Cap. 10: Lyra

Eran alrededor de las dos de la mañana. Las calles de Canterlot estaban vacías. Lyra sabía que no podría tomar un tren de vuelta a Ponyville esta noche como lo había planeado, y aunque pudiera, todavía tenía que ir a la casa de sus padres. Tenía muchas cosas que hablar con ellos.

Era difícil nopensar como ellos como sus padres.

Le habían enviado una carta pidiéndole que fuera a visitarlos. Había parecido extraño en ese momento, pero ahora…

"Le ha tomado demasiado tiempo. Sin magia ni cutie mark. ¿Qué pasa si es porque ella –?"

Honestamente, a Lyra no le había sorprendido escuchar que los humanos estaban extintos. Sólo que el saber cómo había pasado la había dejado sin palabras. Pero la idea de que había otro mundo allá afuera, y que ella realmente era…

"'Un unicornio normal'." Murmuró Lyra. "Todo este tiempo, siempre me dijeron que actuara como un 'unicornio normal'."

Llegó a la casa. Se paró frente a la puerta, levantó dudosamente un casco, y tocó. Lyra miró a su alrededor mientras esperaba nerviosa. Oyó pasos acercándose, y la puerta se abrió por fin.

"¿Heartstrings?" Dijo Cirrus. "Me preguntaba si vendrías después de la Gala. ¿Cómo te fue?"

¿La Gala? Lyra prácticamente había olvidado todo sobre la Gala. "Uh… Mamá, si no te importa… Preferiría que me llamaran Lyra ahora. Me refiero… Heartstrings es un nombre poni…"

La mirada en los ojos de Cirrus decían que sabía exactamente a lo que Lyra se refería. "Hablaste con la Princesa."

"Sí."

Cirrus suspiró. "Ven, pasa."

Lyra la siguió hasta el living y sentó, dejando sus cosas en el suelo. Había pasado tiempo desde la última vez que los había visitado, pero nada había cambiado en esa casa. Miró a las paredes mientras su madre subía la escalera. Habían fotos de sus padres cuando jóvenes colgadas en la pared, y también algunas de Lyra cuando potranca. Ahora se daba cuenta de que no había ninguna de ella cuando bebé.

Su madre volvió con su padre y se sentaron al otro lado de la mesita de café. La miraron, sin saber por dónde empezar. Sólo se escuchaba el tic-tac del reloj en el pasillo.

Cirrus finalmente rompió el silencio con un suspiro. "La Princesa nos dijo que hablaría contigo. Ella te lo explicaría mejor que nadie."

"Sabíamos que pronto pasaría. No podíamos ocultarlo para siempre." Agregó Dewey.

"No importa lo que seas, siempre has sido y serás nuestra hija."

"La única razón por la que intentamos alejarte de todas esas historias, fue para protegerte. Si te enterabas de la verdad –"

Lyra los interrumpió. "Escuchen… No estoy enojada con ustedes. Entiendo por qué los ponis nos tienen miedo. A los humanos, quiero decir. Y realmente aprecio que me hayan cuidado. Sé lo riesgoso que pudo haber sido."

"Nosotros tenemos miedo de ti, Hearstrings" Dijo Cirrus, frunciendo el ceño.

"Ahora soy sólo Lyra." Dijo. "La Princesa me contó todo pero… ¿de dónde vengo realmente?"

Su padre – Lyra no podía evitar seguir llamándolo así – intercambió miradas con su esposa. "Estábamos dando un paseo por los jardines del castillo. Lo primero que notamos fue… fue que habían unos extraños muebles esparcidos por todo el jardín. Naturalmente, no sabíamos lo que estaba pasando. Te encontramos en una cuna pero… no eras un poni. No estábamos seguros de qué eras."

