Mina.

Yaten no se encontraba en la cama cuando desperté. Por la posición del sol supuse que ya era muy tarde y decidí buscar a Yaten en algún lugar de la casa. Fue inútil ya que no había nadie ni dentro ni fuera, así que decidí prepararme algo de comer porque moría de hambre. Me parecía algo extraño que en una casa tan grande no hubiera servidumbre ni otras personas, pero todo estaba limpio y reluciente a pesar de la soledad que invadía el lugar. Regresé a la habitación y acomodé la cama para que no se viera sucio, después me di un baño. Como estaba completamente sola decidí dejar la puerta abierta y me bañé cómodamente con agua caliente. Al terminar, me sequé el cuerpo con una toalla y caminé desnuda por la habitación hasta las maletas que Yaten habían mandado traer. No había tenido tiempo de ver qué clase de ropa me había comprado, pero era muy obvio que cada prenda que se encontraba en esas maletas era bastante cara y fina. Elegí un vestido largo hasta los tobillos color marrón ya que en ese lugar hacía bastante calor. Me cepillé el cabello y como aún no había señales de Yaten decidí salir a caminar por la playa.

El sol brillaba fuertemente y sentí la arena bajo mis pies. Sostenía las sandalias en las manos y me dediqué a estudiar el mar que se extendía delante de mí. Solo había visto el mar un par de veces en mi vida, cuando era muy joven y no me importaba nada de lo que sucediera en el mundo. Hotaru estaba conmigo entonces y yo no necesitaba nada más. Ella era mi compañera, mi amiga, mi confidente, mi hermana… Todo lo que soñaba era para ella y jamás pude conseguir algo. La perdí antes de que pudiera ayudarla o antes de que pudiera darle una vida mejor. Lo único que le pedía a la vida era que siguiera con vida y que la devolviera muy pronto a mí. Ya me había cansado de buscarla por las calles, de buscarla en hospitales, refugios, pueblos cercanos. No quedaba rastro de ella y ya estaba cansada de acudir a la policía para saber si había algo nuevo para mí. Tenía que contratar a un detective pronto, a alguien que la buscara por debajo de las piedras pero no tenía el dinero necesario para emprender una búsqueda así. Era por eso que no me resistía a Yaten y dejaba que me diera dinero a cambio de estar con él. Por muy mal que me sintiera al respecto, necesitaba encontrar a Hotaru y traerla de vuelta.

No me di cuenta de que me había alejado demasiado de la casa y decidí sentarme un rato para descansar. El cabello aún estaba húmedo y me caía por los hombros, brillante. El mar había tomado un color verde claro que me recordaba los ojos de Yaten. Minutos después sentí que alguien me observaba. Cuando me giré, encontré a Yaten mirándome a unos cuantos metros de donde me encontraba. Se acercó hasta mí y se sentó a mi lado.

-¿Qué haces tan lejos de la casa y sola?

-Solo quise dar un paseo.

-Regresemos.-dijo tratando de incorporarse, pero se lo impedí sosteniéndolo del brazo.

-No, por favor… quedémonos un rato más.

Yaten dudó unos instantes pero accedió. Nos quedamos en silencio algunos minutos y cuando volví a mirarlo se encontraba ensimismado mirando el mar.

-Es un lugar hermoso, ¿no?-pregunté tratando de iniciar una conversación.

Como no le vi futuro a la conversación decidí hacer un segundo intento.

-¿Por qué regresaste, Yaten?

Fue entonces cuando Yaten me miró.

-No lo sé.-fue su respuesta.-Es algo que no puedo comprender, y que siendo sincero no me interesa saber. Regresé quizá porque tenía que hacerlo, ¿no?, no podía huir toda la vida de ti.

Yaten seguía sin mirarme y no comprendí de momento por qué me había dicho eso. Algo dentro de mí me decía que tal vez Yaten escondía más cosas de las que demostraba y que guardaba un rencor hacia mí más profundo de lo que me había imaginado. Me quedé ahí, sentada a su lado, estudiando su rostro imperturbable y sentí cómo se me encogía el estómago.

-Y entonces qué planeabas hacer una vez que regresaras, qué pensabas hacer conmigo, qué…

-Nada.-me interrumpió.-No planeaba hacer nada contigo. Planeaba olvidarte y enterrarte en el lugar más recóndito de mí. Planeaba no volver a verte, borrarte de mi vida.

Por alguna razón sus comentarios me hirieron, pero sabía perfectamente que no tenía derecho alguno de reclamarle o sentirme humillada. Yo me merecía todo lo que él me estaba haciendo, me merecía sus tratos, y me merecía también lo que él pensaba de mí. Vi en su rostro y dejo de nostalgia y me sentí culpable, me sentí mal por hacerlo sentir de esa manera y por unos instantes quise hacer algo para hacerlo sentir un poco mejor, para hacer que dejara esos sentimientos oscuros a un lado. Aunque sabía que era difícil y que tal vez no tendría éxito debía intentarlo. Recordé de nuevo las palabras de Artemis sobre reconquistar a Yaten, por un momento me parecieron sensatas, después de todo quién era yo para hacerle daño, y sentí que le debía eso y mucho más.

