—¿Otro mas? —exclamó el facultativo mientras miraba un grupo de gente que llevaba algo en andas pasar rápidamente por el pequeño espacio de la puerta entreabierta del quirófano.

La queja de David solo provocó un suspiro y una mirada resignada en semblante perlado de sudor del Doctor Evans.

Ambos profesionales volvieron a concentrarse en la lesión y tras aplicar abundantes vueltas de gasa, aseguraron el vendaje con un adhesivo especial.

—Llevenselo. —ordenó el médico mientras se quitaba los guantes llenos de sangre. El Doctor David lo imitó unos segundos más tarde.

Los hombres que estaban callados a un lado del instrumental quirúrgico retiraron la camilla con el Pirata y salieron por la puerta en dirección a la sala de recibimiento de la Clínica. Los dos hombres armados que estaban apostados de guardia frente a las puertas del quirófano se apartaron justo lo suficiente para no estorbar el paso del herido.

Antes que la puerta se volviera a cerrar por completo otro hombre armado entró de improviso. —Hay otro más afuera, es grave. —dijo de mala gana mientras se colgaba el enorme rifle de asalto al hombro.

Evans se limpió el sudor de la frente mientras se quitaba el barbijo. —¿Otro mas? ¿Qué le pasa a este…?

Sin que pudiera emitir otra queja más un nuevo grupo de hombres penetró en el quirófano llevando en andas a otro herido aparentemente desmayado. Por el reguero de sangre que dejó tras sí la cosa era realmente grave.

—Una cañería explotó justo donde estaba parado, tiene las piernas destrozadas. —respondió el Pirata chasqueando la lengua. —Arreglelo lo mejor que pueda o se las verá conmigo. —exclamó mientras golpeaba el costado del rifle.

Los dos médicos se miraron y suspiraron al unísono. —Bien, ahora salgan todos —exclamó Evans tajante. El matón le dirigió una mirada de odio pero obedeció la orden.

Sin siquiera poder cambiar las ropas sucias con la sangre del anterior paciente, ambos médicos se pusieron inmediatamente manos a la obra. Tras ponerse guantes nuevos y despejar una nueva camilla, comenzaron a examinar al desgraciado.

—Trae sangre. —dijo Evans mientras utilizaba una tijera para cortar los restos de ropa que cubrían al malherido Pirata. —Cuatro unidades, no creo que le quede mucha a este.

Mientras David preparaba la bomba y los equipos de transfusión Evans comenzó a evaluar el daño que había sufrido el cuerpo del herido.

—Politraumatismos en la zona abdominal, trauma generalizado en ambos miembros inferiores, laceraciones varias y amputación parcial de la pierna derecha, pierna izquierda con fractura expuesta. Hemorragia generalizada clase 3.

—¿Seguro que no se paró sobre una Mina Antipersonal? —preguntó el otro médico preparando las vías en los brazos del Pirata.

Evans ignoró el comentario y aplicó una inyección de tranquilizante en el abdomen del hombre, tras lo cual dirigió su atención hacia lo que quedaba de la pierna derecha y comenzó a cortar el improvisado torniquete que los piratas habían hecho para detener la hemorragia. —Pinzas.

Tras quitar los cables que envolvían la pierna del hombre, la sangre arterial brotó roja y brillante siguiendo los compases acelerados del corazón. Evans utilizó las pinzas para taponar la arteria seccionada e indicó a su colega que iniciara la transfusión.

Mientras la bomba introducía la sangre en las venas del paciente comenzaron a trabajar en la pierna izquierda, retirando fragmentos de metal que habían penetrado en la carne y el hueso y limpiando la zona para una posterior cirugía reconstructiva.

La pierna derecha era insalvable y tuvieron que terminar de amputarla ante la masividad del trauma. Una vez que el tejido dañado estuvo removido Evans limpió la zona y emparejó el corte de la forma más prolija posible. Tras taponar la arteria con un apósito especial de material biosintético, quitó las pinzas y vendó el muñón lo más firmemente que pudo.

