mismo tiempo algo dentro de mí se encendió. Recordé cómo me llamaba Venus con tanto desprecio que lo único que deseaba era desaparecer del mundo para siempre. Su mirada cargada de odio y rencor me hizo estremecer, sus ojos verdes ya no me miraban como antes y ahora lucían fríos y calculadores. Cuando llegamos a mi departamento les di las gracias a los guardaespaldas de Yaten y me bajé con cuidado.

Una vez entré a la casa y cerré la puerta me derrumbé sobre el piso y comencé a llorar. Artemis se encontraba en la cocina y cuando me miró corrió hacia mí y se tumbó a mi lado.

-Mina, ¿qué es lo que te sucede? ¿Dónde has estado y con quién?

Me limpié las lágrimas y lo miré avergonzada. Me ayudó a incorporarme y me llevó hasta el sofá.

-Por favor, háblame.-suplicó.-Dime qué es lo que tienes.

-Yaten…-fue lo único que pude decir.

Artemis me preparó un té de hierbabuena y me dediqué a contarle todo lo que pasó. Le dije desde que él era el dueño del club hasta la oferta que me había hecho. Artemis me escuchó sin decir una sola palabra y nos quedamos recostados sobre el sofá.

-Creí que se había ido de Japón.

-Al parecer volvió ayer. Y… no sé qué es lo que tiene en mente. Él puede meterme a la cárcel y…

-Mina.-dijo Artemis.-Él no hará eso. Si quisiera hacerlo lo hubiera hecho hace tres años, ¿no crees? Yaten solo quiere molestarte y hacerte la vida imposible porque cree que así puede vengarse de ti por lo que pasó.

-Si me dejara explicarle…

-Pero no lo hará. Lo que vio es lo importante para él y debes aceptarlo. De cualquier manera hiciste muy mal en hacerle caso a Armand en aquellos días.

-Pero yo no… tengo que explicarle de alguna manera.

-Será mejor que por ahora dejes las cosas como están, él no te va a escuchar y lo sabes.

-Pero él tiene que saber que cuando nos encontró a mí y a Armand yo no quería que eso sucediera. Tiene que saber que Armand me forzó…

-También debería saber que te estaba extorsionando, ¿no crees? Pero quizá aunque lo sepa no quiera creerlo. Yaten te amaba, Mina, como un loco y simplemente no pudo soportar pensar que lo engañaras.

-Pero siempre fui sincera con él. Le dije que yo no lo amaba y que amaba a otro.

-Pero ese otro nunca te amó a ti, quizá tú tampoco lo amaste y solo eran cosas de chiquillos, después de todo tú eras muy joven cuando eso pasó, solo tenías 20 y lo que necesitabas era ayuda para tu familia.

-Sí… pero cuando Yaten se fue y dejé de recibir su ayuda mi madre murió… mi hermana tuvo que irse de la casa y sabe Dios dónde esté en este momento.

-Mina, tienes que ser fuerte. Tú misma me has dicho que necesitas el dinero. Lo necesitas para seguir buscando a Hotaru y para pagar la deuda que tienes con el banco y todo lo que el idiota de Armand te hizo.

-Sí, y voy a seguir con esto. Yaten es la única manera que tengo para poder salir de mis problemas y si tengo que soportar que me humille lo haré. Pero si tan solo pudiera explicarle…

-Ya habrá tiempo.

-Yo no soy ninguna prostituta, Artemis, yo solo bailo… sí… soy bailarina exótica, sí… pero nunca me he acostado con mis clientes, y tanto Kunzite como tú lo saben, y el hecho de que Yaten me trate como tal me hace sentir la peor mujer en el mundo.

-Piensa que Yaten es tu esposo y que a pesar de que él quiera hacerte sentir como una, tú solo estas cumpliendo con tu deber.

