Con los últimos ecos que retumbaron como truenos dentro del enorme Sector Dos contiguo al escudo del Reactor Principal, Matt, Cinthya y Mina corrieron los últimos metros del laberinto que los separaban de la choza que se había convertido en su hogar en los últimos días.

Funes no estaba allí para recibirlos y eso los puso aún más nerviosos. Se arrojaron de cabeza bajo las frazadas del enorme colchón y allí, como niños escondidos de una tormenta, esperaron a que volviese el silencio.

Aquellos golpes habían comenzado luego de la violenta explosión de vapor que sacudiera todo el Pueblo Fantasma del que habían escapado a toda velocidad. Si eran explosiones o enormes martilleos, ninguno de los tres podía saberlo. Aquellos golpes sonaban como enormes tambores de guerra Zentradi, una especie de advertencia a una inevitable invasión de las gigantescas criaturas.

Tras varios minutos los golpes cesaron y una tensa calma cubrió el enorme espacio vacío que se abría sobre sus cabezas. Solo el goteo del agua que provenía de la pequeña granja hidropónica se escuchaba ahora.

Cinthya fue la primera en asomar la cabeza fuera de las cobijas, mirando nerviosa las sombras del techo. —Esos golpes… ¿Creen que están tratando de entrar a este lugar? Si esos son Zentradis…

Mina sacudió la cabeza. —No, no creo que están intentando entrar… no desde el lado del reactor al menos, no tendría sentido hacerlo por donde las paredes son más gruesas.

Matt permaneció en silencio tapado por las cobijas. Desde que habían vuelto del Pueblo Fantasma había estado muy callado.

—Me pregunto qué estará sucediendo allá arriba. —dijo Cinthya preocupada.

—Nada bueno, te lo aseguro. —respondió la joven. —Aunque también podría existir la remota posibilidad que esos golpes sean de Ralph pero… no lo se. —dijo encogiéndose de hombros.

Cinthya suspiró. —Y Funes aún no ha llegado… será mejor que nosotras prepararemos la comida para cuando vuelva. —dijo.

Mina asintió y se bajó del colchón junto a la inspectora. —Iré a buscar algunas verduras a la huerta. ¿Vienes Matt?

El chico sacudió la cabeza y se volvió a meter bajo las mantas.

—De acuerdo. —dijo Mina suspirando. —Volveré en un rato.

—Yo prepararé el arroz. —se ofreció Cinthya. —Dejemos descansar a Matt y si Funes va a culminar hoy su historia, más vale que tengamos el estómago lleno. Algo me dice que tendremos que tomar una decisión importante en cuanto termine.

Mientras Mina se encaminaba hacia el invernadero Cinthya se dedicó a preparar la improvisada cocina. Con un palo removió las cenizas de la hoguera hasta que unas pequeñas brazas brillaron rojas y tras agregar algo de madera de la pila que Matt había recolectado el día anterior, avivó el pequeño fuego soplando intensamente.

Al cabo de unos minutos la hoguera crepitaba alegremente y la inspectora continuó preparando los utensilios. Para cuando la olla con el agua estuvo puesta sobre el fuego Mina llegó con los pocos vegetales frescos que se había atrevido a recolectar. —Estamos liquidando la huerta del pobre Funes, somos demasiados para vivir de las pocas plantas que tiene.

Cinthya la miró intrigada. —Oye Mina...

—¿Qué sucede Cin? —preguntó la muchacha mientras colocaba la tabla de picar en la mesa.

—¿Crees que..? Es decir… ¿Podría Matt hacer crecer las plantas de Funes como hizo crecer las rosas del jardín de Ralph?

Aquella pregunta la tomó por sorpresa. Sin soltar los vegetales hizo un gesto de asentimiento. —Es posible. —reconoció. —Aunque… ¿Has visto un piano en medio de toda esta chatarra…?

—Oh… —exclamó la inspectora entendiendo de pronto.

Mina tomó uno de los cuchillos y tras limpiarlo con una servilleta comenzó a cortar las verduras en pequeños trozos. —La música de Matt tiene ese poder regenerativo pero solo si toca el piano desde el salón de actos, al parecer el Doctor Evans instaló alguna especie de amplificador de energía musical, de otra forma Matt no podría hacerlo por sí solo.

—Comprendo. —dijo desilusionada mientras introducía una lata en la bolsa de arroz y tras llenarla por completo la volcó en un improvisado tamiz. —Me sorprendió mucho cuando vi lo que podía hacer con su música aquella vez en el Onsen… fue como… mágico.