—Listo. —exclamó agotado el hombre mientras hacía una seña hacia los que esperaban en la entrada. —Llévenselo de aquí, iré a ver como está mas tarde.

Dos Piratas entraron y se llevaron al herido rápidamente. Por suerte nadie más apareció tras la puerta y los dos médicos suspiraron aliviados.

—Es una locura. —dijo David arrojando el barbijo al cesto para la ropa sucia. —¿Qué carajo está pasando ahí afuera? Parece…

—Una guerra. —dijo Evans quitándose los guantes. —Tu lo has dicho.

Se cambiaron en silencio y tras llamar a la enfermera para que comenzara con la limpieza del lugar y el instrumental, ambos hombres salieron del quirófano y se encaminaron a la pequeña salita donde intentaron descansar un momento.

—Café. —dijo Evans al entrar. Inmediatamente la pequeña cafetera automática emitió un pitido y se escuchó correr el agua por los filtros y mangueras del aparato.

David cerró la puerta tras sí y se arrojó sobre el sillón que estaba en el centro del cuarto frente a una mesita baja. —Yo no me enlisté para esto. —dijo con evidente sarcasmo mientras se masajeaba las sienes.

Evans abrió la nevera y extrajo un pequeño cartón de leche. —¿Querías prácticas médicas? Espero que esté aprendiendo suficiente. —respondió el médico señalando la puerta. —Y lo que nos espera todavía.

Los ruidos de la clínica no se escuchaban desde allí, si había otra emergencia los Piratas tendría que sacarlos de allí a la rastra.

David se incorporó en el sillón mientra cruzaba sus manos bajo el mentón en actitud pensativa. —¿Que mierda pasa? Hoy solo ya fueron…

—Tres. —respondió Evans. —Ayer fueron cuatro y desde que estos tipos empezaron a jugar con las instalaciones de la Rainbow ya pasaron la docena.

El compañero de Evans sacudió la cabeza. —No lo comprendo. —dijo. —¿Se supone que la Rainbow sea tan peligrosa? Entiendo que esos Piratas no sean obreros o personal calificado pero… una docena de accidentes de trabajo en apenas cinco días… cuatro fatalidades, miembros amputados, craneos aplastados, quemaduras de tercer grado… Dime que esto no pasaba cuando yo no estaba aquí.

El Doctor Evans abrió el pequeño recipiente y lo agitó lentamente. —La Rainbow tenía un récord de seguridad laboral impecable. —dijo pensativo. —En todos estos años nunca hubo una fatalidad dentro de esta nave, hubo un par de accidentes relacionados a las operaciones de explotación del Campo…pero eso cambió por completo con la llegada de Ralph.

Mientras David reflexionaba aquella información Evans se dirigió a la cafetera y se quedó observando el recipiente de cristal unos momentos.

—¿Pero qué diablos?

Su colega se volteó por sobre el sillón. —¿Pasa algo? —preguntó viendo el rostro consternado del facultativo.

—La cafetera se ha descompuesto.

—No puede ser… esta mañana funcionaba perfectamente. —exclamó David rascándose la cabeza. —Prueba desenchufando y enchufando nuevamente.

El hombre suspiró y se agachó para desconectar el cable de la pared, tras esperar unos momentos volvió a conectarlo y se incorporó mientras se frotaba la espalda. —Café. —dijo en dirección al aparato.

Una luz parpadeó en la parte superior del filtro, tras lo cual volvió a apagarse.

—Creo que tenemos otro deceso confirmado. —dijo Evans pulsando los botones del pequeño indicador manual, pero nada sucedió.

—Okey déjalo.. beberé una lata de energizante. —dijo David suspirando.

Evans golpeó el aparato una última vez y se dirigió hacia la nevera en busca del refresco. —¿Sabes? —dijo mientras volvía a abrir la puerta. —Creo que estas cosas no son una casualidad.

—¿Te refieres a los accidentes o a la cafetera?

—Es posible… si, creo que esa podría ser la respuesta. —murmuró el hombre mientras revolvía el interior y tomaba una lata fría. —Creo que es la Rainbow.