Artemis me llevó hasta el baño y me ayudó a meterme en la regadera. Me di un baño caliente y no supe cuánto tiempo duré allí metida. Dejé que el agua resbalara por mi cuerpo y borrara las huellas que las manos de Yaten habían dejado sobre mí. Noté algunos rasguños en mis muslos, moretones… Jamás creí que Yaten pudiera ser tan brusco y no lo culpaba. Él me odiaba tanto como alguna vez me amó y no lo culpaba. El rastro del hombre que alguna vez fue jamás volvería a salir. Su mirada dulce jamás volvería a salir y su forma suave de besarme jamás volvería a salir. Solamente una vez tuvimos relaciones cuando acabábamos de casarnos y fue cuando perdí mi virginidad. Él se llevó mi virtud y fue la persona más tierna del mundo conmigo, pero anoche… anoche se había portado como un salvaje a pesar de que le supliqué que me tratara bien. Desde aquella primera vez que tuvimos relaciones yo jamás había vuelto a tener sexo con nadie. No porque no quisiera, pero la culpa y el remordimiento me lo impedían. No podía soportar la idea de que otro hombre me tocara teniendo un esposo que me odiaba y que huía de mi presencia por toda Europa. Ni siquiera pude hacerlo con Armand a pesar de que yo creía que lo amaba. Después de que Yaten se fue, Armand también me dejó. Como vio que no podía darle el dinero que me pedía, se olvidó de mí y jamás volví a saber de él. Hubiera querido explicarle a Yaten que Armand solo buscaba dinero y que no me quería. Hubiera querido decirle que quería intentar una buena relación con él. Recordé las manos de Yaten deslizarse por mis piernas hasta los muslos y acariciarlos con fuerza. Me tallé el cuerpo con delicadeza tratando de contrarestar la rudeza de sus manos.

Yaten.

Rubeus se acercó a mí en silencio hasta que se sentó frente a mí mirándome inquisitivamente.

-¿Me puedes explicar qué hacía Mina aquí?

-Trabajando.-dije dándole un trago a mi whiskey.

-A qué te refieres.

-A eso, Rubeus, a que Minako estaba trabajando para mí. Acabo de contratarla como mi nueva amante.

Rubeus abrió los ojos como platos y se inclinó hacia delante tratando de encontrar una respuesta.

-La bailarina de ayer… la tal Venus… es ella.-guardé silencio.-Minako trabaja para Kunzite y es la bailarina estrella.

-Por eso la quisiste solo a ella…

-Le ofrecí un trato y por supuesto ella aceptó. Le ofrecí mucho dinero y joyas a cambio de que se acostara conmigo a la hora que yo quisiera. Tendrá que hacer todo lo que yo le digo si no quiere que la meta a la cárcel. Recuerda que sigue siendo mi esposa y tengo total poder sobre ella, puedo demandarla por muchas cosas y ella no tiene cómo defenderse.

-Eso es demasiado cruel, Yaten, no puedes obligarla a estar contigo.

-Sí puedo y lo haré. Si ella quiere dinero para vivir, yo lo tengo, pero tendrá que hacer lo que yo le digo. La tendré cuando a mí se me antoje y ella no podrá hacer nada al respecto.

-¿Qué es lo que tratas de hacer con todo esto, Yaten? Eso no me parece…

-Éste será el castigo que reciba por lo que me hizo. De esta manera ella pagará por todo lo que me hizo sentir y yo no encuentro otra manera.

-¿Por qué no lo olvidas y ya?

-Sabes que eso no puedo hacerlo. Tú me viste, Rubeus y sabes que estuve muy mal. Yo nunca voy a olvidar lo que ella me hizo y el peor castigo que encuentro es mi desprecio. Expresarle mi desprecio las veces que yo quiera, humillarla, hacerla mía y después botarla.

-Eres despreciable, Yaten, tú no eras así…

-En eso tienes razón.-dije apurando mi vaso.-Yo no era así y nunca lo sería con ninguna mujer. Pero ella… ella lo merece. Ella me cambió por completo y no puedo hacer nada para evitarlo.

-Tú sabrás lo que haces.-respondió Rubeus poniéndose de pie.-Solo espero que al final de todo esto las cosas no se te compliquen, o peor aún… que no se te volteen.

-Vámonos ya que se nos hace tarde.

Rubeus y yo salimos del penthouse hacia uno de mis restaurantes. Nos esperaban unos clientes para hacer tratos y nos sentamos en la mesa a esperar. Al cabo de un rato vimos entrar a una mujer muy elegante al lado de un hombre alto y bien vestido.

-Buenas tardes.-dije cuando me puse de pie y extendí la mano a la mujer.-Yaten Kou a su servicio.

