Greg dió un rápido trago del pequeño recipiente y volvió a guardarlo en el bolsillo. Dejó que el fuerte licor permaneciera un poco en su boca para saborearlo antes de tragarlo definitivamente.

—Otra vez.

Red volvió a reproducir la simulación. Los arcos de fuego de los tres poderosos cañones de casi dos kilómetros de largo aparecieron resaltado en el mapa junto con las diferentes proyecciones de daño y disipación de energía.

—Solo cien mil Kilómetros. —dijo Greg eructando. —No es suficiente.

El holograma de la IA apareció superpuesto al mapa sin hacer ninguna clase de sonido. —Los cañones de las naves clase New Macross usan entrelazamiento de descargas dimensionales para ampliar el rango de fuego sin la disipación del arco de fuego nominal.

—También la Clase Quartier usa eso. —respondió el Jefe. —Pero no tenemos el lujo de poder actualizar a Trinity con esa clase de mejoras. ¿Se puede modificar la amplitud del disparo para angostar el cono de efectividad? ¿No se incrementaria así el rango?

En la pantalla apareció una representación esquemática de la enorme Nupetiet-Vergnitzs con todo su casco levantado en posición de disparo.

—No. —dijo cortante Red. —La dispersión del rayo de energía dimensional no es producto de la forma o disposición del emisor montado en el casco de la nave. La dispersión se produce por el desdoblamiento de la energía dimensional en el espacio normal. Las armas de energía Zentradi no están diseñadas para resolver blancos que requieran precisión en el rango de metros.

—Pero nosotros no somos Zentradis, preciosura. —respondió el hombre visiblemente molesto. —Necesito el triple de esa distancia para poder atacar con seguridad.

—El área de daño efectivo se extiende más allá de los Trescientos Mil Kilómetros, está muy bien documentado que…

—Pero no con la precisión necesaria, como te lo he dicho ya varias veces. —respondió Greg. —Solo un disparo preciso puede sobrecargar una barrera defensiva. A mi no me interesa el daño de área, yo necesito toda la energía concentrada en punto no mayor a los veinte metros.

Red señaló el gráfico holográfico. —Entonces deberán acercarse lo suficiente. Esa clase de precisión no es obtenible con esta clase de tecnología Zentradi.

El pirata hizo un gesto con la mano y toda la pantalla se redujo a una pequeña esfera en la palma de la mano de Red. El holograma movió los dedos como realizando un pase de magia y la esfera explotó en una lluvia de pixels. —¿La idea de utilizar estas viejas naves Zentradis fue suya? —preguntó.

—No. —respondió Greg mientras cruzaba las piernas levantadas sobre una de las estaciones de monitoreo. —Fue idea de otro tipo, pero yo fuí el que pudo reunir el material humano y logístico para llevarlo a cabo. Esas cosas. —dijo señalando hacia el espacio a través del vidrio del puente de mando. —Esas cosas no fueron fáciles de conseguir, te lo aseguro. Peinamos media Galaxia siguiendo los rastros de antiguas flotas Zentradi que fueron descartando su material de guerra a medida que la falta de reparaciones se hacían insostenibles… encontrar tres que tuvieran el arma principal relativamente intacta fué un gran desafío.

Tras guardar unos minutos de silencio, Red se dirigió flotando hacia donde el enorme globo holográfico mostraba los alrededores de la Colonia.

—Usar Nupetiet-Vergnitzs como cañones individuales no es una idea nueva. —dijo el hombre haciendo un gesto de aburrimiento. —Existió un proyecto de construir una nave clase Macross con cuatro Nupetiet-Vergnitzs en cada una de sus extremidades…

—El Proyecto Macross Cannon. —dijo Red. —Nunca pasó de su etapa de diseño.

Greg se encogió de hombros. —Por supuesto que no… como idea es una locura; cuatro cruceros Zentradi moviéndose de forma independiente tienen el mismo poder de fuego y no son un blanco tan fácil al estar unidos a una sola plataforma… es una idea realmente estúpida, típico de los mandos militares.

—Y aun así, Trinity es una copia de esa idea descabellada.

El Pirata lanzó una mirada de desprecio ante aquel atrevido comentario de la esbelta figura holográfica. —No te olvides que Trinity tiene esa configuración al tener un solo maldito reactor… no había otra opción.

—Lo se. —respondió ella.

Greg suspiro y se reclinó en el asiento. —Comunicame con Tuercas, quiero saber como va todo ahí arriba.