El sonido del cuchillo contra la tabla de madera al cortar las verduras era como una especie de ritmo relajante. Pronto el burbujeo del agua hirviendo se sumó a aquella melodía.

—La Sound Energy es fascinante. —explicó la joven mientras colocaba los trozos recién cortados en un tazón. —Incluso hoy en dia no se conoce todo sobre ella y sus misterios. Evans no es el único interesado en las propiedades desconocidas de la música claro… pero al menos sus investigaciones se centran en la rama civil del misterio.

Cinthya giró la cabeza en dirección a la joven. —Quieres decir… ¿Quieres decir que han intentado darle un uso militar a la música?

Mina asintió. —Son solo rumores claro… pero la Flota 37 tenía toda una división de pilotos relacionados con la Song Energy y sus aplicaciones en el campo de batalla. Eso fué un tiempo después que la Rainbow se separó de la Flota 37, pero hay muchos detalles de esa época que siguen estando clasificados y solo se conocen unos pocos rumores.

La inspectora sacudió la cabeza. —Eso… eso suena terrible. —dijo. —La música no debería usarse como un arma, es algo mucho más importante y profundo que eso, es algo como… —La joven no podía encontrar las palabras adecuadas. Se limitó a poner el arroz dentro de la olla con el agua hirviendo en forma de una lluvia constante de granos blancos.

—Te entiendo. —dijo Mina tomando otro manojo de verduras. —Mi madre aceptó que Evans continuara con sus investigaciones dado que las habilidades de Matt podían ayudar a mucha gente.

Cuando los últimos granos de arroz desaparecieron en el agua Cinthya colocó la improvisada tapa y volvió hacia donde estaba su compañera. —Todos en la Colonia deben estar orgullosos de Matt… es un joven de un corazón inmenso, ojalá pueda cumplir todos sus sueños, es una persona maravillosa.

El sonido del cuchillo contra la madera se detuvo. Mina se quedó un momento en silencio mientras contemplaba los ingredientes en la tabla. —Hey Cin…

—¿Si? —preguntó la Inspectora mientras volvía a llenar la lata con más arroz.

—¿Puedo preguntarte algo? —el tono de voz de la joven sonó algo tenso. Cinthya volteó la cabeza y miró intrigada la espalda de la joven. —Claro, pregúntame lo que quieras.

Tras unos breves segundos de silencio, la muchacha respiró profundamente. —¿Te gusta Matt? —preguntó sin quitar los ojos de la tabla de picar.

Cinthya quedó petrificada ante la pregunta. Aún tenía la lata en la mano y el arroz seguía cayendo en la bolsa en una fina lluvia blanca.

El aire a su alrededor pareció congelarse. Ahora solo el burbujeo de la olla se escuchaba de fondo en aquel lugar.

—Mina…

—Por favor responde mi pregunta. —contestó la joven.

Cinthya dejó caer la lata dentro de la bolsa y se dió vuelta. —Te lo diré, pero mírame a los ojos primero.

Mina se dió la vuelta y ambas mujeres se miraron a los ojos como nunca se habían visto antes.

—¿Tu lo amas? —preguntó la inspectora.

—Desde hace años, y tu lo sabes muy bien. —respondió Mina.

Cinthya sacudió la cabeza. —Mina… esto… esto está mal.. no soy tu rival, yo solo..

—¿Entonces no lo amas? —preguntó la joven.

Cinthya no respondió y supo de inmediato que ese silencio había lastimado aún más a su amiga, mucho mas aun que si hubiese respondido directamente.

—Lo amas. —dijo Mina mientras un temblor claramente visible recorría todo su cuerpo. —Lo sabía, lo sabía desde la primera vez que vi a Matt mirarte en la escuela… aquella vez en el jardín de Ralph… cuando te vio desnuda allá en el pueblo.

La inspectora se llevó una mano al rostro mientras sentía que el mundo daba vueltas a su alrededor. —Mina… por favor para ya, no es el momento…

—Lo amo, amo a Matt desde hace mucho, siempre lo amé. —dijo la joven mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. —Esperé, esperé y esperé… porque quería que él se diera cuenta, que fuera él mismo quien correspondiera mis sentimientos… ¿Era lo correcto verdad? ¿Eso es lo que tenía que hacer? —Las lágrimas caían sin cesar por sus mejillas mientras las palabras salían una tras otra como liberadas de un gigantesco dique. —Y entonces llegaste tu…

—Mina…

—¿Por qué? —gritó la joven llevándose una mano al pecho. —¿Porque tuvo que pasar así? ¡Cinthya respondeme! ¿Lo amas? ¿Lo amas tanto como yo? ¡Responde!