Davido atrapó con ambas manos la lata que su colega le arrojó con cuidado, pero pareció no entender a lo que se refería. —¿La Rainbow?

Evans tomó una pajilla de un recipiente que estaba junto a la inútil cafetera y tras colocarla dentro del cartón de leche que ya había abierto, sorbió un poco de su contenido. —La Rainbow se está defendiendo. —dijo.

—Doctor… ¿Está insinuando que es la propia nave la que está matando a esos Piratas?

El hombre asintió en silencio mientras bebía del cartón de leche.

—Es una broma… ¿Verdad?

—¿Tienes una teoría mejor?

David abrió la boca pero tras pensarlo mejor se dedicó a abrir la lata y tomar un largo sorbo del oscuro líquido recargado de cafeína. Al cabo de unos segundos depositó la lata en la pequeña mesita y se acurrucó en el mullido sillón. —Tonterías. —dijo mirando de reojo a su compañero.

—¿Y como lo explicas tú entonces? —preguntó Evans.

—Desidia, falta de organización, desconocimiento de los procedimientos básicos de seguridad… tal vez un poco de mala suerte… ¡Por dios Evans, no puedes decirlo en serio! —exclamó con los ojos cerrados, como si quisiera dormirse ahí mismo. —Ya de por si las leyendas urbanas que hay sobre el interior de la Rainbow son lo bastante escalofriantes como para que una persona de ciencia como usted se ponga a hablar de Naves con Voluntad Propia…. ¿Que sigue? ¿Que existen los Vampiros que chupan Energía Vital? ¿Que Funes es real?

—Te sorprenderias la verdad que se esconde detrás de las leyendas Urbanas. —respondió el hombre con una sonrisa. —Pero al margen de todo eso, creo que últimamente hay algo que hasta tu mismo creo que has sentido.

Evans suspiró y arrojó el envase vacío al contenedor de reciclaje, tras lo cual tomó asiento junto a su compañero.

El otro hombre abrió solo un ojo. —No, pero he escuchado rumores de los residentes más veteranos… los que conocen la nave desde que fué construida. Ellos sienten… algo.

El Doctor Evans se cruzó de brazos. —Energía Dimensional. —dijo. —Desde hace varios días el espacio alrededor del reactor se ha estado cargando de energía como consecuencia de su funcionamiento prolongado…. los que estamos acostumbrados a trabajar con ella la reconocemos de inmediato.

—¿Están intentando hacer que toda la Rainbow entre en FOLD? —preguntó preocupado David.

—No… no, claro que no… el procedimiento FOLD no requiere más energía que la que se usa para crear la burbuja WARP… esto es diferente.

—¿Diferente? —el semblante del hombre más joven mostraba perplejidad.

—¿Recuerda lo que sucede al entrar en un procedimiento FOLD? —preguntó Evans tras reflexionar un momento.

—¿Se refiere a la distorsión del campo visual?

—Eso mismo.

—Es alguna especie de espejismo relacionado con el espacio dimensional si no me equivoco. —explicó David.

—Más precisamente es un tipo de energía residual. —corrigió Evans. —Cuando la burbuja WARP se consolida alrededor de la nave que está por entrar en FOLD, el interior de la misma queda vacío de Energía Dimensional, solo queda un pequeño remanente en forma de fotones "perdidos" que permanecen dentro de la burbuja y viajan junto con la nave por el medio dimensional. Son partículas muy inestables ya que tienen propiedades interdimensionales y solo permanecen en nuestro universo mientras la burbuja WARP las mantiene aprisionadas.

—Pero usted ha dicho que esos Piratas no quieren hacer FOLD… ¿Verdad?

El hombre mayor asintió. —Correcto.

—Entonces si no hay una burbuja WARP que mantenga esos residuos contenidos… oh mierda. —dijo de pronto incorporándose con evidente preocupación en el rostro. —¿Esa radiación es peligrosa? —preguntó alarmado.