Red desapareció y una pantalla se desplegó en el lugar que previamente ocupara la IA. Tras unos segundos de espera, la imagen de un hombre enfundado en un overall de mantenimiento bastante sucio de grasa apareció en la misma. —¡Jefe! —exclamó quitándose el casco de seguridad. —Ya me imaginaba que estaba por llamar… ¿Quiere un reporte?

—No, llame para ver tus dientes podridos.

El hombre soltó una carcajada y sus dientes (o lo que quedaba de ellos) entre negros y amarillos, fueron perfectamente visibles en la pantalla. —¡Enseguida Jefe! —respondió mientras extendía la mano y tras tomar la cámara, la enfocó hacia un espacio oscuro donde varios hombres trabajaban con soldadores alrededor de varios equipos e instalaciones.

—Estamos terminando de instalar el puente de mando, aquella va a ser su silla. —dijo Tuercas señalando una plataforma elevada donde un operario estaba ajustando el asiento.

Greg hizo un gesto de desagrado. —Eso se ve demasiado incómodo. —dijo. —¿No había algo mejor?

—Estoy trabajando con lo que tengo a mano. —respondió resignado el Pirata. —¿No le gusta? Yo daría uno de mis riñones por sentarme a los mandos de tres putos cañones dimensionales.

—Es mi trasero el que va a estar sentado ahí, no el tuyo. —Greg se puso de pie y señaló la silla donde estaba sentado. —ESTA es una silla de Capitán. —dijo. —Mandaré a uno de los muchachos a que la saque de aquí y te la envien en alguna nave, no creo que la Capitán Kyle la vuelva a usar otra vez.

El rostro del hombre en la pantalla se ensombreció de pronto. —¿Vas a hacerlo entonces? —preguntó. —Realmente es un desperdicio.

—No podemos llevarnos a toda una Three Star con nosotros. —respondió el Jefe Pirata. —Ni ocuparnos de todos esos Colonos de pacotilla.

Tuercas suspiró. —Es una pena… esa nave está llena de maravillas… es el paraíso de un mecánico como yo, podríamos solucionar todos los problemas de mantenimiento de nuestra flota.

—Consuelate con el botín. —dijo Greg. —Puedes llevarte lo que quieras de los talleres y depósitos de la Rainbow, pero no te lleves nada que no entre en uno de los transportes o lo dejaremos atrás.

El hombre sonrió. —Vas a probar a Trinity con la Colonia… ¿Verdad?

Greg asintió con la cabeza mientras Red volvía a materializarse a un lado de donde estaba parado el hombre.

—¿Sucede algo Red? —preguntó.

La IA señaló la esfera holográfica. —¿Debo transmitir toda mi base de datos a Trinity entonces? —preguntó.

El hombre sonrió de forma misteriosa. —¿Oh? ¿Preocupada por tu integridad física…? Eso es algo muy… humano, Red. —dijo.

—Actualmente dispongo de un respaldo de seguridad en cinco de las naves de nuestra flota. —informó Red. —Pero toda mi base de datos principal se encuentra en estos momentos asentada en la Unidad Central de Procesamiento de la Rainbow.

Greg volvió a sentarse mientras hacía un gesto con la mano hacia la esfera holográfica. —No te preocupes Red, en cuanto Tuercas termine de montar el Puente de Mando de Trinity le pediré que te instale un bonito servidor rosa, solo para ti.

—Gracias. —respondió la IA. —Pero ese es un trabajo que corresponde más a Otako.

El Pirata escuchó aquello y volvió a sonreír. —Eso ya lo veremos. —dijo. —¿Tu que crees Tuercas? ¿Puedes montar tu solo un servidor dedicado o necesitas que te envíe a Otako...?

El hombre no respondió. Su imagen estaba estática en la pantalla. Greg frunció el ceño. —¿Qué….?

Pero Red tampoco respondió. La proyección holográfica de su cuerpo comenzó a sufrir una serie de interferencias y su vestido comenzó a desintegrarse en una cascada de puntitos de color.

—¡Red! —gritó el Pirata poniéndose de pie de un salto mientras las luces del Puente de la Rainbow se ponían rojas como la sangre. —¿Que rayos sucede?

Tanto el radar holográfico como todas las pantallas que estaban abiertas alrededor del asiento del Capitán se apagaron de inmediato, por un momento el cráneo plateado de Greg reflejó las luces rojas y naranjas mientras sus fuertes músculos se tensaban.