Pero Cinthya estaba paralizada. No podía moverse, solo mirar aquella transformación que se había producido en la persona que tenía delante. No podía ser cierto, no en aquel momento. Se llevó las manos a los oídos para no escuchar pero sabía que era un gesto en vano. Las palabras de Mina salían de su corazón, eran la expresión más sincera de sus sentimiento.

—Cinthya…. Cinthya escúchame por favor. —dijo Mina implorando. —Si lo amas… si realmente lo amas tanto como yo no te atrevas a abandonarlo… si Matt te escoge a ti...si tu te vas de la Colonia…

Mina todavia tenia el cuchillo en una de sus manos. El brillo del acero reflejó las llamas anaranjadas del pequeño fuego de la hoguera. El silencio era total.

—No puedes lastimar a Matt. —dijo mirando a Cinthya a los ojos con un relámpago visible de furia. —No permitiré que lo hagas.

Cinthya tuvo suficiente. Apretó los dientes y salió corriendo de la cocina mientras hacía fuerza para no llorar. Había visto la mirada de Mina, el reflejo del fuego en sus ojos, la decisión pintada en su rostro.

Corrió por el laberinto de despojos como poseída. No veía nada a su alrededor, solo una multitud de sombras y bultos que no se distinguían por la falta de luz. Sus propios ojos estaban velados por una neblina que le impedían ver con claridad el mundo que la rodeaba. Corrió, corrió y corrió como nunca antes lo había hecho. Quería escapar de allí, quería sacar de su mente los terribles ojos de Mina, sus palabras, sus verdades.

Tropezó con algo y cayó al suelo en medio de una montaña de basura. Se quedó allí quieta como muerta, sin atreverse siquiera a respirar. Todo el universo parecía haberse destruido a su alrededor.

—¿Por qué? —gritó mientras sus dedos se clavaban entre los desechos. —¿Que hice de malo? ¿Porque todo tiene que salir mal a mi alrededor?

Quería llorar, quería sacar toda la frustración que llevaba dentro, pero sus ojos parecían haberse secado. Era injusto, las cosas no tenían que haber salido así.

—¿Por qué el amor duele tanto? —preguntó a la oscuridad delante de ella y la oscuridad respondió.

—Todo en el amor es triste, mas, triste y todo, es lo mejor que existe.

Cinthya levantó la vista y frente a ella vió la andrajosa túnica de Funes, quien la miraba impasible desde su misterioso rostro.

La joven ya no pudo resistir. Abrazó al pequeño archivista y enterró su rostro entre las ropas llenas de remiendos. Entonces las lágrimas por fin llegaron.

—Lágrimas. —Dijo Funes sacudiendo la cabeza. —Una reacción de sobre-secreción del lagrimal disparado por un resabio de estímulos ancestrales. —Dijo de corrido recordando haber dicho lo mismo tantos años antes, en una situación completamente diferente.

Cinthya lloró como nunca había llorado antes. Todo su dolor, su frustración, su importancia… todo aquello que se había acumulado en su interior de pronto salió a raudales y empapó la túnica del viejo Archivista, quien tiernamente sostuvo todo el tiempo a la desgraciada muchacha mientras se desahogaba por completo.

—No quiero esto. —dijo la muchacha entre llantos. —No quiero que todo resulte así, no quiero sufrir, no quiero que nadie más sufra… ¿Como es posible? —preguntó a los remiendos.

Funes acarició los cabellos de la joven. —Podría darte toda la bibliografía del universo y no encontrarías tu respuesta. —afirmó sacudiendo la cabeza. —No lo intentes, no cometas el error que tantos han cometido antes que tu. —dijo Funes. —No debes intentar comprender los misterios del amor, solo aceptarlos.

Ambos permanecieron allí en silencio, sosteniéndose uno al otro hasta que Cinthya comenzó a respirar de forma regular nuevamente. Entonces, de pronto se incorporó y ya no había lágrimas en sus ojos.

—Gracias. —dijo haciendo una profunda reverencia. —Gracias por estar conmigo en un momento como este.