-Reika Nishimura.-respondió la mujer. Me sonrió de una manera extraña y se sentó a mi lado.-Él es mi asesor financiero, Andrew Furuhata, es él con quien han estado hablando.

-Mucho gusto.-dije sonriendo.-Así que usted es la hija del señor Nishimura, me da gusto conocerla, no tenía el placer.

-Tengo entendido que acaba de regresar de un viaje por Europa.-tomó una copa con champagne y se la llevó a los labios.

-Así es. Pero he estado bien informado y estoy al tanto de todo el negocio gracias a Rubeus. Así que por eso decidí citarla aquí, señorita Nishimura, porque creo que este trato nos conviene a ambos y creo que es el asunto más urgente.

-Pues me parece muy bien. Yo también creo que nos conviene a los dos, aunque debo hablarlo con mi padre ya que es el único que no sabe muy bien cómo es el convenio. ¿Le importaría?

-Por supuesto que no. Podríamos arreglar una cita para la semana que viene.

Un mesero nos interrumpió para tomarnos la orden y se retiró.

-Muy bien, señor Kou.

-Llámame Yaten, por favor.

-Solo si usted me llama Reika.-sonrió.-Dime por favor qué es lo que más deseas de este convenio.

-Deseo que su padre acepte que nosotros seamos sus proveedores. Si su padre comienza a proveer el centro comercial con la línea de perfumes y lociones que tenemos, me conviene a mí y por supuesto a ustedes. Los mejores precios los tenemos nosotros y yo estoy dispuesto a dejárselos a un muy buen precio. Eso, como sabrá, les conviene a ustedes porque lo que reciban por ellos en el mercado será mucho mayor.

-¿Y entonces cómo le conviene a usted?

-Lo que ustedes paguen por el precio unitario será más que suficiente para mí. Primero porque una vez que ustedes comiencen a vender el producto, más compañías lo querrán, segundo porque es el precio correcto y porque una vez que las demás compañías lo quieran, yo ganaré más. Además, a ustedes no les convendría si el producto no les deja lo suficiente, ¿no lo crees?

-Viéndolo así tienes razón. Por mí encantada, pero como debes saber, no puedo firmar nada sin que mi padre esté de acuerdo primero.

Continuamos hablando mientras comíamos nuestros platillos. Reika Nishimura constantemente me tomaba de la mano discretamente y se llevaba el cabello detrás de la oreja mientras sonreía.

Mina.

-¿Adónde vamos, Artemis?

-A comer, por supuesto.

-Pero… hubiera preferido quedarme en la casa.

-Nada de eso. Lo que menos necesitas es estar encerrada y llorando. Debes estar repuesta para esta noche, recuerda que hay trabajo.

-Ya lo sé… créeme que no tengo ni tantitas ganas de trabajar, pero en fin…

-Me han dicho que este lugar es sensacional, que la comida es un manjar y que es lo más delicioso en Tokio.-dijo Artemis mientras se estacionaba afuera del Fogata.

Nos bajamos y vi mi reflejo en el enorme vidrio de la entrada. Artemis me había hecho ponerme la ropa más formal y elegante que tuviera ya que ese restaurante era demasiado caro. Me sonreí a mí misma. Llevaba una falda a la cintura y un blusón de seda que se ajustaba a mi cuerpo y unos tacones no muy altos color negro que hacían juego con la falda. Artemis llevaba un traje color gris y ajustado que lo hacía ver más alto y fino.

Cuando entramos un mesero nos condujo hasta una mesa cerca de los ventanales y mientras nos dirigíamos hacia la mesa, noté una mirada sobre mí y busqué de dónde provenía. Mi rostro se palideció al ver a Yaten en una mesa con Rubeus y otras dos personas. Segundos después regresó su vista a la mujer que tenía al lado y Artemis notó lo que sucedía. Me sostuvo de la cintura y me ayudó a sentarme para después encargarle al mesero dos copas de vino.

-Debes tranquilizarte.

-Vámonos de aquí, por favor.

-Pero Mina, ya estamos aquí y no creo que debas cambiar las cosas que haces solo porque Yaten esté presente.

