Nota del Autor:

La semana que viene voy a estar con algunos asuntos familiares y es por eso que actualizaré mas temprano. Nos vemos en 15 días (Espero)

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—¡Imbécil!

El disparo atravesó la cabeza del desgraciado que ya estaba muerto cuando su cuerpo cayó al piso mientras un chorro de sangre brotaba violentamente por encima de la oreja. El resto de la tripulación del puente no quitó los ojos de las pantallas mientras los guardias arrastraron el cadáver fuera del lugar.

—Eh Jefe… no tenemos muchos técnicos disponibles. —dijo el Segundo al mando mirando el rastro de sangre que había quedado en medio del puente.—La próxima vez no se extralimite tanto con los castigos.

Greg enfundó la pistola y se volvió hacia el hombre que había hablado. —Ese incompetente sobrecalentó todo el sistema secundario… si Red no nos hubiera advertido todo el maldito reactor podría haber estallado en nuestras narices. Ahora tenemos que evaluar los daños y detener la carga hasta saber con que nos enfrentamos.

Uno de los hombres que supervisaba las pantallas de monitoreo levantó la mano desde su rincón para llamar la atención del Jefe.

—¿Que sucede Otako?

—No hace falta interrumpir la carga de Trinity. —aseguró el joven de anteojos. —El sistema Secundario es solo un sistema de respaldo, si no sobrecargamos el sistema Primario y mantenemos un ritmo de salida conservado no es necesario perder tiempo en…

—¿Es que son todos idiotas o que? —gritó el hombre en dirección al asustado joven. —¡Planeo usar esta chatarra el mayor tiempo que pueda! ¡Si ese Sistema Secundario es parte del Reactor lo quiero funcionando y en perfectas condiciones TODO EL MALDITO TIEMPO!

El muchacho volvió a sentarse y ocultó su rostro entre la media docena de pantallas holográficas de su estación de trabajo. Greg suspiró y caminó hasta el centro del puente de mando de la Rainbow, ahora convertido en el centro de operaciones de los Piratas.

El enorme globo holográfico mostraba la incesante actividad alrededor de la nave. Las patrullas de reconocimiento orbitaban la Colonia en anillos que iban desde un centenar de metros hasta varios cientos de kilómetros de distancia. Todo el sistema de satélites de rastreo estaba a máxima capacidad de operación. Greg no quería que nada ni nadie se escabullera bajo sus narices.

—¿Cuánto tiempo nos queda hasta que Trinity esté cargada al 100%? —preguntó.

—Setenta y tres horas, Veintidós Minutos y Catorce Segundos. —respondió Red materializando su cuerpo exactamente en el centro de la esfera de vigilancia. —Al menos ese es el tiempo estimado si se mantiene el actual ritmo de salida del Reactor.

Desde su terminal de monitoreo Otako tragó saliva. Todavía no se había acostumbrado a que Red apareciera por su cuenta en el Puente y hablara primero con Greg. Era como si lo estuviese ignorando por completo a él, su creador.

—¿Cual es el principal impedimento para acelerar el proceso? —preguntó el líder Pirata.

Red movió sus manos y una representación tridimensional de la Rainbow y su reactor apareció en el centro de la estancia. —El cable por supuesto. —Aseguró la IA. —Si usamos un cable más reforzado podríamos aumentar el caudal de energía y…

—Agradece que conseguimos ese que tenemos. —contestó molesto el hombre. —Esas cosas no son material que se pueda comprar en cualquier ferretería…

Red asintió. —Entonces el ritmo de carga actual es el más adecuado para garantizar la preservación del equipamiento y evitar su degradación a causa de la sobrecarga térmica.

Quien estaba Segundo al mando se rascó la cabeza. —¿Y si hacemos que esos obreros nos fabriquen uno a medida? Se supone que estas factorías pueden construir cualquier cosa… ¿Que es para ellos hacernos un puto cable nuevo?

Greg escupió en el piso sobre las manchas de sangre. —Que buena idea…—masculló socarronamente. — ¿Por qué no vas tu a pedirle a uno de esos amables ingenieros y obreros para que empiecen a fabricarlo en su tiempo libre?

Ante el silencio del otro Greg hizo un gesto con la mano. —Ya es suficiente de estupideces. Salgan todos y déjenme solo con Red, tengo cosas que discutir.

