Andrew.

Llegué a casa de Mina a eso de las siete de la tarde con esperanza de verla o escuchar su voz por lo menos algunos minutos. Sabía que todo esto era una locura y que no tenía sentido que lo hiciera, pero no podía refrenar la sensación que pensar en esa mujer me provocaba. Algo en sus ojos me decía que necesitaba ayuda, que necesitaba algo más en su vida y yo sentía como si me hubiera clavado una flecha en el corazón. No sabía nada de ella, absolutamente nada pero no me importaba, quería conocerla y tratar de saber más de ella.

Cuando toqué la puerta salió el amigo de Mina minutos después. Él me vio y me pidió que esperara afuera. Escuché su voz a través de la puerta y me ilusioné, aunque estaba seguro de que eso no tendría futuro.

-Por favor vete, Andrew.

-Solo quiero verte unos minutos, Mina, sal.

-No. Vete, por favor, te dije la última vez que me buscaste que esto no puede ser. No abriré.

-Mina, solo quiero hablar contigo, ¿tiene eso algo de malo?

-Por supuesto que no, pero es mucho más complicado de lo que crees, vete de aquí.

-Te veré pronto, ya verás.

No obtuve respuesta y me retiré. Me sentía devastado pero al mismo tiempo necesitaba seguir luchando. En algún momento ella tenía que aceptar hablar conmigo, necesitaba saber qué ocultaba y quién era en realidad. Y yo necesitaba que ella supiera quien soy.

Yaten.

Me senté en mi balcón usual. El balcón que solo yo podía usar y desde donde podía observar todo el lugar. Habían pasado varias semanas e increíblemente Minako y yo pasábamos demasiado tiempo juntos. Cada día que pasaba me resultaba más difícil estar alejado de ella. Tenía miedo de perderla en cualquier momento, tenía miedo de verla irse con otra persona y tenía miedo de que ella dejara de mirarme. No tenía idea de qué me sucedía en la cabeza o en el corazón, pero poco a poco el pasado se borraba de mis recuerdos y sin quererlo Minako ocupaba todos esos huecos que ella misma había vaciado hacía años. No me atrevía a confesarle todo aquello porque el miedo me cegaba y me aterraba al mismo tiempo. Cuando me tocaba sentía que todo mi futuro estaba en sus manos, y en sus ojos me parecía ver un atisbo de cariño, de amor. Pero luego los recuerdos venían uno a uno a mi cabeza y me atormentaban. Necesitaba que Minako me quisiera, necesitaba que ella me necesitara también y necesitaba que no quisiera separarse de mí para estar seguro de que no iba a perderla. Ya no encontraba maneras de retenerla a mi lado, porque no soportaba tenerla lejos.

Noté que Rubeus se removía en su asiento, incómodo, y decidí seguir su mirada. Logré distinguir a Andrew Furuhata entre los clientes y sentí cómo el coraje subía rápidamente por mi garganta. Uno de los meseros había llegado a servirnos nuestros tragos y le pedí que se acercara.

-¿Ve a ese hombre de allá?-pregunté con tranquilidad.

-Sí, señor, ¿se refiere al señor Furuhata?

-Exacto. ¿Viene mucho?

-Sí, señor, viene cada semana, por lo menos dos o tres veces a la semana.

Apreté los puños y traté de controlarme.

-Quiero que lo saquen de aquí.

-Yaten… no debes comportarme así.-intervino Rubeus.

-Yo sé lo que hago, Rubeus.-respondí. Regresé mi vista al mesero.- No quiero volver a verlo por aquí, ¿me entiende?, si vuelvo a enterarme de que estuvo aquí usted o quien sea que haya permitido su acceso serán despedidos, ¿me entendió? Comuníquele a todo el personal.

El mesero salió de inmediato y noté la mirada de Rubeus sobre mí.

-Yaten, creo que estás exagerando, el pobre hombre solo quiere ver a Mina.

-No lo creo, Rubeus, solo falta ver cómo la mira para darse cuenta de que no solo desea verla bailar.

-Me parece que exageras y que además tienes miedo.

-¿Miedo?-dije riendo.-Pero si solo es Furuhata.

-Pues precisamente por eso, no comprendo qué es lo que te molesta tanto.

-Simplemente me molesta que quiera a Minako. Si solo quisiera verla bailar no me importaría, pero puedo asegurarte que su interés es mayor. No voy a permitir que nadie se entrometa entre Minako y yo.