—No que yo sepa. —respondió Evans encogiéndose de hombros. —No parece interactuar con ninguna materia de nuestro universo… salvo con los fotones claro, pero como estos tienen una masa casi nula, sus efectos físicos son inexistentes en escalas que no sean las cuánticas.

—Y sin embargo sentimos su presencia… la luz se dobla y los espejismos aparecen durante los saltos FOLD ¿Cómo se explica eso?

—Es exactamente igual que con la Sound Energy. —explicó el hombre. —Es medible, detectable, sabemos cómo se propaga y sin embargo se comporta de una forma completamente diferente según la dimensión en donde se encuentra el observador. Los mismos Zentradi reaccionan de forma diferente a ella y en cierta medida, a los humanos les sucede algo parecido.

David se rascó la cabeza confundido. —No entiendo una mierda. —dijo.

—Bienvenido a mi Campo de investigación entonces. —dijo Evans entre risas.

Ambos hombres estallaron en carcajadas pero fueron interrumpidos bruscamente cuando la puerta de la sala de descanso se abrió de golpe con violencia. Un hombre armado irrumpió en la misma mientras los dos médicos se incorporaban de un salto.

—¡Eh! ¿Que rayos…? —comenzó a decir David cuando Evans lo tomó del brazo.

—¿Dan?

El recién llegado bajó el arma y se quitó la máscara antigás del rostro. Aquella barba negra era inconfundible.

—¡Evans! ¡David! ¿Están bien?

Los dos hombres se quedaron paralizados en sus sitios. No podían creer lo que estaban viendo. Tras unos segundos de incertidumbre Evans se adelantó y tomó por las ropas al sorprendido hombre. —¿Que rayos esta pasando Dan? ¿Que…?

—Estamos rescatando a los Colonos, Amanda inició una orden de evacuación inmediata.

—Por todos los cielos… ¡Van a matar a los rehenes! ¿No sabes que…?

Dan apoyó su mano sobre el brazo del médico y lo miró al rostro. —Lo sabemos… mientras nosotros hablamos otros se están encargando de eso.

Evans y David se miraron sin saber qué decir. —Mierda… mierda mierda MIERDA! —gritó el médico más joven mientras se dirigía a la puerta.

Los tres hombres salieron de la salita y atravesaron el quirófano corriendo. Del otro lado del hall de recibimiento se encontraron con una imagen dantesca.

Media docena de piratas yacían muertos en la entrada de la clínica. Una veintena de hombres armados, casi todos ellos obreros de la Colonia patrullaban los alrededores portando toda clase de armas, aunque la mayoría ya había tomado los rifles y chalecos blindados de los muertos.

—Mierda. —exclamó David pasando por arriba del cadáver de quien unas horas antes los había tratado con tanto desprecio. —¿Como….?

—Dan. —Evans encaró al obrero mientras señalaba el interior de la Clínica. —Tengo a más de veinte pacientes en cuidados intensivos, cuatro en estado crítico, si piensas que voy a dejarlos…

—Amanda ya pensó en eso. —dijo el hombre levantando el rifle en dirección a la cubierta. —Mira.

En ese momento cinco vehículos eléctricos llegaban en fila por el acceso principal y se detenían a escasos metros de las puertas.

De cada transporte bajaron dos hombres y comenzaron a dar órdenes al resto de los presentes.

—Las órdenes de nuestra Capitán es evacuar A TODOS. —dijo Dan. —Busquen todo lo necesario para llevarse, nos vamos en treinta minutos.

No había más que discutir. Mientras David recogía todo lo necesario para llevarse con ellos, Evans fué a supervisar la evacuación de los heridos que estaban en las salas de tratamiento.

Todos trabajaban lo más aprisa que podía y casi sin hablar. El Doctor Evans asumió la dirección de la operación y supervisó uno a uno a los heridos mientras eran trasladados desde la Clínica hasta los vehículos. Cuando llegó el turno de mover a los Piratas que estaban en condición crítica, un grupo de hombres se opuso rotundamente.

—Esos son Piratas. —dijo uno de ellos, un Técnico llamado Taro. —Déjenlos aquí y que ellos se hagan cargo de sus propios heridos.