Todos se levantaron de inmediato y salieron del Puente de Mando sin decir una palabra. Otako y el Segundo Oficial fueron los últimos en salir. Cuando el joven de anteojos atravesaba la puerta no pudo dejar de observar como el holograma de Red había convertido el interior de la esfera del radar en una especie de acuario lleno de peces donde flotaba relajadamente.

No pudo ver más porque en ese momento fue empujado por su superior y ambos salieron al pasillo en medio de las maldiciones del Jefe, que se acallaron al cerrarse la puerta a sus espaldas.

—Mierda que está susceptible. —exclamó suspirando. —Hey Otako…

El joven se detuvo a mitad del pasillo y lentamente se dió vuelta. —¿S-sí señor Lee?

El hombre se acercó y tras poner su enorme brazo alrededor del cuello del asustado joven le habló al oído. —Ven muchacho… necesito hablar un poco contigo a solas.

Los dos piratas caminaron por el pasillo y tras entrar al túnel de comunicación desistieron de la invitación del personal restante de viajar con ellos en el transporte.

—Necesito caminar. —dijo el Segundo oficial mientras señalaba a su compañero. —Y a Otako también le vendrá bien mover un poco las piernas.

El transporte partió en dirección al elevador y pronto quedaron solos.

—¿Dices que en este túnel no hay cámaras ni sensores de vigilancia? —preguntó el hombre.

Otako asintió en silencio y el hombre llamado Lee lo palmeó en la espalda. —Genial. ¡En marcha entonces!

Caminaron una veintena de metros sin apuro mientras el joven se sentía cada vez más nervioso. Tras perder de vista las luces del Puente de mando el oficial se inclinó sobre Otako. —Se te nota muchacho. —dijo.

El pálido joven se volvió confundido. —¿Como….? ¿Como dice?

Su compañero suspiró y tras sujetarlo nuevamente con el brazo lo atrajo aún más cerca. El aliento rancio del hombre casi hizo llorar al asustado joven. —No soy ciego ¿Sabes? Vi como mirabas a esa… cosa que llamas Red, no lo niegues.

Otako trató de forcejear para alejarse del hombre pero el grueso brazo lo atenazaba como si fuera una trampa para osos. —No.. no se de qué habla señor… yo no…

El hombre clavó sus oscuros ojos en la temblorosa mirada del joven. —¡Y una mierda! —escupió. —¿Así que a ti tampoco te gusta la forma en la que nuestro jefe ha empezado a tratarnos a todos? Si… ya veo. —dijo con una sonrisa. —¿Celos…? ¿Es eso? —exclamó soltando una carcajada.

El rostro de Otako se puso casi de color violeta y una gruesa vena se marcó en su cuello mientras el otro hombre lo miraba divertido. —Feo ¿No? Eso de sentirse desplazado… que tu lugar ha sido suplantado por un programa… seguro que sientes una furia incontrolable, incluso en ese cuerpo de pacotilla que tienes. —dijo el Segundo oficial con tono complaciente.

Otako no respondió pero bajó la vista hacia el suelo de metal. Había verdad en aquellas palabras.

El brazo se soltó y Lee puso su mano en la espalda del joven. —Hey Otako… yo sé lo que se siente.. no olvides que soy el maldito SEGUNDO al mando aquí. ¿Entiendes? ¡Estoy de tu lado, maldita sea!

Aquello fue una sorpresa para el confundido joven. Otako levantó la mirada y se encontró con el rostro de aquel hombre que lo miraba desde casi sus dos metros de altura. —¿De… de mi lado? —preguntó tragando saliva.

—De tu lado. —repitió. —Ven, caminemos un poco más.

Recorrieron casi la mitad de la extensión del túnel antes que Lee comenzara a hablar denuevo. —El plan de Greg es una puta genialidad, eso nadie lo duda. —dijo de pronto mientras detenía su marcha. —Pero algunos muchachos están empezando a tener unas cuentas dudas sobre la forma en que está llevando a cabo la operación… especialmente desde que ese maldito programa tuyo empezó a meterse en el plan original

Otako tragó saliva. —Red… Red no es.

—Déjame terminar. —dijo cortante el hombre. —Desde que las… "complicaciones" empezaron a aparecer aquí y allá, los murmullos de los muchachos no han dejado de aumentar… y sabes que los rumores se esparcen rápido. ¿Verdad?