"Lo único que sabíamos es que estabas sola. Llevarte a la Princesa pareció la mejor idea." Dijo Cirrus. "Los guardias reales fueron a inspeccionar los jardines y tampoco tenían idea de lo que pasaba. Por eso nos dejaron ir a ver a la Princesa, y, bueno… Ella nos contó lo mismo que te explicó a ti hoy."

"Acerca… de lo que son los humanos." Dijo Lyra. "Y lo que hicimos."

"Pero la Princesa dijo que no eras de Equestria, aunque tampoco estaba segura." Dijo Dewey. "Por lo dispersas que estaban las cosas en el jardín, parecía como un accidente. Además, eras sólo un bebé. Habría sido ridículo abandonarte ahí sólo por algo que hizo tu raza miles de años antes de que nacieras. Aun así, otros ponis no lo entenderían, así que…"

"Transformarte en un poni fue la mejor opción para todos. Especialmente para ti." Dijo Cirrus. "Celestia dijo que los humanos estaban supuestamente extintos. No sabía de dónde podrías haber venido, por lo que tampoco podía enviarte de regreso. Además… Nosotros nunca habíamos podido tener una hija, y tú necesitabas a alguien que te cuidara…"

Lyra bajó la vista. "¿Alguien más sabe de esto?"

"Sólo nosotros y la Princesa. Nadie más." Respondió Dewey

Lyra asintió. "Así que Twilight no tenía nada que ver después de todo." Sus propios padres eran los últimos de los que Lyra hubiese sospechado que estaban dentro de la supuesta conspiración.

"La Princesa Celestia nos dijo que no tenía intenciones de contarle a Twilight acerca de los humanos. Hemos estado preocupados desde que se presentó en tu casa, pero por suerte no pasó nada." Dijo Cirrus.

"Entonces, ¿han estado hablando con la Princesa todo este tiempo?" Dijo Lyra

"Teníamos que hacerlo. Ningún humano nunca había sido transformado en poni antes. Debíamos informarle cómo te estaba yendo – que habías aprendido a hacer magia, que habías crecido como cualquier otro poni, cuando… encontraste esos libros sobre tu especie…" La voz de Dewey se apagó de a poco.

"Todavía creo que hubiese sido mejor no decirle nada." Dijo Cirrus. "Sólo hará más difíciles las cosas."

"Las cosas no tienen por qué cambiar por esto." Le dijo Dewey. Luego miró a Lyra. "Pero ahora que lo sabes, tendrás que mantenerlo en secreto cuando regreses a Ponyville. Si alguien se entera de esto, no sabemos qué podría pasar." Dijo Dewey. "Lo entiendes, ¿verdad?"

Celestia le había dicho lo mismo. Si regresaba a casa, no podría decirle a nadie. Lo mejor era que los humanos fueran olvidados. Ya era difícil antes, pero ahora… Oír a Bon-Bon o a Twilight decir que los humanos eran ridículas historias, sabiendo que ella era uno… Lyra no podría soportarlo. Pero había otra opción.

"Ése es el punto…" Dijo Lyra. "No volveré a Ponyville."

Dewey parpadeó. "¿A qué te refieres? ¿Qué hay de tu amiga?"

Lyra pausó un momento, sabiendo que no estarían felices con la respuesta. "La Princesa ha intentado averiguar de dónde vine, y me dijo que si yo quería… Podría enviarme de vuelta a mi mundo." Forzó una sonrisa, anticipando la reacción de sus padres.

Una vez más, hubo un largo y doloroso silencio.

"La Princesa Celestia nos dijo que había perfeccionado el hechizo." Dijo Dewey. "Ha estado estudiando los artefactos de tu mundo. Ésos que estaban en el jardín cuando apareciste."

La explicación que Celestia le había dado sobre ese hechizo había sido muy complicada, y combinado con el estado mental en que Lyra se encontraba, no podía recordar nada. Lo único que importaba era que había una oportunidad para regresar y poder vivir como una humana.

