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Silvia quitó la vista de las hojas del pequeño libro que estaba leyendo y la mantuvo fija en la diminuta ranura de luz que penetraba por la puerta cerrada de la celda. ¿Ya era la hora? Durante todo ese tiempo ya había comenzado a memorizar la rutina y los horarios del pequeño grupo de Piratas que se había mudado a los calabozos de La Torre para hacer de carceleros de los nuevos rehenes.

Las seis celdas que formaban parte de aquel calabozo había sido ocupadas y los carceleros habían puesto a cuatro jóvenes en cada una de ellas. La excepción había sido la celda donde Silvia y Akemi se encontraban, al parecer el jefe de los Piratas no había quedado conforme con humillar a la chica frente a toda la Colonia. Silvia temblaba de solo pensar en lo que podría pasarle si las cosas se salían de control.

Akemi se había sumido en un estado de Shock traumático tras aquella terrible jornada en la que la Colonia fuera invadida y conquistada, más la chica había mostrado signos de mejoría con el correr del tiempo. Al segundo dia Silvia pudo hacer que comiera algo y tras pasar gran parte de la noche y el día siguiente hablando y consolandola, Akemi había empezado a hablar y mostrarse un poco mejor.

La terrible experiencia no se borrará jamás de su mente, pero Akemi era una chica fuerte y Silvia no tenía ninguna duda que podría superar el trauma… siempre y cuando ellas pudieran salir de ahí.

—Apresúrate Amanda. —solía decir la profesora en la oscuridad de la celda. —No nos queda mucho tiempo.

Los carceleros no les hablaban demasiado, pero Silvia veía claramente sus miradas de lujuria cada vez que las examinaban cuidadosamente a la luz de las linternas. El hecho que ella misma todavía llevara puesta una simple blusa y su falda corta no mejoraba nada el asunto. Evidentemente no se atrevían a desafiar a su jefe y hacer lo que quisieran con ellas… ¿Pero y si en algún momento lo hacían? El deseo carnal era muy poderoso en los hombres y esos tipos podían cometer una locura, incluso si lo único que obtenían como recompensa era la muerte.

No había forma de escapar. Estaban vigiladas veinticuatro horas al día y siempre había alguien de guardia en el puesto de vigilancia o en la entrada de las escaleras.

Silvia se resignó y alejó de su mente cualquier intento por escapar. Se daba cuenta que si cometía una estupidez, Akemi pagaría el precio más alto.

Los dias habian pasado lentamente, encerradas en absoluto y completo silencio, interrumpido solamente por las breves visitas de inspección, durante las cuales también les era llevada la comida.

Aquella rutina había durado cuatro jornadas consecutivas, pero el día anterior recibieron una visita inesperada.

La puerta de la celda se abrió de repente y alguien fue empujado dentro con violencia. Ni Silvia ni Akemi se habían recuperado del susto cuando el recién llegado se puso de pie y mientras se sacudía la ropa las saludó como si nada hubiera pasado.

—¿Están bien chicas? —preguntó Manuel poniendo cara de circunstancia.

La maestra sintió unos deseos irrefrenables de golpearlo en la cara, no obstante se contuvo lo suficiente para simplemente tomarlo por las solapas del traje de mantenimiento mientras lo sacudía violentamente. —¡¿Manuel?! ¡¿Que estas haciendo TU aquí?!

El se dejó sacudir mansamente y cuando Silvia lo soltó lo primero que hizo fué arrodillarse junto Akemi. —Akemi… ¿Estas bien?

La joven asintió con la cabeza. y Manuel suspiró aliviado mientras colocaba su mano sobre una de las rodillas de su amiga. —No se como… pero prometo que te voy a sacar de aquí sea como sea. —dijo seriamente.

La profesora Silvia volvió a tomarlo de las ropas y con un solo movimiento volvió a ponerlo de pie. —Acaban de encerrarte aquí dentro y quieres rescatar a Akemi…. no me hagas reir Manu. —dijo con una sonrisa. —Al menos nos vendrá bien tu compañía pero… ¿Puedes decirme de una buena vez qué haces aquí?

Manuel se rascó la nariz y señaló la puerta. —Traje provisiones… cosas de higiene femenina… tu sabes.

Tenía sentido claro, Manuel era uno de los repartidores asignados que recorría la Colonia de arriba a abajo llevando correspondencia y paquetes por toda la nave, probablemente los Piratas habían querido que los Colonos volvieran a sus tareas habituales, al menos los que no representaban una amenaza, como Manuel.

—¿Y por qué te encerraron? —preguntó la maestra.

El joven se encogió de hombros. —Mientras dejaba las bolsas en el dispensario de la oficina escuché que uno de ellos recibió la orden de cerrar las escaleras y no dejar que nadie subiera o bajara… supongo que me dejaran aquí hasta que pueda volver a subir… y por cierto ¿Dónde está Will?

