—Ya casi… ¡Listo!

Ralph aflojó la presión y retiró la mano para contemplar el acabado de su trabajo. la enorme pieza de material compuesto quedó firmemente adherida al traje gracias al abundante pegamento que había esparcido por la superficie.

Aquellos eran apenas "parches" que no ofrecerían protección alguna contra las armas de una armadura de combate, pero detendrían a las municiones que los Piratas de a pie pudieran disparar contra el.

El traje blindado parecía uno de esos disfraces de payaso de un circo venido a menos, pero el gigante no estaba interesado en dejar una buena impresión ante esos hijos de puta que habían invadido la Colonia.

Oh no, definitivamente no se iban a reír al verlo.

«Mensaje de Tass» Informó Green mientras su ventana de texto se desplegaba a unos metros del ojo del gigante. Tass había instalado un pequeño holotransmisor que creaba una pantalla holográfica para que Ralph pudiera comunicarse con Green. La joven había dicho que era lo único que podían hacer en ese poco tiempo, ya que para crear una verdadera interfaz con voz sintetizada necesitaba acceder a sus archivos personales.

Las computadoras cuánticas del Ghost les habían permitido crear una pequeña red encriptada basada en las propiedades de incertidumbre de las partículas elementales. Era un tipo de comunicación lenta y complicada, solo con texto y mensajes pre-grabados de audio, pero era la única forma de estar seguros de Red y todo el poder de cómputo de la Rainbow, ahora enfocado a encontrarlos y destruirlos.

El mensaje se desplegó frente al obrero; «La Operación comenzará en dos horas, todos deben dirigirse a sus puestos asignados»

Así que al fin Amanda pasaría a la ofensiva.

Ralph suspiró y se levantó con cuidado para no derribar ninguno de los materiales que había a su alrededor. En aquel sector de la Colonia los espacios eran demasiado angostos, ninguno estaba preparado para albergar a un gigante como el.

Decidió colocarse el traje allí mismo, de otra forma tendría que ir por los estrechos pasillos llevando aquella cosa en los brazos.

Le tomó casi veinte minutos ajustar todos los cierres y protecciones. Con los agujeros de bala arreglados y el casco firmemente sujeto, el traje realizó una prueba de aislación y dictaminó que todo estaba en verde incluso para salir al espacio exterior.

Ralph no creía que fuera necesario llevar el combate hasta el exterior. Allí las armaduras de combate lo convertirían en picadillo en cuanto pusiera un pie afuera de la Rainbow. No, definitivamente tenían que elegir muy cuidadosamente que combates luchar y que enemigos enfrentar.

Una vez conforme con el traje, el gigante se quitó el casco y lo sujetó al soporte de la espalda. Luego tomó su rifle de asalto y comenzó el regreso hacia su jardín.

«Estas muy callado» Escribió Green en la pantalla, cosa que sorprendió al enorme obrero.

—¿Te parece, Green? —contestó Ralph mientras caminaba hacia el túnel más cercano.

«Desde que empezamos a trabajar en el plan de la Capitán Kyle, es la primera vez que observo una disminución de tu actividad comunicacional»

El gigante sonrió ante aquella observación. A veces parecía que Green tenía un pensamiento casi humano, pero otras veces su lógica de silicio se interponía hasta en las observaciones más mundanas.

—Puede ser. —reconoció Ralph. —A veces es necesario concentrarse en la tarea que uno está por realizar y… no hay tiempo para charlas. —dijo.

«Comprendo»

Ahora si que Ralph levantó una ceja sorprendido. —Jo… ¿Así que comprendes? —preguntó intrigado.

«Limitando tus Funciones Multitarea, puedes asignar toda tu capacidad de pensamiento a la concreción de la tarea prioritaria de la forma más eficiente posible»

El obrero se encogió de hombros. —No, me refiero a que… oh rayos, supongo que tienes razón Green. —dijo rindiéndose. —Aunque…. si me permites serte sincero con una cosa, a veces pensar demasiado en un plan no sirve de nada.

«¿La revisión repetida de una estrategia no resulta en beneficios o una ganancia medible?» Preguntó la IA

Mejor di que: "Hasta el mejor Plan puede irse al diablo en cualquier momento" —contestó el gigante entre carcajadas.

El pequeño cursor verde parpadeó unos segundos, lo que indicaba que Green había estado analizado aquellas palabras de forma más exhaustiva que de costumbre. «Las variables que pueden presentarse en una situación como la que el Plan de Kyle plantea son demasiadas para poder hacer un cálculo cuyos resultados puedan crear respuestas a todos los posibles resultados en el rango de... »

Ralph levantó la mano ante aquella cascada de texto. —Por eso te dije Green… a veces es mejor improvisar en el campo y no confiar plenamente en las cosas que se planifican cómodamente sentado en el retrete.

«La Capitán Kyle desarrolló esta estrategia en el Puente de Mando y no hay...»

El gigante volvió a suspirar —Tienes que dejar de tomar todo tan literal, Green. —dijo.

La pantalla se limpió de texto y una pregunta apareció resaltada. «¿Alguna vez has tenido que improvisar?» Preguntó.

Ralph asintió. —Sí— dijo deteniéndose al llegar a una bodega un poco más amplia. —déjame descansar un momento antes de seguir.

Ralph dejó el rifle apoyado en una de las paredes y se sentó cansado sobre una pila de placas de metal.—Estoy sudando a mares aquí dentro. —dijo señalando el cuello del traje.

«La temperatura ha aumentado a un promedio de dos grados por dia desde que llegamos a este sector de la nave» Respondió Green.

El gigante asintió. —Esos hijos de puta han estado operando el reactor a toda capacidad desde hace varios días… ni siquiera el sistema primario y secundario pueden disipar todo el calor generado… si es que están pensando en asarnos a fuego lento aquí atrás, no van por mal camino.

Para corroborar aquello el gigante extendió la mano y tocó uno de los enormes tubos que recorrian aquel sector de la nave. Incluso con el grosor de sus guantes protectores, podía sentir el tremendo calor llevado por el fluido refrigerante por todo el sistema de disipación de la Rainbow. Sin saberlo, en aquel mismo momento Matt hacia el mismo gesto con la pared de azulejos del baño público que se encontraba en la cima del pueblo fantasma, del otro lado del Reactor Principal.

«¿Que sucedio aquella vez?» Preguntó Green desplegando nuevamente la pantalla.

—¿Te refieres a la vez que tuve que improvisar? —respondió Ralph recostandose nuevamente contra la pared.

«Si»

El gigante cerró los ojos un momento y pareció escuchar los sonidos del ambiente a su alrededor. Al cabo de unos minutos de silencio abrió un ojo y vió el cursor de texto parpadeando, como esperando.

—Digamos que cometí una locura… una locura por amor. —dijo suspirando.

«El amor debe ser un proceso increíblemente poderoso como para interferir con la lógica y el sentido común» escribió Green en la pantalla

—Algo así. —reconoció Ralph esbozando una sonrisa.

«Esa locura de la que hablas… ¿Puso en riesgo la viabilidad del Plan?»

—Puso en riesgo mi vida… y las de mis amigos. —respondió el gigante seriamente.

El cursor de Green volvió a parpadear rápidamente. «El hecho de que tu y tus amigos están vivos es una prueba irrefutable que las modificaciones al plan original basadas en la improvisación resultaron satisfactorias»

Ralph se llevó una mano al pecho. —Recibir un disparo en el pecho no se sintió satisfactorio, Green. —dijo el gigante entre risas.

La ventana de texto desapareció y volvió a aparecer un poco más lejos. Una imagen se desplegó frente a los ojos del gigante. «¿Te refieres a esta herida?»

Ralph se acarició la barbilla. —¿Oh..? ¿Y desde cuando me sacas fotografías cuando estoy dándome un baño? —preguntó curioso señalando su propia imagen sumergido en el Onsen, donde claramente se veía el terrible cicatriz asomándose entre las matas de pelo negro de su pecho.

La imagen desapareció y la interfaz de texto volvió a aparecer. «¿He cometido una indiscreción?» Preguntó. La forma en que el cursor parpadeaba más rápido que lo normal le resultó al gigante incluso algo cómica.

—No, Green, no te preocupes. —la tranquilizó el obrero haciendo un gesto con la mano. —En efecto, esa herida la recibí yo para evitar que mataran a mis amigos… digamos que fué una muy "dolorosa" improvisación.

«Si tu y tus amigos arriesgaron sus vidas de esa forma… el fin que buscaban debía merecer por mucho el riesgo» meditó la IA

El gigante asintió en silencio.

«¿Eso también es el amor?» preguntó Green.

—Arriesgar tu vida por los que amas es una de las muchas facetas del amor, Green. —explicó Ralph mientras se cruzaba de brazos. —Pero… a veces el riesgo es demasiado grande y el precio a pagar puede ser más doloroso de lo que uno quisiera.

«Y sin embargo no dudaste en pagar ese precio» escribió el cursor.

—Lo juré. —la voz del gigante sonó profunda y melancólica. —Se lo juré a ella.

«¿Ella?»

—Midori

La pantalla se oscureció de repente y tomó varios segundos para que el cursor volviera a aparecer. Cuando lo hizo, el parpadeo era más lento que de costumbre. «Midori» apareció escrito en pantalla.

—¿Sabes? —dijo el gigante mientras estiraba las piernas. —Ahora que lo pienso… todo esto que nos sucede ahora, incluso tu y yo conversando en este agujero… todo ha sido una consecuencia de aquellas decisiones.

«El Efecto mariposa» Dijo Green.

—Si. —respondió Ralph. —Pero no fué el aleteo de una mariposa la que causó esto, sinó una rosa.

«Una Rosa… como las de tu Jardín»

—Rosas de Edén… a ella le gustaban mucho, por eso las planté todo alrededor del Onsen.

Tras unos segundos, el cursor volvió a destellar. «Hablas de ella siempre en pasado» Escribió. «¿Acaso no fué exitosa tu misión?»

