Myrtle La Llorona y las Siete Libretas de los Secretos


Disclaimmer: Todo el potterverso pertenece a J.K Rowling.


El hombre que susurraba a las serpientes


13 de Junio 1943. Lunes. Baño de las chicas. Segunda planta. 19:41.

Tom S. Ryddle observó el cuerpo de su víctima en el suelo, totalmente inerte.

Incluso muerta, me da escalofríos —pensó Tom, mientras se frotaba los brazos.

El basilisco, mientras Tom reflexionaba sobre sus cosas de psicópata, empezó a oler a Myrtle para comprobar el estado de su comida. Un fuerte olor que desprendía la ropa interior de la joven hizo que se arrastrara hacia una esquina del baño, traumatizado, mientras pedía clemencia, o unas pinzas para la nariz, para así poder dejar de oler aquél tufo nauseabundo.

Tom observó al basilisco escéptico, a la vez que elevaba una de sus inexistentes cejas que se perdió en su frente. A todo esto, ¿cómo sabe dónde empieza la calva y dónde acaba la frente? Ah, no, esperad, que aquí todavía era "humano" y estaba bueno, tonta de mí, olvidad este párrafo.

Tom elevó la ceja escéptico mientras se acercaba a Myrtle para ver que había provocado que su basilisco estuviera intentando comerse su cola para desaparecer. Incluso estaba echándole un poco de salsa barbacoa y había encendido un fuego para que la carne pasara mejor. Qué ganas de sufrir.

¿Se puede saber qué haces? — habló en pársel Tom, dirigiéndose al basilisco, lo que provocó que este dejara de intentar colocarse el delantal que decía: "Me como a mí mismo por no morir braginado*"

Mira, psicópata reptilino, siempre que me des comida en buen estado te obedeceré, pero, por nada del mundo, me comeré eso que tiene un tufo a podrido que no puedo con él. Y todavía no es momento de que empiece a podrirse la carne, además de que ese olor viene de sus partes íntimas y parece que esconde tres quesos roquefort ahí dentro —sentenció la serpiente mientras terminaba de encender el fuego.

No seas exagerado. Ni que oliera tan mal —Tom se acercó al cuerpo inerte y olisqueó, como los perros. Solo le faltaba meter la nariz en sus partes íntimas para parecerse a… pues no, ya lo ha hecho. Ya es un perro con todas las letras —Yo no huelo nada.

Claro que no hueles nada. Cuando renazcas en un cementerio gracias al hueso de tu padre, sangre de tu enemigo y carne de tu vasallo, saldrás sin nariz ni polla. Inconscientemente tu cuerpo te está preparando para ello. Por eso no se te levanta ni con viagra. Sí, no me mires así, las tuberías tienen oídos y sé que intentaste hacerlo con Madame Pomfrey pero ni con viagra se te levantó. Mejor para ti, aunque luego no vayas divulgando que tú eres casto y puro por sangre pura, que estás más salido que el pico de una plancha. Pobre Nagini. — contestó el basilisco sazonando su cola. ¿Qué cómo lo hace? Pues con la cola. ¿No tiene sentido? Da igual. Haced de cuentas que lo tiene.

¿Qué dices? ¿Renacer? ¿Y con sangre del enemigo? ¡Yo jamás tendré enemigos! —exclamó Tom con una mano bajo la túnica de Myrtle. Estaba comprobando si estaba muerta, no penséis mal, guarros.

Qué iluso. Tú enemigo será un bebé que se cagará encima de ti. Literalmente, cuando vayas a matarlo se cagará en ti, pero no es una expresión. Te soltará un truño que tendrás que tirar la túnica. Esa mierda y su olor será lo que lo salvarán. Dicen que es un hechizo de amor, sí, y qué más, eso es un eufemismo de la mierda que te va a caer encima.

Mi enemigo no puede ser un bebé, será un gran mago.

Sí, hijo, sí, lo que tú digas —cedió el basilisco, cansado. — ¿Qué haces?

¿Eh? —la mano de Tom ya estaba bajando hacia el jardín del Edén de Myrtle, que en este caso era un jardín de enredaderas y mofetas, más bien. —Estoy cerciorándome de que no queden pruebas.

¿En las bragas?

Hay que buscar en todos lad… ¿Qué es esto? —Tom sacó una libreta de las bragas de Myrtle. Era de un color rosa chicle de pelo, suave… y oloroso.

Tiene toda la pinta de ser una libreta, querido — dijo el reptil preparando la mesa.

Gracias por la obviedad, Marco Antonio. Vamos, deja de cocinarte a ti mismo que ya que no vas a comerte a esta muchacha, al menos ayúdame a prepararme para la función —gruñó Tom mientras guardaba la libreta en el bolsillo de su túnica.

¿Nos vamos al teatro? Te he dicho mil veces que si me llevas a algún sitio me avises para lustrar mis escamas. ¿Cómo pretendes que salga con estas pintas? La gente no huirá de mí como debe ser, todo porque…

¡Cállate! Me refería a la función que tendré que representar con el director para que no sospechen de mí.

Oooh, haberlo dicho antes, querido. Bien, veamos.

Tras un rato de peleas por intentar derramar agua en los ojos de Tom para que pareciera que estaba llorando, de ruegos ensayados y maquillaje para Marco Antonio, por fin el basilisco volvió a su hogar, exigiéndole a Tom que no volviera muy tarde por la noche.

A partir de aquí, lo demás es historia, así que avanzaré un poco.

23 de Junio de 1943. Jueves. Habitación de Slytherin. Sexto curso. Mazmorras. 20:34.