Rubeus sonrió de oreja a oreja y guiñó el ojo.

-¿Qué significó eso?-pregunté desorientado.

-¿Por qué has dicho eso?

-Pues… porque sí.

-Yaten, no quieres que nadie se entrometa entre Mina y tú, no quieres estar separado de ella y no soportar que los hombres la miren, creo que eso solo significa que la quieres para ti solo, y además que creo que aun quieres a Mina.

-Yo… no sé… simplemente es algo que no puedo controlar, Rubeus, necesito a Minako en demasiados niveles que ya no estoy preparado para verla irse. Así que te suplico que no cuestiones mis decisiones. Ese hombre no va a acercarse a ella.

Vi cómo arrastraban a Andrew hasta la salida y lo expulsaban del lugar. Bailaron unas cuantas mujeres y luego Minako. Justo cuando Minako terminó, uno de los meseros se me acercó apurado.

-Señor Kou, lo busca un tal señor Linuex, ¿lo hago pasar hasta aquí?

-¿Linuex? No tengo idea de quién es.

-Es el detective que me pediste que buscara.-intervino Rubeus.-Si viene debe ser importante. Le pedí que no importara la hora o dónde estuvieras, que nos buscara en cuanto tuviera noticias.

-No lo traiga aquí.-ordené.-Nos encontraremos en mi oficina especial.

Rubeus y yo caminamos hasta mi oficina especial que quedaba justo en el sótano del club. Nadie tenía acceso a esa área más que yo y Rubeus, ni siquiera Kunzite tenía acceso. Abrí la puerta con cuidado y encendimos las luces. Varios minutos después de que entramos, uno de los meseros entró con el detective y lo dejó a nuestra merced. Nos saludamos e hicimos las presentaciones correctas.

-Mucho gusto en conocerlo, señor Kou, nunca creí que tendría oportunidad de verlo en persona.

-Igualmente, señor Linuex. Rubeus me ha dicho que es usted el mejor detective en todo Japón, presumo que no es de aquí.

-No. Soy de Canadá, pero hace muchos años me ofrecieron un caso especial en Japón, me enamoré del lugar y sobretodo de una mujer hermosa, así que me quedé para siempre. Me ofrecieron uno de los puestos más importantes de la policía aquí y además hago trabajos privados, como éste.

-Pues muchas felicidades, debe ser usted muy bueno y espero que esté aquí porque tiene buenas noticias.

-Tengo noticias, señor Kou, tengo resultados, aunque yo no puedo justificar las noticias como buenas o malas, eso lo decide usted.

Hubo una larga pausa mientras el hombre sacaba unos papeles de su portafolio y me los entregaba.

-Esos son los papeles de mi investigación paso por paso. Encontré a la señorita Hotaru Aino en un pueblo al norte de Tokio, no está muy lejos de aquí, son dos horas a lo mucho.

Instintivamente sonreí y me dediqué a revisar los papeles.

-Me tiene sorprendido, Lineux, iremos a buscarla de inmediato.

-Tiene que saber que encontré a la señorita Aino en una situación muy precaria. Tiene 18 años y trabaja para un hombre muy desagradable en el gueto. Se prostituye y tiene más de dos años dedicándose a lo mismo, además es adicta al crack.

Sopesé sus palabras unos minutos. Eso no era lo que yo esperaba saber de la hermana de Minako y por supuesto estaba seguro de que a Minako no le agradaría para nada saber todo eso de su hermana, y mucho menos después de que estaba tan ilusionada por encontrarla. Me informó de otros detalles sobre el hombre que la tenía controlada y luego le pagué por sus servicios. Rubeus lo acompañó hasta la salida secreta del sótano y yo me quedé pensando en lo que haría ahora. Cuando Rubeus regresó yo ya había tomado una decisión.

-Mañana mismo iremos a buscar a Hotaru, pero no le diremos a Minako.

-Pero… ella ha esperado tanto tiempo encontrar a su hermana, me parece un error.

-Rubeus, ¿no te das cuenta?, Minako verá a su hermana en esas condiciones y no lo soportará. Prefiero hablar con ella antes, convencerla de que vuelva con nosotros, ayudarla y luego llevarla con Minako. Cuando Hotaru ya se haya recuperado podremos hacer que se junten, de otra manera Minako estaría destrozada.

-Supongo que tienes razón.-respondió encogiéndose de hombros.