Ralph cerró los ojos y dejó que su cabeza se recostara en el metal oxidado de la enorme pared que tenía a la espalda. —Lo fué… en parte. —dijo con melancolía. —Pero ciertas cosas se pierden para siempre, Green.

«Puedes... ¿Puedes hablarme de ella?» Preguntó la IA en cuanto Ralph hubo vuelto a abrir los ojos.

Sin cambiar de posición, el gigante suspiró profundamente antes de volver a hablar. —Ella…. ella era como tú. —dijo.

«¿Como yo?»

—Midori no era Humana.

La pantalla se sacudió en una especie de cascada de pixeles, tras lo cual el cursor volvió a escribir rápidamente. «¿Era una IA?»

Ralph sacudió la cabeza. —Algo así, ella era un Cyborg.

Green no escribió nada y Ralph comprendió que no lo haría hasta que explicara aquello. —Midori fue creada por una Corporación de Bio-Ingeniería en Eden algunos años antes que yo llegara allí buscando empleo. —explicó mientras descansaba sus brazos en las rodillas. —Luego del incidente de Sharon Apple en Ciudad Macross, las investigaciones que involucran Inteligencia o Vida Artificial fueron prohibidas en la mayoría de los planetas colonizados.

Muchos científicos y Corporaciones que investigaban el tema debieron entonces mudarse a flotas de inmigración para poder continuar con sus trabajos fuera de las leyes de la NUNS.

Pero el proyecto que culminaría en la creación de Midori llevaba mucho tiempo en desarrollo y la Corporación que había invertido tanto dinero en ella no quería irse de Edén sin terminar el trabajo. —explicó el gigante.

Midori tenía una apariencia completamente humana, los avances de ingeniería Biológica habían llegado al punto en que podía crearse un cuerpo completo en base a la edición y manipulación de información genética sin la intervención de un proceso de concepción. Un cuerpo así creado, «Sin alma», era perfectamente legal y una compañía podía poseerlo y explotarlo a su antojo.

Pero el cuerpo vacío era solo una muñeca sin vida. El siguiente paso fué crear una personalidad, una simulación de vida que habitara aquel envase de células vivas. Tras años y años de pruebas y experimentos secretos, finalmente el diseño final, quien pasaría a ser la Midori que yo conocí, estuvo lista para salir al mundo e interactuar con los humanos.

Los creadores de Midori necesitaban que su proyecto conviviera con la gente de Edén para que sus capacidades de aprendizaje formaran los patrones de sociabilidad e interacción necesarios para que su inserción en el mundo fuera perfecta, pero a su vez necesitaban vigilar sus progresos ocultos a las miradas de las autoridades, quienes consideraban esas investigaciones como una actividad ilegal

Midori fué introducida en la sociedad de Edén mientras era monitoreada de cerca por sus creadores. Entonces fué cuando yo la conocí.

Ralph levantó la cabeza hacia el techo y su mirada pareció perderse entre las tuberías y cableados que se perdían entre las tinieblas.

—Todavía la recuerdo, sentada en aquel banco de Star Hill, con su vestido largo y su sombrero de ala ancha mientras leía aquel pequeño libro… tan frágil, tan… Humana.

Así que, sin saberlo, me convertí en parte de aquella investigación. Que un hombre como yo se acercara a Midori, como si de una chica más se tratara, debió de ser una gran victoria para el equipo de investigadores. Aquella era la prueba definitiva que aquel Cyborg podría pasar como un verdadero humano entre la gente de la calle y nadie descubriría jamás la diferencia.

Me convertí en otro cobayo, mi vida se volvió de pronto una serie de archivos digitales en la enorme base de datos del Proyecto Midori.

Ralph suspiró profundamente. —Y sin embargo fueron los mejores días de mi vida. —reconoció.

Green se mantuvo "callada" durante todo ese tiempo, mas el cursor continuaba apareciendo y desapareciendo en la pequeña pantalla, atento a las palabras del gigante, quien no tardó en continuar con su historia.

—El tiempo pasó y nuestra relación se volvió más y más pasional. Pronto nos fuimos a vivir juntos a un pequeño departamento en la ciudad, pero aquello no pareció molestar quienes nos observaban en secreto. Aquello era otra situación más, otra serie de experiencias que Midori debía asimilar para completar su matriz de personalidad.

Pero eventualmente nuestra primavera llegó a su fin. Pronto la ciudad nos quedó demasiado pequeña, incluso para un amor tan grande como el nuestro. Yo… yo ya no pude enseñar mas cosas nuevas a Midori y decidí llevarla a un viaje, alejarla de la ciudad para ver el Universo de una forma diferente.

Viajamos por el Desierto de Edén como dos exploradores de la antigüedad, descubriendo todo lo que la naturaleza nos mostraba en aquellas interminables planicies de roca y arena de todos los colores imaginables. Finalmente al cabo de unos días llegamos a los restos de un viejo caza variable estrellado y montamos un campamento bajo las estrellas.

Ralph dirigió sus ojos hacia las alturas, como si en vez de ver tubos y vigas de metal pudiese ver las estrellas que había fuera de la Rainbow. —Al día siguiente ellos cayeron sobre nosotros —dijo suspirando.

«¿Qué sucedió entonces?» Preguntó Green.

—Desperté sobresaltado al notar el pinchazo en mi cuello, pero la droga hizo efecto tan rápidamente que me convertí en un muñeco de trapo antes que mis ojos pudieran acostumbrarse a las fuertes luces que nos encandilaban desde los vehículos todo terreno que habían rodeado el campamento.

Sin poder gritar, sin poder moverme, lo único que podía hacer era abrir bien los ojos para presenciar aquella pesadilla, para recordar todos y cada uno de los detalles. Vi a Midori atravesada por una telaraña de cables que salían de su cabeza mientras su pequeño cuerpo colgaba de una extraña cápsula vertical, tambien vi a los hombres de guardapolvo blanco examinarla por todos lados mientras tomaban fotos y mediciones con sus Pads. Nadie me prestaba atención, toda la actividad se concentraba en aquella persona que yo había amado con locura.

Cuando uno de ellos la desvistió y desmontó su pecho como si se tratara del compartimento del motor de un auto, supe que aquello era peor que una pesadilla.

Pero aun asi no desesperé, mantuve los ojos abiertos, observando aquello sin poder gritar, completamente paralizado de ira, terror e impotencia.

Tras un tiempo que pareció una verdadera eternidad, sellaron la cápsula donde el cuerpo desarmado de Midori había quedado embalado como una pieza mas de maquinaria y abandonaron el campamento.

Nadie me habló, ni siquiera me miraron. Simplemente me dejaron allí tirado como si fuera un desecho más producto de sus investigaciones.

Temí que la droga me dejara paralizado por siempre y que la muerte me llegaria lenta e inexorablemente, pero al caer la noche comencé a sentir un hormigueo en mis extremidades y poco a poco comencé a recuperar el control de mi cuerpo.

La noche ya había caído y las dos lunas de Edén iluminaban el desierto con sus resplandores plateados cuando me arrastré fuera de la tienda.

Solo el ruido del viento y el chirrido del metal retorcido del viejo avión me recibieron allí fuera. Todos se habían ido y me habían abandonado a mi suerte.

Me arrastré hasta mi vehículo 4x4 pero al ver el compartimento del motor abierto supe que lo habían saboteado, también encontré mi cantimplora acuchillada y vacía en la arena. De mi Pad tampoco había señal alguna.

Ellos no eran asesinos claro, eran simplemente científicos abocados al proyecto sin vocación de matar o ejercer la violencia, pero aun asi no querían que saliese vivo de aquel desierto e hicieron todo lo que pudieron para sellar mi destino. Ese fue su más grave error.

No me rendí tan fácilmente. Una vez que recuperé el dominio de mis brazos, puse manos a la obra en reparar aquella cosa. Estaba a casi dos días de marcha del lugar habitable más cercano en un vehículo así que era menester cruzar el desierto rápidamente o moriría de sed irremediablemente. Por suerte yo era un técnico experto en mecánica… y tenía abundantes piezas desparramadas a mi alrededor que los militares no se habían molestado en recobrar cuando rescataron al desgraciado que se estrelló allí con aquel VF-11.

Tardé un día entero en improvisar las reparaciones con aquella chatarra, pero al ponerse el sol tras las agujas de roca, el motor encendió y puede iniciar el viaje de regreso.

Tardé tres días en llegar a la ciudad, deshidratado y con llagas en mis manos y pies, fuí hasta mi departamento solo para encontrarlo completamente vacío. Ellos habian borrado todo recuerdo de nuestra breve vida juntos; ni siquiera las rosas estaban en la ventana; todo lo que ella habia tocado simplemente había sido borrado de la historia, esterilizado, aniquilado.

Desesperado corrí hasta StarHill pero como te imaginarás, ella tampoco estaba allí. La busqué por toda Edén, recorrí todas las calles, todos los rincones gritando su nombre, pero fue en vano.

Ellos tenían el dinero y el poder para desaparecer en las sombras y no dejar huella alguna. Cuando comprendí que Midori solo existía en mis recuerdos y que nadie podía ayudarme, entonces caí en la desesperación y llegué a tomar la decisión de quitarme la vida.

Ralph se inclinó hacia delante y observó sus manos mientras las abría y cerraba. —Ojala pudiera fumarme un cigarrillo ahora. —dijo abatido. —Estas historias se cuentan mejor con algo de humo.

La ventana de texto volvió a destellar frente al gigante. «Si enciendes un cigarrillo de escala Zentradi, muy probablemente las llamas activen los sistemas extintores de incendio»

El gigante sonrió. —Es verdad. —dijo asintiendo con la cabeza. —Perdona Green, a veces me olvido quien soy.

«:)»

—Como te decía… en aquel momento no tenía nada; ellos habian borrado todo lo que me relacionaba con Midori, desde las fotografías que existían en la red hasta los objetos fisicos que ella habia utilizado y manipulado en la vida diaria.

