Funes los despertó temprano aquel día. En realidad ninguno de los tres jóvenes tenía noción propia del tiempo ya que habían descartado sus Pads por miedo a ser descubiertos y dentro de aquel lugar cerrado no tenían forma de saber que hora era con respecto al TGE Local (Tiempo Galáctico Estándar)

El Zentran les informaba periódicamente la hora en forma de comentarios sobre "mañanas tardes y noches" a medida que hacía pausas durante la narración de su historia. Al parecer tal y como su contraparte del cuento de Borges, Funes tenía un precisa noción del tiempo sin necesidad de usar relojes u otros instrumentos de medición.

Tras un frugal desayuno a base de café y galletas secas los tres se sentaron frente al ex-archivista a escuchar las partes finales de la historia, cada vez más intrigados y asombrados por las cosas que habían llegado a saber de aquellos misteriosos personajes.

Tras un par de horas de hablar sin parar, Funes se detuvo un momento y tras beber un poco de agua miró atentamente a su público. —Haré mi último descanso ahora y terminaremos la historia por la tarde, luego podrán decidir que hacer... ah y si al volver no estoy aquí no se preocupen; seguramente volveré pronto.

Los tres jóvenes intercambiaron miradas en silencio y tras saludar al viejo Zentran salieron de la tienda con más dudas que certezas.

Decidieron ir a explorar el viejo pueblo fantasma y ver si podrían encontrar algo útil entre las ruinas. Ninguno de los tres lo había dicho en voz alta hasta entonces, pero la posibilidad de un nuevo enfrentamiento con aquellos piratas era algo que definitivamente no estaba lejos de ocurrir y tal vez estaba siendo la hora de conseguir alguna clase de arma.

Tras cargar unas pocas pertenencias y agua en sus bolsos dejaron el campamento y pusieron rumbo hacia donde se encontraba el poblado inexplorado al cual llegaron tras algo más de una hora de caminata por el ahora conocido paisaje de aquel enorme complejo llamado Módulo E.

El poblado se abría entre una especie de "cañón" artificial formado por uno de los extremos del módulo y la enorme pared curva de metal que según Funes alojaba la primera barrera de contención del escudo del Reactor. En la zona donde ambas paredes se acercaban a menos de cuarenta metros de distancia habían apilado aquel puñado de viviendas que se elevaban hasta unos seis niveles por sobre la base del suelo.

Funes había dicho que aquellas eran viviendas que los trabajadores habían dejado atrás al terminar de montar el escudo del reactor, pero al acercarse a las primeras construcciones vieron que algo no estaba del todo bien.

El dia anterior solo había visto el conjunto de casas desde lejos, ahora que se habían adentrado en aquel callejón sombrío comenzaron a notar detalles que parecían contar una historia diferente.

—Algo está mal. —dijo Mina mientras rodeaba un vehículo de transporte volcado sobre uno de sus lados. —Esto no parece un zona habitacional abandonada.

Cinthya levantó la vista inquieta. —¿A qué te refieres?

Los tres jóvenes se detuvieron en el centro del poblado y miraron a su alrededor. La calle estaba llena de basura y obstáculos. No solo un par de vehículos yacían arrojados como si un niño Zentradi los hubiera usado de juguetes adecuados para su tamaño, la disposición y tipo de basura que se encontraba dispuesta a su alrededor tenían un tipo de lógica evidente.

—Son barricadas. —dijo Mina señalando las montañas de basura. —Aqui no habia simplemente obreros que dejaron sus trabajos al terminar la tarea… aquí sucedió algo más.

Matt dió un paso al frente y de pronto su pie aplastó algo, haciendo el crujido resonara entre el angosto callejón e hiciera que Cinthya diera un respingo del susto.

—¿Que ha sido eso? —preguntó nerviosa haciendo que su linterna iluminara al joven pelirrojo.

El chico se agachó y recogió algo del piso. Tras levantarse y mirarlo detenidamente lo extendió hacia las chicas que lo miraban confundidas.

—Miren. —dijo.

Mina dirigió el haz de luz hacia el objeto y los pedazos rotos de plástico verde brillaron al ser iluminado.

—Eso es….

—Cartuchos de escopeta. —dijo Matt. —Cartuchos vacios, todo el suelo está lleno de ellos.

Las chicas bajaron sus linternas hacia el piso y descubrieron docenas de cartuchos verdes y azules diseminados por todos lados.

—¿Que… qué diablos sucedió aquí? —preguntó Mina asombrada.