Por supuesto, Manuel conocía aquella celda; era el segundo hogar de su amigo. Silvia y Akemi se miraron. —No lo sabemos… cuando nos trajeron aquí todas las celdas estaban vacías.

Una sombra de preocupación apareció en el rostro del joven. —Amanda lo había encerrado por hacer aquella travesura con los Misiles… debería seguir estando encerrado.

—Los guardias no responden a nuestras preguntas. —dijo Akemi hablando por primera vez.

Silvia se sentó en la cama de Will mientras se cruzaba de piernas. —Por lo que me dijo la Capitán el otro dia, la travesura de ese pendejo fué lo bastante grave como para involucrar a los Militares en el asunto.

—Matt… Matt vino a visitarlo el día anterior a… a que sucediera todo. —dijo Akemi levantando la cabeza.

—Osea que Matt fué el último que vio a Will. —dijo Silvia pensativa. —Eso solo nos deja mas preguntas que respuestas.

Manuel se sentó junto a Akemi y la abrazó con fuerza. Silvia sonrió ante aquella muestra de afecto y por un pequeño momento pareció olvidarse de los problemas.

—Oye Manu. —dijo inclinándose hacia delante. —¿Como están las cosas en la Colonia?

Sin dejar de abrazar a su amiga, el joven sacudió la cabeza. —Todo sigue igual… al menos no han matado a nadie más.

—Por ahora. —respondió la profesora mientras miraba las fotos pegadas en la pared. —Ya han pasado cuatro días… ¿Que demonios están tramando? ¿Cuanto pueden tardar en saquear la nave?

—No están saqueando la nave. —dijo Manuel. —Están trabajando en algo.

El rostro de Silvia cambió por completo al escuchar aquello. —Cuéntame todo lo que sepas. —dijo con seriedad.

El joven soltó a Akemi y se sentó junto a la maestra en la cama de Will. —No estoy muy seguro.. pero han estado trabajando de forma ininterrumpida en el exterior de la Rainbow. También han hecho funcionar el Reactor a máxima capacidad casi de forma ininterrumpida desde que llegaron.

—¿Haz escuchado algo sobre eso? —preguntó Silvia. —¿Sobre lo que planean hacer?

Manuel sacudió la cabeza. —No, no hablan con nosotros los Colonos… lo único que he escuchado es algunos comentarios sueltos mientras pasaba por aquí y allá llevando recados… algo sobre una cosa llamada «Trinity».

La maestra meditó sobre aquello. —Con que «Trinity» —dijo. —Podría ser el nombre de alguna nave— Manuel asintió con la cabeza. —Yo también pensé lo mismo… ¿Crees que van a hacer FOLD con toda la Colonia? —preguntó.

Silvia se encogió de hombros. —La Rainbow no puede hacer FOLD por sí sola, requiere de una fragata anclada en la Proa para poder hacerlo.

—¿Y si esta tal Trinity es una fragata o algo similar? ¿Y si intentan acoplarse a la Rainbow a la fuerza? —preguntó el joven.

La Profesora Silvia suspiró. —Puede ser… aunque algo como eso requerirá de una infraestructura y conocimientos muy avanzados… si estos Piratas son tan organizados como dicen… realmente no lo se Manu. —reconoció afligida.

Eso había ocurrido la noche anterior y no se habían vuelto a llevar a Manuel de la Celda. El chico se había mostrado muy comprensivo y realmente su presencia había servido para mejorar un poco el estado de ánimo de Akemi. La chica, que hasta entonces había permanecido casi siempre callada, había comenzado a hablar un poco con su amigo y por primera vez en varios dias, habia comido con apetito las pequeñas raciones que los carceleros les proporcionaron.

Aquellos dos se llevaban muy bien y Silvia agradeció en su interior aquella pequeña oportunidad de despreocuparse por la joven y centrar sus ideas en los sucesos actuales.

Las noticias que habia traido Manuel solo habían servido para preocupar más a la profesora. Si lograban acoplar una nave con un generador FOLD a la Rainbow podrían irse de allí y la ayuda jamás podría llegar a ellos. ¿Pero que querrían esos Piratas con toda una Three Star? Esas naves eran tan grandes que no eran fáciles de esconder, incluso en la enorme inmensidad del Espacio Intergaláctico… y eso se debía, principalmente, al reactor de la Rainbow.

La profesora Silvia no conocía mucho sobre el tema, pero sabía lo suficiente como para no ignorar el hecho que aquel reactor era muy especial, no solo por su descomunal tamaño, sinó por la clase de energía que generaba.