Tom, tras asegurarse de que todos sus compañeros estaban en la Sala Común haciendo a saber qué, se sentó en su cama, y con la luz de la vela, revisó el contenido de la libreta que días atrás había encontrado en las bragas de Myrtle. Esa chica era una caja de sorpresas, quizás se había adelantado en matarla, podría haberle dado una oportunidad, al fin y al cabo, no podría estar desfogándose siempre con el pobre de Avery, aunque mejor así. Que se acostumbre a cumplir los deseos de su amo. Además, ¿tan difícil y sacrificado era? ¡Que solo le pedía que bajara a por una bandeja de galletas de chocolate una vez a la semana!

Negando con la cabeza, abrió la libreta y leyó:

"Querida libreta número 1, eres la primera que escribo y espero que no la última. Tu misión aquí es — ¿hace falta que indique que había una voz en off en la habitación perteneciente a Myrtle? No, ¿verdad? Bien— guardar un gran conocimiento que pocos han tenido el valor de explorar. Puede parecer una tontería, pero a la hora de la verdad, este conocimiento servirá de mucho para aquél que lo posea.

El conocimiento que depositaré aquí es sobre… culos. Sí, haré una lista de los culos más portentosos de Hogwarts, para ello me adentraré en peligrosas aventuras que estarán descritas en esta libreta. Solo hay que escribir el nombre de la persona de quién desees saber la nota de su culo y la historia sola se desarrollará.

Espero que este conocimiento esté a buen recaudo, pues, en malas manos, provocaría que una horda de jóvenes hormonadas se lancen encima del que tiene el culo más portentoso y provechoso.

Tom cerró el libro con una enorme interrogación encima de su cabeza. ¿Culos? ¿En serio? ¿En qué estaba pensando esta tía? Aunque por otro lado ¿qué nota le habría puesto a él? ¿Estarían todos los alumnos?

Claro que están todos los alumnos, idiota. ¿Te crees que dejo las cosas a medias? ¡Por favor! ¡Poseo grandes conocimientos y tengo que ponerlos por escrito! ¡Así que pon un nombre de una puta vez y deja de dar por culo! Nunca mejor dicho.

Tom alzó una ceja escéptica, cogió una pluma con su tintero y pensó en qué nombre podría poner para ver la nota de su culo. No es que a él le importara como era el culo de alguien…

Mentiroso.

Pero tenía curiosidad por cómo funcionaba la libreta. Todo era por conocimiento para futuras inversiones.

Se golpeó el labio con la pluma, mientras pensaba. Podría poner su nombre, pero le daba escalofríos pensar que Myrtle podría haberle visto el culo. De todas formas, ponía que estaban escritos todos los culos de Hogwarts. Pero, ¿todos, todos?

Que sí, pesao', que yo, cuando recojo información, lo hago con estilo y completa.

También se preguntaba cómo era posible qué contestara a sus preguntas mentales.

Soy superdotada, y en muchos aspectos jijiji

Ignorando aquel comentario con dobles intenciones, se decidió por un nombre, podría quedar traumatizado, pero debía comprobar que estaban todos.

Albus Dumbledore. Escribió.

Esperó a que sucediera algo mágico, pero en la hoja empezaron a formarse palabras, sin nada de parafernalia. Encima del párrafo que acababa de escribirse apareció:

Si te esperabas cohetes artificiales te has equivocado de libreta, ciérrala y devuélvela a mi cuerpo, ladrón. O mejor escóndela, no vaya a ser que la encuentren mis padres y se piensen que soy una degenerada o algo. Bueno, lee la historia que has elegido.

Albus Dumbledore: profesor de Transformaciones de Hogwarts.

Nota: 7,5

Historia: El día 3 de enero de 1942, Albus paseaba por los terrenos de Hogwarts a las 6:30 de la mañana. Casualmente, yo me encontraba por allí, y aprovechaba para observar… el día tan precioso que hacía. Bueno, vale, llovía, pero estaba cotilleando a las parejitas felices del colegio. Pronto romperían, uno elegiría el crema y la otra el azul para el baile y la ruptura sería inevitable.

Bueno, que me voy por las ramas, el caso es que vi como Dumbledore empezó a dirigirse y, veloz como una gacela, le seguí. Puede que me tropezara un par de veces, vale, quién dice un par, dice que me caí cada tres pasos que daba. Pero llegué, eso es lo importante, para ver como el profesor se sacaba la chorra para mear. Sí, el Gran Albus Dumbledore meando, como un vulgar muggle, en un árbol. En ese momento pude observar dos cosas: su culo y su polla. En esta libreta solo constará la valoración de lo primero. Solo hay algo que decir, en el culo no tiene arrugas y los pelos no son blancos. Seguro que los de la barba se los tiñe o algo.

Esta es la historia y así te la he contado.

Tom levantó la mirada entre traumatizado y asombrado por la información que hay aquí, podría sobornar a la gente que tuviera un culo horroroso y amenazarlos con publicar la historia.

¡Ey! No uses mi libreta como moneda de cambio, es algo personal. Aunque teniendo en cuenta quién lo tiene… En fin, que tú verás. Pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Día cualquiera de 1993. Cámara del basilisco.

Harry Potter clavó el colmillo de la bestia en el diario de Tom Ryddle para acabar con aquel trozo de alma.

Lo que no supo, es que mientras lo destruía, la libreta adquirió un tono rosáceo, que se evaporó unos segundos después por el veneno.

En los baños de las chicas de la segunda planta, Myrtle sintió como su libreta era destruida y clamó al cielo por venganza.