Cinthya levantó una de las vainas azules y tras examinarlas la mostró a los demás. —Dice que son rondas no letales. Aparecen las siglas de algún tipo de policía local.

—Déjame ver eso. —pidió Mina.

Tras revisar atentamente las letras impresas en el plástico sacudió la cabeza. —Son de las fuerzas Policiales de Ciudad 7. —dijo arrojando la vaina al piso. —Eso quiere decir que la policía desalojó este lugar mientras la Rainbow aún estaba en la flota 37.

Cinthya y Matt se miraron confundidos.

—Nadie nunca nos contó nada semejante. —reflexionó Mina dando unos pasos alrededor de sus amigos. —¿Tu sabias algo de esto Matt?

El chico negó con la cabeza. —Yo solo sabia que la Rainbow ya había sido decomisionada hacía tiempo en cuanto la Colonia se separó de la Flota 37.

Tras pensar unos momentos Mina suspiró resignada. —Supongo que necesitamos más pistas antes de entender lo que sucedió aquí. —dijo.

Para cubrir más terreno cada uno entró a una casa diferente. Al nivel de la cubierta inferior había muchas puertas y ventanas. Incluso algunas de las viviendas habían funcionado como comercios y lugares de reunión de los habitantes de aquel pueblo. Una de las viviendas se había usado claramente como un bar o un café, todavía podía verse la barra alargada y la media docena de bancos alineados a un lado de la misma.

La primera pista fue encontrada por Cinthya, quien levantó la hoja de papel a través de una ventana sin cristales para que todos pudieran verla.

—Es una hoja de periódico. —dijo entusiasmada. —Dice Viernes 29 de Abril de 2044.

Mina y Matt se acercaron para verlo.

—Es de casi un mes antes que la Rainbow abandonara la Flota. —dijo Matt.

La chica de cabellos rubios miró la hoja de papel amarillenta. —Así que hay una relación directa entre la gente que vivía aquí y los orígenes de la Colonia. —dijo Mina pensativa.

Dejaron la hoja de papel y siguieron explorando el lugar.

Pronto encontraron más rastros de violencia: puertas derribadas, ventanas rotas y latas de lo que parecían ser gases lacrimógenos aparecieron incluso dentro de algunas casas.

No había pertenencias u objetos de valor a la vista, lo que probablemente indicaba que solo unos pocos pobladores quedaban en el pueblo en el momento de la represión policial y la mayoría había empacado sus pertenencias con bastante tiempo de anticipación.

Las escaleras que daban acceso a las casas que se encontraban sobre las cubiertas superiores estaban al final del callejón. A ambos lados de las mismas encontraron un local que había sufrido mucho más daño que las viviendas circundantes. Al parecer un incendio había destruido gran parte de los muebles del interior y casi todo estaba en ruinas y lleno de cenizas.

—Aquí parece haberse formado el núcleo de la resistencia. —dijo Cinthya mientras apartaba los trozos de madera quemada de la entrada. —Los signos de violencia son más evidentes.

Los haces de las linternas iluminaron el oscuro interior y revelaron el nivel de destrucción que reinaba por todos lados. Hacia el fondo un par de puertas dobles yacían en el piso aparentemente arrancadas de sus marcos. Hacia allí se dirigieron los jóvenes casi sin hacer ruido.

Era una habitación de forma triangular, cada una de sus paredes media unos seis metros de largo y aparentemente el vértice más alejado de la puerta era el punto exacto donde culminaba la cubierta donde se encontraban. No había ninguna clase de ventana y el techo también era bastante bajo.

—Parece ser una especie de Bunker. —dijo Matt.

Las sillas y la mesa estaban rotas en pedazos, probablemente las había utilizado para bloquear las puertas dobles. Todo lo demás yacía en ruinas: televisores, computadoras, papeles y carpetas desparramados por todo el suelo.

Un poster desgarrado colgaba de una de las paredes. Mina apuntó la linterna hacia el y lo contemplo fascinada. —¡Miren! —exclamó.

El rostro de Matt se ensombreció al ver aquello.

—Propaganda. —dijo mientras dirigía su propia linterna hacia los colores chillones y el grotesco dibujo caricaturesco de un Zentradi aplastando a una familia de humanos. —Esto es propaganda segregacionista de antes de la Colonia.

Cinthya se llevó una mano a la boca horrorizada. —Entonces… entonces esto es.