La generación de Energia Dimensional era un tipo de tecnología que no solía encontrarse en manos de civiles. Si bien el acceso a los saltos FOLD hacía rato que había dejado de ser de uso exclusivo de los militares, los generadores para todo propósito que utilizaban las propiedades extradimensionales de la OVERTECHNOLOGY eran algo completamente vedado al mercado civil.

A estas alturas, solo se conocía un caso en donde uno de estos reactores se encontraba en manos de un emprendimiento mixto entre una Corporación y el Gobierno Unificado… y ese era el de la Rainbow.

Aquello era lo que más molestaba a Silvia. ¿Era posible que aquellos piratas corrieran el riesgo de atraer todo el poder de los Militares sobre su flota? En cuanto la noticia de la desaparición de la Rainbow se conociera, las escuadras de reconocimiento de la NUNS comenzarian a peinar toda esa parte de la galaxia en busca de la firma de energía del reactor, y dado el tremendo potencial energético de esa cosa, era algo verdaderamente imposible de ocultar.

A menos que….

Se escucharon pasos tras la puerta y la profesora se levantó con un rápido movimiento. Akemi y Manuel estaban sentados uno junto al otro contra el fondo de la celda, allí donde la pantalla en la que Will solía jugar sus videojuegos estaba incrustada en la pared. Silvia se paró frente a la puerta dando la espalda a sus compañeros, al menos era lo único que podía hacer por ellos.

La puerta se abrió y uno de los carceleros entró mientras su compañero se quedaba en la puerta con el rifle de asalto preparado. Esos tipos hacian muy bien su trabajo.

—Aquí tienen la comida de hoy. —dijo el hombre arrojando los paquetes de raciones sobre la cama deshecha. Entonces señaló a los jóvenes que estaban acurrucados en el fondo de la celda. —¡Eh! Ustedes dos… nada de mimos ahi atras, si esa pendeja no sigue siendo virgen para cuando el jefe pierda la paciencia, yo personalmente voy a cortarte los huevos… ¿Me entendiste, pendejo?

Silvia apretó los dientes con impotencia. No había absolutamente nada que pudiera hacer. El guardia que estaba en la puerta los miraba atentos a cualquier movimientos y tras el, pasillo iluminado se extendía hasta las propias escaleras y la entrada al elevador, ambos vigilados por aquellos sanguinarios tipos. Entonces Silvia observó un detalle que hizo que su corazón se acelerara.

Conteniendo el aliento, se desabrochó lentamente el botón superior de la blusa mientras trataba de concentrarse.

Akemi lanzó una mirada de odio al Pirata mientras Manuel la abrazaba con fuerza. Aquello pareció divertir al carcelero. —A ver cuanto te dura la valentía chica. —dijo lamiéndose los labios. —Pienso violarlas a ambas en cuanto el idiota de Greg deje de jugar con su nueva mascota virtual y entienda que sus hombres somos más importantes que un puñado de Colonos, que de toda manera ya están muertos.

—Oiga. —dijo la Profesora Silvia dándose vuelta. —Por favor… solo deseo saber una cosa.

El tono de la maestra era extraño, Akemi y Manuel si miraron confundidos ante aquel repentino cambio de comportamiento de Silvia.

—¿Que mierda quieres ahora? —preguntó molesto el hombre, mas cuando vió el generoso busto de la maestra asomarse entre el ahora amplio escote, pareció suavizarse un poco.

—Necesito… necesito saber como está mi pareja. —dijo sumisa mientras daba un paso al frente… —Estoy muy preocupada por él y… ya han pasado muchos días.

El hombre quitó un segundo la vista de los senos y miró disgustado el rostro de la mujer. —No hemos matado a nadie… todavía. —dijo con una mueca. —Pero si buscas una buena cogida, yo puedo ayudarte con eso. —dijo mientras se tomaba la entrepierna. El guardia de la puerta contestó aquel gesto con una carcajada.

—¿Pu-puedo? —preguntó Silvia dando un paso al frente.

La Profesora extendió la mano y acarició la entrepierna del sorprendido hombre, ante las caras de asombro tanto de los jóvenes como del otro Pirata que observaba la escena desde la entrada.

—Vaya…. ¿Así que te gusta esto? —dijo el hombre con la lujuria pintada en el rostro. —¿Y qué te parece esto?

El hombre extendió la mano derecha y la metió bajo la falda de la maestra.

—Chicos… no… no miren. —dijo Silvia apartando la vista con el rostro ruborizado por la vergüenza.

—Que miren. —contestó el hombre mientras subía lentamente su mano por la pierna de la mujer. —Que aprendan de los que saben.

El Pirata introdujo su mano en la entrepierna de Silvia y la miró fijamente a los ojos.

—¿Eh? —Preguntó atónito al sentir aquello. —¿Que…?