"Heartstr- Lyra," Se corrigió Cirrus. La pronunciación le era extraña. "No tienes que hacer esto. Los humanos son peligrosos, ¿no te contó la Princesa acerca la guerra?"

"¡No todos los humanos son así!" Insistió Lyra. "Me refiero…Yo no soy así. Además, los humanos son mucho más que sólo guerra. Sólo piensa todas las cosas que han inventado para hacer la vida más fácil… No somos destructivos, no importa lo que diga Celestia. Sé que no lo somos." La voz se le quebró.

"Jamás hemos visto a ningún otro humano." Dijo Cirrus. "Te criamos como a una poni, ni siquiera sabemos qué habría pasado si te hubieses quedado allá."

"Es una de las razones por las cuales quiero regresar. Pertenezco allá." Lyra miró al suelo, a sus cascos. No había nacido con ellos. "Además, la guerra fue causada por Discord, y fue aquí en Equestria. De donde vengo, quizás los humanos sean… diferentes." Levantó ligeramente los ojos.

Cirrus iba a protestar nuevamente, pero Dewey levantó un casco y la interrumpió. "Esta es una decisión que sólo Lyra debe tomar." Parecía intentar convencerse a sí mismo de eso.

"La Princesa me contó sobre los riesgos, pero necesito saber la verdad sobre los humanos. Sé que no somos tan malos como los ponis creen."

"No estás pensando con claridad." Dijo Cirrus. "Estás cansada. Te sentirás diferente en la mañana."

Dewey asintió. "Quizás deberías dormir y pensarlo bien."

Lyra negó con la cabeza. "Desde que supe que los humanos existían que he querido saber más de ellos… O realmente creo que siempre he querido ser uno. Sé que esto es lo que quiero hacer."

"Nunca debiste dejar que conservara esos libros." Murmuró Cirrus.

"Cuando la encontré leyéndolos ya era muy tarde." Respondió Dewey. "No creí que tomara todo esto tan en serio."

Lyra miró a su padre y luego a su madre. "Al menos necesito intentarlo." Hizo una pausa. "Lo siento."

"Quizás deberíamos seguir hablando de esto por la mañana." Dijo Dewey. "Lo que sea que elijas, Lyra… Sólo asegúrate de que sea lo que realmente deseas."


Lyra estaba en la cama de su antigua habitación. Se había quitado el vestido e intentaba relajarse, pero no podría dormir esa noche. De todas formas, ya casi amanecía.

Debería haberse sentido más feliz por todo esto. Siempre había amado a los humanos.

Así que sus padres aún creían que los humanos eran peligrosos. Y no sólo ellos, también la Princesa Celestia. Normalmente, Lyra les hubiese dicho que estaban totalmente equivocados, pero todavía pensaba en le guerra. ¿Y si no había sido todo culpa de Discord?

No… Eso era ridículo, Celestia había dicho que ella y Luna no habían podido derrotarlo en ese momento. Tenía demasiado poder, y había comenzado con los humanos. Podría haber hecho lo mismo con los ponis si hubiese querido, casi lo había hecho el año pasado.

El mundo de los humanos sería perfectamente seguro.

Tomó su diario y lo ojeó. Sus sueños eran sobre cosas de su propio mundo, no de los humanos de Equestria. Eso explicaba por qué era tan distinto a lo que había en los libros.

Alguien tocó la puerta. Lyra levantó la vista y vio Dewey asomándose desde el pasillo.

"¿Puedo entrar?" Preguntó él.

"Sí, pasa." Respondió, dejando su diario donde estaba.

Algo flotaba junto a él, en una brillante bruma azul. Era un objeto rectangular que Lyra no supo decir qué era.

"Todavía quieres ir al mundo de los humanos." Dijo Dewey.

Lyra asintió.

"Quizás eso es lo que debas hacer. Realmente ya no lo sé…" Dirigió la mirada al objeto que brillaba junto a su cabeza y lo hizo flotar hasta Lyra. "Celestia te dijo acerca de las cosas que encontraron. Quería estudiarlas. Pero yo me quedé con esto."