—Aquí se gestó la "Flota Pura" —dijo Mina sacudiendo la cabeza. —Los rumores eran ciertos; el movimiento si era originario de la Three Star y no de Ciudad 7.

Abandonaron en silencio el horrible lugar y salieron por las puertas derruidas que daban al callejón. Cinthya estaba desolada al ver el semblante de Mina y Matt, parecía que ambos hubieran recibido un golpe al descubrir lo que había en el interior de aquel bunker.

—Matt… —comenzó a decir la joven inspectora pero Mina la interrumpió.

—Es cierto. —dijo sin intentar negarlo. —Los orígenes de nuestra colonia están manchados en el odio y la violencia… no es de extrañar que nos suceda lo que nos está pasando ahora, nuestra Colonia estuvo maldita desde un principio.

—¡Mina! —gritó Cinthya tomando de los hombros a la joven. —¡Eso no es cierto! ¡No digas tonterías! Todos… todas las personas que conocí en esta nave son maravillosas… te equivocas ¡Te equivocas totalmente!

La joven comenzó a sollozar y se derrumbó sobre los diarios y papeles viejos que cubrían la calle frente a las escaleras. Matt también cayó sentado al lado de su amiga con el rostro repentinamente cruzado por una expresión de dolor.

Cinthya estaba destruida al ver el estado en el que habían quedado sus amigos. Sin otra cosa que hacer se sentó a su lado y los abrazó mientras aquellos dos sufrían aquella pesada carga.

Recordó lo que había leído en el informe antes de llegar a la Colonia. Discriminación, odio racial, violencia… todo aquello había ocurrido en una época donde los Zentradi que habían abrazado la Cultura humana luchaban por encontrar su propio lugar en la galaxia. No todos los guerreros pudieron incorporarse a la sociedad civil tras el armisticio y quienes no lograron frenar sus instintos más salvajes fueron los que más resistieron a abandonar sus viejos hábitos de violencia.

Primero fueron unas pocas voces las que protestaron con la asimilación de ambas culturas, luego llegaron los movimientos segregacionistas, la discriminación y finalmente, la violencia.

Lo que había sucedido en la Flota 37 era, en cierta medida, un reflejo de todo lo que estaba sucediendo a pequeña escala en todas las colonias donde Zentradis y Humanos convivian alrededor de la Galaxia.

Pero con aquella infame "Flota Pura" se había producido algo excepcional: Ni el gobierno Civil ni el Militar habían sofocado el movimiento de raíz tal cual sucedió en todas las demás revueltas de aquel tiempo. Los habían expulsado lisa y llanamente de la Flota de Inmigración, como si de alguna extraña forma legitimaran aquel odio.

No, no tenía sentido y sin embargo allí estaban ellos, en las entrañas de aquella nave que alguna vez albergó un movimiento de puro odio y resentimiento. ¿Pero quedaba algo de eso? Cinthya solo veía ruinas, desechos de un pasado que no se podía borrar, cierto, pero era una historia que habían dejado atrás.

Matt, Mina, Akemi, Manuel… hasta incluso Will, esos jóvenes no formaban parte de aquel pasado trágico, eso era lo verdaderamente importante.

—Ruinas. —dijo Cinthya abrazando a ambos. —Son solo ruinas chicos, eso quedó atrás, ustedes no van a cometer esos errores. ¿Comprenden? —casi les rogó mientras sus propias lágrimas rodaban por sus mejillas.

Mina se secó las lágrimas y asintió en silencio, entonces su expresión cambió por completo. —Cin…

El tono de voz de la chica hizo que Matt también levantara la cabeza. —¿Que..?

—Veo.. humo.

Cinthya y Matt se giraron en la dirección hacia donde Mina apuntaba su dedo índice. Sobre uno de los últimos edificios del quinto nivel por sobre sus cabezas una fina espiral blanquecina se elevaba entre los techos de metal.

Los tres jóvenes se levantaron a toda prisa y de inmediato se ocultaron bajo la escalera, como si de pronto se sintieran completamente expuestos en el medio del estrecho callejón.

—¿Crees que…? —preguntó Matt pero Mina hizo un gesto con la mano para que guardase silencio.

Nada se oía en los alrededores, lo que hacía que la propia respiración de los tres amigos sonase casi atronadora. Tras esperar varios minutos y sin que sucediese nada finalmente Mina suspiró resignada. —Hay que ir a ver que hay allá arriba. —dijo.

Matt y Cinthya se miraron confundidos. —¿Pero y si…?