El guardia que custodiaba la puerta había comenzado a reír nuevamente, pero era una risa extraña, como jadeante. Le tomó unos segundos comprender que no era una risa, al menos no una natural

El Pirata se derrumbó con la garganta abierta de punta a punta mientras el aire y la sangre burbujeaba en un torrente rojo a medida que el desgraciado intentaba respirar en vano.

—¿Sorprendido? La mia es mas grande. —dijo Silvia con una sonrisa apartándose de pronto en cuanto el confundido Pirata comprendió lo que estaba pasando.

Quinn giró en redondo y su cuchillo de combate se clavó con una fuerza monstruosa en la frente del hombre. Ningún humano hubiese podido clavar aquella cosa tan profundamente en un cráneo adulto… pero Quinn no era humana.

El Pirata se sacudió un segundo y cayó muerto al suelo ante las miradas de miedo de ambos jóvenes.

—Les dije que no miraran. —dijo Silvia suspirando mientras se abrochaba la blusa.

La Meltran se agachó y casi sin esfuerzo retiró su cuchillo del cadáver del hombre. Tras limpiarlo en las ropas del desgraciado volvió a enfundarlo y se volvió hacia la maestra. —Gracias por la distracción —dijo extendiendo la mano. —¿Eres la Profesora Silvia, verdad?

Silvia apretó la mano de la desconocida y asintió con una sonrisa. —Ha sido un verdadero placer. —dijo. —¿Asumo que te envía nuestra Capitan…?

—Soy Quinn, encantada. —respondió la recién llegada. —Soy… la nueva encargada de la seguridad en la Rainbow… siento llegar tarde. —dijo guiñando un ojo.

—Mejor tarde que nunca… —respondió Manuel poniéndose de pie todavía desconcertado por todo lo que había pasado en apenas diez segundos. —¿Qué está pasando…?

Un hombre enmascarado entró a la celda y Manuel guardó silencio de inmediato. —Todo despejado Quinn. —dijo mirando el interior de la misma. Al ver a Silvia y Akemi suspiró aliviado.

La Meltran asintió. —Empiecen a sacar a todos de las celdas de inmediato, no tenemos mucho tiempo.

El hombre enmascarado asintió y volvió caminando al pasillo, donde otros hombres armados habían comenzado a abrir las demás celdas.

—¿Estos hombres…? —preguntó Silvia.

—Colonos… Obreros y Técnicos… tuvimos pocos días para entrenarlos y hacer nuestra infiltración sorpresa, pero por suerte Amanda me recomendó a sus mejores trabajadores.

La Profesora Silvia se asomó al pasillo y vió que habían desplegado una escalerilla desde la rejilla de ventilación que había visto abrirse en el techo.

—¿Van a evacuar a todos los rehenes por alli? —preguntó.

Quinn asintió. —Espero que no haya ningún herido.

—No… no que yo sepa. —respondió la maestra. —¿Cual es la situación en la Colonia?

La Meltran se descolgó el rifle de asalto que llevaba en la espalda y lo depositó en la cama. También se quitó el chaleco de kevlar y la pistolera que llevaba puesta. Ante el asombro de los presentes quedó solo con una remera y unos pantalones cortos.

—¿Que estas haciendo? —preguntó Manuel al ver las generosas proporciones del cuerpo de la Meltran.

—Improvisando. —respondió Quinn. —Amanda está reagrupando a los Colonos en la popa de la Rainbow. —dijo mirando a Silvia. —Mientras mi grupo rescataba a los rehenes, otro equipo está escoltando a los civiles y a los heridos de la Clínica hasta un sitio seguro.

—¿Amanda va a evacuarnos? —preguntó Akemi tambien poniendose rápidamente de pie.

—Ese es el plan. —dijo la Meltran mientras se quitaba la remera.

Manuel dió un paso atrás y chocó de espaldas contra Silvia. —¿Que…? ¿Porque…? —balbuceó al ver como la desconocida quedaba solo en ropa interior dentro de la diminuta celda. Akemi reaccionó rápidamente y tomando al joven de la ropa lo hizo voltear hacia la pared. —¡Ni te atrevas a mirar, pervertido! —exclamó con la cara roja.

Quinn había quedado solo vestida con su ropa interior de color rosa. Tras hacer un par de ejercicios de estiramiento, se colocó un auricular con micrófono en la cabeza y se puso de frente a la pantalla que ocupaba el fondo de la celda.

—¿Puedes oírme, Tass? —preguntó.

La pantalla se iluminó de repente y la imagen de Tass apareció ocupando todo el espacio. —Te escucho y te veo perfectamente. —dijo. —Hola Silvia Sensei… Hola Chicos. —saludó agitando la mano.

Silvia se cruzó de brazos y miró la pantalla. —Vaya vaya… esto sí que no me lo esperaba.

—¿Tass? —Akemi soltó a Manuel y miró asombrada la pantalla. —¿Qué está pasando? ¿Qué haces allí?