Regresamos a la parte de arriba y encontramos a Minako en su camerino. Nos fuimos al penthouse solos y esa noche dormimos en silencio el uno junto al otro. Minako me abrazó antes de quedarse dormida y yo casi no pude conciliar el sueño. Mi cabeza no dejaba de dar vueltas y de pensar en qué estaría pasando con su hermana. Escuché la respiración de Minako y de cierta manera me sentí más tranquilo. Me desperté muy temprano porque ya no podía seguir durmiendo, traté de no hacer ruido y me alisté para encontrarme con Rubeus. Dejé a Minako durmiendo y salimos al exterior para emprender nuestro viaje hacia Kawagoe.

Durante el camino me dediqué a hacer algunas llamadas y arreglar algunos asuntos mientras Rubeus leía un libro. Le indiqué al chofer la dirección que el detective Lineux me había dado una vez llegamos al pueblo. No fue muy difícil de encontrar y llegamos a una colonia que se encontraba en deterioro. El número de departamento que teníamos se encontraba dentro de una vecindad desvencijada que estaba a punto de derrumbarse en cualquier momento. Rubeus caminaba a mi lado mirando hacia cada rincón del horrible edificio mientras que el chofer caminaba detrás de nosotros con el arma de fuego preparada por si las dudas.

Al fin encontramos el cuarto de Hotaru y cuando tocamos nadie respondió. Pasaron varios minutos hasta que escuchamos un ruido dentro. Un hombre en calzoncillos abrió la puerta y nos miró de pies a cabeza. Tenía el cabello revuelto y estaba bañado en sudor. Traté de disimular mi disgusto y me aclaré la garganta.

-Buscamos a Hotaru Aino.

-¿Quién es esa?-respondió con un acento sureño.

Rubeus lo apartó de nuestro camino a la fuerza y entramos al minúsculo cuarto. No había muebles, pero sí había muchísima basura y malos olores. Los únicos muebles que había eran una cama vieja y roída así como un buró despintado y sin una pata. Una mujer joven se encontraba tendida boca abajo sobre la fea cama completamente desnuda. Reconocí a Hotaru por el cabello violáceo y el lunar que Minako también tenía en el mismo lugar que ella. Me acerqué a ella y traté despertarla. Tras varios intentos logramos que reaccionara y se asustó al vernos ahí. El hombre que nos había abierto había salido huyendo después de que el chofer lo amenazara y nos dejó solos con ella. Hotaru se cubrió con la sábana blanca y sus ojos lucían rojos y agotados. Parecía haber envejecido veinte años en un santiamén y traté de ver si me reconocía.

-¿Hotaru?

-¿Quiénes son ustedes? Deben pagar antes de estar aquí.

-No queremos estar contigo, Hotaru, ¿me reconoces?

Ella me estudió durante algunos minutos y luego esbozó una sonrisa macabra que me provocó escalofríos.

-¿Eres el maravilloso esposo de mi hermanita?

-Parece que recuerdas todo.

-Por supuesto, guapo, ¿quién me crees? Creí que habías desaparecido de la faz de la tierra.

-Nos vamos en este instante de aquí, Hotaru.

-Ni tú ni mi hermanita tienen poder sobre mí, vete de una vez.

Miré a Rubeus y él lo comprendió todo. Sin preguntarle a Hotaru la tomó en brazos y la alzó contra sus protestas. El chofer iba detrás de nosotros y cuando estábamos por salir del edificio un par de hombres se interpusieron en nuestro camino. Uno de ellos parecía ser el mismo hombre de los papeles, el padrote.

-Ustedes no se la llevan a ningún lado, ella tiene un contrato conmigo.

-Ese contrato se anula en este mismo momento.-sentencié.

-Claro que no, imbécil.-respondió sacando una pistola.

Lo miré con una sonrisa burlona y el chofer sacó el arma que él traía. Yo saqué de mi saco tres sobre que cargaba conmigo y los lancé al suelo.

-En esos sobres está todo el dinero que ganarías en tres años con todas tus prostitutas juntas. No vas a necesitarla jamás, ¿de acuerdo?, no tienes idea de quién soy y no te conviene para nada meterte conmigo. Si no quieres terminar en la cárcel de por vida será mejor que tomes ese dinero y te apartes de nuestro camino. En cinco minutos puedo hacer que tú, tus hombres y todas las mujeres que trabajan para ti se encuentren tras las rejas. No te tengo miedo, así que apártate y baja el arma.