—Si hay alguien, debemos ponernos en contacto de inmediato. Podría tratarse de otro de los colonos que se ocultó de los piratas como nosotros. —respondió convencida la joven.

Matt asintió en silencio pero Cinthya se abrazó con fuerza. —Tengo miedo… no se si sea una buena idea. —dijo sacudiendo la cabeza.

El joven fue el primero en ponerse de pie, mostrando una resolución que sorprendió a ambas chicas. —Mina tiene razón. —dijo. —Si hay alguien ahí tenemos que hacer saber que somos amigos.

Cinthya aún consideraba que aquello no era una buena idea, pero no iría en contra de lo que opinaba la mayoría, así que tras asegurarse que esos dos estaban realmente resueltos a hacerlo, entonces no le quedaron más dudas. —De acuerdo. —dijo.

Salieron de debajo de las escaleras y tras echar un vistazo a las cubiertas superiores comenzaron a subir uno detrás del otro, dándose vuelta cada tanto para mirar nerviosamente las cubiertas que se abrían a cada lado del callejón.

El primer nivel de construcciones se accedía mediante un par de escaleras principales, todas las demás cubiertas estaban interconectadas entre sí por escaleras ubicadas a cada lado del espacio que dividía aquella especie de cañón artificial en donde se emplazaba el pueblo. Había dos puentes o pasarelas que cruzaban el abismo en la segunda y quinta cubierta, pero parecían ser demasiado frágiles y precarios, Mina prefirió subir directamente por las cubiertas en donde se encontraba la construcción en donde habían observado la espiral de humo blanco.

Vieron que las cubiertas superiores tampoco habían escapado al fragor de la batalla. Allí también había vidrios y puertas rotas, pero a diferencia de la cubierta inferior no había restos quemados o barricadas.

Eran casi todas viviendas de tres o cuatro cuerpos cada una. Tras revisar un par de ellas a través de las sucias ventanas los jóvenes continuaron subiendo al segundo nivel.

Tanto en el tercer como el cuarto nivel el panorama se repetía: puertas y ventanas rotas, casas vacías y ningún signo evidente que alguien haya estado ahí recientemente. Las huellas que los jóvenes dejaban sobre el polvo de las pasarelas eran las únicas que veían.

El quinto y último nivel era diferente al resto. Solo dos grandes construcciones ocupaban el pequeño espacio ya cerca del techo del módulo, cruzado en todas direcciones por tuberías y soportes metálicos. El edificio en cuestión era bajo en el frente y alargado, sin ventanas pero con una enorme puerta de entrada abierta de par en par. Vieron que el humo salía por una pequeña abertura en el techo, cerca de donde el edificio se recostaba contra una de las paredes del reactor.

—No se ven luces. —dijo Cinthya asomando la cabeza desde el hueco de la escalera en dirección al oscuro interior del edificio.

Los tres jóvenes subieron los últimos escalones y entraron a la cubierta sin perder de vista las puertas del edificio. Desde el interior les un aire cálido.

—Entremos. —dijo Mina juntando coraje.

Encendieron las linternas y juntos ingresaron cautelosamente al edificio, echando miradas por encima de sus hombros de vez en cuando.

Se encontraron en un vestíbulo con un mostrador y varios casilleros a ambos lados de las paredes. A un lado vieron una mesita baja y un par de sillones alargados, como una especie de salita de estar. Dos puertas se abrían hacia el fondo del edificio una a cada lada lado de lo que parecía ser alguna especie de puesto de atención al cliente.

—¿Que es este lugar? —preguntó Matt mientras hacía que su linterna iluminara los casilleros de metal que yacían todos abiertos.

—Escucho el sonido de agua corriendo. —dijo Mina. —Allá.

Fueron hacia la puerta de la izquierda y tras atravesar una especie de sala más pequeña llena de bancos y repisas salieron a un espacio más amplio, pero la oscuridad era total y una especie de niebla evitaba que sus pequeñas linternas alumbraran toda la estancia. Matt tomó una de las esferas que Funes les había dado y tras apretarla fuertemente con ambas manos la arrojó hacia el techo.

La esfera se pegó contra la superficie de metal y se encendió con un resplandor blanquecino. Todos se protegieron de la enceguecedora luz mientras sus ojos luchaban por adaptarse al repentino cambio.

—Esto es… —dijo Cinthya apagando su linterna.