—Mierda. —dijo caminando hacia el centro del Puente, pero se detuvo de inmediato en cuanto una luz blanca apareció en el lugar donde el globo holográfico estuviera unos segundos antes. La pequeña esfera blanca pareció contraerse y expandirse a medida que una voz sintética se escuchaba entre poderosas descargas de interferencias.

—...temas… ce porciento. —la voz era apenas audible.

—¡Red! ¿Puedes oírme? ¿Estamos bajo ataque?

La esfera volvió a temblar y creció en tamaño. Las luces rojas se apagaron y el Puente de Mando recuperó su iluminación habitual.

—Bloqueo de Datos Activo. —la voz de Red recuperó la claridad. —Purga finalizada.

—¿Qué sucede? —volvió a preguntar Greg acercándose al holograma.

Una pantalla apareció frente al pirata y el rostro de Red ocupó parte de la misma. —Todo el sistema central está recibiendo masivas cantidades de información de origen desconocido. He sellado el Puente de Mando y coloqué un limitador de bytes en la única conexión que he dejado libre. Los filtros están trabajando a máxima capacidad.

Greg se limpió el sudor del rostro. —¿Es un ataque? ¿Puedes rastrear su origen? —preguntó.

Red desplegó un mapa de la Rainbow. —Es un ataque, no cabe ninguna duda, los datos están siendo inyectados simultáneamente…. la imagen de la IA quedó momentáneamente congelada, lo que preocupó al hombre. —¿Red…?

Súbitamente la pantalla volvió a actualizarse. —Detecto ciento cuarenta y tres puntos de origen, la mayoría de ellos distribuidos por toda la zona de las cubiertas inferiores de la Popa.

—Amanda. —dijo Greg apretando el puño. —Esa zorra cree que puede desafiarme, pero voy a demostrarle lo equivocada que está.

Sin decir nada más tomó su Pad y tras marcar el contacto adecuado se llevó el aparato a los labios. —Aquí Greg, Maten a todos los rehenes de inmediato. Repito MATENLOS A TODOS, es UNA ORDEN.

La pantalla del aparato parpadeó pero solo el ruido de estática contestó a las terribles órdenes del Pirata.

—¡Mierda! —exclamó Greg.

Para entonces Red había logrado volver a formar su cuerpo holográfico. La IA se colocó dentro de la esfera del radar y desplegó todas las pantallas a su alrededor. —Analizando patrón e intensidad del ataque…

El hombre se volvió hacia ella. —¿Puedes hacer algo desde aquí? ¿Puedes recuperar las comunicaciones?

Red sacudió la cabeza. —No, el atacante está inundando la red con cantidades masivas de ruido directamente en la infraestructura informática. Debemos anular cada punto de interferencia si queremos recuperar el control.

Greg tomó su arma y tras examinarla volvió a enfundarla. —Reuniré un escuadrón y eliminaremos esas cosas una a una de ser necesario. ¿Puedes darme un mapa de su localización?

Red movió la mano y una página de datos salió rápidamente de entre sus dedos y se sumergió en el Pad del pirata. —Si eliminas al menos el cuarenta por ciento de las interferencias podré filtrar el resto del ruido por software.

—De acuerdo. —dijo Greg ajustando su chaleco. —Haz lo posible por restaurar las comunicaciones y recuerda que…. ¿Que rayos..?

Una serie de flashes de luz hizo que ambos miraran por el enorme ventanal del Puente de Mando. Había un silencio sepulcral en el Puente, pero las vibraciones de las explosiones hacían que el cristal temblara levemente.

—Hay un combate ahí fuera. —dijo Red. —Pero no tengo acceso a los sensores externos o cámaras remotas.

Greg se encaminó hacia la ventana y vió las lejanas explosiones que se sucedían sin parar en la negrura del espacio estelar. —¿Que mierda está pasando ahí fuera? Veo explosiones de misiles, pero parece que se están alejando de la Rainbow. ¿Que hay en aquella dirección? —preguntó.

—El Campo. —respondió Red.

—El Campo… ese cementerio de naves Zentradi. —dijo el hombre rascándose la barbilla. —Tengo un mal presentimiento de todo eso.

Sin perder otro segundo, Greg tomó el resto de su equipo y se encaminó a la puerta ante la mirada impasible de Red.

Cuando la puerta del Puente de Mando se abrió, el pirata se volvió una última vez hacia la IA. —Oye Red.

—¿Si?

—Tienes autorización a matar a quien tu creas necesario. ¿Entendido?