Me desesperé y finalmente, un día decidí terminar con todo. Un Universo sin Midori era un Universo donde no valía la pena vivir, así que subí a la torre más alta de toda la ciudad y me arroje al vacío.

«Eso es terrible» Escribió Green.

—Debo decir que mientras caía, llegué a arrepentirme un poco. —reconoció el gigante. —Pensé en que era el acto de cobardía definitivo, huir de todo aquello por la puerta de atrás, sin gloria ni motivo. La salida fácil como la llaman… pero no era aquello lo que me molestaba. Al morir, los recuerdos de la vida de Midori morirán conmigo…. claro, los datos que esos tipos habían recopilado seguían existiendo en algún lado, pero eran solo datos, en cambio nuestros recuerdos eran reales. La felicidad no puede ser medida o contabilizada en gráficos de computadora.

Si moría, aquella verdadera felicidad que ella y yo habíamos experimentado desaparecería para siempre… pero ya era tarde para arrepentirme así que me resigné y cerré los ojos como un cobarde para no ver llegar la muerte.

«Y sin embargo, lograste sobrevivir» apareció escrito en la pantalla.

—Si… literalmente el conocer la existencia de Unity me salvó la vida de una forma… bastante peculiar. —explicó el gigante con una sonrisa. —Quinn y Lala salvaron mi vida y me ofrecieron la oportunidad de comenzar de cero en este remoto lugar de la galaxia, pero incluso luego de renacer de aquella forma, no pude olvidar a Midori y la promesa que le habia hecho.

Me convertí en gigante y aprendí a dominar esta fuerza y el poder que la Protocultura otorgó a esa raza de guerreros para luchar sus guerras a través de toda la Galaxia. Abracé este nuevo cuerpo, soñando con usarlo para recuperar a Midori, de vengarme de aquellos que nos habían separado de forma tan cruel… pero los años pasaron y mis esperanzas se volvieron cada vez más vanas. Finalmente abrumado por la pena, me volví hacia el alcohol, pensando que podría ahogar mis recuerdos cuando durante los periodos de descanso mi mente se alejaba del Campo y volaba nuevamente hacia Edén, hacia Star Hill.

«Comienzo a ver un patrón» respondió Green haciendo brillar la pantalla.

—¿Un patrón? —preguntó Ralph intrigado.

«Cada vez que intentas escapar del problema, tus resultados resultan ser completamente opuestos a lo planeado» Escribió la IA

Ralph estalló en una carcajada. —¡Que me lleve el Diablo! ¡Eres increible Green! —exclamó entre risotadas que hacían temblar las paredes de metal.

«¿Mi análisis ha sido acertado entonces?»

—Al 100% —confirmó el enorme obrero. —Una de las primeras cosas que compré cuando empecé a invertir mi generosa paga de Unity fué en un cargamento completo de Malta de Cebada, levadura y Lúpulo para fermentar mi propia cerveza en uno de las docenas de tanques para fluidos que están desparramados por toda la nave… renté el más cercano a mi camarote y tras acondicionarlo con los muchachos, nos pusimos a elaborar nuestra propia cerveza artesanal con todo lo que el viejo Gray trajo en un container exclusivamente alquilado para el proyecto.

En aquel entonces Matt apenas había empezado a tocar el viejo piano que Evans había traído para sus investigaciones y no comprendimos muy bien el efecto que su música tenía en las plantas… por eso cuando vimos que nuestra levadura crecía casi exponencialmente y los análisis mostraban un grado de concentración alcohólica muy por encima de la media, nos entusiasmamos y decidimos probar aquel maravilloso néctar dorado.

El gigante suspiró profundamente. —Aquella primera tanda… nos salió increíblemente fuerte. Tras beber la primera jarra que improvisé con un tambor de quinientos litros comencé a sentir los efectos del Alcohol en mi organismo… lo demás no lo recuerdo bien, pero aparentemente entré en un estado tal de melancolía que esa noche conté toda mi historia a los muchachos de las Barracas.

«Y ellos decidieron ayudarte»

Ralph asintió. —Hasta entonces había guardado aquel secreto en lo más profundo de mi corazón, incluso a Quinn y a Lala nunca les conté más de lo necesario, pero aquella noche… aquella noche me sinceré y bajo los efectos de aquella cerveza… supongo que los muchachos vieron mi lado más miserable al escuchar aquella historia.

La historia debió de parecerles increíble, pero me conocian y sabian que yo jamás les mentiria, asi que decidieron buscar ayuda para recabar información sobre el tema y solo había alguien que podía ayudarlos.

«Tass»

—Necesitaban saber si la historia era verdadera y tras contarsela a Tass ella opinó que nada podía desaparecer por completo en los tiempos de las redes interconectadas y las autopistas de información que cruzaban la Galaxia de punta a punta. La chica es una verdadera genia y de pronto se volcó de lleno a una causa que parecía más un cuento de hadas que a la historia de un gigante borracho en un basurero de chatarra.

«¿Cómo logró encontrar el rastro de Midori?» Preguntó Green

De una forma muy simple… ella no buscó el rastro, buscó la ausencia de él.

«La información borrada» escribió Green. «Ella no buscó los datos, buscó la ausencia de ellos»

—Exacto. La chica utilizó sus contactos para acceder a registros de todo tipo de la época en que Midori y yo nos conocimos en Edén, entonces creando algoritmos de búsqueda y reglas específicas, encontró los agujeros que aquellos tipos habían dejado en los registros cuando borraron la historia de Midori de la red.

«Una aproximación verdaderamente brillante al problema» mostró el texto en letras verdes.

Aun así no era suficiente. La existencia de aquellos espacios en blanco eran solo una evidencia que podía ser completamente circunstancial, pero incluso así, aquel descubrimiento animó a la chica a explorar otros caminos.

Necesitaba una imagen, una fotografía, la prueba definitiva de la existencia de Midori. Revisó interminables horas de grabaciones de las cámaras de seguridad, desde las públicas que existían en Star Hill hasta pequeñas cámaras de seguridad privada y sistemas de monitoreo de drones y vehículos de apoyo. Incluso revisó archivos de los sensores que las máquinas expendedoras de bebidas usaban para reconocer a los clientes… pero no había rastro alguno. Aquellos hombres habían tenido varios años para borrar sus huellas y lo habían hecho de forma exhaustiva. Nada quedaba que atestiguara la existencia de Midori en imágenes.

Usando mi relato, creó toda una línea temporal sobre mis movimientos y los de Midori por toda la gran ciudad, tratando de encontrar algún registro que pudiera probar la existencia de nosotros en un marco de referencia, por más pequeño que sea.

Y finalmente lo encontró, en el lugar más increíble de todos para encontrar algo que se ha perdido.

«El lugar más impensado para algo perdido, es el más obvio» escribió Green.

—Se te da bien entender al género humano, Green. —dijo el gigante satisfecho. —En efecto, Tass encontró algo… en la sección de objetos perdidos de la oficina de mantenimiento que hacía las tareas de limpieza y embellecimiento de Star Hill

«¿Que fué lo que encontró allí?» preguntó la IA

—Un anillo. —respondió Ralph. —Uno de los dos que compramos a uno de esos vendedores ambulantes que sacan fotografías holográficas y las insertan en pequeños anillos dorados para que las parejas de enamorados puedan llevar siempre el recuerdo de cuando conocieron Edén.

Midori tenia uno y yo el otro, pero ella lo perdió una noche en la que hicimos el amor apasionadamente en alguno de los rincones de Star Hill. Al parecer uno de los pequeños robots de limpieza lo encontró y lo depositó junto con los demás objetos perdidos en la oficina de mantenimiento.

Los malditos se llevaron mi anillo una vez que limpiaron mi apartamento, pero jamás pudieron dar con el otro, y justamente fué el que Tass encontró en aquella vieja base de datos.

Era realmente un disparo a ciegas, ya que era imposible saber si era en verdad el mismo anillo o solo uno más de los miles que todos los años se vendían por toda la ciudad, pero había que intentarlo. Tass envió una solicitud para buscar aquel ítem con una descripción detallada de su aspecto y la información que contenía y esperamos una respuesta.

Diez meses después, Gray atracó en la Rainbow y entre la correspondencia traída por la Río Grande se encontraba el anillo enviado desde Edén.

Ralph se reclinó sobre la pila de placas metálicas y estas crujieron bajo su enorme peso. —Aquel anillo era demasiado pequeño para que yo pudiera usarlo o siquiera examinarlo con mi cuerpo actual. —dijo con tristeza el gigante. —Así que Tass extrajo la información del mismo y la proyectó frente a todos los miembros de mi equipo en Las Barracas.

Ver a Midori y a mi mismo en aquel pequeño clip de video fué un momento increíble. Las lágrimas que pensé que nunca más volverían a brotar de mis ojos al volverme gigante, fluyeron como un torrente inagotable. Fué… fue hermoso y terrible a la vez, comprender que aquello había sido real y que ella aún estaba allí afuera, esperándome.

Yo estaba emocionado y satisfecho. Haber recuperado aquella imagen de Midori era para mi un logro extraordinario, pero mis compañeros estaban decididos a ayudarme hasta el final, incluso cuando les prohibí expresamente que se involucraran más en aquello. Ellos no aceptaron mis demandas, simplemente continuaron adelante.

Una vez más, todo el peso de la investigación recayó en Tass. La chica tenía una imagen y un marco de referencia temporal con el que trabajar, lo que de por sí era bastante poca cosa, sin embargo se las ingenio para ponerse manos a la obra y empezar a desenrollar aquel misterio que involucraba no solo la desaparición de Midori, sinó el desvanecimiento de todo un equipo de Bio-Ingeniería a cargo de ese proyecto.