Los minutos me parecieron eternos mientras el padrote decidía qué hacer. Lentamente bajó el arma y se apartó de nuestro camino. Subimos todos a la camioneta y comenzamos a andar. Hotaru se encontraba en el asiento trasero de repuesto y no hablaba. Yo trataba de decidir qué hacer y Rubeus hacía algunas llamadas. Al fin tuvimos las confirmaciones que necesitábamos. Me giré para poder hablar con ella.

-Debes ver a tu hermana.-dije mirándola a los ojos.

-No. Yo no quiero ver a esa. Me ha costado bastante esconderme como para que vengas tú y des algunas órdenes.

-Ella está desesperada.

-Me importa un carajo. Si me das dinero quizá considere el verla, necesito dinero, necesito crack ahora mismo.

-De acuerdo, tú misma has decidido tu propio destino. Yo no te daré nada, Hotaru, y ahora mismo le pondremos arreglo a tu problema.

Rubeus le dio una cobija a Hotaru para que se cubriera y manejamos una hora más hasta Yokohama. En ese lugar se encontraba el mejor centro de rehabilitación de Japón. Estaba dispuesto a pagar lo que fuera con tal de internar a Hotaru en ese lugar. En el trayecto hasta el lugar me dediqué a hacer algunas llamadas y arreglar el ingreso de Hotaru. Una vez que llegamos, Rubeus y el chofer se quedaron con Hotaru a cuidar que no escapara. Ella se había dormido y al parecer no tenía idea de lo que sucedía a su alrededor. Después de una larga charla con el director del centro, arreglé que Hotaru tuviera el mejor cuarto, los mejores doctores, el mejor trato y el mejor tratamiento. Pagué por adelantado los primeros meses y el director envió a unos enfermeros por Hotaru a la camioneta. Estuve firmando papeles y arreglando los últimos detalles para que luego el director me guiara hasta el que sería el cuarto de Hotaru. Ella ya se encontraba ahí con una bata blanca y una camisa de fuerza. Sentí un nudo en la garganta al verla tratando de zafarse de la camisa y cuando me miró enloqueció aún más.

-¡Te odio, te odio!-gritaba.-Cómo te atreves, ¿quién te crees?

-Esto solo lo hago por tu bien, Hotaru, yo no puedo permitir que tu hermana vea en lo que te has convertido. Estoy seguro que puedes volver a ser la misma, puedes recuperar tu vida, yo no quiero hacerte daño.

-Si crees que con esto voy a aceptar a Mina estás equivocado, Kou, ella no te quiere, no te quiere no te quiere. Pierdes tu tiempo, yo no voy a cambiar.

-Estás enojada.-dije tratando de no pensar en sus palabras.-Por lo pronto me odiarás y no vas a comprender nada, pero voy a hacer lo que sea necesario para que te recuperes. Te recomiendo que te portes bien y sigas todas las órdenes, todo esto es para tu beneficio.

-¡Lárgate!-gritó.- ¡Ya!

Salí del cuarto sin decir nada más. Me parecía algo denigrante pero para los adictos no había otra salida más que el encierro y la rehabilitación. Si la trataba bien jamás se recuperaría y yo no iba a permitir que Hotaru continuara con esa vida cuando apenas tenía 18 años de edad. Ella tenía un futuro por delante, podía comenzar una vida nueva y ni ella misma tenía derecho de destruir su vida de esa manera. Sobre todo no podía permitir que Minako se destrozara al verla así. Tenía que ayudar a Hotaru, tenía que recuperar a la niña dulce que había sido alguna vez, tenía que recuperar a la hermana de Minako. No podía decirle nada a Minako hasta no haber recuperado a su hermana, y yo me encargaría de que ambas salieran adelante.

Mina.

No había escuchado de Yaten en todo el día y me sentía algo preocupada. Normalmente no me dejaba dar un paso sin que él supiera y no había sabido nada de él en todo el día. En la mañana que me había despertado ya no estaba y no supe a dónde había ido. Debía entender que a mí no me concernía qué hacía o a dónde iba, pero de alguna manera habíamos pasado tanto tiempo juntos durante las últimas semanas que me sentía muy extraña al no saber nada de él. Me daba miedo empezar a querer saber lo que hacía o dónde estaba metido, me daba miedo querer saber todo de él, ya que a pesar de que pasábamos tiempo juntos no me hablaba de sus cosas privadas.

Me encontraba desmaquillándome en el camerino cuando Artemis entró. Dejó la puerta abierta y se sentó a mi lado.

-Yaten llamó y dijo que vendrían por ti para llevarte su penthouse.-sonrió.