La expresión del holograma no cambió en absoluto. —Entendido. —respondió Red.

Pero el pirata no esperó la respuesta y ya había salido hacia el pasillo.

El transporte lo esperaba en el sitio indicado y Greg condujo a la máxima velocidad hasta la entrada del elevador, donde la pareja de guardias se encontraba discutiendo mientras señalaban uno de sus Pads.

—No se molesten. —dijo Greg señalando el aparato que sostenia uno de ellos. —Han cortado todas nuestras comunicaciones internas.

Los dos hombres se pusieron firmes de inmediato y saludaron a su jefe. —¿Estamos bajo ataque?

—Es lo mas seguro. ¿Funciona el ascensor? —preguntó señalando la puerta cerrada.

Los hombres se miraron en silencio y Greg no necesitó escuchar más. —De acuerdo, usaré la soga.

Los hombres tomaron un enorme rollo de soga reforzada que estaba bajo unas lonas y tras comprobar que los ganchos y nudos estaban firmemente atados, ayudaron al jefe a colocarse el arnés de seguridad.

Culminaron con los preparativos en diez minutos y tras forzar las puertas del ascensor, Greg se preparó para el descenso.

—No dejen que NADIE entre al Puente de Mando ¿Entendido? Disparen a matar si no captan la indirecta. Me pondré en contacto con ustedes en cuanto solucione los problemas allá abajo.

—Si Señor. —respondieron ambos hombres.

Tras una última revisión del equipo de seguridad, el Pirata se encaramó a la puerta abierta y tras encender una pequeña linterna adherida a su blindaje corporal, comenzó el largo descenso por el hueco del elevador ante la nerviosa mirada de los dos guardias.

Tardó casi veinte minutos en descender hasta donde el elevador se había atorado con Otako y Lee abordo. Tras comprobar que, en efecto el aparato estaba atorado entre dos pisos, Greg entró por la escotilla del techo e imitó el mismo procedimiento que sus subordinados. Tras pasar por el pequeño resquicio de la puerta emergió en una de las cubiertas interiores.

Sin perder un segundo corrió en dirección al bloque de cubiertas más cercano, sabiendo que debería descender cada una de ellas hasta llegar al nivel que correspondía al de la Plaza Principal.

No tardó en encontrarse con un pequeño grupo de sus hombres y tras informarse un poco de lo ocurrido, distribuyó copias del mapa que Red había generado entre sus hombres mientras los informaba de lo que tenían que hacer.

—Destruyan cualquier aparato que interfiera los cableados del sistema, pero no dañen los cables, necesitamos la red intacta. Si encuentran a alguno de esos Colonos, matenlos de inmediato.

Los hombres asintieron y desaparecieron rápidamente entre los corredores y accesos del interior de la gigantesca nave. Greg y dos hombres más continuaron descendiendo en dirección a la cubierta de los Colonos.

Les llevó casi treinta minutos descender hasta la Plaza Principal donde se encontraba la entrada al elevador y desde donde partían las escaleras hacia la cubierta principal. Un grupo bastante numeroso de piratas se encontraba reunida al pie de la mismas y las caras reflejaban frustración. También vio varios cuerpos cubiertos con mantas ensangrentadas, aquello no era buena señal.

Todos se incorporaron de pronto en cuanto vieron llegar a Greg y sus escoltas.

—¿Está Lee con ustedes? ¿Quien puede darme un reporte de este…. desastre? —exclamó el Pirata en cuanto se hubo acercado.

Uno de los hombres se adelantó. —El Comandante Lee ha iniciado la persecución de los Colonos. —respondió.

Greg hizo una mueca de disgusto. —¿Los Colonos atacaron?

—Al menos dos grupos diferentes… mataron a los guardias que estaban en las cubiertas habitacionales y a quienes estaban en la clínica.

—¿Qué hay de los calabozos? —preguntó Greg.

El hombre se encogió de hombros. —Enviamos varios hombres hace diez minutos al no poder comunicarnos con ellos. Ya deberían… ¡Ahí vienen!

Un escuadrón de cinco hombres fuertemente armados emergió de la escalera que daba acceso a los pisos inferiores de La Torre. Greg se acercó a ellos.

—¿Y bien?

Uno de ellos se adelantó. —La puerta de acceso está bloqueada y nadie responde del otro lado, necesitamos explosivos o una antorcha de plasma para poder…

—Olvidalo. —dijo Greg con un gesto cortante de la mano. —Probablemente solo encuentres cadáveres tras esa puerta. La puta de Amanda nos las ha jugado bien.