Lyra no podía creer lo que veía. Era una antigua fotografía pero…

"Estos son… ¿humanos de verdad?" Preguntó perpleja. Dos de ellos – un hombre y una mujer – estaban parados frente a una gran casa, y había uno de esos carros que se movían solos, esos que había visto en sus sueños. El hombre tenía el pelo y la barba de color negro, y abrazaba a la mujer con un brazo. Levantó la vista a Dewey, sin poder decir nada.

"No estoy totalmente seguro, pero supongo que esos son… tus padres."

Dejó la foto en la mesita, pero no podía apartar los ojos de ella. Cualquier evidencia fotográfica de que los humanos habían existido habría sido grandiosa pero… ver a sus padres verdaderos así de repente era diferente…

"¿Guardaste esto durante todos estos años?" Preguntó Lyra.

Dewey asintió. "Tu mamá no sabe que la tengo, pero es nuestra única pista sobre quién solías ser. Mentiría si te dijera que tu especie no me causa curiosidad. Me he preguntado sobre aquellos humanos desde que te encontramos."

Lyra volvió la vista a la foto y luego de vuelta a él. "No puedo creer que tengas esto…"

"No trato de decirte qué debes decidir. Pero antes que nada… Asegúrate de qué es lo que quieres realmente. Si te vas de Equestria, podrías no poder regresar."

"Lo sé…"

"Entiendo por qué quieres ir." Dijo Dewey. "Después de todo, es tu decisión." Se dio la vuelta para salir de la habitación.

"Espera."

Dewey la miró. Se veía muy cansado.

"Papá, tú no crees que… los humanos sean malvados, ¿verdad?"

Él le sonrió. "Sólo conozco a una."

Lyra miró de nuevo la foto, todavía le parecía imposible. Luego lo miró a él. "Buenas noches."

"Buenas noches, Lyra." Se fue, cerrando la puerta tras él.

Lyra pasó toda la noche acostada, pero sin poder dormir. Observaba las caras de aquellos humanos. Todas las imágenes que había visto de humanos antes eran dibujos, o en sus sueños. Pero éstos… sus padres… Eran reales. Estaban ahí, en alguna parte.


A la mañana siguiente, Lyra fue a caminar.

Canterlot le era familiar. Había vivido ahí casi toda su vida, e incluso luego de mudarse a Ponyville siempre iba de visita. ¿Entonces por qué de pronto lo sentía como un lugar tan ajeno?

La Princesa Celestia le había explicado que sin importar su procedencia, ella era una habitante de Ponyville. Podía quedarse aquí. Eso era lo que Celestia le había recomendado. Y por supuesto, sus padres no querían que se fuera.

Pasó por la estación, y vio a un tren alejándose. Lyra fácilmente podría ir a Ponyville esa misma tarde. Iría y guardaría todos sus libros, le diría a Bon-Bon que se había acabado el tema de los humanos. Olvidaría que había visto a sus verdaderos padres, y que ella nunca había sido un poni…

No, eso no era posible.

Pasó junto al Estadio de los Wonderbolts. Había carteles en todas partes, diciendo que habría una carrera en pocos días. A Lyra le gustaba asistir a esas carreras…

Su herencia pegaso era una mentira. Creía que esa era la razón por la que hacer magia le había resultado tan difícil. Y ahora notaba que, la primera vez que usó magia para tocar la lira, había imaginado dedos que se movían entre las cuerdas. Y cuando había usado manos de verdad para tocar, le había sido aún más fácil.

Ponis que lucían elegantes sombreros y moda de alta clase de Canterlot pasaban a su lado rápidamente. No tenían idea de que caminaban junto a algo que supuestamente existía sólo en mitos.