El hombrecito contestó la reverencia inclinando la cabeza. —Siento no poder hacer nada mas por ti Cinthya… solo soy un ermitaño que vive encerrado en medio de un basurero.

La joven sonrió y tras incorporarse con ayuda de su compañero descendieron lentamente de la pila de basura.

Por suerte Funes traía su propia linterna y ambos regresaron caminando juntos por aquel laberinto sumidos en sus propios pensamientos.

—Han sucedido… ciertas cosas. —dijo el Zentran mientras barría la oscuridad que se extendía delante de ellos con el haz de la linterna. —Temo que los he entretenido demasiado tiempo con mi historia, será mejor terminar esta noche y recuperar los días perdidos.

Cinthya asintió en silencio, ya podía distinguir las luces del campamento tras las enormes máquinas en ruinas.

No podía dejar de pensar en el rostro de Mina y en sus palabras. ¿Que pasaría entre ellos ahora? Los días pasados habían sido tan calmos y tranquilos, incluso a pesar de la terrible situación en la que la Colonia estaba envuelta, casi parecían que esos cinco días había sido una pausa en medio de todos los problemas.

Pero el conflicto finalmente los había alcanzado.

Rodearon el último recodo y vieron que Mina había tendido la mesa y los esperaba sentada sobre uno de los tambores de aceite que habían reciclado a modo de sillas. No se veía a Matt por ningún lado.

Funes hizo un ademán para adelantarse pero Cinthya lo contuvo apoyando su mano en el hombro del Zentran, tras lo cual sacudió la cabeza y se adelantó sola hacia la zona iluminada.

Mina levantó la vista y Cinthya comprendió que ella también había estado llorando. Sus ojos estaban rojos y cansados, mas cuando vió a la inspectora acercarse su expresión cambió por completo.

—¡Oh Cinthya!

La muchacha se puso de pie y de un salto estuvo frente a la Inspectora. De inmediato se inclinó ante ella en una reverencia de disculpa exagerada a la manera japonesa. —¡Siento mucho haberte gritado… por favor perdóname todas las cosas horribles que te dije! —exclamó sin dejar de mirar al piso. Las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos y pequeñas gotitas cayeron sobre el polvoriento piso de metal.

Cinthya no contestó, simplemente la abrazó con fuerza tal y como había hecho con Funes.

Las dos jóvenes lloraban abrazadas de rodillas frente a los restos de la hoguera ante la mirada silenciosa de Funes, quien no se atrevía a interrumpir aquel momento tan importante. Al cabo de varios minutos ambas se separaron extenuadas. Ya no había más lágrimas en sus ojos.

—No importa lo que nos depare el destino. —dijo Cinthya apartando los dorados cabellos de Mina de delante de sus ojos. —Tenemos que seguir siendo amigas, pase lo que pase.

—Pase lo que pase. —respondió la joven sonriendo. —Tienes razón Cin.

Funes se acercó en ese momento y contempló la escena con una sonrisa en los labios. —Retiro lo que dije. —dijo.

—¿Eh? —preguntó Cinthya.

El Zentran las señaló con uno de sus finos dedos —Que no han sido días desaprovechados… creo que ustedes dos han crecido y me alegro mucho por ello.

Las dos jóvenes se miraron sin entender demasiado las palabras del Archivista.

—En fin… ¿Donde está el bello Durmiente? Tengo una historia que contar y el tiempo está comenzando a escasear.

Mina se puso de pie y tras limpiar el polvo de sus ropas señaló hacia la tienda que se veía tras los estantes de metal. —Sigue durmiendo, parecía estar muy agotado después que humos del Pueblo Fantasma…

Funes miró pensativo las llamas de la hoguera y una arruga de preocupación se dibujó en su rostro. —Debemos darnos prisa entonces, ustedes sirvan la comida que yo iré a despertarlo. —Dicho eso y sin esperar respuesta de las jóvenes comenzó a caminar en dirección donde había señalado Mina.

Cinthya se incorporó a continuación y puso su mano sobre el hombro de su amiga. —Parece que algo ha sucedido allá afuera. —dijo señalando el techo del módulo. —No se si lo que experimentamos allá en el pueblo esté relacionado… pero tengo la sensación que esta será la última noche que pasaremos con el viejo Funes.

Mina miró en la dirección que se había marchado el Zentran. —Es probable que debamos abandonar este lugar, pero lo que más me preocupa es otra cosa. Hay una relación entre la historia de Funes y lo que le está sucediendo a Matt, esa debilitamiento repentino que le está afectando no puede ser casual.