Yo no dije nada pero me sentí más tranquila, al menos sabía que seguía con vida. Antes de poder responderle me di cuenta de que Kunzite se encontraba recargado en el marco de la puerta y nos observaba de brazos cruzados. Artemis siguió mi mirada y se enderezó al ver a Kunzite allí de pie.

-Artemis, necesito que vayas con las chicas, tienes que ayudarlas.

-Enseguida.-respondió saliendo de ahí.

Yo continué haciendo mis quehaceres con tal de que Kunzite se fuera lo antes posible de mi presencia, pero me di cuenta de que había cerrado la puerta tras de sí y se acercaba hasta mí.

-Así que nuestro querido jefesito quiere que vayas a su departamento nuevamente.

No respondí, tan solo lo miré suplicándole que se largara.

-Me parece que él ya se ha entretenido demasiado contigo como para que todo esto sea solo una distracción para él. ¿Será que busca algo más contigo? ¿Nuestro jefesito el magnate Yaten Kou está realmente interesado en una teibolera? Creo que le haces muy buen trabajo…-dijo mientras me acariciaba el hombro.

Lo aparté bruscamente y me puse de pie sin responder aún.

-Estás muy callada, Venus, recuerda que todavía soy tu superior y necesitas portarte bien conmigo, ¿acaso crees que porque eres el entretenimiento de Yaten Kou puedes hacer lo que te dé la gana?

-Déjame en paz, Kunzite, lárgate de una vez, tú no sabes nada de nada.

-¿Qué es lo que tengo que saber? ¿Qué sucede con Yaten Kou, hermosa?

-Nada de lo que pase entre él y yo es de tu incumbencia.

-Desde hoy lo es, señorita, estoy cansado de que de órdenes y te lleve las veces que le dé la gana y me diga que tú no bailarás hoy y hoy sí. Eso ya no va a suceder.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo piensas prohibirle al dueño de tu trabajo y de todo esto eso, eh?

Cuando creí que Kunzite ya me dejaría en paz, vi que cerraba la puerta con botón y regresaba a mi lado. Intenté alejarme de él pero me tomó a la fuerza e intentó besarme. Le di una cachetada para demostrarle que no pensaba seguir su jueguito. Él se enojó por el golpe y me devolvió la cachetada, haciendo que me tambaleara por unos instantes y cayera al suelo. Me miró mientras se reía de mí y en vez de ayudarme a ponerme de pie, se agachó e intento propasarse conmigo. Me jalaba la ropa e intentaba desnudarme mientras yo forcejaba con él y gritaba. Nadie acudía a mis gritos y comencé a desesperarme demasiado. Kunzite era demasiado fuerte para mí y no sabía por cuanto tiempo iba a poder alejarlo de mí. Comencé a llorar desesperadamente y traté de seguir gritando hasta que Kunzite me dio un golpe fuerte en el rostro que me dejó aturdida por algunos minutos. Todo me daba vueltas alrededor y traté de mantenerme despierta lo más que pude.

Yaten.

Iba en camino a mi penthouse, esperando poder encontrar a Minako ahí cuando llegara. Decidí llamarle al guardaespaldas que le había asignado para asegurarme de que ambos ya estuvieran ahí.

-¿Si señor?-dijo la voz masculina del otro lado.

-¿Están ya en el penthouse?

-No, señor, la señorita Aino aun no sale del club.

-¿Qué? Pero si hace más de media hora debió de haber salido, su turno terminó.

-No me he movido de aquí afuera y no ha salido, solo las demás bailarinas.

-Ve y búscala en estos momentos, no me cuelgues hasta que la tengas a la vista.

Mientras el guardaespaldas hacía lo que le había ordenado por mi parte le ordené al chofer que se dirigiera cuanto antes al club. De pronto tenía una mala espina y no estaba dispuesto a perder el control de la situación.

-Estoy muy cerca del club, así que sigue buscándola que ya llegaré.-dije por teléfono.

Diez minutos después me encontraba bajándome de la camioneta. No había nadie el club ya, ni siquiera los guardias de seguridad, así que no podía concebir el hecho de que Minako no hubiera salido ya de allí. Justo cuando iba entrando, Artemis se me aproximó con gesto desesperado.

-Señor Kou.-dijo jadeando.-He estado tratando de entrar al club y no puedo, los guardias han cerrado las puertas pero Mina está dentro y estoy seguro de que Kunzite también.

De pronto sentí que el rostro se me endurecía y traté de calmar a Artemis.