Analizando la imagen de Midori, Tass pudo crear perfiles de rastreo y búsqueda para peinar todos los registros accesibles (Y varios que no lo eran tanto) de la Red Galaxy. Sus amigos y colegas de la red la ayudaron también, no todos eran tan sombríos y traicioneros como ese famoso Otako que terminó robando su trabajo, así que tras varias semanas de búsqueda exhaustiva, apareció una conexión real entre la fotografía y un nombre.

Era un documento informativo interno de una compañía especializada en implantes sensoriales. El paper en cuestión contenía información sobre los diferentes componentes, sus tolerancias y grados de precisión en base a toda una serie de variables y condiciones de operación. Al final del mismo, una pequeña fotografía de lo que se describia como un «Prototipo Avanzado de Cyborg» ilustraba como una máquina utilizaba aquellos dispositivos para obtener información de sus alrededores de forma análoga a la de los verdaderos humanos.

Era Midori por supuesto y aquel informe estaba firmado por un equipo de ingenieros y biólogos cuyos nombres podrían ser rastreados en la Red Galaxy.

Por un momento Tass creyó haber vencido, pero aquella ilusión duró poco tiempo. La compañía en donde aquel equipo de investigación había desarrollado su trabajo en torno a Midori ya no existía. Había sido absorbida por un gran conglomerado industrial y tras el paso de unos años fue disuelta y sus activos fueron liquidados durante el proceso de organización de la empresa. La información sobre aquel equipo de investigación solo agregaba que había "emigrado" a una flota de Colonización con punto de origen en Edén.

El rastro volvió a enfriarse, pero la chica no podía darse por vencida tan fácilmente.

Desde Edén habían partido dos flotas de Colonización en los tiempos que coincidían con la desaparición del equipo de investigaciones hacía casi veinte años; la Flota de Emigración 21 había dejado Edén en el año 2031 y la Flota de Emigración 25 lo había hecho en 2041 ¿A cual de ellas habían ido a parar el equipo de desarrollo de Midori? A Tass la respuesta le pareció bastante clara; La Flota de Emigración 21, más conocida como Macross Galaxy, era un emprendimiento conjunto entre grandes empresas de desarrollo de tecnología de vanguardia y el Gobierno Unificado. La conexión era bastante clara.

El problema es que Tass no tenía contactos con colegas de aquella flota. Macross Galaxy estaba casi en el otro extremo del plano galáctico y algo tan simple como enviar un mensaje hasta allí demoraba días enteros. La chica tuvo que recurrir a todos sus contactos para lograr establecer una vía de entrada en la hermética flota de Corporaciones, altamente celosas de toda intrusión desde el exterior.

Pronto Tass no tuvo más remedio que admitir que no podía hacer nada desde la Rainbow. Macross Galaxy estaba demasiado lejos.

La solución vino de la mano de Hal, quien se había graduado recientemente en el campo de Operación y Mantenimiento de Drones y casualmente mencionó que debía realizar un curso de especialización para ambientes de alto riesgo debido a la peligrosidad del Campo.

—Macross Galaxy seria un excelente lugar para interiorizarme en las ultimas tecnologias en Naves No Tripuladas. —mencionó el técnico de forma casual mientras bebía café y examinaba la pantalla de su Pad. —Lástima que esté tan lejos.

—Un viaje de mil millas comienza con un solo paso. —dije abriendo una comunicación con el Puente de Mando. —Oye Tass… ¿Que te parece un pequeño viaje de estudios…?

Unity se hizo cargo de nuestro "Viaje de Capacitación" como llamamos a la operación y logramos que Tass se uniera a mi equipo de Recolectores dado que necesitábamos un experto en materia de Software y Lenguajes de Programación.

Como sea, alistamos uno de los cargueros pesados con los que contábamos en aquel momento y lo preparamos para efectuar los enormes saltos FOLD de larga duración. Unity nos ofreció sus propios transportes de personal obviamente, pero los rechazamos para poder pilotar nosotros mismos y evitar tener que dar explicaciones sobre lo que pensábamos traernos de vuelta.

Viajar hasta la Flota Galaxy nos demandó casi 6 meses de viaje, tiempo que fue aprovechado por Tass para preparar sus herramientas y recabar toda la información que necesitaba para encontrar a Midori.

Ralph hizo una pausa y suspiró mientras bajaba la vista al piso. —Supongo que esa fué la raíz de todos los problemas que estamos sufriendo ahora. —dijo. —Tass solicitó ayuda de sus conocidos y ese tal Otako estaba entre ellos. Supongo que no tuvo más remedio que confiar en la gente que más detestaba, me refiero a los Hackers y Crackers, aquellos que sacaban rédito en penetrar las defensas y seguridad de los sistemas informáticos alrededor de la Galaxia.

Macross Galaxy resultó ser una verdadera decepción para nosotros que esperábamos ver una nave colonial del tipo de la famosa Macross Frontier o incluso una más pequeña como Macross 7. La Galaxy era definitivamente una flota llena de asombrosa tecnologia y avances extraordinarios en todos los campos posibles, especialmente del entretenimiento y comunicaciones, cosa que encantó a Tass y a los muchachos, pero con respecto a mi…

El cursor de Green volvió a parpadear en la pantalla. «¿Qué sucedió?»

—Macross Galaxy no era una flota preparada para gigantes como yo. —dijo Ralph encogiéndose de hombros. —Mientras los demás pudieron entrar a la propia nave Colonial yo tuve que alojarme en un viejo crucero Thurvel-Salan que más o menos disponía de ciertas comodidades para alojar a los gigantes como yo. De todas maneras había solo un par de Zentradis en toda la flota asi que practicamente tenia casi toda aquella nave para mi solo.

A decir verdad… Galaxy era bastante fea. Todas esas fábricas y complejos de manufactura daban la impresión de ser algo alienígena, no una flota de humanos. Que en el momento de llegar la flota estuviese atravesando un gran cinturón de asteroides y todas sus naves de soporte se hubieran volcado a la tarea de minar rocas no la hacía mucho más glamorosa que digamos… realmente fue una desilusión, pero bueno, no estábamos allí para hacer turismo, teníamos una misión que cumplir.

Si bien teníamos que encontrar algún rastro de Midori, también debíamos que asistir a los cursos de capacitación, que en definitiva eran reales y más valía que los cursáramos al pié de la letra o Amanda iría hasta la propia Galaxy a por nuestras cabezas. Mientras atendíamos las clases diariamente, nos turnabamos para recabar la información necesaria antes de dar el primer paso.

Resultó que Galaxy estaba llena de Cyborgs. Allí era algo bastante común y la tecnología de implantes y extensiones biométricas era algo completamente normal y aceptado. La propia red de la flota estaba llena de referencias y artículos sobre docenas de clases diferentes de modelos de Cyborgs, desde soldados de infantería con armas implantadas en sus propios miembros hasta asistentes personales y … ejem, compañeros de alcoba.

Pero no había rastro alguno de Midori. Aun con las herramientas que Tass había obtenido de sus contactos más cuestionables, sólo podía rascar apenas la superficie del complejo entramado de seguridad de los poderosos conglomerados tecnológicos, verdaderos dueños y señores de aquella flota mitad máquina, mitad humana.

Finalmente uno de los viejos nombres vinculados al proyecto en Edén apareció y tanto Hal como Nix decidieron dejar de lado los troyanos, virus y demases herramientas electrónicas en favor de un método de aproximación más directo.

Llevaron a aquel tecnico desempleado a un Bar y lo emborracharon con todo lo que tenían a mano hasta que el desgraciado les contó con lujo de detalles todo lo que sabía sobre aquel antiguo prototipo de Cyborg en el que habían trabajado en el lejano Edén.

Los datos que conseguimos de aquel hombre nos permitieron reconstruir un poco el resto de la historia y saber algo más sobre el destino de aquel proyecto. Tras abandonar Edén y borrar toda huella de su existencia, el equipo de desarrollo se reubicó en la flamante flota de Emigración 21, donde no había leyes ni regulaciones que limitaran el tipo de investigaciones que podían perseguir con ese tipo de tecnología.

A partir de entonces otro Cyborg con el nombre clave de MK2 ocupaba el centro del escenario y casi todos los informes de desarrollo comenzaron a hablar exclusivamente de el ¿Pero donde estaba Midori? ¿Era posible que hubiera sido desensamblada? ¿Descartada como algo obsoleto? La idea me aterraba los muchachos y Tass eran optimistas. Algo tan exquisito y bello como midori no podía haber sido arrojado a la basura. Debía estar en algún lado.

Tass decidió cambiar la perspectiva de búsqueda. Se le ocurrió que probablemente la costumbre de ese equipo de investigadores por borrar sus huellas y ocultar su trabajo habia perdurado incluso tras la disolución de la Compañía. Existía la posibilidad que Midori aún existiera en algún sitio oculta tras un nombre de inventario falso, totalmente protegida por capas y capas de información destinadas a alejar miradas indiscretas. Aquello era solo una alocada teoría, pero valía la pena intentarlo.

Buscaron todos los activos que aquella compañía tenía en el momento de la fusión y rastrearon cada uno de ellos durante la liquidación de bienes que ocurrió en cuanto la Corporación compradora liquidó todo el inventario remanente.

La mayoría eran ítems de lo más común y corriente que existían en cualquier inventario de una empresa recién liquidada: escritorios, computadoras, equipo médico, muebles y material de oficina variado. Uno de los ítem llamó de inmediato la atención de Tass.

—¿Para que usaria una empresa de Bioingeniería un Maniquí Femenino y Accesorios? —preguntó con una sonrisa.

Habian pasado varios años desde que se inventariaron aquellos bienes y la última locación establecida era un sector de almacenes y depósitos en una de los sectores industriales de la Macross Galaxy.

—Bingo. —dijo Hal al ver el mapa con la ubicación. El almacén era un edificio igual a otros cientos de edificios de depósitos repartidos por toda la zona. Solo necesitaban entrar y buscar aquel "paquete".