De pronto y sin pensarlo me puse de pie dispuesta a pasar un buen rato. Con la punta del pie le lancé arena al rostro, fue entonces cuando Yaten al fin reaccionó y comenzó a toser por la arena que le había caído en la boca, se limpió los ojos y me miró con los ojos inyectados en sangre. Le sonreí abiertamente y eso fue lo que pareció molestarle más, ya que de inmediato se incorporó dispuesto a tomar venganza en mi contra. En cuando noté sus intenciones despegué los pies del suelo y salí corriendo. Yaten corría tras de mí a toda velocidad y supe que no iba a pasar mucho tiempo antes de que me atrapara, por lo que decidí cambiar de dirección y me detuve repentinamente al notar que mis pies tocaban el agua. Yaten me alcanzó y estuvo a punto de agarrarme cuando me moví rápidamente, lo que provocó que me resbalara a causa del agua. Yaten dibujó una mueca en su rostro parecida a una sonrisa y seguro de sí mismo se acercó con lentitud a atraparme. Me aproveché de su confianza y lo jalé del saco antes de que él pudiera tocarme siquiera. Cayó de rodillas sobre la arena mojada y solté una risita de burla. Logré incorporarme pero antes de que pudiera avanzar mucho sentí las manos de Yaten jalando mi vestido con fuerza mientras yo continuaba avanzando hacia el mar. En cada paso que daba el agua subía más por mis piernas. Me giré para deshacerme de la fuerza de Yaten pero lo único que logré fue tropezarme con la tela de mi vestido, cayendo al agua casi por completo. Yaten intentó ayudarme a levantarme pero lo engañé y tiré de él tan fuerte que cayó sin ningún remedio. Comencé a reírme a carcajadas y Yaten no pudo soportar que me burlara de él, así que se incorporó como pudo mientras que yo avancé lo más que pude por al agua. Yaten me seguía de cerca y dio un salto para atraparme de una vez por todas. Para ese entonces el agua ya nos llegaba hasta el cuello y estábamos completamente empapados de pies a cabeza. Sentí las manos de Yaten sostenerme fuertemente de ambos brazos y sonreí de oreja a oreja cuando vi la expresión de triunfo en su rostro.

-Todavía no ganas.-susurré en su oído antes de empujarlo para que se hundiera hasta la cabeza.

Mientras luchábamos en el agua sentí sus brazos rodear mi cuerpo y jalarme junto con él al interior del agua. El agua estaba tan helada que comenzaba a sentir un hormigueo por todo el cuerpo. Los brazos de Yaten me sostenían con fuerza hasta que ambos logramos sacar la cabeza del agua. El cabello me cubría la mitad del rostro y Yaten apartó los mechones de mi rostro con cuidado.

-No puedes escapar de mí.-dijo seriamente mientras me miraba a los ojos.

Le sonreí. Me tenía rodeada por la cintura. En ese momento no supe qué me pasaba o en qué estaba pensando, la sangre me fluía a una velocidad casi imperceptible y de pronto planté mis labios sobre los de Yaten con delicadeza. Cuando me separé de él vi sus ojos verdes brillar con el sol, el agua resbalando por sus mejillas y una expresión que no logré identificar. Me soltó lentamente y me ayudó a salir del agua.


Yaten.

En cuanto Minako pisó arena seca se echó sobre el suelo y suspiró. El verla en ese estado tan natural y relajado me parecía reconfortante y diferente, casi no podía reconocerla. El vestido marrón se le adhería al cuerpo gracias a que estaba empapada y yo comenzaba a sentir el peso de los zapatos y el saco. Ella me miró y volvió a sonreír. No comprendía por qué estaba sonriendo tanto pero de alguna manera me hacía sentir seguro.

-Ven.-ordenó.

Sin decir nada me tendí a su lado dispuesto a secarme bajo los rayos del sol. Sentía la arena y el agua dentro de mis zapatos, el agua recorrerme cada parte de mi cuerpo y mi cabello remojado estrellándose contra la arena. Vi las piernas desnudas de Minako que brillaban con la luz del sol, con el agua que las rodeaba y la ligera curvatura de sus senos. Me giré para observar el cielo y relajarme, no podía creer lo cansado que me sentía por esa correteada que Minako me había hecho hacer. Jamás me había sentido tan despierto y al mismo tiempo tan cansado.

-¿Te gusta?-dijo Minako sacándome de mis pensamientos.

-¿Qué?-pregunté confundido.

-El cielo.-respondió casi en un susurro.

-Nunca me había puesto a pensarlo.

-Eso no se piensa, solo se sabe.

Guardé silencio unos instantes y continué.

-En ese caso supongo que sí…

-¿Supones? Pero si el cielo lo es todo… nos cubre, día y noche, nos da luz y oscuridad, tormentas, calor, espectáculos increíbles… ¿Qué sería de nosotros sin el cielo?