Abrí las puertas de un solo golpe y con la ayuda de Artemis. Prácticamente corrí por todo el club hasta donde se encontraban los camerinos y me encontré al guardaespaldas saliendo de la oficina de Kunzite. Me informó que había buscado en todas partes y que apenas buscaría en los camerinos. Al llegar al camerino de Minako nos dimos cuenta de que era el único cerrado, cuando traté de abrir la puerta estaba cerrada por dentro con seguro. Le pedí al guardaespaldas que estuviera pendiente para sacar a Kunzite de allí cuanto antes y entre ambos golpeamos la puerta hasta abrirla.

Sentí que la sangre me hervía cuando vi a Kunzite tratando de aprovecharse de Minako. Toda la rabia que sentí en ese momento fue suficiente para apartarlo de ella y aventarlo tan fuerte como pude, haciendo que se golpeara con el escritorio. Minako se encontraba medio inconsciente y le pedí a Artemis que se la llevara de allí. No pude controlar el enojo que sentía y golpeé a Kunzite tantas veces como fui capaz, pero el guardaespaldas me detuvo antes de que lo matara. Traté de respirar hondo y controlarme pero no era capaz, le pedí que se lo llevara y lo echara a la calle. Minutos después salí a la camioneta y Artemis ya la había subido, me pidió que me controlara y que me la llevara de ahí cuanto antes. Me despedí de él y me subí.

No pude hablar durante el camino. Minako había reaccionado un poco más gracias a un dulce que el chofer le había dado. Cuando llegamos al penthouse la cargué entre mis brazos y subí con ella hasta el último piso. Me sentía tan enojado e impotente que no podía pensar con claridad. Minako se sentó en el sillón y comenzó a llorar mientras balbuceaba.

-No me hizo nada, Yaten, no lo logró.-sollozaba.-Yo no quise… no quise…

-No vas a volver a ese lugar, no vas a regresar, ¿me entiendes?

Ella no respondió. Tan solo ocultaba su rostro entre sus piernas y lloraba.

-No vas a salir de aquí porque no voy a dejar que nadie te ataque. A ese lugar jamás vuelves, y tampoco el imbécil ese. Yo mismo me encargaré de que no lo haga, y tú tampoco saldrás de aquí. Estarás aquí, segura y sin problemas, no necesitas seguir trabajando en ese lugar. Si lo que quieres es dinero yo te lo doy, te daré todo lo que sea necesario con tal de que no te vayas de aquí.

-Pero Yaten…-intenté protestar.

La miré con los ojos inyectados en sangre y grité a uno de los guardias.

-Quiero que vayan ahora mismo al departamento de la señorita y traigan todas sus cosas. Ahora mismo. Y otra cosa, nadie puede dejar salir de este lugar a la señorita, ¿me entiende?, infórmele a todos.

El guardia asintió y salió de inmediato. Minako se puso de pie desesperada.

-¡No! No porque estés enojado puedes mantenerme aquí, Yaten, yo no voy a quedarme aquí encerrada, ¿me entiendes?-dije caminando hasta la puerta.

La tomé de los hombros y le obligué a regresar al sillón.

-No tienes derechos sobre mí, Yaten, ¡no, no, no!

-Soy tu esposo, recuerda muy bien eso porque sí tengo derechos sobre ti. Es mi última palabra y no sales de aquí.

-Pero Yaten, tienes que entender que tú no eres mi dueño, yo tengo una vida ahí afuera y…

-Soy tu dueño, que te quede claro, tú eres mi esposa, mi mujer y si quiero que te quedes aquí, lo haces. Dependes de mí en todos los sentidos ahora, y me vas a obedecer. Ya no quiero seguir discutiendo esto.

La dejé sola y me encerré en mi despacho. Me serví un vaso de whiskey en las rocas y me lo bebí de un solo trago. Volví a servirme y me senté en la silla para poder tranquilizarme. Pasaron horas y yo permanecí encerrado en mi despacho bebiendo y pensando. Todavía no podía quitarme de la cabeza la imagen de Kunzite sobre Minako, y de alguna manera me trajo a la mente los recuerdos que tanto me habían atormentado antes, recordé la imagen de Minako y el estúpido de Armand besándose, lo recordé todo y sentí odio y rencor. Sentí que la vida se me acababa y sentí que quería matar a alguien. De ahora en adelante no dejaría que nadie se acercara a Minako porque no estaba dispuesto a volver a perderla, y no podía soportar la idea de saber que alguien más la había tocado. Solo yo podía tocarla y hacerle el amor, solo yo podía acariciarla y besarla, nadie más, absolutamente nadie.