La joven se acomodó los lentes y sonrió. —Me alegra que estes bien… no te preocupes, te liberaremos enseguida de esos hijos de puta, pero primero tenemos que ayudar al idiota de Matt y a Cinthya.

Aquellos nombres sonaron como una explosión en la pequeña celda —¿Matt? ¿Cinthya? —preguntó Silvia alarmada. —¿Qué sucede con ellos?

La muchacha de la pantalla sacudió la cabeza. —Es una historia larga… te explicare en cuanto vengas a la popa, lo importante ahora es hacer que esos dos lleguen sanos y salvos al Campo.

Los tres prisioneros se miraron confundidos. —Eso… eso tiene menos sentido todavía. —dijo Manuel sin quitar la vista de la pantalla.

—¿Menos sentido que una Meltran micronizada semidesnuda? —preguntó Akemi. —Oye Manu… deja de mirarle el culo o voy a golpearte.

Quinn escuchó aquello y soltó una carcajada. —Este culo ya tiene dueño cariño. —dijo mientras se daba una sonora palmada en el trasero a la vez que le dirigía una mirada divertida a la sorprendida joven. —No te preocupes que no pienso quitarte a tu novio.

Akemi se sonrojó tanto que por un momento pareció que era hermana de Matt, pero Silvia la tomó del brazo e hizo que se apartara. —Será mejor… que le dejemos espacio. —dijo.

Quinn despejó el centro de la celda y tomó la pequeña silla que había junto a la mesita de Will. Tras examinar detenidamente la colocó justo en el medio—¿Puedes oírme, Green?

Una nueva ventana se abrió en la esquina donde el rostro de Tass ocupaba el centro de la ventana. Un cursor parpadeó y comenzó a escribir una línea de texto.

«Si, Todos los sistemas están listos y en espera»

—Perfecto. Estoy lista. —dijo Quinn.

Los ojos de Tass se movían de un lado a otro mientras exploraba una multitud de pantallaas que se desplegaban a su alrededor. —Justo a tiempo Quinn… ya los tengo localizados, están a punto de salir por el Dock de proa, justo debajo de nosotros.

La Meltran entrecruzó sus manos y se sonó fuertemente los dedos. —¿Crees que funcione? —preguntó a la imagen en la pantalla.

—En teoría…. debería funcionar. —dijo la joven de anteojos. —Tienes que calcular cierto delay entre tus movimientos y la ejecución. —dijo mirando a un lado.

—¿Cuanto? —preguntó Quinn con voz tensa.

El texto de Green volvió a destellar.

«0,0021 segundos, pero se incrementará a medida que se alejen de la Rainbow»

—No tengo problema con eso. —dijo la guerrera segura de sí mismo.

«Si el delay aumenta por encima de lo tolerable, ajustaré algoritmos predictivos para acelerar la transmisión de datos» Escribió la IA

Tass movía sus dedos a una velocidad vertiginosa sobre el teclado. —También tenemos que tener en cuenta a Red… ya debe estar al tanto de lo que sucede y en cualquier momento comenzará el contraataque.

«Yo me encargo de Red» Escribió Green.

Quinn sonrió satisfecha. —Dejo todo el tema del Sistema en sus manos… yo me encargo de Harmony.

La pantalla brilló por unos segundos y un enjambre de pequeñas pantallas holográficas se proyectó por fuera del cristal alrededor de la Meltran semidesnuda.

—¿Qué rayos es eso? —preguntó Akemi sin comprender lo que sucedía.

La guerrera se volteó y señaló la puerta. —Voy a estar algo concentrada con esto… ¿Podrían vigilar la entrada mientras tanto?

Manuel se agachó y tomó el enorme rifle de asalto del cadáver que había quedado junto a la puerta. Tras examinarlo un instante quitó el seguro y lo levantó en alto. —Déjalo todo en mis manos. —dijo con una sonrisa de triunfo mientras lo sostenía con una mueca de felicidad.

Silvia carraspeó y se lo quitó de un tirón. —Será mejor que un adulto maneje esto. —dijo echándole una severa mirada de reprimenda. —Por… tu propia seguridad y la nuestra, claro.

Para entonces los restantes miembros del equipo de Quinn ya habían rescatado a todas las chicas de los calabozos. El mismo hombre que antes se hubiera reportado volvió a asomarse a la celda. —Todos los rehenes rescatados. —dijo mientras miraba incrédulo a la Meltran semidesnuda.

—Bien, vayan hacia el punto de reunión y continúen solos, nos reuniremos con Amanda y los demás en cuanto Matt y Cinthya estén a salvo de esos Piratas. —Contestó la Meltran sin quitar la vista de las pantallas

—¿Seguro puedes arreglartelas solas, Quinn? —preguntó.

—Vete al diablo.