Nada era realmente diferente. Nada había cambiado. Siempre había sido humana. La única diferencia es que ahora lo sabía. Todas esas veces que Bon-Bon la había mirado enojada, diciéndole que parara con su obsesión con esos 'locos sueños'…

Cuando potranca, siempre había creído que los humanos todavía vivían en alguna parte en Equestria. Recién cuando fue adulta se resignó al hecho de que probablemente estaban extintos. La oferta de la Princesa era demasiado buena para ser verdad.

Y de verdad era algo bueno. Porque todos esos temores ante los humanos eran totalmente errados. ¿Verdad?

Lo que les había pasado en Equestria era lamentable, pero eso no significaba que Lyra tuviera que tener miedo de volver a casa.

Se detuvo y se quedó ahí parada por un momento. Suspiró. Esto no iba a ninguna parte, tenía que tomar una decisión.

Se dio la vuelta, y se dirigió a la casa de sus padres a hacer los arreglos finales.


El castillo se veía totalmente diferente comparado a la noche de la Gala de hace unos días. Era mucho más brillante, pero mucho más silencioso. Pasaron junto a unos guardias hacia el interior del castillo. Dewey era reconocido como el jefe de la biblioteca, por lo que no tuvieron problemas para entrar.

No hubo discusión cuando llegaron, la Princesa sabía a qué habían ido. Cirrus se veía cansada y Dewey a cada rato abría la boca para decir algo, pero luego se quedaba callado.

Un mundo entero más allá de Equestria, pensaba Lyra. Con humanos de verdad.

Lyra no llevaba mucho con ella. Tenía su lira, su diario – la única pista que tenía sobre su mundo – y la foto de sus padres humanos. Los encontraría… de alguna forma.

Ahora Lyra y Celestia estaban sentadas solas en una de las recámaras de invitados.

"Estás totalmente segura de esto." Dijo la Princesa. Lyra no estaba segura de si era una pregunta o una afirmación.

"Estoy segura. Necesito saber quién soy realmente."

"Mi oferta sigue en pie. Eres más que bienvenida a quedarte aquí en Equestria." Dijo Celestia. "He tenido visiones limitadas de tu mundo. Es bastante distinto a la sociedad que conocíamos. Han evolucionado mucho, su tecnología es mucho más avanzada."

"Sí, lo he visto en mis sueños."

"Creí que serías demasiado joven como para recordar algo."

Lyra podía sentir su corazón latiendo con fuerza. Pronto ya no sería una poni. Ya no tendría cascos. Celestia era la única lo suficientemente poderosa para hacer esta clase de hechizo… Pero no, era lo contrario. Estaba deshaciendo el hechizo.

"No nos retrasemos más entonces." Celestia bajó la cabeza, apuntando su cuerno hacia Lyra. "Relájate, sólo tomará un momento."

Hubo un delicado pero reluciente brillo blanco. Lyra apretó los dientes, esperando que el proceso fuera doloroso como cuando transformó sus patas en manos, pero multiplicado por cien pero… estaba transformando todo su cuerpo y apenas sentía algo.


Lyra no había vuelto a casa todavía. Había dicho que volvería hace dos días.

Bon-Bon comenzaba a preocuparse. Pero de todas formas, ¿qué podría haberle pasado? A pesar de las locuras de Lyra acerca de la conspiración del gobierno y que la Princesa estaba tras ella, realmente no había nada de qué temer en Canterlot. Bon-Bon se avergonzaba por estar tan preocupada.

Alguien tocó la puerta. Bon-Bon salió de sus pensamientos y fue a abrir. Afuera se encontraba una pegaso gris de ojos bizcos.

"¡Tengo una carta para usted, señorita Bon-Bon!" Dijo alegremente.

Bon-Bon tomó el sobre y vio que decía 'Rainbow Dash' en la parte de adelante. Frunció el ceño.

"Uh, gracias…" Dijo. Quizás tendría tiempo para llevar esto al poni correspondiente después del trabajo.

Eso no fue necesario, ya que Rainbow Dash estaba detrás de la pegaso gris llevando otra carta entre los dientes.