—¿Como se supone que entremos ahí? —preguntó Nix rascándose la cabeza. —No creo que nos dejen entrar por la puerta principal.

—O tal vez si. —respondió la joven. —¿Que tal si depositamos algo nosotros?

El siguiente paso fue buscar la compañía que administraba ese depósito y averiguar si tenían un lugar disponible para almacenar un objeto de las dimensiones aproximadas de Midori. Tras recibir la autorización y un sitio (Que por supuesto no era el mismo almacén, pero eso no resultó un problema para la avezada Tass y sus ahora aceitadas habilidades) se prepararon para dar el golpe en cuanto sus respectivos cursos de capacitación terminaran en la Galaxy.

La noche anterior a su partida se reunieron en el camarote de Ralph en la vieja Thurvel-Salan para planificar los últimos detalles. El gigante no podía entrar al distrito industrial donde estaba Midori, en cambio debería esperar en el muelle de atraque para naves de carga con el transporte listo para despegar lo más pronto posible. No sabían en qué condiciones estaría Midori, así que era menester que Hal, Nix y Tass fueran juntos para evaluar la mejor forma de transportarla sana y salva hasta la nave.

Tass era de opinar que debían evitar el uso de violencia a toda costa y que el éxito de la misión dependía enteramente de no levantar sospechas y actuar de la forma más normal posible, pero por si acaso dijo que tenía un Plan "B" preparado por si algo fallaba.

Al día siguiente desmontaron varias piezas sin utilidad de su nave y llenaron con ellas un carro (modificado especialmente por Nix para ser desarmado en el sitio) que alquilaron junto con un transporte eléctrico. Se despidieron de Ralph y tras coordinar los horarios e instrucciones, comenzaron la misión de rescatar a Midori.

Recorrieron el sector industrial junto con todo el tráfico de transportes. Eran solo uno más entre los cientos de conductores que trasladaban mercancías de un sitio al otro, nadie los molestó ni se interesó en ellos. Al cabo de media hora llegaron a los almacenes y tras registrar su ingreso a la zona de descarga, fueron autorizados a conducir hasta la misma entrada del depósito.

Un empleado los acompañó hasta el lugar que tenían asignados y se alegró de no tener que ayudarlos a bajar todos esos caños y chapas que Hal y Nix habían apilado de forma desordenada con el simple objetivo de hacer algo de bulto bajo la enorme lona. Tass aprovechó la ocasión y tras llamar la atención del hombre lo entretuvo con preguntas varias sobre la flota mientras sus compañeros simulaban haraganear en el trabajo.

Su estrategia de perder tiempo funcionó y el operario fué llamado por su superior para hacer otra tarea, tras disculparse por tener que dejarlos solos, el hombre se alejó aliviado al saber que los extranjeros terminarian de descargar lo mas pronto posible y lo llamarían en cuanto fuera necesario volver a cerrar el depósito.

Una vez que el empleado se hubo alejado, Tass y Hal comenzaron a buscar a Midori mientras Nix terminaba de hacer lugar en el carro.

Les llevó casi una hora entera encontrar la caja de madera con el código de identificación que coincidia con el inventario que Tass había descubierto en la red. Tras despejar la zona alrededor decidieron abrirla ya que era demasiado grande para sacarla de allí sin llamar la atención de los guardias.

Usando barretas de acero desmontaron las paredes de la caja y dejaron a la vista un cilindro de metal de unos dos metros de alto por uno de diametro. Estaba sellado herméticamente y no tenían las herramientas necesarias para examinar lo que había en su interior.

—Tiene que ser Midori. —dijo Tass limpiando el polvo que se había acumulado sobre la tapa.

—¿Y si no lo es? —preguntó Hal. —¿Y si realmente es un Maniquí?

—Entonces Ralph tendrá un «Souvenir» de Galaxy realmente único. —dijo la joven con una sonrisa.

Con dificultad arrastraron aquel pesado cilindro fuera de los restos de madera y lo llevaron despacio hasta donde Nix los esperaba nervioso.

Desmontaron la cama del remolque y tras elevar los elásticos de la suspensión colocaron el cilindro firmemente atado a los ejes. Volvieron a colocar la plataforma de carga sobre el mismo de forma que el bulto que hacia el cilindro quedara perfectamente oculto. Ahora el carro era casi un metro más alto que antes, pero esperaban que aquello no despertara la curiosidad de los guardias y se contentaran con ver que estaba completamente vacío en la parte superior.

Llamaron al empleado y tras corroborar que todo estuviera en orden firmaron los comprobantes digitalmente y salieron por la puerta principal sin ninguna clase de inconveniente.

Mientras regresaban por la la vía principal que llevaba al Muelle de aquel distrito, apenas hablaron entre ellos, tratando que la buena fortuna les durase el mayor tiempo posible. tass casi ni respiró los últimos veinte minutos de viaje.

«Pero algo sucedió» escribió Green entonces.

Ralph sonrió. —Por supuesto que algo sucedió… si no, no sería una historia interesante. —respondió entre risas el gigante.

—Yo estaba parado junto a nuestro carguero comiendome las uñas de los nervios. Sabía que podían demorar varias horas pero igual no me sentía tranquilo. Tass nos había prohibido totalmente que intentaramos comunicarnos entre nosotros, lo que me ponía aún más nervioso.

Así que me quedé allí, parado como un idiota entre toda la actividad de aquel puerto espacial. Al ser el único Gigante allí todos me miraban de forma rara. Los enormes mechas de carga y descarga de contenedores pasaban junto a mi y sus operarios me lanzaban miradas extrañas. ¿Que estaba haciendo un tipo como yo en ese lugar? Además les llamaba poderosamente la atención que yo tuviera un aspecto humano, con mi piel tan blanca y mis orejas cortas… ¡Realmente nunca habían visto a un humano Macronizado antes! Eso me puso más nervioso todavía, ya que justamente no llamar la atención era lo más importante del plan.

Cuando vi las luces del vehículo de transporte entrar por el acceso principal suspiré aliviado, pero solo duró unos instantes.

Dos motocicletas aéreas llegaron desde el otro extremo del muelle de atraque y encendieron sus luces de patrulla. Cuando vi las luces rojas y azules me sentí desfallecer, pero no perdí las esperanzas, tal vez fuera una casualidad.

Los vehículos se dirigieron hacia los muchachos en el mismo momento en la barrera se bajó frente a ellos en la casilla de seguridad. Dos oficiales salieron de la pequeña garita y comenzaron a hacer señas a los ocupantes del transporte para que se bajaran del vehículo.

«Y fué allí cuando decidiste improvisar» dijo Green.

El gigante asintió con gravedad.

—Oh mierda. —dijo Tass cuando vieron la barrera bajar frente al vehículo. Los dos hombres y la muchacha intercambiaron miradas de pánico mientras dos uniformados abandonaban la caseta y se dirigían hacia ellos.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Hal deteniéndose sin soltar el volante.

—Representar nuestro papel hasta el final. —dijo Tass suspirando. —Tal vez solo sea un malentendido… esperemos a ver que pasa.

Dejaron el motor encendido pero bajaron las ventanillas y esperaron a que los hombres llegaran hasta ellos. Mientras el que parecía ser el jefe se acercaba a la ventanilla del conductor, el otro guardia comenzó a recorrer con la mirada el tráiler que llevaban enganchado.

—Hola. —saludo Hal con una sonrisa.

El hombre les dirigió una mirada indescifrable y procedió a señalar el casco del transporte pesado junto al cual Ralph estaba parado mirándolos atentamente. —¿Ustedes son los que vinieron en esa nave? —pregunto.

—Si señor. —respondió Hal señalando hacia delante. —Salimos hacia el Brazo de Perseo en cuanto embarquemos…. ¿Sucede algo?

El hombre consultó su Pad y señaló hacia el final del muelle donde las luces de dos motos voladoras con insignias policiales se dirigian hacia ellos. —Las autoridades nos solicitaron hablar con ustedes antes de darles permiso de salida, espero que no sea ningún inconveniente.

—Supongo que no. —respondió Hal con una sonrisa. —¿Quieren que aparque el vehículo a un lado… o los esperamos aqui?

Antes que el oficial pudiera responder escucharon un estruendo proveniente desde los muelles.

Ralph estaba frente a uno de los enormes robots que se usaban para descargar contenedores y parecía haber iniciado un acalorado argumento. El gigante agitaba los brazos y señalaba al robot mientras no dejaba de insultar y señalar el enorme contenedor que portaba.

—¡Por idiotas como ustedes un Zentradi honrado no puede encontrar trabajo en estos días! —gritaba en dirección a la pequeña cabina del robot donde un perplejo operario lo miraba sin comprender.

—¡Estas máquinas nos roban el trabajo por toda la galaxia ¿Y sabes lo que cuesta comprar comida para un estómago como este? —preguntó Ralph señalando su propia barriga.

Toda la actividad en el puerto se había paralizado y los obreros habían comenzado a reunirse a distancia prudencial de aquellos dos colosos que se gritaban cosas mutuamente.

—¡Estás borracho! —dijo el operario usando el altoparlante para que su voz se escuchara fuera de la cabina. —¡Vete antes que termines lastimado!

Para entonces otro robot pesado había llegado a la escena y Ralph juzgo que el momento había llegado.

—¡Ustedes no saben siquiera trabajar! Yo podría mover esas cosas el doble de rápido que lo que ustedes pueden rascarse el trasero… ¡Dame eso!

Súbitamente Ralph tomó el enorme contenedor de los brazos del robot y tirando con todas sus fuerzas se lo arrancó de las manos. El Operario gritó una grosería y se arrojó sobre el gigante intentando recuperar su carga, pero Ralph fue más rápido y girando como si tratara de esquivar un tackle en un juego de Futbol Americano, lo lanzó a un lado —¿Quieres pelear? —desafió.

—Oh si… si que quiero. —contestó el otro.