El hombre suspiró y se encogió de hombros. —Buena suerte entonces. —dijo mientras se marchaba.

El rostro de Tass volvió a ocupar la pantalla frente a Quinn. —Prepárate… vamos a iniciar el proceso de calibración.

—Estoy preparada. —confirmó la guerrera. —¿Que tengo que hacer?

La muchacha de anteojos señaló la pantalla con el dedo. —Necesitos que asumas una Pose «T».

—¿Eh?

Tass suspiró. —Quiero decir que te pares derecha y extiendas tus brazos perpendicular a tu cuerpo… como una letra T.

—¿Así? —preguntó la Meltran mientras asumía aquella extraña posición.

—Perfecto, dejame iniciar la captura de datos.

La pequeña cámara que estaba sobre la pantalla de la celda se encendió con una luz rojiza y una serie de líneas ambarinas comenzaron a extenderse desde el lente hacia el cuerpo de Quinn, como pequeños puntos láser que recorrían cada centímetro de su cuerpo.

—¿Qué es eso? —preguntó Silvia al ver aquel juego de luces.

Manuel señaló el origen de los rayos de luz. —Eso… eso es una cámara de vigilancia que Will usa para sus videojuegos.

La Profesora lo miró sorprendida. —¿Videojuegos? No comprendo.

—Amanda no deja que Will use videojuegos cuando está encerrado. —explicó Akemi. —Así que Tass, de alguna manera hackeó la cámara de vigilancia para que registre los movimientos de Will y pueda usar su cuerpo para controlar sus juegos en la pantalla.

El chico asintió. —Yo lo usé varias veces, puedes hacer de cuenta que sostienes un control invisible en el aire y esa cosa registra todos y cada uno de tus movimientos.

Un resplandor iluminó la celda y las pequeñas pantallas alrededor de Quinn se expandieron por completo formando una especie de burbuja a su alrededor.

«DataLink establecido. Iniciado transmisión de imágenes» Escribió Green en la pantalla.

—Deprisa Tass… nos estamos quedando sin tiempo. —La apremió la guerrera mientras miraba nerviosa la pantalla.

A su alrededor todo pareció estallar y de pronto el campo de estrellas apareció proyectado frente a ellos.

—¡Harmony ha salido al Espacio! —gritó Tass.

—¡Deprisa! —volvió a gritar la Meltran pero las barras de carga seguían al mismo ritmo lento que antes.

Sin otra cosa más que observar, fueron testigos de cómo el Queadluun con Matt a sus mandos (y Cinthya de copiloto) salía de entre los restos del hangar destruido y ascendía a toda velocidad frente a la proa de la Rainbow, mientras todos los Piratas a su alrededor saltaban en sus puestos ante la amenaza que había aparecido en sus radares.

—¿Que demonios es eso? —dijo Tass en cuanto las imágenes que transmitía Harmony mostraron aquella enorme cosa que se cernía sobre la Colonia. Para todos los demás que miraban atónitos esa transmisión, aquello eran apenas unas confusas sombras oscuras, pero Quinn comprendió inmediatamente lo que eran.

—¡De...Deculture! —exclamó. —Nupetiet-Vergnitzs

—¿Qué sucede? ¿Que…? —preguntó Akemi sin comprender lo que sucedía.

—Trinity. —dijo Silvia y una sombra de preocupación nubló su hermoso rostro. —Eso es lo que esos hijos de puta estuvieron haciendo durante todo ese tiempo.

El rostro de Tass también se ensombreció. —¿Han anclado un crucero de batalla Zentradi? ¿Como..?

—No uno… TRES. —dijo Quinn tragando saliva. —Han puesto tres malditos cruceros de batalla uno al lado del otro como si fueran pepinillos… ¿Que demonios…?

Todos guardaron silencio ante aquella revelación. Mientras tanto Matt maniobraba de forma desesperada sin poder evitar que los perseguidores se acercaran cada vez más.

Matt… ¿Matt está pilotando esa cosa? —preguntó Akemi rompiendo el silencio.

—¿Pilotar? No uses esa palabra para describir… eso. —dijo Quinn visiblemente ofendida sin poder moverse del sitio ni cambiar su incómoda posición con los brazos extendidos. —Ese tal Matt no sabe ni siquiera moverse, menos manejar un Queadluun Rau ¡¿Falta mucho Tass?! ¡A este paso van a matarlo antes que pueda moverme siquiera…! —gritó con evidente frustración.

La mayoría de las barras de progreso estaban en verde, pero otras recién estaban comenzando a llenarse y toda una cascada de texto había comenzado a moverse por la pequeña pantalla donde Green mostraba sus líneas de código.

—¡Deprisa maldita mierda! —gritó Quinn en cuanto el VF-1 pirata apareció frente a la pantalla y golpeó a Harmony con violencia.

—¡Tass…!