El agua devolvió los reflejos de la esfera en miles de ondas de luz a través de toda la habitación. A través de la tenue nube de vapor que flotaba sobre la piscina pudieron ver una especie de mural hecho con pequeños mosaicos que representaba un paisaje Terrestre.

—Es un baño público. —dijo Mina avanzado entre los pequeños bancos y palanganas de plástico desparramados por el piso. Algunos estaban rotos y aplastados, pero salvo eso el resto de las instalaciones parecía estar relativamente intactas.

—Así que esta es la razón por la que salía humo de este edificio. —dijo Cinthya suspirando aliviada. —Era el vapor que escapa de este lugar.

La enorme piscina central estaba dividida en dos por una alta mampara que más de dos metros de altura.

—Del otro lado deben ser los baños masculinos. —dijo Cinthya mientras señalaba los artículos de aseo desparramados por los bancos donde estaban las canillas y los duchadores. —Por el color del mosaico y los azulejos debemos estar en la parte de chicas.

Matt y Mina también suspiraron aliviados.

La inspectora se acercó a la piscina y tocó con el dedo el agua clara. —Está bastante caliente… me pregunto cómo será eso posible si todo está abandonado hace tanto tiempo.

—Probablemente sea algún sistema similar al Onsen de Ralph. —dijo Mina señalando la pared donde estaba representado el paisaje. —Tras esa pared está el escudo del Reactor principal, tal vez estos baños usan parte del sistema de enfriamiento para mantener el agua caliente de forma gratuita.

Matt se acercó a la misma y tocó la superficie llena de gotitas de agua condensada. —Esta caliente. —dijo.

Los tres amigos salieron de la habitación y volvieron al pequeño vestíbulo de la entrada y tras despejar uno de los sillones de la pequeña salita se sentaron a descansar un momento.

—Al menos ya estamos seguros que no hay nadie más que nosotros en esta cubierta. —dijo Mina. —Me pregunto si el viejo Funes conocía este lugar.

Tras pensar un momento Matt sacudió la cabeza. —Si conoce de este sitio, al menos no ha venido hace tiempo… no había huellas en las escaleras ni en la cubierta.

Mina y Cinthya asintieron., entonces la inspectora tuvo una idea.

—Oigan… ¿Que les parece si aprovechamos y nos damos un baño? Hace varios días que no nos aseamos adecuadamente.

Los dos jóvenes miraron confundidos a Cinthya. —¿Bañarnos… aqui? —preguntaron.

—Creo… que sería una buena idea. —dijo la joven encogiéndose de hombros. —Ya que tenemos un par de horas de luz en el baño.. yo diría aprovechar.

Tras unos segundos de incertidumbre mina se puso de pie. —Que rayos… ¿Y por qué no? —dijo guiñando un ojo.

Cinthya suspiró aliviada. Aquello podría servir para distraer un poco la mente de aquellos jóvenes y hacerlos olvidar al menos por un momento la pesada carga que llevaban. —Tenemos que buscar algunos elementos de higiene primero. —dijo mirando a su alrededor.

Se pusieron manos a la obra de inmediato. Si bien la mayoría de las instalaciones habían sido despojadas de todo lo útil, encontraron varias pastillas de jabón y sobrecitos de Shampoo que habían quedado olvidados debajo del escritorio del mostrador de entrada.

Dentro de unas cajas de madera encontraron un par de toallas e incluso una bata de baño en relativa buena condición. Tras repartir los elementos de higiene encontrados se separaron en el hall de entrada.

—No nos espies. —dijo Mina mientras entraba con Cinthya por la puerta del sector de chicas.

Matt se quedó solo con su palangana de productos de higiene en la mano y suspiró resignado. Al cabo de un minuto entró al baño masculino.

La poderosa luz que venía del otro lado de la separación ambos baños apenas iluminaba un poco la parte masculina. matt colocó su linterna de forma que alumbrara las canillas donde estaban los duchadores y comenzó a desvestirse lentamente.

—¿Esta todo bien ahi Matt? —Preguntó la voz de Cinthya desde el otro lado.

—Está un poco más oscuro de este lado, pero todo está bien. —respondió el muchacho mientras se quitaba la remera.

Se escucharon un par de risas del otro lado y luego la voz de Mina sonó divertida. —Ten cuidado de no resbalar en el piso mojado.

—Sí mamá. —respondió Matt suspirando.

Tras desvestirse por completo (Salvo por el colgante que le había dado Evans) se sentó frente a una de las canillas sobre uno de los banquitos de madera pulida que encontró desperdigados a su alrededor.