Para entonces el caos había estallado por todos lados. Los obreros dejaron sus vehículos y herramientas en el suelo y comenzaron a animar a que los gigantes pelearan. Los dos oficiales de policía que se dirigian hacia Tass y los demás cambiaron de dirección y usando sus altoparlantes comenzaron a girar alrededor de los combatientes, sin nada más que hacer que gritar que se detengan y pedir ayuda por la radio.

Los dos gigantes intercambiaban golpes de puño a diestra y siniestra. Ralph sentía todos y cada uno de aquellos poderosos golpes en su cuerpo, en cambio su contrincante solo tenía que sufrir las sacudidas cada vez que Ralph descargaba uno de sus puños en el acero naval del chasis robótico. Aun así la pelea era muy pareja, ya que el gigante le sacaba una cabeza al robot utilitario y su fuerza era mucho mayor.

—¡Ahora o nunca! —gritó Hal y aceleró el transporte a toda velocidad mientras embestía la barrera ante la completa indiferencia de los guardias, quienes gritaban y alentaban a su luchador local junto al resto de los trabajadores.

Avanzaron a toda velocidad zigzagueando entre la gente que se había reunido alrededor del muelle para presenciar aquel espectáculo jamás visto en un sitio como ese.

La compuerta de carga de Popa estaba abierta de par en par y Hal enfiló hacia la bodega de carga sin dejar de acelerar, el vehículo saltó y entró a la nave dando tumbos mientras sus ocupantes se sujetaban para no salir despedidos.

—¡Ralph! ¡Vámonos de aquí ya! —gritó Nix por la radio.

Tass salió de debajo del vehículo (volcado de costado en cuanto golpearon contra el enorme asiento donde viajaba Ralph) y sacó su Pad. —Hora del plan B. —dijo mientras introducía una serie de comandos.

Mientras tanto Hal y Nix corrían hacia la cabina para encender lo motores y salir lo más rápido posible, pero Ralph estaba en problemas.

Otro robot de carga se había unido al primero, quien ya estaba lo suficientemente dañado como para continuar la pelea. Como si un espectáculo de lucha libre se tratara, ambos robots chocaron su manos y el abollado contendiente dió lugar a su compañero para intentar controlar al Zentradi enloquecido.

—¡Ahora es mi turno! —gritó el nuevo Operario mientras cargaba hacia delante.

—¡Muéstrame lo que tienes! —respondió Ralph mientras lanzaba un golpe devastador hacia la pesada máquina.

Los gritos aumentaron y el público estaba enloquecido. No solo los pedazos de chatarra volaban por el aire, Ralph estaba magullado y dolorido y de sus puños brotaba sangre que manchaba a los eufóricos espectadores cada vez que intercambiaban golpes en medio de los estruendos del combate. El gigante estaba llegando al límite de sus fuerzas.

Su oído captó el grito justo a tiempo: —¡Los Militares! —el grito comenzó a ser repetido en varios puntos de la multitud.

Del otro lado del muelle, a unos cuatrocientos metros, dos Cazas Variables aparecieron por una de las esclusas destinadas al uso militar. Los propulsores brillaron un momento y ambos se dirigieron rápidamente hacia las luces del concurrido puerto mientras cambiaban a modo Gerwalk.

—Oh mierda. —gritó Ralph.

Eran VF-117 y estaban armados, no eran simple fuerzas policiales. En solo unos segundos ya los tenía encima.

Sin perder un instante, dió un salto hacia delante y tomando a su contendiente con todas sus fuerzas lo levantó en el aire y lo arrojó contra el Caza variable que tenia mas cerca. El piloto no reaccionó a tiempo y recibió todo el peso del pesado robot de carga, cayendo desparramado sobre el muelle de amarre. Su compañero logró apartarse y sin perder un segundo desplegó su Gunpod.

Para entonces Ralph ya había salido corriendo en dirección a la nave, que con los motores encendidos a toda potencia había comenzado a alejarse del enorme muelle.

—¡Apresúrate Ralph! —gritó Tass mientras sostenía el control de la enorme compuerta trasera.

El gigante corrió por la plataforma y dió un enorme salto de casi treinta metros en dirección a la enorme compuerta. En ese momento el VF-117 abrió fuego.

Las balas atravesaron por completo a Ralph y salieron por su pecho en una enorme explosión de sangre. Tass gritó en cuanto vio al gigante caer de cabeza en la bahía de carga, atraído por la gravedad artificial de la nave en cuanto su cuerpo atravesó la compuerta de popa que de inmediato comenzó a cerrarse tras él.

—¡Ralph!

Mientras tanto en los muelles, el piloto del VF había dejado de disparar su Gunpod y tras adoptar el modo robot, se comunicó de inmediato con sus superiores informando lo que había sucedido. De inmediato recibió la orden de abatir a la nave hostil.

La computadora de vuelo no había terminado de asignar el bloqueo de misiles en cuanto todas las alarmas de la cabina se activaron al unísono.

—¿Que demonios...? —el piloto no podia creer lo que estaba viendo.

En el mismo instante que el Transporte pesado salía del hangar de la Galaxy se sumergió en picada y una enorme sombra ocultó todas las estrellas que podían verse por la enorme entrada.

—¡Oh MIERDA!

El gigantesco crucero Thurvel-Salan, ahora remotamente controlado por Tass, entró de lleno en el hangar, o al menos lo intentó. Su Proa se introdujo unos cien metros en el mísmo y con un terrible estampido que sacudió a todo el hangar, impactó contra los lados de la entrada y allí quedó, completamente atascado mientras las alarmas y sistemas de seguridad sonaban por toda la flota Galaxy, pero para entonces ya el resplandor de una burbuja WARP iluminaba el enorme cinturón de asteroides que los rodeaba y tras un destello multicolor, pronto todo fue silencio.

—Dime que es una broma. —exclamó Nix viendo el lago de sangre que cubría el piso de la bodega del transporte.

Tass se había subido al pecho del inconsciente Ralph y contemplaba horrorizada la terrible herida. Litros y litros de sangre brotaban como una enorme fuente con cada latido el enorme corazón. —¡Tenemos que hacer algo o se va a morir! —gritó a su compañero sin saber qué hacer.

—¿Pero cómo mierda vamos a tapar ese agujero? —contestó el operario tomándose los cabellos.

En aquel momento apareció Hal por una de las pasarelas superiores y tras ver el horrible espectáculo corrió hasta donde estaban los demás. —¡Hay que usar las cargas de espuma! —gritó.

Tass no entendía nada pero el rostro de Nix se iluminó de repente. —¡Claro! —exclamó dándose un golpe en la frente. —¡Como no se me ocurrió… ¡Deprisa!

Ambos hombres corrieron hasta donde se encontraba una de las estaciones de emergencia, donde los elementos para luchar contra incendios y otros siniestros estaban perfectamente ordenados y señalizados. Tras romper el cristal de una de las cajas de emergencia, Nix tomó tres cargas explosivas y las repartió entre sus amigos.

—¿Que son estas cosas? —preguntó Tass mirando el extraño paquete de color naranja con una pequeña anilla al final de una cuerda que hacía de detonador.

—Cargas para sellar brechas. —contestó Hal. —Cuando explotan crean una barrera de espuma que puede sellar el casco de una nave durante una emergencia.

Subieron por la ropa empapada en sangre del gigante y se prepararon para detonar las cargas.

—Tenemos que hacerlo de forma sincronizada. —dijo Hal señalando la horrible herida. —Preparados… listos… ¡YA!

Tiraron de las cuerdas al mismo tiempo y lanzaron los paquetes dentro de la sangrante agujero. Hubo un sonido profundo y de pronto una enorme burbuja color rojo sangre pareció brotar de la herida como un hongo gigantesco mientras el enorme cuerpo de Ralph se sacudía en un espasmo monstruoso. Entonces explotó.

Los tres amigos fueron lanzados en direcciones diferentes y quedaron completamente cubiertos por la sangre de su amigo, pero cuando volvieron en sí contemplaron aliviados como la terrible hemorragia se había detenido por completo.

Ralph se llevó una mano al pecho recordando el dolor. —No se cual de las dos cosas fué las afortunada… que las balas de ese Gunpod no me atravesaran el corazón o que las cargas de Nix no lo hicieran volar en mil pedazos… como sea, me salvaron la vida y pudieron estabilizarme lo suficiente para poder resistir los largos meses de FOLD hasta llegar al Brazo de Perseo.

La pantalla de Green volvió a desplegarse frente a los ojos de Ralph. «¿Cómo evitaron que los persiguieran?» Preguntó.

El gigante sacudió la cabeza. —Tass había dejado plantados varios accesos en la red de la Galaxy antes de irnos, aunque a decir verdad no pudo hacer mucho por evitar que una orden de captura se emitiese contra nuestra nave a lo largo y ancho de toda la galaxia, pero al menos borró todo rastro de la implicación de Unity en el asunto.

Los muchachos idearon la historia del ataque pirata para justificar la pérdida del transporte, que tuvimos que abandonar y destruir en cuanto llegamos a las cercanías de las regiones habitadas de esta parte de la Vía Láctea.

«¿Cómo regresaron a la Rainbow entonces?»

—En la Río Grande. —respondió Ralph. Nos pusimos en contacto con Gray y solicitamos su ayuda para poder volver a la Colonia. Tuvimos que contarle la verdad por supuesto, a cambio nos insultó durante todo el viaje, amenazandonos con contarle todo a Amanda y entregarnos a las autoridades… aunque en realidad creo que el viejo Gray estaba encantado que hubiésemos dejado en ridículo a todos esos patanes cibernéticos de la Flota Galaxy.

«¿Y Midori?» preguntó la IA

El gigante suspiró. —Si… era ella. —dijo con melancolía. —Una vez que todo el alboroto de nuestro regreso se calmó un poco y mis heridas fueron tratadas por el Doctor Evans, finalmente pudimos reunirnos en las Barracas a contemplar el fruto de nuestro esfuerzo.