Evans se plantó frente al hombre en posición desafiante. —Esos hombres estan a mi cuidado y si se quedan aquí sin atención médica morirán.

—Ya matamos a muchos hoy. —respondió Taro levantando el arma. —¿Acaso le molesta que muera uno o dos más?

—Si ese hombre se queda aquí, yo también lo haré. —respondió el hombre seriamente señalando la camilla más cercana. —Ahora decidanse rápido, no podemos perder más tiempo con estos debates morales.

Los dos heridos críticos fueron cargados en el vehículo, pero los demás Piratas que estaban con heridas leves fueron maniatados y dejados encerrados en uno de los consultorios.

La pequeña caravana partió exactamente veintisiete minutos más tarde, transportando a todos los heridos y gran cantidad de equipos y material médico que habían podido rescatar de la clínica.

Evans viajaba junto a los heridos más graves pero David se había sentado en uno de los primeros vehículos junto a Dan. El barburo obrero condujo al grupo de refugiados por la cubierta hasta llegar a uno de los accesos periféricos.

Por todos lados se veían signos de lucha, al parecer la resistencia había sido cruenta.

—¿Perdimos a alguien? —preguntó David.

Dan sacudió la cabeza. —No, por suerte encontramos poca resistencia y no se esperaban un ataque, la mayoría de ellos están ahora en los accesos periféricos, creo que Amanda o Tass lograron interrumpir sus comunicaciones para crear un caos de órdenes.

—Osea que momentáneamente están desorganizados. —dijo el médico.

—Y no sabemos por cuanto… la Capitán solo nos dió una hora para tomar y asegurar la clínica.

Tras recorrer unos trescientos metros por uno de los túneles, llegaron a una pequeña estación de trasbordo donde tres vagones abiertos esperaban en la plataforma. Aparcaron los transportes sobre ellos y tras cerrar la compuerta que comunicaba aquel lugar con el túnel de acceso e inutilizar los controles de apertura, se prepararon para salir.

—Tendremos que operar los vagones de forma manual. —dijo Dan. —Todo el sistema informatizado de la Rainbow está caído.

—Eso no me preocupa. —dijo Evans colocándose junto al barbudo obrero. —Ustedes al menos están calificados para manejar estas cosas…

Tras acceder a una de las estaciones de control, Dan colocó a dos hombres en cada vagón para que accionasen manualmente los frenos a sus órdenes y activó los motores eléctricos.

El tren de refugiados comenzó a moverse lentamente a medida que el obrero ajustaba el voltaje necesario de la consola para mantener el control de la velocidad. Al cabo de unos minutos avanzaban rápidamente por las oscuras vías en dirección a la popa de la enorme nave.

—¡Atentos todos! —gritó. —Prepárense a accionar los frenos a mi señal… si no lo hacemos en forma sincronizada corremos el riesgo de descarrilar. ¿Entendido?

Los hombres gritaron afirmativamente y se prepararon para la señal.

Les llevó casi veinte minutos recorrer todo el camino y por suerte no fueron atacados. En dos oportunidades vieron los reflejos de las linternas iluminar las vías por delante y en otras dos ocasiones escucharon gritos de alarma mientras pasaban rápidamente por un sector iluminado, pero nadie disparó contra ellos.

Cuando las vías comenzaron a descender de forma pronunciada Dan dió la orden mientras cortaba la energía de los motores y los tres vagones aplicaron los frenos simultáneamente.

Se detuvieron en una zona despejada llena de viejas máquinas y equipo abandonado. Un grupo de obreros salió de entre las sombras y al parecer los habían estado esperando, ya que portaban enormes planchas de metal que pronto se ubicaron a cada lado de los vagones para facilitar el descenso de los vehículos que llevaban a los heridos.

—¡Pavada de operación! —exclamó sorprendido David. —Amanda pensó en todo.

—Nunca subestimes a nuestra Capitán. —dijo Dan con una sonrisa. —Es la primera regla que tienes que aprender cuando vienes a trabajar aquí.