El tiempo pasaba y todo me daba vueltas. Seguía bebiendo y pensando hasta que la vista se me nubló y caí dormido sobre el escritorio. No supe cuánto tiempo pasó, solo escuché el ruido de la puerta abrirse y una luz mortecina filtrarse. Me encontraba en la completa oscuridad y abrí los ojos con dificultad. La cabeza me dolía y de pronto sentí las manos de Minako tocarme el rostro. Me incorporé poco a poco y noté que ya se había cambiado de ropa y ahora llevaba un pijama. Dio la vuelta al escritorio y se acercó a mí en silencio.

-Yaten, son las cuatro de la mañana, ¿por qué no vienes a dormir a tu cama?

Aclaré la garganta y tragué un poco de salida. Minako me extendió un vaso de agua y lo bebí hasta el fondo sin rechistar. Noté que Minako apartaba de mi vista la botella vacía de whiskey y la echaba al cesto de la basura.

-No debiste beber tanto…

Me desajusté la corbata que me apretaba el cuello y sentí que Minako se acercaba más a mí. Apenas podía ver algo entre tanta oscuridad, pero sí pude ver sus ojos azules clavados en los míos. Sin proponérselo se sentó en mis piernas y me miró durante unos largos segundos. De pronto tomó mi rostro entre sus manos y me besó en los labios. La confusión me atormentó durante algunos instantes y luego reaccioné. Percibí que Minako lloraba en silencio mientras me besaba. La tomé de la cintura y la atraje más hacia mí mientras seguía besándola.

Caminamos juntos hasta el dormitorio y me quité la ropa que traía. Me lavé los dientes y cuando salí del baño Minako se encontraba acostada en la cama. No me hubiera imaginado que quisiera dormir conmigo después de nuestra discusión, así que no dije nada y me recosté junto a ella. Cuando apagué la luz de la mesita de noche sentí cómo Minako se acercaba a mí y recargaba su cabeza en mi pecho mientras me rodeaba con los brazos. Yo también hice lo mismo y respiré hondo.

-No fue mi culpa.-dijo ella.

-No quiero hablar de eso ya.-respondí tranquilamente.

-Solo quiero dormir contigo, Yaten, quiero que me abraces.

La energía subía por mi cuerpo y apreté a Minako contra mí mientras buscaba su rostro. La besé sin esperar nada a cambio. Tan solo necesitaba besarla y saborear sus labios carmín. Ella me acarició el rostro y yo me recliné sobre ella hasta dejarla sin aliento.

Andrew.

Aun no comprendo por qué Yaten Kou prohibió mi entrada a su club nocturno. Varias semanas he tratado de encontrármelo para poder preguntarle sin ningún resultado. Me sentía algo desesperado al no encontrar a Mina por ningún lado. En el club me dijeron que ya no trabajaba ahí, por un lado les creía pero por otro tenía miedo de que ella les hubiera pedido que me dijeran eso para esconderse de mí.

Me encontraba fuera de su casa y ya era la cuarta vez que iba en semanas. Justo cuando estaba a punto de irme escuché que la puerta abría y vi salir al asistente de Mina que siempre estaba con ella.

-Ella no está aquí.

-Pero…-dije tratando de asimilarlo.-He venido muchas veces, la he buscado aquí y en el club… no puede esconderse.

-No se está escondiendo, simplemente no está y no creo que vaya a regresar pronto.

-¿Dónde está?

-No lo sé.

-Claro que lo debes de saber, ustedes son como uña y mugre.

-Escucha, Andrew, yo no puedo decirte nada, será mejor que de una vez dejes de buscarla porque no será bueno ni para ti ni para ella. No vas a encontrarla.

-No comprendo todos los secreto que tú y ella se traen, pero en algún punto lo averiguaré, te juro que no tengo malas intenciones, simplemente creo que puedo ayudar a Mina con sus problemas, puedo escucharla y estar con ella, no quiero hacerle daño, jamás podría.

-No dudo de tus buenas intenciones, Andrew, creo que eres un buen tipo y que le harías bien a Mina, pero en estos momentos su situación es muy complicada y lo único que harías sería crearle problemas, ¿lo ves?