-Lo sé… pero…

-Basta ya. Demuéstrale que no te intimida y que puedes tener una vida sin que él te afecte.

Esperamos a que nos trajeran la orden de comida y Artemis trató de distraerme con otras pláticas. No podía evitar mirar en dirección a su mesa y cada vez que volteaba me encontraba con sus ojos verdes observándome. Traté de fingir que no me importaba pero ni siquiera presté atención a lo que Artemis me decía. Algún rato después, vi cómo se levantaban de su mesa y se despedían. Creí que ya iba a sentirme mejor pero justo cuando caminaban cerca de nuestra mesa, Yaten rodeó una de las mesas y seguido por Rubeus se detuvo ante nosotros. Noté que discretamente Rubeus jalaba a Yaten del saco pero éste se resistía a su llamado.

-Buenas tardes.-dijo Yaten dirigiéndose a Artemis.

Acabábamos de terminar nuestra comida y él bebía otra copa de vino.

-Buenas tardes.-respondió Artemis lanzándole una mirada inquisitiva.

Yaten me fulminó con la mirada.

-Vámonos.

-Pero no…

-Vámonos.-sentenció.

-Ella está conmigo.-intervino Artemis.-Y más tarde tiene que ir a trabajar.

-Rubeus.-dijo Yaten sin dejar de mirar a Artemis.-Llama a Kunzite.

Rubeus hizo lo que le ordenó y al cabo de algunos minutos le pasó el celular.

-Venus no irá a trabajar esta noche.-guardó silencio escuchando lo que Kunzite le decía.-No me importa, Kunzite, pon a otra. Y quiero que desde ahora te enteres que cuando yo lo diga ella no irá a trabajar, ¿de acuerdo?

Colgó sin decir nada más y le devolvió el celular a Rubeus.

-Te estoy esperando.-me dijo extendiéndome la mano.

Mis manos temblaban y sentí la mirada de los tres sobre mí. De Artemis esperando a que no la aceptara, de Rubeus suplicándome que lo hiciera y de Yaten obligándome. Miré a Artemis para explicarle con la mirada que tenía que hacerlo. Él solo cerró los ojos y asintió una vez. Tomé la mano de Yaten y antes de irnos habló.

-La cuenta ya está pagada. Cuando quieran venir a este restaurante todo será gratis, joven, es mío y es mi regalo para usted y Venus.

No dejó hablar a Artemis porque nos dirigimos rápidamente a la salida del lugar. Rubeus se subió adelante con Kino, el chofer y yo me senté en la parte trasera junto a Yaten. Nadie habló durante todo el trayecto al penthouse de Yaten, una vez ahí nos bajamos pero Rubeus se quedó con el chofer. Seguí a Yaten en silencio hasta la entrada y una vez que estuvimos dentro aventó su portafolio al sillón y me miró.

-Me quieres decir quién es ese con el que estabas.

-Es Artemis, no comprendo por qué me has solicitado si esta mañana…

-Te dije que cuando yo quiera te quiero aquí, Venus, ¿aún no lo comprendes?

-Pero si solo me has visto y…

-Exacto. Te vi y quise tenerte conmigo, ¿cuál es el problema?, verte ahí, en otro ambiente, con otro hombre… me hizo querer estar contigo.

-Artemis es solo mi amigo, es mi asistente en el club y…

-¿Te gusta? ¿Le gustas?-dijo tomándome fuertemente de los hombros.

-No.-respondí.-Artemis es homosexual.

Sentí cómo Yaten me soltaba y los músculos de su rostro se relajaban un poco. Se alejó para ir al mini bar y servirse un vaso de whiskey. Se lo tomó de un solo trago y decidí acercarme a él.

-¿Por qué, Yaten? ¿Por qué te molesta tanto que le guste o no a alguien más? ¿Por qué…?

-Es una pregunta estúpida, Venus, tú sabes bien por qué me molesta. No pude tenerte antes solo para mí, pero ahora sí. No voy a permitir que nadie más se acerque a ti.

-¿Y si me enamoro de alguien?-pregunté solo para molestar a Yaten, sabía que iba a enojarse.