—Entonces debemos buscar a Evans. —dijo Cinthya mientras destapaba la olla. —Es el único que podría ayudar a Matt.

La joven sacudió la cabeza. —No se Cinthya… siento que las cosas están escapando a nuestro control. Ya ni siquiera sé lo que es real y lo que no lo es.

En aquel momento llegó Funes con un tambaleante Matt a su lado. El joven estaba despeinado y con las ropas arrugadas, al parecer el Archivista lo había sacado a rastras de la cama.

—¿Te encuentras bien Matt? —preguntó Mina acercándose rápidamente.

—Solo algo mareado. —respondió el chico tratando de esbozar una sonrisa. —¿Qué hay de cenar? Huele delicioso.

La joven suspiró y ayudó al chico a sentarse en uno de los barriles. —Creo que mejor te vendría una taza de café a una de arroz. —dijo poniendo los brazos en jarra. —Funes tiene algo importante que decirnos y sería mejor que estuvieras con los ojos y oídos lo más abiertos posible.

Cinthya se acercó a ellos trayendo el arroz y comenzó a servirlo mientras los demás se sentaban en sus lugares.

Comieron en silencio aunque con bastante apetito (Salvo Matt que apenas probó unas cucharadas de su plato) tras lo cual Funes comenzó a contar la última parte de su historia.

—Ahora llega el momento de narrar los últimos momentos de la historia de Virya. —dijo el Zentran mientras se acomodaba entre el raído almohadón que usaba sobre su asiento favorito. —Luego de retirarnos de la carnicería en que se había transformado la batalla del Nexo, nuestro improvisado salto FOLD nos llevó lo más lejos posible de nuestros perseguidores, a través de una zona del espacio que estaba llena de peligros para la navegación… de hecho era tan peligrosa que nosotros mismos sufrimos un encuentro con uno de aquellos obstáculos, lo que nos expulsó de forma violenta del Espacio SubDimensional y nos arrojó al lugar más inesperados de todos.

Funes narró entonces como los restos de la poderosa flota que Virya y Maya habían comandado se encontró de pronto en medio de aquel cementerio de naves y cómo a partir de ese momento una nueva batalla comenzaba a su alrededor, la que seria la ultima batalla de Virya.

Mina, Cinthya y Matt escuchaban fascinados la historia. La forma en que Funes narraba los acontecimientos y explicaba con exquisito detalle hacian que cada una de las acciones que aquel desesperado grupo de guerreras realizaba en el campo de batalla fueran una más increíble que la otra.

Lo que escuchaban era difícil de creer y sin embargo Funes explicaba todas y cada una de aquellas increíbles acciones como si se tratase de simples maniobras regulares, como si lo que estuviese contando no fuera una guerra, sino una coreografía donde los guerreros que luchaban a muerte eran simples danzarines.

Pero fue la parte donde la mente de Virya se rompía la que más fascinó a los oyentes. Cinthya y Matt escuchaban con la boca abierta, pero Mina asentía en silencio.

—Trastorno de identidad disociativo. —dijo la joven una vez que Funes narrara lo que sintieron en aquella especie de trance en el plano dimensional.

El Zentran abrió los ojos. —Si. —dijo. —En aquel momento no conocíamos la clase de procesos por la que la mente de Virya estaba atravesando durante aquellos momentos. Sólo mucho más tarde, cuando pude absorber el conocimiento de la psiquiatría humana es que finalmente comprendí lo que realmente estaba sucediendo en la cabeza de esa guerrera. Armar el rompecabezas de toda esta historia me llevó muchos años, pero durante mucho tiempo yo no estaba en condiciones de poder asimilar el conocimiento necesario y… oh, creo que me estoy adelantando a la historia. —dijo excusándose.

La historia llegaba a su fin. Funes contó cómo la Escuadra Glruimual 67ava acabó con los últimos focos de resistencia y comenzó a perseguir a los enemigos en fuga que comenzaron a saltar al espacio FOLD en todas direcciones. Aquel nombre no había pasado desapercibido a los tres jóvenes.

—La flota del Comandante Vrlitwhai Kridanik. —dijo Cinthya sin creer lo que estaba diciendo. —¿Esa es la misma flota que…?

—La misma flota que llegó a la Tierra. —dijo Matt. —Persiguiendo una nave del Ejército de Supervisión...