"Qué tal, Bon-Bon." Dijo con una voz plana. "Tengo tu correo."

"Gracias, Rainbow Dash, aquí tengo el tuyo." Intercambiaron los sobres. El suyo decía 'Bon-Bon' en la familiar letra de Lyra. Se sentía algo pesado, tenía algo más que una carta adentro.

Rainbow Dash miró a la otra pegaso, quien las miraba algo triste. "Uh… Has estado mejorando, al menos ahora sólo tuve que preguntar en una casa." La poni gris la miró con una sonrisa, y aleteó dando unos saltitos.

Bon-Bon entró a la casa con la carta, preguntándose qué podría ser. Quizás era alguna explicación de por qué se estaba tardando tanto en volver.

Cuando abrió el paquete, unas monedas cayeron al suelo. Bon-Bon lo abrió más, y se dio cuenta de que había una gran cantidad de dinero ahí. Frunciendo el ceño, sacó la carta y comenzó a leer.

Querida Bon-Bon:

Lamento no haberte avisado antes. Algo pasó en Canterlot y me voy a mudar. Esto debería cubrir mi parte de la renta por un par de meses, espero que encuentres alguien más con quien compartir el piso. Fue genial conocerte. Gracias por ser tan paciente conmigo.

Lyra

Se quedó mirando le carta, desconcertada. ¿Lyra iba a mudarse así nada más? Bon-Bon no podía evitar sentirse algo culpable. ¿Había sido demasiado dura por lo de incidente con en carro?

Bon-Bon frunció el ceño. Era normal que Lyra hiciera cosas así de impulsivas, no debería estar tan sorprendida. Aun así, era bastante drástico. ¿A qué se refería con que "algo pasó en Canterlot"? Y todo ese dinero…

¡La Gala, claro!

Alguien había visto a Lyra en la Gala y la habían contratado para una sinfonía, o algo. Acudían celebridades de toda Equestria a la Gala, por lo que no era realmente una sorpresa. Probablemente ahora se encontraba en una gran ciudad con una orquesta. El dinero que le había mandado seguramente era una pequeña fracción de lo que ganaría.

Pero se había levantado e ido. Así nada más. Sin más despedidas que esta carta. Había dejado todas sus cosas – su ropa, muebles, libros…

Todas sus locas teorías sobre humanos…

A pesar de todo, Bon-Bon sonrió.

¿Era posible? Lyra al fin se había dado cuenta. Estaba destinada a ser una exitosa música, quizás incluso llegara a ser famosa. Sus días de caza-humanos se habían acabado por fin.


Lyra estaba en una de las habitaciones, examinándose a sí misma en el espejo. Acababa de terminar de vestirse con la ropa que la Princesa le había dado. Llevó una mano a su frente, sintiendo la suave piel bajo el flequillo. No había cuerno. Intentó mover algo con su magia, pero era incapaz.

Pero estaba bien así.

Levantó la otra mano, inspeccionando sus dedos. Todavía le fascinaban, incluso luego de haberlos tenido siendo poni. Estas eran manos de verdad. Flexibles, agraciadas, asombrosas. Tener manos en vez de magia parecía un intercambio justo.

Sus ojos eran del mismo color dorado, y su melena – no, su cabello – aún era verde menta con un mechón blanco, al igual cuando era una poni. Por lo que sabía, ésos no eran colores normales para los humanos, pero sí tenía el mismo color de piel claro que tenían los humanos de sus sueños. Era raro ser casi completamente calvo, pero a Lyra no le molestaba. De hecho, le gustaba en cierto modo.

Llevaba una camiseta verde, unos pantalones color canela, y un par de zapatos – ésos eran en cierta forma nuevos para ella. Los únicos zapatos que había usado antes eran los que Rarity le había dado, pero los que llevaba puestos ahora eran simples, y estaban hechos para ser prácticos. Ahora que la piel de sus pies era tan suave y no tenía cascos, los zapatos serían necesarios.