El joven asintió nervioso. Había algo que no le gustaba en el tono de la voz de aquel peligroso hombre. Greg no era menos peligroso claro, pero al menos no parecía que estuviera a punto de matarte a cada momento (A excepción claro que metieras la pata tal y como le había pasado a ese desgraciado el Puente de Mando). Lee en cambio tenía siempre una expresión de locura en el rostro y era casi imposible predecir sus movimientos. Otako había escuchado historias terribles sobre aquel hombre; incluso se rumoreaba que había asesinado a un compañero en medio de un chiste y que el desgraciado seguía riendo mientras su cabeza recién separada de su cuerpo caía tras la barra del bar.

Que una persona como aquella estuviera "de su lado" no hacía mucho por calmar sus nervios. —No… no sé a qué rumores se refiere, señor. —contestó desviando la mirada.

—Claro que no. —suspiró el hombre algo desilusionado. —A veces me olvido que clase de persona eres Otako… ¿Verdad? Tú no darías importancias a esos rumores, especialmente si fueran sobre la salud mental de nuestro querido líder.

Otako volvió a tragar saliva. Lo que estaba diciendo Lee bordeaba la insubordinación. ¿Que debía hacer? En aquellos momentos sentía que estaba caminando sobre un puente de cristal delgado que amenazaba con romperse con cada paso que daba… y Lee lo estaba obligando a recorrerlo sin pausa.

—N-No señor. —contestó.

El hombre asintió al parecer satisfecho. —Bien. —dijo examinando de arriba a abajo al nervioso joven. —Porque yo no quiero rumores; necesito información concreta y tú vas a darmela. ¿Entendido?

—Si… si Señor. —respondió sumisamente.

—Excelente… empecemos por el principio: Esa tal Red… ¿Que tan fiel es a Greg? —preguntó.

—Completamente Fiel.

Otako no dudó en responder y eso pareció gustarle al peligroso hombre. —Ya veo… Y dime una cosa chico… ¿Realmente tu no tienes control sobre ese programa?

El joven tardó un segundo en responder y aquello no pasó desapercibido para su compañero. —Dime la verdad o te aplastaré los sesos contra la pared. —amenazó mientras levantaba el puño.

El joven no tenía ninguna duda sobre lo real de la amenaza.

—Si… si me matas Greg te hará pedazos. —dijo temblando.

El hombre estalló en carcajas ante aquella muestra de "Valentía"… ¿En serio? —respondió entre risas. —Mi querido Otako… El Jefe te ha reemplazado. ¿Realmente crees que le importe si te mueres en un… eh… digamos "Accidente"?

Otako apretó los dientes y bajó la mirada. Si, tenía razón por supuesto.

Lee suspiró y se puso de cuclillas frente al joven para tratar de estar a su altura. —Mira… trata de olvidar por un momento lo que dije ¿Ok? Hay muchas cosas en juego y nuestras vidas es una de las menos importantes, según la visión de Greg almenos, así que… ¿Qué te parece si me ayudas para que yo pueda ayudarte?

—¿Ayudarme… a mi?

—A recuperar a Red. —dijo el hombre. —Porque eso es lo que quieres ¿No? Recuperarla para ti solo.

La carnada estaba en el agua. Lee solo tuvo que esperar a que el pez picara.

Tras pensarlo unos segundos Otako miró fijamente aquellos oscuros ojos. —Existe un protocolo de seguridad. —dijo. —Puedo recuperar el control de Red si me lo propongo… pero…

—Pero entonces Greg te mataría. —dijo satisfecho Lee. —Si, comprendo perfectamente, no te preocupes. A decir verdad ya me lo esperaba… no eres tan tonto como para crear algo que tuviera una posibilidad de salirse fuera de control. —dijo poniéndose de pie.

Los dos piratas continuaron caminando en silencio, mucho más tranquilos ahora que se habían convertido, al menos momentáneamente, en cómplices de aquellos rumores de descontento y insubordinación.

Las luces del pequeño vestíbulo donde se encontraba el elevador aparecieron al final del túnel.

—Lo que los muchachos temen. —dijo el Segundo Oficial mientras se acariciaba la barba. —Es que el Jefe esté bajo la influencia de esa IA maquiavélica.

Otako miró confundido al hombre. —¿Como…?

—Dicen que las primeras IA's autónomas que se crearon para los militares se hicieron como una especie de reemplazo de esos Archivistas deformes que usaban los Zentradi para ayudar con las decisiones estratégicas—respondió Lee.

El joven asintió.

—También escuché que hubo extraños casos donde IA's perdieron el control y se volvieron hostiles… "Salvajes" por decirlo así. —agregó.