Midori se hallaba en estado de animación suspendida. La cápsula que la había mantenido preservada todo ese tiempo no nos reveló nada más. Intentamos despertarla por todos los medios posibles pero ni siquiera presentaba actividad cerebral. Era, en efecto, una muñeca con apariencia humana.

«Eso es terrible» escribió Green

—Tass hizo todo lo posible por investigar cómo funcionaba lo que le dió vida allí en Edén, pero resultó evidente que no solo sus recuerdos habían sido borrados, todo el software que regulaba su conciencia y daba vida a aquel cuerpo biomecánico ya no existía.

Midori era un envase vacío y sin vida propia. Todos nuestros esfuerzos fueron en vano; jamás pudimos despertarla de aquel sueño.

Los dos compañeros guardaron silencio mientras las gotas de condensación caían desde las enormes tuberías sobre la cabeza del gigante.

«¿Que sucedió después?» pregunto Green

Ralph se puso de pie. Ya había descansado lo suficiente y el calor lo estaba agobiando. —Construí un pequeño lugar de descanso para ella en ese lugar tranquilo de la Rainbow y lo llené de las rosas que tanto ama. Durante un tiempo albergue la esperanza en el poder que la música de Matt poseía pudiera despertarla pero… todo ha sido en vano. —dijo desconsoladamente. —Midori se ha ido para siempre.

El gigante se puso en marcha mientras la pequeña pantalla holográfica mostraba el cursor parpadeando sin cesar.

No habían dado ni dos pasos cuando Ralph se detuvo de pronto. —¿Escuchas eso? —dijo de pronto.

Green estaba conectada al mismo dispositivo auditivo que Ralph usaba para escuchar las voces humanas, asi que tambien lo escuchó.

«Una canción» escribió.

El gigante acercó la oreja a una de las tuberías y escuchó atentamente. —Esa voz… el sonido parece venir conducido por las tuberías, pero quien canta debe estar bastante lejos… —murmuró confundido mientras probaba diferentes tubos para ver en donde se escuchaba mejor el sonido. Finalmente descubrió un lugar donde la canción se escuchaba con mayor claridad.

«¿La conoces?» preguntó Green.

Ralph asintió con la cabeza. —Si… es una vieja canción de Minmay, pero esa voz…¡Mierda! ¡Conozco esa voz! —dijo de pronto mientras sacaba el hacha de su cinturón y con cuidado daba un golpe en la tubería con la parte plana de la misma.

El tubo resonó como una campana y la canción se detuvo. Ralph volvió a apoyar el oído en la tubería y contuvo el aliento.

"Un golpe para sí, dos para no. ¿Entendido?" —la voz sonaba débil, casi como un susurro indistinguible del ruido y las vibraciones de fondo, pero Ralph no tenía ninguna duda.

—Es Funes. —dijo golpeando una vez la tubería con el hacha.

Tras una breve pausa, la voz continuó hablando. —Supongo que eres Ralph, nadie mas podria oir mi voz a través de la red de tuberías de la Rainbow. ¿Estas con Tass?

Ralph volvió a dar un golpe.

—Escucha atentamente… Matt está conmigo y su vida corre peligro. ¿Amanda está lista para contraatacar?

Aquello casi hace que el hacha se le caiga de las manos al gigante. ¿Matt en peligro? ¿Que rayos…? De pronto recordó que tenía que responder, el golpe fué tan fuerte que abolló profundamente el grueso caño de acero.

—¿Hoy? ¿AHORA? —la voz de Funes estaba cargada de perplejidad.

Otro golpe de hacha y otro silencio prolongado.

—Deculture! —exclamó la voz. —Ralph, es menester que ayuden a Matt, dile a Tass que el chico va a usar a Harmony para salir al espacio.

—Mierda. —susurró el gigante mientras golpeaba dos veces la tubería. —¡Ese pendejo no puede salir al espacio solo… lo van a hacer trizas!

La voz de Funes llegó más apresurada y cargada de angustia. —No hay otra salida, hagan lo que puedan, si Matt no llega pronto al Campo morirá. Debo irme, todo este ruido atraerá la atención de los Piratas. ¡Díselo a Tass! ¡Ayuden a Matt!

Ralph quiso golpear el caño nuevamente para confirmar el mensaje pero en ese momento una enorme descarga de vapor salió de las debilitadas uniones remachadas e hizo retroceder al gigante.

—¿Qué rayos…? —gritó el gigante. —¿Que está sucediendo con el sistema de refrigeración?

La ventana de texto de Green volvió a abrirse. —«El reactor alcanzó temperatura crítica por un momento y las válvulas de seguridad del sistema secundario se abrieron automáticamente». —escribió la IA.

—Esos hijos de puta van a hacernos volar en pedazos. —exclamó el gigante. —Pero lo que dijo Funes… ¡Mierda! —gritó.

Sin perder un segundo más volvió a colgar el hacha del cinturón y tomando el rifle comenzó a correr por los estrechos pasillos en dirección al enorme tanque de almacenamiento donde estaba su jardín.

Todos los equipos de asalto estaban reunidos alrededor de la pequeña cabaña con los cambiadores, pero Amanda también había mandado construir un par de pabellones adicionales alrededor para que sirviera de cuartel de operaciones provisorio. Ralph nunca había visto a tanta gente en aquel pequeño estanque, menos que menos gente armada y lista para el combate.

En cuanto el gigante entró por la enorme compuerta, todos los rostros se volvieron hacia el. Incluso el Ghost con Green a sus mandos movió el ojo en su dirección. Vió gente conocida vestida con ropa de combate en vez de los trajes de mantenimiento, pero también vio rostros sombríos y preocupados. Reconoció a Dan con su tupida barba negra mientras limpiaba un rifle de asalto, probablemente obtenido de algún desgraciado pirata.

—¿Llego tarde? —preguntó mientras levantaba una mano.

—Ciertamente. —respondió Amanda mientras se abría paso entre la multitud. Le habían enyesado el tobillo y ahora caminaba usando un par de muletas. —¿Donde rayos te habías metido?

El gigante señaló su traje y los remiendos que había improvisado con los materiales que había encontrado en aquel depósito. —Arreglos de costura. —dijo con una sonrisa. —Amanda, tengo noticias importantes.

La mujer lo miró con seriedad y tras pensarlo un momento se sentó en parte de atrás de uno de los vehículos que esperaba frente a los cambiadores. —Dime.

Ralph apoyó el enorme rifle a un costado y se puso en cuclillas frente a su Capitana. —No se cual de las dos cosas va a resultar más difícil de creer… pero en fin, qué diablos… acabo de hablar con Funes.

Los murmullos estallaron entre la multitud. Aquel nombre era casi una leyenda entre los Colonos. Amanda apenas levantó una ceja. —¿Y?

—Así que sabes quien es… —dijo el gigante. —No podía esperar nada menos de nuestra Capitán… en fin, si, es el maldito Funes, no hay duda sobre ello… lo que nos lleva al siguiente punto; Matt está con él.

Aquello sí sorprendió a la mujer, quien antes que pudiera articular una palabra fue interrumpida por un alboroto.

Tass y Quinn se abrieron paso entre la multitud hasta llegar junto al vehículo donde Amanda miraba atónita al gigante. —¡Ralph! —gritó la joven de anteojos corriendo hasta casi llegar a los pies del enorme obrero. —¿Has dicho Matt? ¿Lo has visto?

—No. —dijo sacudiendo la cabeza. —Funes solo pudo enviarme unas pocas palabras y apenas pude contestarle. ¿Sabes algo de eso, Capitán?

La Capitán Kyle asintió con gravedad. —Llevamos varios días intentando ponernos en contacto con Matt desde que desapareció en el Interior con la Inspectora Ross. Evans cree que la condición del chico es delicada y necesita ayuda de inmediato. ¿Que más ha dicho Funes? —preguntó.

—Que Matt va a salir al Campo. —dijo.

Esta vez los murmullos se volvieron gritos de preocupación.

—Imposible. —dijo Amanda. —No hay forma que ese chico abandone la Rainbow con todos esos piratas alrededor, Funes finalmente debe haber perdido la…. ¿Que sucede Tass?

La joven se había acercado hasta el vehículo donde Amanda se encontraba sentada y sin decir una palabra se inclinó ante ella. —¡Lo siento! —dijo disculpándose a la manera japonesa. —¡Tengo que confesarte algo!

Quinn se golpeó la frente con la palma de la mano —¿Y ahora que nueva conspiración tenemos que incorporar al plan? —exclamó desencantada.

—Una que lleva varios meses en preparación. —dijo Ralph mirando a su Capitán directamente a los ojos. —Matt y Will ensamblaron un maldito Queadluun Rau en uno de los depósitos auxiliares de Proa.

El rostro de Quinn se iluminó por completo.—¿Un Queadluun Rau aquí? ¡Eso resolvería todos nuestros problemas! ¡Déjame….!

—Sin una cámara de Micronización dudo que puedas hacer algo con el. —dijo Amanda suspirando. —Así que me ocultaban eso también… a estas alturas ya no me sorprende nada… ¿Que más tengo que saber sobre esa armadura, Tass? —preguntó mirando con severidad a la joven. —¿Cómo es que Matt va a usarla sin ser un gigante...? De pronto su rostro cambió de expresión por completo. —El EX-Gear. —dijo mirando a Quinn. —Matt va a usar ese EX-Gear que le vimos usar en el hangar Principal como un Proxy para operar la armadura.

La Meltran puso cara de sorpresa. —¿Es eso posible? —preguntó a su vez mirando a Tass.

—Si. —respondió la joven mientras se incorporaba. — Emule el Modo Esclavo que usan los militares en los VF-117 y lo adapté a los controles del Queadluun Rau; cuando Matt se mueva mientras tenga puesto ese traje, toda la armadura imitará sus movimientos.