El espejo estaba opaco por la fina niebla que llenaba la estancia así que deslizó su mano por el cristal hasta que pudo ver su imagen reflejada en el mismo. El espejo le devolvió una imagen bastante irreal de sí mismo, tal vez resaltada por la precaria iluminación que la pequeña linterna daba al ambiente. Matt se vió mucho más delgado que de costumbre, la fina piel blanca de su pecho dejaba entrever la estructura ósea de debajo. En realidad el nunca había tenido mucha musculatura, pero ahora realmente notaba que se estaba quedando, literalmente solo piel y huesos.

El pequeño cristal de roca lanzó un destello en cuanto Matt lo sujetó con fuerza.

Tras tomar un poco de aire se lo quitó y de inmediato sintió los dolores que tanto temía; una sensación de opresión en el pecho y el entumecimiento que lentamente comenzó a sentirse en la punta de sus dedos, tanto en las manos como en los pies.

Matt soportó lo más que pudo aquel hormigueo incesante, más cuando la sensación comenzó a subir por la garganta supo que no podría soportarlo. Volvió a colocarse el colgante y la sensación de ahogo y dolores cesaron de inmediato.

¿Que rayos estaba sucediendo? No era la primera vez que Matt había sentido aquel malestar por cierto, aquellos episodios de molestias habían ocurrido varias veces en los últimos años, pero desde que Evans le había dado aquello todo había cambiado radicalmente. El colgante eliminaba por completo el dolor y la sensación de ahogo del cuerpo de Matt, pero a cambio se había vuelto completamente dependiente de su presencia. Si el joven se lo quitaba por solo un segundo los dolores aparecian de inmediato.

Su rostro estaba perlado de sudor y respiraba agitadamente y deseó quitarse todo ese sufrimiento con un buen chorro de agua fría.

Accionó el botón del surtidor y tras unos pocos segundos de espera un chorro de agua oxidada salió del mismo. Matt se apartó a tiempo y el agua sucia pasó a unos centímetros de su cabeza.

—¡Chicas! ¡Tengan cuidado con-..!

En ese momento un grito sonó del otro lado de la mampara y Matt supo que su advertencia llegaba algo tarde.

Tras dejar correr un rato el agua por el duchador el flujo se volvió transparente y el chico pudo enjabonarse con tranquilidad. El agua salía a una temperatura ideal y pronto el vapor se esparció por toda la estancia.

Era muy agradable sentir el contacto de la esponja sobre su piel. No solo la suciedad de todos esos días de exilio en el Interior de la Rainbow estaban siendo eliminadas de su cuerpo por el agua tibia y jabonosa. Su propia mente se estaba relajando luego de tantas situaciones límite vividas en los últimos días.

Pero no era eso lo que en aquel momento rondaba por su cabeza. Sentia la presencia de las dos jóvenes del otro lado del baño, a unos pocos metros de donde él se encontraba y lo más extraño de todo es que era la primera vez que se sentía avergonzado de ello. Ya había compartido varias veces baños el Onsen de Ralph con los demás chicos y salvo algún que otro comentario picante de Manuel, casi nunca se había sentido incómodo o nervioso por estar cerca de una chica sin ropa. Ahora sin embargo no podía dejar de pensar en Cinthya.

—Se puso colorado… debe estar pensando en algo pervertido. —dijo una voz sobre su cabeza.

Matt miró hacia arriba y vio las cabezas de las dos chicas (envueltas en toallas blancas) asomadas sobre la pared divisoria que lo miraban atentamente desde lo alto. Por suerte tenía la palangana de plástico en las manos y rápidamente la colocó sobre sus partes intimas —¡Se supone que ustedes tampoco deberían espiar! —gritó sacudiendo un brazo.

Mina lanzó una carcajada y Cinthya se puso tan colorada que tuvo que mirar hacia otro lado. —Ella… ella insistió. —trató de justificarse.

El chico suspiró y comenzó a mojarse el pelo con el duchador tratando de no pensar en que tras aquel muro de madera ambas estaban completamente desnudas.

—Cuando éramos más chicos solíamos bañarnos juntos. —dijo Mina melancólica. —Oye Matt…

El aludido volvió a levantar la cabeza.

—¿Crees que esto sirva para algo? —preguntó mientras recostaba su mentón en el reborde de madera.

—¿Te refieres a la historia de Funes o Exedore… o como se llame? —preguntó el chico.