-No te vas a enamorar de nadie simplemente porque yo no voy a dejar que nadie se te acerque, así no puedes conocer a nadie y no puedes sentir nada por nadie.-tomó mi rostro entre sus manos.-Hazte a la idea de que la única persona aparte de ese tal Artemis que va a poder estar contigo a partir de ahora soy yo.

Me alejé de él con cuidado y mis ojos se llenaron de lágrimas.

-No puedes hacerme eso. Yo no soy un objeto que puedas mantener encerrada ni alejada de la sociedad.

-¿Tú crees que no puedo?-dijo acercándose a mí nuevamente.-Yo puedo hacerlo todo, Venus, soy Yaten Kou y si quiero apartarte de todos, lo haré.

Yaten me tomó por la cintura y me besó en los labios. Sus manos recorrieron mi espalda y me atrajeron a él con firmeza. Sentí cómo mi corazón se aceleraba en cada movimiento de sus labios contra los míos, como si tuviera una fuerza magnética que los mantenía juntos. Con una fuerza sobrehumana me subió a la barra del mini bar provocando que el vaso con whiskey cayera al suelo. La falda que llevaba puesta se levantó hasta exponer mis muslos y ropa interior. Yaten se detuvo para observarme y acariciarme en la entrepierna con suavidad. Quise no sentir nada, quise aparentar que sus caricias no me interesaban pero de pronto me sentía tan excitada que nada de lo que sucedía entre nosotros me importó. De un solo jalón me destruyo las bragas y se quedó mirándome hasta que se acercó con lentitud y comenzó a juguetear con mi entrepierna usando su lengua. Poco a poco me volvía loca deseando que continuara en cada segundo. Me odié a mí misma por sentir deseo hacia él, por sentir que lo quería dentro de mí. Levantó la vista y clavó sus ojos en los míos, satisfecho por todo lo que me estaba provocando. Volvió a cargarme entre sus brazos y me llevó al sillón, en donde se desabrochó el pantalón y cuando menos lo esperaba lo sentí adentrarse en mí. Sentí una punzada en el estómago que me hizo lanzar un gemido, el cual ahogué en su pecho y esperé la segunda embestida. Yaten no dejaba de mirarme mientras me penetraba y yo solo sentía que la punzada incrementaba en mí ser. Yaten se desabotonó la camisa y me dejó ver sus músculos bien formados. Sentí sus manos deslizarse por debajo de mi blusa hasta llegar a mis pechos. Justo cuando estuve a punto de gemir, sus labios capturaron los míos y me hundí en un beso apasionado que me dejó sin aliento. Todo mi ser se encendió y llegué al clímax en el momento en el que Yaten me penetraba con fuerza hasta el fondo. Se tumbó sobre mí y me apretó contra sí de una manera extraña, acariciando mi pierna y sentí su aliento golpear mi rostro. Una lágrima se resbalo por mi mejilla y la limpié antes de que pudiera verla. No podía dejar que se diera cuenta de que lo había disfrutado y de que eso me dolía porque me rebajaba y me hacía estar a sus pies. Jamás había conocido el sexo con nadie que no fuera Yaten Kou, y él mismo me había hecho sentir desde la cosa más dulce hasta el animal más salvaje en una misma embestida y me odiaba por haberlo disfrutado.

Yaten.

La puerta del baño estaba entreabierta y me asomé tratando de ver algo entre el vapor que salía del baño. Noté la figura de Minako en la regadera. El jabón resbalar por su cuerpo y el cabello remojado sobre su espalda. No podía apartar mi mirada tan fácilmente y es que su cuerpo era hechizante, era una droga que difícilmente me resistía a dejar. Me sentía un imbécil, un estúpido al tenerla allí. Por fuera parecía una muñeca, una cosa frágil y delicada que estaba dispuesto a proteger, pero por dentro era capaz de destruirme con la misma facilidad. Pero no, tenía que cobrarle el daño que me había hecho, porque quizá solo así podía retenerla a mi lado, porque quizá era la única manera que yo tenía de seguir teniendo a mi esposa. Minako Aino tenía que pagarme todos los pedazos del corazón roto que llevaba por dentro y que no sabía si algún día iba a repararse. Su mirada se clavó en la mía y la vi sonrojarse. Cerré la puerta tras de mí sin decir palabra y me alejé antes de que el deseo de hacerla mía me poseyera de nuevo.