Junto con la ropa que la Princesa le había dado, encontró un collar que tenía una pequeña lira de oro, parecida a la de su cutie mark. La cual, al igual que su cuerno, se había ido. El collar le serviría como un recuerdo de Equestria.

Ser humana era una experiencia extraña, pero aun así, familiar. Quizás era su instinto, quizás eran sus sueños. Lyra pasó sus manos por sus suaves y lampiños brazos. Esto era real, no era otro sueño. Ella era una humana.

Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. Todo en la habitación estaba hecho para ponis, pero ahora todo parecía miniaturizado. Medía alrededor de un metro siendo poni, pero ahora medía más de un metro y medio. Junto a la puerta había un bolso nuevo al que había transferido sus cosas. Tenía una correa que iba sobre el hombro, como una alforja pero para caminar en dos piernas. Puso su mano sobre el picaporte – sin girarlo – y empujó la puerta.

Lyra caminó por los vacíos pasillos del castillo. Cuando miraba sus pies, el suelo parecía estar muy lejos. Tenía los brazos cruzados. Le era raro tener dos extremidades que no necesitaba cuando estaba caminando. Pero ya se acostumbraría.

Llegó a la Sala del Trono, donde sus padres adoptivos la esperaban junto a Celestia. Se voltearon para mirarla.

Vacilando, Lyra finalmente habló. "Estoy lista."

Cirrus retrocedió, sorprendida por la apariencia de Lyra. "T-Todavía puedes cambiar de opinión si quieres. Estás… ¿Estás totalmente segura?"

"Estoy segura." Lyra le sonrió débilmente.

"Una vez que llegues a tu mundo, lo más probable es que no puedas regresar." Dijo Celestia. Lyra estaba casi a la altura de los ojos de la Princesa, aunque su porte aún la impresionaba. "Estarás sola."

Lyra recordó la foto que llevaba en su bolso. No exactamente sola… Solo tenía que encontrarlos a ellos.

"Supongo que es tu decisión…" Dijo Dewey. Levantó la vista hacia ella, y sonrió débilmente. "No creí que serías tan alta."

"Esto es normal para un humano, creo." Dijo Lyra. No podía evitar sonreír. "Es decir, wow. No puedo creer…" Llevó una mano a su frente.

"El hechizo es similar a la teletransportación, solo un poquito más complejo." Dijo Celestia. "Dime cuando estés lista. Les daré un momento."

Lyra se dio la vuelta, y se arrodilló frente a sus padres. "Realmente voy a extrañarlos mucho. Solo que… creo que esto es lo mejor."

"No podemos disuadirte de esto… ¿verdad?" Preguntó Cirrus.

Moviendo la cabeza, Lyra respondió, "Estaré bien."

"Ten cuidado." Dijo Dewey. "Todo lo que queremos es que seas feliz."

"Lo haré… Estoy segura de lo que hago…"

Puso sus brazos a su alrededor, abrazándolo con fuerza, y luego lo hizo con Cirrus. Se sentía algo insegura con la nueva forma de Lyra, pero le devolvió el abrazo. Lyra sintió una lágrima cayendo por su mejilla.

Finalmente, Lyra se levantó y miró a la Princesa. "Creo que ya estoy lista."

Celestia miró a la humana que estaba parada frente a ella, y deseó poder ver más que a los corruptos seres de hace miles de años atrás. Lyra aún tenía algunas características de poni en su apariencia – el color del pelo, sus ojos. Sin embargo, era tan humana como el día en que había nacido.

"Espero que tengas razón cuando dices que los humanos de tu mundo son diferentes." Dijo Celestia.

Bajó la cabeza, y su cuerno comenzó a brillar otra vez.

Lyra se quedó ahí, mientras el castillo, la Princesa Celestia, sus padres, toda Equestria se desvanecía.