Evans descendió de uno de los vehículos y examinó confundido el lugar en donde se encontraban. —¿Donde se supone que estamos? —preguntó.

—Sector cuarenta y dos, bloque F. —respondió el obrero. —Estamos cerca de donde comienza la "Cola" de la Rainbow.

El grupo de refugiados se puso en marcha de inmediato. El camino era intrincado y lleno de obstáculos, por lo que avanzaron despacio y con cuidado mientras un grupo de obreros armados patrullaban por delante y por detrás de la caravana. Al cabo de otros diez minutos llegaron a otro sector de cubiertas y tuvieron que abandonar los vehículos. —Tenemos que seguir a pie ahora. —informó Dan.

Bajaron a los heridos de los transportes y se repartieron las provisiones lo mejor que pudieron. Los más fuertes se dividieron en parejas para llevar las camillas por los estrechos pasillos mientras Evans y David caminaban junto a los heridos críticos a la vez que sostenían las pequeñas bolsas con suero en alto.

Tras avanzar un rato así comenzaron a subir lentamente. Una tras otras las escaleras aparecian por delante de ellos pero ninguno se quejó en lo más mínimo. Subieron y subieron mientras la temperatura parecía ir en aumento.

—Ya debemos estar cerca del disipador principal. —dijo Evans mientras las gotas de sudor perlaban su rostro. —Ninguna otra cosa explicaría este calor.

Estaban ahora en un oscuro y estrecho pasillo por donde enormes cañerías pasaban en dirección a la popa de la nave. La humedad y el calor eran tolerables, pero sentir esa atmósfera en aquel sitio se sentía demasiado fuera de lugar. Vieron que Dan se detenía por delante de ellos y levantaba una mano.

—Alto. —dijo uno de los hombres.

El grupo de refugiados guardó silencio. Las camillas fueron depositadas con cuidado en el suelo y aquellos que estaban armados le quitaron el seguro a sus rifles.

—¿Qué sucede? —preguntó David acercándose por detrás. —¿Por qué nos detuvimos aquí?

El doctor Evans se llevó el índice a los labios e indicó silencio. Todo el grupo contuvo la respiración, atentos al menor sonido que viniese por delante o por atras.

Cuando la pesada reja cayó justo en medio del pasillo, exactamente frente al doctor David, todos saltaron en sus sitios y se prepararon para lo peor.

—¡Nadie dispare! ¡Alto! —gritó Dan por encima del caos que se había desatado.

Las linternas de una docena de armas estaban apuntadas hacia los dos bultos que habían caído en medio del pasillo desde una abertura en el techo. Nadie se movía y el silencio era casi mortal.

Evans juntó coraje y se adelantó mientras levantaba una mano para que todos la vieran. No quería arriesgarse a que alguien abriera fuego y desatara una masacre.

Entonces vio los cabellos rubios que asomaban por debajo de una túnica desgarrada y cubierta de sangre.

—Por todos los…. ¡¿Mina?!

La joven se movió y se arrastró fuera de aquellos harapos. De inmediato quedó cegada por las fuertes luces que la encandilaban desde todas direcciones.

—¡Es Mina! —gritó Evans arrojándose sobre la muchacha. —¿Estas bien? ¿Estás herida?

Con cuidado la recogió en sus brazos y tras apartar sus cabellos observó con preocupación el rostro manchado de óxido y sangre. —¿Puedes oírme? ¡Mina!

La joven abrió los ojos. —¿E-Evans? —preguntó.

—¡Gracias al cielo estas bien! ¿Donde…?

No pudo continuar, un griterío estalló entre los hombres y las linternas alumbraron el bulto de ropa que había quedado junto a la joven.

—¿Que diablos es ESO? —preguntó Dan señalando con el arma.

Mina se liberó de los brazos del médico y se arrojó sobre el maltrecho cuerpo del Zentran. —¡Es Funes! ¡Está herido y necesita ayuda! —gritó mientras sostenía al hombrecito exánime entre sus brazos.