No tuve nada que responder a eso así que me despedí y me fui caminando. Por más que intentaba comprender algo sobre Mina todo me parecía más complicado. Me sentía desesperado por encontrarla y saber qué era lo que le sucedía, porque lo único de lo que estaba seguro era que tenía bastantes problemas.

Yaten.

Había pasado cerca de un mes desde que habíamos ingresado a Hotaru a la clínica. Hacía media hora que habíamos llegado pero al parecer Hotaru se encontraba en una de sus terapias y no podíamos interrumpir. Al cabo de un rato, una enfermera se aproximó y me indicó que podía seguirla. Caminamos por los pasillos vacíos y silenciosos hasta la habitación de Hotaru. Rubeus decidió esperarme fuera y entré después de que la enfermera me dijo que solo tenía media hora de visita.

Cuando entré vi a Hotaru sentada en cuclillas sobre una silla mirando por la ventana. Me acerqué con cuidado y me senté frente a ella. Hotaru se giró lentamente y vi tristeza en sus ojos. Parecía haber adelgazado mucho, supuse que era normal después de que la enfermera me había dicho que se rehusaba a comer la mayoría del tiempo. Según me habían informado, ese síntoma era común en el proceso de desintoxicación, además de que tomaba demasiada agua. Hotaru asistía con un psiquiatra todos los días, luego asistía a clases de meditación y también a sesiones en grupo con otros pacientes de la clínica. También le daban ciertas actividades para realizar ella sola, como jugar, leer o alguna otra cosa que la ayudara a entretenerse.

Ya no había maquillaje en su rostro y lucía limpia y tranquila, aunque tenía unas ojeras enormes y oscuras, supuse que le sería muy difícil dormir. Se había cortado el cabello y vestía una bata blanca.

-Me da gusto ver que vas mejorando.-dije pacientemente.

-No estoy tan segura.

-Esto toma tiempo, Hotaru, recuperarte de una adicción no es cosa de un día para otro. No importa cuánto tiempo tengas que tratarte aquí, todos te ayudaremos.

-¿Por qué te importa ayudarme, Kou? Aquí todos parecen felices de que yo esté aquí, ¿por qué yo no estoy feliz?

-Porque estas en un proceso y ese proceso necesita tiempo. Sé que esto es difícil y que vas a tener que poner mucho de tu parte, pero estoy seguro de que saldrás adelante.

Noté que se limpiaba un par de lágrimas.

-Eres muy joven aún, Hotaru, tan solo tienes 18 años y una vida por delante. Tu hermana está desesperada por saber de ti.

-¿Le has dicho que me encontraste?

-No. Prefiero que te vea recuperada, quiero que vea que puedes regresar a ser la Hotaru que ella dejó de ver hace años.

-¿Por qué te importa tanto? Tú también la dejaste hace tiempo, te fuiste y no comprendo cómo es que ahora estás aquí.

-Eso es una historia diferente.

-Ella te hizo daño pero creo que tú todavía la quieres, ¿no?, ¿cómo es que estas con ella después de lo que hizo?

-No quiero hablar de eso, haces demasiadas preguntas. No estoy aquí para hablar de mí, sino para hablar de ti. Quiero que sepas que puedes confiar en mí, puedes decirme lo que sea, pero lo único que no voy a permitir es que me engañes a mí o a tu hermana. Necesito que hagas esto de corazón, que salgas adelante y yo estoy dispuesto a ayudarte siempre y cuando seas sincera. No soporto a las personas que intentan sobrepasarse conmigo, y creo que tú aun eres esa chica que solías ser, confío y creo en ti.

Hotaru me miró y trató de sonreír.

-Gracias…

-Te voy a dejar mi número telefónico si alguna vez necesitas algo, quiero que cuentes conmigo.

Charlamos durante un rato más y luego me despedí de ella. Ansiaba regresar a Tokio pronto. Firmé algunos papeles en la recepción y luego emprendí mi camino de regreso. El camino fue más largo de lo que creí y cuando al fin llegué al penthouse ya oscurecía. Ya dentro me llegó un olor delicioso y me sorprendí al ver a Minako en la cocina sirviendo en platos. Cuando me vio dibujó una sonrisa en su rostro. Me acerqué a ella y la besé tiernamente en los labios. Poco a poco iba imaginando mi vida sin ella y de pronto me di cuenta de que sería una vida vacía y que yo no podría seguir viviendo si ella no estaba conmigo, y eso me dolió pero al mismo tiempo me reconfortó.


No tengo mucho tiempo de agradecer a todas pero las adoroooo gracias a todas:)