—Eres una puta genia. —exclamó Quinn entusiasmada. —Ahora solo necesito…

—¿No escuchaste lo que dije, Quinn? —dijo el gigante visiblemente molesto. —Matt va a salir al Campo AHORA, no podemos perder tiempo yendo hasta la otra punta de la Rainbow y luchar contra todos esos putos Piratas para que tu puedas usar esa armadura.

—Ralph tiene razón. —dijo Amanda. —Además tu misión es rescatar a las rehenes; hasta que todas ellas estén a salvo no podremos hacer nada, debes tener éxito en esta misión y luego podremos concentrarnos en destruir a esos bastardos.

La guerrera apretó los puños y un rayo de ira cruzó su rostro, pero sé dominó de inmediato. —Tienes razón como siempre. —dijo con una sonrisa.

—Además Harmony no está armada. —dijo Tass —No te serviria de mucho de todos modos.

—¿Harmony? —preguntaron Amanda y Quinn simultáneamente.

La joven de anteojos se ruborizó. —Es… una larga historia dijo.

—Incluso si no está armada, esa cosa en manos de Quinn sería el arma más mortal de toda la vecindad. —afirmó el gigante. —Pero ahora tenemos que pensar en cómo vamos a ayudar a esa cabeza de fósforo a salir vivo de allí. ¿Sabes por qué tiene que ir Matt a ese maldito lugar? —preguntó señalando a Amanda.

La mujer se cruzó de brazos y sacudió la cabeza. —No, pero estoy segura que Funes está detrás de esa decisión… debe saber algo que nosotros no.

Tass dió un paso al frente. —¿Pero por qué al Campo? Ese lugar… si los Piratas no lo matan primero, la anomalía lo hará eventualmente.

—Hay aliados allí. —dijo Quinn de repente.

Todos los presentes guardaron silencio ante aquella revelación, pero fué Ralph cuya cara de asombro fué la que más resaltó entre la multitud.

—Dime que estás bromeando.

—No lo estoy, grandote. —dijo Quinn muy segura de sí misma. —Se supone que no es algo que se sepa públicamente… pero si, hay personas viviendo en lo profundo del Campo.

Ralph se incorporó y miró con seriedad a Amanda. —Tu lo sabias. —dijo.

La mujer sacudió la cabeza. —Lo sospechaba, pero no lo sabía con certeza. —dijo. —Está bien que no me creas, después de todas las cosas que estaban ocultas y ahora se han empezado a revelar. —y mientras decía eso volvió a mirar furtivamente a Tass. —Realmente entiendo que esto te asombre.

—Si esa gente puede ayudar a Matt, entonces tenemos que hacer todo lo posible por evitar que esos Piratas lo atrapen. —dijo el gigante. —¿Qué nos puedes decir sobre esa tal… Harmony, Tass? —preguntó.

La joven sacudió la cabeza. —Matt puede moverla usando el Modo Esclavo, pero dudo mucho que pueda escapar de los Piratas una vez que salga al espacio. Se supone que Will iba a pilotar a Harmony, Matt solo iría de pasajero.

—¿Will? —preguntó Quinn pensativa. —¿Es ese el mismo pendejo que se robó mi VF-19? ¿Es buen piloto entonces?

Amanda chasqueó la lengua. —Tiene licencia de vuelo Clase 2. —dijo. —Sabe lo suficiente para volar con seguridad incluso entre los peligros del Campo… pero de ahí a pilotar una armadura Meltrandi… salvo en sus videojuegos, dudo mucho que pueda hacer algo más.

—Espera un momento. —dijo Tass de pronto. —Repite eso último.

—También se lo de tus videojuegos clandestinos Tass. —dijo la Capitana suspirando. —Pero de todas las cosas que ustedes han hecho a mis espaldas, esta es la más…

La joven de anteojos dió un salto repentino y tomó las manos de la sorprendida mujer. —¡Eso es! —dijo entusiasmada sacudiendo los brazos. —¡Eres un genia Amanda!

—¿Lo… soy? —preguntó confundida la Capitana. —¿De que rayos estas hablando Tass?

La joven soltó las manos de Amanda y se dirigió con el mismo entusiasmo hacia la Meltran, quien miraba la escena sorprendida. —¡Quinn! Creo que existe una forma en la que puedes ayudar a Matt y pilotar ese Queadluun Rau al mismo tiempo.

El rostro de la guerrera se iluminó de inmediato. —Tienes toda mi atención, chica. —dijo.

Ralph se rascó la barba confundido. —¿y cómo diablos vas a llevar a Quinn hasta la Proa? —preguntó.

—No haremos eso. —dijo extendiendo los brazos. —Amanda dió en el clavo al mencionar los videojuegos de Will...el Modo Esclavo también puede enlazarse de forma remota.

Amanda y Quinn se miraron sorprendidas. —¿Quieres hacer que Quinn vuele esa cosa en forma remota… como un Drone? —preguntó Amanda.

—Así es… en el calabozo donde siempre encerramos a Will hay un sistema de captura de movimientos que puede virtualizar una interfaz similar a la del EX-Gear… si anulamos la entrada de datos de Matt e inyectamos los datos de Quinn a través de un enlace directo, ella podría manejar el Queadluun Rau como si estuviera en la cabina.

—¿Es eso… posible? —preguntó Quinn.

—Si… ¡Green!

Una pantalla de texto se abrió sobre ellas, justo frente a los ojos del gigante. «¿Si?»

—Voy a necesitar toda tu ayuda en esto. —dijo señalando el Ghost que descansaba sobre las piedras del estanque. —¿Estas lista?

«Claro que si, Tass» respondió la línea de texto.

Amanda suspiró y se bajó del transporte con evidente dificultad. —De acuerdo… confiaré en tu plan, Tass. —dijo señalando a Quinn. —La prioridad es rescatar a las rehenes que están cautivas en las celdas de la base de La Torre. En cuanto su seguridad esté garantizada procedan a ayudar a Matt a llegar al Campo. ¿Entendido?

Quinn hizo un saludo de guerra Meltran llevándose el puño al pecho. —Entendido. —dijo.

Mientras Tass se dirigía hacia el Ghost para empezar a preparar los programas, Ralph y Quinn se reunieron con el resto de las improvisadas tropas para culminar los planes de la operación.

El plan era atacar en forma coordinada los sectores habitables de la Colonia y rescatar a todos los Colonos de un solo golpe. Si todo salía como lo planeado, podrían despreocuparse de la amenaza de los rehenes y pasar a la ofensiva usando los medios que tuvieran a mano.

—¿Como vamos a realizar el ataque? —preguntó Quinn mientras se sentaba sobre una pila de cajas de suministro.

Amanda se apoyó en la enorme bota de Ralph y señaló hacia la gran compuerta por la que el gigante había entrado hacía un rato. —Vamos a hacer que la mayor cantidad de Piratas entren al interior, mientras más divididos y perdidos están, más fácil será para nosotros atacar nuestros objetivos.

—¿Como vas a lograr que se dispersen? —preguntó Dan acariciándose la tupida barba negra.

—Esos tipos no conocen la Rainbow por dentro. una vez que estén en el laberinto y sin el apoyo de Red para encontrar su camino, nunca podrán encontrar el camino devuelta.

—¿Y como vas a hacer que entren al Interior en primer lugar? —preguntó Ralph.

Amanda levantó un pequeño aparatito que tenía en el bolsillo y lo mostró al grupo de combatiente. —Estos son dispositivos para el monitoreo de la red, los usamos para medir el tráfico de toda la red informática de la Rainbow, se colocan sobre el cableado interno y controlan que no se pierdan paquetes de datos por interferencia o por rotura de la aislación del cable, pero a diferencia de lo que normalmente hacen, estos fueron modificados por Tass para que inyecten ruido en vez de detectarlo.

—Jammers. —dijo Quinn.

—En estos días envié gente a instalar de estos por todo el interior, hay más de un centenar desparramados por todos los módulos superiores e inferiores y están programados para inyectar una cascada de bytes en forma aleatoria en toda la red.

Ralph asintió con la cabeza. —Y cuando esos tipos tengan que desactivarlos uno a uno, atacaremos.

—Ese es el plan.—dijo Amanda. —Combinaremos diversión con la interrupción de sus comunicaciones para lograr el caos necesario.

Dan levantó la mano. —Algo más. —dijo cruzándose de brazos. —Esos Drones asesinos… hemos visto lo mortales que pueden ser ¿Como piensas evitarlos?

Quinn dió un paso al frente. —Hablé de eso con Tass y al parecer no están bajo el control de esa tal Red que domina el sistema informático. —dijo.

—¿Los Drones son autónomos? —preguntó Amanda.

La guerrera asintió. —Eso sospechamos. Tienen cierta autonomía pero pueden operar incluso si la red central está caída… me temo que la diversión que estás planeando no los afectará demasiado.

—No te preocupes. —dijo la Capitán Kyle. —Las rutas de infiltración que tenemos asignadas a los dos grupos de asalto son lo suficientemente estrechas para que evitar el contacto con esas cosas, el problema va a ser volver con todos los civiles… y el grupo de Dan que va a rescatar a los heridos en la Clínica de Evans es el grupo más vulnerable durante la retirada.

—Déjame los Drones a mi. —dijo Ralph sonándose los nudillos. —Los aplastaré como cucarachas.

Amanda sacudió la cabeza. —Tu tienes algo más importante que hacer, Ralph. —dijo señalando al gigante. Ralph asintió con gravedad. —Confiaremos en la velocidad del sistema ferroviario y… en la buena suerte. —reconoció de mala gana.

Una vez explicado el plan, Amanda volvió a subirse a la parte de atrás del transporte y extendiendo el puño en alto arengó a sus tropas.

—¡La operación comienza exactamente dentro de una hora! ¡Todos prepárense para el combate, Hoy recuperaremos a nuestra gente, mañana recuperaremos nuestra Colonia!

Los gritos de ánimo de los hombres inundaron el pequeño estanque.

Amanda iniciaba el contraataque.