Los hombres se miraron confundidos entre si sin saber que decir, esperando que su jefe estallara en un ataque de ira ante semejante noticia, pero Greg no tenía tiempo para perder en gestos inútiles.

—Es inútil perder el tiempo con esa vieja de mierda, de todas formas ya están muertos. Tenemos que terminar el trabajo y evacuar lo antes posible esta pocilga.

Los hombres asintieron y comenzaron a levantar a los muertos mientras su jefe y su reducida escolta comenzaban a subir la gran escalera en dirección a la plaza colonial.

Todo estaba desierto alrededor de los pocos árboles en pie. Apenas un puñado de Piratas se encontraba frente a la escuela con sus armas preparadas. Hacia allí se dirigieron rápidamente.

—¿Está Otako ahí dentro? —preguntó Greg señalando la ventana del primer piso donde se veían los reflejos de varias pantallas holográficas. Uno de los guardias asintió. —Llegó hace cosa de media hora, fuimos enviados por el Comandante Lee para escoltarlo hasta aquí.

—Al menos alguien usa los sesos de vez en cuando. —gruñó el Jefe. —Esperen aquí mientras hablo con Otako.

Tras dejar a los hombres armados junto a la puerta, Greg subió las escaleras y se dirigió hacia el aula grande, donde el joven hacker ya se había instalado.

La habitación estaba a oscuras y solo el brillo azulado de los monitores denotaban la presencia del desgarbado Otako.

—Otako. —llamó desde la puerta. —Parece que subestimaste la capacidad de Amanda. —dijo entrando directamente.

—No es Amanda… es Tass. —respondió el joven levantando la cabeza de entre la media docena de pantallas que bailaban a su alrededor.

Greg se sentó de mala en una de las sillas de los estudiantes. —La pendeja… creí que ya estaba muerta junto con la hija de Kyle.

—Debió haber sobrevivido a la caída… es una lástima que no enviásemos a nadie a corroborar que estuviera muerta.

El hombre sacudió la mano. —Lo hecho, hecho está.. ahora tenemos que ocuparnos de recuperar las comunicaciones; mis hombres están completamente perdidos en ese puto laberinto sin el GPS local y las comunicaciones. ¿Que está mierda está haciendo Lee? ¿Lo sabes tu?

El cuerpo de Otako sufrió una sacudida al escuchar aquel nombre. —El…. el Comandante Lee inició la persecución de los Colonos hacia la zona de la Popa. —contestó con nerviosismo.

—Es una pérdida de tiempo… nunca los encontrará sin ayuda de Red en ese laberinto. ¿Y tú? ¿Qué me dices de este ataque? ¿Puedes revertirlo?

Otaku se acomodó los lentes y asintió. —Están inyectando ruido directamente en la red de la Colonia, son datos al azar y su volumen es tan alto que es imposible filtrarlos de forma eficiente… necesitamos más poder de cálculo…

—O destruir esos inyectores. —dijo Greg. —Red me dijo lo mismo y ya envié hombres a encargarse de eso.

La mención del nombre de la IA hizo que Otako apretara los dientes, gesto que no pasó desapercibido para el líder Pirata.

Una pantalla se proyectó frente a ellos y un gráfico de líneas brillantes la cubrió por completo. —Parece que ya han comenzado. —dijo Otako señalando un punto donde la línea comenzaba a descender visiblemente. —Nuestros hombres ya deben haber localizado algunos de los dispositivos de interferencia.

Greg asintió satisfecho—Da prioridad a comunicarte con Red en cuanto el sistema se vuelva lo suficientemente estable como para enviar un mensaje al Puente de Mando. Quiero que ambos neutralicen este ataque lo más pronto posible, luego tengo otro trabajo para ti.

Otako levantó la cabeza confundido. —¿Otro trabajo?

—Vas a instalar a Red en Trinity. —dijo el hombre mirándolo fijamente. —La quiero conmigo en el Puente de mando que Tuercas está terminando de construir en este preciso momento.

El joven tragó saliva y bajó la cabeza. —Si… si señor. —dijo sumisamente.

—Bien, ya hemos perdido el tiempo suficiente.

Greg se levantó y se encaminó a la puerta sin mirar atrás, de haberlo hecho hubiese visto los ojos brillantes e Otako, cargados del más puro odio que aquel pequeño cuerpo podía albergar.