—Macross… —Mina sintió que la cabeza le daba vueltas pero no cabía la menor duda, las fechas coincidían.

Funes asintió. —La Macross o ASS-1 como se la conoció al llegar al planeta de los humanos, era una de esas pocas naves que escaparon de la batalla del Campo.

Los tres jóvenes se miraron sorprendidos. Ninguno de ellos daba crédito a lo que oían.

Es… es increíble. —dijo Cinthya. —Entonces..

—Es la misma historia. —dijo Mina. —Estamos en la misma historia.

El Zentran esbozó una sonrisa. —Siempre ha sido una sola historia chicos. —dijo. —Claro que solo unos pocos vivimos lo suficiente para vivirla de corrido, pero todo es una sola y maravillosa historia y ustedes están formado parte de ella en estos momentos… pero todavía no he terminado, dejemos eso para más tarde.

Finalmente, Funes narró el desenlace de aquella batalla, como rescataron el cuerpo de Virya e intentaron hacer lo unico que podian para mantenerla con vida. En el momento de contar los últimos momentos de las guerreras y el increíble y fortuito beso entre ambas, Funes se aclaró la garganta y se disculpó con sus oyentes. —Me temo que a partir de este momento solo puedo contar una versión de los hechos que solo he podido armar en base a conjeturas… el shock que aquel beso me produjo me sumió en un estado de completa parálisis y bloqueo mental. Sólo muchos años más tarde y gracias al contacto de la Cultura humana mis funciones psíquicas pudieron volver a la normalidad y… bueno, esa es OTRA historia que no creo que sea necesario contarles. —dijo bebiendo un largo trago de agua.

Tras narrar como la propia Comandante Segunda Lap'Lamiz los rescató de las ruinas del núcleo y los trasladaron al interior de la nave principal, Funes se quedó en silencio unos minutos mientras sus ojos reflejaban unas extrañas chispas doradas—En fin...esa es mi historia chicos, espero que la hayan disfrutado, es la primera vez que la cuento desde el principio hasta el final.

—De-Deculture! —exclamó Mina frotándose los ojos.

Matt se había vuelto a sumir en un silencio pensativo y Cinthya miraba al hombrecillo asombrada. —Es.. ha sido una historia muy triste. —dijo de pronto.

Funes se reclinó en su almohadon y suspiró profundamente. —Es un final bastante trágico para esas dos guerreras. —afirmó. —Si tan solo hubiesen conocido el verdadero significado de su relación, del verdadero poder del vínculo que había entre ellas… pero no podían escapar a su destino. La Protocultura había puesto barreras muy poderosas sobre nuestra raza e incluso con el enorme esfuerzo de Virya… ni siquiera ella pudo vencer por completo a las cadenas que la ataban. Si esas dos hubiesen experimentado el amor tal y como lo experimentan los humanos… todo habría sido muy diferente.

Todos los presentes guardaron un silencio respetuoso ante aquellas palabras, más había una pregunta que se había instalado en sus mentes y era imposible de seguir posponiendo.

Mina fue quien tuvo el valor para hacerlo.

—¿Qué sucedió con Virya? —preguntó. —¿En serio está muerta?

El ex-Archivista sacudió la cabeza. —Tal vez, probablemente, casi con seguridad… ¿Quién puede saberlo? Desapareció, fue consumida, desintegrada… El Cuerpo es el Instrumento del Alma. —citó el hombrecillo cruzándose de brazos.

—¿Y Maya? ¿Qué fue de ella cuando volvieron a la flota de Vrlitwhai? —preguntó Cinthya.

Ante la sorpresa de los jóvenes, Funes se encogió de hombros. —¿Y cómo podría saberlo? Yo era un saco de piel y huesos en esos momentos… ¡Oh por favor, no pongas esas caras…! —exclamó ante el gesto desilucionado de su público. —Tal vez yo no haya estado consciente durante esa parte de la historia… pero eso no significa que no haya continuado.

—Eso quiere decir… —dijo Cinthya.

—Es una historia que otros deben narrar. —aseguró el Archivista guiñando un ojo. —Y es por eso que es hora que nos separemos. Matt debe ir al Campo a buscar su respuesta.

El joven no reaccionó, pero Mina se puso de pié de un salto. —¿¡Qué locuras estás diciendo!? ¡Matt no puede ir a ese lugar! ¿Acaso quiere que muera? —exclamó casi a los gritos.