—El Incidente de Sharon Apple. —murmuró Otako deteniéndose en el lugar. Lee se adelantó unos pasos y luego se dió la vuelta para mirar atentamente a su camarada. —Yo tambien hice algo de investigación ¿Sabes? Esa Red que tan hábilmente haz programado… es una especie de copia de aquella famosa IA ¿Verdad?

El joven apretó los puños y un relámpago de fuego pareció cruzar sus ojos marrones. —¡No es una copia! —gritó.

—Será mejor que bajes la voz muchacho. —exclamó el Segundo Oficial con una mueca de desagrado. —Copia o derivado, me da igual. ¿Que tan parecida es esa cosa a la Sharon que se volvió loca en Ciudad Macross?

El joven estaba visiblemente alterado. Mantenía los dientes apretados y su respiración se había vuelto agitada. Hasta Lee se preguntó si el chico no estaría pensando en saltarle encima para morderlo.

Al cabo de unos instantes Otako pareció dominar un poco su furia. —No va a volverse loca, si eso es lo que insinúa. —dijo apartando la mirada.

El enorme pirata se cruzó de brazos. —Ya veo. —dijo. —¿Puedes explicarme por qué estás tan seguro de ello?

El joven asintió y comenzó a caminar lentamente hacia el elevador. Lee lo siguió en silencio mientras esperaba que el chico pusiera en orden sus ideas.

—Red carece del componente fundamental que vuelve peligrosas a las IA's en general. —dijo sin levantar la mirada del piso.

—¿Y ese componente es…? —preguntó Lee.

—El instinto de Autoconservación. —respondió Otako.

—Autoconservación… —repitió lentamente el hombre como probando el gusto de la palabra. —Suena a algo biológico.

—Es algo más relacionado a la Filosofía que a la Biología o la Física. —respondió Otako. —El Filósofo y gran pensador Descartes decía que…

El hombre se adelantó de golpe y extendió la mano hacia el joven, interrumpiendo lo que estaba por decir. —Ahorrame la consulta de la enciclopedia. —dijo con evidente molestia.—Ve al grano.

—La programación de los comportamientos de autoconservación no están implementados dentro del código base de las IA's. —explicó el muchacho.

—¿Y eso por que?

—Porque el hardware es más fácil de controlar. —respondió Otako. —Cuando el código se encuentra inscripto en algo físico es…

—Más fácil de matar. —exclamó Lee con una carcajada. —¡Por supuesto! ¿Osea que lo que volvió loca a esa IA en Ciudad Macross fue…

—Un Chip… un Chip Bio-Neural. —contestó el joven.

Los dos compañeros llegaron hasta donde los demás operarios habían estacionado el transporte eléctrico. Dos guardias fuertemente armados vigilaban la entrada y saludaron en silencio cuando Lee y Otako se acercaron a la puerta.

—¿Y dices que Red no tiene ese Chip? —preguntó el hombre mientras llamaba al ascensor.

Otako asintió. —Ya no quedan. Los últimos se destruyeron hace más de quince años y dicen las malas lenguas que todos los científicos e ingenieros involucrados en su desarrollo murieron en un desafortunado accidente.

—Me imagino lo desafortunado que debió haber sido. —exclamó Lee mientras observaba el panel indicador de los pisos. —Pero supongamos por un momento que uno de ellos si sobrevivió al celo de los Militares. —dijo el hombre mientras se cruzaba de brazos.

Otako lo miró confundido. —¿Sobrevivió….?

—Los rumores suelen exagerar las cosas. —contestó el hombre en voz baja. —Sería muy desafortunado si los muchachos comenzaran a sospechar que esa tal Red si tiene uno de esos chips y es casi o más peligrosa que aquella Idol Virtual desquiciada…

La puerta se abrió delante de ellos y entraron juntos ante la atenta mirada de los guardias. Tras marcar uno de los pisos inferiores Lee se recostó sobre la pared espejada del elevador.

—Quieres… ¿Quieres que corra el rumor que Red está controlando al Jefe? —preguntó Otako con asombro.

—Algo así. —respondió el Segundo Oficial. —Y al final del día… tu serias el que nos salve el trasero de esa cosa maligna. —aseguró. —Hasta podrias ser mi Segundo al Mando como recompensa por tu Valentía. —dijo entre carcajadas.

Por un momento Lee pensó que había echado demasiada carnada en el lago… pero que diablos, a esa altura era todo o nada.

Otako meditó en silencio mientras el ascensor se ponía en marcha. —Acepto. —dijo tras casi un minuto.

—Excelente, no esperaba menos de ti. —exclamó el hombre satisfecho. —Ahora que estamos todos en el mismo barco lo siguiente que vamos a hacer es...