«MODO ESCLAVO REMOTO ACTIVO, ANULACIÓN DE COMANDOS LOCALES EN EFECTO» El texto de green se desplegó por toda la pantalla mientras las luces relampagueaban al unísono.

—¡Quinn! —gritó Tass —¡Hazlo ahora!

La Meltran se arrojó hacia atrás y quedó sentada sobre la silla. Con sus manos y pies libres pudo moverse con total libertad.

Y vaya que se movió.

Tiempo más tarde Akemi y Manuel recordarían aquel combate como algo que parecía haber ocurrido en sueños. La forma de moverse de Quinn era algo casi hipnótico, pero la violencia y letalidad de esos movimientos no tenían nada de romántico.

Aun así, era un tipo de belleza, una belleza de destrucción, una danza mortal donde cada pequeño movimiento de la Meltran era capturado por la cámara de la celda y enviado por medio de los algoritmos de Green hacia el EX-Gear de Matt, quien movía a Harmony como una marioneta dentro de otra marioneta.

Desde la explosión de sangre que envolvió al puño de la armadura hasta cada uno de los disparos que Quinn ejecutaba con mortífera precisión, todos y cada uno de aquellos momentos fueron presenciados en silencio por Silvia, Akemi y Manuel, mudos de asombro y miedo ante tal despliegue de muerte y destrucción.

Quinn movía todo su cuerpo sobre la silla, cada músculo, cada miembro, todo su ser bailaba al ritmo de las imágenes que se desplegaban a su alrededor. Su piel brillaba por el sudor y cada vez que sacudía la cabeza pequeñas gotas cristalinas salían disparadas de sus cabellos castaños.

Manuel miraba aquello asombrado. Aquel cuerpo casi desnudo se movía de una forma casi sensual. Sin poder evitarlo, notó como su miembro se endurecía.

Silvia apoyó su mano sobre el hombro de Akemi. —Eso… eso es el frenesí de una guerrera Meltran. —dijo.

La joven también estaba fascinada. Nunca en su vida había visto algo como aquello. —¿Que… que está sucediendo, Silvia Sensei? —preguntó.

—Se está excitando. —dijo Manuel mirando a su amiga. —Mira.

En efecto, no solo el rostro de Quinn mostraba una completa expresión de éxtasis, todo su cuerpo reflejaba el intenso placer que estaba experimentado en lo más duro del combate. Bajo la casi transparente tela mojada por el sudor en su sostén sus grandes pezones estaban visiblemente erectos y su entrepierna estaba completamente empapada.

Akemi tragó saliva. —No… no sabía que las Meltran se exitaban así durante el combate. —dijo nerviosa.

—No lo hacen… no cuando son gigantes al menos. —dijo Silvia sin poder apartar la vista de aquel espectáculo. —El Frenesí Meltran no es un acto sexual per se, pero cuando se Micronizan, entonces sus hormonas toman el control y sus cuerpos se desatan con toda la excitación del combate.

Silvia retrocedió unos pasos —Manu… será mejor que salgamos un rato. —dijo mirando nerviosa al joven.

—¿Muñequita de Minmay? —preguntó el chico.

—Muñequita de Minmay. —asintió la maestra.

Akemi sacudió la cabeza. —Yo… yo quiero seguir viendo. —dijo.

Silvia y Manuel se miraron un segundo y finalmente salieron al pasillo dejando a Quinn y a Akemi en la celda.

El pasillo estaba desierto y la pequeña escalera que los recatadores habian desenrollado desde los ductos de ventilación aún estaba colgando en medio del mismo. Vieron dos cadáveres más de Piratas en la entrada de las escaleras, ya desprovistos de sus armas y blindaje corporal

—Esa Quinn. —dijo Manuel mientras hacía lo posible por ocultar su erección a los ojos de la divertida maestra. —¿De donde salió?

Silvia observó al joven con una sonrisa. —Vaya mujer ¿Eh? —dijo con un suspiro. —Me atrevo a arriesgar que es una de las mismísimas Amazonas de Unity.

El joven silbó asombrado. —Una Amazona… aquí en la Colonia…. increible.

La profesora se reclinó en una de las paredes mientras se cruzaba de brazos. —No se que planes tenia Amanda con una de esas legendarias guerreras… pero me alegro que estuviera aquí en este momento. Algo me dice que las cosas no salieron exactamente como nuestra Capitan las tenía planeadas. —agregó pensativa.

—Pero… —dijo el joven mirando hacia la celda.

—¿Qué sucede?

—Matt. —Manuel señaló hacia el lugar donde la intensa respiración jadeante de Quinn llegaba audible por la puerta. —¿Por que va hacia El Campo? ¿Que puede haber allí para que arriesgue su vida entre todos esos Piratas?