Funes se incorporó y se subió arriba de la mesa. Ante la asombrada mirada de las dos jóvenes caminó hasta donde estaba sentado Matt y se inclinó sobre el muchacho. —Y por cierto tu estas muy callado…. ¿Verdad? Me pregunto si esta es la razón...

En ese momento Cinthya y Mina vieron el semblante pálido del joven. Pequeñas gotas de sudor habían perlado la blanca piel de la frente.

—¡Matt! —gritó Cinthya levantándose. —¿Que te sucede? ¡Matt!

Pero el joven no respondió, parecía estar respirando con dificultad y no se resistió cuando Funes le dió un pequeño empujón hacia atrás a la vez que tomaba la pequeña piedra que colgaba de su cuello. Sin cambiar de expresión y ante la aterrada mirada de las las chicas, dejó que al caer el chico rompiera la fina cadena que lo mantenía sujeta la piedra al collar.

Mina se movió rápido y sostuvo a Matt antes que callera al suelo, pero la reacción fue inmediata.

Matt gritó de dolor abriendo los ojos mientras su cuerpo se arqueaba en un espasmo incontrolable de sus músculos.

—¡Maaatt! —gritó Mina abrazándolo con fuerza.

—¡Funes! —exclamó Cinthya tomando al Zentran de las ropas andrajosas. —¿Que le haz hecho a Matt? ¡Habla!

Funes había puesto los ojos en blancos y tenía el puño de la mano derecha cerrado fuertemente sobre el pequeño cristal de roca, incluso a pesar de las violentas sacudidas de Cinthya no reaccionaba a nada.

—¿Qué diablos está sucediendo? —gritó la joven sacudiendo al Zentran aún más fuerte. —¡Funes! ¡FUNES! ¡DESPIERTA!

Aquella especie de orden pareció hacer reaccionar al hombrecillo, quien de pronto abrió la boca y respiró una bocanada de aire tan repentinamente que Cinthya lo dejó caer arriba de la mesa.

—No entiendo nada… ¿que…?

Funes se pasó una mano por el rostro y de inmediato estiró el puño cerrado hacia Cinthya. —Dale esto a Matt —dijo entre jadeos. —¡De prisa! Es peor de lo que pensaba.

Cinthya tomó el pequeño objeto y de un salto se puso al lado de su amigo. —No se lo que está pasando, pero sostén esto Matt. —exclamó angustiada.

Puso el pequeño cristal sobre la mano sudorosa del joven y usando todas sus fuerzas obligó a que cerrara la mano alrededor del mismo.

El cambio fue casi instantáneo. Matt dejó de gritar y su cuerpo arqueado quedó casi como congelado en medio de un espasmo, tras lo cual se relajó de inmediato en cuanto el chico tomó una enorme bocanada de aire.

¡Oh Matt! —gritó Mina derramando sus lágrimas sobre el rostro desvanecido del chico —¿Que te sucede? ¡Háblame por favor!

El pequeño Zentran giró sobre sí mismo y bajó de la mesa en forma bastante aparatosa. Su rostro también estaba perlado de sudor. —¡Deculture! —exclamó.

Cinthya se arrodilló junto a él y lo sostuvo por los hombros. —¿Estas bien? ¿Que está sucediendo? ¡Tienes que decirnos o….!

—Un cambio, una alteración genética. —exclamó Funes respirando agitadamente. —El cuerpo de Matt está siendo destruido por dentro por sus genes cambiantes.

—Mierda. —gritó la joven golpeando con su puño el piso metálico. —¡Tenemos que hacer algo! ¡Hay que llevar a Matt a la Clínica lo antes posible!

El ex-Archivista sacudió la cabeza. —Evans no puede salvarlo, Matt morirá si no va al Campo.

Mina levantó la cabeza horrorizada al escuchar aquel nombre. —¿Al Campo? ¿A que se refiere? ¡Ese lugar es un cementerio!

—Entonces es el lugar adecuado para llevarlo me temo. —respondió con frialdad. —Porque se está muriendo.

Cinthya no podía aguantar más aquello, volvió a sostener al Zentran por las ropas y clavó sus ojos en los de el. —¡Explicate! —exigió mientras lo sacudía. —¿Que hay en El Campo…?

Funes le devolvió la misma mirada, pero cargada de un misterio profundo que solo esos ojos negros podían reflejar.

—Una cámara de Micronización— dijo.