Los hombres retrocedieron asustados. Todos conocían aquella especie de leyenda urbana y estaban sorprendidos y asustados. El propio David se apartó de un salto ante aquella extraña visión.

—Es… es un Zentradi Micronizado… —dijo señalando a Funes. La piel verdosa, aunque ahora era de un pálido color ceniza, era perfectamente visible para todos.

—Oh vaya… si no me lo decias no me daba cuenta. —exclamó Evans poniéndose junto a Mina. —Calmate… lo ayudaremos, dejame revisarlo… ¡Traigan una camilla! ¡David! ¡Levanta el culo del piso y trae mi valija! ¡Y por el amor de dios APÁRTENSE TODOS! ¡Necesito espacio… y luz!

Mientras Evans quitaba las ropas desgarradas del pequeño Zentran David llegó con la valija del médico. De inmediato se colocaron los guantes y comenzaron a estabilizar al herido.

—Perdió mucha sangre. —dijo Mina enjuagandose las lagrimas. —No… no puede contener la hemorragia, su espalda… su espalda está llena de heridas.

Dan apartó a todos del lugar y despejó el túnel lo mejor que pudo, colocando guardias en cada uno de los extremos para repeler un eventual ataque, más todo parecía tranquilo y, afortunadamente, el griterío no habia atraido la atención de nadie.

Vendaron las heridas de Funes y tras administrarle varios fármacos por vía endovenosa lo colocaron con cuidado en una de las camillas libres. —Es lo mejor que podemos hacer por ahora. —dijo Evans tras colocar una manta sobre el pequeño cuerpo. —Necesita una transfusión urgente.

Comenzaron a avanzar nuevamente, apremiados por la urgencia de aquel nuevo herido que se había sumado a la caravana de refugiados. Mina caminaba junto a la camilla de Funes inmediatamente detrás de Evans, quien miraba atentamente el rostro pálido del ex Archivista. —¿Qué sucedió, Mina? —preguntó.

La joven tardó unos segundos en responder. —Nos dirigiamos a ver a mi Madre, Funes dijo que estarian todos reunidos en la Popa de la Rainbow.

El hombre asintió. —Tuvieron suerte… demasiada. No creo que Funes pudiese haber resistido más tiempo con esas heridas.

El grupo salió de la última cubierta y se encontraron ante un enorme espacio vacío. Frente a ellos un enorme bloque de cubiertas se elevaba a casi doscientos metros por encima de sus cabezas.

—¿Un callejón sin salida? —dijo David mirando las tinieblas por debajo y por encima de ellos.

Se escuchó el sonido de un motor al ponerse en marcha y de pronto algo comenzó a bajar desde la oscuridad que se abría sobre sus cabezas.

Una enorme pasarela de metal descendió suspendida de un cable. El hábil operario que manejaba la grúa manipuló la carga de tal forma que al llegar a la cubierta donde el grupo de obreros esperaba ya se había desplegado por completo en forma de un puente provisorio.

Simultáneamente, una compuerta se abrió en el otro extremo y los gritos de júbilo de los demás sobrevivientes llegaron claramente hasta el otro lado.

—Antes de entrar. —dijo Dan levantando la mano. —Es menester que arrojen al precipicio cualquier Pad o Aparato de comunicación que tenga acceso a la red Colonial.

Evans dió un paso al frente. —¿Es realmente necesario? Estamos usando nuestros Pads como monitores de signos vitales en estos momentos. —explicó el médico.

—Son órdenes de Amanda. —se excusó el hombre.

No había más que discutir, así que arrojaron todos los aparatos al vacío ante la atenta mirada de Dan y se prepararon para cruzar.

Cruzaron con cuidado pero deprisa, echando cada tanto miradas preocupadas al túnel oscuro que quedaba a sus espaldas. Tardaron casi quince minutos en mover a todos los heridos y provisiones de una cubierta a la otra y cuando el último hombre saltó del puente, el operario de la grúa volvió a levantarlo de forma inmediata.