La profesora bajó la mirada hacia el suelo, pensativa. —No lo se… y no puedo imaginarme la razón. Ya el mismo hecho que esté manejando una de esas armaduras me sorprende, cosa que, aparentemente, no les ha sucedido a Akemi ni a ti. —dijo de pronto mirando fijamente al chico.

Manuel apartó la mirada de aquellos ojos oscuros. —Nosotros… nosotros ya sabíamos que él y Will estaban trabajando en restaurar una de esas cosas recuperadas del Campo. —dijo.

Silvia sonrió. —Así que ustedes también estaban tramando algo… ¿Es que todos en esta maldita nave traman una conspiración? —dijo llevándose la mano a la frente.

Permanecieron en silencio mientras los murmullos de Quinn se escuchaban en el pasillo. De pronto la cabeza de Akemi se asomó por la puerta y les indicó con un gesto que se acercaran.

—¿Qué sucede? —preguntó Silvia.

—Algo está pasando… con la transmisión. —dijo Akemi.

En efecto, la calidad de la imagen que se proyectaba alrededor de la Meltran se había degradado considerablemente. Artefactos, rayas distorsionadas y ruido blanco cubrían las imágenes holográficas a intervalos cada vez más regulares.

—Es la radiación del Campo. —dijo Silvia. —No podrán mantener la transmisión por mucho tiempo si Matt se sigue adentrando a la zona más profunda.

Sin poder hacer nada, contemplaron pasmados los últimos momentos del combate, cuando Harmony se arrojó desarmada sobre el solitario enemigo y utilizando toda la potencia restante de su reactor, se lanzaba en un ataque casi suicida que culminó con en empalamiento del desgraciado.

La imagen se cortó entonces y todas las pantallas se apagaron al unísono.

Quinn exhaló un suspiro de alivio en cuanto las luces se encendieron. Yacía casi desmayada sobre la silla, completamente empapada y con el rostro casi paralizado en una mueca de placer.

—Quinn… ¿Estas bien? —preguntó Silvia adelantandose.

La Meltran pareció reaccionar a la voz y se enderezó en la silla mientras volvía a cruzar las piernas. —Creo… creo que lo logré. —dijo jadeante. —Los dejé exactamente frente a su destino.

—¿Matt y Cinthya están bien? —preguntó Akemi.

La meltran asintió. —Siempre y cuando puedan ponerse a resguardo de la radiación de Neutrones… el recubrimiento que pusieron sobre ese Queadluun Rau no soportó bien el combate.

La imagen de Tass apareció nuevamente en pantalla. —Quinn.. —dijo la joven interrumpida por las descargas de estática. —Es… están interfiriendo nuestra señal, Red está filtrando nuestro…. ataque. Nos estamos…. sin tiempo.

La guerrera se incorporó de un salto y tomando sus ropas comenzó a vestirse deprisa. —Tenemos que salir de aquí. —dijo en dirección a los demás. —Recojan todo lo que necesiten y prepárense a salir.

—Bu-en trabajo Quinn. —dijo la joven antes de desaparecer. La pantalla quedó completamente a oscuras.

Silvia quitó el chaleco del pirata que había muerto con el cuchillo de Quinn clavado en la cabeza y se lo puso a Akemi. Le quedaba grande pero algo era mejor que nada.

—Estamos listos. —dijo.

Quinn terminó de vestirse y tomando el rifle salieron al pasillo. —yo iré delante. —dijo mientras comenzaba a subir por la escalerilla. —Tu Silvia ve al final por si nos siguen.

La maestra levantó el rifle y asintió en silencio.

una vez que la meltran hubo desaparecido por la escotilla de ventilación, Manuel se preparó a subir. Entonces sintió que alguien le tironeaba de una de sus mangas. Al darse vuelta vió que Akemi lo miraba de forma extraña.

—¿Que… que sucede, Akemi? —preguntó confundido.

El rostro de la joven estaba ruborizado y parecía luchar por mantener la mirada en los ojos de su amigo. —Yo… solo quiero decir que… por un momento te viste muy «Cool» portando ese rifle.

—¿Eh?

Antes que el chico pudiera reaccionar, Akemi dió un paso al frente y lo besó en los labios.

Silvia sonrió y metió el cargador lleno de balas en la cámara del rifle. Aquella escena con los dos chicos besándose mientras se tomaban de las manos en aquel pasillo lleno de cadáveres de Piratas era algo aún más surreal que lo que había pasado dentro de aquella celda.—Lamento interrumpir el momento romántico chicos… pero tenemos que escapar de aquí o le veo poco futuro a su floreciente relación. —dijo haciendo un gesto con el arma hacia las escaleras.

Los dos jóvenes parecieron despertar de un sueño justo en ese momento y tras soltarse las manos comenzaron a subir por la escalerilla.

La Profesora Silvia los siguió unos momentos más tarde.