—Estaba pensando… tal vez a estas alturas los piratas ya se han ido…

Cinthya la miró sorprendida. —¿A qué te refieres?

—Ya han pasado cinco días desde que invadieron la Colonia… ¿No es tiempo suficiente para que saqueen todo lo de valor que hay en la Rainbow?

La inspectora pensó detenidamente aquellas palabras pero Matt sacudió la cabeza. —No sabemos cuál es su objetivo. —dijo mientras colocaba un poco de Shampoo en su mano. —¿Realmente hay tantas cosas de valor en esta nave como para justificar una invasión de esa clase?

Mina estuvo de acuerdo con aquel razonamiento. —No… tienes razón claro… La Rainbow produce solo materiales y componentes reciclados, ni siquiera armas o componentes militares. No me cabe duda que son bienes valiosos pero… ¿Cómo podrían llevarse todo esos materiales?

—¿Con una nave gigante? —preguntó Cinthya.

Matt se frotó el rojo cabello hasta que una abundante espuma lo cubrió por completo. —Los piratas evitan usar naves grandes… serán muy fáciles de rastrear por los militares si se movieran en algo más grande que un transporte del tipo civil.

—Matt tiene razón. —dijo Mina. —Generalmente la piratería espacial es de pequeña escala… casi siempre se trata de pequeños grupos de delincuentes o algunos Zentradi salvajes que atacan una zona por un tiempo y luego se retiran o son neutralizados por la NUNS… esto es más…

—Organizado. —afirmó Matt terminando la frase de su amiga.

Ahora fue el turno de Cinthya de suspirar. —Sea lo que sea que estén haciendo, no creo que se vayan en cinco o diez dia. —dijo desanimada. —Supongo que será mejor que nos mantegamos ocultos mientras podamos… y escuchemos el final de la historia de Funes… ¿Sucede algo Mina?

La joven la observaba detenidamente. —Oye Cin… tus pechos están empezando a erguirse, creo que la poca gravedad de la Rainbow finalmente te está afectando.

La inspectora no supo que responder eso, pero al darse cuenta que Matt se había puesto más rojo que su propio pelo no pudo evitar perder el equilibrio y caer sentada en la pileta llena de agua de su lado del baño ante las risas divertidas de Mina.

—Mina.. basta ya. —la amonestó Matt, aun rojo como un tomate. —Y déjame terminar de bañarme en paz.

—De acuerdo Matt, no te enojes. —dijo la muchacha mientras se bajaba con cuidado. —¿Estas bien Cin?

—Por suerte la gravedad es baja. —dijo la inspectora asomando la cabeza por sobre la superficie del agua. —Mas te vale que me des tu toalla ahora, la mía está empapada.

Matt terminó de lavar los restos de jabón de su cuerpo y tras asegurarse que ninguna de las chicas lo estaba espiando se levantó del asiento para dirigirse a la piscina de agua caliente. El agua estaba a una temperatura justa y se sintió automáticamente mejor en cuanto quedó recostado bajo el agua hasta la altura de los hombros. La sensación era muy relajante, tanto que por un momento creyó que podría quedarse dormido.

—¿Cual crees que sea el objetivo de los piratas? —preguntó la voz de Cinthya del otro lado del baño.

El joven se despabiló y tras mojarse el rostro con un poco de agua pensó una respuesta. —No estoy seguro. —dijo. —¿Tal vez pidan un rescate por todos nosotros?

Tras la pared de separación Mina y Cinthya se miraron entre sí. —Es posible. —reconoció la Inspectora. —¿Crees que su objetivo sea chantajear a la Fundación Unity para conseguir un rescate por la nave y los Colonos?

Mina guardó silencio pensativa. —Ciertamente es una posibilidad… pero arriesgarse a una respuesta de las Amazonas… el riesgo es bastante grande.

—¿Amazonas? —preguntó confundida Cinthya.

—Es el cuerpo de seguridad de Élite de Unity. —dijo Matt. —Un escuadrón de guerreras Meltran de una fama temible. ¿Nunca habías escuchado hablar de ellas?

La inspectora sacudió la cabeza. —Nunca… la verdad es que antes de aceptar este trabajo ni siquiera conocía la existencia de la Fundación Unity, aunque se que últimamente han proliferado mucho las compañías de seguridad privadas.

—PMC's. —dijo Mina. —No es exactamente a lo que se dedica Unity, pero ciertamente su cuerpo de seguridad se ha beneficiado con la flexibilización de las restricciones para el uso de armamento de combate.