Una sacudida hizo que ambos casi saltaran en sus sitios. Las luces se apagaron y de pronto el elevador se detuvo con un crujido.

—¡Maldición! —exclamó Lee con un bramido que heló la sangre de Otako.

Las luces rojas de emergencia se encendieron y de pronto todo se puso cabeza abajo para el joven de anteojos.

Lee lo tomó por la garganta y tras arrojarlo al suelo lo sostuvo fuertemente mientras desenfundaba un enorme cuchillo de acero . —¿Así que era una trampa? —dijo y sus ojos parecían dos carbones encendidos. —¿Greg lo supo todo el tiempo? ¡Hijo de mil Putas!

La hoja del cuchillo relampagueó en la oscuridad y se clavó en el piso junto al cuello de Otako.

—¡Espera! ¡No es lo que tu crees! —gritó desesperado el joven sintiendo la furia asesina del hombre que se arrojó sobre el.

—¡Habla! —gritó casi fuera de sí mientras sacudía al otro como si fuera un muñeco de trapo. —¡Habla o me aseguraré que tu muerte sea mucho más lenta y agónica que la mía!

Otako temblaba violentamente, pero aun así se las arregló para responder. —Le-le aseguro que yo no tengo nada que ver con esto… debe ser algún tipo de pro-problema técnico…

Los ojos de Lee brillaban en la roja penumbra de las luces de emergencia. —¿Un problema? ¿Justo AHORA? ¿EXACTAMENTE tras nuestra conversación? No me hagas reir Otako, si piensas que yo...

—La cámara de vigilancia está rota.

El hombre levantó la cabeza y observó los restos del pequeño sensor que Tass había destruido con la pistola de Rebecca. —¿Y? —preguntó.

—No…. no hay micrófonos aquí, esa cámara es la única forma de comunicarse con el exterior. —exclamó Otako sintiendo que le faltaba el aire.

Lee aflojó la presión y quitó la rodilla del pecho del joven sin dejar de mirarlo en ningún momento. Por primera vez una sombra de duda cruzaba aquel rostro curtido de cicatrices.

—¿Que mierda está pasando entonces? —preguntó.

—Lo… lo averiguaré. —exclamó el joven incorporándose con dificultad.

Sin decir nada más se arrastró hasta el panel desmontado donde los manojos de cable habían quedado fuera de la caja contenedora luego de la apresurada reparación de los Piratas. Los cables que Tass había cortado habían sido vueltos a unir con simple cinta aislante. Tras extraer un voluminoso Pad de una riñonera que llevaba en la cintura, Otako conectó un par de cables a las conexiones que entraban en el panel desmontado del elevador.

Tres pantallas holográficas se proyectaron alrededor del joven y una catarata de caracteres inundó súbitamente el espacio iluminado.

—Esto… —exclamó sorprendido Otako abriendo los ojos como platos. —Esto es...

Lee se acercó sin entender nada de lo que aparecía proyectado. —¿Qué sucede? ¿Qué es eso…?

—Es… ruido. —respondió el joven con la boca abierta.

—¿Ruido?

Un teclado holográfico se materializó frente al joven y sin perder un segundo comenzó a pulsar las etéreas teclas a medida que las pantallas parpadeaban frente a sus ojos. La velocidad a la que fluían los ríos de texto y caracteres era realmente vertiginosa, hasta el propio Lee tuvo que apartar la vista de aquel caos de información para no marearse.

—¿Qué demonios está pasando Otako? —quiso saber el fornido Pirata.

—Es un ataque de saturación. —respondió el joven sin quitar la vista de la pantalla. —Todo el sistema informático de la Rainbow está colapsado por una inundación de datos.

—Espera un momento… eso es exactamente lo mismo que hicimos nosotros para apoderarnos de la Colonia… ¿Estas diciendo que está sucediendo lo mismo…?

Otako sacudió la cabeza. —No, esto es… diferente. —las pantallas giraron violentamente alrededor del joven y un gráfico de barras ocupó el lugar frente a sus ojos. —Esta actividad de sobrecarga… esto no es un ataque de saturación corriente.

—¿A qué te refieres?

Tras enderezar los pequeños anteojos sobre la nariz el joven cambió nuevamente de pantallas. —Para saturar una red lo que se hace es inundarla con peticiones… comandos simples que cada procesador envía a otro "preguntando" algo. Los más simples son una especie de "Saludo" o "Apretón de Manos" que sirve para indicar la presencia de cada acceso que forma una red.