La miré y vi sus ojos azules clavados en las nubes. La seriedad de su rostro al hablar y la profundidad en su mirada. Ella también giró su cabeza y clavó sus ojos en los míos. No me atrevía a decir nada porque ella tenía razón en cada palabra y no me sentía capaz de negar sus afirmaciones. Sin previo aviso Minako se giró sobre su propio cuerpo y de pronto se encontraba sobre mí, mirándome directamente a los ojos, sin pestañear, sin decir nada. Mi respiración era entrecortada y no me atreví a moverme. Percibí sus manos dirigirse a mi cabello y acariciarlo con aptitud. Me besó nuevamente, pero esta vez con más calma, con ligereza, con parsimonia. Sus labios bailaban sobre los míos y sentí su cuerpo mojado sobre el mío. El deseo recorrió cada poro de mi piel, cada centímetro de mi cuerpo y no pude evitar rodear sus caderas con los brazos. No pude evitar recorrer su espalda con las manos, la forma de su cintura y la redondez de sus glúteos.

Ella se separó de mí unos instantes para desabrocharme el saco y la camisa mojadas, desabrochó cada botón lentamente sin dejar de mirarme, como esperando a que la retara. Dejé que me quitara el pantalón también, dejé que acariciara mi miembro que se endurecía al contacto de sus manos heladas. No pude resistirlo más. La tomé de la cintura y la giré hasta quedar sobre ella. La miré de arriba abajo, apreciándola, observando cómo sus pechos se notaba a través de la tela mojada. Los toqué con cuidado, quitándole los tirantes del vestido para dejarlos al descubierto. No vestía sostén y me excité mucho más. Ella había cerrado los ojos y se retorcía con mis caricias. Le levanté el vestido para descubrir sus piernas y busqué desesperadamente su entrepierna. Sus brazos rodearon mi cuello y me besó junto a la oreja. Acaricié suavemente su sexo hasta que me introduje en ella lentamente. Minako me besó en los labios mientras nos movíamos al compás de la marea. El frío me calaba los huesos y no me importaba porque sentía que el corazón me explotaría en cualquier momento.

Sus labios eran como la seda recorriendo mi piel. Sus ojos me castigaban y adoraban al mismo tiempo. Sentía que en cualquier momento me debilitaría y terminaría por retenerla junto a mí. La besé una vez más en la boca llena de arena. Sus labios sabor a sal y cereza, sus labios, dulces y brillantes… llegué a odiarme a mí mismo, a mi debilidad. No podía soportar sus caricias sin volverme loco, sin volverme un tonto. Me eché junto a ella una vez que terminamos y sentí su cabeza recargarse en mi pecho. Se acurrucó junto a mí como un gatito indefenso y me obligó a rodearla con los brazos.

-¿No podemos quedarnos así?-preguntó con voz ronca.- ¿No podemos quedarnos así, abrazados, en este lugar, para siempre?

Sus palabras llegaron a mis oídos casi como una canción. Quise creer sus palabras y quise obedecerla. Quise quedarme con ella ahí para siempre y tenerla solo para mí, pero tenía miedo… tenía miedo de perderla otra vez. No podía tener algo que había perdido ya una vez y que podía volver a perder en cualquier momento. Me incorporé porque quería saber, porque necesitaba saber qué era lo que ella quería de mí. Minako me miró confundida ante mi reacción.

-¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Quieres quedarte aquí, junto al mar? ¿Quieres olvidarte de todo?-pregunté desesperadamente.- ¿Quieres ser mi esposa, mi compañera?-la miré.- ¿Me quieres a mí?

Minako me miró con dudas en los ojos y agachó la cabeza.

-Yo… no lo sé… no sé qué quiero…

Sentí la sangre arder dentro de mí y apreté los puños con fuerza. Me incorporé porque no soportaba humillarme a mí mismo. Comencé a caminar lejos de ella, no soportaba verla ni haberme ofrecido, no soportaba su negación, su rechazo… no soportaba tenerla ahí sin que fuera mía.

Me encontraba ya a algunos metros lejos de ella cuando escuché su voz.

-Yaten.-gritó desde donde la había dejado. Ya se había puesto de pie también y me miraba confundida y temblaba. Nunca supe si de frío o de temor.

Corrió hasta donde me encontraba y me abrazó fuertemente. Me di cuenta de que había comenzado a llorar y no tuve más remedio que abrazarla también.

-Solo quiero olvidar, Yaten.-dijo en voz baja.-Quiero olvidar y sentir… quiero volver a sentir, quiero dejar de ser quien soy, empezar de nuevo… Quiero ser… quiero ser…

No supe lo que hacía. Simplemente tomé su rostro entre mis manos y la besé profundamente. No podía resistir esa boca, ni esos ojos, ni esas mejillas, ni ese cuerpo. No podía resistirla…


Un episodio muy especial... ¿no les parece? :) Muchas gracias a toditas: Rinkalukushi Mafer Chiba, Adileyne, rouse kou, ariana usagi, pupizhz, marie choi winchester kou, sheleydekou, plop, vere canedo, usagi13chiba :) espero les agrade, este capítulo estuvo light pero a partir de aquí las cosas empiezan a ponerse picantes... Hasta el siguiente cap. :)