Cinthya se reclinó sobre el borde de la piscina y dejó que su cabeza descansara un momento sobre sus brazos, disfrutando aquel pequeño momento de relax. —¿Creen que Unity pueda ayudarnos? —preguntó cerrando los ojos.

—Por supuesto. —aseguró Matt. —El problema…

—El problema es que probablemente aún no sepan lo que esté pasando en la Colonia. —dijo Mina. —Estamos tan lejos de todo que hasta las noticias tardan en llegar.

La voz de Matt llegó cargada de frustración desde el otro lado del muro. —Osea que estamos solos en esto… cualquier ayuda que puedan enviarnos, incluso si ya saben que estamos completamente jodidos…

—Va a llegar tarde. —finalizó Mina.

Los tres amigos guardaron silencio ante lo inevitable de la situación en la que se encontraban. El lento gotear del agua sobre el piso era el único sonido que se escuchaba en aquel lugar.

Matt fue el primero en romper aquel profundo silencio. —Por extraño que parezca… creo que la única cosa que podemos hacer es terminar de oír la historia de Funes. —dijo.

—¿Y eso en que podrá ayudarnos? —preguntó Mina.

—Parece haber una relación entre esa Meltran llamada Virya y Unity. —dijo pensativa Cinthya. —Y el hecho que esa misma armadura esté aquí cerca podría indicar algo más… uff.. —exclamó de pronto pasándose la mano por la cabeza. —¿Soy yo sola que lo siente o esta haciendo mas calor de repente?

Mina se puso de pie de inmediato. —Hay más vapor que antes. —dijo mirando alrededor. —Casi no se ven las duchas… ¡Matt! ¿Como…?

El sonido de un chapuzón se sintió de pronto del otro lado de la pared divisoria. —¡Ahh, esto está hirviendo! —gritó el muchacho.

—Mina…

El tono de voz de Cinthya hizo que de pronto la sangre de la joven se congelara.

—Mira la pared…

Lentamente se dió vuelta y miró en la dirección que señalaba la inspectora.

Los pequeños azulejos que formaban el paisaje al lado de la piscina habían empezado a caer al agua, como una pequeña cascada multicolor. Toda la enorme pared parecía haberse curvado e hinchado como si un vientre estuviese creciendo lentamente.

—¿Que rayos…?

—¡Salgamos de aquí! —gritó Matt. —¡Algo está pasando con el Reactor!

Las dos chicas saltaron desnudas de la piscina y corrieron entre las nubes de vapor que comenzaron a girar violentamente ante el repentino cambio de temperatura. Ahora podía sentir una vibración profunda, como si todo el edificio estuviese temblando.

Salieron por la puerta del vestidor y tomaron rápidamente sus ropas mientras Matt gritaba desde el exterior a que se apresuraran.

Apenas cubiertos por unas pocas toallas, los tres jóvenes salieron corriendo del baño mientras nubes y chorros de vapor comenzaban a escapar desde el interior del edificio, creando unas pequeñas nubes que lentamente se esparcieron por el cielo de metal del módulo en donde se encontraban.

Mina, Matt y Cinthya corrieron por la cubierta sin mirar atrás y bajaron las escaleras casi a los saltos, temiendo que todo explotara a su alrededor en cualquier momento.

Les tomó unos diez minutos bajar todas las cubiertas hasta el nivel de la calle pero ni siquiera allí se detuvieron. Cruzaron el callejón esquivando las viejas barricadas y no pararon de correr hasta meterse dentro de uno de los túneles de acceso por donde habían llegado varias horas antes.

Lentamente se asomaron y miraron hacia el pueblo fantasma.

Había todo un cielo de nubes alrededor de las construcciones de los últimos pisos, como si de pronto una verdadera atmósfera se hubiese formado en las entrañas de la nave. La intensa vibración, que aun ahi abajo se sentía claramente en pisos y paredes comenzó a disminuir en intensidad. lentamente los chorros de vapor que salían del baño público comenzaron a mermar y al cabo de unos minutos solo unas finos espirales blancos eran visibles desde su posición.

—¿Pero que…? —comenzó a decir Matt sin dar crédito a lo que había visto.

—¿Qué habrá sido eso? —preguntó la inspectora sujetándose fuertemente de Matt. —¿Habrá sido un accidente? ¿Que…?

En ese momento los tres cayeron en la cuenta que seguían casi desnudos, uno pegado al otro.