—Entiendo.

—Pero esto. —dijo señalando los gráficos. —Aquí no hay nada de eso, estos son datos sin sentido, bytes al azar transmitidos sin cesar desde todos los rincones del sistema… esto es..

—Ruido blanco. —dijo Lee entrecerrando los ojos.

Otako asintió. —Si… es como un ruido blanco, osea caos de información.

El Segundo oficial se acarició la barba. —¿Estás seguro que no se ha vuelto loca esa IA? —preguntó.

Otako movió la cabeza en franca negativa. —No… no creo que Red haya podido hacer esto… es… diferente, muy diferente a lo que podría hacer ella.

—¿Entonces…?

—Tass.

Aquel nombre hizo que Lee levantara una ceja. —¿No estaba muerta esa mocosa? Creía que Red la había tirado a un pozo…

El joven volvió a acomodarse los lentes. —Solo ella podría haber hecho algo así… no me lo explico de otra forma.

Sin decir una palabra el Pirata arrancó el enorme cuchillo que había quedado clavado en el suelo y de un golpe lo introdujo entre las dos hojas de la puerta del elevador.

—¿Que…? —comenzó a decir Otako.

En cuanto una pequeña hendidura apareció, el fornido hombre uso sus propias manos para abrir la puerta con su tremenda fuerza. Poco a poco las hojas se separaron y tras un esfuerzo final la puerta quedó abierta por completo.

—Esto… esto no podría haber sido mejor. —dijo con una sonrisa.

—Me… ¿Mejor? —preguntó el joven confundido.

El hombre examinó las paredes de metal y localizó la puerta del piso más cercano. —Bajaremos aquí. —dijo mientras extendía los brazos. —Prepárate.

Otako apagó las pantallas y se puso de pie mientras guardaba su pad en la riñonera. Lee volvió a introducir su cuchillo en las puertas y tras hacer palanca pudo abrirlas tal y como había hecho con las del elevador. —Si esto es en verdad un ataque por parte de los Colonos, no podían haber elegido un mejor momento. —dijo mientras usaba sus fuertes brazos para dejar una abertura lo suficientemente grande.

Para poder llegar al piso superior tuvieron que trepar por el pequeño espacio que quedaba entre el elevador y la pared de metal. Otako comenzó a sudar en cuanto vio el oscuro abismo que se abría debajo de ellos pero Lee no tenía tiempo que perder en indecisiones. De un solo movimiento tomó al asustado joven de las ropas y lo arrojó hacia arriba a través del hueco de la puerta abierta. Otako aterrizó en el piso de arriba en medio de gritos de terror.

Momentos más tarde su compañero hacía lo mismo trepando con solo las fuerzas de sus brazos.

—Que… ¿Qué hacemos ahora? —preguntó el joven mientras seguía tirado en el suelo temblando.

El hombre se quitó el cuchillo de entre los dientes y tras volver a enfundarlo en su cintura suspiró agotado. —Por el momento, tu vas a volver con Greg.

—¿Eh? —exclamó el ahora confundido joven.

Lee se golpeó la sien con el dedo. —Piensa Otako, piensa… si esa IA está bajo ataque y por lo que tu dices, esa Tass no es un oponente para tomar a la ligera, es seguro que Greg te quiera a su lado con desesperación. Este contraataque de los Colonos servirá para minar la confianza de los muchachos en las decisiones de Greg con respecto a esa IA… ¿Comprendes?

Otako asintió.

—Tu vas a volver con él y vas a ayudarlo… por ahora. —dijo mostrando los dientes. —Haz de cuenta que colaboras, pero no hagas nada por mitigar el ataque informático. Cuando Greg reconozca que confiar en esa tal Red fué una pésima idea, entonces el momento estará maduro para nuestros planes.

Tras decir esto levantó al joven tomándolo de la ropa y lo puso de pie a su lado. —Debes volver al Centro de Comando que montamos en la Escuela, es probable que Greg vaya allí si las cosas en la Torre de Control se le escapan de las manos.

El muchacho se volteó y señaló la oscuridad que reinaba en la cubierta en la que habían llegado. —¿Solo? —preguntó.

Lee suspiró. —Te escoltaré hasta encontrar alguna de las patrullas, ellos te llevarán hasta la escuela.

—¿Y usted qué va a hacer… Señor?

—Preparativos. —respondió el hombre mientras se pasaba la lengua por los labios. —Ahora en marcha, el tiempo apremia.