La puerta se cerró tras ellos y entraron a una enorme bodega, donde fueron recibidos efusivamente por un centenar de colonos, quienes pronto los rodearon y ayudaron a ubicar a los heridos en un sector apartado donde un par de tiendas habían sido levantadas para servir de hospital de campaña.

Evans apartó a Mina del grupo y la llevó hacia un rincón alejado de la multitud. —Yo me ocuparé de Funes ¿Estás segura que no estás herida? —preguntó.

—Estoy bien. —respondió la joven. —Esta sangre… es sangre de Funes.

El hombre asintió preocupado. —Bien… haré todo lo posible por él, trata de descansar un poco, te ves terrible.

El hombre se alejó en dirección a las tiendas de campaña donde David se había puesto a agitar los brazos para llamar su atención.

Mina quedó completamente sola en aquel rincón. Se sentó en el suelo y tras juntar sus manos alrededor de sus rodillas comenzó a llorar desconsoladamente.

Todo lo que había pasado… era demasiado. Matt, Cinthya, ahora Funes… todos parecían alejarse de ella, las tragedias se sucedian una tras otra y nada de lo que ella hiciera podía evitar aquel sufrimiento.

Llorar era lo unico que podia hacer asi que lloró, lloró sin pausa y perdió la noción del tiempo ya que cuando sintió que alguien la sacudía un poco las lágrimas se habían secado del todo en su rostro. ¿Se había quedado dormida?

Mina abrió los ojos y contempló el rostro que estaba frente a ella.

—¿Rebecca?

La mujer morena sonrió y apartó los sucios cabellos de Mina de delante de sus ojos. —Hola. —dijo simplemente. —¿Te encuentras bien? No sabia que habias quedado aquí sola… el idiota de Evans solo me dijo que estabas aquí hace unos minutos, no he parado de buscarte desde entonces.

La joven la abrazó de forma impulsiva y enterró su rostro en aquellos cabellos negros tan conocidos. —¡Rebecca! ¡Estas bien!

—Me alegra verte pequeña. —contestó la mujer. —Tu madre está muy preocupada por ti.

—Mi… madre. —Mina se soltó de inmediato y miró asombrada a su amiga. —¡Tengo que hablar con mi madre de inmediato! —exclamó.

Rebecca la miró seriamente y vió la resolución plasmada en sus ojos. —Parece… que es algo importante. —dijo. —De todas formas pensaba llevarte igual.

Las dos mujeres se pusieron de pie y se encaminaron a un elevador que en esos momentos estaba custodiado por dos hombres armados.

Tras ascender rápidamente varios pisos, las puertas se abrieron revelando una pasillo angosto que se adentraba una decena de metros en lo que parecía ser una estructura visiblemente distinta a las instalaciones que había alrededor. No solo los colores eran diferentes, el diseño de los materiales y luces parecía… fuera de lugar.

Unas puertas cerraban el final de aquel túnel y Rebecca colocó su mano sobre un lector de identificación. Las puertas se abrieron y un amplio puente de mando apareció frente a ellas.

—¿Que clase de lugar es este? —preguntó Mina mirando confundida a su alrededor

—Nuestro nueva Torre de Control. —contestó una voz tras una silla en el medio de del recinto.

Mina abrió los ojos asombrada. —¿Madre?

Amanda giró la silla y levantó la mano. —Me alegra que estés bien. —dijo visiblemente aliviada. —Cuando Tass me contó lo que te sucedió allá en el pozo de ventilación… pensé lo peor.

La joven se adelantó corriendo y tomó los brazos de Amanda con fuerza. —Madre… no, Capitán, tengo algo importante que decirle.

La forma en que Mina dijo esas palabras hicieron que el semblante de la mujer se tensara. —¿Que…?

—Funes. —dijo la joven. —Funes me envió a decirte algo muy importante.

Aquel nombre hizo que Amanda y Rebecca cruzaran miradas por un segundo. —¿Funes? ¿Haz… hablado con Funes? —preguntó confundida la mujer morena.

Mina se volvió en dirección a su madre y la miró a los ojos.

—Virya está viva. —dijo.